¡Ya supéralo! ¿Tomar o no tomar terapia psicológica?

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Colaboración Especial
Por Pablo Chiw
La Paz, Baja California Sur (BCS). Empezamos por evaluar tu situación: ¿Qué te pasó? Muerte de un familiar, ruptura de pareja, infidelidad, fracaso profesional. Eso que te pasó “te hizo” algo, te generó algo, tuvo efectos que modificaron tu vida, tu forma de pensar, de sentir, de percibir. Si te trajo a terapia, muy probablemente hablamos de daños. Y todos esos cambios negativos en tu pensamiento, sentimiento o comportamiento, son los indicadores que nos dicen que no lo has superado.
El segundo paso es identificar plenamente cómo te afectó. Generalmente recurrimos a un esquema comparativo: antes y ahora. Seguridad-dudas, confianza-enojo, entusiasmo-desánimo, creatividad-neblina, deseo-apatía. Tenemos entonces un mapa donde podemos situar las zonas de conflicto.
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Ahora sigue integrar la experiencia. Entramos de lleno en una etapa de “compostaje”: las experiencias malas las procesamos para que nos sean útiles en nuestro proceso individual de desarrollo.
Es muy ingenuo pensar que el objetivo terapéutico consiste en regresar al paciente a un estado anterior al evento negativo “como si nada hubiera pasado”. Al contrario, es necesario que el paciente cambie. Recuerda que las malas experiencias bien analizadas también nos permiten crecer y florecer.
Te pongo un ejemplo muy sencillo: Jaime es muy blanquito, fue al Coromuel en agosto, sin sombrilla ni bloqueador. Nadó de 12 a 4 pm, se tomó seis cervezas y se quedó dormido de 4 a 6 pm. En la noche tuvo fiebre, ampollas y deshidratación severa. Jaime recuerda esa noche como traumática.
Sin terapia: Jaime no quiere volver a saber nada sobre la playa, descarta automáticamente la idea de volver, se pone de mal humor cuando se menciona la posibilidad. Ha decidido que él y el mar son incompatibles. De hecho, está pensando en dejar su trabajo e irse a un lugar de clima frío.
Con terapia: Jaime repasa la situación, habla de su día en la playa en múltiples ocasiones. La gente con experiencia le hace saber que para ir a la playa hay que estar preparado: sombrilla, bebidas hidratantes, bloqueador, camisa sintética de manga larga, visor, gorra. Jaime es receptivo y hace una lista. A pesar del temor, se da la oportunidad de intentarlo de nuevo, pero de otra manera: una manera más responsable y madura. Llega con todo el equipo y se la pasa genial. Vio delfines e infinidad de criaturas marinas. Ha decidido que ama el mar y entiende por qué La Paz es la ciudad más bonita del mundo.
En el primer caso no hay superación; en el segundo, sí. Y así es la vida: incluso el error, el dolor o el trauma podemos transformarlos en material de aprendizaje. El que aprende cambia, crece, evoluciona; pero quien no está en disposición de aprender queda en una bifurcación autolimitante o autodestructiva: evitación o repetición. Es decir, conformarse con mirar el mar desde la orilla o repetir la experiencia sin modificar nada y volver a despellejarse la espalda.
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