FOTOS ILUSTRATIVAS: Canva.
Colaboración Especial
Por Pablo Chiw
La Paz, Baja California Sur (BCS). Llegó al Bancomer por un préstamo de 40 mil pesos, pero la convencieron de pedir medio millón. Esta es la historia de una mujer de la tercera edad, originaria de La Paz, Baja California Sur, quien inocentemente siguió el consejo de una ejecutiva bancaria. “Doña Susy” quería pintar su casa y hacer unos arreglitos menores; para eso quería el dinero. Al llegar con la ejecutiva, le hicieron entender que no podían prestarle 40 mil pesos, que la única opción para ella era la de medio millón de pesos.
Coincidí con ella en el banco. La doñita se veía angustiada; sus dedos parecían tocar las teclas de un piano invisible sobre su bolso, sus ojos cristalinos miraban para todas partes como buscando algo, como buscando a alguien, allí se encontraron con mi mirada y como si me conociera me comenzó a platicar:
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—Es que vengo a que me expliquen de nuevo, porque no les entiendo nada. Tengo un año pagando y mi deuda no baja. Ya no puedo dormir, ando siempre con la angustia y ahora me dicen que voy a terminar de pagar hasta el 2030. Yo solo quería 40 mil pesos y me dijeron que debía pedir medio millón.
Inmediatamente las cosas no me cuadraron, la vi tan vulnerable que temí hubieran tomado ventaja de ella, por lo tanto, le pedí que me explicara lo ocurrido.
—La muchacha me dijo que no podía prestarme los cuarenta mil, que debían ser 500 mil y yo le dije: “mijita, ¿yo para qué quiero tanto?”.
Entonces la muchacha me preguntó si tenía otras deudas. Sí, estaba pagando el carro con un financiamiento de aquí mismo y debía 40 mil pesos en la tarjeta de crédito. Entonces la muchacha me dijo que pagara esas deudas con el préstamo.
Inmediatamente le pregunté cuánto era el interés que pagaba por el auto y resultó ser del 10% anual a un plazo de 7 años, pero el préstamo del medio millón se lo dieron al 23.7% a un plazo de 5 años.
Me pareció un verdadero abuso de confianza, una canallada, un atropello. Indignado y solidario, acompañé a Susy con la agente, quien la saludó por su nombre y le dijo que venía otra vez a que le explicara por qué su deuda seguía tan alta si tenía más de un año pagando cada mes.
La señorita le imprimió una tabla de amortización donde decía que al mes pagaba alrededor de 9 mil pesos, de los cuales 5 mil se iban a intereses.
—¡Cinco mil pesos de puros intereses! —interrumpí yo con una mezcla de disgusto y asco.
—Sí, eso fue lo que se le explicó a la señora Susy desde el principio.
—¿Pero por qué le dijiste que no le podías prestar los 40 mil pesos?
—No, sí podíamos prestárselos, yo solamente le ofrecí otra opción.
—No, mijita. Tú me dijiste que no me podías prestar los 40 mil. Yo no necesitaba tanto, te lo dije y tú me dijiste que pagara el carro y la tarjeta y regresara los 200 mil pesos restantes, y así lo hice. Todo lo que tú me dijiste, hice. Y ahora ya pagué 100 mil pesos, pero sigo debiendo lo mismo que debía el año pasado. ¡No lo entiendo!
La muchacha se puso defensiva, me levantó la voz y me dijo que ella no había hecho nada malo, que a la señora se le presentaron opciones y ella eligió la que pensó que era mejor para su situación.
¿Te parece que esa fue su mejor opción? ¿Cambiar un crédito al 10% por otro al 23.7% es la mejor opción para la señora?
—Eso lo decidió ella, no yo.
Pasamos a hablar con el director del banco. Le expliqué la situación. Me dijo que no podía hacer nada, que era un contrato que doña Susy debía cumplir, que no se podía refinanciar, que no podían disminuirle el interés porque ya era de por sí muy bajo y que recomendaba que liquidara la deuda inmediatamente para que no pagara los otros 100 mil pesos de intereses restantes.
Yo sí le dije sus verdades: que la engañaron, que la robaron, que abusaron de su confianza y que si algo debíamos aprender de esta experiencia es que el banco no está allí para ayudarnos. El joven asintió con la cabeza y nos fuimos, ella con tristeza y yo con coraje e indignación.
En esa entrada y salida del Bancomer ubicado justo a un lado del Palacio de Gobierno, doña Susy fue a pedir 40 mil pesos y le hicieron creer que solo podían darle medio millón. Así las cosas en nuestro bellísimo puerto de ilusión.
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