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Colaboración Especial
Por Pablo Chiw
La Paz, Baja California Sur (BCS). La psicóloga Silvia Congost señala que los celos pueden ordenarse en tres categorías: falta de autoestima; traición y celotipia.
Falta de autoestima
Supongamos que estamos hablando de una “pareja dispareja”. Uno de los miembros parece tener todas las virtudes que al otro le faltan. La situación puede llegar a ser increíblemente paradójica: si bien, en un inicio, el menos agraciado puede sentirse afortunado de haber enamorado a tan hermosa criatura, en el juego a largo plazo y en la mente de una persona insegura, lo que se puede venir es una lluvia de interrogantes: ¿cómo le hago para retenerla?, ¿otras personas querrán enamorarla?, ¿qué ve en mí?, ¿debo ser siempre exitoso?, ¿si tengo algún fracaso me seguirá queriendo?, ¿encontrará a alguien más atractivo?, ¿se burlarán sus amistades de mí?
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En este caso, el éxito iniciático del “haberse sacado la lotería” se convierte en un calvario de dudas y sufrimientos mentales a largo plazo y problemas de pareja si «Carlos empieza» a actuar desde las inseguridades. Te pongo un ejemplo:
«Sara» es cantante y modelo, tiene una audición en la Ciudad de México. «Carlos» está muy nervioso al respecto. Piensa que a «Sara» le pueden condicionar el puesto a cambio de favores indecorosos o que pueda ser seducida por algún productor millonario. Angustiado y ebrio, le expresa su rechazo al viaje: “Si te vas… no me encontrarás cuando regreses”. Ahora ella deberá elegir entre su pareja y su carrera profesional, y él saboteó la relación provocando justo lo que él tanto temía: la ruptura.
En estos casos, lo que se debe trabajar en «Carlos» es su autoestima: la capacidad para aceptar que puede ser amado incondicionalmente, que puede confiar en las personas, que debe confiar en sí mismo, que no fue un accidente ni un error el amor de «Sara», que el amor es un vínculo que se construye con la buena convivencia, con la escucha y la construcción de un mundo íntimo y seguro donde solo quienes integran la pareja pueden habitar.
La traición
En el segundo caso, los celos se derivan de la experiencia de vida, ya sea propia o ajena. Cuando es ajena, nos referimos principalmente a las relaciones parentales: “Mi papá le puso los cuernos a mi mamá”, o viceversa. En esos casos, el infante anduvo en el auto de uno siguiendo al otro mientras recogía a fulanita y se la llevaba a desayunar a El Triunfo cuando había dicho que iba a trabajar toda la mañana. El infante tuvo que observar los objetos volar de un lado para otro, los gritos, las acusaciones, las negaciones, las promesas, las confesiones, los llantos, las demandas, los juicios, las custodias, las pensiones, los reclamos. Lo que queda es un conocimiento de primera mano: la traición en la pareja es devastadora.
Así, el o la hija de un matrimonio de infieles puede estar precondicionada a reaccionar ante los signos y gestos que sean indicativos de la deshonestidad sentimental. En muchas ocasiones se trata de contenidos inconscientes: uno reacciona sin saber por qué lo hace.
Cuando la traición se vive en primera persona: “el noviecito de la secundaria también anduvo con la mejor amiga, la confidente y hasta la enemiga”. Lo que queda es una lastimosa herida. Lejos de ser insignificantes por tratarse de experiencias tempranas, estos eventos tienden a “marcar” a las personas, en el sentido de que “nos definen”. “Yo soy de esas o esos a los que les ponen el cuerno”, y de ahí se deriva un juicio de identidad. Si esta premisa se queda como “marca de identidad”, entonces el sujeto andará por la vida temiendo la repetición del trauma, como si se tratase de un destino, o sea, un futuro preconstruido por algo o alguien más. Algo así como el meme del viejito que dice: “Va a volver a pasar”.
En este sentido, los celos son el miedo a la repetición del trauma, y el tratamiento se enfoca en la reparación del daño y en el trabajo personal para identificar personas con madurez emocional que puedan intimar desde la responsabilidad afectiva. Superar al «Bryan» significa no volverlo a elegir en otro sujeto emocionalmente idéntico.
Celotipia
En este apartado hablamos de las grandes ligas, y lo digo porque aquí ya entran puros profesionales: psicólogos y psiquiatras. Se trata de un trastorno psiquiátrico donde quien lo sufre está completamente convencido de que su pareja le es o le será infiel, a pesar de que no existan precedentes, indicadores, evidencia o lógica en sus temores infundados.
El mundo de estas personas gira alrededor de la posibilidad de la traición. Son paranoicas, desconfían de todos, incluso de los propios hijos, padres, hermanos. La distorsión llega a ser tan grave que pueden asegurar que alguien estuvo en la alcoba, que pueden oler su perfume, buscar debajo de la cama, en el armario, sacar un cuchillo y amenazar para obtener la “confesión evidente”.
Estas personas necesitan medicamentos para controlar sus delirios. No tiene que ver contigo, ni con lo que dices, ni con lo que haces. Es una cuestión interna: algo no funciona bien en sus mentes. Es trágico, pero también increíblemente peligroso. Estos sujetos matan, principalmente los hombres, pero no exclusivamente.
Si estás en una relación así, debes buscar ayuda. Acude a un refugio y protégete. No va a cambiar, no puede, y tampoco tiene la capacidad de entender que está enfermo.
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