La Sierra de la Laguna frente a la voracidad inmobiliaria

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Ius et ratio

Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En Baja California Sur, el conflicto ya no es técnico ni administrativo: es político, ambiental y de supervivencia. La Sierra de la Laguna —la principal fábrica de agua del Sur del Estado— se ha convertido en el epicentro de una disputa entre el interés público y la presión de proyectos privados que, bajo discursos maquillados de desarrollo, amenazan el equilibrio ecológico de la región.

Frente a ello, el Frente Ciudadano en Defensa del Agua y la Vida, colectivo que agrupa a 34 organizaciones civiles, ha decidido subir el tono: prepara la presentación de un mandato ciudadano para obligar al gobierno estatal a utilizar una herramienta que el poder público ha evitado: la expropiación. No es una ocurrencia. Es una señal de que la ciudadanía está llegando al límite.

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El fondo del problema: agua contra negocio

La Sierra de la Laguna no es intercambiable ni sustituible. Es un ecosistema de más de 112 mil hectáreas que garantiza el abastecimiento de agua para cerca del 90% de la población de La Paz y Los Cabos. En un Estado marcado por el estrés hídrico, eso no es un dato ambiental: es un dato de seguridad pública. Y, sin embargo, sobre ese territorio avanzan proyectos inmobiliarios, turísticos y potenciales actividades extractivas que implican deforestación, presión sobre acuíferos, alteración del suelo y riesgo de contaminación.

El patrón es conocido: desarrollos disfrazados de “sustentables” que, en la práctica, privatizan el territorio y socializan el daño. La acusación: no sólo amenaza privada, también omisión pública

El planteamiento del Frente es frontal: no sólo hay presión privada, también hay tolerancia, complacencia y/o complicidad— de autoridades de los tres niveles de gobierno. La omisión ya no puede esconderse detrás de discursos burocráticos.

En derecho público, cuando una autoridad sabe que existe un riesgo y no actúa, deja de ser neutral: se convierte en parte del problema. En materia ambiental, eso tiene consecuencias graves: el daño no espera trámites, no respeta tiempos políticos, y muchas veces es irreversible.

Expropiar para proteger

Ante ese escenario, el mandato ciudadano rompe la inercia: propone la implementación de un programa integral de expropiación, adquisición o limitación de dominio de los predios privados ubicados dentro de la reserva. Que el Estado intervenga directamente en la propiedad privada cuando ésta pone en riesgo un bien colectivo esencial: el agua.

No se trata de arbitrariedad. La propia Constitución lo permite: la propiedad puede ser expropiada por causa de utilidad pública y mediante indemnización. Y si algo encaja en ese concepto, es precisamente esto: proteger la principal fuente de agua de toda una región.

Derechos humanos, no caprichos

El planteamiento no se sostiene en consignas, sino en un entramado jurídico sólido. El derecho humano al agua y al medio ambiente sano no es retórico, es exigible.

La Ley General de Equilibrio Ecológico reconoce la preservación del ambiente como materia de orden público. La legislación estatal permite expropiar bienes cuando el interés social está en juego. La Suprema Corte ha validado el principio precautorio, que obliga a actuar incluso ante riesgos no totalmente comprobados.

Y la Corte Interamericana ha sido clara: los Estados deben prevenir daños ambientales significativos. Aquí no hay margen de duda: la autoridad tiene la obligación de actuar.

Tres verdades incómodas

Detrás del mandato ciudadano hay tres afirmaciones que incomodan al poder:

  • La Sierra de la Laguna sí es causa de utilidad pública. No por ideología, sino porque sin ella no hay agua.
  • La inacción es una forma de violación a derechos humanos. Autorizar —o permitir— proyectos que afecten el ecosistema es comprometer el acceso al agua de miles de personas.
  • La expropiación no es radical: es legal y necesaria. Siempre que haya debido proceso e indemnización, es una herramienta legítima del Estado para proteger el interés general.

El fondo del conflicto es más sencillo de lo que parece: ¿Debe prevalecer el interés privado de desarrollo inmobiliario o el interés colectivo de conservar el agua y el equilibrio ecológico? La respuesta jurídica ya existe. La pregunta es si existe voluntad política para aplicarla.

Un punto de quiebre

El mandato ciudadano que está por presentarse no sólo busca activar un procedimiento administrativo. Busca algo más profundo: romper la lógica de permisividad que ha permitido que intereses privados se inserten en zonas ambientalmente estratégicas.

En un estado donde el agua es escasa, la pasividad no es una opción. Porque en Baja California Sur, la disyuntiva ya no es desarrollo contra conservación. Es mucho más directa: o se protege la Sierra de la Laguna, o se pone en riesgo el futuro hídrico de toda la región.

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Ciudadanos mandatan a Diputados de BCS resolver sus diferencias

FOTO: Archivo

La Paz, Baja California Sur (BCS). Derivado de los recientes conflictos al interior del Poder Legislativo local, el licenciado Jesús Arturo Rubio Ruiz presentó un Mandato Ciudadano ante la Mesa Directiva de la XV Legislatura del Congreso de Baja California Sur, solicitando a los legisladores sudcalifornianos la creación y conformación de una Mesa de Diálogo en la que intervengan mediadores para la solución del conflicto interno que vive el Congreso, lo anterior, de acuerdo al documento en cita, ante la incapacidad de solucionar sus problemas por sí mismos.

La mediación propuesta estaría a cargo de un grupo ciudadano conciliador integrado por representantes de la sociedad civil, organizaciones empresariales, colegios de profesionistas y representantes de partidos políticos, quienes, con pleno respeto a la autonomía y soberanía del Congreso del Estado de Baja California Sur, intervendrían como conciliadores para abonar a la reflexión y la solución pacífica de los conflictos internos del Poder Legislativo.

 

“Me apersono mediante la presente petición de particulares para hacerles un encarecido llamado a la integración de un verdadero parlamento, ya que en los últimos meses, pese a la pandemia que vivimos y las consecuencias colaterales de la misma en materia económica, el Poder Legislativo del Estado de Baja California Sur, se ha convertido en un centro de polarización política que en nada contribuye a la estabilidad de la vida democrática de nuestro Estado”, se puede leer en el documento que presentó el día de hoy Rubio Ruiz.

 

Esta petición se realiza al amparo de lo establecido en los Artículos 8 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 5 de la Constitución Política para el Estado Libre y Soberano de Baja California Sur y 106 de la Ley Reglamentaria del Poder Legislativo del Estado de Baja California Sur.

 

Asimismo, vía redes sociales, Arturo Rubio pone a disposición pública un formato simplificado de este de Mandato, para los ciudadanos que deseen sumarse a la propuesta y solicitar a los diputados que se sometan a una mediación para la solución pacifica de sus diferencias. Este formato deberá solicitarse al citado abogado quien lo hará llegar vía correo electrónico, en una sola hoja, a la que solo hay que ingresar el nombre y correo electrónico del promovente, acompañar de copia del INE y presentar en oficialía de partes.

Baja California Sur, necesita un Congreso unido, un Congreso que dialogue y construya, lamentablemente y evidentemente, los conflictos personales e internos los han superado, no han podido por sí mismos solucionar sus diferencias bajo los esquemas de la coordinación y concertación política”, manifiesta Rubio Ruiz en el cuerpo del documento en cita.