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¿Qué pedo con los zapatistas y El Peje? El EZLN en tiempos de cólera

07-Ene-2019

OPINIÓN Por Frank Aguirre

FOTO: Gregory Bull (AP) / Interiores: Internet.

Agenda Comunitaria

Por Frank Aguirre

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). ¡Achis, achis, los mariachis!, fue lo primero que vino a mi mente después de leer una y otra vez en redes sociales, las críticas infundadas contra el mensaje emitido la semana pasada por parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; parece que en la forma de reflexionar de aquellos quienes cuestionan la veracidad y la existencia del EZLN omiten los hechos históricos.

¿Por qué hasta ahora aparece el EZLN a declarar?

Primero, no salen “hasta ahorita”, cuidado con los “sospechosismos”. El EZLN tiene dos décadas haciendo festivales, visitas a otras comunidades indígenas, emitiendo comunicados, impartiendo talleres, conferencias en universidades. Que tú no leas sus comunicados o los sigas en Facebook o Twitter, no quiere decir que literalmente no hayan hecho nada en 20 años; es más, hasta respaldaron una precampaña presidencial ¿o ya olvidamos a Marichuy, la aspirante a candidata independiente a la Presidencia de la República?

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Sí, pero… ¡¿Por qué hasta ahorita!?

Por la sencilla razón de que el EZLN está festejando el 25 aniversario de su levantamiento y lucha. Está de más decir que lo hicieron en su territorio, y los medios fueron quienes cubrieron dicho evento, no salieron a tomar alguna plaza o marchar en alguna avenida. De guerrilla armada a lucha narrativa, hace años que el zapatismo tuvo una transición hacia el uso del discurso como arma de combate para construir un argumento que ayudase a ganar el apoyo social y el reconocimiento institucional. Por ello, en agosto del año pasado tuve la fortuna de visitar por primera vez, junto a mi padre, durante tres días, el Caracol de Morelia, al Sur de Chiapas, a una hora y media de San Cristóbal de las Casas. Allí encontramos que la humildad es un hábito, la franqueza es indispensable y la colectividad una obligación.

Pocos recuerdan que no hace muchos años existía el Comité Civil Universitario, lo que ahora se conoce como Frente Zapatista Sudcaliforniano, y con ellos se dio a conocer en Baja California Sur La otra campaña y la Escuelita Zapatista. Por allá, a principios del nuevo milenio, en la capital se decidió —en ausencia de los miembros— desconocer a este movimiento local como adherente al Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), ésto sucedió debido a que representantes de Ensenada se tomaron la libertad —desde su interpretación—, de explicar la situación que se dio en BCS: hubo una masiva migración de miembros del zapatismo sudcaliforniano al Partido de la Revolución Democrática (PRD); pasaron de revolucionarios a reformistas, o sea a formar parte de las filas del PRD, durante el sexenio de Leonel Cota Montaño, y algunos ahora incluso están en Morena.

Y entonces, ¿por qué tanto se quejan de “El Peje”? ¡Si hasta tienen fotos juntos!

Personalmente no me considero la persona indicada para responder dicha pregunta, en todo caso pueden verlo con sus propios ojos. Mi interpretación de todo esto es que los zapatistas tzotziles, tzeltales, tojolabales y mayas, no ven su agenda reflejada en esta izquierda que Morena y el Presidente estarán llevando a cabo durante los siguientes 6 años. ¿Cuál es esa agenda? Aquella en la que se deje de despojar a las comunidades de sus tierras, aquella en la que la autogestión y las costumbres de los pueblos originarios se respeten y no se coapten, y aquella en la que se proteja primero al medio ambiente y los recursos naturales antes que a los bancos e inversionistas extranjeros. El Tren Maya es sólo la punta de sus quejas.

Me queda concluir a medias, y decir que quienes no estamos de acuerdo con algunas o muchas de las iniciativas de la actual administración federal —cómo continuar con la militarización del país a través de la Guardia Nacional, o con la construcción del Tren Maya—, no somos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no somos del Partido Acción Nacional (PAN), es más, algunos hasta podemos ser parte de una izquierda internacional y progresista, y aún así ser una oposición más genuina que la nada seria “oposición partidista” que hay en los diversos Congresos del país.

La oposición zapatista, además, lleva años trabajando, resistiendo y luchando contra diversos tipos de violencia, por dicha razón esperaban más de ésta transición presidencial, y no se sienten conformes con la tibieza con la que algunos temas se están tocando, o como inclusive se cae en la pifia de replicar políticas públicas fallidas de administraciones anteriores, que además nos siguen poniendo en peligro.

Por todo esto, considero que vale la pena, antes de afirmar sobre situaciones que nos rodean, tener los elementos indispensables para otorgar certeza al enunciado o postura a emitir. Del zapatismo, con tan solo un clavado entre bibliotecas o hemerotecas, se puede leer a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Carlos Monsiváis o hasta ver a Ponchito (Andrés Bustamante), la BBC, El País, y demás diarios, autores y periodistas de alta credibilidad; o releer a través de un mar de letras, de prosas, poemas e investigaciones académicas lo que se ha hecho, dicho, sufrido, errado —porque ha habido errores— y acertado en el Sur de Chiapas.

Yo recomiendo, que si sólo sabes sobre el tema por lo que te platican “los compas” que “saben”, y quieres empezar a tener un panorama claro de cómo y por qué comenzó el levantamiento zapatista, lee Los hombres sin rostro, un dosier que incluye desde boletines emitidos por el Gobierno, testimonios fechados y fichados de denuncias contra la insurgencia zapatista, hasta declaraciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los comunicados de los mismos zapatistas, así como los intermediarios que dieron fe de lo que sucedió durante el levantamiento armado.

Que no te cuenten, si puedes vívelo por ti mismo, no es difícil entrar a un caracol zapatista; si no hay disponibilidad para vivirlo, léelo y escúchalo, en medio de las ofensas y la romantización está la información, el contexto.

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