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Manita, no te cases de Guadalupe Nuño

11-Sep-2019

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Cortesía.

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La escritora sudcaliforniana Guadalupe Nuño (Guadalajara, 1966), ha sido una creadora silenciosa y tesonera, que sin pretensiones ha logrado hacerse de una voz propia y de un estilo nítido que despierta admiración en más de un sentido. Recientemente salió su primer libro individual —pues ya la habíamos leído en antologías y recopilaciones, tanto en su faceta de poeta como de narradora—, Manita, no te cases (Paquidermo, 2019), y lo cierto es que lo ha hecho de un modo brillante.

El título nos remite al lenguaje del barrio, de la colonia, de la gente de la ciudad que ostenta las carencias económicas, pero que vive una realidad intensa desde los distintos flancos de la cotidianidad. A lo largo de su libro, un conjunto de historias entrelazadas que bien pueden ser una novela breve, recurre a la primera persona de manera indistinta, para confesar sus conflictos y confusiones y hacer que los personajes se dejen llevar por conductas apasionadas, además de utilizar el chisme como forma de vida. Por otro lado, la tercera persona los retrata desde afuera para que observemos su condición de criaturas sufrientes conducidas por sus conmociones.

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Con un lenguaje coloquial, rico en expresiones locales y un gran sentido del humor, logra que las relaciones de pareja, la sujeción, el sometimiento y la cárcel emocional o el nulo control sobre sí mismos, se vean como hechos imposibles de evitar, un destino manifiesto que confunde sentimientos con amor. Criaturas esclavas de su naturaleza humana.

Las historias son puentes que nos retratan las circunstancias de varios seres que se debaten entre sus propios miasmas, sus propios miedos, sus propias inseguridades. El machismo, por ejemplo, es uno de los ejes que mueve el esqueleto social y la obediencia a una forma de autoridad política y económica; también es un elemento de seguridad psicológica. Es decir, individuos en estado silvestre y sin cultura o individuos universitarios que no han cruzado la conciencia de la equidad. También el machismo aparece como cortina de una homosexualidad velada.

Las mujeres son centrales en estas historias, en esta novela de la vida, si se quiere. Guadalupe Nuño tiene la capacidad de ir de la voz del hombre a la voz de la mujer. Conoce a sus personajes y los trata con respeto, pero también los desnuda en su esencia humana, no se avergüenza de ellos y los echa a andar por el mundo a pesar de su inmadurez y obstáculos para comprender por qué las cosas son como son, sin que lleguen a cuestionarse por qué están sucediendo y si se pudo ser de otra forma. En sus relaciones, en sus intentos por sobrevivir ante los impactos de la realidad, recurren al cinismo, al agandalle a costillas de los demás, a vivir de las apariencias irrefutables que edifican la vanidad y la soberbia para defenderse frente a los otros.

 

En el contexto social en que se desenvuelven, lo sensorio es fundamental y utilizan el alcohol como detonante para conectar o evadir sus realidades. No conocen otro modo de relacionarse, o más bien no tienen idea de que pueda existir una manera distinta. La pobreza social y económica deviene en pobreza espiritual e intelectual, así como las dificultades para conseguir un trabajo honroso y honrado. El patrón juega un papel importante en ese mapa como figura simbólica de dominación monetaria; también la migración es el resultado de la imposibilidad de conseguir un trabajo digno. Estudiar la universidad no necesariamente les permite ascender en la escala social, ni entender el significado de lo que es vivir.

Algo que hay recalcar es la amistad entre mujeres, su solidaridad ante el engaño de los hombres y la necesidad de acompañar la soledad, asunto que se incrusta en el todo de la historia de estos seres a la deriva y prisioneros de su destino fatal, que no alcanzan la felicidad porque no saben de lo que se trata, pues sólo conocen su mundo. Por supuesto, la violencia tiene una presencia viva en las convivencias sociales, familiares e individuales de principio a fin, en cualquier momento al salir a la calle te pueden meter un plomazo. Incluso aparece la transexualidad en un contexto coloquial, y la relación madre-hija como elemento de odio-amor.

En resumen, se trata de un libro de historias vinculadas con un factor común: las emociones, pero inclusive el personaje central son las pasiones y los sentimientos humanos, el cómo se enganchan unos a otros sin mayores reflexiones, que confunden con necesidad afectiva, esa enorme olla de afectos que hace de las relaciones una tormenta de sufrimientos.

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