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Pecados —y algunas virtudes— de “Inferno”; Dan Brown, de vuelta al cine

23-Oct-2016

RESEÑA Por Marco A. Hernández Maciel
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Tom Hanks y Felicity Jones en “Inferno”. Fotos: Internet.

Colaboración Especial

Por Marco A. Hernández Maciel

La Paz, Baja California Sur (BCS). El profesor de simbología histórica de la Universidad de Harvard, Robert Langdon —interpretado en una tercera ocasión por Tom Hanks—no sabe dónde está. Golpeado, mareado, postrado en una cama de hospital, alucinando el apocalipsis de un infierno en la tierra, es salvado por la imagen angelical de la doctora Sienna Brooks —la talentosa Felicity Jones— quien lo ayuda a escapar de un atentado contra su vida, al mismo tiempo que descubre que posee un extraño objeto que es la causa de la persecución.

Hace diez años, “El Código Da Vinci” fue un éxito en taquilla que no pudo replicar con la secuela tres años después de “Ángeles y Demonios”, ambas dirigidas por Ron Howard. Pese a ello, el éxito editorial de Dan Brown sigue latente y tras la publicación de la novela “Inferno” en 2013, el Robert Langdon del cine regresa con el mismo director en la silla, para enfrentarse a un reto que en el papel es mayor, pero que en su manufactura presenta varios pecados.

Pecado 1: Florencia —y otras locaciones— desaprovechada. Aquella persona que haya leído el libro y no conoce Florencia, sin duda se enamoró de la ciudad. Una de las virtudes de la versión impresa es la descripción a detalle de algunos lugares emblemáticos, aderezado con pasajes históricos y revelaciones de túneles secretos y atajos que encajan perfectamente con la trama, y permiten que el personaje de Robert Langdon se luzca como una enciclopedia viviente. Sin embargo, en el filme poco podemos apreciar de ello. ¿Porqué? La respuesta puede estar en el siguiente párrafo.

Pecado 2: Mucha, mucha velocidad. Todo pasa muy rápido. La película va de un lado a otro sin dejarte respirar y corres un gran riesgo de mancharte la camisa de salsa o queso de nachos, pues no podrás quitar un segundo los ojos de la pantalla. Las dos horas de duración se van como agua y la rapidez con que la información fluye puede hacer que le pierdas el hilo a algunos detalles importantes dejando varias lagunas argumentales. Personajes entran y salen y de repente no se sabe qué es lo que hace o por qué lo hace. Museos y lugares emblemáticos usados como escenarios desechables. Una de dos, o la producción no consiguió los permisos para filmar con tiempo suficiente en locación o…

Pecado 3: El guión. David Koepp ha escrito películas como “Misión imposible”, “Parque Jurásico” y “La habitación del pánico”, pero aquí estamos ante uno que no entraría en la categoría de los mejores de su carrera. Aunque la adaptación es fiel en la mayor parte del libro, ésta se centra en la aventura de la pareja protagonista dejando de lado los detalles históricos y teorías sobre la vida de Dante Alighieri y su obra cumbre, “La Divina Comedia”, que enriquecen la novela original y que son la razón de ser de estas aventuras. La fuerza del personaje de Robert Langdon recae en su habilidad de descifrar claves secretas y teorías de la conspiración milenarias utilizando todo su conocimiento en hechos y símbolos históricos; es un personaje que gana por su inteligencia y sabiduría. En esta película eso se olvida y no se decide entre querer hacerlo un héroe de acción o una víctima colateral. Para rematar, el guión cinematográfico destruye una arriesgada reflexión sobre el futuro de la vida humana que en el libro se expone de manera cruda, dejando de lado su original sabor amargo para hacerlo mucho más dulce y sin consecuencias de por medio.

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Aun así, el carisma de Tom Hanks y Felicity Jones son suficientes para rescatar el filme, que acompañado de la vertiginosa edición, un casting adecuado que incluye a Ben Foster, Omar Sy e Irrfan Khan, y una excelente composición musical a base de sintetizadores —una extraña pero buena elección— no deja espacio para el aburrimiento. Por otro lado, aquel impacto histórico-religioso que se plasmó en la primera película de la trilogía aquí no existe en lo absoluto. La fórmula ya se siente desgastada, e “Inferno” se quedará penando eternamente en el purgatorio fílmico, pero le va alcanzar para tocar el cielo taquillero y seguramente una nueva secuela.