Cómo nacieron las rancherías de BCS: de las misiones jesuitas a los ranchos familiares

FOTOS: Modesto Peralta Delgado.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En San Javier, la misión no parece un edificio: parece una declaración de guerra contra el desierto. La cantera se levanta en medio de la sierra como si alguien hubiera querido fijar con piedra lo que aquí siempre fue movimiento: el agua que aparece y desaparece, las veredas que se abren entre cañadas, la vida que resiste lejos de los centros. Alrededor de ese templo, y de otros como Loreto, Comondú o Mulegé, fue creciendo una forma de habitar Baja California Sur que todavía define a buena parte de su memoria profunda. No nació en las ciudades ni en los puertos. Nació en la intemperie. En los márgenes de la misión. En el rancho.

Pero esa historia no comienza con los jesuitas. Antes de que la cruz y la campana organizaran el territorio, la península ya estaba habitada por pueblos indígenas como pericúes, guaycuras y cochimíes. Las fuentes históricas hablan de rancherías indígenas, aunque el término no describía necesariamente un pueblo fijo, sino más bien un grupo humano ligado a formas de movilidad adaptadas a la aridez, a la caza, a la recolección y al conocimiento del agua. La primera verdad incómoda de esta crónica es esa: las rancherías sudcalifornianas no surgieron sobre un vacío, sino sobre un territorio ya vivido, ya nombrado y ya recorrido mucho antes de la evangelización.

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La fundación de la Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó, el 25 de octubre de 1697, abrió otra época. Desde ahí se desplegó una red de misiones que el INAH resume en 18 establecimientos jesuitas en la península. Aquellas misiones fueron templos, sí, pero también centros de control territorial, agrícola y humano. Se instalaron donde el agua lo permitía: oasis, cañadas, pequeños valles. Introdujeron ganado, huertas, cereales, nuevas jerarquías, nuevos calendarios y una disciplina del trabajo que buscó fijar en torno a la misión a poblaciones que hasta entonces habían vivido bajo otros ritmos. La misión fue una máquina de concentración. Quiso reunir, ordenar y convertir. Quiso transformar el desierto en provincia.

Pero la misión nunca dominó del todo. Los estudios de Ignacio del Río muestran que la relación entre los pueblos originarios y el sistema misional estuvo atravesada por tensiones, resistencias y regresos al monte. La piedra del templo no canceló la memoria del territorio. Y, al mismo tiempo, la colonización produjo una devastación demográfica y cultural de enorme escala. Ahí está la segunda verdad incómoda: el origen del rancho sudcaliforniano no puede contarse como una estampa pintoresca de autosuficiencia sin reconocer que antes hubo despojo, reorganización forzada y derrumbe de mundos indígenas. La ranchería actual hereda saberes de adaptación al medio, pero también nace sobre una fractura.

El punto de quiebre llegó con la expulsión de los jesuitas en 1767, consumada en California al año siguiente, y con la posterior secularización de las misiones en el siglo XIX. La vieja organización eclesiástica perdió cohesión, los bienes misionales cambiaron de manos y el territorio dejó de girar exclusivamente alrededor del campanario. Entonces comenzó otra dispersión: alrededor de antiguos centros misionales, ojos de agua y sierras fueron tomando forma pequeños ranchos y rancherías familiares. Investigaciones de la UABCS y trabajos sobre patrimonio ranchero coinciden en que la identidad social de esos asentamientos deriva del establecimiento de las misiones y de los esfuerzos de poblamiento del siglo XVIII, y que en muchos de esos ranchos la unidad básica terminó siendo la familia nuclear, organizada alrededor del trabajo cotidiano, el ganado, la huerta y el aprovechamiento integral del entorno.

Lo decisivo fue la geografía. En Baja California Sur, el rancho no podía expandirse como hacienda continental porque el agua imponía su propia ley. Los oasis sudcalifornianos, explica la investigación de Micheline Cariño y Antonio Ortega, fueron sistemas agroecológicos de alta complejidad levantados en condiciones extremas de aislamiento y aridez. Harry Crosby, al reconstruir la vida de los últimos californios, retrató justamente eso: ranchos pequeños, serranos, amarrados a manantiales, con huertas mínimas, bestias de carga, caprinos y bovinos obligados a vivir entre laderas secas. Aquí el rancho no fue exceso. Fue cálculo. No fue abundancia. Fue permanencia. De ahí salió el tipo humano que aún hoy se reconoce como ranchero sudcaliforniano: austero, móvil, diestro en oficios, dependiente del agua y de un conocimiento íntimo de la sierra.

Con el tiempo, esa forma de vida produjo más que economía: produjo cultura. El aislamiento empujó a las familias rancheras a fabricar herramientas, a trabajar la talabartería, la herrería, los bordados, el queso, el vino y una cocina de supervivencia convertida en identidad. La propia Secretaría de Cultura reconoce en las comunidades serranas de Baja California Sur una tradición ligada al rancho heredado del tiempo misional, mientras estudios de la UABCS sobre las sierras La Giganta y Guadalupe hablan de un patrimonio cultural ranchero que no se reduce a nostalgia: es una manera de leer el paisaje, de nombrar plantas, de administrar el agua, de repartir tareas y de entender la distancia. La ranchería no fue solamente un asentamiento. Fue una escuela de mundo.

Esa escuela, sin embargo, vive bajo presión. El Censo Agropecuario 2022 registró en Baja California Sur 4,606 unidades de producción agropecuaria, con 122,698 bovinos y 66,683 caprinos: el rancho sigue ahí, pero más acorralado. Al mismo tiempo, investigaciones recientes sobre las rancherías de Los Comondú y reportes sobre la sequía extrema de 2020 a 2022 muestran un sistema social frágil ante la despoblación, la incertidumbre climática y la atracción económica de las costas turísticas. En 2024, un estudio con 98 ranchos reportó que muchos ganaderos estiman que podrían resistir apenas dos o tres años más de sequía sostenida antes de abandonar la actividad. Lo que antes resistía al aislamiento ahora resiste al mercado, al clima y al olvido estatal.

Por eso, preguntarse cómo nacieron las rancherías sudcalifornianas no es una curiosidad del pasado. Es preguntarse qué sobrevive cuando un territorio deja de mirarse a sí mismo desde la sierra y empieza a contarse solo desde el hotel, la carretera y la plusvalía costera. Las rancherías nacieron de una violencia colonial, sí, pero también de una capacidad descomunal para domesticar la escasez sin destruir del todo el sitio donde se vive. Entre la misión y el monte, entre la cruz y el ojo de agua, los sudcalifornianos levantaron una de las culturas rurales más singulares del país. Perderla sería algo más que perder un paisaje: sería olvidar la forma exacta en que esta tierra aprendió a permanecer.

Referencias:

INAH, Misiones Jesuíticas, Baja California Sur I y Museo de las Misiones.

  • SETUES Baja California Sur, Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó.
  • Ignacio del Río, UNAM, Conquista y aculturación en la California jesuítica, 1697-1768.
  • Micheline Cariño y Antonio Ortega, Oasis sudcalifornianos: transferencia cultural del Viejo al Nuevo Mundo áridos.
  • Harry W. Crosby, Los últimos californios.
  • UABCS / Áreas Naturales Protegidas Scripta, Patrimonio cultural ranchero de las sierras La Giganta y Guadalupe, BCS, México.
  • UABCS, tesis y estudios sobre identidad ranchera y origen de ranchos y rancherías.
  • INEGI, Censo Agropecuario 2022. Baja California Sur.
  • University of Utah, Adaptive responses to extreme drought: A case study of rural ranchers in Baja California Sur, Mexico.
  • Estudios sobre la dinámica del sistema de rancherías de Los Comondú.

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Entrega Gobierno de BCS equipos fotovoltaicos a familias de San Javier

La Paz, Baja California Sur (BCS). En visita a la comunidad de San Javier, en el municipio de Loreto, el gobernador Víctor Manuel Castro Cosío mencionó que los próximos tres años de su administración continuará ejerciendo un mandato cercano a la gente con la entrega de 31 equipos fotovoltaicos mejorados, básicos y rehabilitación a 124 familias de esta comunidad dedicadas principalmente a la ganadería y la agricultura, con una inversión de más de un millón de pesos.

Al respecto, el mandatario estatal reiteró el compromiso para seguir trabajando en cada una de las rancherías para cumplir con la población. “Cada vez estar más presentes en estas regiones del Estado es encomienda de un servidor a todos los secretarios, del olvido a la realidad”, resaltó, a través de un boletín de prensa.

Castro Cosío mencionó que, en el caso de la entrega de estos equipos, confió que para el próximo año se habrá de concluir un programa para que todas las familias de las comunidades rurales cuenten con ellos, y que, de esa manera, se mejore sustancialmente la calidad de vida de las personas.

Finalmente, acompañado por la alcaldesa de Loreto, Paz del Alma Ochoa Amador, y por el secretario del Trabajo, Bienestar y Desarrollo Social (STByDS), Omar Antonio Zavala Agúndez, Castro Cosío enfatizó que las comunidades rurales son nuestras raíces y fuerza. Asimismo, subrayó que lo más importante que ha aportado el trabajo coordinado con la Federación, es la confianza de que juntos, se pueden lograr grandes avances para población.




San Francisco Javier. Un Santo y una Misión en la California.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Después de la llegada y el establecimiento de la primera Misión y Presidio permanente en la California, el de Loreto-Conchó, fundado por el sacerdote Juan María de Salvatierra y Visconti, en el año de 1697; se inició con la exploración y evangelización de nuevos grupos, tocándole su turno a los asentados en un sitio al interior de la Sierra de La Giganta, y cercano a Loreto, un sitio denominado Viggé-Biaundó, y el cual se convertiría en la segunda Misión de la península.

El sacerdote que vino a ayudar a Kino, al mes de haber llegado y fundado la Misión de Loreto, fue el también italiano Francisco María Píccolo. Este jesuita ya había oído hablar de este proyecto de evangelización en estas lejanas tierras debido a que su anterior asignación había sido en la Sierra Tarahumara, en donde Salvatierra se había desempeñado años antes, y donde había dejado sembrada la semilla para que más misioneros quisiera unirse a él en esta nueva cruzada. Cuando Píccolo se hubo adaptado un poco al trabajo tan laborioso que se realizaba en Loreto, y había aprendido de manera más o menos adecuada la lengua Cochimí, fue enviado por Salvatierra a que buscara sitios donde estuvieran asentados grupos numerosos de cochimíes, el grupo nativo que los había aceptado de buen agrado y que se mostraban relativamente dóciles a las nuevas enseñanzas religiosas. Contaban con una información detallada de los diarios de exploración que habían levantado Eusebio Francisco Kino y el almirante Isidro Atondo y Antillón, durante su fallido intento por consolidar la misión de San Bruno (1683-1685). Además de lo anterior, varios de los cochimíes que habitaban en esta sierra y que eran visitantes asiduos de Loreto, les hacían invitación para que fueran con ellos y fundaran un asentamiento en su ranchería.

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Fue a principios del año de 1699 que Píccolo decide iniciar la exploración de estos sitios, con auxilio de californios leales, hasta que finalmente encuentra un lugar densamente poblado, el cual contaba con agua abundante y tierra fértil en la cual crecían muchos árboles de los cuales obtenían semillas con las que alimentaban, así como cacería abundante. El sitio era conocido por los cochimíes como Viggé-Biaundó, que en su lengua significa “tierra elevada que domina el valle”. Fue así como Píccolo decide establecerse y declara fundada la misión el 10 de marzo de 1699. En el transcurso de 4 o 5 meses se construyeron habitaciones sencillas para albergar al misionero, al soldado que lo custodiaba, así como un pequeño almacén para guardar bastimento, aperos de trabajo y animales de carga. Finalmente se construyó una pequeña enramada en la cual se instaló un altar llano, un crucifijo y algunas pinturas con imágenes religiosas. Finalmente, el padre Salvatierra se traslada al lugar y consagra el templo el cual es dedicado a uno de los Santos que fue miembro de la Compañía, y el cual había destacado por su obra misionera en Asía, San Francisco Javier. A los pocos meses el sitio de la misión, que estaba junto al ojo de agua llamado Biaundó, fue abandonado debido a un levantamiento de los indígenas.

En el año de 1701, llega a la península el padre Juan de Ugarte, el cual hasta unos días antes se había desempeñado como Procurador de las Misiones de California, en donde su misión sustantiva era conseguir apoyos económicos entre la clase adinerada de la Ciudad de México, para sostener la obra evangelizadora en la península. Tras su llegada, y ante lo prioritario de tener alguien que cumpliera con la misión que dejaba vacante Ugarte, Salvatierra le ordena a Píccolo que se traslade a la Ciudad de México, y en su lugar designa al recién llegado Ugarte, el cual reanuda la labor evangelizadora, y cambia de sitio la misión, estableciéndose en el paraje donde actualmente se encuentra. Fue el potentado Don Juan Caballero y Ocio, el que destinó una fuerte suma de dinero para sostener al sacerdote y sus labores evangelizadoras, así como la construcción y dotación de todos los objetos para construir una iglesia, así como realizar la liturgia correspondiente. Durante los siguientes 29 años que misionó este sacerdote entre los cochimíes de San Javier, demostró un gran compromiso con su ministerio, convirtiendo a miles de californios a la religión católica. También hizo florecer permanentemente su misión trayendo y criando caballos, mulas, vacas, borregos, gallinas y otros animales. Enseñó a los indios conversos la ciencia de la agricultura, encargándose de introducir cultivos de maíz, trigo, frijol, caña de azúcar, uva, olivo y otros árboles frutales, a los regaban por medio de un complejo sistema de canales, los cuales aún perduran. Se dice que fue el introductor de la panadería y la vitivinicultura en California.

En el año de 1730, Ugarte falleció víctima de sus enfermedades y su avanzada edad, llegando a suplirlo el sacerdote Miguel del Barco (1737). Este sacerdote tuvo buen cuidado de continuar la intensa obra desempeñada por el padre Ugarte, y dentro de sus destacadas acciones estuvo el redactar los conocimientos que iba teniendo de los Californios y de su tierra, a través de sendos informes, los cuales fueron enviados a diferentes partes del mundo. Estos documentos se convirtieron en un libro editado por el Dr. Miguel León-Portilla el cual lleva por nombre Historia Natural y Crónica de la Antigua California. Además de lo anterior fue el creador del templo misional que hasta la fecha sobrevive en este lugar, el que tardó en ser construido 15 años, de 1744 a 1759. Este templo es una hermosa pieza de arquitectura y se encuentra fabricado de piedra basáltica, la cual abunda en el lugar, y que fue hermosamente labrada por constructores traídos especialmente desde otras regiones de Nueva España. Este templo cuenta con una gran cantidad de pinturas centenarias realizadas por grandes artistas de la época, engarzadas en un retablo cubierto con hoja de oro, imágenes de santos maravillosamente trabajadas, y en general es uno de los templos mejor cuidados, y cuya arquitectura se ha ganado por méritos propios el ser llamado la joya de las Misiones de la California. Esta misión, incorporó las visitas de Santa Rosalía, San Miguel de Comondú (1714-1730), San Agustín, La Presentación (1769), San Pablo y Los Dolores del Norte.

Posteriormente a la expulsión de los jesuitas en el año de 1768, los franciscanos se hicieron cargo de la misión, y finalmente los dominicos. La población nativa fue disminuyendo rápida y permanentemente, lo anterior debido principalmente por las constantes epidemias y por la migración que realizan a diferentes partes de la península o al resto de la Nueva España buscando mejores condiciones de vida. Para principios del siglo XIX sólo quedaban menos de 100 cochimíes nativos, los cuales ya habían sido evangelizados y hablaban el idioma español. Esta misión pasó por una etapa de abandono en el año de 1817, siendo paulatinamente repoblada durante el resto de este siglo y el siguiente, hasta el punto de convertirse en uno de los centros de producción y comercio más importantes de la primera mitad del siglo XX.

En la actualidad se conmemoran 323 años de la fundación de esta misión de San Francisco Javier Vigge-Biuandó, la cual es el origen del actual poblado secular de San Javier, en el municipio de Loreto. Es un sitio pintoresco y que en todos los días del año recibe una gran cantidad de turistas, locales y extranjeros, los cuales vienen a admirar su hermoso templo, así como a disfrutar de la tranquilidad que se respira en sus antiquísimos olivares y canales de riego, los cuales son mudos testigos de la época misional.

 

Bibliografía:

Barco, Miguel del, S. J. 1980 The Natural History of Baja California, trad. de Froylán Tiscareño, introd. de Miguel León-Portilla, Los Ángeles, Dawson’s Book Shop (Baja California Travels Series, 43).

Mathes, W. Michael. 1977. Las misiones de Baja California.1683-1849. La Paz, Editorial Aristos.

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Difunden video promocional de San Javier

FOTO: Archivo

La Paz, Baja California Sur (BCS). Para reactivar la economía de San Javier, comunidad serrana del municipio de Loreto, el grupo “Amigos de San Javier A.C.” se coordinaron con el diputado José Luis Pérpuli, realizando un video promocional que esta semana inicia su difusión, buscando alcanzar su consolidación turística, informó el Congreso del Estado.

Así lo comunicó el diputado José Luis Perpuli Drew, precisando que se han organizado de tal forma que sea una visita segura, tanto para los paseantes como para los habitantes del lugar, cumpliendo cabalmente los protocolos de sanidad, siguiendo puntualmente las indicaciones de las autoridades de salud.

San Javier ofrece una variedad de productos como vino, aceite de olivo, artesanías, dulces regionales, alimentos típicos que preparan en los restaurantes locales y actividades como el senderismo, visitas a la Cueva de la Serpiente, donde hay pinturas rupestres y cabañas para alojar a los visitantes nacionales y extranjeros.

Este video promocional que muestra las bellezas de la Sierra de San Javier, circula desde hoy en redes sociales, plataformas y distintos canales de televisión.

Perpuli Drew agregó que este proyecto del grupo de “Amigos de San Javier” es integrado por Gerardo Martínez, Celso Alanís, Rodolfo David, Amancio David y Antonio Verdugo, que desde el principio se coordinaron con el representante popular para desarrollarlo y se tienen las mejores expectativas, por el legado histórico, riqueza cultural, y la belleza con que cuenta el lugar.

“Buscamos contribuir para que esta comunidad se convierta en un destino turístico completo porque el turismo es sin duda, la vocación de nuestro hermoso estado y la comunidad de San Javier” sostuvo el legislador loretano.

Finalmente, Perpuli Drew reiteró su compromiso de continuar trabajando para sus representados, ayudando a las familias de la zona, pues desde que empezó la pandemia, el luchador social no ha reparado en recorridos por toda la geografía de su distrito que comprende Loreto y parte del municipio de Mulegé, escuchando a la ciudadanía, llevando apoyos y buscando solución a la problemática que presenta cada comunidad.