Querido papá

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FOTO: Cortesía

Especial Día del Padre

 

Mención honorífica del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Laura Adelina Fernández Gómez

 

Querido papá:

Estas palabras no salen de mi pluma ni de mis pensamientos, salen de mi corazón agradecido. Naciste un año antes que terminara la segunda guerra mundial, nuestro país en vías de desarrollo, la mayoría de las comunidades sin agua potable, drenaje, energía eléctrica ni carreteras pavimentadas, solo caminos de terracería, herradura y brechas. Sin servicios de salud, ni de vivienda popular, un país con muchas necesidades para la sociedad, no había colonias, había barrios, como los barrios son una hermandad donde todos se ayudan todos cooperan y se protegen, las alegrías y las tristezas también eran compartidas. Así creciste tú, ese fue tu código de honor, la hermandad, siempre ayudando a quien necesitaba o compartiendo las tristezas para hacerlas más llevaderas. Vi como no solo eres la figura paterna para nosotros tus hijos, sino para mis primos también, los primos grandes, los canosos, que venían a la sombra de tu naranjo aquí en Fovissste, para escuchar tu consejo o compartir las lágrimas de la pérdida de sus amadas esposas.

¿Te acuerdas cuando nos robaron el carro? Que al día siguiente lo recuperamos en la procuraduría, los agentes nos dijeron que había sido robado por unos muchachos, que todos escaparon excepto uno, y que ese estaba en barandillas, pediste hablar con él, los agentes creyendo que lo reprimirías o insultarías te dejaron hablar con él, te vi a lo lejos hablando en un banca de la procuraduría con un muchacho desconocido, cabizbajo, roto, con las manos esposadas, y a ti, hablando serenamente como siempre, pasaron unos minutos y regresaste solicitando el indulto, los agentes no lo podían creer (ni el muchacho tampoco), trataron de hacernos tedioso el trámite pero lo llevaste a cabo.

Nos diste una lección de humanidad que no se encuentran en los templos, perdona a tu prójimo, pon la otra mejilla, ama a tu prójimo como a ti mismo, tú, tan Guadalupano y amoroso humano como siempre. Nosotros, tus hijos fúricos, no podíamos perdonar a quien intentó despojarnos de lo nuestro, pasaron los días y unas personas de aspecto extraño tocaron a nuestra puerta, tú como el protector, saliste a atenderlos, era la familia de aquel muchacho, la mamá, la abuela, los hermanitos y el mismo muchacho, con una bandeja llena de empanaditas de cajeta, agradeciéndote la madre menciona entre lágrimas que el indulto que les diste significaba otra oportunidad de vida, te contó un poco de ellos, donde el padre del pretenso a ladrón, los había abandonado cuando él era un niño, y que siempre le faltó esa figura paternal, que agradecía a los cielos la plática que le diste mientras estaba esposado, aceptaste las empanadas, les deseaste bien y regresaste a la sala, veías la televisión mientras degustabas las empanadas rellenas de gratitud, sin hacer espaviento de la gratitud recibida, humildemente aceptaste y les deseaste bien, yo siendo una adolescente no comprendía bien lo que sucedido, lo que sí pude comprender es que tengo tanto padre que hasta me sobra para compartir.

Papá como no te voy a querer si fuiste el mejor proveedor de nuestro hogar en aquellas devaluaciones de nuestro país de 1982 y más dura la de 1994, cuando el Gobierno Federal entregaba una tarjeta para comprar un kilogramo de tortillas por un peso y no sobraba un peso para comprarlas (hasta teníamos que juntar centavos para completarlo). Entonces buscaste un trabajo extra para poder solventar las necesidades, en esa época te miraba irte temprano antes de las ocho de la mañana, salir a las tres de la tarde, llegar a comer, platicar con mamá, descansar un rato a las cuatro con treinta minutos ya estabas en camino para La Normal Superior, regresabas después de las diez de la noche a casa para cenar y platicar de nuevo con mamá. Recuerdo cuando regresabas de largas jornadas de trabajo en San Lucas, escuchaba tu carro rugir desde la esquina, salíamos mi hermano y yo a recibirte, ni bien te bajabas cuando ya estábamos prendidos de tus piernas, papito había regresado a casa, siempre con un chocolatito para nosotros, en épocas donde no había centavos para tortillas, los chocolates tenían tres veces su sabor.

Nunca te vi cansado, enojado, molesto o renegar por la situación económica del país, siempre te vi responsable, trabajador, mi ejemplo a seguir, dignificando el trabajo, y disfrutando al máximo el tiempo con la familia, cuando venías cansado del trabajo de campo, ese trabajo que implicaba recorrer muchos kilómetros supervisando, aun con el cansancio que tu trabajo significaba, siempre tuviste tiempo para cargar el carro de nuevo y llevarnos a la playa, aunque solo compartiéramos sandias con limón y sal, no notaba en ese tiempo que había carencias económicas en todo el país, pues tú siempre nos diste experiencias para que el hambre y el frio no nos nublara la infancia, gracias papito, por todos esos bellos recuerdos, llenos de sal, limón y arena.

Tu paso por el magisterio mexicano es amplio, nutrido y profundo, tu huella esta en donde has laborado, maestro de maestros, tu sencillez siempre busco dignificar a los maestros distinguidos de Sudcalifornia, tramitando en varias escuelas para que llevaran sus nombres, siempre preocupado de rendir tributo al magisterio, y no buscando el propio, así de humilde eres, y eso te hace grande.

A pesar de tus constantes capacitaciones y nivel de estudios, te vi descargando libros, llevando y trayendo material de construcción para las nuevas escuelas, a veces llegabas lleno de sudor y con los zapatos sucios, siempre en pie de lucha para mejorar las situaciones de las escuelas rurales.
En 1997 tuvimos la pérdida de mi abuelita Adela y mi mamita, ambas, tu mamá y tu esposa nos dejaron el mismo año, por primera vez te vi llorar en silencio, abrazar los vestidos de mi madre que aún conservaban su perfume, hacer una oración una plegaria y volverlos a guardar en el ropero. Para ti papá, no hubo tiempo para estar triste, había que sacar adelante a 5 hijos que había perdido a su madre. Fuiste nuestro papá y mamá, asumiste todas las responsabilidades que mi madre había dejado, los desayunos que nos hacías en la secundaria, los recuerdo con mucho cariño, o como nos despertabas para que no llegáramos tarde a la escuela. Lo hiciste muy bien papito, estamos eternamente agradecidos, cuando más la extrañábamos estuviste tú, con tu corazón lleno de amor y tristeza, nos arropaste para no perder la unión que mamá nos daba.

Papá, sírvase esta carta para expresarte mi admiración por tu trayectoria profesional, fuiste maestro rural, director, supervisor y jefe de sector de educación primaria, jefe del departamento de escuelas rurales, jefe de educación audiovisual, jefe de materiales didácticos y culturales de la SEP en Baja California Sur, jefe de extensión cultural y relaciones públicas de la Normal Superior, aun así siempre tuviste tiempo de jugar con nosotros, ponernos la hamaca, reparar el fregadero del baño o hacernos los disfraces que necesitábamos para nuestras presentaciones escolares. Siempre tuviste tiempo para todo, para el trabajo y para nosotros, tu ejemplo es nuestra mayor guía para con nuestros propios hijos, hoy que ya eres abuelito, tus ocho nietos son la extensión de tu grandeza.

Gracias papito por las idas a la playa, por los cuentos que nos leías, por despertarnos en las mañanas nubladas, por soportar nuestra adolescencia, gracias por los desayunos, por laborar doble turno, gracias por tu cansancio, por tu amor, por tu grandeza, gracias por ser padre para muchos, gracias por las escuelas que fundaste, las aulas que construiste, las fotografías que tomaste, gracias también por los regaños y reprimendas, pues no tolerabas la holgazanería ni la maldad, gracias por darnos tanto amor ayer, hoy y siempre, gracias por ocupar el lugar de mamá cuando faltó, por escucharnos aunque nuestros temas de conversación te parecía raros y extraños, siempre tenías tiempo de preguntarnos -¿Cómo te fue hoy?-, ahora yo te pregunto padre mío, viejito de mi corazón ¿Cómo te ha ido hoy? Cuéntame todas las historias que quieras, estoy aquí para escucharte, pon el café, yo llevo las galletas roncadoras.

Te Amo Papá.

Atte. La Güereja

Dedicada a Mario Guadalupe Fernández Caro

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