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El culto a la Virgen de Loreto. Una tradición jesuítica en la California

14-Ene-2021

ARTÍCULO Por Sealtiel Enciso Pérez
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Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Los que hemos tenido la oportunidad de viajar al puerto de Loreto, B.C.S. y admirar la hermosa iglesia dedicada a la Virgen en honor a la cual fue bautizado el mencionado puerto, sentimos un sobrecogimiento ante la magnificencia del sitio y ante la veneración que se tiene por la imagen que data de hace más de 300 años y que fue desembarcada de manos del mismísimo Apóstol de las Californias, Juan María de Salvatierra.

Sin embargo, muy pocas personas conocen la íntima relación que existía entre esta advocación mariana, la Virgen de Loreto, y la Compañía de Jesús. Aquí analizaremos algunos aspectos que ayudarán a desentrañar esta situación.

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La Iglesia Católica, desde su surgimiento ha sido una institución en construcción permanente y, a pesar de que hubo cientos de años que aparentemente se mantuvo inamovible en sus dogmas y tradiciones, en sus inicios esto fue todo lo contrario. Al llegar a los quince siglos de existencia, en su interior se fueron acrisolando una serie de tradiciones paganas para dar paso a diferentes formas de practicar el culto de esta religión, algunos de ellos coincidían en sus puntos más importantes pero otras estaban francamente en contradicción con las ideas que sostenían la mayoría y buscaban afanosamente imponerlas. Además de lo anterior, la estructura jerárquica del cristianismo estaba cayendo en excesos que hacían tambalear los pilares sobre los que se sustentaba. Fue entonces que surge un personaje de nombre Desiderio Erasmo​, también conocido como Erasmo de Rotterdam, el cual fue un filósofo humanista, filólogo y teólogo cristiano que se dedicó a cuestionar estas contradicciones y la descomposición que se vivía, sobre todo en las altas esferas del cristianismo. Al final, todo este movimiento culminó con el Gran Sisma de 1517 conocido como “La Reforma Luterana”.

Producto de esta situación y en un esfuerzo por parte de la jerarquía católica por reconstruir los reductos que aún le eran fieles, convoca al Concilio de Trento (1545-1563) en el cual establece criterios más estrictos para sentar las bases modernas de sus creencias y rituales. Uno de los productos obtenidos es la reafirmación en las creencias en las imágenes sagradas como la de Cristo, la Virgen y los Santos, por ser dignas de veneración. A la par que el Concilio Tridentino se realizaba, se conformó una nueva orden religiosa que venía a constituirse en un cuerpo fiel y al servicio del Papa, por lo que se convirtieron en el arma más poderosa de la llamada “contrareforma” al defender los postulados que fueron emergiendo del famoso Concilio y difundirlos por todas las posesiones de los reinos fieles aún a la Iglesia Católica. Esa orden fue la famosa “Societas Iesus”, o Compañía de Jesús, la cual quedó formalmente fundada el 27 de septiembre de 1540.

Ahora bien, ¿Cómo surge la íntima relación entre los Jesuitas y la Virgen de Loreto? Dejando de lado la interesantísima historia que ha conformado la Iglesia Católica en torno al surgimiento de la Casa de Loreto y la advocación mariana que la representa, la cual será tratada en otra ocasión, ya para cuando surge la Sociedad de Jesús el culto a esta Virgen estaba muy arraigado dentro del catolicismo y fue por ello que el Papa Julio II, en el año de 1544, encargó a los Jesuitas el cuidado de su casa santa, la cual ya se encontraba ubicada en un monte de piedras cercano al puerto de Recanati en la península de Italia. A partir de entonces, los integrantes de la Compañía se dedicaron a difundir su culto en todos los sitios a los que fueron enviados como misioneros, distinguiéndose muchos de sus miembros por ser entusiastas propagadores de su culto al cual dedicaron cientos de iglesias, además de solicitar su auxilio para que fuera su intercesora en momentos de gran necesidad o peligro.

El culto a la Virgen de Loreto en la nueva España se registró a partir del año de 1615 al establecerse una Congregación en La Profesa (nombre popular con el que se le conoce al oratorio de San Felipe Neri en la Ciudad de México), sin embargo, la estatuilla de esta advocación llegó hasta estas tierras en el año de 1677 de la mano del sacerdote Juan Bautista Zappa, el cual la ubicó en una capilla construida al interior del noviciado de Tepotzotlán y que reproducía las medidas de su santuario en Italia.

La llegada de la Virgen de Loreto a la California fue de la mano de Juan María de Salvatierra, un sacerdote que era su ferviente adorador y que durante todos los actos de su vida dedicó sus plegarias y obras a esta advocación. Cuando inicia su viaje hacia la California, hizo subir en su barco una imagen de la Virgen de Loreto, la cual embaló cuidadosamente para que no se dañara durante el trayecto, misma imagen que él mismo bajó del navío y depositó en una improvisada enramada el día 25 de octubre de 1697, fecha en la que se declara solemnemente fundada la Misión y Real Presidio de Loreto. Era tanto su fervor (de Salvatierra) y culto hacia la Madonna Lauretana que, en una carta escrita a finales de noviembre de 1697 a Juan de Ugarte menciona en diversos sitios “obras y milagros” atribuibles a ella: “Heme abstenido de escribir a vuestra reverencia porque sabíamos que las cartas deseadas son las que tienen fecha de Californias; y por la misericordia de Dios, intercesión de María y defensa de las paredes de su santa casa de Loreto, que veníamos a fundar, esta carta es de Californias y en ella relataré a vuestra reverencia los pasos de nuestro viaje –y tocantes a él– por mar y tierra. Ha obrado la Señora de Loreto grandes maravillas en el viaje de la galeota y de la lancha hasta (el) Yaqui, de suerte que toda la gente de mar que viene en ellas le llaman “el viaje de los milagros”, habiéndose visto perdidos muchas veces, pero en especial una que les pareció a todos imposible el poderse salvar, pues, en cercanía (de la barra) de la Navidad, la tormenta y las corrientes muy fuertes llevaron la galeota sobre un farellón blanco que a cada paso se iba tapando con las olas grandes de la mar, y la galeota iba tocando sobre el mesmo farellón. Diéronse todos por perdidos, pero, invocando a Nuestra Señora de Loreto, quedaron libres y es de advertir que duró el evidente peligro desde el amanecer hasta el mediodía.

Llegaron a Chacala y, como la gente de mar conoció que su viaje no era para pesca de perlas, por poco se le amotina al capitán; pero por medio de la Virgen se sosegó esta no menor tempestad, en tal grado que por falta de otros bastimentos, se contentó la gente de venir comiendo todo el resto del viaje maíz cocido, que llaman pozole”.

Con su labor constante durante los 70 años que permanecieron en la California, los Jesuitas fueron reafirmando el culto hacia esta Virgen por parte de los Californios así como de los colonos, marineros y soldados que llegaban. Cada vez que realizaban una exploración hacia terrenos ignotos, los sacerdotes y sus acompañantes se consagraban a los buenos oficios de la Lauretana; cuando emprendían la construcción de lo que sería una “Visita” o nueva Misión o cuando se auguraba un irremediable enfrentamiento contra alguno de los grupos belicosos de naturales, todos los participantes se consagraban a la Virgen de Loreto pidiendo su protección y que los liberara de todo mal. Durante las constantes epidemias que azotaron a todas las misiones y causaron miles de muertes entre los naturales, los sacerdotes que los asistían en la “extrema unción” los consolaban encomendando a sus neófitos a la Virgen de Loreto, pidiéndole que intercediera por ellos ante El Creador si era su voluntad el que murieran y que, si se salvaban, fuera también por sus buenos oficios. Se cuenta en los relatos de los misioneros una gran cantidad de curaciones milagrosas que se dieron bajo la intercesión de la Virgen de Loreto.

La veneración y culto hacia la Virgen de Loreto, no sólo en el poblado que porta orgullosamente su nombre desde hace más de tres siglos, sino en todas las personas que son fieles seguidores de la misma, tuvo su origen en una época marcada por la fe y la abnegación, atributos sin los cuales no hubiera tenido lugar la Colonización de nuestra California.

 

Bibliografía:

Sonora, territorio mariano. La Virgen de Loreto en Bacadéhuachi- Enríquez Licón, Dora Elvia; Donjuan Espinoza, Esperanza; Padilla Ramos, Raquel

La devoción jesuita a la Santa Casa de Loreto – Lenice Rivera Hernández. Investigadora del Museo de la Basílica de Guadalupe

La California jesuita (Salvatierra, Venegas, Del Barco, Baegert) – Selección, introducción y notas de Leonardo Varela Cabral

 

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