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Enoc Leaño, un cuentacuentos feliz. Entrevista con el gran actor comundeño

09-Mar-2021

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

FOTO: Interenet.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En estas semanas, Enoc Leaño recorre caminos, el monte y la costa de Baja California Sur, buscando locaciones para lo que será una película de época sobre la independencia de la California de España. En este proyecto está involucrado en la producción, dirección y guion. En exclusiva para CULCO BCS, el actor habló con nosotros sobre su carrera artística, directores y actores significativos en su trayectoria, y la felicidad que le brinda el arte de la interpretación.

Nacido en La Toba en 1968, Enoc Leaño tiene alrededor de tres décadas de carrera artística que incluye teatro, televisión y cine. Egresado de la Benemérita Escuela Normal Urbana, en La Paz, fue profesor por corto tiempo emigrando después a la Ciudad de México para estudiar actuación en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, logrando despuntar a nivel nacional al ser contratado para la telenovela Nada personal, en 1996. En esta entrevista, el actor —un hombre conocedor de política e historia—, habló sobre su trayectoria, sobre el mencionado proyecto fílmico y sobre la felicidad que le ha otorgado su vida en las ficciones.

FOTO: Sealtiel Enciso Pérez.

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Al preguntarle sobre los papeles que más proyección le han dado en su carrera, no duda en mencionar cuando encarnó a Pancho Villa en la serie El encanto del águila (2011), y su interpretación en Colosio: El asesinato (2012), precisamente como el candidato a la silla presidencial.

A mí me preguntaban muchas cosas sobre Colosio, y ni antes ni después se ha modificado en absoluto mi opinión. Era un tecnócrata, era alguien que iba a darle continuidad a lo que ahora El Peje señala constantemente como neoliberalismo, es decir, ese proyecto iba a continuar por esa misma vía, desafortunadamente, las razones por las cuales fue asesinado son desconocidas. Decían en ese entonces que al asesino de Colosio le decían “La Ardilla”… Porque vivía en Los Pinos. Yo creo que si hay un mártir de la democracia quizá pueda ser Heberto Castillo, quizás, el mismo Cuauhtémoc Cárdenas. Yo en el 88 llegué a la Ciudad de México, a la UNAM, y me tocó con estos hombres, junto con Maquío, denunciar; fue la primera vez que la izquierda y la derecha se unieron para reclamar la democracia en este país. Yo lo vi, estuve ahí presente en el campus universitario, viendo cómo la derecha y la izquierda marchaban exigiendo una sola cosa: que se respetara el voto y la decisión popular. Apenas hoy se alcanza a vislumbrar esa realidad que se hizo reclamo hace 30 años. En el caso de Colosio fue víctima de las circunstancias (..) El discurso, el cual mucha gente cree que fue el que terminó con su vida, el del Monumento a La Revolución, era un ritual que todos los candidatos hacían: desmarcarse del actual Presidente.

Para interpretar a Colosio tuvo que pasar por dos cosas: bajar de peso comiendo casi pura lechuga con pollo hervido y lo otro fue empaparse en términos legales. Se nos advirtió claramente que teníamos que entender el alcance de las demandas que podían venir en contra de la película por cada mención que hiciéramos fuera de lugar. Si a nosotros se nos ocurría mencionar a Carlos Salinas como responsable, vendría una demanda. ¿Por qué? Porque no tenemos con qué probarlo y los expedientes que había abierto en ese momento Fox venían todos censurados, de tal suerte que todavía los expedientes, a los que tuve acceso, venían subrayados con un color negro para que no vieran los nombres de los involucrados, entonces, fueron varias noches de estar con abogados, asesorándome. También tuvo acercamiento con personas allegadas al priísta para retomar algunos gestos, sin embargo, mucho quedó afuera, pues, como él mismo dice, su papel se proyectó principalmente en la parte cruel de Lomas Taurinas.

FOTOS: Internet.

Paisanos en ficción

Enoc Leaño puede presumir de haber trabajado con varias de las grandes figuras de la televisión y el cine nacional, desde ser dirigido por Alfonso Cuarón o Gael García Bernal, a ser compañero de escenas de Diego Luna o Damián Alcázar, y de la otra gran presencia sudcaliforniana en la pantalla grande: Dolores Heredia.

Sobre qué directores le sorprendieron o dejaron marca en su experiencia actoral, sonrió al declarar que todos son celosos y sentidos, pero al final se atrevió a dar nombres. Yo tengo un muy grato recuerdo de un director que falleció de cáncer, lamentablemente, Mauricio Walerstein. Es un director con el que hice la película “Travesía del desierto” (2011). Yo no lo conocía, llegué por casting, me hizo una entrevista, hice una película y terminé trabajando para un director y un gran amigo, con el cual tenía grandes conversaciones, de todos los temas, no sólo del cine. Mauricio es heredero de una tradición cinematográfica en México, porque su padre era don Gregorio Walerstein, quien le produjo películas desde Tin Tan, Pedro Infante, hasta películas de ficheras. Otro director con el que trabajé, un proyecto muy extraño en términos de lo que él proponía y en términos de su dinámica de trabajo fue Iván Ávila, con el que hice “La sangre iluminada” (2007). Fue un proceso muy extraño. Eran seis protagonistas, nadie conocía el guion y los antecedentes, y las cosas que nos platicó era a partir de que ‘Corre cámara’. Con el director que he trabajado con bastante frecuencia es Carlos Bolado. Tiene la particularidad de que es un hombre que sabe exactamente todo lo que pasa en el set. Los porqués. En el caso de Colosio, había investigado a profundidad todos los temas (…) Sin embargo, cada director es otra forma distinta de atacar el mismo hecho. Lo importante es que yo sigo viviendo en la ficción, y cuando me invitan los directores a vivir en sus ficciones, pues yo soy un hombre muy feliz de tener ese privilegio.

A Dolores Heredia —recuerda— la conoció actuando en La Paz, y se la volvió a encontrar en los teatros de la Ciudad de México. La conocí cuando recién llegué yo aquí a La Paz, en lo que es ‘El Ágora’; había un espacio adentro donde representamos obras y yo recuerdo haberla visto a ella. Te hablo como del 84, 85, estaba actuando una obra de Merino, ‘Cosas de muchachos’. Nunca más la volví a ver hasta un día que voy al teatro, a ver ‘Las costureras’ que dirigía Luis de Tavira, y de repente veo una flaca en la escena y dije, ‘Yo la conozco’ y la abordé. Al final, fui a buscarla al camerino y le dije ‘Tú eres la Lolis, ¿no?’, y se volteó sorprendida, ¡quién le decía Lolis más que la gente de acá! Estuvimos horas platicando en el camerino. Ahí conocí a Damián Alcázar, porque creo que en ese momento era su novio, así que platicando sobre Rubén Sandoval y la gente que conocíamos en común. Con Dolores trabajó en la serie La ruta blanca (2013), donde ella era la esposa del patrón del sicario que interpretaba Enoc; y en Chicuarotes (2019) como marido y mujer, una de las pocas películas dirigidas por Gael García Bernal.

Un cuentacuentos feliz

También se le preguntó sobre lo no hecho, ¿con quiénes le gustaría trabajar o qué se ha quedado con ganas de hacer? Con ganas de hacer, nada todavía, porque no he muerto —dijo riendo. Cuando he dado un par de conferencias en universidades o he impartido algunos talleres, etcétera, algo de lo que me jacto de decir en las conferencias es que están ante un hombre que es feliz. Y hoy en día la palabra ‘feliz’ suena como… Como algo de 14 de febrero. ¿En que baso yo esta afirmación? En que soy un hombre que ha tenido la posibilidad de estar en todos los infiernos emotivos que la humanidad ha vivido. Entonces, no tengo frustración porque he experimentado, aunque sea un miligramo de energía, lo que significa matar, lo que se necesita desear, lo que se siente robar, lo que se siente ser bipolar, etcétera. Gracias a esta carrea he estado podido estar en los pies de esa gente e interpretar un personaje y eso me ha permitido extirpar muchos de esos deseos que te generan frustración. Por eso me considero un hombre feliz.

Se define a sí mismo como ‘un cuentacuentos profesional’ que sólo se adapta al formato lo decide el que lo contrata: sea en las tablas de un escenario de teatro, en locación de televisión o un set de cine. Además, se sigue preparando. Dijo haber terminado una maestría e interesarse en continuar con un doctorado, y actualmente estudia un diplomado como Showrunner, pues los productores buscan que los artistas también activen su lado administrativo y de gestión. Me sigo preparando porque las historias que quiero contar debe tener un argumento sólido. Y ahora, desde un tiempo a la fecha, estoy escribiendo mis propias historias. Son historias ambiciosas, no lo voy a negar, porque sí lo son. Ahorita es mi apuesta. Me gusta mucho la historia, la historia viva de nuestro país, me gusta el periodo de la Revolución, el periodo cardenista, posterior a la Segunda Guerra Mundial.

FOTO: Sealtiel Enciso Pérez.

Por último, platicando en medio de los tiempos electorales —donde sonrió al decirle que preguntarle sobre política sería hablar de lo mismo de siempre—, le pregunté en específico sobre la política cultural de BCS. ¿Cómo la ves?, ¿qué crees que hace falta implementar? De entrada, la política que tenemos en general es muy chafa. Entonces, si a eso le sumas que esos políticos quieren tener una idea de lo que es la política cultural, entonces estamos en el hoyo… Y cavando, que es lo peor. Es  complicado, porque, de entrada, este asunto de llamarle ‘política cultural’ en boca de un político, es una gran mentira, ¿por qué?, porque a ningún político le interesa apoyar a la cultura. La cultura per se es revolucionaria, te va a obligar a cuestionarte, a ver tu entorno y decir ‘¿esta es la realidad que quiero? ¿Cómo la voy a transformar?’ (…) Luego hay otro factor que se da en este Estado —no es el único, pero aquí es más notorio—: que las Secretarías de Cultura se le otorgan como premio por los servicios otorgados durante la campaña, entonces hemos tenido casos patéticos como el que acomodaba las mesas y que luego pasó a ser Secretario de Cultura, ¿qué hizo? ¡Nada! O tenemos secretarios contratados para que escriban y hagan concursos ¡Y la cultura estatal bien gracias! Entonces, se vuelven premios la secretarías de culturas.

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