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De vendedor de periódicos a Director de El Sudcaliforniano: Jesús Chávez Jiménez

16-May-2019

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

FOTOS: Modesto Peralta Delgado.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con su característica sonrisa y humildad, me esperaba don Jesús Chávez Jiménez, vistiendo un traje azul marino, en un café de la zona centro de La Paz. ¡Mil cosas de qué hablar! Me obsequió su libro Zarzo de cuentos al rojo vivo, recientemente publicado por el Archivo Histórico “Pablo L. Martínez”; en 2018 ganó el Premio Estatal de Crónica “Ciudad de La Paz”; poco antes, el concurso de Calaveritas del Día de Muertos… Su incursión en la Literatura podría ser un buen pretexto para esta entrevista, pero con tanto qué contar, nos conformamos con algunos pasajes de su vida en el periodismo, al que se ha dedicado toda su vida. Este 2018 que charlamos, el hombre cumplió 60 años, y prácticamente 50 años en la labor informativa.

Empezó vendiendo periódicos en la calle, y años más tarde, sería el Director General de ese medio: El Sudcaliforniano, un impreso que hasta la fecha goza de amplia circulación. Creí que era nacido en Ciudad Insurgentes, municipio de Comondú —donde por cierto, conocí su hermano, el profesor Heriberto, quien fue Director de la Corresponsalía—, pero no: nació en Santa Bárbara Rodeo, Durango, un poblado —según asegura él mismo— que parece extraído de la imaginación de Gabriel García Márquez. Con todo, sí se considera comundeño: “soy oriundo de Insurgentes”, es lo primero que le grabé en nuestra charla.

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Jesús Chávez Jiménez nació el 2 de septiembre de 1958. Tenía sólo 4 años cuando su padre los trajo de Durango a Sudcalifornia, y lo hizo huyendo de la violencia, “ya que mi padre sufrió un atentado y un segundo que sólo quedó en el intento, porque nos protegimos. Por esa razón nos vinimos para acá, para evitar que nos asesinaran, como querían asesinar a mi papá y a mi mamá, porque un cacique que no estuvo de acuerdo en que mi papá no le firmara unos documentos para él poder recibir un crédito que no merecía”. Llegaron a esta capital el 24 de agosto de 1964, en el recién estrenado Ferry. “Mi papá nos dijo, ‘les regalo esta tierra, ámenla, cuídenla, sírvanla, sin olvidarse de donde nacieron’. Y hasta la fecha mis hermanos y yo hemos sido leales a este principio, el cual hemos respetado de una manera cabal”.

Alma de reportero

Al preguntarle por sus inicios en el “perro oficio”, no duda en decir que fue acabando la escuela primaria, en 1971 ó 1972 —El Sudcaliforniano, que empezó a circular en noviembre de 1969, tenía apenas 3 años de fundación. “Con mucho orgullo digo que empecé en el ámbito profesional cuando tenía 12 años”; en Insurgentes. A esa edad fue trabajador de limpieza en los autobuses que estaban llegando de La Paz, donde llegaba también el periódico; lavaba los camiones y se quedaba con los impresos que dejaba la gente. “Un día a finales de junio, antes de salir de sexto grado, le marqué al Director del periódico desde una caseta telefónica que se acababa de instalar en Insurgentes; el Director fue quien me contestó y le dije que quería ser periodista. ¿Cuántos años tienes?, me respondió, Estoy por cumplir 12 y quiero ser periodista de ‘El Sudcaliforniano’”. Así, un buen día tomó un autobús y llegó a La Paz. Don Carlos Morgan —entonces Director de ese medio—lo recibió en su casa. “Me recibió como su hijo, me hospedó en su casa, me dio de comer y me dio todas las instrucciones, no para ser reportero, sino para ser voceador de El Sudcaliforniano.

La instrucción que más me gustó fue que me mandaría todos los días 150 periódicos con la única obligación de venderlos a un precio de 1.50 el ejemplar, y que yo me quedara con el dinero. Esa fue la instrucción de don Carlos, la cumplí y empecé a llevar sustento a mi familia”. El trato con el jovensísimo periodista incluía una pequeña columna: Pizca de noticias de El Valle. “A los tres años de ser voceador, empecé a hacer mis pininos periodísticos con una columna formal todos los días, y hasta la fecha escribo una columna política (…) A los 12 años escribí mi primera columna. Tenía “la manita pesada”, confieso que fui reprimido, una mano la tengo falseada por eso. Un policía —a quien yo adoro y ha sido personaje de mis cuentos—, me reprimió y me subió a una patrulla, como no tuve atención médica, la mano me quedó falseada. Fue la primera represión de muchas que he tenido en mi vida, entre las principales represiones está el hambre, la censura, y lo más cruel de mi vida periodista que es la autocensura, lo más deleznable, lo más perverso, lo más indignante”.

Gobernadores y narcos

Y hablando de censuras, declaró que fue despedido de ese periódico por el ex gobernador Leonel Cota Montaño. Dirigió dicho medio de 1998 hasta el 2001, pero “me presionaron para que publicara una nota que iba en contra de la sociedad sudcaliforniana; me negué como Director y, pese a que mis jefes me apoyaron, ellos cedieron a las presiones de Cota Montaño. Fui despedido con una liquidación paupérrima, vergonzosa, que no debió habérsele hecho al Director de una organización tan seria como la OEM.  Despedir a alguien es atentar contra la familia. Como Director del periódico, yo lo hice plural, impulsé la creación de un nuevo edificio, mi frase era: Yo no vengo a correr a ningún reportero, el reportero que se quiera ir, se va a ir sólo. Le di espacio a todas las voces, nunca censuré, la censura es un acto que nunca debe practicarse”.

A propósito de los gobernadores del Estado, con quien tuvo una buena relación fue con Marcos Covarrubias Villaseñor: “lo conozco desde chico, tuvimos una relación de respeto. Fui fundador del Diario El independiente y se lo “achacaban” y decían que era de él, desmiento públicamente que haya tenido la propiedad o algún funcionario de su gobierno, quien lo diga que lo demuestre. Los nombres de los socios se están en el acta constitutiva que se encuentra en el archivo del Estado y los registros públicos de la propiedad, yo era uno de ellos y fui liquidado hace más de cuatro años”.

Pero su experiencia más fuerte fue en 1994, cuando fue amenazado de muerte. Ese año entrevistó en el Cereso de La Paz, a un capo del Cártel de Cali en México. “Me empecé a cartear con él y me dio la respuesta de que sí quería la entrevista, pero con una condición, que fuera sin foto. El carteo fue continuo, hasta que llegó la aprobación de la entrevista, y en la última carta me dijo Sin foto, y le dije Voy a ir preparado para que exista una foto, porque este trabajo sin foto, no es una entrevista. Llegó la fecha de la entrevista. Tuve un excelente diálogo con él, la plática fue afuera de su celda (en el Cereso de La Paz), una celda de privilegiados, porque tenía una pequeña alberca de plástico donde estaba disfrutando de sus ejercicios en el agua. Iniciamos un diálogo excelente, sobre varios temas: política, nacional, sus causas, sus razones, de su familia. Dimos por terminada la entrevista y de mi saco azul marino saco una cámara Pocket y le tomó una foto; intenté un segundo disparo, pero un manazo lo evitó, primero de él y después de uno de sus guaruras quienes intentaron pisar la cámara. Era un hombre tan poderoso que tenía tres o cuatro guaruras disfrazados de abogados. Antes de salir, él regresó a su celda y me dejó con los guaruras que querían destrozar la cámara, pedí auxilio al personal del Cereso de La Paz: Quiero que me protejan desde esta celda a la salida, y si no, lo denuncio al Gobernador, porque están cometiendo un atropello al tener personal de seguridad para un delincuente. Inmediatamente después de esto llegó la amenaza de muerte, su abogado personal me lo notificó: En cualquier momento vas a ser hombre muerto.  No dormí 21 días, pero me mandó una carta al día 22, y me dice que había analizado la situación, porque la entrevista le dio la vuelta al mundo, y que había leído el material mío y que le parecía justo, que me olvidara de cualquier agresión o mensaje que llegara de parte de él. Sin embargo, sí me autocensuré, no le volví a mover al tema pensando en mi familia (…) Entonces, creo que uno sí se autocensura, primero por la familia, luego por el temor, porque hay que aceptar que cambiar una vida sonriente por una bala es doloroso”. El abogado que le mandó el mensaje de muerte era Leonel Castro Cadena. El nombre del narcotraficante, por seguridad, lo omitió.

Desde Premios Nobel a recogedores de basura

Actualmente, Chávez Jiménez sigue ejerciendo el periodismo en espacios de Diario El Independiente, TV Azteca y Ola TV; en el caso de la televisión, entrevista a personajes de la vida política, social y cultural sudcaliforniana. Lo que no se le ha de olvidar fue la entrevista que le hizo a personajes clave de la historia mundial: al ex presidente de Estados Unidos, Henry Kissinger;  el Premio Nobel de La Paz, Normal Borlaug, el creador de la denominada “Revolución Verde” —a quien considera “un hombre extraordinario”—; a Amintore Fanfani, presidente del Senado italiano, “un hombre muy simpático, hubo empatía, una charla histórica que me voy a llevar a mi tumba. Hablamos de las semejanzas del Estado italiano y de México, me presumió que Italia tenía como BCS, la mejor gastronomía, las mejores playas, Pero hay una diferencia, me dijo, Tu estado ¡no tiene un tacón!, y ahí me ganó”; a Lawrence Klein, Premio Nobel de Economía, fue “el 27 de noviembre de 1980. Me acuerdo porque ese día nació mi hija. Era un hombre extraordinario; con él utilicé interpreté como lo usé con Kissinger, otro hombre fabuloso. Yo trabaja en el UnoMásUno como reportero corresponsal, en el Canal 10 y en un periódico local que se llamaba La Extra, entonces a mí me interesaba esa entrevista con Klein, y fui a un foro internacional que se estaba llevando a cabo, pasó la entrevista para después del desayuno, luego después de la comida porque iba a haber un receso en el foro, pero después del baile, como a las 11 de la noche, le dije Doctor, tengo las rotativas detenidas, y él  de muy buena manera le habló su interpreté y me llevó a una oficina. A esa hora mandé a UnoMásUno, al otro día la presenté con Francisco King. Fue una experiencia extraordinaria”.

“He entrevistado, desde un Nobel con tanto prestigio, a un recogedor de basura. Éste llegó a la oficina cuando era Director de El Sudcaliforniano, y me dijo ‘entrevísteme, traigo una noticia muy importante. Mi novia hoy se casó con otro, le di 23 mil pesos para nuestra boda y me abandonó. No me dio mayor explicación, sólo que no me quería y yo vengo a contárselo a Usted, a denunciar a esa mujer, porque esa no es una actitud noble. Yo vivo de la recolección de basura, era todo mi capital y necesito que usted lo publique. Además, va a publicar algo más importante: me voy a suicidar’. Y lo entrevisté. El amigo todavía anda por allí, casi es mi vecino, no se suicidó, sigue recogiendo basura. La vida es de altibajos, y el periodista debe saber navegar entre una buena mesa o unos taquitos fríos, o nada, por la nota informativa”. Por último, expresó “no desaprovecho ningún foro para decir que me gustaría que los jóvenes mantengan la llama de la vocación, con vocación uno no tiene hambre, uno no tiene miedo, no tiene limitaciones. Que brote la chispa para que el periodismo vuelva a vivir”.

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*Esta es una serie de cinco entrevistas realizadas para el Centro de Artes, Tradiciones y Culturas Populares de Baja California Sur, institución que posee el derecho de autor de estas publicaciones.

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