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La buena esposa, de Meg Wolitzer

27-Ene-2021

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Internet

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hace unos años, por canal 22 o TV UNAM, no recuerdo, escuchaba decir a Ignacio Padilla (1968-2016) en una entrevista que ser escritor era para gente exclusiva, altanera y con soberbia suficiente para resistirlo todo, que sin esos ingredientes era mejor que ni lo intentaran, pues solo era para iniciados. “Para mamones”, pensé en ese momento, y recordé a un maestro de la facultad de Filosofía y Letras que dijo durante una conferencia que estaba harto del “mamerto medio literario” en el que convivía. A mí siempre me lo ha parecido, algunos más otros menos, pero en general es un medio difícil, algunas veces plagado de escritores y poetas gandallas que aprovechan la menor oportunidad para sacar provecho económico, por mínimo que sea, y que incluye la difusión de su imagen, coaccionando a los medios culturales para que les den viáticos, hospedaje y hotel, esencialmente para tener barra libre los días de estancia. Y cuidado con que no se los den, porque montan en cólera pública para lograr sus objetivos: hacen de su ego un modus vivendi, que ni siquiera tiene que ver con su obra, a veces muy cuestionable y de baja calidad.

Les cuento todo esto por la novela que acabo de leer y que se relaciona con escritores que son verdaderos egos inflados, a los que no les importa pasar por encima de los demás para conseguir lo que quieren. Se trata de La buena esposa (2003), de Meg Wolitzer (Brooklyn, 1959), la historia de Joan Castleman, una mujer que es esposa de un escritor que ha alcanzado el estrellato literario al concedérsele un premio casi tan importante como el Nobel (estaba unos escalones más abajo). Narrada en primera persona, poco a poco nos introduce en el mundo de Joe Castleman durante el viaje que hacen a Helsinki, Finlandia. No iban a Estocolmo, pero al menos lo estaban reconociendo fuera de los Estados Unidos.

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La verdadera historia es la de ella, que tiene una vida gris e invisible al lado de aquel hombre ególatra, quien le ha dado una vida de sinsabores relegándola a un plano miserable, pero que al ir avanzando en la lectura descubrimos una verdad oculta que explica parte de la relación disfuncional y funcional al mismo tiempo, pues unieron sus vidas no solo por un amor apasionado inicial, sino por un proyecto de vida que benefició a ambos, en especial a él. A la par del conflicto de pareja, ella nos comunica que ha tomado una decisión, una que debió tomar años atrás y que a partir del viaje no regresaría con él a una vida marital.

Han tenido dos hijos, que no se llevan bien con el padre y que también han tenido que sobrevivir a los delirios egocéntricos del escritor. La relación entre ellos se decide antes de casarse, pues ella cancela toda posibilidad de realizarse como escritora y prefiere que sea él quien tome la batuta de la creatividad, puesto que tiene mayor carácter frente a lo público que ella, más tímida y reservada. De este modo, con un estilo íntimo, ágil y rítmico nos atrapa línea a línea en una narración que se divide entre la historia del marido reconocido y la de una mujer que alguna vez quiso ser escritora.

La buena esposa fue llevada al cine en 2018 (The Wife), dirigida por Björn Runge, con guion de Jane Anderson, y protagonizada por Glenn Close, Jonathan Pryce y Christian Slater, que aunque se trata de una excelente película, se aleja en algunos planos de la novela. Recomiendo leer primero la novela y luego ver la película; se trata de dos obras que sin duda les gustarán, mostrándoles una visión de las conductas humanas y de las relaciones de pareja enfermizas. El secreto detrás de la historia los dejará sorprendidos.

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