Este sábado inauguran obra sobre lo que fue el Mural de Wyland, en La Paz

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«Resistencia al olvido» es el título de la obra que el muralista de Tiuana, Alonso Delgadillo, dejará en La Paz, en el edificio del SAT. Fotos: Modesto Peralta Delgado.

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde este lunes, el muralista de Tijuana, Alonso Delgadillo, inició los trabajos de una nueva obra plástica sobre lo que fue el famoso «Mural de Wyland», en el edificio del SAT, ubicado en el malecón de La Paz; llevará por título Resistencia al olvido y forma parte del proyecto «Ciudad Mural» que impulsan Colectivo Tomate y Urbanería, previendo su inauguración este próximo sábado 11 de marzo.

En entrevista exclusiva para CULCO BCS, Alonso Delgadillo comentó pormenores de este trabajo visual. Resistencia al olvido «es un homenaje a la historia del ciudad» —dijo—, y lo que se verá allí será «un barco que sostiene la ciudad, un viaje por el tiempo que ha tenido la ciudad, un homenaje a todas las familias de lo que hoy es la ciudad de La Paz«.

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El mural se pinta con una línea profesional de pintura vinílica y se pretende terminar este viernes 10 de marzo, para que el sábado 11 se dé un recorrido por éste y otros trabajos de «Ciudad Mural», en el cual los artistas sostendrán un diálogo abierto con los ciudadanos que quieran estar presentes. Aunque habitualmente este muralista trabaja solo, señaló que si alguien quiere ayudarle, como en otras ocasiones, lo permite buscando un quehacer seguro, pues calcula que son más de 12 metros de altura la pared del SAT que habrá de pintarse.

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Alonso Delgadillo, manos a la obra sobre «Resistencia al olvido». Fotos: Modesto Peralta Delgado.

Confesó que volver a pintar el Mural de Wyland le representa»una responsabilidad muy grande, pues no tenía idea que era un espacio tan simbólico para la ciudad». El artista explicó que para inspirarse y argumentar su obra realizó una investigación que incluyó leer libros de historia de La Paz, así como conversar con muchas personas, desde turistas y cronistas hasta ciudadanos paceños de todo tipo. «He dado casi 20 días de mi vida, de mi tiempo, de dejar a mi familia, de mi imaginación, por hacer algo que creo, que no es a la ligera. Como mexicano, quiero hacer algo por mi país».

Alonso Delgadillo tiene 14 años de actividad profesional en el muralismo. Contó que publicaciones especializadas se han referido a él como «uno de los muralistas contemporáneos más importantes del país». Sus trabajos están en el Centro Cívico de Mexicali, la Biblioteca Pública Regional de Tijuana, entre otras edificios en Rosarito, Ensenada y Tecate, e incluso fuera del país, pues ha expuesto en el Instituto de Arte de Los Ángeles y en la Galería de Arte de San Diego, en Estados Unidos, así como en Buenos Aires, Argentina, donde tomó una maestría en Diseño Gráfico.

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¡Cómo me da coraje manejar tan bien en La Paz y que me choquen!

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¿Cómo manejamos en La Paz? Fotos: Internet.

Colaboración Especial

Por Rebeca Olachea Pérez

 

 

«Si toma no maneje, yo por eso no manejo…» Molotov.

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hace como dos semanas iba muy alegremente manejando por una de las avenidas de La Paz. Pensaba en que comería (eran casi las dos de la tarde) y el sol se dejaba caer sobre las calles. Cuando de repente ¡zas! Un individuo con su carro 2016 se pasa sin fijarse y se me atraviesa mientras voy por una calle con total preferencia. Hice uso de mis frenos, aclaro que mi auto es modelo 2000, de lo mejor. Él también se esfuerza pero hay un pequeño roce. Mi carro escurre agua, le rompió el contenedor del líquido de los wipers. El suyo tiene apenas un raspón cuando el mío si tiene abolladura. Media hora esperando a que vinieran los del seguro. El señor del carro nuevo tenía contratado seguro, claro está. Yo  no. ¿Sabe usted por qué estimado lector? Porque vivo en La Paz, BCS, y somos únicos para manejar. También tiene que ver la economía pero lo vamos a obviar por el momento.

Cuando era niña solía escuchar que en la ciudad había más carros que gente. Sigo pensando que es cierto. A diferencia del centro del país, aquí casi resulta indispensable tener carro. Vemos al frente de un volante desde niños cuasi adolescentes hasta personas de la tercera edad. Pero, ¿qué tal somos para manejar en La Paz? Va a decir que usted muy bien pero que los demás muy mal. Veamos.

En La Paz hay 2.5 carros por persona. Lo que significa que la mayoría de nosotros tenemos la oportunidad de movernos en auto. ¿Lo hacemos bien o mal? depende de muchas cosas. Del clima, de la época, de si usted realmente aprendió a manejar y sabe las reglas de tránsito. En esta ciudad como en cualquier parte del mundo se ha incrementado el número de accidentes de tránsito. Según STCONAPRA, en México el 80% de los accidentes se deben a un error humano. Como puede ser el exceso de velocidad, consu­mo de alcohol y el uso de dis­positivos móviles.

No es raro ver cómo en la ciudad, aprovechándose de los cuatro altos, autos pasan casi siendo manejados solos. En vez de hacer el alto siguen adelante con una persona al volante que en vez de ver el camino ve su celular. En esos momentos yo pienso que ha de ser de suma importancia lo que van viendo, tanto, que vale poner en riesgo la vida propia y la de los demás. El consumo de alcohol y la velocidad no se quedan atrás. Son  problemas latentes.

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Siempre escuchamos estos tres indicadores como causantes de accidentes viales pero hoy también sumaremos otro: el estrés. La tensión a la que estamos sometidos diariamente.  El estrés se produce cuando una persona percibe una situación como una amenaza, un desafío o algún tipo de pérdida o daño. Cada persona experimenta el estrés de distinta manera y ante situaciones diferentes. En la ciudad de La Paz podemos ver como hay personas que van alteradas y/o estresadas al volante y que no siempre tienen la suerte de salir ilesos de su apuro.

Según la Dirección General de Tráfico de la ciudad de Madrid el estrés es algo cada día más frecuente. Como conductor no eres ajeno a este fenómeno. La relación que existe entre el estrés y la conducción de vehículos es doble. Por un lado está el estrés que sufres por circunstancias diarias de la vida y por otra parte, el manejar, contiene muchos elementos que son una fuente de estrés por sí mismos. O sea, que la situación es de doble carril: por un lado las situaciones comunes que te alteran y por el otro lado el estrés de manejar.

Sin darnos cuenta nos subimos al carro cargados de ansiedades y angustias, y nos estresamos más con el tráfico. Lo cual nos lleva a conducir a una velocidad más alta de lo indicado, a contestar el celular, a no mirar con atención las señales, a no pensar en que en el carro de adelante va otro ser humano como nosotros, que también posiblemente vaya estresado. Que a pesar de que tengas prisa de llegar a tu destino en los demás autos van personas iguales a ti distraídos con miles de pensamientos. Tal vez le va doliendo la cabeza, acaba de pelearse con la pareja, tiene ganas de ir al baño, viene de recibir una mala noticia, tiene deudas, le pidieron el divorcio, tiene sed, ya descubrió quién es el que le roba, le duele el corazón, o simplemente va distraído pensando que se pondrá en la noche para salir. Las circunstancias pueden ser miles.

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La OMS nos aporta datos muy interesantes sobre las lesiones causadas por el tránsito. Cada año, los accidentes de tránsito causan la muerte de aproximadamente 1,25 millones de personas en todo el mundo. Entre 20 millones y 50 millones de personas sufren traumatismos no mortales, y a su vez una proporción de éstas padecen alguna forma de discapacidad.  Las lesiones causadas por el tránsito son la causa principal de muerte en el grupo de 15 a 29 años de edad. Un dato muy curioso es que los países de ingresos bajos y medios (donde se encuentra México) tienen aproximadamente la mitad de los vehículos del mundo y se producen en ellos más del 90% de las muertes relacionadas con accidentes de tránsito.

Pensemos en estos datos antes de subirnos al carro enojados, de querer ganarle al de adelante, pasarnos un rojo o “mentársela” al que no acelera. Seamos conscientes y maduros. Por eso se supone que dan la licencia de manejo hasta después de los 18 años.

Es importante por lo tanto controlar nuestro estrés, sobre todo, si vamos a manejar. Ponernos delante de un volante es una responsabilidad muy grande y debemos de asegurarnos de hacerlo de una manera tranquila para evitar accidentes. Claro, también de atender todas las indicaciones del Reglamento de Tránsito. Pueden checarlo AQUÍ.

Relajémonos al manejar y disfrutémoslo. Es una actividad muy útil. Respiremos hondo y manejemos despacio, a una velocidad coherente. Es casi imposible provocar un accidente grave si maneja concentrado. No perdamos esa cortesía característica del paceño de dar el pase al peatón. Recuerde que es un círculo vicioso: si tiene un accidente vial por manejar alterado tendrá más estrés. Todo esto es mejor que pasar media hora esperando bajo el rayo del sol a que llegue el del seguro. Se los puedo asegurar.

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Adiós al Carnaval La Paz 2017, al desplumadero y la fantasía

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Desfile en el Carnaval La Paz 2017. Fotos: Modesto Peralta Delgado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). La fantasía no es sólo un asunto de los niños. Consciente o inconscientemente, los adultos acudimos a ella como un escape de la realidad, como lo fue, por un corto lapso de seis días, el Carnaval La Paz 2017 titulado —de forma muy atinada— «El juego de la vida», pues esta breve reseña apunta, precisamente, a esa parte ficticia por la que estamos dispuestos a desplumarnos año tras año.

Al decir que nos «desplumamos», no nos referimos a las plumas que tanto se ven en las fiestas carnestolendas, sino en la sensación que nos da vernos más livianos de los bolsillos cada que nos retiramos de ellas. Como si un imán hubiera jalado hasta el último centavo. Y es que no sólo se trata de que cada año venga más caro, es que, ¡a eso vamos! Sí, a divertirnos, pero a sabiendas que salirnos un rato de nuestra realidad implica gastar mucho. Decir que «salimos de la realidad» es literal: entrar al malecón de La Paz en estos días significó entrar a un mundo de fantasía.

Soñamos, por ejemplo, con ganar un billete de 500 pesos en uno de los tantos fraudes a los que vamos mansamente sin obtener un solo peso: porque el aro nunca entra en el cuadrito; la pelota nunca entra en la canasta; las canicas nunca entran en los hoyos de más valor; y ya todos sabemos que las miras de los rifles están chuecos. Regresó un puesto en el que un amigo jugó el año pasado, lanzando dados para juntar números para premios tan atractivos como una pantalla de plasma o un mini componente, el caso es que cada lanzamiento parecía acercarse más al puntaje y tenía que meter más dinero. Finalmente, mi amigo abandonó el juego luego de invertir aproximadamente 200 pesos, sin salir con un solo peso, y todavía chantajeado de que ‘estaba dejando ir la oportunidad’.

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En el mejor de los casos, trajimos a casa los mismos juegos de mesa que hoy lucen empolvados, y que en cualquier rato la madre de familia saca en un costal de basura. Se sabe, por supuesto, que cada carnaval, son toneladas de basura las que se tienen que recoger del malecón y calles adyacentes, pero en realidad, muchísima más la conservamos en nuestras casas, producto de los juegos más baratos y sencillos como lanzar monedas o recoger pescaditos. Quien no tenga un «escaleras y serpientes» o una lotería arrumbada en su casa, no fue al carnaval.

Una curiosidad es haber encontrado «cuernos de chiva» de juguete, que según el vendedor, que venía de Aguascalientes, aquí no ‘pegaron’ tanto como en otras ferias donde ha ido. La narcocultura se ha adentrado hasta en los artículos para niños.

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La fantasía no está sólo en apostar a los mismos juegos que nadie gana, el ambiente festivo en sí mismo lo es, de cabo a rabo. Empezando por titular de reyes y reinas a los participantes, quienes se visten estrafalariamente para la ocasión. En el desfile del carnaval se ve el espíritu verdadero de la tradicional ficción: los artistas locales han puesto su imaginación al servicio del papel maché y el aluminio, y en las comparsas no es menos chillante el colorido, los contoneos y los botes de cerveza. Cada carro, cada comparsa, es una estampa de irrealidad a la que sonreímos y aplaudimos.

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En el carnaval casi nada es real, así que no se extrañe que el sombrero texano que compró resulte ser un chicharrón, o que el cojín que se ganó en un juego, parezca funda de almohada un día después de haberse usado. Y no: la chica escorpión, tampoco existe, ni son ciertos una veintena de fenómenos y esculturas que se vieron caminando en estas tardes y noches.

Los juegos mecánicos también nos marean con su ímpetu de viaje alocado entre luces multicolores; como nos marean los gritones que ofertan cobijas y trastes; los conciertos casi privados de los escenarios pequeños, dispuestos a lo largo del malecón de La Paz, o las clásicas batucadas aderezadas —con cierto olor a carrizo quemado en algunas ocasiones. Y qué decir de las bebidas exóticas, los panes gigantescos o el colorido desfile de dulces, golosinas y puestos de tacos, también de fantasía, ofreciendo cuatro tacos por 50 pesos, cuando vamos viendo que sus tortillas son del tamaño de una uña.

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Y así volvemos cada año, a quejarnos de lo caro que está todo —y los puesteros, de lo ‘cuchillito de palo’ que son los inspectores del Ayuntamiento—; de uno que otro artista principal que ni en su casa conocen; de las colas, las caminatas, los olores y las típicas humedades —y no precisamente de agua— que también son parte de lo que siempre se encontrará en el carnaval. Y es que al parecer, la queja también es parte de la tradición.

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Regresamos porque a pesar de todo, nos gusta, nos lo merecemos, y porque, retomando la primera idea, significa una breve fuga de una realidad que hacía mucho tiempo no calaba tanto en los paceños. Desde la política internacional hasta la nacional, y la crisis de inseguridad que se vive en BCS, el carnaval de La Paz bien puede ser un pequeño respiro. Un —caro— viaje a la fantasía. No faltará quien critique que todo esto no es más que ‘circo, pan y vino’ para el pueblo, y también sería un punto de vista válido, pero no es el único; y puede haber otras formas menos populosas y más sofisticadas de divertirse, pero el fin no dejará de ser el mismo: salir un momento de los problemas o la rutina. Ahora sí que aplicando el dicho de «cada quien habla de como le fue en la feria», así, cada quién hablará de cómo le fue en el carnaval.

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El muro siempre ha estado allí

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Malecón de La Paz. Foto: Modesto Peralta Delgado.

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Rubén Olachea

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Pero lo queríamos ignorar. Nos hicimos las ilusiones por más de veinte años, años perdidos y que siento, de alguna manera, que nos los han tirado a la basura, al caño, de repente. Años de ir al Dax emocionado a comprar chocolates norteamericanos creyendo que sabían mejor que los mexicanos, porque nuestras etiquetas eran menos seductoras en color, brillo, calidad del papel de presentación, sobre todo en el sabor mismo. No me daba cuenta, no quería aceptar, que el buen chocolate es caro en ambos lados de la frontera y en cualquier país. Años de creer que un par de turistas rubios son garantía de gente linda y bien educada fascinada, antes que por el clima o el exótico subdesarrollo, por la calidez humana de la gente local desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Oh, ingenuidad, cándido oropel.

Décadas de pensar que en el fondo de su alma, los gobernantes gringos eran personitas bien intencionadas que querían lo mejor para ambos pueblos, dándole las llaves de la ciudad simbólicamente a Juan Gabriel y gente carismática por el estilo. Permitiendo que uno que otro se colara a la fila de los famosos, desde Selena la asesinada (qepd) a Selena Gómez (Love You Like A Love Song, Baby) o Salmita y una larga hilera de triunfadoras. Esto es, el mundo global es tuyo, mamacita, como un eterno curso de autoayuda programada y motivación del tipo Sí-se-puede. Pero si nos poníamos odiosos, fastidiosos como buenos cactus del desierto que somos, diríase ‘bola de cholas, si ni la Amy Winehouse aguantó tanta carrilla ni la faja de Jenny Rivera la presión aeroestática, mucho menos la administración Obama se iba a apiadar de tanto latino haciendo el trabajo que ni los negros querían hacer’, una gema de la articulación discursiva del ex presi Chente Fox (en tiempos Bush) que cree estar vivo cuando no es más que un zombi que twitea falsa sabiduría de vez en cuando, entre siesta y cobrar su pensión tan merecida, junto con su hada madrina.

Así las cosas, Baja California Sur, la casi isla, un lugar caro donde ni la fruta de temporada es bara, y aún así, vemos convertibles de marca circulando en el malecón y tiendas de artículos de lujo en cabo y limosneros a un lado, pero salarios al nivel de Oaxaca-Chiapas y Botswana, y nosotros con pretensiones aspiracionales tipo California, Suecia y Suiza. Suazilandia es lo que obtenemos. Lo bueno es que la gente vive de ilusiones, y la gente es muy noble y se baña y se acicala para salir, para socializar. Ayer noche, simplemente, vimos mi compañía y un servidor a una especie de Drag Queens que descendían del cerro o las colinas, eran unas aguerridas guelaguetzas de barrio, amazonas de petatiux dispuestas a triunfar. La versión tonka de Dónde están las rubias. Supusimos por la hora y el altivo atavío que orondas portaban, que dirigían sus pasitos a ese fino bar llamado «La cama» y cuya selección musical, a media cuadra de catedral, ameniza con narcocorridos a todo volumen en bocinas bofas desde las once de la mañana, si bien nos va. Será un 24 horas sobre 7 como cualquier oxo? (qué flojera ponerle doble equis a esas cantinas para adolescentes buchonescos).

Ya ni caso tiene ponernos irónicos, que gane el mejor o el peor, lo mismo a uno le da. Entre Trump y Peña podrían bailar el tango y el reguetón de la podredumbre. La crisis diplomática sin igual que amenaza con inundar al país de gente que ya se estaba acostumbrando a pensar y contestar en inglés cuando así se le fuera requerido es conato de olla exprés explosion. Excuse Me Can I Please Talk To You For A Minute?, justo como en el video de 99 Souls: The Girl Is Mine (feat. Destiny´s Child & Brandy) en el que se insinúa con imágenes nítidas y alegres la infraestructura (ojo, no la infraestrúkchur de EPN) de la alienación racial de ese mega gueto de corporación trasnacional que son los United States, a la vez que anexo para rehab de tanto xanax analgésico opiáceo legal con que se drogan y andan felices una buena, y cuando digo buena, es BUENA con mayúsculas, cantidad de gringos.

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«Malecón» de Edel Rodríguez.

Si ya de por sí no cabemos de desempleo, y de mala vibra como ratas de laboratorio estresados por la chicharra de Chedraui o con la voz de Mary Carmen Cortés en Radio Fórmula hablando de finanzas cual navajas atravesadas en su gaznate, ahora hay que agregarle al escenario el continuo riesgo de caer, si en tu nave vas, en una zanja por la ausencia de tapas de alcantarillado puesto que vivimos en el peor lugar del planeta. Ni con narcomantas de ‘Pa’que aprendan a respetar’ se va a controlar esto. Los zombis voluntarios de picaderos paceños son capaces de robar y traficar por foco o chucky en nuestro industrioso mercado negro, coludidos con nuestros agentes dignos de cualquier episodio Unidad de Casos Especiales Olas Altas, Laguna Azul, Sobaco del Diablo, porque bien que permiten el negocio de venta de objetos robados en casas de empeño junto a casinos y el noble, nobilísimo reciclaje de metal fierro. Ya se acabaron todo el cableado de cobre de cuanta casa que lo poseía, ya se beneficiaron los vendedores de pvc, hasta el hotel Los Arcos desmantelaron ante la mirada atónita de roedores e insectos rastreros. Con un equipaje tecnología de punta de botas picudas, voz carrasposa de crudo, la grotesca eficiencia es nula. Puro atleta de agilidad verbal y mental a prueba de la nasa.

Y por favor no me vayan a salir con la prolongación de que ‘proporcione pruebas’ yo no soy abogánster ni lo quiero ser. Los acuso de corruptos y criminales de crimen perfecto, no de tarados que dejen rastro. Porque ya me di cuenta que el actual himno nacional ya no es aquel de Jaime Nunó y Francisco González Bocanegra sino la cumbia de Bronco Que no quede huella y que no y que no… créditos por favor al gran José Guadalupe Esparza Jiménez.

Pero dentro de todo lo malo, lo bueno es que un gran cambio se está generando. Un viraje ideológico tras este malsano periodo de cinismo exacerbado, desolación y desasosiego de ciegos. Si los únicos que votaron en contra del descuento de 50% al salario del trabajador por reportarse enfermo son los partidos de izquierda, y todos los demás se unieron criminalescamente para ‘poner en su lugar’ a tantos trabajadores que se cobraban a lo chino el mal salario, inventándose enfermedades y ausencias, sobre todo en San Lunes (nunca en día de paga, juar juar). Pues bien, yo no soy zahorino para vaticinar que el arribo de la izquierda al poder nos va a sumir en una vorágine de populismo y demagogia, un castigo justificable tras más de veinte años de derecha tramando fraudes al grado de falsear quimios infantiles con inyecciones de agua, dolorosísimas, por cierto, según me informan los que saben. De veras, somos el peor país del mundo. Trump es un angelito comparado.

Ante ese panorama, haciendo coro a la esposa del Gran Duarte gober jarocho, hemos de repetir, cual mantra simpsoniano: Merezco abundancia… hasta el infinito. Así, en ese estado nirvana, terminamos febrero, el mes de la salud del hombre. Cuántos casos de lágrimas ante tanto cáncer testicular y de próstata, entre otros, por negarse al chequeo médico y tantas charras celebradas en torno a la visita obligada y recurrente con don Dr. Proctólogo. ¿No sería ya bueno que nos deshiciéramos de tanto panocherismo provinciano y aceptáramos que el placer anal por una exploración es esperable en todos los humanos hombres y mujeres y que no tiene nada que ver con volverse lesbiano o sulipanto? Póngase buzo, caperuzo. Porque ser feliz con poco es posible.




Llegando está el Carnaval de La Paz; ¿desde cuándo se remonta en BCS?

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Érase una vez

Por Pablo Reynosa

 

«Gracias a las fiestas el mexicano se abre, participa, comulga con sus semejantes y con los valores que dan sentido a su existencia religiosa o política. Y es significativo que un país tan triste como el nuestro tenga tantas y tan alegres fiestas. Su frecuencia, el brillo que alcanzan, el entusiasmo con que todos participamos, parecen revelar que, sin ellas, estallaríamos. Ellas nos liberan, así sea momentáneamente, de todos esos impulsos sin salida y de todas esas materias inflamables que guardamos en nuestro interior», Octavio Paz en «Todos Santos, Día de Muertos».

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Una vez más, como ha venido sucediendo año con año desde 1888, la ciudad de La Paz, Baja California Sur, que «tiene el color más bonito de toda la tierra», se viste de diversión, baile y festejos durante la celebración del carnaval.

El origen de la palabra carnaval parece ser el carmen levare o carnelevarium (la «carne»), del latín vulgar. También es posible que la palabra italiana carnevale se derive de la expresión latina carrus navale, es decir, «barco sobre ruedas», lo que constituiría un recuerdo de las naves que llegaron a desfilar por las calles en los festejos de la Roma antigua. «Barco sobre ruedas» es también un concepto disparatado que expresa muy bien el desorden y la subvención de la realidad que reina en esos días.

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Tal y como lo conocemos hoy en día, el carnaval es una continuidad de los antiguos Saturnales, las festividades romanas que se celebraban en honor al Dios Saturno. A raíz de la expansión del cristianismo tomó un auge mayor y la fiesta adquirió el nombre de carnaval, cuyo motivo principal es el de despedirse de comer carne y de llevar una vida licenciosa durante el tiempo de cuaresma, que inicia el Miércoles de ceniza y concluye el Domingo de resurrección.

Por lo que corresponde al Carnaval de La Paz, encontramos que el origen de éste se remonta al siglo XIX, cuando el general José María Rangel asistió a una finca, propiedad de la familia González, para participar en una celebración en la que habría una serie de bailes. En esas fiestas, los padres permitían que sus hijas bailaran con los mancebos (hombres jóvenes solteros) que así lo solicitaran.

Al día de hoy el Carnaval de La Paz es una celebración en la que sudcalifornianos y turistas nos damos a la tarea de disfrutar de los cascarones de huevo rellenos de confeti, los antifaces, las gorditas de nata, el desfile de carros alegóricos y en que la singular voz de quien vende cobijas nos remonta a nuestra más tierna infancia y nos da un sentido de pertenencia, y de identidad.