Los dos rostros de Los Cabos

FOTOS: Gladys Navarro.

Cabo San Lucas, Baja California Sur (BCS). Son dos rostros completamente distintos. Uno es rubio y el otro moreno. Ambos vienen de lejos, aunque no por los mismos fines. Uno grita, goza, se emborracha, y se va; el otro suda, calla, sobrevive, y en su día de descanso hace una pausa, y olvida por un momento que el lunes regresará al hotel o a la obra, al supermercado, a esperar el transporte incómodo bajo los 40 grados, y recorrer a pie, otra vez, esa calle de tierra, obscura y peligrosa.

Es un domingo a mediodía. Los turistas estadounidenses caminan por la avenida el Paseo de la Marina, se ven relajados; ellas, con su cortito short de mezclilla y debajo el bikini fosforescente, y ellos, con el pecho descubierto, bermudas y sandalias. Ya el sol y el bronceador hicieron de las suyas y lo presumen. Mejillas y torsos bronceados, brillantes.

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Van en grupo o en parejas. Algunos van al tradicional “Mango Deck”, el restaurante de los concursos atrevidos a cambio de shots de tequilas, el favorito de los springbreakers que, año con año, poco antes de Semana Santa, llegan a adueñarse del puerto por unos días.

En “El Mango”, como también le dicen, ya comienza a sentirse el ambiente festivo, como cada día de la semana. Los automóviles rodean la glorieta y monumento al Pescador y buscan estacionamiento.

Ya adentro los meseros van y vienen y, hay que decirlo, lucen más animados cuando llegan a aquellas mesas que están ocupadas por grupos de extranjeros bronceados. Piensan en las propinas, quizá, que es donde mejor les va. Y allí están, morenos, delgados, no muy altos, sonrientes, veloces, suben y bajan la escalera que lleva a las mesas que están en la arena, las que tienen esa vista privilegiada al “fin de la tierra”. Varios de ellos, si no todos, tienen ya experiencia en la industria turística. Nacieron en Acapulco.

En ese espacio, entre mesas, platillos con ceviches, cocteles y pescados, nadie está triste. En un rato más alistarán los concursos, el animador se prepara. Allí nadie piensa en balaceras, la crisis o las elecciones. La temperatura que no cede, entonces lo esencial son las ambarinas, faltaba más.

En las calles del puerto los turistas caminan con seguridad y eso que no se observa ninguna patrulla. Apenas un par de gendarmes en la zona de la joyería Diamante que ha sufrido al menos tres robos. El más reciente en mayo pasado.

A simple vista, pareciera que pasó lo peor. Ya van poco más de cinco meses desde aquel 20 de diciembre de 2017 cuando Los Cabos llegó a las portadas  de los diarios y a los portales nacionales e internacionales: aparecieron colgados, simultáneamente, los cuerpos de seis hombres. Fueron dos en cada puente, en La Paz, San José del Cabo y en Cabo San Lucas.

Esa era la manera de recibir a quien apenas llegaba para fungir como procurador de Justicia del Estado, Daniel de la Rosa Anaya. Llegaba de Baja California, la tierra donde se estrenó esa violencia extrema.

Luego de  la noticia que puso a temblar a gobiernos, empresarios e inversionistas, vinieron los anuncios de más fuerzas federales, mesas de seguridad, planes especiales para los destinos turísticos.

Pero antes de esas fotografías que inundaron los medios de comunicación, las pugnas entre grupos criminales habían dejado a cientos de hombres y mujeres, incluso a niños asesinados. Tras los cuerpos colgados en los destinos que integran Los Cabos, comenzó, entonces sí, un drástico descenso en el número de homicidios.

“Hasta en un 90 por ciento”, presumió el secretario de Turismo, Enrique De la Madrid, en una visita reciente.

Los Cabos, con su San Lucas de desenfreno y su San José histórico, parece que es el mismo que se conoce desde hace años. Como si no hubiese vivido el año pasado la peor crisis de inseguridad en su historia, con cerca de 500 personas asesinadas y que, a decir de algunos empresarios y autoridades optimistas, “se está normalizando,”.

El destino mantiene una tarifa promedio de 286 dólares la noche (casi 6 mil pesos en promedio por noche) y el Gobierno estatal y federal presumen que se construyen casi 5 mil nuevas habitaciones que estarán listas entre 2018 y 2021, con todo lo que ello implica, más demanda de mano de obra y entonces de servicios, de tierra, casas, agua, alumbrado, transporte, paz, de todo lo que merece un ser humano que llega con sueños, con hambre y miedo, que debe dejar a su familia porque ya les levantaron un hermano o les mataron un hijo, o porque –como dice Miguel— “el trabajo ya no deja, a menos que seas sicario o narco”.

Como “Miguel”—así pide que le diga—, oriundo de Tlapa de Comonfort, pero residente en San Lucas desde hace 14 años, a este puerto siguen llegando diariamente 100 personas, según platica el secretario general de Cabo San Lucas, Jorge Luis Sánchez.

Muchos de estos nuevos residentes sanluqueños siguen haciendo la travesía hasta llegar a estas tierras sudcalifornianas. Vienen del emblemático Acapulco, cuya “Bahía del amor” inspiró a grandes, como a don Agustín Lara, con su “María bonita”. Lo hacen cargados de historias, y algunos incluso dudan en compartir que son de aquellas tierras sureñas. Están cansados de prejuicios. Así lo sienten. “Son los fuera”, se escucha decir con bastante frecuencia cuando se dirige alguna crítica hacia ellos.

—¿Y de dónde es, don Miguel?

—Soy de Guerrero.

—¿De qué parte?

—De un pueblito.

—¿Cómo se llama? Yo conozco un poco. Platíqueme.

—Tlapa

—Tlapa de Comonfort. De La Montaña. Muy bien. Pero ya es usted choyero, oiga. Ya tiene un buen rato aquí.

—Sí, ¿verdad?

Miguel es un hombre moreno, bajito y de ojos grandes. “Algo desconfiado”, dice él mismo. Cuida un estacionamiento en la zona dorada de San Lucas. Es cauteloso y de pocas palabras, pero entre las pláticas sobre las aficiones compartidas, como aquella por el pozole verde, las picaditas con quesillo, y las historias aquellas con alguno que otro mezcal entre pecho y espalda, don Miguel sí alcanza a platicar que la vida en Los Cabos no es de ensueño, no para ellos, “los de fuera”.

—No es fácil, hay que trabajarle, hay que sudar mucho. Le sufre uno mucho.

Y el año pasado, con la crisis de inseguridad, las cosas se volvieron más feas, aunque aún  —subraya— sin comparación a lo que le tocó ver en su pueblo y de lo que huyó.

Hoy el puerto luce en calma, de hecho, “lo peor” –platica— fue en San José del Cabo. “Por el bien de todos así debe permanecer”, concluye.

El problema es que muchos, oriundos o no, desconfían de esta tensa calma y padecen a diario su propia crisis.

***

Lilia y Yolanda son vecinas. Viven en la invasión Real Unidad, cuyo nombre no tiene nada ver con realeza, sino con la realidad.

Lilia llegó de Culiacán hace doce años. El dinero no alcanzaba. Así que decidió tomar el ferry y conocer Los Cabos, con su fama de tierra segura y llena de oportunidades.

Al llegar aquí se topó con la realidad: ganaba el doble que allá, sí, cerca de los 4 mil pesos al mes, pero no podía con las rentas de 5 mil pesos. Le tocó engancharse con los “vendedores” de terrenos irregulares que no son de ellos, pero saben de la necesidad de las personas y la ruta ilegal para formar nuevos asentamientos, incluso en zonas de peligro, como los cauces de arroyo.

Real Unidad está detrás de Bodega Aurrerá, apenas a unos metros de la avenida Leona Vicario que lleva hasta el aeropuerto privado de Cabo San Lucas o hasta el otro extremo, al paseo de la marina, aquel donde van caminando los turistas relajados decidiendo dónde comer.

Las últimas casas de la colonia colindan con la autopista de cuota, el libramiento Cabo San Lucas-San José del Cabo. Así recibe el destino a los turistas que toman esta ruta más rápida para llegar: un arroyo seco en donde se observan cuartos construidos con madera y cartón, que se deben levantar año con año porque los ciclones arrasan con ellos cada temporada.

Si alguna vez bajaran, los turistas conocerían con detalle el otro rostro de Los Cabos, donde viven quienes los atienden con una sonrisa.

El terreno es arenoso, las “casas” construidas con pedazos de lo que sea, algunas tienen un cuarto en obra negra. A medida que se avanza, son más los polines viejos que sostienen un montón de cables enmarañados que llevan la energía hasta sus cuartos.

La colonia tiene al menos 12 años.  Antes –platica Lilia— “de plano nos robábamos la luz”, pero a Comisión Federal de Electricidad no le quedó de otra que hacerles convenios para pagar una especie de cuota colectiva, que tampoco es barata, asegura.

—Nos cobran 700 pesos por dos familias. Por ejemplo, nosotros somos tres y con mi vecina son cuatro, pero prácticamente no estamos todo el día, nada más tenemos la tele y el refri. Mi vecina tiene una bocinita apenas.

Lilia añade que ella tuvo suerte porque fue a hacer el convenio para la luz son CFE hace un año, pero otras familias ya no alcanzaron.

—¿Qué les dijeron?

—Que no existimos, que la colonia no existe. ¿Cómo va usted a creer? ¡Pero si estamos aquí!

—¿Y el agua?

—Uy, esa es la batalla de siempre. Aquí el Ayuntamiento cuando quiere manda una pipa, y como no nos alcanza, tenemos que juntarnos entre varios y comprar una privada. Pero hablamos que hay familias un poco más grandes que pagan sus 100 pesos por un tinaco de 400 litros y no alcanza más que para uno o dos días.

La mujer comprende que están en una zona peligrosa, pero no tiene opción. No hay apoyos, no le alcanza para pagar créditos de 500 mil pesos por una casa, y la lista de espera para los apoyos del Instituto de Vivienda (INVI) no avanza. Así que en estos años, poco a poco, ha ido construyendo su casa de concreto.

—Lo que queremos es estar un poquito más seguros, de todos modos, si nos quieren sacar nos van a sacar, la tengamos de madera o de material.

A unos metros de su casa está un terreno que hace las veces de campo de fútbol, con llantas semienterradas y en donde se reúnen los aficionados para disfrutar de la tarde, aunque el sol les queme. Ya por la noche deben tener cuidado al volver a sus casas.

En esta colonia, como muchas más de San Lucas o San José, irregulares o no, el panorama es muy similar. No faltan los asaltos, los robos a las casas que la mayor parte del día están solas porque sus dueños tienen largas jornadas en los hoteles; tampoco faltan los vendedores de droga y los “halcones”, quienes caminan despacio y observan a los visitantes desconocidos, vigilando sus movimientos hasta que abandonan el terreno.

—¿Pasan patrullas por acá?

—Uy, señorita, no. Aquí hablamos a una patrulla y viene al cuarto día. Estamos jodidos.

—Pero si está cerca de la carretera…

—Pues sí, pero eso no importa, aquí no se pasa nadie. Y ahorita  hay más cholos. Viera qué peligro después de las siete de la tarde.

Las familias de las casas más alejadas, las de las orillas, son las que más han sufrido –dice—a cada rato les entran a robar. “Los agarran hasta dormidos”, cuenta. Y el año pasado también les tocó conocer los casos de dos conocidos que los levantaron y asesinaron.

—Al hijo de una subgerenta de Soriana se lo mataron acá abajo. Sí han pasado muchas cosas en toda esta área, solo que se sabe poco por el turismo. De eso se vive.

Ahora doña Yolanda quiere platicar su preocupación. Ella se encargó el año pasado de estar buscando apoyos en el Ayuntamiento para que les construyeran un parque, pero de nuevo la historia: son invasores. No existen.

—Teníamos un parquecito pero el ejido nos lo quitó. Fuimos a quitar el alambrado, barrimos y todo. No es nuestro, es cierto, pero si no le hacemos así, no hay donde jueguen los niños. De por sí, cada vez hay más vándalos…

Tocó puertas en varias dependencias, pero nadie le supo decir quién podría ayudarlos en su demanda: un parque para los niños.

—Al final, un vecino donó un columpio, cooperamos para pintar, le pusimos llantas. Era un basurero. Ahorita ya  no está tan bonito, pero mínimo que allí se entretengan un rato los chamacos.

La mujer dice que, con todo, ahora que no se han escuchado balaceras se siente algo más tranquila, pero teme que sea un asunto de tiempos electorales, por ejemplo, o que si existe una tregua, ésta se rompa.

—Ya sabe cómo se las gastan…

Muchos jóvenes de colonias como ésta comienzan el consumo de drogas a edades muy tempranas. El Gobierno del Estado reconoció el año pasado que en la entidad se tenía un serio problema por el consumo de la droga conocida como «cristal».

La Procuraduría General de Justicia del Estado ha informado con mayor frecuencia de decomisos de cientos de dosis de droga, pero a decir de muchos ciudadanos en este puerto, la realidad es algo distinta.

Un lanchero que ofrece tours al famoso arco de Cabo San Lucas platica la dinámica conocida.

—Aquí encuentras lo que quieras y así va a seguir. El gringo viene a eso, a disfrutar con todo. Eso sí, mientras mantengan las cosas tranquilas porque a nadie le conviene el desorden. Por eso lo frenaron.

Son las 4 de la tarde, el Paseo de la Marina conduce a la famosa playa de “La Empacadora”, también conocida como “Acapulquito” o, de plano, “La de los pobres”, como dice el joven que trae cargada su carreta de cacahuates y gomitas.

El cerro del Vigía es su guardián. Allí permanecen vestigios de la empacadora de Elías Pando, que hacia la segunda década del siglo XX se convirtió en una de las principales fuentes de trabajo para toda esta zona. Cerró justo en 1979, al arranque de la actividad turística a gran escala. Los Cabos se convertiría con los años en lo que es hoy, un lugar todavía atractivo para turistas, pero también para cientos de personas que buscan mejorar su calidad de vida, teniendo que abandonar sus raíces.

Pero en La Empacadora, quienes todavía siguen disfrutando del agua cálida, no tienen tiempo de pensar en el desarrollo, ni en los retos, ni los riesgos, ni los excesos, ni en los equilibrios. Es su día de descanso. Trabajaron toda la semana construyendo hoteles o limpiando cuartos, atendiendo locales, sirviendo bebidas, planchando, barriendo calles, y deberán volver en un rato a sus colonias en el viejo autobús, antes que obscurezca porque se pone peligroso.

Algunos ya levantan sus sombrillas de colores, muchas de ellas rentadas, y rodean el sector naval que está allí mismo. Van hacia la parada de autobuses, sandalias en mano, toalla al hombro, torsos morenos descubiertos.

Allá van, concluyendo otra jornada, ahora la de descanso. Disfrutando como se puede, con lo que se tiene; disfrutando una de las pocas playas donde el acceso no está restringido o no les ponen tantos “candados” para entrar, donde no les hacen mala cara.

En su camino de regreso también se encuentran la entrada al Pedregal, la zona exclusiva de residencias valuadas en millones de dólares. Desde aquí se observa el contraste del puerto, cabeño, ese que prevalece aunque los homicidios hayan descendido, aunque no se escuchen balaceras. Persisten las condiciones de desigualdad, de miseria, las víctimas de una visión de gobierno y de desarrollo.

Al menos dos rostros se encuentran en Los Cabos: disfrutando de una playa “privada”, quienes se hospedan en Ventanas del Paraíso, uno de los hoteles más caros, ubicado a la mitad del corredor turístico, en donde las habitaciones pueden costar de 50 mil a 80 mil pesos por noche, y, por otro lado, quienes ocuparon tierras que no son de ellos, porque no había más, que deben trabajar largas jornadas y el domingo de quincena, si pueden, se escapan a La Empacadora.

Los turistas tienen su Centro de Atención  y Protección que se construyó el año pasado, tras las alertas de viaje emitidas por el Gobierno estadounidense, ante el aumento de homicidios. Allí los visitantes son atendidos con amabilidad, reciben orientación y pueden levantar denuncias.

Los habitantes de San Lucas y San José deben aguantar las emergencias con una policía que no rebasa los 500 elementos, para una población de más de 300 mil habitantes. En las colonias como Real Unidad, no hay comandancia ni pasan patrullas con regularidad. Entonces, ¿será como platicó Lilia?: “para ellos, para el gobierno no existimos”.




La Sonrisa del Jaguar

 

Ius et ratio

Por Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Ana* tiene un año dos meses de edad. Nació con una malformación congénita: debido a la fusión incompleta de los procesos maxilar y naso medial durante su etapa embrionaria, nació con labio leporino y paladar hendido.

El labio leporino o labio de liebre, como se denomina etimológicamente, debido a que dicho roedor tiene el labio superior dividido, se caracteriza por la presencia de una o dos fisuras en el labio superior. El paladar hendido es una grieta entre la boca y la cavidad nasal.

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Si Ana hubiera nacido en la Europa del siglo XIV, es probable que hubiera vivido estigmatizada y marginada de manera cruel y sistemática, pues entonces se tenía la convicción de que esa condición al nacer era un castigo divino.

Ese mismo prejuicio llegó a Mesoamérica gracias a la influencia de los conquistadores, y todavía en el siglo XXI en México, existe la creencia popular de que se trata de una secuela derivada de enfermedades venéreas, relacionadas con la prostitución.

En la mitad de la Europa moderna, Ana ni siquiera hubiera nacido. En el Reino Unido, esta condición congénita es causa suficiente para abortar, en el llamado “aborto cosmético”, que puede practicarse en cualquier etapa de la preñez, pese a que el paladar hendido y el labio leporino no son considerados deficiencias serias.

En contrapartida, si Anita hubiera nacido en Becán (hoy Campeche) en el 600 antes de Cristo, hubiese sido tratada con absoluta deferencia, y muy probablemente hubiera disfrutado de una vida privilegiada por ser un personaje vinculante con la divinidad.

El Dios Jaguar llamado Balam en la cultura maya, era uno de los dioses más reverenciados. El depredador más poderoso del continente americano fue divinizado por todas las culturas precolombinas con registro documental, desde el paralelo 28 a la tierra de la Patagonia.

En la cultura maya, si un niño nacía con labio leporino, era considerado hijo del Dios Jaguar. Si era una niña la que nacía con tal condición, era considerada probable esposa del Dios Jaguar. En el caso de los niños, era herencia divina, en el caso de las niñas, era el resultado de un beso con el que el dios la marcaba como su favorita y por ende, potencial consorte.

La sonrisa del menor, en ambos casos era conocida como la sonrisa del jaguar, y de algún modo reflejaba el beneplácito del Dios Jaguar con su pueblo.

Es asombroso como una simple condición fisioanatómica puede estigmatizar o divinizar a un ser humano, a partir exclusivamente de la interpretación sociocultural de dicha peculiaridad anatómica. Eres rechazado o reverenciado, a partir del significado que la voz popular le asigne a la peculiar característica física que te distinga.

Afortunadamente Anita nació en una modesta ranchería josefina, y fue inscrita en el programa de la fundación Smiles International Foundation que se dedica a establecer clínicas de atención y corrección de labio y paladar hendido en diferentes partes del mundo. En México tiene cuatro clínicas: Tecate, Baja California; Cabo San Lucas, Baja California Sur; Xpujil Calakmul, Campeche; y Playa del Carmen, Quintana Roo. Cada una de ellas trabaja en forma semestral por una semana. El Fundador y Presidente de la fundación es el doctor Jeffrey Mosses, y le acompaña su esposa Maribel Mosses, vicepresidenta de SIF.

Asisten a Cabo San Lucas, en abril y octubre de cada año. En abril del año pasado, atendieron a un total de 119 pacientes, realizaron 49 procedimientos quirúrgicos con un valor equivalente a 380 mil dólares, se registraron 53 pacientes con el tratamiento programado de los cuales 22 son infantes y entre ellos está Anita, quien fue operada exitosamente en octubre del año pasado.

Diversas organizaciones de la sociedad civil conforman un grupo denominado Comité Asesor de Smiles que se responsabiliza de recibir a los pacientes y de brindarles hospedaje y alimentación durante su estancia en Cabo San Lucas. Este año recibieron a una paciente de Cancún, otra de Los Mochis, y más de un centenar de pacientes de Baja California Sur.

Si conoces de algún caso de labio leporino o paladar hendido, no dudes en buscar el apoyo de la fundación que preside el doctor Mosses, y para ello sólo necesitas contactar a una de las asociaciones civiles locales que brindan el soporte logístico a tan encomiable labor, contactando vía WhatsApp al Sr Clicerio Mercado 6241477559, al doctor Gabriel Dorantes 6241004155; enviando un comunicado al correo electrónico [email protected]; o directamente a la fundación en la página: smilesinternationalfoundation.org

*El nombre de la paciente es ficticio, los hechos son reales.




Voltaire y el desprecio a los chúntaros de Los Cabos

FOTOS: Cortesía.

Colaboración Especial

Por Xire Gal

 

Cabo San Lucas, Baja California Sur (BCS). Hay cosas en las que por varias razones no creo, pero que podría considerar posibles. No así darle crédito al destino como voluntad que de algún modo influye en los quehaceres diarios. Es respetable que algunas personas lo crean, pero por favor no se interprete de esa manera lo que a continuación voy a contar.

Motivado por el impulso que he venido sometiendo, de responder a una jugada de mala fe, buscaba en el Facebook viejas publicaciones sobre las fiestas que por tradición se realizan año con año en la cabecera y las delegaciones de este municipio de Los Cabos. Compulsivamente recorría los comentarios, en lectura rápida, y tomaba notas. Mi intención: recoger las voces ciudadanas. Entre tantos comentarios uno llamó mi atención haciendo que leyera pausadamente. Corregidos los errores ortográficos, se lee así: Pseudo-fiestas para chúntaros hediondos. Ja ja ja ja. Deben regresarse a sus puebluchos a morirse de hambre y dejar de contaminar nuestro pueblo. Y San Lucas jamás serán todos.

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Entré al perfil de quién lo escribió. Todo indica que es un perfil falso, lo que no me extrañó, el anonimato permite que se saque lo peor que hay dentro, protegiendo del juicio de los demás, no hay que olvidar que la moral es pública. El perfil no tenía una foto de que mostrara un rostro, no puede ser de otra manera: el odio no tiene rostro propio, esta injuria habla por muchos y por nadie.

Como tantos de los que habitamos estas tierras sudcalifornianas, vengo de fuera, soy un fuereño, un chúntaro. También, como muchos me he enfrentado a comentarios semejantes, con rostro y sin él. Por desgracia, el medio para hacerle frente casi siempre es con más odio, a través de su consecuencia práctica, la violencia.

Inquieto por la tempestad de ideas que me invadían, invite a un amigo para platicar. Acostumbro buscar las palabras de hombres y mujeres que considero ilustres, palabras que puedan encausar mi pensamiento a través del diálogo.

Lo cité en un pequeño café, a esas horas en las que no es habitual beber café (algo complicado en Los Cabos, aquí a todas horas se bebe). Al llegar me sorprendió que mi amigo ya estuviera esperándome en una mesa con dos tazas humeantes ya preparadas.

–Querido Voltaire, disculpa mi demora —dije, preocupado de que estuviera molesto.

Despegó la taza de sus labios. Sonrió levemente al tiempo que me hizo un ademán con la mano indicando que me sentara.

–No te preocupes. Dime ¿qué ocurre?

Hable de todo lo que había pasado; luego pregunté: en tu opinión ¿en qué estriba esta tendencia a odiar a aquellos que no se consideran parte del nosotros?

–Todos los hombres sería iguales, sino tuvieran necesidades. La miseria unida a nuestra especie subordina un hombre a otro; no se trata de la desigualdad, que es una desgracia real, se trata de la dependencia.

–Mucho se ha hablado, antes y después de ti, de esa miseria inmanente al ser humano. Que uses la palabra especie no es arbitrario, nuestras carencias inician en lo biológico y como tantas cosas después las (in)perfeccionamos. Tienes razón, eso que llamas miseria es el germen de nuestras pasiones, que traen consigo el fatuo juego del poder. En este juego, el que busca subyugar al otro reconoce esas miserias, sus carencias, “regresen a su pueblucho a morirse de hambre”, pero ¿reconoce las suyas? Sin duda lo hace, aquel al que intenta ponerle el yugo al cuello es su espejo, su rostro es el de las carencias que comparten. Me viene a la mente una líneas que le escribe Johannes a su amada Cordelia: Me dicen que sólo me amo a mí mismo. Y eso es cierto, pero tan sólo porque te amo a ti; al amarte sólo a ti, amo cuanto te pertenece y, en consecuencia, debo amarme a mi mismo. Pienso que para el sentimiento de odio sucede algo análogo, inversamente. Es decir, este reconocer la carencia propia en el Otro debería fomentar la idea de semejanza, de mismidad, entre ambos, mas ocurre lo contrario, lo que hace es acrecentar su desprecio, a toda costa se busca negar al otro y con él lo que le espejea. Se odia en el otro lo que se reconoce como parte de sí mismo. Sin embargo, de nuevo te pregunto ¿cómo librarse de esto?

–El género humano, tal y como es, no puede subsistir, a menos que exista una infinidad de hombres útiles, que no posean nada de nada; ya que, ciertamente, un hombre satisfecho no abandonaría su tierra para venir a trabajar la nuestra.

Estaba a punto de beber de mi taza cuando escuché estas últimas palabras, fueron un golpe doloroso. Es una constante en los reproches que se nos hace a quienes venimos de fuera, esas palabras contienen el “San Lucas nuca serán todos” del comentario anónimo. El fuereño, por mucho que se esfuerce no se apropia de la tierra a la que la necesidad lo obligó a huir, y el nativo no puede dejar de sentirlo ajeno a una tierra que en realidad sólo existe en sus memorias. El insulto tiene un doble fin, recordar que nunca será la tierra del que viene de fuera y ayuda a creer que sí es la del nativo. Lo que duele en insultos de esa calaña es que efectivamente el que deja su tierra lo hace porque no se estaba satisfecho, hubo que dejar lo que no se tenía en busca de tener algo. Por mucho que duela, el insulto revela esa verdad, y tiene fundamentos. Desarticula y acorrala, y ¿qué animal —incluidos los racionales— acorralado, no responde con agresividad?

Tranquilamente pregunté:

–Esta insalvable diferencia entre el que es de aquí y el que es de allá, entre el nativo y el de fuera, las añoranzas arraigadas y desarraigas de ambos, ¿justifican las manifestaciones de odio que uno y otro se dirigen?

–Está claro que todo particular que persigue a un hombre, a su hermano, porque no es de su opinión, es un monstruo.

– ¿Cómo ver al Otro como hermano, o siquiera como amigo?

–La amistad es un contrato tácito entre dos personas sensibles y virtuosas. Digo sensibles, ya que un monje, un solitario puede no ser malvado en absoluto y vivir sin conocer la amistad. Digo virtuoso, ya que los malvados no tienen más que cómplices… Los negociantes tienen socios… Los príncipes tienen cortesanos, sólo los hombres virtuosos tienen amigos —prosiguió Voltaire.

–Te sigo en lo que dices. La verdadera amistad, o cualquier otro tipo de vínculo amoroso, sólo es posible cuando la relación deja de tener un carácter instrumentalista, cuando el otro dejar de ser un medio para cubrir una necesidad. Ojalá la cosa fuera tan fácil como se dice, la verdad es que el proceso de humanizar al otro para entenderlo como parte del nosotros trae consigo una multiplicidad de complicaciones éticas, psicológicas, pragmáticas… E incluso estéticas. Yo empezaría por buscar erradicar la perversión que busca hacer del nosotros un yo – yo, cuando debe ser un yo – tú. Es poco productivo querer hacer al otro un igual.

–La igualdad es, pues, a la vez la cosa más natural y al mismo tiempo la más quimérica.

–Si algo enriquece este mundo es la diversidad. Muchos discursos en la actualidad predican partir en la búsqueda de una falsa igualdad en lugar de partir de reconocer nuestras diferencias. La consecuencia, cuando no se encuentran las igualdades se responsabiliza al otro por no ser como yo.

–La discordia es el gran mal del género humano, del que la tolerancia es el único remedio.

Justo iba a hablar cuando el vecino de la mesa de junto se disculpó por estar atento a lo que platicábamos, lo que calificó de grosero, por lo que se disculpo por segunda vez. Dijo llamarse Karl Popper y nos pidió que le permitiéramos decir algunas palabras sobre la tolerancia.

–Hay una insensatez, la intolerancia, difícil de tolerar. En realidad, es aquí donde encuentra su límite la tolerancia. Si concedemos a la intolerancia el derecho a ser tolerada, destruimos la tolerancia.

Pensé para mis adentros. Cuánta verdad, el ejercicio de la tolerancia tiene un límite. En este proceso de integración entre los que son de aquí y somos de allá nos encontraremos con situaciones difíciles de reconciliar. Unos y otros debemos tolerarlas. Lo que no debe permitir ninguna de las partes es tolerar a los que no tienen intención de razonar y que sin importarles en lo más mínimo su prójimo lo trasgreden, violentan, niegan, ningunean, y hasta aniquilan. Agradecido por las enseñanzas, no me quedó otra que pagar nuestra cuenta y la de ese buen hombre.

FUENTES:
VOLTAIRE. Diccionario Filosófico. 2010. México D.f. Editorial Fontamara. Pág. 340
KIERKEGAARD, Sören. Diario de un seductor. 2014. México D.F. Gandhi ediciones. Pág. 144.
POPPER, Karl. Tolerancia y Responsabilidad Intelectual.



En la Playa del Amor, en la víspera del Año Nuevo

FOTOS: Internet.

Colaboración Especial

Por Leónidas Alfaro Bedolla

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). Sentí la calidez del sol en la cara, y eso me hizo despertar. Abrí los ojos y lo primero que vi, fue un gran pelícano que sereno volaba con sus enormes alas distendidas, lo seguí y eso me hizo reconocer el lugar donde estaba, era la Playa del Amor de Cabo San Lucas. De pronto no recordé como es que había llegado hasta allí, no me preocupé por que en verdad, no tenía nada importante que pudiera hacer que me levantara. Me senté, vi que ahí, nomás estirar la mano estaba mi mochila, hurgué y encontré mis cigarrillos, saqué uno de la cajetilla y lo encendí con un encendedor que la noche anterior había comprado en un Oxxo. Al dar la primera fumada recordé que al lugar había llegado con un grupo de amigos, cada quien llevábamos una pareja; dos botellas de tequila y una de wisky vacías, me dieron idea de la farra. No me extrañó estar solo, era mi costumbre quedarme dormido en las playas, y mis amigos también sabían que una vez dormido, nada podía hacer que me levantara. Seguí fumando.

De pronto, una gaviota apareció en el marco de mi vista, era una gaviota joven, mediana, ágil. Voló en redondo y se paró en lo más alto de la piedra que forma el arco, el Arco del amor. A unos pasos de ahí, está la Playa del Divorcio. Es increíble, a solo uno pasos estoy entre el océano Pacífico y el Mar de Cortés. Arriba a mi derecha está el gran acantilado, una pared enorme de rocas milenarias sobre ellas está construido el más antiguo de los hoteles de este punto que es El fin de la tierra, por eso se llama “Finisterra”. Lo conozco desde 1971.

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Un lanchero llegó, eran las 8:30 horas. De la lancha bajaron dos parejas que al momento se encaminaron hacia el arco. Llamé al lanchero, le extendí un billete y le pedí me trajera un six y una orden de ceviche. 45 minutos después ya disfrutaba, la cheve fue un bálsamo aliviador y el ceviche, reponedor. En aquella paz de 30 de diciembre, empecé a pensar que sucedería en el 2018; sacudí la cabeza porque de repente pensé en el día siguiente de las elecciones. ¿Cómo estaría mi país ese día?

Intentando despejar aquello que amenazaba con convertirse en una preocupación, encendí otro cigarrillo y me sumergí en las figuras que empecé a descubrir en aquella inmensa roca, allí estaban todas aquellas escenas del mundo: Eva y Adán desnudos, caminando serenos por el paraíso, pero más adelante, eran expulsados, habían probado el fruto prohibido. Luego, el primer caso terrible, Caín mata a su hermano Abel. Ahí estaba la imagen, uno  tirado, y el otro mirando con ojos de locura el arma asesina: una quijada de burro. Luego, la precesión de El Nazareno cargando la cruz, los soldados romanos azotándolo, y luego crucificado en el Monte Calvario. Fue terrible ver al soldado que le atravesó el pecho, y al final, él, suplicando a su padre. Tres días más tarde su ascenso… ¿Y después? Nacen los mercaderes de todo, pasan los siglos con sus guerras y la humanidad se acerca a los abismos. La primera guerra mundial -1914-, ahí está la fecha y las figuras de los que provocaron aquel primer encuentro, y en el segundo, las bombas atómicas que son lanzadas desde un avión estadounidense, van en picada y desaparecen Hirochima y Nagazaki; El Holocausto, las rocas se desprenden para manifestar la destrucción, miles de piedrecillas hacen la figura humana que se pulveriza en los aires, aires contaminados que dejan a Japón en ruinas.

Más allá, una parte de la gran roca está semioscura, muestra una serie de galpones a donde van entrando cientos de gentes, hombres, mujeres y niños. ¡Pero, por Dios, van desnudos! Soldados con sus cascos de acero, uniformes verde oliva, con sus rifles de bayoneta calada los empujan. Llevan a los prisioneros  a los crematorios. La Alemania Nazi escribe su historia negra. Pero no está sola, otra historia se está escribiendo muy cerca de ahí. El ruso José Stalin, con motivos que solo denotan la barbarie de su ego, lo conducen a inscribirse como el más grande asesino de su propio país: 6 millones de rusos son sacrificados por las purgas asesinas; han de servir para imponer en el pedestal la ignominia al zar del crimen.

Siento un breve mareo. Abro mi cuarta cerveza y me la empino. Siento un leve dolor de cabeza y me pongo el frío envase en la frente, eso me alivia. El  viento es fresco, hago un pequeño promontorio y recuesto mi cabeza, intento dormitar pero no puedo, la intensidad de las imágenes que tengo enfrente me retan a seguir buscando, dar con aquello que parece ser un recuento, grosso modo, de la historia del mundo. Doy otro intenso trago, y termino mi cheve; un eructo me hace voltear hacia los lados; no hay nadie, me recuesto y sigo viendo. En automático estiro mi brazo y saco la quinta, doy un trago lento, paladeo el suave amargo. El sol ha subido, pero sigue agradable.

Aquella imagen: edificios de multifamiliares, de pronto una luz de bengala. ¿Francotiradores? ¡Militares! ¡Disparos! Gente que corre despavorida, mujeres, niños, hombres, tropiezan y caen gritando; se tocan el pecho, la cabeza, el vientre; caen ¡muertos! ¡Los están matando! Un poco más allá: San Ignacio Río muerto Sonora, Santiago de los Caballeros Sinaloa, El Encinal Durango, El Halconazo, Acteal, San Fernando Tamaulipas, Tlataya, Ayotzinapa.

Aquí, en estas piedras milenarias, que son propiedad de los Cochimiés, Los Guaycuras y Los Pericués, está escrita la historia y destino del mundo, ¿Qué se registrará de aquí a julio 2018?

Leónidas Alfaro Bedolla. Escritor de: Tierra blanca, Por amor a Feliciana, Operación Paraíso y otros cuentos.

Señores Gobernantes, este país les exige que dejen de practicar la impunidad y la corrupción. ¡JUSTICIA! ¡JUSTICIA! ¡JUSTICIA! Para nuestro compañero y amigo JAVIER VALDÉS CÁRDENAS y los 130 asesinados en este sexenio.




Tragedia en Los Cabos por ‘Lidia’; al menos cuatro muertos confirmados

FOTOS: Cuauhtémoc Morgan.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), anunciado a través de su cuenta de Twitter, desde 1933 no se registraba en San José del Cabo la cantidad de precipitaciones que trajo la tormenta tropical Lidia, que hasta esta mañana ascendía a 670 milímetros luego de casi 30 horas de lluvia.

Hasta el momento, el fenómeno metereológico sigue avanzando, y hacia el mediodía de este 1 de septiembre, sus nubosidades aún cubren buena parte de la media península, esperándose lluvias en los municipios desde La Paz hasta Mulegé.

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Clima La Paz, a través de su cuenta de Facebook, publicó este mediodía, que la tormenta tropical Lidia estaría a 160 km al Noroeste de La Paz, cerca de Ciudad Constitución, con vientos de 95 km/hr y rachas de hasta 115 km/hr. «Saldrá al mar en las próximas horas en la costa del Pacífico entre Comondú y Mulegé, y regresará a internarse a tierra a la altura de Laguna de San Ignacio«, publicó. Según la misma fuente, hasta las 8:00 horas de este día, en la capital del Estado se registraron desde 61 mm de lluvias en la zona centro hasta 130 mm en la colonia El Mezquitito.

Muerte y silencio

Si bien, estas aguas traerán beneficios a los productores locales, y varios sudcalifornianos han esperado que con estas lluvias aminore el calor, Lidia ha transformado en tragedia el panorama al registrarse, oficialmente y hasta el momento, cuatro fallecidos en Los Cabos, entre ellos un menos de edad.

El Independiente publicó que Carlos Godínez León, subsecretario de Protección Civil del Gobierno del Estado, en entrevista radiofónica confirmó este número de decesos; se trata de dos hombres que murieron electrocutados, una mujer que cayó en un arroyo, y un niño de 2 años que se llevó un arroyo de los brazos de su madre, a quien supuestamente se le pidió integrarse a un albergue y no quiso.

«La falta de información oficial, ante instrucciones del Ejecutivo, ha generado desinformación y pánico entre los ciudadanos, quiénes han expresado su molestia e indignación ante la tardía respuesta de las autoridades por la incertidumbre ha generado en la población», cita allí Gilberto Santisteban Flores. Precisamente, desde ayer, reporteros se quejaron de este bloqueo de información por órdenes del gobernador, quien esperó a dar entrevistas hasta esta mañana en una radiodifusora local.

La periodista Gladys Navarro informó en El Universal que «Desde ayer el gobernador, Carlos Mendoza Davis, indicó que se proporcionaría información oficial sólo hasta que se convoque el Consejo Estatal, para evitar “confusiones”»; justo ayer, antes de tomarse esa postura oficial —que ha sido criticado por otros periodistas a quienes se les ha dificultado conseguir información—, entre los aspectos positivos que presumían las autoridades como medidas de prevención eran que «En Los Cabos, fuerzas federales resguardan cadenas comerciales y realizan patrullajes para evitar rapiña (…) CFE informa que no se tiene contemplado cortes de energía preventivos; sin embargo se han presentado fallas en algunas zonas (…) Pemex garantiza abastecimiento para 5 días en terminales, más el que ya disponen en los municipios (…) Sedena reporta activación de la fase de auxilio del plan DNIII en los albergues de La Paz y Los Cabos«, publicó la misma periodista en su red social.

Desplazados y turistas aguardando

Hasta hace un par de horas, el número de albergados reportado era de 15 personas en Mulegé, 3 en Comondú, 40 en Loreto, 1000 en La Paz y 3200 personas en Los Cabos; trascendió desde la noche de ayer, que habría unos 16 albergues y alrededor de 20 mil turistas refugiados en distintos hoteles. Los vuelos interrumpidos en los aeropuertos de La Paz y Los Cabos, es otra afectación que ha traído la tormenta al turismo.

Lo que ha sido innegable, hasta el momento y en especial en Los Cabos, es que la enorme cantidad de agua provocó daños irreversibles en viviendas, bienes y vehículos; se han reportado cortes de energía eléctrica desde ayer en zonas de La Paz y Los Cabos; a falta de algún organismo que precise estos datos —de momento, no lo hay—, ciudadanos en redes sociales y el esfuerzo de algunos periodistas locales por conseguir información, ha permitido dar a conocer la crítica situación de las familias.

IMAGEN: Facebook.

Se presumen otros fallecimientos aún no confirmados, uno de ellos es el caso de una enfermera en La Paz, y se advierten más desaparecidos en Los Cabos, lo que hasta el momento no ha sido confirmado; desde ayer mismo, vía redes sociales, ciudadanos cabeños se quejaban de que las autoridades no contestaban llamadas de emergencias, constando a este medio, al menos unas seis publicaciones donde pedían auxilio ante el peligro por crecidas de arroyos.

FOTOS: Facebook.

También fue confirmado la devastación de un edificio en la colonia Chulavista en Los Cabos, además, allí también, comenzaron a circular fotografías de presunta «rapiña», donde se ven a hombres cargando cajas de cerveza de un Oxxo, lo que vino a recordar este mismo fenómeno que se vivió en 2014 tras el huracán Odile. La tormenta tropical sigue este día, y habría que esperar en el transcurso de las horas o de los días, datos que precisen más información sobre los daños totales ocasionados.