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La visión de las series o películas de obras literarias, ¿apegadas a las historias originales?

03-Jun-2020

OPINIÓN Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Internet

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En los últimos veinte años vivimos la era del consumo de series televisivas. Unas asombrosas, otras originales, otras de personajes siniestros como los narcos, otras tomadas de obras literarias que en su momento han sido verdaderos bestseller. Hay para todos los gustos y para todos los sectores. En el caso de series que han tomado como referente una novela, anima porque uno ya leyó el libro, o porque otros se enganchan a la historia sin nunca haber leído una sola línea, pero puede que eso los anime a leer la original.

Hacer una adaptación debe ser un asunto algo difícil porque se entiende que no se puede trasladar el total de la visión literaria de una obra, tanto desde su estética, como desde su punto de vista, así que muchos optan por sólo contarnos las acciones dejando de lado el valor artístico.

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Hace un par de semanas, por ejemplo, vi la serie Diablo Guardián, (Amazon Prime, 2016), basada en la novela homónima de Xavier Velasco. Animado por la grata impresión y el buen sabor de boca que me dejó la historia del escritor, me puse a verla. Obvio, mientras uno va observando, mentalmente embonamos lo que leímos con lo que nos presentan las imágenes y la narrativa del guión. Pronto nos vamos desentendiendo de la novela conforme pasan los minutos y nos centramos en la historia que nos cuentan. También vemos a los actores y actrices, a ver si se parecen a los personajes como nos los imaginamos. Ninguno, como lector, dio el ancho, a pesar de que la mayoría del cuerpo actoral son estupendos y que conocemos su trayectoria. La actriz principal, Paulina Gaitán (Violetta en la serie) cumplió más o menos a cabalidad, y eso porque de acuerdo a lo dicho por el propio autor, él la escogió personalmente porque así se la imaginó. Aunque como lector debo decir que yo no.

La cosa es que la primera temporada me la devoré en un par de días, y me parece que en muchos sentidos está bien lograda. No obstante, el problema comenzó con la segunda temporada, que trató de seguir el hilo argumental, pero a los pocos capítulos dio un giro tremendo y se convirtió en sensacionalista, escabrosa y alejada de la propuesta de Velasco. De plano no pude terminarla y dejé de verla. Era más que una traición a la historia original, era una traición al televidente.

 

Hace unos años Élmer Mendoza dijo que le han propuesto muchas veces adaptar sus libros al cine o a una serie, y que no ha aceptado por “fidelidad a sus lectores”, que estaba consciente de con eso no le redituaría más ganancias y muy posiblemente más lectores. “Adiós a departamento en Miami”, dijo. No sé si al momento de escribir esto ya cambió de opinión. Philip K. Dick, el famoso escritor de ciencia ficción estadounidense, cedió los derechos de su novela ¿Las ovejas eléctricas sueñan con androides? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, 1968) al director de cine Ridley Scott, de donde surgió una de los filmes de culto del género, Blade Runner (1982), a pesar de que no tuvo buena recepción económica. La película es prácticamente otra obra y poco tiene que ver con la novela. Asimismo, Ridley Scott produjo en 2015 El hombre en el castillo (The Man in the High Castle, 1962) del mismo escritor, y el resultado es muy bueno, aunque parecieran dos obras distintas.

Así, ha habido películas y series que algunas se apegan muy poco y otras de plano no. Hace poco releí la novela de Juan José Rodríguez, Asesinato en una lavandería china (FETA, 1996), y miré la película basada en el libro, Reencarnación: una historia de amor (2012), que sí se aleja un mucho de la propuesta del escritor, empezando por el título. También hemos visto películas que han basado sus guiones en novelas de Gabriel García Márquez, la mayoría pésimas adaptaciones, y que nos han dejado un mal sabor de boca, al menos a mí. El caso de García Márquez es especial y más complicado de llevar a la pantalla porque la mayoría de su obra está cargada en el uso del lenguaje y sus historias insólitas, y eso es casi imposible traducir al cine y mucho menos a una serie, como es el caso de Cien años de soledad, que pronto habremos de mirar y que según Netflix nos promete que será un deleite. Está por verse.

La experiencia del cine, la TV y la lectura es distinta, está claro, pero al menos sería deseable que las imágenes también participaran del viaje de un libro extraordinario que nos impactó en algún momento de nuestras vidas.

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