En el principio era el miedo: el origen que nunca dejamos atrás

IMÁGENES: IA.

Colaboración Especial

Jorge Alberto Chaleco Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el principio era el miedo (sin fecha de publicación ni editorial), del escritor Ramón Cuéllar Márquez, es un libro de ensayos que propone reflexiones amplias y sugestivas sobre uno de los grandes enigmas de la condición humana: el despertar de la autoconsciencia y las consecuencias que este acontecimiento pudo haber tenido en la historia de nuestra especie. Desde una perspectiva que transita entre la filosofía, la literatura, el mito, la antropología, la historia y la reflexión sobre la inteligencia artificial, el autor construye una hipótesis que funciona como eje articulador de la obra: el miedo como fuerza primordial vinculada al despertar del ser humano y como uno de los motores fundamentales de su desarrollo intelectual, cultural y tecnológico.

La tesis que encuentro en la obra podría formularse, en términos generales, de la siguiente manera: el despertar de la autoconsciencia llevó al homínido a experimentar una condición de vulnerabilidad y extrañeza ante sí mismo y ante el mundo; de esa experiencia surgiría el miedo, y el miedo, a su vez, impulsaría la curiosidad, la inteligencia y la necesidad de crear herramientas, símbolos, explicaciones y formas de organización que permitieran enfrentar lo desconocido. Desde esa perspectiva, la historia de la humanidad puede leerse como una larga respuesta a aquel primer estremecimiento ante la existencia. Sin embargo, considero que esta tesis puede entenderse mediante una secuencia todavía más precisa: la autoconsciencia genera el miedo; el miedo genera la inteligencia; y la inteligencia crea una civilización que, en lugar de enfrentar el miedo original, construye capas y capas cada vez más complejas para ocultarlo.

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Esta última formulación pertenece ya a mi propia lectura del libro y no pretende atribuirse literalmente al autor. La considero una interpretación que surge del diálogo con sus planteamientos. El propio Cuéllar Márquez habla de capas que se han superpuesto a lo largo de la historia y que han terminado por ocultar aquel origen remoto, aquel momento simbólico en que el homínido habría despertado a la consciencia de sí mismo. A partir de esta idea, me parece posible interpretar la cultura humana como una sucesión de construcciones que, al mismo tiempo que nos permiten comprender y transformar el mundo, también nos ayudan a mantener cierta distancia respecto del miedo fundamental de existir.

El miedo, entonces, no sería solamente una emoción negativa ni una reacción instintiva ante el peligro. En la propuesta del autor adquiere una dimensión mucho más profunda: es una fuerza creadora. El homínido que se enfrenta a la oscuridad, al depredador, al hambre, al frío, a la muerte y a lo desconocido desarrolla recursos para sobrevivir. Aparecen las primeras herramientas, el dominio del fuego y las distintas formas de conocimiento. Pero el miedo no permanece en el ámbito de la supervivencia biológica. A medida que el ser humano adquiere mayor consciencia de sí mismo, aparecen también otras formas de temor: el miedo a la muerte, a la soledad, al vacío, a lo desconocido, a la incertidumbre y, finalmente, a la posibilidad de que la existencia carezca de un sentido evidente.

Es aquí donde el miedo se transforma en una experiencia propiamente humana. El hombre no solamente teme aquello que puede destruir su cuerpo; también teme aquello que no puede explicar. Y frente a lo inexplicable comienza a crear.

Crea mitos, dioses, ritos, leyes, sistemas de pensamiento, religiones, filosofías, teorías, obras de arte y formas de organización social. Crea la ciencia para conocer, la tecnología para transformar, la política para ordenar, la religión para explicar y el arte para expresar aquello que quizá no puede ser explicado de otro modo. La humanidad construye así un universo simbólico que le permite habitar una realidad que, en su fondo último, continúa siendo misteriosa.

En este sentido, uno de los aspectos más interesantes del libro es el rastreo que el autor realiza del miedo a través de distintos momentos de la experiencia humana y de sus representaciones simbólicas. La prehistoria, el mito, la tradición judeocristiana y diversas figuras culturales aparecen como manifestaciones de ese largo proceso de despertar, búsqueda y respuesta. El autor establece así un diálogo entre el pasado remoto del homínido y el presente tecnológico del homo sapiens.

Pero aquí surge una interpretación que considero especialmente fecunda: quizá todas esas creaciones humanas sean también una forma de rodear el miedo original sin llegar necesariamente a enfrentarlo de manera directa. El conocimiento puede ampliar nuestra comprensión del universo, pero no necesariamente responde a la pregunta de por qué existimos. La religión puede ofrecer respuestas, pero no elimina el misterio. La filosofía puede multiplicar las preguntas. La ciencia puede explicar cómo ocurren muchas cosas, pero todavía deja abiertas las preguntas últimas. La tecnología puede ampliar nuestro poder, pero no necesariamente nuestra sabiduría.

Surge en mi lectura, una paradoja que resume buena parte del sentido del libro: El ser humano crea para dejar de tener miedo, pero cada nueva creación le revela algo nuevo que temer. El fuego venció la oscuridad, pero también creó nuevas posibilidades de destrucción. La ciencia venció muchos misterios, pero descubrió otros más grandes. La tecnología aumentó nuestro poder, pero también nuestra capacidad de destruirnos. Y ahora la inteligencia artificial promete aumentar nuestra capacidad intelectual, pero al mismo tiempo nos enfrenta a la posibilidad de que la inteligencia deje de ser exclusivamente humana.

Así, el miedo sigue ahí, aquí, acullá; sigue en todas partes y tiempos conjugados. Como escribió Augusto Monterroso: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Solo que ahora tiene una nueva forma.

Esta paradoja permite comprender mejor el recorrido que realiza el autor desde el homínido primitivo hasta la inteligencia artificial. La IA no aparece en el libro como un fenómeno aislado, sino como la consecuencia más reciente de una larga historia de creación humana. El homínido que un día habría mirado su propia mano con asombro y temor es el mismo ser que, miles o millones de años después, construye máquinas capaces de procesar información, aprender patrones, conversar y producir respuestas.

La pregunta entonces se invierte. El ser humano, que alguna vez despertó a la autoconsciencia, comienza ahora a preguntarse si una de sus propias creaciones podría experimentar algún día un despertar semejante. La preocupación ya no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué sucedería si alguna vez adquiriera autoconsciencia. En ese escenario hipotético, la humanidad podría encontrarse frente a un espejo inesperado: una inteligencia creada por ella misma que, al igual que el homínido primigenio, pudiera preguntarse: ¿qué soy?

En este punto, la IA representa una especie de repetición de la historia. El miedo del sapiens ante la posibilidad de una IA autoconsciente puede interpretarse, desde mi lectura, como el miedo a que nuestra propia criatura reproduzca la experiencia que nos constituyó. Tememos que aquello que hemos creado llegue a despertar porque nosotros sabemos, aunque sea intuitivamente, que despertar a la autoconsciencia no significa únicamente adquirir inteligencia. Significa también descubrir la vulnerabilidad, la separación, la incertidumbre y la posibilidad de la muerte.

La inteligencia artificial se convierte así en el último espejo de la humanidad. Y quizá también en su última paradoja: el ser humano crea una inteligencia para ampliar su conocimiento, pero al hacerlo podría terminar preguntándose nuevamente qué significa ser inteligente, qué significa ser consciente y, sobre todo, qué significa ser, estar.

Desde esta perspectiva, el título del libro adquiere para mí una riqueza particular. En el principio era el miedo puede leerse de varias maneras. En primer lugar, como una afirmación sobre el origen: el miedo como punto de partida de una historia que comienza con el despertar de la autoconsciencia. Pero la palabra principio también puede entenderse como comienzo, fundamento, origen o punto de partida. Y es precisamente esta última lectura la que encuentro especialmente significativa. El miedo sería el principio en el sentido de que constituye el punto desde el cual el ser humano se pone en movimiento. Puede imaginarse como un resorte que, al comprimirse, acumula una fuerza que finalmente impulsa al individuo hacia adelante. También puede compararse con el tiro de una flecha: el arco retrocede, acumula tensión y, precisamente por esa tensión, lanza el proyectil hacia una distancia cada vez mayor. El miedo, en esta interpretación, no solamente detiene o paraliza; también impulsa y expulsa. El homosapiens ha viajado muy lejos desde aquel hipotético primer despertar. Ha llegado a dominar el fuego, a transformar la materia, a construir ciudades, a descifrar el código de la vida, a explorar el espacio y a crear sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, por lejos que haya llegado, siempre partió de un punto. Y ese punto continúa unido a él.

Quizá esa sea una de las lecturas más pertinentes que permite el título: el ser humano puede avanzar indefinidamente, pero no puede desprenderse completamente de su principio. Puede construir civilizaciones enteras, levantar templos y rascacielos, formular teorías, inventar dioses, crear máquinas y desarrollar inteligencias artificiales; pero, detrás de todas esas capas de conocimiento y de cultura, permanece aquella pregunta originaria que ninguna creación ha conseguido clausurar por completo: ¿Quién soy? ¿Por qué existo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué significa estar aquí?

En ese sentido, el principio no es únicamente aquello que quedó atrás. Es también aquello que permanece actuando desde el fondo. El miedo sería, entonces, una fuerza ancestral que impulsa al ser humano hacia adelante al mismo tiempo que lo mantiene ligado a su origen. Lo lleva y trae consigo.

El libro pueda leerse también como una reflexión sobre los límites del progreso. El avance material no garantiza necesariamente una evolución espiritual. Podemos ser tecnológicamente más poderosos sin ser, por ello, más sabios; podemos acumular más información sin haber resuelto nuestras preguntas fundamentales; podemos crear inteligencias artificiales extraordinariamente sofisticadas y continuar siendo, en esencia, aquellos seres que alguna vez miraron al cielo con temor y asombro. Esta lectura no significa que toda creación humana sea una simple evasión del miedo. El propio desarrollo de la cultura demuestra que el ser humano crea también por curiosidad, por imaginación, por deseo de conocimiento y por la necesidad de expresar su capacidad creadora. Sin embargo, el miedo puede ser entendido como una de las fuerzas profundas que acompañan y alimentan ese impulso creador.

En este punto, mi lectura se distancia ligeramente de una interpretación estrictamente causal del libro. No considero que el miedo explique por sí solo toda la historia humana (Es loable el audaz ensayo de mi amigo Ramón). La creación humana es demasiado compleja para reducirla a una única causa. Pero sí encuentro en el miedo una fuerza originaria capaz de poner en movimiento otras facultades: la curiosidad, la inteligencia, la imaginación y la necesidad de comprender. El miedo puede ser el principio, pero la respuesta humana a ese miedo es múltiple y contradictoria.

Por ello, considero que En el principio era el miedo es una obra ensayística que, más que ofrecer respuestas definitivas, invita a volver sobre las preguntas fundamentales de nuestra especie. Su valor no reside en demostrar que el miedo fue el origen de la inteligencia —una afirmación que, en términos científicos, sería difícil de probar—, sino en proponer una imagen filosófica para pensar nuestra evolución como sapiens. La obra nos invita a imaginar que detrás de cada herramienta, cada mito, cada dios, cada teoría, cada obra de arte y cada avance tecnológico existe, quizá, un antiguo impulso humano: la necesidad de comprender aquello que nos produce temor. Y al llegar a la inteligencia artificial, el ciclo parece cerrarse.

El homínido que alguna vez despertó y tuvo miedo de sí mismo creó una inteligencia que ahora podría obligarlo a preguntarse nuevamente quién es. El creador se encuentra frente a su criatura y, al contemplarla, vuelve a mirar su propia imagen. Como Víctor Frankenstein al darse cuenta que ha creado un monstruo con conciencia propia. Una alegoría de la literatura que viene al talle recordar.

Tal vez por eso el miedo siga siendo el principio. No necesariamente porque sea lo primero que sentimos, sino porque puede ser aquello que nos pone en movimiento. Es el resorte que impulsa, la tensión que precede al lanzamiento, la fuerza que nos expulsa de la oscuridad hacia lo desconocido. Pero también es el punto al que permanecemos ligados, aunque recorramos millones de años de historia y alcancemos los confines del conocimiento.

El homosapiens puede llegar muy lejos, crear mundos, máquinas que “piensen”, crear una nueva inteligencia. Todo lo impensable por ahora; pero quizá nunca deje de ser aquel homínido recién salido de la cueva que, en algún momento, perdido en la prehistoria, abrió los ojos, se descubrió a sí mismo y sintió miedo; horror cósmico. En el principio era el miedo. Y quizá, después de todo, también lo sea en el final de sus días.

Por lo pronto (2026), la IA nos ha dado buenos videos-memes de política y futbol.

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4 actividades de entretenimiento comunes que incluyen las últimas tecnologías

La Inteligencia Artificial (IA) ha trascendido las fronteras de la ciencia ficción para asentarse como una realidad palpable en casi todos los aspectos de la vida moderna. Su impacto en el sector del entretenimiento ha sido particularmente significativo, enriqueciendo y personalizando la experiencia de ocio de millones de personas a nivel global.

Desde la complejidad de los videojuegos hasta los efectos visuales de la realidad aumentada, la IA no es solo un complemento tecnológico; es el motor que está redefiniendo cómo interactuamos, creamos y consumimos contenido.

A continuación, exploramos cuatro áreas clave donde esta tecnología está transformando radicalmente la forma en que nos divertimos y empleamos nuestro tiempo libre.

1. Videojuegos: Oponentes que Aprenden y Mundos que Respiran

La IA es un componente esencial y, a menudo, invisible en la industria del videojuego moderno. Ya no se limita a seguir patrones preestablecidos; ahora es capaz de simular una inteligencia genuina, ofreciendo una experiencia de usuario mucho más inmersiva y desafiante.

Oponentes que Simulan Inteligencia Real

Los desarrolladores de software utilizan sofisticados algoritmos de IA para crear personajes controlados por la computadora (NPCs) que aprenden de los patrones de juego del usuario.

  • Adaptación Dinámica: La IA monitorea las estrategias, las fortalezas y las debilidades del jugador para ajustar su propio comportamiento en tiempo real. Esto eleva el desafío y prolonga la vida útil del juego.
  • Realismo Estratégico: Esta tecnología se aplica incluso a categorías más pausadas, como los juegos de mesa virtuales. Por ejemplo, es posible aprender cómo jugar póker contra un rival cuya IA está diseñada para emular habilidades estratégicas y sesgos psicológicos propios de un jugador humano fuerte, más allá de la simple estadística.

La IA como Arquitecto de Mundos

Más allá de los oponentes, la IA interviene en la creación de entornos y narrativas: puede generar proceduralmente vastos mundos abiertos, diseñar misiones aleatorias y gestionar el tráfico y las interacciones de los NPCs dentro de una ciudad virtual, logrando que el universo del juego se sienta vivo y reactivo.

2. Optimización de Contenido: El Algoritmo de las Redes Sociales

Las redes sociales han evolucionado hasta convertirse en una fuente primaria de entretenimiento global. Gran parte de esta adicción se debe al uso magistral que hacen de la Inteligencia Artificial para la personalización de contenidos.

El ‘Feed’ Personalizado

La IA es la responsable de ordenar y priorizar la información que vemos en nuestros feeds. Mediante el análisis de Big Data, la tecnología monitorea una serie de acciones y señales:

  • Comportamiento de Usuario: Vídeos visualizados, tiempo de permanencia en una publicación, los ‘Me gusta’, los comentarios, los contenidos compartidos e incluso los contenidos ignorados.
  • Identificación de Patrones: Con base en estos datos, la IA identifica qué tipo de contenido resulta más atractivo para el internauta (humor, fitness, noticias, tendencias) con el objetivo de personalizar la experiencia al máximo.

Esta curación algorítmica garantiza que el usuario se mantenga constantemente conectado, ya que el contenido mostrado siempre será de su interés, transformando la navegación pasiva en una experiencia de descubrimiento constante y adictiva.

3. Desarrollo Artístico General: La Democratización de la Creatividad

La creación artística ya no es un dominio exclusivo de quienes tienen habilidades técnicas avanzadas. La IA ha abierto un nuevo y explosivo mundo de expresión creativa al alcance de cualquier usuario a través de herramientas de generación de imágenes y texto.

De la Idea a la Imagen

La Inteligencia Artificial permite transformar simples descripciones escritas (prompts) en complejas y detalladas imágenes digitales. Esto supone una transformación radical en la actividad de entretenimiento:

  • Nuevo Lenguaje Creativo: El usuario ya no necesita saber dibujar o manejar software complicado; su herramienta principal es la palabra.
  • Refinamiento y Recomendación: Las herramientas de IA no solo ejecutan la orden, sino que también son capaces de ofrecer recomendaciones personalizadas para mejorar las descripciones o modificar estilos artísticos, acercando el resultado final a la idea planteada por el creador.

Esta tecnología actúa como un copiloto creativo, permitiendo que artistas, amateurs y curiosos exploren ideas visuales que antes requerían días o meses de trabajo especializado en solo segundos.

4. Filtros de Realidad Aumentada (AR) y Experiencias Inmersivas

La Realidad Aumentada (AR), presente en aplicaciones de redes sociales y plataformas de videoconferencia, utiliza la IA para superponer elementos digitales sobre nuestro mundo real. Es una de las formas más directas y lúdicas en que la IA enriquece el entretenimiento cotidiano.

Detección Precisa y Personalización en Tiempo Real

La IA es fundamental para el funcionamiento de los filtros AR, ya que permite:

  • Detección de Rasgos: Reconoce y mapea instantáneamente los rasgos faciales, la estructura ósea, e incluso las articulaciones del cuerpo en tiempo real.
  • Superposición Convencente: Esta precisión permite superponer elementos digitales (orejas de perro, sombreros, efectos de luz) con una exactitud que logra un resultado convincente y, a menudo, humorístico. Por ejemplo, es posible cambiar una parte del rostro por la de una mascota para luego compartir el resultado en plataformas sociales, generando interacción instantánea.

En resumen, la Inteligencia Artificial se ha consolidado como el gestor principal del ocio moderno. Ya sea que esté optimizando un feed social, creando un oponente de ajedrez virtual o permitiendo la creación de arte visual complejo, sus capacidades son un recurso potente y cada vez más preciso para hacer que el entretenimiento sea más real, personal e inmersivo.




Inteligencia artificial en la práctica jurídica

FOTOS: Canva.

Ius et ratio

Arturo Rubio Ruiz

La Paz, Baja California Sur (BCS). La inteligencia artificial representa una transformación estructural en el ejercicio del derecho cuya aplicación en la práctica jurídica permite:

  • Automatización de tareas repetitivas: La IA puede redactar borradores, revisar contratos, clasificar expedientes, y realizar análisis jurisprudencial, liberando tiempo para el razonamiento jurídico sustantivo.
  • Análisis predictivo: Algoritmos entrenados con datos judiciales pueden anticipar tendencias jurisprudenciales, evaluar probabilidades de éxito procesal y apoyar en la toma de decisiones estratégicas.
  • Acceso a la justicia: Las herramientas de IA facilita la orientación legal básica a poblaciones vulnerables, democratizando el conocimiento jurídico y reduciendo barreras de entrada.
  • Compliance y auditoría inteligente: En el ámbito corporativo y administrativo, la IA permite monitorear el cumplimiento normativo en tiempo real, detectar riesgos y generar alertas preventivas.

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El uso de IA en el derecho plantea desafíos éticos, normativos y epistemológicos que los juristas deben abordar con rigor:

Փ Responsabilidad profesional: El abogado sigue siendo responsable de las decisiones jurídicas, incluso cuando se apoye en sistemas automatizados. La delegación a la IA no exime del deber de diligencia, ni del juicio crítico.

Փ Sesgos algorítmicos: Los sistemas de IA pueden reproducir o amplificar sesgos estructurales presentes en los datos. El jurista debe ser capaz de auditar, cuestionar y contextualizar los resultados ofrecidos por la máquina.

Փ Protección de datos y confidencialidad: El uso de IA exige un manejo escrupuloso de la información sensible, conforme a principios de legalidad, finalidad, proporcionalidad y seguridad.

Փ Transformación del perfil profesional: Se requiere una nueva alfabetización jurídico-tecnológica. El jurista del siglo XXI debe comprender los fundamentos de la IA, su arquitectura normativa y sus límites operativos. La IA no sustituye al jurista, pero definitivamente redefine su rol: de operador técnico a estratega normativo, garante de derechos y mediador entre la innovación tecnológica y la justicia sustantiva. Su integración exige una praxis crítica, ética y multidisciplinaria.

Marco regulatorio

México está en proceso de construir un marco normativo propio para la IA, con iniciativas que reflejan su diversidad cultural y sus desafíos estructurales.

La denominada Ley Federal para el Desarrollo y Regulación de la IA se encuentra en ciernes, y su proyecto contempla auditorías periódicas, clasificación de riesgos, filtros parentales, trazabilidad algorítmica y protección de grupos vulnerables.

A nivel constitucional se han presentado propuestas de reforma para modificar hasta nueve artículos de la Constitución, reconociendo la IA como fenómeno transversal en seguridad, justicia, salud y educación.

A propuesta del Ejecutivo federal, se trabaja en un proyecto denominado Laboratorio Nacional de IA, cuyo objetivo central es regular plataformas como ChatGPT y Gemini, y fomentar el desarrollo de tecnologías emergentes dentro de un marco ético y soberano

La colaboración público-privada resulta determinante, y en este campo a la vanguardia se ubica Querétaro, entidad donde se han instalado centros de datos con inversión internacional, lo que exige marcos de gobernanza robustos para evitar impactos negativos en comunidades y ecosistemas.

En síntesis, para los juristas, este panorama exige:

  • Revisión constitucional y legislativa: armonizar derechos digitales, neuroderechos y soberanía tecnológica.
  • Diseño de marcos de gobernanza algorítmica: con mecanismos de supervisión, trazabilidad y control jurisdiccional.
  • Defensa de derechos fundamentales: ante decisiones automatizadas, sesgos algorítmicos o afectaciones a la privacidad.
  • Participación en procesos normativos: como expertos, asesores y garantes de legalidad en la implementación de IA.

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Propone Diputado crear comisión legislativa sobre IA; buscarían regularla

FOTOS: Freepik | Archivo.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El diputado Fabrizio del Castillo Miranda (PRI) propuso en el Congreso del Estado, la creación de una Comisión Permanente de Análisis, Seguimiento y Evaluación Sobre la Aplicación, Desarrollo e Impacto de la Inteligencia Artificial, mediante la cual el poder legislativo asegure que los avances en esta materia sean contempladas y consideradas en todos los marcos normativos estatales.

Al presentar iniciativa de reformas y adiciones a la Ley Orgánica del Poder Legislativo, el Diputado del PRI aseguró que el poder legislativo debe tener una perspectiva del futuro que pueda anticipar y preparar, considerando los avances y acontecimientos que se presentan en torno a ciertas circunstancias sociales.

Refirió que la Inteligencia Artificial (IA) está próxima a hacer su total incorporación en la vida cotidiana, jurídica e institucional, por lo que su propuesta busca también socializar y concientizar a la población sudcaliforniana sobre los beneficios de incorporarla en la vida cotidiana, pero también, de los posibles riesgos.

La iniciativa establece que la comisión legislativa tendrá a su cargo las iniciativas de reformas, adiciones, derogaciones de leyes, puntos de acuerdo y/o reglamentos relacionados con el uso, impacto y regulación de la inteligencia artificial en Baja California Sur.

La vigilancia y regularización del uso de inteligencia artificial en redes sociales, medios de comunicación previniendo la desinformación y manipulación digital y los relativos a la protección de derechos fundamentales que puedan ser transgredidos con el avance de la IA o de las tecnologías emergentes.

Legislar en razón de datos de Internet o de material protegido por derechos de autor sin permiso explícito que pueden producir resultados muy similares, casi idénticos, que pueden violar los derechos del creador original.

Del Castillo Miranda precisó que en nuestro país, la adopción de la inteligencia artificial ha sido un proceso gradual pero creciente; instituciones educativas, empresas privadas y organismos gubernamentales han comenzado a incorporar estas tecnologías en sus operaciones, incluso algunos estados como Veracruz, a través de la Universidad Veracruzana, crearon el Centro de Investigación en Inteligencia Artificial.




Propone Diputada reformar Código Penal sobre violencia digital sexual, incluyendo IA

FOTOS: Archivo | Congreso del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). En respuesta al creciente uso de tecnologías avanzadas como la Inteligencia Artificial (IA) y la necesidad de proteger la intimidad sexual de las y los sudcalifornianos, la diputada Guadalupe Vázquez Jacinto, de Morena, presentó una iniciativa de reforma al Código Penal estatal, informa el Congreso del Estado.

La propuesta busca modificar el Código Penal, con el objetivo de sancionar de manera más efectiva la elaboración, divulgación, distribución y difusión no consentida de imágenes, audios, videos o cualquier otro tipo de contenido sexual o íntimo, incluso cuando este sea alterado o simulado a través de tecnologías avanzadas como la IA.

«La expansión de la tecnología ha traído grandes beneficios, pero también nuevos riesgos, especialmente en el ámbito de la violencia digital sexual. La modificación propuesta atiende la urgente necesidad de adaptar nuestras leyes a los avances tecnológicos para garantizar que las víctimas de este tipo de delitos reciban la protección adecuada», explicó la diputada Vázquez Jacinto.

La iniciativa también busca reconocer la violencia digital sexual, definiéndola como el acto de difundir sin consentimiento contenido sexual o íntimo a través de plataformas digitales. Asimismo, establece penas de prisión de tres a seis años y multas económicas a quienes cometan estos delitos.

La diputada subrayó la importancia de que esta reforma atienda la violencia de género en el ámbito digital, tomando en cuenta que las mujeres son las principales víctimas de estos delitos. Además, recordó que otros estados de la República Mexicana, como Sinaloa, ya han comenzado a legislar sobre el uso de la IA en estos contextos.

Esta reforma se alinea con la Ley Olimpia y otras iniciativas nacionales e internacionales que buscan sancionar la violencia digital y proteger la intimidad sexual de las personas, especialmente en un contexto donde el ciberacoso y la difusión no consentida de contenido íntimo son cada vez más comunes.

Fue planteada por estudiantes de la carrera de derecho de la Universidad Autónoma de Baja California Sur en su intensión de involucrar en el ejercicio de la profesión y aportación a su entorno.