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Francisco Arámburo Salas: el hombre que convirtió a Sudcalifornia en memoria

FOTOS: Facebook.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La bahía de La Paz aparece en muchas fotografías de Francisco Arámburo Salas como una extensión transparente y quieta. El agua turquesa deja ver la arena; detrás, las montañas cobrizas y el cielo intenso completan una composición reconocible aun para quien nunca sostuvo una de sus postales. Esa belleza, sin embargo, no fue sólo paisaje. Arámburo entendió la cámara como un medio de circulación: la imagen debía viajar, contar dónde estaba Baja California Sur y despertar el deseo de conocerla. Miles de tarjetas salieron de la Librería y Distribuidora Arámburo hacia otros puntos de México y del mundo. Con ellas viajó también la representación de una región que durante buena parte del siglo XX permaneció lejana para el centro del país.

El fotógrafo, periodista, escritor y cronista visual murió el viernes 7 de agosto de 2026, según confirmaron sus familiares. Tenía 95 años: había nacido en La Paz el 30 de diciembre de 1930. La fecha de su partida obliga a mirar su archivo con una doble perspectiva. Es el registro de un territorio —sus playas, calles, edificios, personajes y actos públicos—, pero también la obra de un autor que participó en la elaboración cultural de Sudcalifornia. Su aporte no consistió únicamente en conservar lo que estaba frente al lente; seleccionó escenas, las acompañó con textos y las puso en circulación. Así ayudó a fijar una imagen compartida de la entidad.

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Arámburo perteneció a una familia ligada al desarrollo comercial de la región. Fue hijo de Francisco Arámburo Mendoza y Graciela Salas Solersi. En un relato autobiográfico recuperado por el Centro de Documentación de Historia Urbana describió la casona familiar de Madero 312, construida entre finales del siglo XIX y principios del XX, con gruesos muros, techos altos y un patio presidido originalmente por un laurel de la India.

El antecedente familiar explica parte de su vocación editorial. Su padre y su madre establecieron una tienda en Madero y 5 de Mayo; él dio un nuevo rumbo a la Librería y Distribuidora Arámburo mediante la producción y distribución de tarjetas postales. La combinación fue decisiva: fotografía, imprenta y comercio formaron una red de difusión antes de Internet y antes de que el turismo peninsular alcanzara su escala actual. En la entrevista que concedió en julio de 2024, Arámburo calculó que había producido quizá miles de postales y resumió su propósito con claridad: “dar a conocer al mundo las bellezas naturales de Baja California Sur”. La prensa local reconoce que esas imágenes contribuyeron a promover La Paz y el Estado.

Ese trabajo coincidió con una transformación política y económica profunda. Arámburo nació cuando Baja California Sur era territorio federal y tenía 43 años cuando, en octubre de 1974, se convirtió en Estado. La apertura de la carretera transpeninsular en 1973 redujo el aislamiento terrestre, mientras la expansión de las comunicaciones y del turismo modificó las ciudades, las costas y la percepción exterior de la península. Las postales funcionaron entonces como una tecnología popular de promoción: eran asequibles, transportables y personales. La consecuencia fue paradójica: las imágenes ayudaron a atraer visitantes y, al mismo tiempo, terminaron documentando lugares que el propio crecimiento turístico transformaría.

Arámburo no se limitó al paisaje deshabitado. Su fototeca reúne vida urbana, reuniones familiares, personajes, edificios, panorámicas aéreas y acontecimientos. Entre los episodios que recordó se encuentra la visita de la reina Isabel II a La Paz, el 22 de febrero de 1983, cuando pudo fotografiarla. También estuvo cerca de procesos institucionales: en 1976 integró el jurado que eligió el escudo de la naciente Universidad Autónoma de Baja California Sur. Su presencia en esas escenas revela otra dimensión del legado: el fotógrafo local opera donde los grandes archivos nacionales suelen mirar de manera intermitente. Registra continuidades, reconoce rostros y sabe qué cambio aparentemente menor será significativo para una comunidad.

La escritura fue el otro objetivo de su lente. Antes de consolidarse como cronista de Sudcalifornia, publicó La Europa que yo vi en 1962, libro nacido de artículos sobre un viaje en el que describió ciudades, arte y cultura. Décadas después aparecieron Siluetas de Sudcalifornia (1980) y La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos, cuya bibliografía registra una edición de 1997, aunque estudios universitarios sitúan una publicación anterior en 1989.

Su prosa pertenece a la tradición de la crónica, género central en las letras sudcalifornianas porque enlaza historia, literatura y experiencia cotidiana. Investigaciones de la UABCS colocan a Arámburo junto a autores como Fernando Jordán y Jesús Castro Agúndez. En sus textos caben la historia del nombre California, una semblanza de La Paz, el léxico regional, pueblos y caminos, personajes, crítica cívica, recuerdos familiares y observaciones de viaje. El tono accesible y ameno no elimina el juicio: Arámburo compara la ciudad antigua con la moderna, registra mejoras materiales y señala pérdidas, desde el ruido y la saturación vehicular hasta la desaparición de hábitos de convivencia.

Fotografía y literatura cumplen así funciones complementarias. La postal demuestra que un sitio existió con determinada luz, arquitectura y escala; la crónica reconstruye cómo se vivía y qué significaba. Juntas producen algo más complejo que la nostalgia. Permiten estudiar la urbanización, las formas de sociabilidad, el turismo, la construcción de identidad estatal y las tensiones entre modernización y conservación. También exhiben los límites de toda memoria autoral: son la mirada de un hombre perteneciente a una familia conocida del centro paceño. Por eso su archivo gana valor cuando se contrasta con documentos públicos, prensa, testimonios y otras fototecas, no cuando se convierte en versión única del pasado.

La valoración institucional de su obra creció en los últimos años. El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura registra que recibió apoyo del PACMYC en 2008 para el proyecto Páginas de mi Álbum. En 2023, se publicó la Antología de la memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo, investigación de Elizabeth Acosta Mendía financiada mediante el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. La edición reunió fotografías y textos periodísticos publicados entre 1980 y 1989, además de recuperar, estabilizar y digitalizar imágenes. No fue sólo un homenaje: fue una intervención archivística contra el deterioro y la dispersión.

En 2024, se le rindió homenaje durante el Congreso Internacional de Filatelia y recordó que su labor trascendía el coleccionismo porque constituía un testimonio gráfico de la historia y la identidad cultural. El reconocimiento es pertinente: una postal es simultáneamente fotografía, impreso, mercancía, mensaje privado y documento social. Arámburo comprendió esas capas en la práctica. En 2025 fue reconocido como Forjador del Año por el Grupo Madrugadores de La Paz, una distinción que subrayó su contribución comunitaria y confirmó que su obra había dejado de ser sólo familiar o comercial para convertirse en patrimonio compartido.

El legado plantea ahora tareas concretas. La primera es completar un inventario profesional de negativos, copias, postales, manuscritos, recortes y ediciones, con fechas, lugares, personas y derechos claramente identificados. La segunda es asegurar conservación física y copias digitales de alta resolución, con respaldos y metadatos interoperables. La tercera es garantizar consulta pública mediante instituciones capaces de cuidar los originales sin separar las fotografías de sus textos. La antología de 2023 abrió esa ruta, pero una selección editorial no sustituye el catálogo integral de una vida productiva de más de seis décadas.

También hace falta leer críticamente la imagen turística que contribuyó a construir. Sus aguas limpias, cielos despejados y paisajes serenos participaron en la economía simbólica que volvió deseable a Baja California Sur. Ese impulso generó empleo, circulación y visibilidad, pero el éxito turístico añadió presión urbana y ambiental sobre los mismos lugares fotografiados. Revisar las postales desde el presente permite medir cambios de litoral, arquitectura y usos del espacio; convierte una pieza concebida para viajar en evidencia para la historia ambiental y urbana. Allí reside una consecuencia que probablemente superó la intención original del fotógrafo.

Francisco Arámburo Salas dejó una California que ya no existe por completo y otra que sigue reconociéndose plenamente en sus imágenes. Su cámara hizo visible el territorio; sus libros le dieron voz y discusión. El mérito mayor fue haber unido difusión y memoria: promovió la belleza regional sin dejar de registrar la vida social que la rodeaba, y escribió sobre el progreso sin borrar sus costos. Tras su muerte, el mejor homenaje no será congelarlo como figura pintoresca, sino tratar su obra como lo que es: un archivo fundamental para entender cómo Baja California Sur se vio a sí misma mientras se convertía en estado, destino y sociedad contemporánea.

Referencias:

 UABCS: Homenaje a Francisco Arámburo en el Congreso Internacional de Filatelia 2024.

UABC: Antología de la memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo (2023).

Sistema de Información Cultural: registro PACMYC de Páginas de mi Álbum (2008).

UABCS: Tesis sobre la crónica sudcaliforniana y la obra de Arámburo.

UABCS: Catálogo literario e historia de las políticas culturales de BCS.

Centro de Documentación de Historia Urbana: Familia Arámburo y la casona de Madero.

El Sudcaliforniano: Paco Arámburo y su vida entre fotografías (entrevista, 2024)

El Sudcaliforniano: Fallecimiento de Francisco Arámburo Salas (8 de agosto de 2026).

El Sudcaliforniano: Reconocimiento Forjador del Año 2025.

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