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Yaroslabi Bañuelos, cosechando poesía a mitad de la pandemia

16-Sep-2020

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

FOTOS: Cortesía.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A pesar de ser un año terrible para la humanidad, el 2020 ha sido de mucha proyección para Yaroslabi Bañuelos. Publicada en varias revistas nacionales e internacionales —en países como España y Venezuela—, ha logrado posicionarse como una de las más destacadas poetas sudcalifornianas; y ahora con mayor razón, al tener entre sus manos su primer libro: Otro agosto habita el aire, recientemente publicado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura tras haber obtenido el Premio Estatal de Poesía 2019.

A propósito de su ópera prima y de sus varios textos publicados, CULCO BCS entrevistó a quien un tiempo también fue colaboradora de este medio digital —de hecho, su artículo Erotismo y literatura: poemas para erizar la piel, publicado en 2016, sigue siendo el segundo más leído en la historia de nuestra revista. Además del Premio Estatal de Poesía 2019, Yaroslabi Bañuelos obtuvo el primer lugar de los Juegos Florales Nacionales Carnaval La Paz 2019, los XLVI Juegos Florales Margarito Sández Villarino y el Primer Concurso Municipal de Poesía “Letras Nuevas”.

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Háblanos de Otro agosto habita el aire que recién acaba de salir del horno…  Escribí “Otro agosto habita el aire” en 2019, en un momento de mucha energía creativa, ya que acababa de confeccionar otros dos poemarios: “Mariposas de un mal verano” que obtuvo los Juegos Florales del Carnaval La Paz y “Mejibó” que logró los Juegos Florales Margarito Sández Villarino de San José del Cabo; sin embargo, este será mi primer libro de poemas publicado. Para mi sorpresa, “Otro agosto habita el aire” obtuvo el Premio Estatal de Poesía Ciudad de La Paz, en el primer “intento” de participación en una convocatoria, lo cual me dio muchísima felicidad porque eso me permitiría publicar mi trabajo y compartir con más personas mis poemas. Se trata de un poemario que escarba en la memoria familiar, va construyendo algunas escenas de la infancia e invitándonos sorbos de melancolía con cada recorte del pasado. A lo largo del libro podemos encontrar la presencia de varias mujeres, que al mismo tiempo es una sola, cuya tristeza se multiplica de forma hereditaria. Asimismo, hallamos el rastro de un padre distante, de un abuelo desconocido, los ecos de la casa primera y las vetas de nostalgia que pueblan el verano.

Tienes unos poemas realmente exquisitos, con imágenes que se captan pronto y nos enganchan como lectores. ¿Cuándo y cómo inicias en la poesía,  y qué autores te inspiraron? Durante mi infancia fui una niña muy callada e introvertida, tenía pocas amigas y casi siempre estaba sola; por ejemplo, en la hora del recreo, en educación física o en los momentos de juego, por lo que contaba con mucho tiempo para leer, inventar historias y escribir pensamientos que me molestaban cuando me sentía angustiada. Me gustaba tener pequeños diarios o cuadernos donde anotaba mis intentos de poemas. En esa época recuerdo haber descubierto a Neruda, Ernesto Cardenal, Amado Nervo y las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, ya que eran los autores que encontraba en los libros de la biblioteca escolar, aunque esto es un decir, porque en ese tiempo en mi primaria no teníamos una “biblioteca” como tal y ésta era más bien unas cuantas jabas pintadas de rojo y llenas de libros, en su mayoría infantiles, pero también se encontraban cosas interesantes. Así fui creando poco a poco una conexión íntima con la lectura, y la poesía se fue convirtiendo en un hogar a donde siempre regresaba cada vez que la tristeza se transformaba en una nube de pájaros negros.

En la adolescencia seguí escribiendo algunos versos, sin embargo, fue después de los veinte que la escritura se volvió algo más serio y empecé a escribir con mayor constancia y disciplina, también empecé a leer poesía de autoras y autores que antes desconocía, siento que eso me abrió más el panorama literario. Por otro lado, respecto a las escritoras o escritores que me inspiran, considero que mis poetas indispensables son Wisława Szymborska, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y César Vallejo; también tengo mucho aprecio y admiración por la poesía de Roque Daltón, José Watanabe, Balam Rodrigo, A. E. Quintero, Eduardo Lizalde, Efraín Bartolomé, Elisa Díaz Castelo y Rosario Castellanos.

¿Usualmente cómo “nace” y escribes un poema? Soy de la idea de que para armar un poema las herramientas principales son el trabajo, la paciencia, la honestidad (con una misma/uno mismo y con el propio poema) el autoconocimiento, y, por qué no, también la autocrítica. No creo que un poema brote sólo con la chispa de la inspiración en un momento de suerte, puede pasar, pero no siempre es así, porque, además, ese poema nacido de una luz espontánea aún necesitaría tiempo para “reposar” y ser examinado lejos del calor y la pasión de ese instante creativo. En mi caso, suelo dedicar al menos varias horas al día a la escritura, no sólo de poesía, ya que mi trabajo como editora conlleva escribir y leer bastante. Tal vez por eso jamás pienso que un poema está terminado “a la primera”, disfruto mucho releer el texto, jugar con las palabras, modificar detalles que antes no percibía, hasta que me siento complementen en paz y en sintonía con el poema.

Hay algunos temas recurrentes en ti: la casa, la familia, la comida. Tu “Retrato de la abuela” es sublime. ¿Qué personas y espacios marcaron tu vida para hacerles estos homenajes? Más que personas o lugares siento que fueron ciertos instantes los que se adhirieron a mi memoria de niña; recuerdos habitados por aromas, sabores, voces, miedos, oscuridades, imágenes de aves, flores y tormentas, incluso momentos que nunca pasaron, o tal vez sí. Lo que quiero decir es que no es sólo un poema para mi madre o mi abuela, si no para cualquier mamá, abuela o hija que se construya con el olor de las madreselvas o el sabor de las mandarinas. Alguna vez le compartí un texto a un alumno de un taller de escritura creativa y me dio una retroalimentación muy bonita, la cual siempre tengo presente, me comentó que el poema le había recordado a una tía muy querida, a su comida y al rancho donde ella vivía; esa es precisamente mi única aspiración, que un día mis palabras puedan significar algo para alguien. Ya lo dijo Violeta Parra: «Y el canto de ustedes que es el mismo canto, y el canto de todos, que es mi propio canto…».

Sin embargo, además de “Otro agosto habita el aire”, tienen otros trabajos como “Luto” o “Epitafio” en donde tocas el feminicidio. ¿Cómo experimentas esa relación entre el dolor y la rabia y su encuentro en los versos? En estos momentos es inevitable callarse la rabia por tantas injusticias y la poesía, aunque no tiene la obligación de nada, puede crear un puente con el compromiso social, la dignidad, incluso, con la protesta. La poesía da testimonio del dolor, de la pérdida y de lo que sucede más allá de nosotros mismos. En lo personal, a veces teclear versos es mi única forma de fructificar la tristeza o la indignación; creo en la poesía como una forma de intensificar la consciencia, de curar las heridas invisibles, de salvarnos un poco cada día.

Yaroslabi Bañuelos nació en La Paz, BCS, en 1991. Es psicóloga, poeta y editora. Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico 2016-2017. En 2018 y 2019 obtuvo la beca “Inés Arredondo” para asistir al Encuentro Internacional de Literatura 13 Habitaciones Propias. Sus poemas han sido publicados en distintos espacios impresos y digitales como Punto de Partida, Punto en Línea UNAM, Revista Este País, Revista Primera Página, Materia Escrita, Revista El Septentrión, Carruaje de Pájaros, Revista Levadura, Luz Cultural y Letralia.

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