La Paz: Un proyecto colonial frustrado y el triunfo de la evangelización

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Los primeros intentos de establecer una colonia española en el puerto de La Paz, BCS, enfrentaron una serie de dificultades que impidieron el éxito de la empresa. A pesar de la disposición inicial de los californios, cuya acogida fue pacífica y amistosa, las respuestas violentas de los colonos desataron tensiones y resistencia entre los habitantes nativos, lo cual acabó frustrando los planes de la Corona Española en la península. Los enfoques militares, comunes en otras regiones del imperio español, no lograron imponerse en esta área. Fue la evangelización, en manos de los jesuitas, el medio que permitió finalmente el establecimiento de una presencia duradera y pacífica.

En 1697, los jesuitas iniciaron su labor evangelizadora en las Californias, fundando la misión de Nuestra Señora de Loreto, al Norte de La Paz. Este punto de partida se convirtió en el primer bastión de la expansión espiritual en la región. Con la fundación de esta misión, los misioneros jesuitas tenían como objetivo no sólo la conversión religiosa, sino también la introducción de una estructura social y económica que pudiera sostenerse en el tiempo y acercarse a las comunidades indígenas en términos pacíficos.

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El liderazgo del padre Juan María de Salvatierra fue fundamental en esta etapa. Su visión de la evangelización como una herramienta de integración y pacificación fue clave para las estrategias jesuitas. En 1716, casi veinte años después de la fundación de Loreto, Salvatierra dirigió una expedición de exploración a la bahía de La Paz, con la esperanza de acercarse a los guaycuras, una de las principales etnias de la región. Sin embargo, la desconfianza acumulada debido a experiencias previas, como la del almirante Isidro de Atondo y Antillón, dificultó el contacto directo. La memoria de las traiciones y agresiones sufridas en el pasado hacía que los guaycuras mantuvieran distancia con los visitantes. En 1717, sin lograr establecer la misión deseada en La Paz, Salvatierra falleció, dejando un legado de intención evangelizadora que continuaría años después.

Fundación de la Misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz

Finalmente, en 1720, después de varios intentos y más de dos décadas de consolidación en el Norte, los jesuitas consiguieron avanzar hacia el Sur. El 4 de noviembre de ese año, el misionero Jaime Bravo, junto con Juan de Ugarte, fundaron la misión de La Paz, bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar, patrona del puerto. La elección del lugar no fue casual: la misión se ubicó en una loma que dominaba la playa y el mar, lo cual ofrecía ventajas tanto de visibilidad como de acceso al agua y protección. Esta misión fue establecida entre los callejúes, un subgrupo de los guaycuras, quienes, con el tiempo, se incorporaron de forma pacífica al asentamiento.

La expedición jesuita llegó desde Loreto a bordo de la balandra El Triunfo de la Cruz, una embarcación construida específicamente para facilitar el transporte de personas y recursos. Una vez en el lugar, los misioneros comenzaron a construir infraestructuras temporales para dar cabida a la comunidad y a la iglesia. Además de las barracas para los padres y la iglesia, se construyeron alojamientos para los marinos e indígenas que ya se habían convertido al cristianismo. Para proteger el asentamiento, se levantó una trinchera de mezquites, la cual quedó terminada en diciembre de 1720.

La misión de La Paz no sólo cumplía un rol evangelizador, sino también estratégico. Desde ahí, se planeaban y coordinaban las actividades de expansión hacia el Sur, buscando acercarse y ganar la confianza de otros grupos indígenas.

Consolidación como centro de evangelización

En diciembre de 1720, la misión de La Paz recibió apoyo de una expedición terrestre procedente de Loreto, dirigida por el misionero Clemente Guillén de Castro. Esta colaboración reforzó el asentamiento y permitió la ampliación de su influencia en la región. En su papel de líder de la misión, el padre Bravo no se limitó a evangelizar en La Paz, sino que se adentró en otras áreas, explorando tierras al oeste rumbo al océano Pacífico. En 1721 fundó un pequeño pueblo de visita en la zona que hoy se conoce como Todos Santos, y estableció el sitio Ángel de la Guarda, cuya ubicación exacta aún es incierta.

La misión de La Paz se convirtió en el punto de partida para nuevas fundaciones jesuitas en el Sur de la península. Con el tiempo, se establecieron las misiones de Santiago y San José del Cabo, dirigidas al grupo indígena de los pericúes, quienes habitaban zonas del Sur peninsular. Estas misiones ampliaron significativamente el alcance de la evangelización jesuita en Baja California Sur.

La misión de La Paz y las misiones subsecuentes marcaban el inicio de una nueva etapa en la historia de la península de California. Lo que comenzó como una serie de intentos fallidos de colonización mediante la fuerza, evolucionó hacia una estrategia de evangelización que logró establecer un proceso de encuentro y transformación cultural.

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Caminantes y territorios: La lucha por los espacios públicos en La Paz

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El malecón de La Paz, BCS, ha sido históricamente un espacio emblemático para los paceños, un lugar de encuentro y reflexión que teje la identidad colectiva de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años, este icónico lugar ha sido testigo de una transformación significativa, marcada por la privatización simbólica de sus espacios públicos en favor de intereses turísticos y comerciales. Este artículo explora cómo los cambios en la apropiación y uso del malecón están afectando no sólo el paisaje urbano, sino también la memoria y el sentido de pertenencia de sus habitantes, quienes se enfrentan a la creciente desterritorialización de un espacio que alguna vez fue suyo.

La ciudad, esa amalgama de edificaciones, calles y la vida que fluye en su interior, es un lienzo donde se despliegan un sinfín de emociones y experiencias. Cada calle, cada esquina, cada rincón urbano cuenta una historia, y esta narrativa se teje a través de la interacción de sus habitantes y la forma en que estos se apropian y transforman los espacios públicos. En este contexto, el libro Privatización simbólica de los espacios públicos. Prácticas histórico-territoriales en torno al malecón de La Paz, Baja California Sur, México del Dr. Tito Fernando Piñeda Verdugo, se erige como un profundo análisis de la relación entre la ciudad, sus espacios públicos y sus ciudadanos.

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Los espacios públicos, esos lugares abiertos donde convergen la diversidad de la vida urbana, son auténticas encrucijadas de experiencias compartidas. Aquí, los habitantes, independientemente de su género, edad, ocupación u origen, contribuyen a la construcción simbólica de su ciudad. Estos espacios se convierten en escenarios donde las prácticas sociales se desarrollan y donde, con el transcurso del tiempo, se forjan las memorias colectivas que otorgan identidad a la comunidad.

Si bien, las ciudades pueden ser objeto de planificaciones urbanas desde los centros del sistema capitalista global, es en la práctica cotidiana y local donde estas planificaciones cobran vida y se transforman. Cada calle es un capítulo de la historia urbana, donde se entrelazan deseos, sueños y realidades. La ciudad es un organismo vivo que evoluciona constantemente, moldeado por las acciones y aspiraciones de quienes la habitan.

El libro del Dr. Piñeda Verdugo se adentra en este intrigante mundo de las ciudades y sus espacios públicos. A través de una meticulosa observación de los caminantes y sus narrativas, el autor nos brinda un valioso reporte de investigación etnográfica. Sin embargo, este no es un estudio aislado; se enriquece con una reflexión teórica profunda en torno a conceptos fundamentales como cultura, territorio y ciudad. Esta base teórica proporciona las herramientas necesarias para analizar crítica y juiciosamente los movimientos y cambios en la trama urbana de La Paz, BCS, con un enfoque especial en su emblemático malecón.

El malecón de La Paz se ha convertido en un territorio particularmente significativo. A través de las décadas, ha sido más que una simple vía costera; ha sido territorializado por sus caminantes como un laboratorio social y cultural. En este espacio, las personas encuentran un lienzo en blanco donde pueden reflexionar sobre sus identidades individuales y colectivas. El «paceño,» aquel que habita y da vida a La Paz, encuentra en el malecón un espacio para expresarse, definirse y construir una narrativa común que les vincula.

No obstante, el libro de Piñeda Verdugo también aborda un tema crucial: la privatización simbólica de estos espacios públicos. En los últimos años, el malecón de La Paz ha experimentado una clara desterritorialización en favor de una mayor privatización socio-simbólica, en gran medida centrada en el turismo. Este proceso se ha propagado como una ola expansiva que se extiende en todas direcciones por la geografía sudcaliforniana.

La privatización simbólica implica que, aunque el espacio público siga existiendo físicamente, su esencia como un lugar de encuentro e intercambio cultural se ve eclipsada por intereses económicos y turísticos. Los caminantes dejan de ser los protagonistas de su propia narrativa urbana y ceden ese protagonismo a fuerzas externas. El espacio público se transforma en un escenario, y sus habitantes pasan a ser actores secundarios en una producción diseñada para satisfacer las demandas del turismo.

Es en este contexto que la obra del Dr. Tito Fernando se convierte en una herramienta esencial para entender los cambios que están moldeando el tejido urbano de La Paz y, por extensión, de muchas otras ciudades en todo el mundo. Su investigación etnográfica y su profundo análisis teórico nos invitan a reflexionar sobre la importancia de preservar los espacios públicos como lugares donde los ciudadanos pueden seguir siendo los protagonistas de la historia urbana. La privatización simbólica no sólo afecta la estructura de las ciudades, sino que también socava la esencia misma de la vida urbana y la identidad de sus habitantes.

Concluyo que la presente obra trasciende la mera descripción de un lugar y sus cambios urbanos. Es un llamado a la reflexión sobre el papel de los espacios públicos en nuestras ciudades y la importancia de protegerlos como lugares donde la comunidad puede seguir construyendo su historia y su identidad. El autor nos brinda una brújula para navegar por el laberinto de emociones y experiencias que es la ciudad, recordándonos que, en última instancia, son los caminantes quienes dan vida a sus calles, plazas y malecones, y que la ciudad es un texto en constante reescritura, una narrativa colectiva que merece ser preservada y enriquecida.

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Baja California jura su adhesión a la Independencia Nacional: una crónica de valentía

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En los albores de 1822, el espíritu de independencia que recorría América Latina llegaba finalmente a las costas de la península de Baja California. La región, hasta entonces alejada de los principales escenarios de la lucha independentista, se vio de repente inmersa en una serie de acontecimientos que marcarían su destino. El hombre que se encontraba en el centro de esta turbulenta escena era Fernando de la Toba, quien, como Comandante de Armas de la Jurisdicción del Sur, tendría la responsabilidad de defender la región ante un inesperado giro de los acontecimientos.

De la Toba había sido asignado a comandar las defensas de los poblados estratégicos de Todos Santos, San Antonio y San José del Cabo, donde las aguas cristalinas del Mar de Cortés se entrelazan con la tierra desértica. Sin embargo, lo que empezó como una rutina de vigilancia y protección de la región pronto se transformó en una confrontación directa con la armada chilena, encabezada por el comandante Thomas Cochrane. Este líder de renombre había convertido a su flota en un símbolo de emancipación en el Pacífico, aunque sus métodos distaban de ser pacíficos o justos.

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El 17 de febrero de 1822, Fernando de la Toba recibió noticias alarmantes: dos barcos de la temida flota de Cochrane, con tripulación chilena, habían atracado en el puerto de San José del Cabo. Aunque su propósito declarado era emancipar a estos territorios del dominio de la Corona Española, sus acciones eran muy diferentes. La tripulación rápidamente comenzó a cometer actos de pillaje y saqueo, sembrando el caos y la incertidumbre entre los habitantes locales. Esta expedición chilena, que presumía de llevar la bandera de la libertad, no era más que una banda de saqueadores, al menos, en los ojos de los californianos.

Resistencia en Todos Santos: un pueblo se defiende

No conformes con la toma del puerto, los invasores dirigieron su atención hacia el poblado de Todos Santos, donde intentaron hundir un Galeón de Manila que estaba fondeado frente al puerto. Este galeón, cargado con mercancías valiosas, se convirtió en el objetivo de los chilenos. Sin embargo, la determinación de los habitantes de Todos Santos pronto los detuvo. Enfrentándose a los invasores con armas rudimentarias y el coraje de quien defiende su hogar, los residentes lograron repeler a las tropas chilenas, causando numerosas bajas entre los atacantes. Fue una muestra de valentía que reflejó el carácter indomable de los californianos.

Mientras tanto, Fernando de la Toba se apresuró a llegar a San José del Cabo, consciente de que la situación era crítica. Pero al llegar, se encontró con una situación inesperada. Fue interceptado por el comandante del barco chileno, William Wilkinson, quien le informó del supuesto propósito de su expedición y lo instó a jurar de inmediato la adhesión al Acta de Independencia Nacional. Aunque el propósito oficial de los chilenos era la liberación de estas tierras, el trasfondo real parecía más complejo. Algunos, como el escritor y antropólogo Fernando Jordán Juárez, han especulado que la verdadera intención de los invasores era anexar la península californiana al recientemente independiente Chile, aunque esta teoría nunca ha sido confirmada.

El juramento de adhesión: un acto de valentía política

Pese a la ambigüedad de las intenciones chilenas, el 25 de febrero de 1822, Fernando de la Toba tomó una decisión crucial: declaró la libertad de la península en San Antonio y juró la adhesión al nuevo gobierno independiente de México. Este acto no sólo marcó la primera declaración oficial de independencia en Baja California, sino que también consolidó a De la Toba como una figura clave en la historia de la independencia de la región. Su decisión fue recibida con entusiasmo y esperanza por muchos, aunque también suscitó preocupaciones sobre las represalias de los invasores.

Los acontecimientos, sin embargo, no se detuvieron ahí. Días después de la declaración de De la Toba, otro barco de la escuadra chilena, El Araucano, se dirigió hacia el norte, rumbo a Loreto, el centro administrativo de la región. Aparentemente, su objetivo era reabastecer sus bodegas con carne y harina, pero al llegar a puerto, la tripulación comenzó nuevamente con acciones de pillaje. Esta vez, el gobernador de la región, Argüello, optó por huir hacia el poblado de San José de Comondú, dejando a Loreto vulnerable y bajo el mando del joven alférez José María Mata.

La defensa de Loreto: un acto de heroísmo inesperado

Con muy pocos soldados a su mando, Mata se vio forzado a improvisar. A pesar de contar con escasos recursos y de estar en clara desventaja numérica, decidió enfrentar a los invasores con audacia. Los californianos, liderados por Mata, se defendieron valientemente, logrando capturar a varios de los atacantes y recuperar los bienes robados a los habitantes locales. Este triunfo inesperado demostró que la determinación y la unión podían superar incluso a fuerzas más grandes y mejor armadas.

Tras haber repelido a los invasores, José María Mata proclamó la Independencia de California el 7 de marzo de 1822, en un acto de gran simbolismo y coraje. Este pronunciamiento, aunque limitado geográficamente a Loreto, reflejaba el creciente fervor independentista que se extendía por la península. Inspirado por este acto, Fernando de la Toba ratificó la adhesión a la independencia en el puerto de San José del Cabo el 18 de marzo del mismo año, consolidando así la voluntad de la región de unirse a la causa del nuevo México independiente.

Un legado de libertad y resistencia

La jura de adhesión de Baja California a la Independencia Nacional no fue simplemente un acto político; fue una declaración de identidad, autonomía y valentía de sus habitantes. Enfrentando desafíos externos e internos, desde invasores extranjeros hasta incertidumbres políticas, la región demostró que, a pesar de su aislamiento geográfico, compartía el mismo espíritu de libertad y autodeterminación que recorría todo el continente.

La historia de este capítulo en Baja California no se limita a las acciones de unos pocos hombres; es, ante todo, una historia de resistencia comunitaria, de ciudadanos ordinarios que se convirtieron en héroes, y de un pueblo que, a pesar de las adversidades, eligió ser dueño de su propio destino. A través de estos eventos, Baja California no sólo se unió al México independiente, sino que también dejó claro que la libertad, una vez anhelada, no puede ser contenida por las olas del mar ni las armas de los invasores.

Referencias bibliográficas

Fernando Jordán – El otro México. Biografía de Baja California.

Marco Antonio Samaniego – Breve historia de Baja California.

Ulises Urbano Lassépas  – Historia de la colonización de la Baja California y decreto del 10 de marzo.

Marco Antonio Samaniego López (coordinador) – Breve historia de Baja California.

Fernando Jordán – El Mar Roxo de Cortés: Biografía de un golfo.

Francisco Holmos Montaño – Apuntes Cronológicos de Baja California Sur y Los Cabos.

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Bacheo de la carretera transpeninsular: una solución temporal a un grave problema

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Explicaciones Constructivas

Noé Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Este 2024, la carretera transpeninsular cumple 51 años de inaugurada, en aquel lejano 1 de diciembre, por el entonces el presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez, y el director de Obras Públicas de México, Ing. Luis Enrique Bracamontes. Con este acontecimiento histórico, la península de Baja California quedaba integrada al macizo continental y deja de ser una región aislada; también recordemos que en aquel año Baja California Sur no existía como Estado constitucional, sino como un Territorio nacional.

Pero este año, también, va a ser recordado debido a que la carretera transpeninsular «Benito Juárez» ha tenido uno de sus peores épocas de mantenimiento preventivo, lo que se derivó en una escalada de baches a todo lo largo de esta histórica vía de comunicación para los estados de Baja California y Baja California Sur, por igual.  Entre la población y entre los conductores se hizo un «inventario» de los peores lugares para transitar, del cual resultó que el tramo de La Paz – Ciudad Constitución se lleva las mejores menciones de tramos afectados por los baches.

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El pavimento es, en definición, la capa última que cubre un camino y es el que soportará las cargas de todos los vehículos que transiten por encima, y puede estar hecho de diferentes materiales, pero los más comunes en las carreteras es el empedrado, el concreto hidráulico (también llamado «hormigón») y las mezclas asfálticas. El asfalto es el más común, por tener una vida útil adecuada comparada con el costo, mientras que el concreto hidráulico es mucho más caro, pero la vida útil es muy alta.

En las zonas urbanas de la RepúblicaMexicana, ya hay iniciativas legales donde se obliga a los desarrolladores de fraccionamientos utilizar concreto hidráulico, por el tema del mantenimiento por parte de la autoridad municipal, donde se quiere evitar estar realizando estos trabajos. Muy diferente es la situación en las carreteras federales y estatales, donde el uso de concreto asfáltico es más común por el costo que este implica.

El uso de la carpeta asfáltica es muy noble, ya que con un costo no tan alto y un buen diseño topográfico puede durar hasta 25 años en buenas condiciones, con los mantenimientos preventivos cada tiempo. El problema de la duración consiste principalmente en los niveles topográficos que se empleen, para que el agua derivada de las lluvias no se encharquen sobre la superficie pavimentada, ya que el peor enemigo de la carpeta asfáltica es precisamente el agua.

Con el tiempo de uso de un pavimento es normal que, derivado del tránsito vehicular, empiecen a salir los molestos baches sobre la superficie de rodamiento de las llantas, principalmente. El proceso inicia con pequeñas grietas que van aumentando y se van deteriorando exponencialmente con el paso del tiempo. El causante principal de estos baches es la humedad que penetra dentro de las capas de terracerías y empuja el asfalto hacia afuera, y es muy notorio cuando se transita por las carreteras, que en las zonas donde empieza haber baches, estos van aumentando de manera gradual, pero con las precipitaciones pluviales el deterioro se vuelve catastrófico.

La solución momentánea a los baches, es realizar el sistema de reparación adecuado, donde se corta de manera regular la zona afectada, se llega hasta las capas de terracerías, se revisa si esta ocupa un mejoramiento o simplemente una recompactación; luego se aplica asfalto líquido que hace la función de pegamento y finalmente se aplica la carpeta asfáltica con sus aditivos necesarios.

La situación de la carretera transpeninsular que recorre la península de Baja California, se volvió insostenible al tener mucho tiempo sin un mantenimiento preventivo, dando por consecuencia una reacción en cadena en su descomposición, derivado también del alto volumen de tráfico vehicular en dos entidades donde la población está en constante aumento.

La reparación de baches es muy útil cuando apenas va empezando su formación, y también cuando en su superficie no se acumula el agua proveniente de las lluvias, pero cuando ya existe hundimiento y cuando el personal no realiza de manera profesional el bacheo, se convierte como en tomar una aspirina para un dolor de muelas.

Recientemente y bajo la presión de la población de Baja California Sur, el Gobierno estatal, inició un programa de bacheo de la carretera La Paz – Ciudad Constitución, estos trabajos se realizan con asfalto donado por la Federación y se están aplicando en tramos donde a la carretera le urge una repavimentación debido a tantos años de falta de mantenimiento, pero sobre todo que el pavimento asfáltico ya cumplió su vida útil.

Es muy posible, que a las primeras lluvias que aparezcan sobre estos tramos, el bacheo se despegue y empiece a carcomer más las orillas del bache original; mención aparte, que la superficie de rodamiento no se vuelve uniforme al paso vehicular, provocando que un vehículo con malos amortiguadores pueda salirse de la cinta asfáltica y ocasionar tragedias.

El Gobierno federal tiene un inventario de qué tramos ya cumplieron su vida útil, pero la falta de recursos económicos hace que se pongan a reparar baches en lugar de realizar una reconstrucción de la carpeta asfáltica pero con ello, los conductores podrían sufrir consecuencias, muchas veces letales.

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Recomienda COEPRIS no ingresar al agua de mar en Los Cabos y La Paz

FOTO: Secretaría de Salud

La Paz, Baja California Sur (BCS). Tras el paso del huracán Norma por el sur de la entidad, la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COEPRIS) por medio de un boletín de prensa enfatizó que, la recomendación a la ciudadanía para que no ingrese al agua de mar en las playas de Los Cabos y La Paz hasta el siguiente fin de semana, a fin de evitar posibles afectaciones a la salud por los desechos que desembocaron en las zonas litorales.

Es una sugerencia sanitaria que la dependencia estatal hace a los visitantes extranjeros y nacionales, así como a la población local, para reducir su exposición a bacterias y otros patógenos que pudieran permanecer en el agua de contacto por la corrida de arroyos que con diversos residuos confluyó hacia el mar, indicó el titular de la dependencia estatal, José Manuel Larumbe Pineda.

Luego de un fenómeno hidrometeorológico como el que recién enfrentó el sur del estado, se recomienda aguardar un periodo de cinco días para utilizar los balnearios naturales, de tal manera que oleajes y mareas disipen posibles concentraciones microbianas y con esto se disminuyan las probabilidades de ser afectados por infecciones cutáneas, de oído, de vías respiratorias superiores y enfermedades diarreicas agudas, apuntó el servidor público.

La COEPRIS, a través de su programa de playas limpias, realizará en los próximos días muestreos en las playas de nuestra entidad que son visitadas por un mayor número de bañistas para corroborar que el agua de mar presente condiciones sanitarias aptas para el uso recreativo de contacto primario, abundó.

Finalmente, Larumbe Pineda agregó que la suspensión de venta de alimentos en vía pública continúa vigente en aquellas zonas de Los Cabos y La Paz que registren derrames de aguas negras, ya que esta condición puede incrementar la incidencia de enfermedades diarreicas agudas, que son más riesgosas en niñas, niños y adultos mayores, al puntualizar que cualquier irregularidad en este sentido puede ser denunciada en el portal, concluyó el comunicado de prensa.