IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

El Vigía del Desierto

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). El polvo blanco del desierto se pega a la piel húmeda antes de que amanezca en el Valle de Santo Domingo y en las llanuras áridas de Vizcaíno. En estos llanos agrícolas encajados entre Comondú y Mulegé, cuadrillas enteras de familias mixtecas, triquis, nahuas y zapotecas, llegadas desde las cañadas de Guerrero, los valles de Oaxaca y el sur de Veracruz, avanzan a paso de marcha entre interminables hileras de espárragos, tomates orgánicos e higos. Sus dedos, diestros y agrietados por el contacto constante con la tierra salitrosa, seleccionan con precisión quirúrgica hortalizas impecables que en menos de setenta y dos horas reposarán en empaques biodegradables de supermercados prémium en California o Texas. Es una coreografía de precisión agroindustrial que factura millones de dólares bajo sellos de sustentabilidad internacional, pero cuyo anverso descansa en cuarterías de lámina galvanizada, hacinamiento en albergues rurales y una precariedad cotidiana donde el acceso a guarderías, agua potable de calidad y seguridad social formal sigue siendo, de acuerdo con diagnósticos laborales y sociales en la región, una excepción más que una regla.

Mientras el norte desértico bombea valor agrícola sin descanso, el territorio sudcaliforniano entero padece una fragilidad estructural que ningún folleto de promoción turística se atreve a retratar: la condición irremediable de isla energética. Desconectada de la red eléctrica nacional, la entidad produce su propia energía en un aislamiento técnico implacable. Cada verano, cuando el termómetro roza los cuarenta grados y los desarrollos inmobiliarios, marinas y megahoteles del sur peninsular encienden simultáneamente miles de unidades de aire acondicionado central para sostener el confort de los visitantes, el Sistema Interconectado Baja California Sur entra en código crítico. Como han alertado especialistas en infraestructura energética e informes de monitoreo del sistema eléctrico, la capacidad de reserva operativa se desploma a niveles de alarma, detonando cortes de carga rotativos que sumen en la penumbra y en un sofocante calor a las colonias populares de La Paz, San José del Cabo y Ciudad Constitución, mientras las zonas hoteleras blindan su operatividad mediante plantas auxiliares de diésel.

También te podría interesar: La Sierra de la Laguna. El cerco vertical del desierto

Para sostener ese consumo desmedido, las centrales termoeléctricas de Punta Prieta y La Paz queman combustóleo pesado a marchas forzadas a escasos kilómetros de la bahía. Las densas columnas de humo grisáceo que coronan el horizonte paceño no son solo una cicatriz visual; son el testimonio físico de una injusticia ambiental documentada por colectivos ciudadanos y organizaciones de salud ambiental, que registran concentraciones sistemáticas de dióxido de azufre y partículas finas que terminan respirando las familias locales. El costo del aire limpio y la estabilidad de la red se pagan en los pulmones de quienes habitan las inmediaciones de las plantas generadoras, subsidiando la fantasía de un paraíso inagotable que no repara en los límites biofísicos de la península ni en el agotamiento de los acuíferos sobreexplotados del centro del estado.

La paradoja moral de Baja California Sur se despliega así en dos ritmos irreconciliables. En los campos de cultivo del norte, los jornaleros invisibles sostienen con jornadas extenuantes bajo el rayo del desierto una bonanza agroexportadora que apenas les deja para subsistir en campamentos periféricos; en el litoral urbanizado, la opulencia turística demanda una energía fósil y centralizada que envenena el aire y funde los circuitos de la población ordinaria. Las omisiones institucionales han postergado durante años la transición energética de fondo y la fiscalización estricta de las condiciones laborales en los campos agrícolas, optando por parches de emergencia que privilegian la derrama económica inmediata a costa de la fractura social del territorio.

Al caer la tarde en Vizcaíno, los camiones de redilas devuelven a los recolectores a sus viviendas calcinadas por el día, justo a la hora en que, cientos de kilómetros más al sur, los circuitos urbanos comienzan a parpadear por la sobrecarga estival. La geografía peninsular desnuda entonces su verdad más cruda: un modelo de desarrollo que extrae el aliento de quienes labran la tierra y apaga la luz de quienes habitan sus barrios no es una historia de éxito económico, sino una maquinaria implacable que quema su propio futuro para encender la marquesina ajena.

Fuentes consultadas

Centro Nacional de Control de Energía (CENACE). Estados Operativos de Emergencia y Alerta en el Sistema Eléctrico Baja California Sur. Registros de balance de potencia y reportes de interrupciones programadas por déficit de generación (periodos estivales 2022-2025).

Centro de Energía Renovable y Calidad Ambiental (CERCA). Reportes ciudadanos de monitoreo de calidad del aire y emisiones de dióxido de azufre (SO2) de las centrales termoeléctricas Punta Prieta y La Paz. La Paz, Baja California Sur.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Censo de Población y Vivienda y Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE): Indicadores de migración laboral agrícola interna, empleo informal y condiciones de vivienda en los municipios de Comondú y Mulegé.

Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) / Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas. Diagnósticos sobre condiciones laborales, movilidad y derechos sociales de la población jornalera migrante en el Valle de Santo Domingo y El Vizcaíno.

Comisión Reguladora de Energía (CRE) y Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE, Unidad La Paz). Estudios técnicos sobre la vulnerabilidad del sistema eléctrico aislado y la descarbonización pendiente en Baja California Sur.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

FOTOS: Archivos.

Ius et ratio

Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La justicia es la piedra angular del Estado Constitucional de Derecho, y descansa sobre la premisa de que toda persona tiene derecho a que sus controversias sean resueltas por tribunales independientes, imparciales, competentes y previamente establecidos por la ley.

La impartición de justicia, como función esencial del Estado, representa el principal mecanismo institucional para la protección de los derechos humanos, la preservación del orden democrático y la vigencia efectiva del Estado de Derecho.

También te podría interesar: Servicios periciales en el proceso penal mexicano

FOTOS: Internet

Los Artículos 14, 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; los Artículos 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos; así como el Artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, reconocen el derecho de toda persona a ser oída por tribunales competentes, independientes e imparciales. Por ello, no basta la mera existencia de órganos jurisdiccionales formalmente constituidos.

La tutela judicial efectiva exige que quienes ejercen la función jurisdiccional posean una sólida preparación profesional, conocimientos especializados, capacidad argumentativa, independencia de criterio, integridad ética y compromiso irrestricto con la protección de los derechos humanos.

La legitimidad de la función jurisdiccional no deriva exclusivamente de la ley que crea los tribunales, sino también de la confianza pública en la capacidad técnica y moral de quienes integran dichos órganos.

La complejidad del ejercicio jurisdiccional exige juzgadores altamente capacitados

La evolución del constitucionalismo contemporáneo ha transformado profundamente la labor judicial.

Actualmente, las personas juzgadoras están obligadas a interpretar y aplicar:

◙ La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

◙ Los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos.

◙ El control difuso de constitucionalidad.

◙ El control de convencionalidad.

◙ La perspectiva de género.

◙ El interés superior de la niñez.

◙ El principio pro persona.

◙ Los derechos de grupos históricamente vulnerados.

◙ Los estándares internacionales de protección ambiental.

◙ Las reglas del sistema penal acusatorio.

◙ Los principios de justicia abierta, transparencia y rendición de cuentas.

La creciente complejidad del fenómeno jurídico exige jueces y magistrados con conocimientos especializados que trasciendan la formación profesional básica.

La función jurisdiccional involucra decisiones que pueden afectar la libertad, el patrimonio, la familia, la honra, el medio ambiente, los derechos políticos e incluso la vida de las personas.

Por ello, resulta constitucionalmente legítimo y socialmente indispensable exigir que quienes aspiren a ocupar dichos cargos acrediten objetivamente los conocimientos, habilidades y competencias necesarias para ejercerlos con excelencia.

La carrera judicial como garantía de independencia y excelencia

La carrera judicial constituye uno de los mecanismos institucionales más eficaces para asegurar que el ingreso, promoción y permanencia de las personas juzgadoras se funden en criterios de mérito y capacidad profesional.

La experiencia comparada demuestra que los sistemas de justicia más sólidos son aquellos que fortalecen la profesionalización judicial mediante esquemas objetivos de selección y evaluación.

La carrera judicial permite:

  • Garantizar la profesionalización continua.
  • Fortalecer la independencia judicial.
  • Evitar designaciones basadas en intereses políticos.
  • Consolidar la experiencia jurisdiccional.
  • Preservar la estabilidad institucional.
  • Generar certeza y confianza ciudadana.

En consecuencia, el acceso a los cargos jurisdiccionales debe privilegiar a quienes hayan construido una trayectoria acreditada dentro de la administración de justicia, sin excluir la posibilidad de participación de profesionistas externos que demuestren méritos excepcionales y acrediten los requisitos técnicos correspondientes.

Estándares internacionales sobre capacidad técnica e independencia judicial

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que la garantía judicial reconocida en el Artículo 8 de la Convención Americana implica la existencia de jueces competentes, independientes e imparciales.

La independencia judicial constituye un derecho de la ciudadanía y una garantía indispensable para la protección de los derechos humanos.

Por ello, los Estados tienen la obligación de diseñar procedimientos de selección judicial capaces de identificar objetivamente a las personas mejor preparadas para desempeñar la función jurisdiccional.

Principios de Naciones Unidas aplicables a la selección de jueces y magistrados

Los Principios Básicos Relativos a la Independencia de la Judicatura, adoptados por la Organización de las Naciones Unidas en 1985, establecen que: Las personas seleccionadas para ocupar cargos judiciales serán individuos íntegros y competentes, con la formación o las calificaciones jurídicas apropiadas.

Asimismo, disponen que: La promoción de los jueces se basará en factores objetivos, especialmente en su capacidad, integridad y experiencia.

Estos principios constituyen parámetros interpretativos obligatorios para todas las autoridades mexicanas conforme al Artículo 1° constitucional.

Principios de Bangalore sobre la conducta judicial

Los Principios de Bangalore reconocen que la competencia y la diligencia constituyen valores esenciales de la judicatura.

Dichos estándares internacionales exigen que los jueces:

Փ Mantengan una formación jurídica actualizada.

Փ Desarrollen conocimientos especializados.

Փ Garanticen altos niveles de desempeño profesional.

Փ Protejan y promuevan los derechos humanos.

Por consiguiente, la acreditación de conocimientos especializados debe entenderse como un requisito inherente a la excelencia judicial.

Carta Universal del Juez y Estatuto Universal del Juez

La Carta Universal del Juez y el Estatuto Universal del Juez establecen que el acceso a la judicatura debe sustentarse exclusivamente en criterios objetivos relativos al mérito, capacidad profesional, experiencia e integridad.

Estos instrumentos reconocen además que la formación inicial y continua constituye una condición indispensable para asegurar la calidad de la justicia y la independencia judicial.

La obligación constitucional y convencional del Estado Mexicano

A partir de la reforma constitucional en materia de Derechos Humanos de 2011, todas las autoridades tienen el deber de ejercer control de convencionalidad y observar el bloque de constitucionalidad integrado por la Constitución Federal y los tratados internacionales en materia de derechos humanos.

En consecuencia, el Estado de Baja California Sur se encuentra obligado a armonizar su marco normativo con los estándares internacionales que exigen mecanismos objetivos de selección judicial basados en:

◆ Mérito.

◆ Capacidad técnica.

◆ Carrera judicial.

◆ Independencia.

◆ Especialización.

◆ Experiencia profesional.

◆ Integridad.

Necesidad de blindar constitucional la independencia judicial

La independencia judicial no constituye un privilegio corporativo de quienes imparten justicia. Es una garantía institucional de la ciudadanía.

Cada sentencia judicial debe emitirse libre de presiones políticas, económicas, partidistas o de cualquier otro tipo.

Corolario

Por lo expuesto, los requisitos para acceder a los cargos de juez(a) o magistrado(a) deben ser elevados al máximo nivel normativo posible.

La Constitución debe convertirse en una barrera infranqueable frente a cualquier intento futuro de debilitar la profesionalización judicial.

Blindar constitucionalmente la carrera judicial, el mérito profesional y la acreditación de conocimientos especializados permitirá consolidar un Poder Judicial integrado por personas juzgadoras altamente capacitadas, comprometidas con los derechos humanos y protegidas por las máximas garantías de independencia.

La ciudadanía sudcaliforniana tiene derecho a ser juzgada no sólo por autoridades legalmente designadas, sino por las personas mejor preparadas para impartir justicia.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

El Vigía del Desierto

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En el macizo granítico de la Sierra de la Laguna, a casi 2000 metros de altitud, el aire huele a pino piñonero, sotol y tierra húmeda. Es el único bosque templado de la península y la fábrica biológica que recarga los acuíferos de La Paz y Los Cabos. Aunque la movilización ciudadana logró frenar en el papel la explotación a cielo abierto de proyectos de megaminería tóxica como Los Cardones, la amenaza nunca fue erradicada. De acuerdo con registros oficiales disponibles en la Dirección General de Minas, aún persisten títulos de concesión vigentes sobre miles de hectáreas que abarcan zonas de amortiguamiento y cuencas hidrológicas estratégicas. En los senderos serranos, los rancheros tradicionales no solo lidian con la aridez y la falta de apoyos públicos; vigilan con recelo los caminos de terracería ante la llegada esporádica de cuadrillas de prospección y agentes inmobiliarios que sondean la compra de tierras ejidales a precios irrisorios, sabiendo que bajo el cuarzo y la roca duerme una riqueza geológica cuya extracción dinamitaría la frágil reserva hídrica de todo el Sur del Estado.

El agua que escurre por los cañones serranos hacia el mar encuentra, al tocar la costa, una frontera artificial infranqueable. A lo largo del corredor turístico y los litorales del Cabo del Este, el paisaje desértico se estrella contra muros de concreto, casetas de vigilancia privada y cercas perimetrales con alambre de púas. En octubre de 2020, la reforma federal a la Ley General de Bienes Nacionales consagró formalmente el libre tránsito a las costas mexicanas, estableciendo multas severas y revocaciones a los concesionarios que obstaculicen el paso. Sin embargo, en el terreno la legalidad es una ficción administrativa. Intentar descender hoy a pie hacia rompientes y caletas históricas —aquellas donde generaciones de familias locales acamparon y aprendieron a pescar— supone ser interceptado por guardias con radios que aducen propiedad privada, o toparse con veredas intencionalmente desviadas por hoteles que obligan a rodear kilómetros sobre cauces pedregosos. El libre acceso existe en la ley, pero en la geografía del lujo se cobra un peaje tácito: la exclusión de quien no porta la pulsera del resort.

También te podría interesar: Balandra: El desague del santuario

La presión extractiva no se detiene en la orilla del agua; se sumerge en bahías y esteros. Hacia el norte, en Bahía Magdalena y el Golfo de California, las cooperativas tradicionales libran una batalla desproporcionada contra el furtivismo organizado. Mientras los pescadores ribereños respetan vedas rigurosas, monitorean bancos de cría y aplican protocolos sustentables para salvaguardar la almeja catarina y el callo de hacha, flotas clandestinas operan de noche extrayendo producto sin talla comercial ni control sanitario. Esta pesca ilegal, que alimenta un lucrativo mercado negro en restaurantes urbanos y circuitos de exportación, prolifera ante la casi absoluta ausencia de inspección. De acuerdo con organizaciones ambientales y comunidades consultadas, los recortes presupuestarios han dejado a las autoridades marítimas sin combustible, inspectores suficientes ni embarcaciones operativas, obligando a los cooperativistas a realizar patrullajes nocturnos sin armamento ni respaldo institucional frente a redes delictivas cada vez más agresivas.

Este cerco múltiple devela la profunda contradicción del modelo económico sudcaliforniano. Mientras el discurso institucional promueve a la entidad como un santuario global de conservación, la estructura territorial opera bajo una dinámica de enclave: se privatiza la franja costera para el turismo de alta gama, se mantiene viva la especulación minera sobre el corazón hídrico peninsular y se tolera el agotamiento furtivo de los ecosistemas marinos. La factura de este desbalance la pagan invariablemente las comunidades locales, confinadas a colonias sin agua entubada en la periferia de las ciudades turísticas, despojadas de sus playas y marginadas de las decisiones de un desarrollo que las utiliza como mano de obra barata mientras les hipoteca el futuro.

Baja California Sur no padece una fatalidad geográfica, sino las consecuencias de una deliberada política de desposesión que mide el progreso en divisas y maquilla el despojo con jardines regados con agua desalada. Al convertir la montaña en reserva de especulación, el mar en botín clandestino y la costa en privilegio corporativo, el modelo turístico e inmobiliario no solo socava sus propios cimientos biológicos; expulsa a quienes supieron habitar el desierto sin destruirlo. Cuando una tierra olvida que su único valor insustituible es la dignidad de su gente y la pureza de sus vertientes, la prosperidad prometida deja de ser un destino común para consolidarse como un elegante epitafio de arena y alambre.

Fuentes consultadas

Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. Decreto por el que se reforma y adiciona la Ley General de Bienes Nacionales para garantizar el libre acceso y tránsito en las playas mexicanas. Diario Oficial de la Federación (DOF), 21 de octubre de 2020.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Programa de Manejo de la Reserva de la Biosfera Sierra de La Laguna. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), México.

Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA) e Instituto Nacional de Pesca (INAPESCA). Planes de manejo pesquero y acuerdos de veda para almeja catarina (Argopecten ventricosus) en los litorales de Baja California Sur. Publicaciones oficiales del Gobierno de México.

Dirección General de Minas (DGM) de la Secretaría de Economía. Cartografía minera y títulos de concesión minera vigentes en el Estado de Baja California Sur. Registro Público de Minería.

Fondo para la Comunicación y la Educación Ambiental (Agua.org.mx) y Colectivo de Organizaciones Ciudadanas por el Agua. Diagnóstico sobre el impacto hídrico de la megaminería y la presión inmobiliaria en los acuíferos de La Paz y Los Cabos. La Paz, B.C.S.

Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA). Informes sobre operativos de vigilancia pesquera, inspección en zona federal marítimo terrestre (ZOFEMAT) y problemática presupuestal en delegaciones costeras. Periodo 2019-2024.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

FOTOS: IA | Los Cabos Guide | Arqueología Mexicana.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Fundador de Santiago, en Baja California, Ignacio María Nápoli dejó una trayectoria marcada por la evangelización, los enfrentamientos de autoridad y una difícil relación con algunos dirigentes indígenas.

En la historia de las misiones de Baja California, Ignacio María Nápoli aparece como una figura incómoda para los retratos ejemplares. Fundó una misión, regresó para reconstruirla y dejó un testimonio sobre sus primeros encuentros con los habitantes del sur peninsular. También protagonizó conflictos que complicaron su convivencia con las comunidades evangelizadas. Su trayectoria permite reconocer a un religioso comprometido, pero difícil; un hombre cuya perseverancia convivió con decisiones autoritarias y episodios todavía insuficientemente esclarecidos.

También te podría interesar: BCS ante los huracanes: la prevención que todavía debe convertirse en protección efectiva

Nacido en Sicilia en 1692, según la semblanza del historiador Eligio Moisés Coronado, ingresó al noviciado jesuita a los veinticinco años. El 12 de abril de 1719 salió de Cádiz hacia Nueva España. La información disponible sobre su infancia es escasa: las fuentes consultadas permiten seguir mejor al misionero que al joven que decidió cruzar el Atlántico.

Su apellido aparece como Nápoli, Napoli o Nápoles. Francisco Javier Clavijero empleó esta última forma al narrar su llegada a California. Más allá de las variantes, las referencias describen al mismo sacerdote siciliano, incorporado a una empresa religiosa que buscaba extender el cristianismo y establecer comunidades misionales en territorios habitados por pueblos con culturas propias.

Clavijero relata que Juan de Ugarte le encomendó dirigirse a Las Palmas para establecer una nueva misión. Nápoli llegó a La Paz el 2 de agosto de 1721 y fue recibido por Jaime Bravo. Después continuó hacia el sur, acompañado por Bravo, el capitán Esteban Rodríguez y soldados. La expedición reunía así predicación religiosa, abastecimiento y protección militar.

De aquella entrada surgió Santiago de las Palmas, conocida también como Santiago de los Coras o Santiago Aiñiní. Las fuentes difieren al fechar su fundación: unas señalan 1721 y otras 1724. La discrepancia parece relacionarse con el establecimiento inicial y los posteriores cambios de ubicación. Lo comprobable es el papel fundador de Nápoli y su responsabilidad en los primeros años.

Su labor incluyó la evangelización y el bautismo. Clavijero, señala que durante cinco años bautizó cerca de doscientos niños y más de ochenta adultos. Estas cifras reflejan la continuidad de su actividad, aunque por sí solas no permiten conocer cómo vivieron los indígenas la incorporación al régimen misional.

Nápoli también escribió. Su relación, fechada el 20 de septiembre de 1721, dejó constancia de la entrada al territorio de los llamados coras. Publicada en inglés en 1970, constituye una fuente para investigar aquellos contactos. Sin embargo, su mirada era la de un participante interesado en implantar el Evangelio; sus observaciones requieren leerse dentro de ese horizonte religioso y colonial.

¿Fue un hombre rebelde? La palabra exige matices. Coronado registra que fue enviado a Sonora en 1726, separado de la Compañía de Jesús en 1727 y readmitido en 1730. El historiador reconoce desconocer las razones de esa separación. El episodio revela una ruptura institucional, pero no autoriza a inventar una falta ni a convertirlo automáticamente en disidente doctrinal.

Su carácter complicado encuentra evidencia más concreta en Sonora. Una investigación publicada por University of Arizona Press señala que asumió Pótam, Ráum y Huírivis en noviembre de 1736. Allí sostuvo enfrentamientos con los dirigentes yaquis Muni y Bernabé, en medio de disputas sobre autoridad, gobierno comunitario y relaciones con los funcionarios coloniales.

Según ese estudio, algunas decisiones del sacerdote profundizaron la hostilidad existente. Bernabé cuestionó órdenes de castigo y los dirigentes disputaron su salida de los cargos de gobierno. Posteriormente formularon quejas contra Nápoli. Estos testimonios muestran que su empeño religioso podía acompañarse de una voluntad de mando que encontraba resistencia entre quienes defendían sus propias atribuciones.

Llamarlo rebelde resulta, entonces, una interpretación de su trayectoria conflictiva, no una categoría demostrada para todos sus actos. Fue capaz de sostener posiciones enfrentadas a otros actores, pero también ejerció autoridad sobre los indígenas. La complejidad reside precisamente ahí: podía resultar incómodo dentro del mundo colonial y, simultáneamente, representar una autoridad cuestionada por las comunidades.

Su compromiso misionero aparece especialmente en el regreso a Santiago. Después de la rebelión de 1734, durante la cual murió Lorenzo Carranco, Nápoli volvió a una misión devastada en donde permaneció solamente 6 meses y posteriormente regresó a continuar su ministerio en Sonora. Una publicación del Archivo Histórico de Baja California Sur le atribuye su reconstrucción en 1736. El retorno constituye una señal concreta de continuidad con la obra que había iniciado.

Su muerte suele situarse en 1745, en Tecoricopa, Sonora, aunque otra referencia propone aproximadamente 1744. Esa incertidumbre acompaña una biografía fragmentaria. Permanece, sin embargo, un perfil reconocible: fundador perseverante, observador y sacerdote conflictivo. Su historia obliga a mirar la evangelización desde sus obras y desde las voces que resistieron su autoridad, sin borrar ninguna de esas dimensiones humanas.

Referencias:

  • Eligio Moisés Coronado: “Ignacio María Nápoli”. Semblanza con datos personales y fechas de su trayectoria.
  • Francisco Javier Clavijero: Historia de la Antigua o Baja California. Narración histórica de su llegada a La Paz.
  • Centro INAH Baja California Sur: Eestudio sobre la relación de Nápoli de 1721.
  • Archivo Histórico de Baja California Sur: Las misiones. Información sobre sus periodos en Santiago y la reconstrucción de 1736.
  • University of Arizona Press: Missionaries, Miners, and Indians, capítulo 4. Estudio de su actuación entre los yaquis.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

FOTOS: José Luis Cortés M.

Vientos de Pueblo

El Vigía del Desierto

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). El agua de la ensenada de Balandra posee una transparencia engañosa. Vista desde los miradores de piedra caliza, la célebre laguna de La Paz parece una acuarela intocada, suspendida en una quietud casi mística donde el mangle rojo hunde sus raíces aéreas en la arena blanca. Sin embargo, al ras de la marea, la realidad se descompone en partículas visibles. A pesar de los esquemas de aforo divididos en dos turnos diarios establecidos para contener la avalancha terrestre de bañistas, la presión sobre el Área de Protección de Flora y Fauna Balandra se desborda por su flanco marino. Yates de recreo y embarcaciones menores fondean de forma irregular en zonas restringidas, arando con sus anclas los lechos de pastos marinos y arrojando al agua aguas grises y trazas de hidrocarburos. La memoria del incendio y naufragio de una embarcación privada en agosto de 2022, que cubrió de ceniza y diésel las raíces del manglar, no operó como advertencia suficiente. De acuerdo con registros oficiales y reportes técnicos elaborados por académicos locales, las capacidades de inspección de la autoridad federal se encuentran reducidas al mínimo operativo, con lanchas varadas por falta de combustible o personal insuficiente para vigilar decenas de kilómetros de costa protegida, permitiendo que la navegación recreativa de alto poder adquisitivo vulnere impunemente los límites que se le exigen al ciudadano de a pie.

Esa misma lógica de desdén hacia los equilibrios biológicos se prolonga tierra adentro, asfaltada sobre el lomo de la península. La Carretera Transpeninsular, columna vertebral de más de mil setecientos kilómetros que enlaza el flujo de mercancías y caravanas turísticas con el norte del país, ha sido objeto de sucesivas modernizaciones y ampliaciones de carril sin que las autoridades de infraestructura integraran pasos de fauna subterráneos o aéreos. El resultado es una fractura territorial implacable. El desierto, que durante milenios operó como un continuo vegetal y faunístico entre las sierras y el mar, quedó partido en dos por una cinta de rodamiento donde los vehículos transitan a velocidades incompatibles con la supervivencia silvestre. Según datos públicos y estudios de impacto ambiental revisados, el atropellamiento sistemático se ha convertido en una de las principales fuentes de mortandad para especies bajo esquemas de protección especial: el venado bura peninsular, la zorrita del desierto, el lince rojo y diversas serpientes de cascabel endémicas son embestidos cotidianamente al intentar cruzar sus rutas naturales de forrajeo y agua. El progreso vial, concebido para acelerar el arribo de insumos a los enclaves hoteleros, cobra un peaje zoológico permanente que las dependencias públicas asumen como un costo colateral inevitable.

También te podría interesar: El cuero que no hereda nadie

Todavía más al norte, en la aridez mineral de la Sierra de Guadalupe y los llanos de Comondú y Mulegé, el asedio adquiere la forma del saqueo sigiloso. Redes organizadas de biopiratería recorren las cañadas extrayendo cactáceas endémicas de lento crecimiento, particularmente biznagas globulares del género Mammillaria y ejemplares antiguos de cardones, junto a valiosas piezas fósiles de vertebrados marinos del Mioceno incrustadas en estratos rocosos. Como han advertido botánicos y ambientalistas de la entidad, estas especies vegetales, cuya reproducción en vida silvestre demanda décadas, son desenterradas de raíz, embaladas clandestinamente y transportadas por rutas terrestres y marítimas casi desprovistas de puestos de control aduanero o zoosanitario. Su destino final son colecciones privadas y mercados de lujo botánico en Europa del Este y Asia, donde un ejemplar sudcaliforniano único puede alcanzar miles de dólares. Frente a este expolio sistemático, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente cuenta con una plantilla de inspectores en campo que apenas alcanza para atender denuncias formales en las ciudades, dejando miles de kilómetros cuadrados de reservas de la biosfera bajo una orfandad de vigilancia que los traficantes conocen y explotan con metódica impunidad.

Este triple acoso sintetiza la fractura ética del modelo de desarrollo peninsular. Se ensalza a la entidad como un santuario intocado para atraer capitales internacionales, pero se le niegan los recursos elementales para proteger sus propios cimientos ecológicos. Las prioridades del gasto público favorecen la facilitación turística y la conectividad mercantil, mientras la fiscalización ambiental se desmorona por inanición presupuestaria. Se cuida la postal, pero se destruye el ecosistema que la sostiene. En este reparto desigual, los costos biológicos los absorbe un territorio que no puede defenderse por sí mismo: el manglar sofocado por los residuos del ocio náutico, la fauna triturada bajo las ruedas de la velocidad y el desierto despojado de su memoria vegetal milenaria. Cuando un modelo económico confunde la conservación con la escenografía y reduce sus maravillas naturales a materias primas de consumo efímero, la prosperidad no construye un porvenir: únicamente maquilla la lenta demolición del paraíso que juró custodiar.

Fuentes consultadas

Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR). Estudios sobre fragmentación de hábitat, atropellamiento de fauna silvestre en carreteras de la península y conservación de cactáceas endémicas. La Paz, B.C.S.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Programa de Manejo del Área de Protección de Flora y Fauna Balandra. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), México.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Informes técnicos sobre contingencia ambiental y derrame de hidrocarburos en Balandra tras el siniestro de la embarcación Fortius. La Paz, B.C.S., 2022-2023.

Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Apéndices y resoluciones sobre tráfico ilícito de Cactaceae mexicanas.

Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA). Informes de inspección y aseguramiento de ejemplares de flora silvestre protegida (NOM-059-SEMARNAT-2010) y patrimonio paleontológico en el estado de Baja California Sur. Periodo 2019-2024.

Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Manifestaciones de Impacto Ambiental y proyectos ejecutivos de modernización de la Carretera Federal 1 (Carretera Transpeninsular). Dirección General de Carreteras, México.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

Compartir
Compartir