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¿Dónde queda el cielo?

19-Jun-2022

CARTA LITERARIA Por Daniel Alejandro Cota Salcido
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FOTO: Cortesía

Especial Día del Padre

Carta ganadora del Primer Lugar del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Daniel Alejandro Cota Salcido

Hoy por la mañana, jugaba tranquilamente en casa de mi abuela, cuando inesperadamente me hablaron a mí y a mis hermanas. Me quedé desconcertado, pues hasta ese momento no había hecho nada malo que ameritara regaño alguno.

Nos pasaron a un cuarto. Reunidos allí, se encontraban (aparte de mis hermanas), mi madre (o tal vez no, no lo recuerdo bien) pero de quien sí me acuerdo, es de mi tía. Tranquilamente, nos empezó a hablar de mi padre.

Mi padre… La última vez que lo vi, había sido unos pocos días atrás. Habíamos estado con él, ante su cama. Estaba como siempre, alegre, dándonos ánimos. Yo no entendía el por qué, sabía que estaba enfermo, pero lo veía tan bien, que pensaba que ya pronto lo vería en casa y que como siempre, él estaría allí con nosotros. Pero, él nos empezaba a decir que cuidáramos a mi mamá, que no la hiciéramos enojar, que le hiciéramos caso y yo seguía sin entender, pero si mi Viejo lo decía, estaba de acuerdo en ello.

Mi tía me volvió a la realidad, cuando empezó a hablar de que mi Viejo se había puesto grave y que había estado sufriendo mucho y que Diosito había preferido llevárselo al cielo para que ya no sufriera más… Aún recuerdo sus palabras: Ya su papi se ha ido, él va estar mejor, pero los quiere mucho y siempre va estar con ustedes… Yo y mis hermanas no sabíamos que pasaba, bueno al menos yo no entendía, pero en ese momento ellas empezaron a llorar y les seguí, no sé porque, pero empecé a llorar con ellas. Lo que mi tía nos había dicho no me quedaba claro, sin embargo, en ese momento el dolor de mis hermanas, ese no se qué, me contagiaba y hacía sentir un dolor muy dentro de mí. Y lloré, lloré mucho, como cuando me quitaban algo que yo tenía por muy valioso… Pero pasado un rato, yo seguí igual, creo que volví a enfrascarme en lo que estaba haciendo o nos empezaron a alistar para no se qué… No lo recuerdo.

De allí en adelante, mi mente quedó en otro mundo, el tiempo pasaba muy rápido; veía que me miraban, que me abrazaban, que hablaban; veía gente llorando, sentía que íbamos de un lugar a otro. Sin embargo, yo estaba ido, me hacía muchas preguntas: ¿por qué te fuiste? ¿Dónde queda el cielo? ¿Quién es ese Dios con el que te fuiste? ¿Es acaso otro de tus amigos de parranda? ¿Por qué te has ido con él, acaso importa más que nosotros? ¿Te irás por mucho tiempo o volverás ayer? ¿Acaso sufrías por nosotros, por eso te fuiste? ¿Éramos mucha lata para ti? Vuelve viejo, te prometo que nos portaremos bien… ¡Pero si siempre nos portábamos bien! ¿Por qué te has ido, hay otro motivo? Yo sólo tengo 7 años, ¿qué mal pude haber hecho para que te hayas enojado así y hayas decidido irte? Está bien, has preferido irte al cielo, con tu amigote Dios, en lugar de quedarte con tus hijos y mi madre… ¿Para qué lloramos? Si te la has de estar pasando bien con tu amigote. Y ahora, ¿quién me sacará? ¿Quién más te dirá Viejo? ¿Quién nos llevará a la escuela? ¿Quién me enseñará a manejar? ¿Quién cuidará de nosotros? Nos has dejado solos.

Viejo, ¿por qué no vuelves? ¿Qué vamos hacer sin ti? Nos sentimos inseguros, ¿quién defenderá la casa, si alguien quiere meterse? Tú me decías que yo sería el hombre de la casa, pero no tan pronto, apenas soy un niño, qué puedo hacer yo, mucho menos mi madre y mis hermanas. ¡Ya déjate de berrinches y vuelve Viejo!

En ocasiones lloró por las noches, junto con alguna de mis hermanas, mientras mi madre tranquila se encierra en su cuarto. Ella no llora, no sé qué le pasa, a lo mejor ella sabe dónde estás, a lo mejor ella se ve contigo y no nos quiere decir. Pero me parece extraño que ella no llore.

Yo quiero irte a ver al cielo, con tu amigo Dios, pero no sé cómo llegar. L, le digo a mi madre y no me dice nada, se queda seria. Le pregunto a mis hermanas y ellas tampoco saben. La gente aprovecha que uno es chico y no te dicen nada o te dicen algo, pero de lo que te dicen, te lo dicen como para que no lo entiendas, porque hasta ahora yo no entiendo qué pasó contigo mi Viejo.

Yo no sabía que los padres abandonaran a sus hijos y menos tan chicos, mucho menos que pasaran tan poco tiempo con ellos, porque el tiempo que pasaste con nosotros fue poco, ¿no me vas a decir que fue mucho? o ¿tal vez sí?, porque pasaste todo el tiempo de mi vida conmigo, pero, lo que resta de ella, no lo sé. Si te decides dejar a tu amigote y volver donde nosotros… Una cosa sí te digo, aunque te hayas ido, yo Te Quiero Mucho y sólo puedo decirte que fuiste un buen Padre, que sólo de ti recibí cosas buenas, menos esta… Y si piensas quedarte con tu amigo Dios, pues lo felicito a él, porque se ha quedado con lo mejor que tenía y si es lo mejor para ti el estar con él, pues está bien, ya no te molestaré más, solo te doy las gracias Viejo, sólo eso puedo decirte… Gracias… Pero que alguien me diga, ¿Dónde queda el cielo?