“Tierra de agua, tierra en riesgo”. El megaproyecto minero El Arco y su impacto en el Valle de los Cirios

FOTOS: Tomás Castelazo/Wikimedia Commons | Rincones de México | Congreso del Estado.
Tierra Incógnita
Sealtiel Enciso Pérez
La Paz, Baja California Sur (BCS). En el corazón del desierto mexicano de Baja California se extiende el Valle de los Cirios, un vasto territorio predominantemente árido que alberga uno de los mayores desiertos del país, amplias comunidades rurales, paisajes únicos —como el cardón gigante— y, sobre todo, un delicado equilibrio ecológico. Estas tierras no solo sostienen una biodiversidad endémica sino que también forman parte de áreas naturales protegidas, como el Área de Protección de Flora y Fauna “Valle de los Cirios”. Su extensión y condiciones han sido protegidas por decretos ambientales debido a su importancia biológica y cultural. En este contexto, la reciente intención de establecer una megamina a cielo abierto ha encendido la alerta de autoridades, académicos, activistas y pobladores locales.
¿Qué es el proyecto minero El Arco?
El proyecto “El Arco” es una propuesta de extracción minera promovida por Grupo México (a través de Mexicana del Arco, S.A. de C.V.), orientada a la explotación de cobre, oro y otros minerales en una vasta superficie del Valle de los Cirios, entre los estados de Baja California y Baja California Sur.
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Según la documentación disponible y declaraciones de autoridades locales, el proyecto contemplaría:
- Un tajo a cielo abierto de más de 50,000 hectáreas de extensión.
- Una vida útil de la mina estimada en 50 años.
- Procesos de lixiviación y extracción intensiva de minerales, incluyendo la posibilidad de producir hasta 190 mil toneladas de cobre y 105 mil onzas de oro al año.
Estas dimensiones convierten a El Arco —en palabras de legisladores y activistas— no solo en uno de los proyectos mineros más grandes en la historia de México, sino también en uno de los más polémicos por su ubicación y exigencias hidráulicas.
El agua como eje del conflicto
Si hay un factor que ha centrado el debate público y político sobre El Arco, ese es el agua: un recurso escaso, estratégico y, para muchos, esencial para cualquier posibilidad de vida humana y productiva en el Norte de Baja California Sur.
El Valle de los Cirios se apoya en un sistema subterráneo conocido como acuífero del Vizcaíno, una importante reserva de agua que abastece a comunidades como Vizcaíno, Guerrero Negro y el municipio de Mulegé en general. Este acuífero, según estudios y declaraciones de autoridades legislativas, se encuentra actualmente en equilibrio, es decir, no tiene capacidad extra para concesiones adicionales.
La preocupación central surge porque:
- El proyecto El Arco utilizaría alrededor de 9 a 10 millones de metros cúbicos de agua por año en sus procesos.
- Se estima que eso podría representar hasta el 50% del agua disponible en el acuífero si la mina opera a plena capacidad.
- Un uso intensivo de este volumen de agua pondría en riesgo el suministro para uso doméstico, agrícola y ganadero en el Norte de Baja California Sur.
Esta relación entre minería e hídrico ha convertido al agua en un símbolo del conflicto, no solo técnico, sino de derechos humanos: el agua potable como prioridad frente a cualquier explotación industrial.
Actores en la disputa: la política y la sociedad civil
El proyecto no es solo una cuestión técnica; ha generado movilizaciones políticas y sociales en varias instancias.
- Legisladores y el papel de Karina Olivas Parra
Una figura central en las últimas semanas ha sido la diputada Karina Olivas Parra, integrante del Congreso del Estado de Baja California Sur. En este mes, Olivas Parra promovió un punto de acuerdo para exigir que no se autoricen permisos al proyecto minero El Arco con base en argumentos ambientales, jurídicos y de derechos humanos.
En su iniciativa, planteó que:
- La SEMARNAT, la CONANP y la CONAGUA deben ser exhortadas a consultar pública y técnicamente la viabilidad ambiental del proyecto.
- Las autorizaciones no deben expedirse si se compromete el acceso al agua potable y se contravienen las restricciones del Programa de Manejo del Área Protegida.
- La prioridad debe ser la protección del derecho humano al agua por sobre cualquier interés extractivo.

La propuesta fue turnada a comisiones del Agua y de Ecología para su análisis y posible dictaminación, en un proceso que ha puesto presión política sobre las autoridades ambientales a nivel federal y estatal.
- Autoridades estatales
El gobernador de Baja California Sur, Víctor Manuel Castro Cosío, ha manifestado abiertamente su rechazo al proyecto, pese a que la mayor parte de la mina estaría en el estado vecino de Baja California. Castro ha reiterado que “el agua va primero que el oro”, y ha expresado su preocupación por los efectos que tendría sobre el acuífero del Vizcaíno, incluso fuera de los límites administrativos.
Este posicionamiento del Ejecutivo estatal ha agregado un peso político considerable a la discusión, generando un frente de oposición institucional al proyecto.
- Sociedad civil y comunidades
Diversos grupos comunitarios, activistas ambientales y organizaciones civiles han llevado a cabo campañas informativas y de protesta desde hace años, alertando sobre los efectos negativos de proyectos mineros en la región y denunciando posibles vulneraciones al marco de protección de áreas naturales.
Aunque no todos los testimonios han sido recogidos en medios tradicionales, la preocupación social se nota en expresiones, publicaciones informales y en redes sociales por parte de habitantes locales preocupados por el futuro de sus fuentes de agua y modos de vida.
Impactos ambientales potenciales
Los efectos que podría generar El Arco, según especialistas ambientales y fuentes documentales de impacto climático y ecológico, incluyen:
Erosión y transformación del suelo
- La minería a cielo abierto implica la remoción de grandes volúmenes de tierra, lo cual altera la geografía y facilita la erosión intensiva.
- El Valle de los Cirios, por su naturaleza desértica y vegetación adaptada a condiciones extremas, es especialmente vulnerable a la pérdida de suelo fértil y al aumento de la polución de sedimentos.
Contaminación del agua
- Los procesos de lixiviación y extracción química pueden generar residuos tóxicos que se infiltran en las capas subterráneas si no se controlan adecuadamente —algo particularmente crítico en zonas con acuíferos compartidos.
- El uso masivo de agua y su retorno con contaminantes (metales pesados, cianuro, sales) podría poner en riesgo no solo la cantidad sino la calidad del agua potable para humanos, ganado y agricultura.
- La inexistencia de una reserva adicional de agua hace que los riesgos de sobreexplotación sean altos.
Biodiversidad y ecosistemas
- La gran extensión de la mina afectaría hábitats de flora y fauna propias del desierto, algunas de ellas especies endémicas o en riesgo.
- El Valle de los Cirios ha sido catalogado como un espacio de alto valor ecológico, por lo que la fragmentación de hábitats podría tener consecuencias a largo plazo.
Estos impactos están interconectados: pérdida de suelo, contaminación del agua y degradación ecológica no son fenómenos aislados, sino procesos que se potencian y que históricamente han definido conflictos mineros similares en el mundo.
Antecedentes y contexto histórico
Aunque el debate actual se intensificó en 2025–2026, la preocupación por la megaminería en la región no es nueva. A finales de 2024, legisladores ya habían solicitado información detallada a SEMARNAT, CONANP y CONAGUA sobre solicitudes de permisos y concesiones relacionadas con Mexicana del Arco, destacando el riesgo que supondría el uso de casi 10 millones de metros cúbicos de agua para estos fines.
Esto demuestra que el conflicto ha tenido anticipación política, con reuniones, solicitudes y debates previos al punto de acuerdo reciente, aunque nunca había escalado tan visiblemente en el Congreso estatal.
Retos y propuestas para un futuro inmediato
Frente a este complejo escenario, distintos sectores han planteado propuestas y retos que deben ser atendidos si se pretende encontrar una solución equilibrada entre desarrollo y sostenibilidad:
- Transparencia y análisis ambiental riguroso
Expertos ambientales, comunidades y legisladores coinciden en exigir que cualquier evaluación de impacto ambiental sea:
- Pública, accesible y con participación ciudadana real;
- Realizada por organismos autónomos e independientes;
- Sujeta a revisión judicial si es necesario.
- Protección del derecho al agua
Organizaciones de derechos humanos y legisladores han subrayado la necesidad de blindar el derecho humano al agua antes de permitir cualquier concesión que pueda comprometerlo.
- Desarrollo alternativo
La economía local de Mulegé y zonas aledañas depende de agricultura, ganadería, turismo y pesca. Propuestas de desarrollo sustentable incluyen:
- Fomento de energías renovables (solar y eólica);
- Turismo ecológico;
- Agricultura sostenible adaptada al clima árido.
Estas alternativas buscan ofrecer rutas de desarrollo que no comprometan los recursos naturales esenciales.
El debate continúa
El proyecto minero El Arco ha tensionado los límites entre desarrollo económico y protección ambiental, entre intereses corporativos y derechos comunitarios, y entre decisiones tecnocráticas y demandas sociales.
Mientras las comisiones legislativas analizan propuestas como el punto de acuerdo promovido por la diputada Karina Olivas Parra, el debate obligatorio seguirá planteando una pregunta central: ¿puede México aspirar a una minería moderna sin sacrificar sus recursos hídricos, sus territorios protegidos y las formas de vida comunitarias que dependen de ellos? En el Valle de los Cirios, la respuesta aún está por escribirse.
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