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Ajedrez extraterrestre

13-Oct-2020

ARTÍCULO Por Mario Jaime

IMAGEN: Benjamin Parry

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Kirsan Ilyumzhinov fue  presidente de la Federación Internacional de Ajedrez hasta 2018, este budista corrupto y militar millonario es un hombre extraordinario.

Según él, el noble juego de la guerra mental fue inventado por extraterrestres porque es un juego cósmico. Además, le preocupa que los seres alienígenos destruyan la Tierra al no observar que un número suficiente de humanos jueguen ajedrez.

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“Nos vigilan. Y puede que se cansen de nosotros… ¿Cómo podemos mantenernos a salvo? Sólo gracias al intelecto, la concentración y la energía espiritual. Si mil millones de personas juegan al ajedrez, el mundo tendrá una energía positiva”

Luego, afirmó que diversas excavaciones arqueológicas han demostrado que se ha jugado ajedrez desde hace miles de años, en varias civilizaciones con las mismas reglas, e insiste en que hay un código en el ajedrez pues el tablero tiene 64 escaques, el mismo número de codones en el código genético humano. Una falacia de falsa equivalencia que puede apantallar ilusos.

Tal sarta de afirmaciones es realmente muy interesante para discutir ociosamente sobre ellas. El nivel de las asombrosas declaraciones de Kirsan —que además fue gobernante de una provincia ucraniana— va en relación con la mafia que controla el ajedrez en el mundo, sin embargo, parecen las de un charlatán que se dedica a la ufología.

Claro, este tipo tiene una ventaja de la que yo carezco (varias si nos referimos a su cuenta bancaria); según él, en su misma vivienda, el 17 de septiembre de 1997 fue visitado por extraterrestres. Estos amigos se comunicaron con él mediante telepatía y luego le ofrecieron pasear con su nave espacial durante la noche, le llevaron a una estrella (sic)  para regresarlo por la mañana. Dedujo que los extraterrestres son personas como nosotros (sic) y que no somos únicos en el universo.

Semejante desprecio por las evidencias biológicas, paleontológicas y anatómicas en donde se prefiere la ficción a lo real es propio de la condición humana. No en balde todas las divinidades cosmogónicas son extraterrestres; por supuesto, para tener la oportunidad de crear la Tierra. Así, a lo largo de los siglos, charlatanes como los escribas y los sacerdotes han inventado y alimentado esta noción. Pero, en la actualidad, ya no son dioses en el sentido milagroso del vocablo sino dioses en el sentido etimológico (theos, theos según Platón significa el que pone orden).

Efectivamente, el ajedrez es un juego cósmico. Κόσμος es un vocablo referido a un orden, a una naturaleza o universo autónomo en donde no existe el azar. El ajedrez es un sistema armonioso con reglas precisas, quizá un cosmos cuya evolución depende de los errores que los dioses jugadores realizan sobre el tablero. Pero no es un sistema teleológico sino más bien contingente, si tomamos en cuenta la irracionalidad de esos dioses ajedrecistas que no son omnisapientes. Entonces el grado de azar se cuela en el sistema cósmico, no en forma de singularidades que rompen en el sistema, sino en las decisiones de los que se someten a sus leyes. Es como si, en nuestro universo, Dios estuviese esclavizado a las leyes de la física y su voluntad se restringiera a estas.

Pero volvamos a la hipótesis de Kirsan. El que sea un juego cósmico no significa que lo hayan inventado inteligencias extraterrestres. Este tipo pertenece a los que opinan que grandes ideas no pueden ser llevadas a cabo por humanos. A la pregunta de cómo es posible que con una tecnología primitiva se hayan construido las pirámides de Gizeh, el observatorio de Stonehenge, los observatorios mayas o las pinturas rupestres, estos sujetos sólo pueden responder: todo eso lo hicieron seres de otros planetas, nuestros antepasados eran estúpidos.

Otros gárrulos van más lejos, negándoles cualquier crédito a los humanos, asegurando sin ninguna prueba que su inteligencia ha sido implantada por alienígenas. Según ellos, el desarrollo de las ciencias y las artes las hemos mamado de otros planetas. El colmo es la especulación, sin ningún fundamento, de que somos clones, ganado o experimentos genéticos de seres extraterrestres que nos hicieron, crearon, modificaron o desarrollaron a lo largo del tiempo.

Los mitos recurren a la metáfora y, por lo tanto, resultan interpretables. Yahveh separa la tierra del cielo, Nun es un océano inerte del que surge el demiurgo que sólo piensa y deviene en vida, Kaila era el dios del cielo y le ordenó a una mujer primordial sacar los animales del hielo, la vida para los zulús proviene del cielo, para los mayas de las Pléyades, los dioses entregaron a Izanagi y Izanami la lanza de los cielos Amenonuhoko, en un rincón del infinito Visnú emana universos, Nammu dio origen al cielo An, Gea dio a luz a Urano el cielo, pero ella surge de la Caos que era una diosa, Quetzalcoátl y los Tezcatipoclas parten en nueve trozos a Cipactli, el monstruo que emergió del caos para moldear la tierra. Siempre sucesos extraterrestres.

En la actualidad, atribuir a seres fuera de la Tierra la creación de esta supone una tautología o más bien una analemma sin origen ni final. “¿Qué dios detrás de dios la trama empieza?” escribe Borges en su poema al ajedrez. Es decir, la vida surge fuera de la Tierra, el problema es cómo un extraterrestre la crea, pero ¿quién crea al extraterrestre? Un dios extra extra ¿y este a quién lo crea? Se crea él a sí mismo. Es lo mismo que decir que el universo no tiene principio ni final. ¿Para qué entonces la cadena de demiurgos?

Kirsan dice que si millones de personas juegan ajedrez, el mundo tendrá una energía positiva. No sabemos con exactitud lo que es energía, este término resulta metafísico. Sin embargo, el concepto se puede acotar a la capacidad para producir un trabajo. No es un estado físico sino una magnitud escalar o una abstracción matemática. Podemos clasificarlas en: mecánica que es la suma de la cinética y la potencial; electromagnética que se compone de eléctrica, radiante y calórica; y la termodinámica que toma en cuenta la energía interna o suma de la energía mecánica de las partículas en un sistema más la térmica, o sea, la liberada en forma de calor. ¿Cuál es la energía positiva? ¿Por qué asignarle adjetivos morales o éticos a un concepto abstracto de escalas físicas? Quizá sea una energía bioquímica obtenida gracias a procesos metabólicos. ¿El ajedrez es fuente de energía? ¿Eólica, hidráulica, nuclear? No ¡Positiva!

En fin, supongamos que los extraterrestres bajaron (¿o subieron?) y nos entregaron el juego del ajedrez para que nos divirtiéramos a gusto; pero eso sí, vigilándonos todo el tiempo y amenazándonos con exterminarnos si no jugamos lo suficiente. Así que, amable lector, póngase a jugar de inmediato, no vaya a ser que los extraterrestres se cansen de usted y nos invadan como castigo por no generar la supuesta energía positiva. Quizá ellos se nutran de esta forma energética y nos tienen moviendo piececitas como un generador interplanetario.

Esta energía debe ser la más intensa y potente que jamás hayamos obtenido —quizá infinita— porque seguramente es la que impulsaba la nave donde viajó Kirsan aquella noche de septiembre. ¡Este hombre viajó en una sola noche, digamos, 8 horas hasta una estrella y regresó! La estrella más cercana a la Tierra es el Sol, a 8 minutos de distancia viajando a la velocidad de la luz. Pero eso sería muy vulgar. De haber viajado a la segunda estrella más cercana, Próxima Centauri que se encuentra a 4 años luz de distancia a la velocidad de la luz, el señor Kirsan hubiese tardado 8 años en regresar. Si partió en 1997 hubiese regresado en el invierno del 2005 o un poco después en el reloj biológico del Kirsan pero no en el tiempo terrestre, quizá el planeta ni siquiera existiría.  Eso, considerando que la nave viajase a la velocidad de la luz 299 792 km / seg. El problema es que la nave tiene masa, o eso supongo, pues a menos que los extraterrestres tengan masa nula, Kirsan no.

A menos que la tecnología extraterrestre haya desarrollado viajar más rápido que la luz, como los hipotéticos taquiones. Esto es seguro pues: ¡ellos inventaron el ajedrez!

Ahora, la noción de que los hallazgos del ajedrez en diversas civilizaciones demuestran que el juego es idéntico en todos los lugares implica un desconocimiento de la historia. Quizá, el primer registro escrito sobre el ajedrez aparezca en el cuento escrito por el poeta Subandhu, Vasavadatta en el siglo V, en donde las ranas son las piezas de un juego de mesa que se jugaba en tiempo de lluvias. El ashtāpada era el tablero de 8 X 8 donde se jugaba el ajedrez primigenio llamado Chaturanga o caturanga, es decir “de cuatro miembros”. La pieza principal era el rajá, luego el ministro, el carro y el elefante — que se movía de tres formas distintas—, el caballo y el soldado de infantería. Existió una variante llamada Chaturaji para 4 jugadores en un tablero de escaques verdes y rojos, pero el jugador no decidía que pieza mover, sólo como la utilizaría. Lanzaba el dado de 4 caras y el número al azar correspondía a una pieza. No existía el mate, ganaba el que acumulara más puntos. Hasta el siglo XIX se estandarizó el mate.

Chaturaji indio

En fin, atendiendo a la idea contraria de la que profesa Kirsan, si esta mezcla de orden y caos, esta metonimia sobre un azar dominado por sus propias reglas, fue ideado y desarrollado por humanos, entonces el ajedrez, es una forma materializada donde lo mental rige como un símbolo divino.

El humano resultaría un dios al haber elaborado al ajedrez.

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