La fiesta que bebe del desierto. Spring Break 2026

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). El Spring Break no entra a Baja California Sur en silencio. Entra por el aeropuerto de San José del Cabo, por los camiones turísticos, por las pulseras de hotel todo incluido, por los bares encendidos antes de que caiga la tarde y por esa postal que el mundo compra sin mirar el reverso: sol limpio, mar azul, arena caliente, servicio impecable. Del 1 de marzo al 3 de abril de 2026, Los Cabos esperaba recibir entre 45 mil y 50 mil jóvenes, principalmente de Estados Unidos, con una derrama estimada superior a 50 millones de dólares. Doce hoteles participaron directamente en esta temporada organizada, coordinada entre autoridades, hoteleros y operadores turísticos. La ocupación prevista rondaba el 80%. En la superficie, todo parecía una buena noticia. Y lo es, al menos para una parte del Estado.

Ganan los hoteles, los restaurantes, los bares, los transportistas, las agencias, los organizadores de eventos, los comercios de la zona turística y una cadena amplia de trabajadores que vive de la temporada alta. Gana también el gobierno, que puede presentar cifras de dinamismo, conectividad y confianza internacional. En un Estado donde el turismo no es solo actividad económica sino columna vertebral del discurso público, el Spring Break funciona como vitrina: muestra a Los Cabos como destino seguro, deseable, rentable. Cada llegada confirma una marca; cada habitación ocupada sostiene una narrativa de éxito. Pero Baja California Sur no es solo la postal. Es también el territorio que sostiene esa postal. Y ahí empieza la grieta.

También te podría interesar: Baja California Sur: el costo oculto de vivir en un paraíso turístico

El mayor impacto se concentra en Los Cabos, no en todo el Estado por igual. La Paz, Loreto, Comondú y Mulegé reciben efectos indirectos: movilidad, proveeduría, expectativas de inversión, presión sobre servicios, comparación permanente con el sur próspero. Pero el peso principal cae sobre el corredor San José del Cabo-Cabo San Lucas, donde el turismo de alto consumo convive con colonias que han crecido más rápido que la infraestructura pública. Según datos censales, Los Cabos pasó de 238,487 habitantes en 2010 a 351,111 en 2020; en ese último año concentraba alrededor del 44% de la población estatal. Ese crecimiento no llegó acompañado, en la misma proporción, de agua, vivienda digna, transporte suficiente ni planeación urbana capaz de ordenar la expansión.

La contradicción es brutal porque se mira sin necesidad de explicarla demasiado: campos de golf verdes en medio del desierto, albercas relucientes frente al mar, hoteles de lujo ofreciendo abundancia hídrica como parte de la experiencia, mientras en zonas populares el agua puede convertirse en espera, tandeo, tinaco, pipa, gasto extra y resignación. De acuerdo con registros oficiales de disponibilidad de agua subterránea, el acuífero de Cabo San Lucas presenta una disponibilidad media anual negativa de más de 24 hectómetros cúbicos; el de San José del Cabo también aparece con déficit, al igual que el de La Paz. No es una metáfora: el subsuelo está diciendo, con números secos, que la fiesta ocurre sobre una cuenta sobregirada.

La pregunta no es si el turismo debe existir. Sería absurdo plantearlo así en un Estado cuya economía depende de esa maquinaria. La pregunta es quién decide sus límites, quién paga sus costos y quién se queda con sus beneficios más altos. Porque el Spring Break deja dinero, sí, pero también deja presión: más consumo de agua, más residuos, más tránsito, más demanda de seguridad, más ruido, más tensión sobre playas y espacios públicos, más empleo temporal y, muchas veces, más desigualdad normalizada bajo el lenguaje amable del desarrollo.

El crecimiento hotelero e inmobiliario ha reordenado las prioridades. En Los Cabos, el suelo vale por su capacidad de mirar al mar, no necesariamente por su capacidad de alojar con justicia a quienes hacen funcionar el destino. La vivienda para trabajadores se empuja lejos de la franja turística; los traslados se alargan; la ciudad se estira hacia donde puede, no siempre hacia donde debe. El lujo concentra inversión, pero también concentra vulnerabilidad: un destino que depende de vender abundancia en un territorio de escasez está obligado a revisar su modelo antes de que la contradicción se vuelva fractura.

Hay salidas, pero no caben en el optimismo publicitario. Requieren transparencia en concesiones y usos de agua, planeación urbana vinculante, medición pública del consumo turístico, inversión real en infraestructura hidráulica, tratamiento y reúso, límites ambientales verificables, vivienda accesible para trabajadores y acceso público efectivo a playas. Requieren que el éxito no se mida solo por ocupación hotelera y derrama, sino por la capacidad de que el destino no expulse, no seque y no oculte a quienes lo sostienen.

Spring Break 2026 muestra, con una claridad casi cruel, las dos caras de Baja California Sur: la del paraíso que se vende al mundo y la del territorio que absorbe la factura. Los jóvenes se irán con fotos, pulseras cortadas y memoria de fiesta. Los hoteles cerrarán cuentas. Las autoridades hablarán de saldo positivo. Pero cuando baje la música, quedará lo esencial: un Estado que debe decidir si quiere seguir celebrando el desarrollo como espectáculo o empezar a defenderlo como derecho compartido. Porque en el desierto, la prosperidad que no alcanza para todos termina pareciéndose demasiado a la sed.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Baja California Sur: el costo oculto de vivir en un paraíso turístico

IMÁGENES: IA.

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En Baja California Sur, la prosperidad turística tiene brisa marina, pero la vida cotidiana suele tener polvo, recibos vencidos y trayectos largos. En Los Cabos, La Paz y otras zonas de crecimiento acelerado, el desarrollo se mira en hoteles ocupados, restaurantes llenos, construcciones nuevas, aeropuertos activos y fraccionamientos que avanzan sobre el territorio. La postal funciona. La economía turística también. Pero cuando esa abundancia cruza la puerta de una casa trabajadora, cambia de nombre: renta, gasolina, mandado, agua, transporte, luz.

El Estado vive una paradoja difícil de mirar de frente. De acuerdo con datos públicos, Baja California Sur mantiene una economía asociada al turismo, la construcción, los servicios y el comercio, con una población ocupada de alrededor de 450 mil personas en el primer trimestre de 2025. El salario promedio mensual reportado para la entidad fue de 12.3 mil pesos; entre trabajadores formales, 14 mil pesos, y entre informales, 9.42 mil. La cifra parece alta frente a otros territorios, pero en una península turística el ingreso se mide contra precios que no caminan: corren.

También te podría interesar: Rancherías sin servicios básicos: jornaleros agrícolas invisibles en la riqueza de BCS

El salario mínimo general en México subió en 2026 a 315.04 pesos diarios. Es un avance real. Pero en Baja California Sur la pregunta no termina en cuánto gana una persona, sino cuánto le cuesta permanecer donde trabaja. Porque el paraíso no solo cobra a quien llega de vacaciones; también cobra a quien lo limpia, lo construye, lo cocina, lo transporta y lo mantiene abierto.

La vivienda es el primer golpe. En marzo de 2026, un reporte local ubicó a Los Cabos entre las zonas más caras para rentar en México, impulsada por un mercado inmobiliario orientado al turismo de lujo y a la presencia extranjera. La explicación económica es conocida: donde el suelo se vuelve mercancía turística, vivir cerca del empleo se convierte en privilegio. La consecuencia humana es más dura: trabajadores que sirven al destino, pero no pueden habitarlo.

Así se ensancha la ciudad invisible. La que no aparece en los folletos. La de quienes salen antes del amanecer desde colonias periféricas, hacen cuentas para cargar gasolina, esperan transporte, comparten vivienda o destinan medio ingreso a un cuarto. Según reportes locales sobre costo de vida en La Paz, un adulto necesitaría alrededor de 19,600 pesos mensuales para vivir con estabilidad en Baja California Sur, cifra superior al salario promedio mensual estatal reportado por Data México. Ese cruce de datos no prueba por sí solo todas las historias familiares, pero sí muestra una tensión central: el ingreso promedio no siempre alcanza para una vida completa.

El supermercado confirma lo que las estadísticas apenas alcanzan a sugerir. En una península larga, dependiente de mercancías que llegan por carretera, barco o avión, los básicos cargan distancia. El huevo, la leche, la carne, el arroz, el tomate, el agua embotellada, los productos de limpieza y los útiles escolares no solo tienen precio: tienen ruta. Cada kilómetro se suma a la cuenta final. Para una familia trabajadora, el mandado no es una compra; es una negociación semanal con la renuncia.

Los datos laborales, vistos sin contexto, pueden engañar. Baja California Sur suele aparecer con buenos ingresos comparativos y baja desocupación. Pero el problema no es únicamente tener empleo. Es que el empleo alcance. Es que el sueldo permita rentar sin hacinamiento, trasladarse sin perder horas de vida, comer sin deuda, pagar servicios sin escoger cuál recibo dejar para después. Medios locales han recogido esa percepción ciudadana: en Los Cabos se gana más que en otros lugares, pero también se gasta más. La frase, repetida en distintas formas, resume una economía donde el salario sube la escalera y el costo de vida toma el elevador.

El agua vuelve más áspera la contradicción. En Cabo San Lucas, autoridades y actores locales han reconocido un déficit grave: la delegación recibía alrededor de 480 litros por segundo, pero requería cerca de mil para garantizar el abasto. También se señaló que la infraestructura beneficia más a unas colonias que a otras. En 2026, OOMSAPAS Los Cabos informó proyectos hídricos por 260.3 millones de pesos y el reequipamiento de la desaladora número 1 para elevar su capacidad. La inversión es necesaria, pero también revela lo que el crecimiento dejó pendiente: primero llegó la expansión, después la urgencia por sostenerla.

Baja California Sur no está pagando el precio de ser bello; está pagando el precio de haber permitido que la belleza se administrara como negocio antes que como territorio habitable. El turismo no es el enemigo. Da empleo, mueve comercio, atrae inversión. El problema aparece cuando el desarrollo se mide por ocupación hotelera y no por tiempo de traslado; por derrama económica y no por renta familiar; por metros construidos y no por litros de agua disponibles; por visitantes recibidos y no por trabajadores expulsados a la periferia.

Las salidas no son misteriosas: vivienda asequible cerca de los centros laborales, transporte público digno, regulación seria de rentas temporales, planeación urbana con agua garantizada, salarios regionales vinculados al costo real de vida, transparencia en permisos inmobiliarios y una política turística que asuma su deuda social. Lo difícil no es saber qué hacer; lo difícil es tocar intereses que han aprendido a llamar progreso a cualquier construcción frente al mar.

En Baja California Sur, el paisaje sigue siendo deslumbrante. El mar conserva esa claridad que parece prometer una vida más simple. El desierto continúa ardiendo con una belleza seca, antigua, indiferente. Pero ninguna postal puede ocultar indefinidamente a quienes sostienen el destino desde el cansancio. Porque el verdadero costo de vivir en un paraíso turístico no aparece en la cuenta del hotel ni en el folleto de inversión: lo pagan, todos los días, quienes hacen posible que el paraíso abra sus puertas.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




El Faro Viejo de Cabo Falso: luz, territorio y disputa en el extremo Sur de México

FOTOS: El Sol de México | NotiCabo.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el punto más austral de la península de Baja California Sur, donde el océano Pacífico se funde con el Golfo de California, una estructura de piedra se levanta sobre las dunas como un vestigio del pasado: el Faro Viejo de Cabo Falso. A primera vista, parece una ruina romántica azotada por el viento y la sal. Sin embargo, su historia revela algo más profundo: un símbolo de soberanía nacional, un referente de identidad regional y, hoy, un espacio en disputa entre intereses públicos y privados. Este reportaje explora su origen, su papel en la historia de México, los conflictos actuales en torno a su acceso y las posibilidades de futuro para este monumento, a partir de fuentes oficiales, testimonios institucionales y antecedentes históricos.

La historia del Faro Viejo de Cabo Falso se remonta a finales del siglo XIX, en un contexto donde la joven nación mexicana buscaba consolidar su presencia en territorios estratégicos. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la Secretaría de Comunicaciones ordenó su construcción, iniciada en 1904 y concluida en 1905 bajo la dirección del ingeniero Joaquín Palacios Gómez. Su ubicación no fue casual. Cabo Falso era —y sigue siendo— un punto geográfico clave para la navegación internacional, un referente natural desde tiempos prehispánicos y coloniales. Durante siglos, este sitio fue parte de la ruta del Galeón de Manila, por donde circulaban mercancías, ideas y culturas entre Asia y América.

También te podría interesar: Exportadora de Sal de Guerrero Negro: auge, crisis y un futuro incierto en la mayor salinera del mundo

Pero más allá de su función técnica como guía marítima, el faro tenía un propósito político. Su construcción fue también una afirmación de soberanía frente a intereses extranjeros. De hecho, se ha documentado que su instalación buscaba recordar a embarcaciones, especialmente estadounidenses, que esas aguas pertenecían a México. En un periodo en el que Estados Unidos mostraba interés por adquirir territorios estratégicos en Baja California Sur, el faro funcionó como una señal inequívoca de control nacional. En ese sentido, el Faro Viejo no solo iluminaba rutas marítimas: iluminaba una frontera simbólica.

De faro a vestigio

La construcción del faro representó un desafío técnico notable para la época. Levantar una obra de infraestructura federal en una región aislada, sin acceso sencillo ni recursos hídricos, implicó soluciones innovadoras: rieles sobre dunas para transportar materiales, sistemas de captación de agua y una estructura influenciada por corrientes arquitectónicas como el art nouveau. El faro contaba con tecnología avanzada para su tiempo, incluyendo lentes prismáticos fabricados en Francia y un sistema de iluminación con alcance de hasta 10 millas náuticas. Esto lo convirtió en una pieza clave para la seguridad marítima en la región.

Durante más de medio siglo, su luz guió a embarcaciones de distintas nacionalidades que arribaban a Cabo San Lucas, en una época en que el puerto comenzaba a integrarse a circuitos económicos más amplios. El faro fue testigo del desarrollo pesquero, la llegada de empresas extranjeras y, eventualmente, del surgimiento del turismo como motor económico regional. El funcionamiento del Faro Viejo se mantuvo hasta 1965, cuando un huracán dañó gravemente su mecanismo. Ante esta situación, el gobierno decidió construir un nuevo faro más moderno y automatizado en una zona elevada cercana, lo que marcó el inicio del abandono del edificio original.

A partir de entonces, el Faro Viejo dejó de ser una infraestructura funcional para convertirse en un vestigio histórico. Sin mantenimiento constante, comenzó a deteriorarse por la acción de los elementos naturales y el paso del tiempo. Este proceso no fue exclusivo de Cabo Falso. En muchas regiones del país, la sustitución de infraestructuras antiguas por tecnologías modernas ha implicado el abandono de construcciones con valor histórico. Sin embargo, en este caso, el aislamiento geográfico y la falta de protección legal agravaron el deterioro.

La zona gris

Uno de los aspectos más críticos en la situación actual del Faro Viejo es su estatus legal. A pesar de su importancia histórica, no ha sido declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), debido a que su construcción ocurrió en 1904, posterior al límite establecido por la ley (año 1900).

Este detalle técnico ha tenido consecuencias significativas. Al no contar con protección federal como monumento histórico, el faro queda en una zona gris jurídica que dificulta su conservación y acceso público. Autoridades municipales de Los Cabos han intentado gestionar su reconocimiento a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), buscando darle certeza oficial y abrir la puerta a su protección como patrimonio cultural. Sin embargo, este proceso sigue en curso y sin resolución definitiva.

El problema más visible y polémico en torno al Faro Viejo es el acceso restringido. Aunque el faro es considerado por muchos como un patrimonio cultural de la nación, los terrenos que lo rodean pertenecen a un desarrollo turístico privado. Diversas fuentes señalan que estas tierras fueron adquiridas por un empresario hotelero al ejido Cabo San Lucas, lo que ha derivado en limitaciones para el libre acceso al sitio. En la práctica, esto significa que visitar el faro no es un derecho garantizado para la ciudadanía, sino una posibilidad condicionada.

Este caso refleja un fenómeno más amplio en destinos turísticos como Los Cabos: la tensión entre el desarrollo económico basado en inversión privada y el acceso público a espacios de valor histórico y natural. Para las autoridades locales, el reto ha sido encontrar un equilibrio. El Ayuntamiento de Los Cabos ha señalado que trabaja en mecanismos legales para garantizar el acceso sin afectar los derechos de propiedad, buscando una solución que beneficie tanto a la comunidad como a los inversionistas. Sin embargo, el proceso ha sido lento y complejo. La negociación implica aspectos jurídicos, económicos y políticos, y requiere la participación de múltiples actores, incluyendo asociaciones civiles como Yenekamú, que han promovido la conservación del sitio.

Luz sobre el Faro Viejo

Más allá de los conflictos legales, el Faro Viejo ocupa un lugar importante en la memoria colectiva de Baja California Sur. Para muchos habitantes, representa un símbolo de pertenencia y un recordatorio de la historia regional. Su ubicación en el punto donde convergen dos mares le otorga un valor paisajístico y simbólico único. Es un mirador natural de ballenas, un referente geográfico y un ícono del paisaje sudcaliforniano.

En términos culturales, el faro encarna la narrativa de una región que pasó de ser un territorio remoto a un destino turístico global. Su historia conecta con procesos más amplios: la colonización, el comercio transoceánico, la modernización porfirista y la transformación económica del siglo XX. Sin embargo, su potencial como atractivo turístico y educativo sigue subutilizado. Aunque ha sido restaurado parcialmente y existen visitas guiadas en ciertos momentos, no cuenta con un programa integral de conservación y difusión.

El caso del Faro Viejo puede entenderse como resultado de varias causas convergentes:

  1. Vacíos legales: la falta de reconocimiento oficial como monumento histórico limita su protección.
  2. Privatización del entorno: la propiedad privada de los terrenos circundantes restringe el acceso.
  3. Desarrollo turístico acelerado: el crecimiento de Los Cabos ha priorizado proyectos inmobiliarios sobre la conservación patrimonial.
  4. Falta de políticas integrales: no existe un plan coordinado entre niveles de gobierno para su rescate.

Estas causas no solo afectan al Faro Viejo, sino que reflejan desafíos estructurales en la gestión del patrimonio cultural en México. Las consecuencias de esta situación son múltiples. En primer lugar, el deterioro físico del faro continúa, lo que pone en riesgo su integridad como testimonio histórico. En segundo lugar, se genera una exclusión social: un bien con valor simbólico nacional no es plenamente accesible para la población. Finalmente, se pierde una oportunidad de desarrollo cultural y turístico sustentable. En un destino como Los Cabos, donde el turismo de sol y playa domina, el Faro Viejo podría diversificar la oferta y fortalecer la identidad local.

A pesar de los desafíos, existen señales de avance. Autoridades municipales han reiterado su intención de recuperar el acceso público y han iniciado procesos legales para lograrlo. El diálogo con los propietarios privados y la búsqueda de reconocimiento por parte del INBAL son pasos clave. Asimismo, la participación de la sociedad civil ha mantenido el tema en la agenda pública.

El futuro del Faro Viejo dependerá de la capacidad de articular estos esfuerzos en una estrategia común. Esto podría incluir:

  • Declaratorias de protección cultural.
  • Convenios de acceso público.
  • Programas de restauración y mantenimiento.
  • Integración en rutas turísticas culturales.

Hoy, el Faro Viejo de Cabo Falso ya no guía barcos, pero sigue iluminando debates sobre patrimonio, identidad y desarrollo. Su historia es la de un país que busca equilibrar progreso y memoria, inversión y acceso, modernidad y tradición. En sus muros desgastados se inscribe una narrativa que trasciende lo local: la defensa del territorio, la construcción de la nación y los desafíos contemporáneos de preservar el pasado en un mundo en constante cambio. Mientras las negociaciones continúan y el viento sigue golpeando sus paredes, el faro permanece ahí, como una señal persistente de que la historia —como la luz que alguna vez emitió— no debe apagarse.

Referencias:

https://www.loscabosguide.com/es/el-faro-viejo-de-cabo-falso/ «El faro Viejo de Cabo Falso – Los Cabos Guide»

https://www.loscabos.gob.mx/breve-historia-del-faro-viejo-de-cabo-falso/ «Breve Historia del Faro Viejo de Cabo Falso. | H. XV Ayuntamiento de …»

https://en.wikipedia.org/wiki/Los_Cabos_Municipality «Los Cabos Municipality»

https://www.ecured.cu/Faro_viejo_de_Cabo_Falso «Faro viejo de Cabo Falso – Ecured»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/el-faro-viejo-de-cabo-falso-la-luz-de-la-region-mas-austral-de-la-antigua-california/ «El Faro Viejo de Cabo Falso. La luz de la región más austral de la …»

https://www.bcsnoticias.mx/faro-viejo-de-los-cabos-no-fue-declarado-monumento-historico-se-buscaran-asegurar-el-paso/ «Faro Viejo de Los Cabos no fue declarado monumento histórico; se …»

https://rostrosyperfiles.com/2023/08/07/busca-ayuntamiento-de-los-cabos-rescatar-acceso-al-faro-viejo-de-cabo-falso-en-cabo-san-lucas/ «Busca ayuntamiento de Los Cabos rescatar acceso al Faro Viejo de Cabo …»

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Esperan hasta 50 mil jóvenes en Los Cabos por Spring Break 2026: SETUE

FOTO: SETUE.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Del 1 de marzo al 3 de abril, Los Cabos recibirá entre 45 y 50 mil jóvenes con motivo del Spring Break 2026, lo que permitirá generar una derrama económica estimada superior a los 50 millones de dólares en beneficio de la economía local.

La Secretaria de Turismo y Economía (SETUE), Maribel Collins Sánchez, informó que las y los visitantes arribarán cada domingo y regresarán a sus lugares de origen los días jueves, durante cinco semanas consecutivas, principalmente desde Arizona, California, Colorado, Illinois, Indiana, Louisiana, Nueva York, Ohio, Texas, Wisconsin, Oregón, Florida, Washington, Nueva Jersey y Nevada.

Destacó que este segmento impulsa de manera directa la actividad del sector hotelero, gastronómico, de transporte y de diversos prestadores de servicios, fortaleciendo la dinámica productiva del destino.

Ante ello, precisó que se encuentran listos los operativos de seguridad y atención, en coordinación con los tres órdenes de gobierno, la Asociación de Hoteles de Los Cabos y la empresa Lvin, responsable de la organización y logística. En esta temporada participan 12 centros de hospedaje, agregó.

Finalmente, la titular de la SETUE reiteró el compromiso de mantener una coordinación permanente para garantizar una estancia segura y ordenada, y consolidar a Los Cabos como un destino competitivo y responsable que genera bienestar y desarrollo para las familias sudcalifornianas.




Inauguran UABCS Los Portales en Los Cabos; Gobierno de BCS entregó infraestructura

FOTO: UABCS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Gobierno del Estado de Baja California Sur realizó la entrega formal de importantes obras de infraestructura a la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) Extensión Académica Los Cabos, lo que permitirá ampliar su oferta educativa y matrícula estudiantil, elevando su presencia e incidencia en la zona sur de la entidad.

Se trata de la nueva sede Los Portales, en Cabo San Lucas, consistente en la primera, segunda y tercera etapa de construcción, completando así la totalidad del proyecto. La obra contempla la construcción de urbanización, caseta de acceso, plaza cívica y un edificio académico de tres niveles, con una inversión superior a 62 millones de pesos y un total de 4,610 metros cuadrados de construcción.

Esta infraestructura permitirá ofrecer servicios educativos en instalaciones modernas, seguras y funcionales, fortaleciendo la capacidad académica de la UABCS en el municipio de Los Cabos.

La ceremonia fue encabezada por el gobernador Víctor Castro Cosío, quien durante el acto hizo énfasis en que la educación debe formar seres humanos que volteen a ver sus comunidades, con una conciencia social que les permita ayudar a las personas más necesitadas, al tiempo de defender su patrimonio histórico y cultural.

Aseguró que hoy más que nunca Sudcalifornia, pero en general México, necesita de ciudadanas y ciudadanos comprometidos, con una formación científica y humanista que les dé las herramientas necesarias para incidir positivamente en su entorno.

Por esta razón, dijo, es que el Gobierno del Estado ha venido apoyando ampliamente a la educación pública, en especial a la UABCS, donde se están formando las y los profesionistas del futuro.

Detalló que en este gobierno se han hecho obras muy importantes para la universidad, al grado que en este periodo registra un crecimiento del 30 por ciento en infraestructura. Esto se debe a que es una institución que está respondiendo a su misión y desde distintos frentes está contribuyendo al desarrollo del estado, puntualizó el gobernador.

Por su parte, el rector de la UABCS, Dr. Dante Salgado González, señaló que la Universidad, más allá de ser edificios y muros, es un lugar que se va construyendo también con sueños, esperanzas e imaginación, donde lo más importante serán siempre las y los alumnos.

Y en respuesta a ese apoyo decidido del Gobierno del Estado, dijo, al día de hoy se han podido abrir 2,500 nuevos espacios, registrando, por ejemplo, un crecimiento del 300% de matrícula en Loreto y de 400% en Ciudad Insurgentes entre el año 2024 y 2025, sin dejar de mencionar la apertura de una sede en La Ribera donde ya se ofrecen programas educativos y se trabaja en ampliar la oferta.

“Precisamente, Los Cabos, es el único municipio donde tenemos tres sedes, lo cual es una respuesta a su economía tan dinámica y el carácter de la sociedad, que ha demandado que la universidad responda así de rápido. Estos son espacios que les pertenecen a las juventudes y que debemos preservar para que las futuras generaciones que también sueñan con hacer una carrera Universitaria gocen de estas instalaciones”.

Por todo ello, agradeció tanto al ejecutivo estatal, como al Alcalde de Los Cabos, con quien también se vienen acompañando diferentes proyectos en beneficio de la educación superior de la región.

Finalmente, el presidente municipal de Los Cabos, Arq. Christian Agúndez Gómez, invitó a los jóvenes a seguir educándose y caminando hacia el éxito, buscando esas oportunidades que hoy se les están brindando con toda esta nueva infraestructura educativa que seguro seguirá aumentando por esta buena coordinación que se ha venido dando entre el gobierno del estado, ayuntamiento y universidad.