Exportadora de Sal de Guerrero Negro: auge, crisis y un futuro incierto en la mayor salinera del mundo

FOTOS: El Independiente | Peninsular Digital.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El paisaje de Guerrero Negro, en el norte de Baja California Sur, parece detenido en el tiempo. Desde el aire, enormes espejos blancos reflejan el sol del desierto: son las salinas de la Exportadora de Sal, S.A. (ESSA), una de las mayores instalaciones de producción de sal marina del mundo. Durante décadas, este complejo industrial no solo transformó el entorno natural de la laguna Ojo de Liebre, sino también la vida de miles de familias que encontraron en la sal un motor económico. Hoy, sin embargo, ese paisaje es también el escenario de una crisis profunda. Lo que alguna vez fue un símbolo de éxito industrial y exportador enfrenta una combinación de problemas estructurales, decisiones políticas, conflictos laborales y desafíos ambientales que ponen en duda su viabilidad futura.

La historia de ESSA se remonta a mediados del siglo XX, en un contexto de expansión industrial y demanda global de materias primas. El 7 de abril de 1954, el empresario estadounidense Daniel K. Ludwig obtuvo una concesión del gobierno mexicano para explotar los salitrales de la laguna Ojo de Liebre. La elección del sitio no fue casual. La región ofrecía condiciones ideales: alta salinidad, clima árido y grandes extensiones de planicies costeras aptas para la evaporación solar. El proyecto incluyó la construcción de infraestructura portuaria, estanques de evaporación y sistemas logísticos que permitieron escalar la producción a niveles industriales. En pocos años, la salinera se convirtió en la más grande del mundo. Para la década de 1970, alcanzaba producciones cercanas a los cinco millones de toneladas anuales, consolidándose como un actor clave en el mercado internacional. El crecimiento de ESSA dio origen al propio poblado de Guerrero Negro, fundado en torno a la actividad salinera. La empresa no solo generó empleo, sino que estructuró la economía regional, convirtiéndose en el eje de la vida social y productiva.

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El éxito de ESSA no puede entenderse sin considerar el contexto global. Durante la segunda mitad del siglo XX, la sal era un insumo estratégico para industrias como la química, la alimentaria y la deshielación en países del norte. En 1973, el gobierno mexicano adquirió la mayoría de las acciones de la empresa, asociándose con la corporación japonesa Mitsubishi, que se encargó de la comercialización internacional. Esta alianza resultó clave. Japón se convirtió en uno de los principales destinos de exportación, junto con Estados Unidos, Corea y otros países de la cuenca del Pacífico. Durante décadas, ESSA mantuvo una producción estable cercana a los 7 u 8 millones de toneladas anuales, posicionándose como líder global en la industria de la sal marina. El modelo parecía exitoso: una empresa estatal con participación privada, integrada a los mercados internacionales y con una base productiva sólida. Sin embargo, bajo esta aparente estabilidad se acumulaban tensiones que con el tiempo se volverían evidentes.

Diversos reportes y registros documentan que, desde al menos la década de 2010, la empresa enfrentaba problemas de gestión y controversias administrativas. Casos de irregularidades en contratos, compras y manejo de recursos evidenciaron debilidades en su gobernanza. A ello se sumaba una dependencia estructural de mercados externos, particularmente del japonés. Esta dependencia hacía vulnerable a ESSA frente a fluctuaciones de precios y decisiones comerciales de sus socios. Además, el modelo productivo, basado en grandes extensiones de evaporación solar, implicaba retos ambientales. Desde finales del siglo XX, organizaciones ambientales señalaron impactos en los ecosistemas de la laguna, considerada santuario de ballenas grises y biodiversidad marina. Estos factores no provocaron una crisis inmediata, pero sentaron las bases de una fragilidad estructural que se haría evidente en el siglo XXI.

En febrero de 2024, el gobierno mexicano completó la nacionalización de ESSA al adquirir el 49% de las acciones que pertenecían a Mitsubishi. La operación, valuada en alrededor de 1,500 millones de pesos, fue presentada como una oportunidad para fortalecer la empresa y recuperar el control estratégico de un recurso clave. El discurso oficial apuntaba a un nuevo comienzo. Se esperaba que la nacionalización permitiera mejorar la gestión, aumentar la producción y garantizar beneficios para la economía regional. Sin embargo, los resultados no tardaron en generar preocupación.

A poco más de un año de la nacionalización, los indicadores muestran un deterioro significativo. La empresa acumula millones de toneladas de sal sin comercializar y enfrenta una caída drástica en sus exportaciones. Mientras que en años anteriores se exportaban hasta 8 millones de toneladas, en 2024 las ventas cayeron a 4.2 millones, el nivel más bajo registrado. La situación es aún más crítica en términos operativos. Reportes recientes señalan retrasos del 50% en la cosecha y más del 60% en las ventas, además de periodos de paralización inéditos en décadas. Este descenso tiene múltiples causas. Por un lado, la pérdida de mercados internacionales tras la salida del socio japonés ha dejado a la empresa sin una estrategia clara de comercialización. Por otro, la decisión de no reducir precios para competir ha provocado acumulación de inventarios, afectando la liquidez y la operación. A estos factores se suman conflictos laborales y tensiones con ejidatarios, quienes denuncian incumplimientos contractuales y falta de diálogo.

La crisis de ESSA no es solo un problema empresarial. En Guerrero Negro, la salinera es el principal empleador y motor económico. Se estima que miles de familias dependen directa o indirectamente de su operación. La reducción de la producción y la incertidumbre laboral han generado preocupación en la comunidad. La posibilidad de recortes, suspensión de actividades o incluso cierre parcial tendría consecuencias devastadoras para la región. Además, la caída en la actividad económica impacta a sectores vinculados, como el transporte, los servicios y el comercio local.

La crisis también tiene implicaciones ambientales. Expertos advierten que la inactividad de ciertos estanques puede alterar ecosistemas únicos, ricos en microorganismos y especies endémicas. La laguna Ojo de Liebre forma parte de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, reconocida por su biodiversidad y como sitio de reproducción de la ballena gris. El manejo inadecuado de residuos salinos o la interrupción de procesos controlados podría afectar el equilibrio ecológico, con consecuencias aún poco estudiadas.

El caso de ESSA plantea preguntas más amplias sobre el papel del Estado en la gestión de recursos estratégicos. Durante décadas, el modelo mixto con participación privada permitió mantener competitividad internacional. La nacionalización, aunque buscaba fortalecer la soberanía económica, ha evidenciado dificultades para sostener operaciones en un mercado global altamente competitivo. Analistas señalan que la falta de experiencia en comercialización internacional y la ausencia de alianzas estratégicas han limitado la capacidad de la empresa para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado.

El futuro de ESSA dependerá de decisiones que deberán tomarse en el corto plazo. Entre los escenarios posibles se encuentran:

  • La reactivación de mercados internacionales mediante nuevas alianzas comerciales.
  • La modernización de procesos productivos y logísticos.
  • La implementación de políticas ambientales sostenibles.
  • La renegociación de relaciones laborales y sociales.

Sin embargo, el tiempo juega en contra. La acumulación de inventarios, la pérdida de confianza en los mercados y el deterioro financiero podrían agravar la situación si no se toman medidas oportunas.

La historia de la Exportadora de Sal de Guerrero Negro es, en muchos sentidos, la historia de México en el último siglo: un país que apostó por la industrialización, la apertura al mercado global y, más recientemente, la recuperación del control estatal sobre sus recursos. Durante décadas, ESSA fue un ejemplo de éxito. Transformó un desierto en un centro productivo de escala mundial y dio sustento a una comunidad entera. Hoy, sin embargo, enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia. La combinación de factores económicos, políticos y ambientales ha puesto en evidencia las limitaciones de su modelo. El desafío no es menor. Se trata no solo de salvar una empresa, sino de redefinir el papel de un proyecto estratégico en un mundo cada vez más competitivo y complejo. En Guerrero Negro, el brillo blanco de la sal sigue reflejando el sol, pero detrás de esa imagen, se libra una batalla silenciosa por el futuro de una de las industrias más emblemáticas de México.

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Gobierno de BCS reúne a partes de conflicto en Exportadora de Sal para acuerdos

FOTOS: Mauro Alberto Malaga León / Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El gobernador Víctor Manuel Castro Cosío sostuvo este jueves reunión de trabajo con Moisés Poblanno Silva, director general de la Exportadora de Sal, S.A. de C.V. (ESSA); Luis Martín Pérez Murrieta, secretario general del Sindicato Industrial de Trabajadores Salineros, Marineros, Maquinistas, Cargadores, Similares y Conexos de BCS; trabajadores de la empresa y miembros de dicha agrupación, se da a conocer a través de un comunicado del Gobierno del Estado.

Durante el encuentro llevado a cabo en la Sala de Gobernadores de Palacio de Gobierno, el primer mandatario acordó colaborar con las partes en conflicto, por lo que convocó a dialogar y encontrar la mejor solución, que brinde un equilibrio a los intereses de las corporaciones y propios colaboradores.

Castro Cosío destacó que lo más importante es considerar en el bienestar de todas y todos, tanto la operatividad de la empresa, mejores condiciones laborales para los trabajadores, así como para la actividad económica de la comunidad de Guerrero Negro.

En la reunión, tanto el líder sindical, como el director general de ESSA, plantearon su voluntad y disposición a trabajar juntos para encontrar respuestas satisfactorias. Con ello, la actividad en la producción de sal, retome la normalidad.

El Gobernador de BCS reconoció la disposición del gremio y de los directivos de la compañía para estar presentes con el propósito de atender puentes que lleven a acuerdos, recordando en este sentido que es una empresa histórica que ha otorgado sustento a miles de familias por generaciones.

Por otra parte, en este espacio, se dio a conocer que se tienen avances importantes en cuanto a la distribución del producto. A su vez, las partes dispusieron respetar las condiciones generales de trabajo, siempre y cuando la ley sea modificada. Si esto sucediera, deben aplicar los cambios correspondientes.

Castro Cosío llamó a fortalecer a la exportadora de sal, produciendo, transportando y comercializando de manera sustentable y eficiente, para generar economía y bienestar en la región. “Todo esfuerzo que se lleve a cabo, será bienvenido”, subrayó finalmente.




Se suma Diputada Lupita Saldaña a pedir destitución de Director de ESSA de Guerrero Negro

FOTO: Congreso del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). La diputada Lupita Saldaña Cisneros (PAN) urgió al Gobierno Federal a que resuelva la crisis laboral de la Exportadora de Sal (ESSA) de Guerrero Negro, así como que designe como Director General “a una persona con la sensibilidad y el perfil adecuado que permita recuperar la estabilidad laboral de la empresa”.

En sesión del Congreso del Estado, Saldaña Cisneros habló de ese conflicto laboral, advirtiendo que en breve podría estallar la huelga. “En los 70 años de existencia de la empresa, nunca había alcanzado tales niveles una confrontación”, dijo.

Saldaña Cisneros llamó a las y los legisladores federales sudcalifornianos a que promuevan la integración de una comisión de investigación de la empresa de participación estatal mayoritaria.

Al Gobernador de BCS pidió que se solidarice con los trabajadores de la Exportadora de Sal y que como integrante del Consejo de Administración, exija que se respete el contrato colectivo de trabajo. En tanto, al Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, le exigió la destitución del director de ESSA, Moisés Poblanno Silva, así como que se reúna con la representación de los trabajadores salineros, para que los escuche.

La legisladora de oposición, refirió que la falta de comercialización de la producción salinera que advirtió en tribuna en septiembre del año pasado, lejos de resolverse se ha agudizado,  lo que afecta no sólo a sus más de mil trabajadores y a los cinco ejidos que le rentan más de 40 mil hectáreas, sino que también afecta a la economía de toda la zona norte del Estado.




La corrupción que carcome a la salinera de Guerrero Negro

FOTOS: ESSA

Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Aún hoy, cuando se pregunta en donde está la salinera más grande del mundo, los sudcalifornianos orgullosos sin pensarlo mucho decimos: la salina de Guerrero Negro, en la frontera al norte de Baja California Sur.

Pero la historia de la salina más grande del mundo, va muy de la mano con la empresa Exportadora de Sal, S. A. o mejor conocida con el acrónimo de ESSA, sobre la cual, en noticias recientes, medios locales y algunos nacionales han publicado escándalos financieros, derivados de las malas administraciones del consejo directivo que se encarga de sacar adelante las finanzas de esta empresa paraestatal y sobre todo de presentar buenos números a la economía mexicana.

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La noticia que reveló la gravedad del asunto en la administración de las finanzas, se dio a conocer el día 09 de enero del presente año, donde se evidenció que de forma por demás incompresible se dejó de pagar a trabajadores sindicalizados, por primera vez en los más de 60 años de la existencia de la empresa; aunque unos días después se corrigió el error, según lo aclararon a los medios.

Lo contrario a privatizar es nacionalizar; en épocas recientes y de acuerdo a los discursos de los líderes populistas, la privatización es el peor cáncer para la economía de una país, pero con el ejemplo de las salina de Guerrero Negro, nos damos cuenta que tampoco las nacionalizaciones o dejar al Estado las administraciones de los medios de producción es sinónimo de desarrollo económico.

Para entender un poco la situación que se vive en la administración de la salina más grande del mundo, vamos a hacer un poco de historia.

En el año de 1954, el visionario y magnate de bajo perfil norteamericano, Daniel Keith Ludwig, observó que en las proximidades de la Laguna Ojo de Liebre se podían hacer grandes reservorios de agua salada y que, con la poca precipitación e intensidad de los rayos solares, se podían obtener grandes cantidades de sal evaporada. La llegada de Daniel K. Ludwig se debió a que tenía una gran flota de veleros y barcos de vapor, y realizaba recorridos por la costa oeste de la península de Baja California (la empresa se constituyó formalmente el día 7 de abril de 1954). En una zona completamente virgen de población y servicios, logró conseguir los permisos para la construcción de las primeras lagunas de evaporación de la sal y al mismo tiempo creó un poblado donde los trabajadores pudieran vivir de manera más o menos decorosa, al que llamaron Guerrero Negro.

Así iniciaba la pujante salina de agua marina sus operaciones, donde fue tal el éxito, que en los años sesentas se fue convirtiendo poco a poco en la salina con más producción de sal en el mundo, y la bautizó con el nombre de ¨Exportadora de Sal, S. A.¨, cuyo nombre aún persiste. Y así fue como se llegó al año de 1973, donde eran muy fuertes los rumores de la nacionalización por parte del gobierno centralista de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), lo que propició que el propietario decidiera vender todas las acciones a otra empresa y retirarse del negocio, y la empresa japonesa Mitsubichi (país al cual se vendía la mayoría de la sal extraída) decidió invertir en ella, pero la leyes mexicanas no les facultaban asumir el control total de la exitosa empresa y únicamente les permitieron quedarse con el 49% de la acciones; el restante 51% se lo quedó la dependencia gubernamental Comisión de Fomento Minero.

Con el proyecto ya bien definido y sobre todo, ya con una producción muy alta e ingresos económicos muy generosos, se inició la operación por parte del gobierno mexicano, en lo que puede decir que fue una nacionalización pacífica de la mayoría de las acciones de la empresa exitosa. Pero fue el inicio de una serie de irregularidades, corruptelas, compadrazgos en licitaciones y negociaciones en lo ¨oscurito¨ con las delegaciones sindicales; que con el tiempo y hasta la actualidad se han ido agravando.

La superficie de trabajo de la empresa es de 33mil hectáreas donde se produce una gran cantidad de sal, que se destina en su totalidad a la exportación principalmente a Japón y Taiwán, esto debido a que es la empresa Mitsubishi, socio de ESSA, maneja a su antojo las ventas, ya que en el acuerdo el gobierno de México produce sal y la vende a Mitsubishi, y esta empresa es quien finalmente decide el destino y, sobre todo, el precio final del producto.

Con los acuerdos anteriores, no tardaron los directivos de la empresa ¨paraestatal¨, en caer en el ¨canto de las sirenas¨ de la corrupción; por mucho tiempo la empresa Mitsubishi se encargaba en su totalidad de la compra, distribución y comercialización de la sal extraída, dejando en condiciones muy desfavorables al estado mexicano, ya que el gobierno no podía intervenir en la búsqueda de mercados y mucho menos en la negociación del precio final.

En una nota del periódico La Jornada del día 31 de diciembre del 2014, se dio a conocer que el gobierno mexicano a través de sus directivos (con un 51% de las acciones), vendían a 10.19 dólares la tonelada métrica a su socio extranjero Mitsubishi (con un 49% de las acciones), y a su vez la empresa vendía el producto final a 70.00 dólares la tonelada métrica. En una forma por demás ¨vendepatrias¨, los directivos en complicidad con el gobierno realizaban tratos muy desventajosos donde se descubrió que el costo de producción era de 15.25 dólares, o sea que como ¨buenos empresarios¨ los funcionarios federales vendían la sal a menor costo que su extracción, ocasionando con esto pérdidas millonarias al erario público.

Para poder limpiar la mala imagen que se tenía en esos años de los directivos, el gobierno cambió en su totalidad el consejo administrativo, quedando como director de la empresa Jorge Humberto López Portillo Basave, el cual fue destituido y encarcelado 2 años después por malos manejos, aclarando que estuvo únicamente 2 días en prisión porque extrañamente un juez ordenó su pronta liberación.

Ya en el gran cambio prometido en las elecciones del 2018, y con el triunfo del candidato Andrés Manuel López Obrador, se pensaría que por fin se iban a terminar los periodos de corrupción interna en la salinera, donde fue nombrado Nonato Antonio Avilés Rocha, personaje muy cercano al superdelegado de BCS y obviamente al presidente nacional. Después de casi dos años al frente, el pasado día 22 de enero tuvo que presentar su renuncia forzada debido a que realizó contratos muy lucrativos a empresas propiedad de su familia, las cuales según iban a comercializar el producto, a pesar de no tener la más mínima experiencia en el manejo de la sal.

La empresa ¨fachada¨ Agroarvi S.A. de C.V. (propiedad de sus primos hermanos) obtuvo contratos millonarios sin licitación y sin, como ya se dijo, experiencia alguna. Hasta la fecha, el consejo administrativo de Exportadora de Sal sigue sin presidente y los problemas económicos siguen creciendo, aunado a que se continúan las prácticas corruptas con el ¨socio¨ japonés en deterioro del erario mexicano.                                                                                         

Al parecer, cuando la salina iba a demostrar a México y al mundo su capacidad como una ¨supersalina¨ con la ampliación hacia la Laguna de San Ignacio a finales del siglo pasado, objetivo al que la empresa Mitsubishi le apostó mucho tiempo y esfuerzo hasta que el día 2 de marzo del año 2000 se le dio un rotundo no a sus pretensiones, quedó sellada y para mal la suerte de la empresa: el socio comercial dueño del 49% se desmoralizó y creo que optó por llegarle al precio a los ya ¨hambreados¨ directivos mexicanos, que se hicieron de un dinero propiedad de todos los mexicanos.

Como resumen final, cabe la pregunta: ¿es importante que el Estado asuma la administración de un medio de producción? O ¿debe de mal-privatizarlos a algún empresario mexicano, como se hizo con teléfonos de México (que aunque duela reconocer, es una empresa exitosa)?. Definitivamente la cuestión es muy sencilla, como si fuéramos empresarios que nos costó construir una empresa propia, hay que hacer bien las cosas y castigar con dureza los actos de corrupción, sean de quien sean.

 

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