Esperan hasta 50 mil jóvenes en Los Cabos por Spring Break 2026: SETUE

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La Paz, Baja California Sur (BCS). Del 1 de marzo al 3 de abril, Los Cabos recibirá entre 45 y 50 mil jóvenes con motivo del Spring Break 2026, lo que permitirá generar una derrama económica estimada superior a los 50 millones de dólares en beneficio de la economía local.

La Secretaria de Turismo y Economía (SETUE), Maribel Collins Sánchez, informó que las y los visitantes arribarán cada domingo y regresarán a sus lugares de origen los días jueves, durante cinco semanas consecutivas, principalmente desde Arizona, California, Colorado, Illinois, Indiana, Louisiana, Nueva York, Ohio, Texas, Wisconsin, Oregón, Florida, Washington, Nueva Jersey y Nevada.

Destacó que este segmento impulsa de manera directa la actividad del sector hotelero, gastronómico, de transporte y de diversos prestadores de servicios, fortaleciendo la dinámica productiva del destino.

Ante ello, precisó que se encuentran listos los operativos de seguridad y atención, en coordinación con los tres órdenes de gobierno, la Asociación de Hoteles de Los Cabos y la empresa Lvin, responsable de la organización y logística. En esta temporada participan 12 centros de hospedaje, agregó.

Finalmente, la titular de la SETUE reiteró el compromiso de mantener una coordinación permanente para garantizar una estancia segura y ordenada, y consolidar a Los Cabos como un destino competitivo y responsable que genera bienestar y desarrollo para las familias sudcalifornianas.




Inauguran UABCS Los Portales en Los Cabos; Gobierno de BCS entregó infraestructura

FOTO: UABCS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Gobierno del Estado de Baja California Sur realizó la entrega formal de importantes obras de infraestructura a la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) Extensión Académica Los Cabos, lo que permitirá ampliar su oferta educativa y matrícula estudiantil, elevando su presencia e incidencia en la zona sur de la entidad.

Se trata de la nueva sede Los Portales, en Cabo San Lucas, consistente en la primera, segunda y tercera etapa de construcción, completando así la totalidad del proyecto. La obra contempla la construcción de urbanización, caseta de acceso, plaza cívica y un edificio académico de tres niveles, con una inversión superior a 62 millones de pesos y un total de 4,610 metros cuadrados de construcción.

Esta infraestructura permitirá ofrecer servicios educativos en instalaciones modernas, seguras y funcionales, fortaleciendo la capacidad académica de la UABCS en el municipio de Los Cabos.

La ceremonia fue encabezada por el gobernador Víctor Castro Cosío, quien durante el acto hizo énfasis en que la educación debe formar seres humanos que volteen a ver sus comunidades, con una conciencia social que les permita ayudar a las personas más necesitadas, al tiempo de defender su patrimonio histórico y cultural.

Aseguró que hoy más que nunca Sudcalifornia, pero en general México, necesita de ciudadanas y ciudadanos comprometidos, con una formación científica y humanista que les dé las herramientas necesarias para incidir positivamente en su entorno.

Por esta razón, dijo, es que el Gobierno del Estado ha venido apoyando ampliamente a la educación pública, en especial a la UABCS, donde se están formando las y los profesionistas del futuro.

Detalló que en este gobierno se han hecho obras muy importantes para la universidad, al grado que en este periodo registra un crecimiento del 30 por ciento en infraestructura. Esto se debe a que es una institución que está respondiendo a su misión y desde distintos frentes está contribuyendo al desarrollo del estado, puntualizó el gobernador.

Por su parte, el rector de la UABCS, Dr. Dante Salgado González, señaló que la Universidad, más allá de ser edificios y muros, es un lugar que se va construyendo también con sueños, esperanzas e imaginación, donde lo más importante serán siempre las y los alumnos.

Y en respuesta a ese apoyo decidido del Gobierno del Estado, dijo, al día de hoy se han podido abrir 2,500 nuevos espacios, registrando, por ejemplo, un crecimiento del 300% de matrícula en Loreto y de 400% en Ciudad Insurgentes entre el año 2024 y 2025, sin dejar de mencionar la apertura de una sede en La Ribera donde ya se ofrecen programas educativos y se trabaja en ampliar la oferta.

“Precisamente, Los Cabos, es el único municipio donde tenemos tres sedes, lo cual es una respuesta a su economía tan dinámica y el carácter de la sociedad, que ha demandado que la universidad responda así de rápido. Estos son espacios que les pertenecen a las juventudes y que debemos preservar para que las futuras generaciones que también sueñan con hacer una carrera Universitaria gocen de estas instalaciones”.

Por todo ello, agradeció tanto al ejecutivo estatal, como al Alcalde de Los Cabos, con quien también se vienen acompañando diferentes proyectos en beneficio de la educación superior de la región.

Finalmente, el presidente municipal de Los Cabos, Arq. Christian Agúndez Gómez, invitó a los jóvenes a seguir educándose y caminando hacia el éxito, buscando esas oportunidades que hoy se les están brindando con toda esta nueva infraestructura educativa que seguro seguirá aumentando por esta buena coordinación que se ha venido dando entre el gobierno del estado, ayuntamiento y universidad.




Movilidad y ciudades: La Paz y Los Cabos, ¿colapso anunciado?

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Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). A las siete de la mañana, La Paz todavía huele a mar, pero ya suena a claxon. En Los Cabos, a esa misma hora, el sol apenas asoma y el tráfico ya se ha convertido en una fila inmóvil de paciencia rota. El paisaje es distinto, el problema es el mismo. Dos ciudades que crecieron mirando al turismo mientras olvidaban algo esencial: a quienes viven, trabajan y se mueven en ellas todos los días.

La escena se repite con una precisión casi cruel. Conductores atrapados durante una hora para recorrer distancias que antes tomaban diez minutos. Camiones urbanos rebasados, irregulares, insuficientes. Motociclistas sorteando autos como si la calle fuera un campo minado. Y peatones obligados a caminar por orillas inexistentes, porque la banqueta, cuando existe, se corta de pronto, como una promesa incumplida.

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La movilidad en Baja California Sur dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una experiencia cotidiana de desgaste. No es una percepción aislada. En Los Cabos, el crecimiento poblacional ha sido uno de los más acelerados del país en las últimas dos décadas, impulsado por el turismo y la migración laboral. En La Paz, aunque el ritmo es menor, la expansión urbana desordenada ha generado una dependencia casi absoluta del automóvil. El resultado es un sistema vial que no estaba diseñado para esta presión constante.

Durante años, la respuesta fue siempre la misma: más carriles, más semáforos, más parches. Nunca una visión integral. Nunca una apuesta decidida por el transporte público digno, eficiente y continuo. Nunca una ciudad pensada para el trayecto diario del residente y no solo para la foto del visitante.

Una trabajadora del sector hotelero, entrevistada en Los Cabos en un reportaje reciente, relató que debe salir de su casa dos horas antes para llegar puntual a su turno, aunque vive a menos de diez kilómetros del hotel. No es un caso excepcional. En La Paz, una madre de familia explicó que llevar a sus hijos a la escuela y llegar a su trabajo implica un recorrido fragmentado, sin rutas claras ni horarios confiables de transporte colectivo. Ambas historias coinciden en lo esencial: el tiempo de vida se está perdiendo en el tráfico.

La paradoja es evidente. Mientras se invierten millones en infraestructura turística, la movilidad cotidiana sigue rezagada. Las ciudades se diseñan para recibir, no para sostener. Se amplían vialidades para conectar resorts, pero no se fortalecen rutas para quienes limpian habitaciones, atienden restaurantes, construyen edificios o dan servicios básicos. El modelo urbano reproduce una desigualdad silenciosa: quien tiene auto se adapta; quien no, resiste.

El problema no es solo de congestión. Es de seguridad, de salud, de calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las ciudades dominadas por el automóvil incrementan el estrés, la contaminación y los accidentes viales. En Baja California Sur, los datos oficiales sobre siniestros de tránsito muestran una tendencia persistente, aunque fragmentada, que refleja la falta de infraestructura segura para peatones y ciclistas. Donde no hay datos claros, hay una omisión que también pesa.

No todo está perdido, pero el margen se estrecha. Especialistas en desarrollo urbano han insistido en que la solución no está únicamente en construir más calles, sino en repensar la ciudad: transporte público con prioridad real, rutas claras y continuas, espacios seguros para caminar y pedalear, planeación que anticipe el crecimiento y no lo persiga tarde.

La historia urbana de La Paz y Los Cabos ofrece una lección incómoda. Ambas nacieron como comunidades pequeñas, caminables, donde el trayecto era parte de la vida y no un castigo diario. El quiebre llegó cuando el crecimiento se aceleró sin brújula. Hoy, esa falta de planeación se cobra en horas perdidas, en cansancio acumulado, en una sensación constante de estar llegando tarde a todo.

El colapso no es un evento futuro; es un proceso que ya está en marcha. La pregunta no es si las ciudades pueden seguir creciendo así, sino cuánto más puede soportar la vida cotidiana antes de romperse del todo. La movilidad no es un lujo ni un tema secundario: es el pulso que define cómo se vive una ciudad.

Al final, las calles cuentan una historia que los discursos oficiales evitan. Una historia de ciudades que avanzan rápido hacia afuera, pero lentamente hacia adentro. De decisiones postergadas que hoy pesan más que nunca. De ciudadanos que no piden milagros, sino algo básico: moverse sin perder la vida en el intento.

Porque una ciudad que obliga a sus habitantes a pelear cada día por llegar, es una ciudad que ya empezó a fallar. Y aún estamos a tiempo de decidir si queremos seguir atrapados en el tráfico… o abrir, por fin, un camino distinto.

Referencias consultadas:


– INEGI, datos de crecimiento poblacional y movilidad urbana.
– Organización Mundial de la Salud, informes sobre movilidad y salud urbana.
– Estudios de planeación urbana y movilidad en Baja California Sur.
– Reportajes y notas informativas de medios locales y nacionales sobre tráfico y transporte público en La Paz y Los Cabos.

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La Paz y Los Cabos frente a su propia gentrificación

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). La tarde cae sobre el malecón de La Paz como un telón de luz rosada, y aun así el rumor es más fuerte que la brisa marina: la ciudad está cambiando demasiado rápido. Lo dicen quienes nacieron allí y quienes llegaron hace años, antes de que los precios se dispararan como si obedecieran a otra lógica, una ajena, importada. La escena se repite también en Los Cabos, donde los contrastes siempre existieron, pero hoy parecen haberse incrustado con una intensidad nueva, casi dolorosa.

El fenómeno tiene nombre, aunque a veces se evita pronunciarlo: gentrificación acelerada. Un movimiento tan discreto que empieza en los anuncios de renta y tan ruidoso que termina reconfigurando la vida entera de una comunidad.

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En ambos municipios, la llegada constante de extranjeros que deciden vivir de forma permanente —muchos con ingresos en dólares y la facilidad de trabajar desde cualquier lugar— ha multiplicado la demanda de vivienda. Los precios, obedientes al mercado global y no al salario local, se disparan. Lo señalan diversos reportes oficiales publicados en 2023 y 2024, que registran incrementos de renta superiores al promedio nacional, con zonas donde subieron entre 25% y 40% anual. Son cifras comprobables, duras, que dejan poco espacio para el optimismo.

En una conversación reciente, una residente de La Paz relató que el departamento donde vivió por ocho años duplicó su renta en menos de dos. Otra persona, originaria de Cabo San Lucas, comentó que su familia tuvo que mudarse a más de 40 minutos del centro porque ya no podía costear el barrio donde había crecido. Ninguna de estas historias es aislada; más bien, ilustran lo que varios estudios urbanísticos han señalado: la presión inmobiliaria en destinos turísticos de alta demanda produce una expulsión silenciosa, pero constante.

Hay momentos en los que la transformación es evidente a simple vista. En La Paz, colonias tradicionalmente familiares han visto aparecer cafeterías de estética estandarizada, condominios minimalistas y letreros en inglés que compiten con los locales. En Los Cabos, la construcción de nuevos desarrollos residenciales orientados al público extranjero redibuja las fronteras urbanas, empuja a las familias locales hacia periferias cada vez más lejanas y complica la movilidad diaria. No se trata únicamente del precio: se trata del tiempo perdido en trayectos, de la dificultad para acceder a servicios, del desgaste emocional de sentir que la ciudad deja de pertenecer a quienes la sostienen.

La movilidad urbana, de hecho, es uno de los puntos más críticos. Conforme las comunidades locales se desplazan hacia zonas más económicas, aumentan los tiempos de traslado y se saturan las vías que conectan periferias con centros laborales y educativos. Urbanistas consultados en informes recientes advierten que, sin planificación a largo plazo, esta tendencia podría profundizar la segregación espacial: ciudades fracturadas entre quienes pueden y quienes no pueden pagar estar cerca.

La pregunta inevitable es por qué está ocurriendo con tanta intensidad. La respuesta, aunque múltiple, tiene un hilo conductor: destinos como La Paz y Los Cabos se han convertido en refugio para extranjeros que buscan seguridad, belleza natural, cercanía al mar y un costo de vida que, comparado con sus países de origen, sigue siendo atractivo. Lo paradójico es que, en esa comparación, el costo deja de ser atractivo precisamente para quienes siempre vivieron allí. Es una ecuación injusta: la economía global se impone sobre la economía local.

Aunque la problemática es real y ampliamente documentada, también existen rutas posibles. Algunos especialistas han planteado medidas como regulación más estricta de rentas a corto plazo, incentivos para vivienda accesible, programas de movilidad urbana más eficientes y actualización de políticas que prioricen a la población residente. Ninguna solución es inmediata, pero todas comienzan con un consenso básico: reconocer que el fenómeno existe y que ya afecta la vida cotidiana.

Al recorrer las calles de Baja California Sur es imposible no sentir que algo se está jugando en ellas. La identidad, la memoria, la pertenencia. Cada edificio nuevo, cada renta anunciada en dólares, cada familia que empaca en silencio revela una transición que exige ser contada sin alarmismo, pero con honestidad.

Lo que está en disputa no es solo el valor de una propiedad, sino el derecho a seguir siendo parte de un lugar que durante generaciones se ha sentido como hogar. Y frente a esa disputa, vale recordar que la dignidad comunitaria no se mide en metros cuadrados, sino en la capacidad colectiva de defender el territorio emocional que nos sostiene.

Porque cuando una ciudad pierde a su gente, pierde su alma. Y ninguna plusvalía vale tanto como la memoria viva de quienes la construyen día con día.

Referencias y fuentes consultadas:
– Reportes oficiales del INEGI sobre movilidad y vivienda (2023–2024)
– Comunicados municipales de La Paz y Los Cabos relacionados con desarrollo urbano y vivienda
– Análisis académicos recientes sobre gentrificación en destinos turísticos de México
– Información pública del Instituto de Planeación Municipal (IMPLAN) de La Paz y Los Cabos




Fortalecen la natación en BCS con clasificatorio estatal rumbo a la justa nacional

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano del Deporte (INSUDE) realizó por primera vez en Baja California Sur el clasificatorio estatal de natación rumbo a la Olimpiada Nacional CONADE 2026, en coordinación con los clubes de natación de la entidad.

En el Centro Deportivo Municipal (CEDEM) Guillermo “Memo” Ayón, de La Paz, el INSUDE reunió a 44 atletas de La Paz, Los Cabos, Loreto y Comondú, quienes buscaron mejorar sus marcas para avanzar a la fase regional y, posteriormente, a la etapa nacional.

Con el fin de garantizar el cumplimiento de los criterios oficiales de evaluación, un juez certificado acudió a la capital del estado para verificar el desarrollo técnico de cada prueba y la correcta aplicación de los protocolos correspondientes.

Durante la competencia se realizaron pruebas como 100 metros combinado individual, 50 metros mariposa, 200 metros pecho y 1,500 metros estilo libre, entre otras, en las que las y los nadadores demostraron su preparación, disciplina y nivel competitivo.

El INSUDE destacó que este tipo de eventos fortalecen el proceso rumbo a la justa nacional, permiten medir el desempeño de las y los deportistas sudcalifornianos y consolidan el crecimiento de la disciplina de la natación en el estado.