Entre Godínez y Guerrilleros: La Adaptación Descafeinada de ‘Recursos Humanos’

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Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS). La novela Recursos Humanos de Antonio Ortuño, publicada en 2007, es una joya literaria que zarandea las conciencias de sus lectores con su prosa ágil y su mordacidad a la mexicana. Aquí, Ortuño mezcla la brutalidad de un Chuck Palahniuk con la astucia de un Rubem Fonseca, pero sazonado con un picante toque tapatío. La trama se zambulle en el mundillo gris de los oficinistas, destapando sin pelos en la lengua el clasismo, la exitocracía desenfrenada, el machismo y el nepotismo en las entrañas del idealizado mundo empresarial.

El protagonista, Gabriel Lynch, se alza como un ícono de la literatura mexicana contemporánea. Harto de ver ascensos regalados a juniors sin experiencia, se transforma en un guerrillero de oficina. Su lucha no es por la revolución, sino por un ascenso, usando la violencia como escalera en su empresa. Esta novela es un corte transversal, crudo y provocador, de las dinámicas sociales y laborales, pintando un retrato vibrante y necesario del aspiracionismo mexicano actual.

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Antonio Ortuño

Dieciséis años después, esta icónica novela da el salto al cine bajo la batuta de Jesús Magaña Vázquez. ¿El resultado? Una adaptación que para desencanto de todos se va por la tangente de su fuente original.

Lo primero que choca es la estética: Alejandro Cantú, cinefotógrafo de la película, nos mete en un mundo blanco y negro, buscando, quizás, captar el minimalismo de Ortuño, pero termina más bien en un diseño de producción soporífero que le roba al film la chispa que la novela tiene a raudales.

Pedro De Tavira se luce como Gabriel Lynch, metamorfoseándose de godín a guerrillero de corbata. Aunque su actuación es intensa y poderosa, la película como un todo se siente desconectada. Su frialdad visual pone un muro entre el público y la trama. La adaptación se queda corta en capturar la esencia de Ortuño, perdiendo su introspección aguda y su análisis certero del clasismo y machismo en el corporativo mexicano. Incluso perpetúa clichés con sus personajes femeninos pasivos y sexualizados, minimizando a María, quien en la novela es un contrapeso clave para Lynch.

La riqueza de movimientos de cámara, en vez de dotar de profundidad a la experiencia cinematográfica, resulta en un lío visual pesado. La narrativa parece más un alarde técnico que una historia coherente y significativa. Los zooms y planos secuencia se sienten forzados y presuntuosos, quitándole autenticidad al conjunto. La dirección, pese a su amor evidente por el cine, se pierde en un mar de autoindulgencia y no logra conectar con la audiencia.

El guion deforma a los personajes, convirtiéndolos en meros payasos en situaciones ridículas y ajenas a la crítica social filosa de la novela. La película, intentando ser una obra de arte, termina siendo un intento pretencioso y vacío, más parecido a una parodia de Mirreyes vs Godínez que a una adaptación digna. Aunque la cinta trata de rescatar elementos de la novela, como romper la cuarta pared, termina siendo una versión aguada y menos chispeante que la icónica serie americana The Office.

Recursos Humanos, en su esencia literaria, seguirá siendo un referente, pero esta adaptación fílmica, desafortunadamente, está destinada al olvido, incapaz de rendir justicia al material original que tenía mucho más que ofrecer.

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Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

 

Originario de la Ciudad de México (30 de junio de 1985),  cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en el ITESO (2004-2008). Durante ese periodo ganó el premio al Mejor Documental en la Semana Municipal de Video de Guadalajara, obtuvo el primer lugar en la categoría Fotografía del Festival Universitario de la Comunicación y dirigió un corto experimental seleccionado por el Festival de Arte Chroma y el Tijuana Freakfilm Festival. Al egresar trabajó como videoasta y fotógrafo hasta que una enfermedad autoinmune devoró la superficie de sus ojos obligándolo a volcar su creatividad en la literatura. Ganador del Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz 2015 y finalista del Primer Torneo de Guión organizado por Escribe Cine A. C. Egresado del Diplomado de Literatura Europea Contemporánea organizado por Bellas Artes, del Seminario de Dramaturgia (Instituto Sudcaliforniano de Cultura) impartido por Jaime Chabaud y de la Segunda Residencia para Guionistas en Sonora bajo la tutela de  Maria Gabriela Vidal, Ximena Escalante y Gibrán Portela. Ha cursado diferentes cursos y talleres de escritura creativa con maestros como Martín Solares, Antonio Parra, Luis Felipe Lomelí, María Barandas, Alberto Chimal y Ana Clavel. Su narrativa se distingue por una honestidad descarnada, un ritmo trepidante y personajes que rayan entre la tragedia y la comedia existencialista. Sus influencias son Pedro Juan Gutiérrez, Raymond Carver, Mariana Enriquez, Samanta Schweblin y Etgar Keret. Actualmente dirige el Taller de Guión cinematográfico impartido en la biblioteca Justo Sierra por parte del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

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