Huracanes: ¿Estamos listos en BCS?

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Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). BCS, un paraíso donde el desierto se encuentra con el mar, enfrenta un dilema crucial. En plena temporada de huracanes, surge una pregunta inquietante entre sus habitantes: ¿estamos realmente preparados para enfrentar un fenómeno natural de la magnitud de Odile? Este huracán, que en septiembre de 2014 tocó tierra como categoría 3, dejó tras de sí una estela de destrucción. Más de 25,000 viviendas afectadas, daños en la infraestructura turística que superaron los mil millones de dólares y un impacto psicológico que aún persiste en la memoria colectiva.

La historia de los huracanes en esta región es rica, aunque trágica. En 1997, Javier, aunque menos intenso que Odile, provocó inundaciones y deslizamientos de tierra. Un mes después, Paulina dejó un saldo de 20 muertes y daños considerables. Sin embargo, la narración de desastres comienza mucho antes. La Michoacana, que en 1905 golpeó La Paz, fue devastador, causando miles de muertes. En 1974, Celia también dejó su huella, evidenciando la vulnerabilidad de la infraestructura local ante fenómenos de tal magnitud.

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En octubre de 1976, el huracán Elisa fue un evento meteorológico significativo que impactó BCS. Se formó en el océano Pacífico y tocó tierra en la península, afectando principalmente a La Paz. Alcanzó la categoría 1 en la escala Saffir-Simpson y causó inundaciones significativas debido a las intensas lluvias y los vientos fuertes. La infraestructura de la ciudad sufrió daños considerables, incluyendo viviendas y servicios públicos. Para controlar el nivel del agua en la presa de La Paz, se tomó la decisión de abrirla, lo que, aunque era necesario, contribuyó a las inundaciones en áreas cercanas. Elisa dejó una huella en la memoria de los habitantes, resaltando la vulnerabilidad de la región ante fenómenos meteorológicos y la necesidad de mejorar las medidas de preparación y respuesta ante desastres.

Zona de huracanes

Como puede verse, la geografía de BCS, con su costa expuesta al océano Pacífico y al Mar de Cortés, la convierte en un blanco fácil para los huracanes. A pesar de las mejoras en la infraestructura desde Odile, más del 40% de las viviendas en áreas costeras no están diseñadas para resistir aquellos intensos. Esta realidad plantea un riesgo inminente para sus habitantes. La falta de planificación urbana y la expansión desenfrenada del turismo han aumentado la vulnerabilidad de la región. La urbanización en zonas de riesgo y la deforestación limitan la capacidad del suelo para absorber agua, lo que puede resultar en inundaciones catastróficas.

Con la reciente cancelación del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), la incertidumbre se ha apoderado de gran parte de la población. Este fondo era vital para la reconstrucción y la atención de emergencias, y su ausencia compromete la capacidad de respuesta ante futuros huracanes, alimentando la sensación de desprotección. Las lecciones de los huracanes pasados son claras. La falta de comunicación entre autoridades y población fue evidente durante la crisis de Odile.

Vientos de cambio

La necesidad de un sistema de alerta temprana más eficiente y la importancia de la educación sobre la preparación ante desastres se han vuelto cruciales. Las comunidades que implementaron medidas preventivas, como refugios temporales y planes de evacuación, lograron mitigar el impacto del huracán.

Ante la inminencia de un nuevo huracán, BCS debe reforzar sus medidas de preparación. Es fundamental invertir en la construcción de viviendas resistentes y mejorar los sistemas de drenaje. La implementación de programas educativos que enseñen a la población a prepararse, incluyendo la creación de kits de emergencia, es esencial. Además, establecer un sistema de alertas accesible y realizar simulacros de evacuación ayudará a preparar a la población y a las autoridades locales.

La historia nos recuerda que la naturaleza puede ser implacable. No se trata de si un huracán volverá a golpear BCS, sino de cuándo lo hará. La preparación y la resiliencia son claves para enfrentar lo inevitable. La comunidad debe unirse, aprender de los errores del pasado y construir un futuro más seguro. La voluntad de sanar y reconstruir es lo que permitirá a Sudcalifornia resistir el embate de la tormenta, y quizás, salir más fuerte que antes. Sin embargo, la incertidumbre que rodea la cancelación del FONDEN añade un reto adicional que debe ser atendido con urgencia por las autoridades y la colaboración de todos los sectores de la sociedad.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




La noche en que las láminas volaron. Crónica del huracán Jimena

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Colaboración Especial

Karla Malibé Amaya Bravo

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). Las láminas azotaban contra la barda a medida que se desprendían. Las ventanas temblaban. Toda la familia reunida en una habitación, permanecíamos juntos, en la oscuridad. Este 2024, se cumplen 15 años del devastador huracán Jimena que arrasó con los municipios de Comondú, Loreto y Mulegé en Baja California Sur; y Guaymas en Sonora del 2 al 4 de septiembre del 2009. A su paso dejó cinco fallecimientos, miles de damnificados y cientos de millones de pesos en daños materiales según las autoridades.

En Baja California Sur, es normal, cada año escuchar sobre ciclones y huracanes. Creces familiarizado con eso, pero no todos se quedan grabados en la memoria. En 2003 recuerdo los huracanes Ignacio y Marty, en 2006 fue el huracán Jhon, por lo que conoces el protocolo: 1) comprar mandado, 2) tener agua purificada, 3) comprar lámparas o veladoras y 4) tener gas suficiente. En mi casa, estábamos listos.

Láminas voladoras, vidrios temblorosos

En la madrugada del 2 de septiembre del 2009 —por ese entonces yo sólo tenía 12 años— me despierta el ruido de las láminas de un techo exterior chocando contra la barda, a medida que la intensidad del viento las levantaba provocando un estruendo constante. “¡Taz, taz, taz!”, una lámina voló. “¡Taz, taz, taz!”, otra lámina está por irse. Para este punto de la madrugada, toda la familia estábamos despiertos, reunidos en una habitación acompañados con la oscuridad de la noche, con un radio que a veces permitía escuchar reportes y un profundo olor a humedad.

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Aviso No. 20 del Archivo Histórico del National Hurricane Center. 2 de septiembre a las 7:00 am, el centro de Jimena esta sobre tierra en la desembocadura del Río Comondú al SW de Puerto San Andresito, BCS. vientos máximos sostenidos de 160 km/hr. Avanzando a 20.9 km/hr.

Transcurrieron las horas, la incertidumbre aumentaba a medida que el viento continuaba rugiendo con ferocidad y el vidrio de la ventana temblaba al mismo tiempo que las láminas desaparecían. De pronto, el vidrio fue el que continuó en la lucha, temblando, pero valiente, porque las láminas se habían volado. No recuerdo la hora, aún no amanecía completamente y el viento había disminuido. Ahora entiendo que, quizá, en ese momento, el centro del huracán estaba sobre nosotros.

La puerta principal de casa de mis papás está orientada hacia el Este y está protegida por una barda lateral, ésto y la dirección de los vientos de Jimena, no permitían que las ráfagas impactaran la casa de frente. Por lo que, en ese momento de aparente tranquilidad, nos acercamos a la ventana frontal, y por pocos minutos pudimos apreciar cómo pasaban grandes pedazos blancos, como de hielo seco, por la calle, en dirección al Norte, siendo arrastrados por el viento, al igual que tapas de tinacos, entre otros objetos. También, alcanzamos a ver como el árbol de pirul que estaba frente a mi casa había sido derribado. Más tarde sabríamos que esos pedazos blancos eran de la tienda Súper Ley, porque con Jimena, hubo un antes y después.

Mis recuerdos posteriores son pocos, lo más probable es que una vez que el viento disminuyó, decidiéramos dormir. Por la tarde del mismo 2 de septiembre fuimos de las primeras colonias en recuperar la energía eléctrica, al vivir cerca de un hospital. Una vez que ya era seguro salir, una calle enlodada, un olor a tierra mojada, un aire fresco, un cielo grisáceo, un árbol caído y una banqueta levantada, adornaban la escena. En ese entonces, solía jugar, con una vecina, a balancearnos de una de las ramas del árbol que ahora se encontraba en el suelo. Era uno de nuestros juegos preferidos, brincar del carro hasta el árbol, balancearnos y soltarnos. Ese día terminó el juego.

Una ciudad sin Ley

Las láminas del techo exterior no estaban en su sitio, pero, al menos sí en el patio trasero, junto a otra lámina de domicilio desconocido. “Busco la tapa de mi Rotoplas” decía un vecino, “en mi casa está una lámina azul”, aseguraba la vecina; “ya vieron la Ley, quedó destruida, creo que va a cerrar”, murmuraban las personas. Súper Ley estaba irreconocible, y al ver su devastación repartió sus productos perecederos a las personas. Aquí no hubo rapiña. Los pedazos blancos que veíamos pasar: eran pedazos de la tienda Ley.

Dos o tres días más tarde, con reparaciones improvisadas con madera y mucha voluntad, esa tienda reabrió sus puertas —y nosotros pensando en que iban a cerrarlo. Años mas tarde, en 2015, Juan Manuel Ley López, presidente del Consejo de Casa Ley para el NOROESTE mencionaría que conel huracán Jimena la tienda ley de Ciudad Constitución afrontaría la devastación y se reconstruiría. Desde ese día, apenas hay amenaza de ciclón y en este negocio, inmediatamente, se observan maderas cubriendo los vidrios de la entrada.

FOTO: Enrique Borbón.

FOTO: Enrique Borbón.

Recorrer las calles fue toda una experiencia, puesto que la avenida principal, el Boulevard Agustín Olachea Avilés se convirtió en la zona de los cuatro altos adornados por semáforos. Jimena, molesta de tanto semáforo en la carretera —ese boulevard es parte de la carretera transpeninsular— decidió jubilarlos haciendo que esta principal vía de la ciudad estuviera con semáforos descompuestos por casi 15 años. Hasta este año, 2024, el semáforo de la calle Francisco I. Madero comenzó a funcionar. Aún hay muchos semáforos “adornando” nuestro boulevard.

Hubo bardas caídas, árboles, casas, postes, y hasta el estadio Vázquez Rubio tuvo grandes daños estructurales y se cayó gran parte de la barda. En la zona agrícola, hubo transformadores que cayeron al suelo y postería derribada. Algunas personas comentaban que, por la cantidad de estructuras caídas y daños materiales, quizás había ocurrido un temblor al mismo tiempo que el huracán, sin embargo, nunca se confirmó. Otros creen que Jimena, al impactar, era de categoría 3, debido a la fuerza de sus vientos; no obstante, los registros señalan que el centro de Jimena cuando toco tierra firme era categoría I, pero los vientos se comenzaron a sentir en Comondú cuando este huracán era categoría II.

La presencia del “Sur” en el nombre de nuestro Estado, no nos quita lo norteños, y al igual que con otros sucesos relevantes, Jimena pasa a formar parte de la música con el corrido “Huracán Jimena” interpretado por «El Chacal de la Sierra»: … Dicen que Jimena, no podía avanzar / Porque por el centro de Constitución, por el boulevard le dio por pasar / De tantos semáforos que se encontró, pues todos en rojo se vino a topar… Por otra parte, «Reflejo Norteño» tiene otra canción con el mismo título “Huracán Jimena” donde menciona la devastación de Múgele tras su paso …Mulegé se encuentra en ruinas, lo tenemos que aceptar…

Lo que el viento se llevó

CONAGUA informó que a las 7:30 horas del 2 de septiembre del 2009 el centro del huracán Jimena tocó tierra desembocadura del Río San Gregorio, siendo huracán de categoría I en escala Saffir-Simpson, con vientos máximos sostenidos de 140 km/hr y rachas de 165 km/hr. Tras su paso, Jimena dejó cinco pérdidas humanas (cuatro en Sonora, una en Baja California Sur). WRadio publicó que el entonces secretario general de gobierno, Luis Armando Díaz, mencionaba que Jimena ocasionó daños materiales por 301 millones de pesos, sólo en BCS. El periódico La Jornada menciona que en Guaymas las cifras de daños ascendieron a 200 mil damnificados, 8 mil desplazamientos y 10 mil hogares dañados, además de las vidas humanas.

En cuanto a lluvias, CONAGUA informa que en Ciudad Constitución, entre el 2 y 3 de septiembre de ese 2009, se registraron 345.6 mm de precipitación, casi el doble de lo que se registra en promedio al año. Por otro lado, en Guaymas, Sonora, del 3 al 4 de septiembre se acumularon 514.9 mm cifra que rompe el récord de lluvia por efectos de un huracán en tierra firme en 24 horas impuesto por Gilbert en 1988.

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Los 10 huracanes más impactantes en la historia de BCS (II). De Liza a Juliette

PORTADA: John Malmin / Interiores: Internet.

Vientos Huracanados

Por Jorge Alberto Garza Cossío “MetMEX”

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Baja California Sur posee una geografía singular que atrae fenómenos meteorológicos extremos como sequías, olas de calor, heladas, tormentas severas… y descomunales ciclones huracanes. Continuando con la entrega anterior, en esta ocasión te presentamos la segunda de tres partes sobre los diez huracanes más poderosos en la historia del Estado. Para leer la primera parte DAR CLIC AQUÍ. En esta ocasión, hablaremos sobre los huracanes más impresionantes en la historia reciente de BCS.

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Liza

El huracán Liza ha sido el peor desastre natural en la historia de Baja California Sur. Se generó a partir de una zona de disturbio al Sur de las costas de México el 25 de septiembre de 1976. Lentamente fue intensificándose, y hasta el día 26 de septiembre logró ser tormenta tropical. Las condiciones atmosféricas y de las temperaturas de la superficie del mar fueron favorables, por lo que Liza se convirtió en huracán categoría 1 en la escala Saffir-Simpson el 27 de septiembre, pero fue hasta el 30 de septiembre que alcanzó su intensidad máxima como un huracán categoría 4 con vientos sostenidos de 225 kilómetros por hora y rachas mayores en su centro y una presión mínima central estimada de 948 hPa.

Liza fue perdiendo intensidad mientras ingresaba al golfo de California. El 1 de octubre el centro de este poderoso huracán pasó a 84 kilómetros al Este de La Paz, y finalmente fue a tocar tierra justo al Norte de Los Mochis, Sinaloa, con vientos sostenidos de 185 km/h y rachas de 230 km/h como huracán categoría 3.

De acuerdo con el Centro de Predicción Hidrometeorológico, Liza dejo lluvias ligeras a moderadas con acumulados estimados de hasta 25.4 milímetros en La Paz (aunque la estación meteorológica del SMN en la ciudad reportó 137 mm de lluvia); El Cajoncito reportó 180 mm; Los Robles, 68.4 mm; Los Divisaderos, 266.4 mm; San Antonio, 247.8 mm; El Triunfo, 259 mm; Los Planes, 170 mm; El Carrizal, 108 mm; y San Bartolo, 425 milímetros.

Esa gran cantidad de lluvia en zonas montañosas al Sur y Oriente de la ciudad de La Paz causó que el agua de la presa de la Buena Mujer rebasara su capacidad. Una pared de agua de 1.5 metros terminó venciendo el dique, y el escurrimiento de tanta cantidad de agua avanzó por el arroyo El Cajoncito, mismo que pasa por la parte sur de la capital de Baja California Sur, donde en ese entonces miles de familias vivían en casas de madera y cartón.

Aunque el huracán Liza no tocó tierra en Baja California Sur, se reportó gran destrucción en Cabo San Lucas, San José del Cabo, Punta Arenas, La Ribera y Pichilingue. Sobre lo que aconteció, te recomendamos leer este relato de primera mano, de una de las sobrevivientes.

Kiko

Al contrario de donde normalmente suelen formarse los ciclones tropicales, a partir de ondas tropicales que salen de África o de bajas presiones al Sur de México, en esta ocasión Kiko, en 1989,se formó a partir de una sistema convectivo de mezoescala o lo que viene siendo tormentas generadas por el Monzón Norteamericano.

Estas tormentas salieron del estado de Sinaloa el 23 de agosto para ingresar sobre la parte centro-sur del golfo de California, para el 24 las lluvias y tormentas eran cada vez más fuertes concentrándose en la parte central de la baja presión que ya se estaba formando. Gracias a estimaciones de imágenes de satélite se determinó que el 25 de agosto se había formado una depresión tropical a 185 km al sur de Mazatlán, Sinaloa; de hecho, operacionalmente no fue declarada depresión si no que inmediatamente alcanzó a ser tormenta tropical con el nombre de Kiko con vientos sostenidos de 65 km/h.

Las condiciones atmosféricas y temperaturas por arriba de los 26.5°C sobre la superficie del mar fueron detonantes para que Kiko se intensificara rápidamente, sin importar que se localizara muy cerca de tierra. El día 26 por la mañana, logró ser huracán categoría 1, y para la noche del mismo ya era un huracán categoría 3 con vientos sostenidos de 195 km/h y una presión mínima central estimada de 955 hPa.

A pocas horas de llegar a tierra en BCS, Kiko logró ser un huracán categoría 4 con vientos sostenidos de 215 km/h, pero una vaguada (baja presión alargada) que se formó al Norte comenzó a debilitar a este sistema tropical, por lo que al momento de impacto, muy cerca de Punta Arena, en el municipio de La Paz, ya presentaba vientos sostenidos de 185 km/h. Lo pequeño de este huracán y su contacto con tierra hicieron que se degradara muy rápido, y una vez que logró salir al océano Pacífico se degradó a una débil depresión tropical que se disipó el 29 de agosto.

La información de variables meteorológicas fue realmente poca la que se logró registrar, debido a lo “compacto” de los vientos del huracán Kiko, además que su impacto fue en una zona de muy poca población. En el poblado de Aguacaliente, Norte del municipio de Los Cabos, se registró 304 mm de lluvia, cerca del Aeropuerto de Cabo San Lucas se registró vientos sostenidos de 76 km/h y ráfagas de 101 km/h. Numerosos daños fueron reportados, como varios árboles y postes de energía eléctrica caídos. Mil 300 personas en la ciudad de La Paz fueron evacuados a diversos albergues.

Juliette

Juliette fue un huracán de categoría 4 de larga duración, causando la muerte de 12 personas y daños materiales de 553 millones de dólares cuando impactó Baja California Sur a finales de septiembre de 2001.

Su formación inició cuando una onda tropical procedente de África cruzó todo el océano Atlántico y casi 15 días de recorrido, dicha onda tropical generó a la depresión tropical 9 en el mar Caribe, el 19 de septiembre; este sistema se disipó el 20 de septiembre, al no tener las condiciones adecuadas para su evolución. Fue el 21 de septiembre que los remanentes de dicha depresión tropical lograron cruzar al océano Pacífico y se convirtió nuevamente en depresión, pero en esta ocasión en diferente cuenca. Las condiciones le fueron favorables para una rápida intensificación por lo que el 22 de septiembre se convirtió en tormenta tropical bautizándola con el nombre de Juliette. Mientras se movía paralelo a las costas del Pacífico Mexicano, logró ser huracán categoría 1 con vientos sostenidos de 120 km/h la tarde del 23 de septiembre, lo interesante fue que el pico máximo de intensidad se registró ese mismo día, de ser categoría 1 por la mañana alcanzó la categoría 4 por la tarde.

Al llegar a su pico máximo de intensidad, Juliette comenzó a tener cambios en intensidad y para el 24 de septiembre se degradó rápidamente a categoría 2, y nuevamente el 25 de octubre alcanzó la categoría 4 en la escala Saffir-Simpson con vientos sostenidos de 230 km/h y rachas mayores en su centro.

Una extensa vaguada comenzó a modificar la trayectoria de Juliette, así que en poco tiempo ingresó a temperaturas del mar muy por debajo de los 26.5°C, lo que ayudó mucho a que perdiera intensidad rápidamente hasta quedar en una débil tormenta tropical. Debido a que las bandas de nubosidad externas del ciclón tropical abarcaban las zonas cálidas del golfo de California influenciaron para que sus nubosidades presentarná mejor organización y así lograr ser huracán categoría 1 nuevamente el 29 de septiembre.

Después de estar varios días muy cerca del sur de Baja California Sur con una trayectoria errática, en la que era muy difícil localizar el centro real de Juliette, logró ingresar a tierra muy cerca al Norte de Cabo San Lucas cerca de las 5 de la tarde del 29 de septiembre; así permaneció en tierra en las próximas horas debilitándose rápidamente, salió al golfo de California cerca de Mulegé y finalmente se disipó el 3 de octubre.

Aunque Juliette no fue un fuerte ciclón tropical al tocar tierra en BCS, los daños fueron mayores debido a lo errático de su trayectoria y al número de horas que se mantuvo muy cerca de las costas dejando una cantidad importante de lluvia en el municipio de Los Cabos, el registro máximo de lluvia en México durante el paso del huracán Juliette fue de 1011 mm en Caduaño, municipio de Los Cabos; otros acumulados de lluvia importantes fueron: 826 mm en San Bartolo; 811 mm en Yeneka; 687 mm en Santa Anita; 686 mm en La Candelaria; 620 mm en San Felipe; 610 mm en Las Cuevas; 454.5 mm en Santiago; 432 mm en San José del Cabo; 395 mm en Cabo San Lucas; 372 mm en Todos Santos; 369.1 mm en San Antonio; 348 mm en El Pescadero; 326.8 mm en San Antonio; 324.3 mm en La Ribera; 309 mm en El Triunfo; 228.5 mm en El Sargento; 199 mm en La Paz; y 40 mm en Puerto Adolfo López Mateos.

En la siguiente y última entrega descubriremos cuáles son los ciclones tropicales más fuertes y recientes en Baja California Sur, así como datos interesantes en cuanto a lluvia y viento. No te pierdasla próxima entrega de Vientos Huracanados.

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Los 10 huracanes más impactantes en la historia de BCS (I)

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Vientos Huracanados

Por Jorge Alberto Garza Cossío «MetMEX»

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La posición geográfica en la que Baja California Sur se ubica —en la parte sur de la península de Baja California—, la hace especial para el registro de fenómenos meteorológicos extremos tales como sequías, olas de calor, heladas, tormentas severas, y lo más importante: el embate directo de los ciclones tropicales. En este artículo te presentamos la primera de tres partes sobre los diez huracanes más poderosos en la historia de BCS.

¿Sabías que Baja California Sur es el Estado de México con el mayor número de impacto directo de ciclones tropicales (depresiones tropicales, tormentas tropicales, huracanes), y Los Cabos el municipio con el mayor impacto de estos fenómenos? De 1950 hasta el 2018, BCS tiene en sus registros 26 huracanes tocando tierra y 34 tormentas tropicales, esto da un total de 60 ciclones tropicales (sin tomar en cuenta a las depresiones tropicales por lo que el número se elevaría hasta 90 impactos).

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La temporada de ciclones tropicales en el océano Pacífico Nor-Oriental inicia oficialmente el 15 de mayo y finaliza el 30 de noviembre, aunque no es de sorprender que ciclones tropicales se formen los primeros días de mayo, o que aún se mantengan activos los primeros días de diciembre. El registro adecuado de los ciclones tropicales en el Pacífico inició en 1949 por Estados Unidos, trabajo que sigue realizándose por parte del Centro Nacional de Huracanes de Miami, Florida (NHC – National Hurricane Center, por sus siglas en inglés).

Esto no quiere decir que antes de 1949 no se haya tenido afectación, de hecho, existen algunos registros y anécdotas de ciclones tropicales en las décadas de 1910 y 1920, incluso se habla de que en el año de 1793 la construcción de la Misión de San José del Cabo Añuití fue destruida por una inundación que pudo tener relación con un ciclón tropical, o el posible ciclón a mediados de octubre en 1697 que hizo que uno de los dos botes que salieron de las costas de Sinaloa hizo que tardara hasta un mes en llegar a las costas de Baja California Sur debido a los daños que sufrió la embarcación.

Dicho todo lo anterior, comenzaremos a presentarte una lista de los ciclones tropicales más importantes en la historia de Baja California Sur. Es importante señalar que algunos de éstos carecerán de ciertos datos como variables meteorológicas o datos estadísticos en cuanto a daños en aquellos antes del año de 1949.

El huracán sin nombre de 1918

Importante ciclón tropical que impactó Baja California Sur dejando 25 muertes, la mayoría en San José del Cabo; importantes daños en la ciudad de La Paz; así como lluvia estimada de 20 pulgadas (508 mm) en El Triunfo. Se desconoce la intensidad real del ciclón tropical por falta de variables meteorológicas en tierra. En este enlace puedes encontrar más información.

Huracán de Cabo San Lucas (1941)

El huracán de Cabo San Lucas en 1941 es considerado como el peor ciclón tropicalen afectar Cabo San Lucas. El huracán fue reportado por primera vez el 8 de septiembre a las afueras de las costas de México. Su movimiento de traslación era lentamente al Noroeste mientras incrementaba su intensidad. Para el 9 de septiembre alcanzó la intensidad de una tormenta tropical con una presión mínima central reportada de 1001.4 hPa.

Su movimiento de traslación continuó siendo muy lento entrando al Golfo de California. Finalmente tocó tierra en el municipio de La Paz con vientos sostenidos de 135 km/h como un huracán categoría 1 en la escala Saffir-Simpson. De acuerdo con los registros, el huracán permaneció afectando la entidad hasta que se degradó el 13 de septiembre.

El huracán dejó 15 muertos a lo largo de BCS y muchos más quedaron heridos. El puerto de Cabo San Lucas fue arrastrado y destruido por las fuertes lluvias. El huracán destruyó la empacadora de atún. En general, este ciclón tropical es considerado uno de los peores en destruir la ciudad. Al poco tiempo de su impacto en la localidad todas las actividades que se realizaban cercanas a Cabo San Lucas cesaron, y durante la Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente abandonada, poco tiempo después de la guerra, la mayoría de los edificios destruidos por el huracán fueron reconstruidos. Después del este evento metereológico, Cabo San Lucas fue reubicado 1.6 kilómetros tierra dentro para evitar que sufriera daños por futuros huracanes.

Los fuertes vientos y las lluvias afectaron la parte centro y sur de Baja California Sur durante 48 horas, durando hasta el 12 de septiembre. Los fuertes vientos destruyeron las colonias más pobres en La Paz y pueblos cercanos. Santiago y El Triunfo fueron totalmente destruidos. Las fuertes lluvias destruyeron caminos por toda la península y dejó a miles sin hogar. Algunos acumulados de lluvia registrados con el paso de este fuerte huracán: Cabo San Lucas, 329.5 milímetros; San José del Cabo, 345 mm; Santiago, 103.8 mm; y La Paz, 26.8 mm.

Olivia (1967)

Olivia se formó como depresión tropical el 6 de octubre de 1967 a más de 1,500 km al sur de las costas de BCS. El 9 de octubre mientras seguía su movimiento de traslación al Oeste e luego al Oeste-Noroeste logró convertirse en tormenta tropical.Tocó tierra como tormenta tropical entre el 11 y el 12 de octubre un poco al Sur de Puerto Chale, en el municipio de La Paz; por sus fuertes vientos en altura, cruzó la península saliendo por la isla San José. El 13 de octubre, se convirtió en huracán categoría 1 mientras se encontraba en el Golfo de California, su movimiento de traslación fue al Norte y luego al Noroeste bordeando las costas del municipio de Loreto. Debido a su pequeño tamaño y a las temperaturas favorables en la superficie del mar en el golfo, Olivia logró ser un huracán categoría 3 por seis horas con vientos sostenidos de 201 km/h. Con esa misma intensidad tocó tierra por segunda ocasión en BCS, esta vez lo hizo en el municipio de Mulegé entre el 13 y 14 de octubre. Aunque no se reportan daños materiales, si dejó 61 muertos tras su paso por el Estado.

Lluvias acumuladas por el huracán Olivia: Loreto 105.5, mm; San José del Cabo, 44 mm; El Triunfo, 23 mm; Mulegé, 20.1 mm; San Ignacio 20 mm; y La Paz, 3.8 mm.

Este mes, no te pierdas la segunda y tercera parte de este artículo, con el recuento de los huracanes más poderosos en la historia de Baja California Sur.




A un siglo del huracán de 1918. Un desastre con decenas de muertos en BCS (II)

Colaboración Especial

Por Luis Domínguez Bareño

 

La Paz, Baja California Sur (BCS).Este 15 de septiembre se cumplió un siglo de uno de los mayores desastres que se hayan registrado en Baja California Sur —entonces Distrito Sur—, contabilizándose al menos 25 muertos en la región de Los Cabos; ésta es la segunda y última parte de este amplio reportaje. Para leer la primera parte dar clic AQUÍ.

Una información al respecto, realizada en el año de 1929 en la publicación Monthly Weaher Review, editada por Alfred J Henry, da cuenta de 18 ciclones tropicales de tamaño considerable que afectaron al Pacífico Nororiental de 1895 a 1928. Este informe es importante porque habla de que el huracán de 1918 no tocó tierra sudcaliforniana en el Sur, sino que rozó por el Este de Los Cabos, por el Golfo de California, pegándose a la costa, pasando a unos 50 km al Este de Cabo Pulmo, a unos 40 km al Este de La Paz, para después perder fuerza y tocar tierra ya debilitado en un punto un poco al Sur de Loreto.

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Esta versión del paso paralelo a la costa sudcaliforniana tiene sentido si pensamos que el reporte de destrozos en La Paz que presentamos afirma que la ciudad capital resintió el viento más fuerte del Norte y Noreste, de haber tocado tierra en San José primero, entonces los ataques más fuertes a La Paz se hubieran dado por el este y luego el Sureste; otro punto importante es la información que remite el barco Coos Bahia, el cual, por las coordenadas que señala y la hora en que se encontraba ahí, entonces debía haber recibido mucho más intenso el temporal, como de un huracán y no como tormenta tropical como reportó. Además la investigación de Henry es 11 años después del huracán cuando se tenían más datos del evento que en 1919 año en que salió el informe de Tingley. Estos tres hechos respaldan la versión de que el ciclón no tocó tierra en Los Cabos sino que siguió de largo pegado a la costa. Sin embargo, hay una cuestión importante que le da solidez a la posible trayectoria que nos ofrece Tingley en su mapa de 1919, y esto es la inmensa destrucción de San José del Cabo, la cual hubiera sido difícil ver si el huracán hubiera pasado a unos 100 km de la ciudad como sugiera Henry en su estudio de 1929.

Recientemente, gracias al amigo Alfonso Nava, hemos obtenido el informe que redactó para la Dirección del Servicio Meteorológico Nacional el encargado de la estación meteorológica de La Paz. En este informe se habla de que durante el 16 y 17 de septiembre de 1918 azotó el Distrito Sur un fuerte ciclón que duró 16 horas y causó daños de consideración, especialmente en las siembras que estaban muy adelantadas. Menciona que, desde el día 15 se tuvo una caída de la presión de 1017 a 1003 hectopascales. El temporal comenzó a sentirse en La Paz a las 20:45 hrs. del día 16 llegando viento arrachado del este a 45 km/h, dominando las nubes tipo cumulus, cumulonimbus y nimbus que corrían del Norte al Oeste, «desgajándose en una gruesa lluvia».

A las 23:40 hrs. del mismo día 16 el viento se cambió al Noreste y aumentó a 96 km/h, para las 01:45 hrs. del día 17 el viento se vino del Norte mucho más fuerte, menciona el encargado de la estación que ya los vientos eran de huracán y fue imposible tomar la medida de los mismos debido a que no se podía sostener de pie en la azotea del Palacio Municipal donde tenía instalado el anemómetro. Señala que la máxima intensidad del viento fue entre 3 y 5 de la mañana de ese día 17, a las 11:45 hrs. el viento cambió, viniendo del Oeste y, para las 13 hrs. ya venía del Suroeste, soplando así toda la tarde y noche del día 17. En cuanto a la lluvia, es destacable comentar que se realizó la medición a las 9 hrs. del día 18, teniéndose un acumulado de 162 mm. en 24 horas que duraron las precipitaciones de huracán. Finalmente, el encargado de la estación, menciona que la caseta fue destruida completamente, volándose algunos aparatos como e termómetro, tambié refiere daño severo a la veleta y el anemómetro.

Según documentos de la época y resguardados en el Archivo Histórico «Pablo L. Martínez», el Presidente Municipal de La Paz informa de la pérdida de diversas embarcaciones: El bote “Enrique IV”, Balandra “Dora”, Bote “Luis II”, Pailebote “Dawn”, Bote “Cortés”, Pailebote “Sorpresa”, Balandra “Cometa”, Pailebote de gasolina “Baltic”, Balandra “Matilde”, Balandra “Juanita”, Balandra “Sirena”, Balandra “Mariposa”, Bote “Zarina”, Balandra “Presidente Kruger”, Bote “Fantasma”, Bote “Rival”, Bote “Federico”, Balandra “Nereida”, un Bote de resguardo y el Bote de la Capitanía de Puerto, igualmente fueron destruidas la Balandra “Santa Teresa”, y Botes “Adán y “Julieta” que se encontraban dedicados a la pesca en la Isla Espíritu Santo; de serio deterioro resutaron afectados los Pailebotes “Raúl y “San Antonio, Vapor “Precursor”, Pailebote “Santa Elena”, Pailebote “General Rosales”, Pailebote de gasolina “General Joffre”, Pailebote “Eureka”, Pailebote “Tornado”, Pailebote Progreso”, Pailebote “Churruca”, Pailebote “Consuelo” y otro Bote más.

Aparte de estas embarcaciones destrozadas total o parcialmente en la ensenada de La Paz, hubo algunas que naufragaron en el Golfo de California, el 22 de octubre de ese año, mediante oficio del secretario general del Gobierno, Francisco López Cortés, se instruía al capitán del Puerto de La Paz que mandara entregar al Presidente Municipal, y depositar para uso en el Hospital Salvatierra, las mercancías sobrantes de las expediciones que salieron, tanto al Norte como al Sur de la península, en búsqueda de náufragos tras el temporal.

El presidente municipal de San José del Cabo, Rodrigo A. Castro, también escribe al entonces Gobernador del Distrito Sur de la Baja California y señala lo siguiente:

En la mañana del 17 se nos presentó en general un cuadro de miseria y de ruina, la agricultura terminada por completo, árboles, palmeras, plantíos de caña y demás que había en las huertas todo destruido; el arroyo nos trajo una avalancha de agua que llevó consigo en su impetuosidad algunas víctimas…; las conocidas hasta este momento son: dos, en este lugar: tres, en el pueblito de San José Viejo; cinco, en el de Santa Catarina: una el de Las Ánimas; otra en el rancho de Los Encinitos, estos muertos por habérseles caído las casas encima; y además se encontró el cadáver de una señora y el de una niña en un punto de la costa llamado La Salina, al Este del puerto; agregando que resultaron muchas personas lesionadas en distintas formas, algunas de ellas bastante graves. Las casas en genera de todos estos lugares, destruidas quedando muy contadas en pie algunas. El cuadro de miseria es tan desastroso que todas las clases sociales, en una palabra, están incapacitadas de reconstruir o reparar sus hogares. La iglesia de este lugar completamente destruida; las torres y estación inalámbrica totalmente destruidas; los edificios escolares de toda la municipalidad destruidos: la casa municipal amenazando ruina por hacerse cuarteado la torre del reloj público que se desplomará de un momento a otro y trayendo el consiguiente peligro de trabajar allí en las oficinas de la Tesorería y Secretaría, sus tapias, cárcel pública derrumbados; el rastro municipal, la estación del agua potable, el Jardín público, todo destrozado totalmente. El Juzgado Menor y la Aduana Marítima, con muchos desperfectos. El comercio sufrió enormes pérdidas, las bodegas con depósitos de mercancías y víveres derrumbados casi por completo, quedando muy pocos víveres que pudieron salvarse.”

Desde el municipio de Santiago también escribía en términos catastrofistas su Presidente Municipal al señalar: El ciclón que ha ocasionado tanta ruina, dio principio a las nueve de la noche del día 16. Un viento huracano del rumbo del Este, sopló hasta las once de la noche…la oficinas públicas del telégrafo, correos, escuelas, todo está destruido en este lugar y en Miraflores, en una palabra, el municipio de Santiago está herido de muerte y sólo podrá subsistir con el auxilio de elementos extraños. Urge auxiliar al pueblo para acudir a sus necesidades que son tanto más apremiantes por estar interrumpidas las vías de comunicación y no existir ningún lugar cercano a donde se pueda ir en demanda de auxilio…Los archivos de las oficinas no existen, pues el viento rompió puertas y techos destruyendo todo…El Ayuntamiento de Santiago, en nombre del pueblo que representa, solicita la ayuda de sus hermanos para subvenir a las necesidades de los menesterosos, hace un llamamiento a los sentimientos de humanidad de sus compatriotas en procuración de los auxilios que necesita.

Del municipio de San Antonio, con su cabecera municipal en El Triunfo, el presidente municipal F.G. Cota señalaba: El día 16 del mes en curso se desató en esta Municipalidad un ciclón el cual duró no menos que treinta y seis horas y durante este lapso de tiempo causó grandes estragos dejando muchas familias pobres sin hogar y ni siquiera casas en buen estado a donde pudieran alojarse por haberse destruido; hasta este momento sólo tiene que lamentarse la muerte de una señora que murió aplastada por el derrumbamiento de una casa…ha quedado este pueblo de El Triunfo, al igual que el de San Antonio, en un estado lamentable.

El presidente municipal de Todos Santos informaba: Hónrame participar a usted que el día 16 en la noche del mes en curso, azotó en este pueblo, un fuerte huracán, quedando en gran parte la población sin hogar y sin alimentos, pues la impetuosidad del viento derribó muchos jacales, chozas y aún casas bien construidas de material; en vista de esta situación, determiné que los damnificados ocuparan la Escuela Nacional de Niñas y la iglesia del lugar, cuyos edificios, dada su estructura, prestaron y prestan las garantías necesarias…el pueblo de Pescadero que arrasado en su totalidad…teniendo que lamentar en dicho lugar la muerte de la señora Encarnación Salgado, quien pereció en los escombros de una casa que derribó el huracán.

Ni la solidaridad de algunos comerciantes locales al proveer de manera gratuita de alimentos a la población, ni los esfuerzos del Ayuntamiento ni del propio Gobierno del entonces Distrito Sur de la Baja California, fueron suficientes para contener la situación de desesperación y desamparo que se presentó en los días posteriores al paso del huracán. Gran parte de las viviendas fueron destruidas y la infraestructura urbana fue severamente afectada, los caminos estaban intransitables y, como menciona el entonces alcalde de San José del Cabo en su misiva, se derrumbó la torre inalámbrica que comunicaba con La Paz y el resto del Distrito Sur peninsular, además de las escuelas destruidas, la torre del reloj terminó viniéndose abajo días después, afectando la Presidencia Municipal. Hay una foto que deja ver la magnitud del desastre en toda su crudeza, y esta es la de la Iglesia del pueblo totalmente desmoronada, el edificio comenzó a ser levantado en el año de 1730 por el padre Javier Nicolás Tamaral (1687-1735), de la orden jesuítica. Es así que la edificación de la que hoy se conoce como la misión josefina pertenece al siglo XX.

Sin duda los daños que dejó el huracán de 1918 fueron catastróficos e históricos, también los datos meteorológicos nos hablan de cuestiones históricas, por ejemplo de que el pueblo de El Triunfo recibió más o menos 508 milímetros de precipitación durante el paso del huracán. Cantidad excepcional de lluvia que sólo ha sido recibida en nuestra media península tras el paso o máximo acercamiento de huracanes mayores. También la marea de tormenta en la ensenada paceña fue catastrófica, pues todos los navíos que se encontraban frente a la ciudad habían recalado, precisamente, por la seguridad que ofrece el puerto paceño ante los ciclones, el récord de marea de tormenta lo tiene el paso de Liza en 1976 con variaciones de hasta un metro en La Paz y Punta Prieta, el ciclón de 1918 generó algo parecido. Todos estos datos nos llevan a pensar que el de 1918, es altamente probable que se tratara de un huracán categoría 3 ó 4 en la actual escala de huracanes Saffir Simpson, por lo cual este ciclón dejó vientos sostenidos en el Sur de la península de por lo menos 180 km/h y rachas mayores a los 200 km/h, con lo cual estaría integrándose a la lista de huracanes mayores que han tocado tierra en Sudcalifornia durante los últimos cien años y sumándose al de 1941, Olivia en 1967, Kiko en 1989 y Odile en 2014. Aventurándonos en la especulación, podríamos postular que Baja California Sur, recibe en promedio 5 huracanes mayores por siglo, uno cada veinte años; otro dato bastante interesante, que nos podría sugerir cierta regularidad en el paso de estos monstruos por nuestra tierra.