“No es sólo un camión”: El Tiburón Urbano de La Paz, la transformación y los desafíos

FOTOS: Ayuntamiento de La Paz | IA.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

Antes, tomar el camión era un show. Ahora sé exactamente cuándo llega y voy segura a la escuela.

— Testimonio de una estudiante paceña usuaria del Tiburón Urbano.

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El sol del mediodía calienta la avenida Forjadores en La Paz. A lo lejos, un autobús azul y blanco se acerca, moderno, aire acondicionado y todo: el Tiburón Urbano. Para muchos habitantes de esta capital sudcaliforniana, este sistema de transporte ya no es solo un cambio estético, sino un símbolo de movilidad, acceso y esperanza… Con todas las complejidades de una obra pública en expansión. Este reportaje examina cómo funciona el Tiburón Urbano en 2026: qué beneficios ha traído, sus fallas y retos, y cómo lo perciben quienes lo usan a diario.

El Tiburón Urbano comenzó a circular en La Paz en 2024 como una propuesta municipal para modernizar el transporte público. Se planteó como un servicio con rutas definidas, pago digital, unidades más seguras y mayor inclusión ciudadana que el modelo tradicional de rutas sin sistema formal.  Su objetivo principal: lograr que la movilidad sea un derecho y no un privilegio para las personas que viven, estudian y trabajan en la ciudad. La alcaldesa Milena Quiroga Romero ha dicho que el municipio tiene la obligación de garantizar un transporte digno y de calidad.

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Las unidades del Tiburón Urbano tienen características modernas:

  • Pago electrónico mediante una tarjeta digital, evitando efectivo.
  • Climatización, videovigilancia y botones de pánico para seguridad.
  • Accesibilidad para personas con discapacidad en unidades específicas.
  • Conectividad con una aplicación móvil para seguir rutas en tiempo real.

Y, en uno de los reconocimientos más sociales del programa, menores con espectro autista que acuden al CREE (Centro de Rehabilitación e Educación Especial) viajan gratis en este transporte.

A inicios de 2026, el propio Ayuntamiento de La Paz reportó datos importantes sobre el uso del Tiburón Urbano. Desde su implementación, se han vendido más de 31 mil tarjetas de acceso, entre generales, estudiantiles y preferenciales para adultos mayores y personas con discapacidad. Con un costo accesible de alrededor de 12 pesos el pasaje general y 6 pesos el estudiantil o preferencial, el sistema es considerado competitivo frente a otras opciones de transporte en México.

Usuarios como Lorena, una trabajadora del centro, cuentan que antes debían caminar largas distancias o pagar taxis por la falta de rutas claras y seguras. “Ahora puedo planear mi día; veo el camión en la app y sé que va a llegar”, comenta. Este testimonio se escucha a menudo en paradas del sistema.

Ventajas: ¿Qué ha aportado el Tiburón Urbano?

  1. Mayor orden y seguridad urbana

La transición a una tarjeta digital ha reducido el manejo de efectivo y, con ello, al menos en teoría, la evasión de pago y situaciones de inseguridad. Además, muchos usuarios destacan la sensación de viaje más seguro, gracias al aire acondicionado, cámaras y botones de pánico en unidades que circulan por varias zonas esenciales de La Paz.

  1. Inclusión social

La gratuidad para menores con autismo que acuden a terapias en el CREE es un gesto concreto para incluir a la comunidad con discapacidad. También hay beneficios para estudiantes y adultos mayores, lo que favorece la movilidad de sectores sociales que antes dependían de opciones más precarias o costosas.

  1. Tecnologías que facilitan la vida cotidiana

La integración con la App La Paz permite que los usuarios consulten rutas, horarios y ubicación en tiempo real de los autobuses, lo que reduce la incertidumbre de esperar indefinidamente en paradas sin información. Esto representa una innovación perceptible para los habitantes jóvenes y adultos acostumbrados a soluciones digitales.

Desventajas y retos persistentes

  1. Problemas con la tarjeta y el sistema de recargas

Usuarios han reportado fallas frecuentes al recargar su tarjeta del Tiburón Urbano a través de la app municipal, lo que genera frustración y retrasos. Aunque la municipalidad ha habilitado la recarga en tiendas Oxxo en gran parte de la ciudad (alrededor del 71% de cobertura), aún hay zonas donde falta consolidar esta facilidad. Este tipo de inconvenientes, aunque técnicos, impacta directamente en la percepción de eficiencia del servicio.

  1. Capacidad insuficiente

A pesar de que recientemente se anunciaron 40 nuevas unidades con accesibilidad y mejoras, la demanda ciudadana ha crecido más rápido que la capacidad instalada. En horas pico, usuarios se quejan de que los autobuses llegan llenos o tardan en pasar, lo que obliga a algunos a buscar alternativas como taxis o plataformas privadas para llegar a sus destinos.

  1. Cobertura territorial y rutas limitadas

Aunque el sistema cubre zonas clave como Camino Real, Vinoramas y puntos como mercados, universidades y hospitales, aún existen áreas periféricas de La Paz que no cuentan con rutas suficientes o accesibles del Tiburón Urbano. Expertos en movilidad urbana señalan que el transporte público eficiente debe ser inclusivo no solo socialmente, sino territorialmente, conectando zonas periféricas con centros de empleo y servicios. Esto aún no se cumple del todo en La Paz.

Opiniones de usuarios: voces desde la calle

“Antes tenía que caminar dos kilómetros diarios.” — Juan, comerciante de la colonia Vista Hermosa.

“El Tiburón Urbano me facilitó la vida. Hay horarios más claros. Pero a veces la tarjeta no funciona y te atrasa todo el día.”

“La app es útil, pero no siempre actualiza bien.”— Sofía, estudiante universitaria.

“Es genial ver el bus en tiempo real. Lo malo es que a veces aparece y no pasa… O pasa sin que se actualice.”

“El sistema es un avance, pero falta más.” — Don Luis, trabajador jubilado.

“El servicio está mejor que antes, sin duda. Pero deberían pensar también en rutas nocturnas.”

Estos testimonios muestran un denominador común: el Tiburón Urbano es valorado, pero sus usuarios piden mejoras técnicas y de cobertura.

Expertos opinan: ¿es un modelo replicable?

La movilidad urbana es un tema estudiado en universidades y centros de investigación. Expertos señalan que estructurar el transporte público alrededor de rutas eficientes, tecnologías digitales y tarifas accesibles es clave para desincentivar el uso excesivo de automóviles, un problema que ya impacta la calidad del aire de ciudades mexicanas como La Paz. Sin embargo, también advierten que la tecnología no es suficiente si no se acompaña de una buena planificación de rutas, horarios y participación ciudadana. Es decir, un sistema como el Tiburón Urbano debe escuchar más a sus usuarios y adaptarse, algo que requiere de datos sobre movilidad real, encuestas y participación comunitaria.

El nuevo organismo: ¿más autonomía, mejores resultados?

Un paso importante en 2025 fue la creación del Organismo Público Descentralizado “Tiburón Urbano de La Paz”, con autonomía administrativa, personalidad jurídica y patrimonio propio para gestionar el transporte público. La idea detrás de esta figura es profesionalizar la operación, fortalecer la gestión técnica y dar continuidad a los proyectos de movilidad, invitando también a concesionarios locales a integrarse en un esquema ordenado. En teoría, esto permite mayor eficiencia en la operación, mejor toma de decisiones y menos burocracia. En la práctica, los resultados dependerán de la asignación de recursos públicos, claridad en rendición de cuentas y evaluación constante.

Mirar hacia 2027: ¿hacia dónde va el Tiburón Urbano?

A medida que La Paz crece, también lo hace la necesidad de soluciones integrales de movilidad. El Tiburón Urbano se ha consolidado como una alternativa más segura y moderna que el transporte tradicional, pero aún enfrenta retos de cobertura, operación y satisfacción ciudadana. Las autoridades han prometido mayor inversión, llegada de nuevas unidades, ampliación de rutas y fortalecimiento tecnológico. Queda por verse si estas acciones reducen los tiempos de espera, aumentan la seguridad y hacen del transporte público una opción preferida frente al auto particular. Porque, al final, la movilidad no es solo llegar de A a B: es la posibilidad de estudiar, trabajar, vivir plenamente y sentir que la ciudad te mueve a ti, no tú a la ciudad.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Movilidad y ciudades: La Paz y Los Cabos, ¿colapso anunciado?

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). A las siete de la mañana, La Paz todavía huele a mar, pero ya suena a claxon. En Los Cabos, a esa misma hora, el sol apenas asoma y el tráfico ya se ha convertido en una fila inmóvil de paciencia rota. El paisaje es distinto, el problema es el mismo. Dos ciudades que crecieron mirando al turismo mientras olvidaban algo esencial: a quienes viven, trabajan y se mueven en ellas todos los días.

La escena se repite con una precisión casi cruel. Conductores atrapados durante una hora para recorrer distancias que antes tomaban diez minutos. Camiones urbanos rebasados, irregulares, insuficientes. Motociclistas sorteando autos como si la calle fuera un campo minado. Y peatones obligados a caminar por orillas inexistentes, porque la banqueta, cuando existe, se corta de pronto, como una promesa incumplida.

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La movilidad en Baja California Sur dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una experiencia cotidiana de desgaste. No es una percepción aislada. En Los Cabos, el crecimiento poblacional ha sido uno de los más acelerados del país en las últimas dos décadas, impulsado por el turismo y la migración laboral. En La Paz, aunque el ritmo es menor, la expansión urbana desordenada ha generado una dependencia casi absoluta del automóvil. El resultado es un sistema vial que no estaba diseñado para esta presión constante.

Durante años, la respuesta fue siempre la misma: más carriles, más semáforos, más parches. Nunca una visión integral. Nunca una apuesta decidida por el transporte público digno, eficiente y continuo. Nunca una ciudad pensada para el trayecto diario del residente y no solo para la foto del visitante.

Una trabajadora del sector hotelero, entrevistada en Los Cabos en un reportaje reciente, relató que debe salir de su casa dos horas antes para llegar puntual a su turno, aunque vive a menos de diez kilómetros del hotel. No es un caso excepcional. En La Paz, una madre de familia explicó que llevar a sus hijos a la escuela y llegar a su trabajo implica un recorrido fragmentado, sin rutas claras ni horarios confiables de transporte colectivo. Ambas historias coinciden en lo esencial: el tiempo de vida se está perdiendo en el tráfico.

La paradoja es evidente. Mientras se invierten millones en infraestructura turística, la movilidad cotidiana sigue rezagada. Las ciudades se diseñan para recibir, no para sostener. Se amplían vialidades para conectar resorts, pero no se fortalecen rutas para quienes limpian habitaciones, atienden restaurantes, construyen edificios o dan servicios básicos. El modelo urbano reproduce una desigualdad silenciosa: quien tiene auto se adapta; quien no, resiste.

El problema no es solo de congestión. Es de seguridad, de salud, de calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las ciudades dominadas por el automóvil incrementan el estrés, la contaminación y los accidentes viales. En Baja California Sur, los datos oficiales sobre siniestros de tránsito muestran una tendencia persistente, aunque fragmentada, que refleja la falta de infraestructura segura para peatones y ciclistas. Donde no hay datos claros, hay una omisión que también pesa.

No todo está perdido, pero el margen se estrecha. Especialistas en desarrollo urbano han insistido en que la solución no está únicamente en construir más calles, sino en repensar la ciudad: transporte público con prioridad real, rutas claras y continuas, espacios seguros para caminar y pedalear, planeación que anticipe el crecimiento y no lo persiga tarde.

La historia urbana de La Paz y Los Cabos ofrece una lección incómoda. Ambas nacieron como comunidades pequeñas, caminables, donde el trayecto era parte de la vida y no un castigo diario. El quiebre llegó cuando el crecimiento se aceleró sin brújula. Hoy, esa falta de planeación se cobra en horas perdidas, en cansancio acumulado, en una sensación constante de estar llegando tarde a todo.

El colapso no es un evento futuro; es un proceso que ya está en marcha. La pregunta no es si las ciudades pueden seguir creciendo así, sino cuánto más puede soportar la vida cotidiana antes de romperse del todo. La movilidad no es un lujo ni un tema secundario: es el pulso que define cómo se vive una ciudad.

Al final, las calles cuentan una historia que los discursos oficiales evitan. Una historia de ciudades que avanzan rápido hacia afuera, pero lentamente hacia adentro. De decisiones postergadas que hoy pesan más que nunca. De ciudadanos que no piden milagros, sino algo básico: moverse sin perder la vida en el intento.

Porque una ciudad que obliga a sus habitantes a pelear cada día por llegar, es una ciudad que ya empezó a fallar. Y aún estamos a tiempo de decidir si queremos seguir atrapados en el tráfico… o abrir, por fin, un camino distinto.

Referencias consultadas:


– INEGI, datos de crecimiento poblacional y movilidad urbana.
– Organización Mundial de la Salud, informes sobre movilidad y salud urbana.
– Estudios de planeación urbana y movilidad en Baja California Sur.
– Reportajes y notas informativas de medios locales y nacionales sobre tráfico y transporte público en La Paz y Los Cabos.

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La Paz y Los Cabos frente a su propia gentrificación

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). La tarde cae sobre el malecón de La Paz como un telón de luz rosada, y aun así el rumor es más fuerte que la brisa marina: la ciudad está cambiando demasiado rápido. Lo dicen quienes nacieron allí y quienes llegaron hace años, antes de que los precios se dispararan como si obedecieran a otra lógica, una ajena, importada. La escena se repite también en Los Cabos, donde los contrastes siempre existieron, pero hoy parecen haberse incrustado con una intensidad nueva, casi dolorosa.

El fenómeno tiene nombre, aunque a veces se evita pronunciarlo: gentrificación acelerada. Un movimiento tan discreto que empieza en los anuncios de renta y tan ruidoso que termina reconfigurando la vida entera de una comunidad.

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En ambos municipios, la llegada constante de extranjeros que deciden vivir de forma permanente —muchos con ingresos en dólares y la facilidad de trabajar desde cualquier lugar— ha multiplicado la demanda de vivienda. Los precios, obedientes al mercado global y no al salario local, se disparan. Lo señalan diversos reportes oficiales publicados en 2023 y 2024, que registran incrementos de renta superiores al promedio nacional, con zonas donde subieron entre 25% y 40% anual. Son cifras comprobables, duras, que dejan poco espacio para el optimismo.

En una conversación reciente, una residente de La Paz relató que el departamento donde vivió por ocho años duplicó su renta en menos de dos. Otra persona, originaria de Cabo San Lucas, comentó que su familia tuvo que mudarse a más de 40 minutos del centro porque ya no podía costear el barrio donde había crecido. Ninguna de estas historias es aislada; más bien, ilustran lo que varios estudios urbanísticos han señalado: la presión inmobiliaria en destinos turísticos de alta demanda produce una expulsión silenciosa, pero constante.

Hay momentos en los que la transformación es evidente a simple vista. En La Paz, colonias tradicionalmente familiares han visto aparecer cafeterías de estética estandarizada, condominios minimalistas y letreros en inglés que compiten con los locales. En Los Cabos, la construcción de nuevos desarrollos residenciales orientados al público extranjero redibuja las fronteras urbanas, empuja a las familias locales hacia periferias cada vez más lejanas y complica la movilidad diaria. No se trata únicamente del precio: se trata del tiempo perdido en trayectos, de la dificultad para acceder a servicios, del desgaste emocional de sentir que la ciudad deja de pertenecer a quienes la sostienen.

La movilidad urbana, de hecho, es uno de los puntos más críticos. Conforme las comunidades locales se desplazan hacia zonas más económicas, aumentan los tiempos de traslado y se saturan las vías que conectan periferias con centros laborales y educativos. Urbanistas consultados en informes recientes advierten que, sin planificación a largo plazo, esta tendencia podría profundizar la segregación espacial: ciudades fracturadas entre quienes pueden y quienes no pueden pagar estar cerca.

La pregunta inevitable es por qué está ocurriendo con tanta intensidad. La respuesta, aunque múltiple, tiene un hilo conductor: destinos como La Paz y Los Cabos se han convertido en refugio para extranjeros que buscan seguridad, belleza natural, cercanía al mar y un costo de vida que, comparado con sus países de origen, sigue siendo atractivo. Lo paradójico es que, en esa comparación, el costo deja de ser atractivo precisamente para quienes siempre vivieron allí. Es una ecuación injusta: la economía global se impone sobre la economía local.

Aunque la problemática es real y ampliamente documentada, también existen rutas posibles. Algunos especialistas han planteado medidas como regulación más estricta de rentas a corto plazo, incentivos para vivienda accesible, programas de movilidad urbana más eficientes y actualización de políticas que prioricen a la población residente. Ninguna solución es inmediata, pero todas comienzan con un consenso básico: reconocer que el fenómeno existe y que ya afecta la vida cotidiana.

Al recorrer las calles de Baja California Sur es imposible no sentir que algo se está jugando en ellas. La identidad, la memoria, la pertenencia. Cada edificio nuevo, cada renta anunciada en dólares, cada familia que empaca en silencio revela una transición que exige ser contada sin alarmismo, pero con honestidad.

Lo que está en disputa no es solo el valor de una propiedad, sino el derecho a seguir siendo parte de un lugar que durante generaciones se ha sentido como hogar. Y frente a esa disputa, vale recordar que la dignidad comunitaria no se mide en metros cuadrados, sino en la capacidad colectiva de defender el territorio emocional que nos sostiene.

Porque cuando una ciudad pierde a su gente, pierde su alma. Y ninguna plusvalía vale tanto como la memoria viva de quienes la construyen día con día.

Referencias y fuentes consultadas:
– Reportes oficiales del INEGI sobre movilidad y vivienda (2023–2024)
– Comunicados municipales de La Paz y Los Cabos relacionados con desarrollo urbano y vivienda
– Análisis académicos recientes sobre gentrificación en destinos turísticos de México
– Información pública del Instituto de Planeación Municipal (IMPLAN) de La Paz y Los Cabos




Impulsan talento musical con la integración de la Orquesta de Cámara del ISC

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con el objetivo de impulsar la formación y el perfeccionamiento musical en Baja California Sur, el Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) dio a conocer a las y los ganadores de la convocatoria para integrar la Orquesta de Cámara, quienes participarán en su presentación oficial el próximo 4 de diciembre, en la Sala de Conciertos La Paz “Mtro. Luis Peláez García”.

Las y los elegidos recibirán un estímulo económico conforme a su nivel de ejecución musical, con montos que van de 12 mil a 6 mil 500 pesos. Además, quienes residen fuera de la ciudad de La Paz podrán acceder a un apoyo adicional de hasta 3 mil pesos para cubrir gastos de traslado y hospedaje.

Como solista invitado participará Jaime Alberto Mora Rodríguez. En violines primeros fueron seleccionados Guillem Errando Simón, Santiago Ehécatl Gálvez Ortega, Ángel Alberto Aguirre Cota y Dana Rachelle Flores Díaz; y en violines segundos, Francisco Javier Domínguez Petit, Carlos Alberto Santos López, Sofía del Pilar Tiscareño Bermúdez y Andrea Johanna García González.

En la sección de violas fueron designados Kemely Bueno Prieto y Jesús Alberto Ibarra Contreras, mientras que en cello participarán Bernardo Izcalli Virgen Barragán, Anabel Chávez Díaz y Esaúl Castillo Sánchez.

En contrabajo quedó integrada Alma Miroslava Valadez Manríquez; en flauta, Emmanuel Agúndez Encarnación; en oboe, Dante Ulises Bazúa López; en fagot, Félix Manuel Terrón Gutiérrez; y en piano, Óscar Antonio González Manríquez.

Los ensayos previos a la presentación se llevarán a cabo los días 2, 3 y 4 de diciembre en la misma Sala de Conciertos. Para más información, se invita a consultar las redes sociales del ISC y de la Escuela de Música del Estado, o comunicarse al teléfono 612 122 22 86, de lunes a viernes, de 8:00 a 15:00 horas.




Fortalecen la natación en BCS con clasificatorio estatal rumbo a la justa nacional

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano del Deporte (INSUDE) realizó por primera vez en Baja California Sur el clasificatorio estatal de natación rumbo a la Olimpiada Nacional CONADE 2026, en coordinación con los clubes de natación de la entidad.

En el Centro Deportivo Municipal (CEDEM) Guillermo “Memo” Ayón, de La Paz, el INSUDE reunió a 44 atletas de La Paz, Los Cabos, Loreto y Comondú, quienes buscaron mejorar sus marcas para avanzar a la fase regional y, posteriormente, a la etapa nacional.

Con el fin de garantizar el cumplimiento de los criterios oficiales de evaluación, un juez certificado acudió a la capital del estado para verificar el desarrollo técnico de cada prueba y la correcta aplicación de los protocolos correspondientes.

Durante la competencia se realizaron pruebas como 100 metros combinado individual, 50 metros mariposa, 200 metros pecho y 1,500 metros estilo libre, entre otras, en las que las y los nadadores demostraron su preparación, disciplina y nivel competitivo.

El INSUDE destacó que este tipo de eventos fortalecen el proceso rumbo a la justa nacional, permiten medir el desempeño de las y los deportistas sudcalifornianos y consolidan el crecimiento de la disciplina de la natación en el estado.