El desafío de proteger al comercio. Robo a negocios en Baja California Sur (I)

FOTOS: Tribuna de México | Zeta Tijuana.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Al amanecer, cuando los primeros comerciantes levantan las cortinas metálicas de sus establecimientos en La Paz, Los Cabos, Ciudad Constitución o Loreto, una preocupación permanece constante: encontrar el negocio tal como lo dejaron la noche anterior. Para cientos de pequeños y medianos empresarios sudcalifornianos, el robo a comercio representa uno de los delitos patrimoniales con mayor impacto económico, no sólo por la pérdida de mercancías o dinero en efectivo, sino por la sensación de vulnerabilidad que genera y los costos adicionales en sistemas de seguridad, seguros y vigilancia privada. Aunque las estadísticas oficiales muestran que Baja California Sur continúa entre las entidades con menor incidencia delictiva del país en diversos indicadores, el robo a negocios sigue siendo un fenómeno persistente cuya evolución refleja tanto avances institucionales como limitaciones operativas derivadas del crecimiento urbano, la movilidad poblacional y la sofisticación de algunos grupos dedicados a delitos patrimoniales.

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que el robo a negocio mantiene un comportamiento variable. Durante 2025 se registraron incrementos mensuales que encendieron alertas entre autoridades y organismos empresariales; por ejemplo, entre mayo y junio de ese año las denuncias crecieron casi 37 %, acumulando 229 carpetas de investigación durante el primer semestre. En todo 2024 se habían iniciado 517 investigaciones por este delito, evidencia de que el fenómeno continúa siendo uno de los principales retos para las corporaciones policiales del estado. Las cifras más recientes indican que durante los primeros meses de 2026 el delito presentó una disminución respecto al mismo periodo del año anterior; sin embargo, el volumen de denuncias mantiene al robo como una de las conductas delictivas con mayor presencia en Baja California Sur. Los municipios de Los Cabos y La Paz concentran la mayoría de las carpetas de investigación debido a que reúnen la mayor población, actividad comercial y flujo turístico del estado.

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Para comprender este fenómeno es necesario observar el extraordinario crecimiento económico que ha experimentado Baja California Sur durante la última década. Municipios como Los Cabos figuran entre los de mayor crecimiento poblacional del país impulsados por el turismo, la construcción y el desarrollo inmobiliario. Esa expansión ha multiplicado el número de comercios, plazas, restaurantes, supermercados y establecimientos de servicios, pero también ha incrementado las oportunidades para la delincuencia patrimonial. Las autoridades estatales sostienen que buena parte de los robos corresponden a delitos de oportunidad. Comercios con escasas medidas de seguridad, ausencia de sistemas de videovigilancia, manejo de efectivo y horarios nocturnos representan condiciones que facilitan la comisión de estos ilícitos. Ante ello, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) y las policías municipales han fortalecido operativos preventivos, patrullajes focalizados y coordinación con la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas.

Uno de los avances más importantes ha sido el fortalecimiento de los sistemas de videovigilancia urbana mediante el Centro de Control, Comando, Comunicación y Cómputo (C4), que permite atender reportes en tiempo real y facilitar investigaciones posteriores mediante el análisis de imágenes. Paralelamente, la PGJE ha reforzado sus capacidades de investigación criminal, utilizando evidencia tecnológica para integrar carpetas de investigación y obtener órdenes de aprehensión contra presuntos responsables. La propia institución mantiene estadísticas públicas sobre incidencia delictiva y publica de manera permanente resultados de judicializaciones relacionadas con delitos patrimoniales.

Los resultados de estas acciones comienzan a observarse en algunos municipios. En La Paz, autoridades municipales informaron que entre 2021 y 2025 varios delitos patrimoniales registraron reducciones, entre ellos el robo a negocio, cuya incidencia disminuyó alrededor de 12.5 %, como parte de una estrategia basada en mayor presencia policial, recuperación de espacios públicos y coordinación entre corporaciones de seguridad. No obstante, la disminución estadística no significa que el problema esté resuelto. Comerciantes consultados por organismos empresariales señalan que muchos establecimientos continúan invirtiendo recursos propios para instalar cámaras, alarmas, cortinas reforzadas y sistemas electrónicos de monitoreo, debido a que consideran insuficiente la capacidad preventiva de las corporaciones para cubrir todas las zonas comerciales durante las noches y madrugadas.

A ello se suma un obstáculo que afecta la medición real del delito: la llamada «cifra negra». La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025, elaborada por el INEGI, estima que en Baja California Sur el 90.5 % de los delitos no derivan en una denuncia con carpeta de investigación. Apenas el 12.6 % de los delitos son denunciados y solamente una parte concluye con el inicio formal de una investigación. Entre las principales razones para no denunciar destacan la pérdida de tiempo y la desconfianza hacia las autoridades. Esta realidad implica que las estadísticas oficiales representan únicamente una parte del fenómeno. Muchos pequeños comerciantes prefieren absorber las pérdidas económicas antes que iniciar un procedimiento legal que consideran largo, complejo o con pocas probabilidades de recuperar sus bienes.

Además, la dinámica propia del estado plantea desafíos particulares. La enorme extensión territorial de Baja California Sur, la dispersión de comunidades y el acelerado crecimiento urbano dificultan mantener una cobertura policial homogénea. Mientras algunas zonas comerciales cuentan con vigilancia permanente, otras dependen de patrullajes preventivos cuya frecuencia resulta insuficiente para inhibir completamente la actividad delictiva.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Concluye ciclo escolar 2025 – 2026 de educación básica en BCS

FOTO: SEP BCS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Más de 150 mil estudiantes de más de mil planteles públicos y privados de educación básica en los cinco municipios de BCS concluirán clases el viernes 3 de julio, como parte del cierre del ciclo escolar 2025–2026, informó la titular de la Secretaría de Educación Pública estatal, Alicia Meza Osuna.

La servidora pública detalló que los días lunes 6 y martes 7 de julio se realizarán las ceremonias de clausura en los centros escolares, mientras que el miércoles 8 y jueves 9 se desarrollarán talleres intensivos dirigidos al personal docente. El viernes 10 será el último día oficial de actividades laborales del sector educativo.

Asimismo, señaló que la entrega de calificaciones y certificados de los niveles de preescolar, primaria y secundaria se efectuará en tiempo y forma, derivado del trabajo realizado por el personal del Departamento de Registro y Certificación Escolar durante el fin de semana reciente.

Finalmente, destacó que la Secretaría de Educación Pública ha fortalecido los indicadores de cobertura y eficiencia terminal, además de registrar avances en la reducción de la deserción escolar, a través de acciones de formación continua y las caravanas académicas que recorrieron los cinco municipios, en el marco de la consolidación del modelo de la Nueva Escuela Mexicana.




Cabo San Lucas: vivir con sed en el paraíso turístico

FOTOS: IA | OOMSAPAS.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A primera vista, Cabo San Lucas parece una ciudad privilegiada. Sus playas, hoteles de lujo, desarrollos inmobiliarios y una de las industrias turísticas más dinámicas de México proyectan una imagen de prosperidad permanente. Sin embargo, detrás de esa postal existe una realidad cotidiana que afecta a miles de habitantes: la dificultad para acceder de manera regular al agua potable. Mientras millones de visitantes llegan cada año para disfrutar de uno de los destinos más importantes del país, numerosas colonias de la ciudad continúan dependiendo de sistemas de tandeo, almacenamiento en tinacos y suministro mediante camiones cisterna. La paradoja resulta evidente: una región rodeada por el mar enfrenta una de las crisis hídricas más complejas del noroeste mexicano.

La problemática no es nueva. Durante décadas, el crecimiento acelerado de Los Cabos superó la capacidad de la infraestructura hidráulica existente. La expansión urbana, el desarrollo turístico, el aumento de la población flotante y los efectos de la sequía prolongada han generado una presión constante sobre las fuentes de abastecimiento disponibles. De acuerdo con información del Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Los Cabos (OOMSAPAS), gran parte del suministro de Cabo San Lucas depende de pozos subterráneos, acueductos y de la planta desaladora actualmente en operación. Sin embargo, la demanda continúa creciendo a un ritmo superior al de la capacidad instalada.

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La magnitud del problema quedó reflejada en diversos informes oficiales y periodísticos difundidos durante 2025 y 2026. Datos citados por autoridades municipales indican que Cabo San Lucas requería alrededor de mil litros por segundo para cubrir adecuadamente la demanda urbana y turística, mientras que la producción disponible rondaba los 480 litros por segundo, generando un déficit estructural que repercute directamente en la población. Las consecuencias son visibles en numerosas colonias donde el agua llega por horarios determinados o con intervalos de varios días. El sistema de tandeo se ha convertido en una herramienta permanente para distribuir un recurso insuficiente entre una población cada vez mayor. Incluso en 2026, el propio organismo operador mantiene programas de distribución calendarizada para distintas zonas del municipio y continúa realizando ajustes para equilibrar la disponibilidad del recurso.

La escasez no puede explicarse únicamente por el crecimiento poblacional. Especialistas en gestión hídrica han señalado que la península de Baja California posee condiciones naturales particularmente adversas. La región recibe escasas precipitaciones anuales, cuenta con acuíferos limitados y enfrenta un proceso constante de sobreexplotación de fuentes subterráneas. A ello se suma el impacto del cambio climático, que ha provocado periodos más prolongados de sequía y una mayor incertidumbre en la recarga natural de los mantos acuíferos. El crecimiento demográfico constituye otro factor decisivo. Durante los últimos veinte años, Los Cabos ha registrado una de las tasas de crecimiento poblacional más altas del país. Miles de personas llegan cada año atraídas por las oportunidades laborales generadas por el turismo, la construcción y los servicios. Este fenómeno ha impulsado el surgimiento de nuevas colonias y asentamientos que demandan infraestructura hidráulica, drenaje y servicios públicos a una velocidad que las autoridades difícilmente pueden igualar. La actividad turística también ejerce una presión significativa sobre el sistema. Los hoteles, restaurantes, campos de golf y desarrollos residenciales requieren grandes volúmenes de agua para operar. Aunque muchos complejos han incorporado tecnologías de ahorro y reutilización, la demanda global continúa creciendo. El reto consiste en garantizar el desarrollo económico sin comprometer el acceso al agua para la población residente.

Otro problema importante se encuentra en la infraestructura existente. Las fugas en redes de distribución, acueductos y líneas de conducción representan pérdidas considerables. En diversas ocasiones, OOMSAPAS ha informado sobre reparaciones emergentes en acueductos estratégicos cuya operación resulta fundamental para el abastecimiento de la ciudad. Cada interrupción o avería genera afectaciones inmediatas para miles de usuarios. Frente a este panorama, las autoridades municipales y estatales han impulsado diversas estrategias para enfrentar la emergencia. Una de las más relevantes es la construcción de la segunda planta desaladora de Cabo San Lucas, considerada la obra hídrica más importante de la región en las últimas décadas.

Según información oficial de OOMSAPAS y del Ayuntamiento de Los Cabos, esta nueva infraestructura tendrá capacidad para aportar aproximadamente 250 litros por segundo adicionales a la red de distribución. La obra registra avances importantes en su construcción y es presentada como una pieza fundamental para reducir el déficit que actualmente enfrenta la ciudad. No obstante, la desaladora también refleja los desafíos que acompañan a las soluciones de gran escala. Aunque inicialmente se esperaba que comenzara operaciones durante 2026, reportes recientes indican que su entrada en funcionamiento podría concretarse hasta principios de 2027. Esto significa que la población deberá continuar enfrentando restricciones y esquemas de distribución controlada durante los próximos meses.

Mientras la nueva planta concluye su construcción, las autoridades han implementado medidas de corto plazo. Entre ellas destaca la rehabilitación de la desaladora existente, la incorporación de nuevas unidades de distribución mediante pipas y la atención prioritaria a colonias consideradas críticas. El gobierno municipal informó recientemente sobre la adquisición de veinte camiones cisterna para reforzar el suministro gratuito en sectores con mayores problemas de abastecimiento. Asimismo, se han destinado recursos para fortalecer la infraestructura hidráulica mediante proyectos financiados con fondos federales y municipales. OOMSAPAS ha anunciado inversiones superiores a los 260 millones de pesos orientadas a ampliar redes, mejorar sistemas de distribución y modernizar instalaciones estratégicas del municipio.

Otra medida que comienza a ganar relevancia es la sectorización de la red hidráulica. Esta estrategia consiste en dividir el sistema de distribución en áreas específicas para monitorear consumos, detectar fugas y administrar de manera más eficiente los caudales disponibles. Las autoridades consideran que esta herramienta permitirá mejorar la equidad en la distribución y reducir pérdidas que actualmente afectan el rendimiento del sistema. Sin embargo, los expertos coinciden en que ninguna obra resolverá por sí sola la crisis hídrica de Los Cabos. La desalación representa una alternativa indispensable para una región con limitadas fuentes naturales de agua dulce, pero también implica altos costos energéticos y financieros. Su éxito dependerá de una planeación integral que contemple crecimiento urbano ordenado, eficiencia operativa y protección de los recursos disponibles.

En ese contexto, el uso responsable del agua adquiere una importancia estratégica. Programas de cultura hídrica promovidos por instituciones gubernamentales buscan sensibilizar a la población sobre el ahorro, la detección de fugas domésticas y la reutilización de agua tratada para actividades que no requieren calidad potable. Aunque estas acciones pueden parecer menores frente a una crisis de gran magnitud, representan una herramienta fundamental para reducir la presión sobre el sistema. La realidad de Cabo San Lucas demuestra que el acceso al agua se ha convertido en uno de los principales desafíos para el futuro del municipio. El problema trasciende la infraestructura y se relaciona con la forma en que una ciudad crece, administra sus recursos y planifica su desarrollo. El turismo continuará siendo el motor económico de la región, pero su sostenibilidad dependerá cada vez más de la capacidad para garantizar servicios básicos a la población.

Por ahora, la ciudad vive una etapa de transición. Las obras avanzan, las autoridades implementan medidas emergentes y miles de familias esperan que la llegada de nuevas fuentes de abastecimiento reduzca los periodos de escasez. Sin embargo, la experiencia de los últimos años deja una lección clara: en una región desértica como Los Cabos, el agua ya no puede considerarse un recurso abundante. Es, probablemente, el factor que definirá el desarrollo económico, social y urbano de Cabo San Lucas durante las próximas décadas.

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Para quién es la carrera de mercadotecnia: entre la chispa y los números fríos

Elegir qué estudiar nunca resulta sencillo, y la carrera de mercadotecnia es una de las opciones para quienes dudan entre lo creativo y lo analítico. La razón es bastante simple: reúne ambos mundos en una misma profesión, las ideas que conectan con la gente y los datos que respaldan cada decisión comercial.

Antes de inscribirse, conviene revisar con calma qué materias se cursan, en qué modalidades se imparte y hacia qué empleos puede llevar el título. Tener ese panorama completo desde el inicio evita sorpresas más adelante y permite comparar instituciones con criterio, en lugar de decidir solo por intuición, precio o cercanía geográfica.

¿Qué estudia la mercadotecnia más allá de la publicidad?

Quien se hace esta pregunta suele buscar el fondo del asunto, no solo la parte visible de los anuncios. La disciplina analiza cómo detectar lo que un público necesita, cómo comunicárselo con claridad y cómo lograr que un producto o servicio llegue a quien realmente lo busca. En esa cadena se cruzan psicología, comunicación, estadística y gestión.

Además, conviene tener clara esa doble naturaleza desde el principio. Por un lado están las tareas creativas, como idear mensajes, conceptos y campañas memorables. Por el otro, el trabajo analítico, que mide resultados con cifras concretas y ajusta el rumbo. Esa combinación de sensibilidad hacia las personas y lectura de datos es la que da identidad al área.

Qué incluye el plan de estudios de la carrera de mercadotecnia

El plan de estudios de una carrera de mercadotecnia suele avanzar por etapas bien marcadas. Primero llegan las bases administrativas, contables y estadísticas, que aportan el lenguaje común de los negocios. Después aparecen las materias propias del área, las que de verdad le dan identidad a la formación y la separan de otras opciones.

Por otro lado, vale la pena saber qué temas concretos se ven en esa etapa más avanzada. Son los que distinguen a un mercadólogo de un administrador general y los que más definen el perfil del egresado. Estos son algunos de los más representativos:

  • Comportamiento del consumidor: examina cómo y por qué las personas deciden al momento de comprar, y qué factores influyen en esa elección.
  • Mercadotecnia digital: abarca campañas en buscadores, redes sociales y comercio electrónico, junto con la medición de su desempeño.
  • Investigación de mercados: combina análisis cualitativo y cuantitativo para tomar decisiones apoyadas en datos y no en suposiciones.
  • Gestión de marca: trabaja la identidad, el posicionamiento y la percepción de un producto a lo largo del tiempo.
  • Neuromercadotecnia: aplica hallazgos sobre la atención y la emoción al diseño de mensajes y estrategias.

¿Cuánto dura la carrera y en qué modalidades se cursa?

Una de las primeras dudas al evaluar esta opción es cuánto dura la carrera y en qué formato conviene cursarla. La licenciatura en mercadotecnia suele tomar de tres a cuatro años según el plan. La modalidad presencial conserva el contacto en aula, mientras que las alternativas ejecutiva y en línea se diseñaron para quienes ya trabajan.

Dicho esto, la mejor opción depende del ritmo de vida de cada uno. Quien valora las redes de contacto y la práctica presencial encuentra más sentido en el aula. Quien necesita repartir su tiempo entre el trabajo y el estudio suele inclinarse por esquemas virtuales, con plataformas disponibles a cualquier hora del día y desde cualquier punto del país.

¿En qué puede trabajar un licenciado en mercadotecnia?

El campo laboral de una carrera de marketing abarca empresas privadas, organismos públicos, agencias de publicidad y proyectos independientes. El egresado puede desempeñarse en investigación de mercados, gestión de marca, comercio electrónico, planeación de campañas o estrategia comercial, según el rumbo profesional que decida tomar conforme suma experiencia.

En ese sentido, el emprendimiento es una ruta posible para este perfil. Quien sabe posicionar un producto y leer datos de consumo cuenta con herramientas para ordenar, profesionalizar y hacer crecer un negocio propio, sin depender únicamente de la intuición o del clásico ensayo y error.

Una decisión que conviene tomar con información

En síntesis, la carrera de mercadotecnia combina creatividad, análisis y estrategia, con un plan que avanza desde las bases del negocio hasta la especialización digital. Conocer qué se estudia, en qué modalidades se cursa y hacia dónde puede llevar permite tomar una decisión informada y no apostar a ciegas por una profesión que durará años.

Para quienes buscan un programa con validez oficial, universidades como UNITEC ofrecen esta formación en modalidades presencial, ejecutiva y en línea, con planes orientados a la práctica profesional. Antes de decidir, conviene contrastar planes de estudio, modalidades, costos y respaldo institucional entre varias opciones del mercado.




Cabo Pulmo: el arrecife vivo que enfrenta al desarrollo inmobiliario

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En el extremo donde el desierto baja hasta tocar el Golfo de California, Cabo Pulmo no parece una frontera de guerra. Parece apenas una franja de sol, polvo y mar transparente. Pero allí, a un kilómetro y medio del Parque Nacional, una autorización ambiental anulada en marzo de 2026 dejó al descubierto algo más profundo que el destino de un proyecto turístico: la forma en que Baja California Sur decide qué vidas merecen agua, qué paisajes pueden venderse y qué futuro se acepta sacrificar bajo el nombre limpio del desarrollo.

El proyecto se llamaba Baja Bay Club y, de acuerdo con documentos revisados por organizaciones, pretendía ocupar unas 600 hectáreas dentro del área de influencia de Cabo Pulmo. No era una palapa ni un pequeño hotel frente al mar: contemplaba 422 villas residenciales, 275 habitaciones de hotel, club de playa, infraestructura para embarcaciones y un campo de golf sobre dunas. En una región árida, donde el agua no sobra, la imagen resulta brutal: pasto verde trazado sobre la sed.

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La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales había permitido el avance del proyecto en 2024 desde su representación estatal. Después vinieron recursos de revisión promovidos por organizaciones. La resolución posterior anuló aquella autorización y ordenó emitir una negativa formal. La autoridad identificó omisiones técnicas graves: el promovente habría negado cuerpos de agua en el predio pese a la existencia de al menos tres arroyos temporales que desembocan en el mar; también se acreditó la fragmentación de una obra mayor en piezas separadas, Baja Bay Club y Hotel Bahía el Rincón, con el efecto de evitar una evaluación regional de impactos acumulativos. El expediente describe una vieja técnica del poder inmobiliario: partir el elefante para que parezca hormiga.

Cabo Pulmo no es una postal más del catálogo turístico mexicano. Fue decretado área natural protegida el 6 de junio de 1995 y protege más de 7,100 hectáreas, casi todas marinas. Allí se conserva el arrecife coralino más importante del Golfo de California y uno de los ejemplos más citados de recuperación por la prohibición de extracción. Estudios científicos han documentado que la biomasa de peces se multiplicó después de la protección. Lo que para el mercado puede ser un frente de playa, para la ciencia y para la comunidad ha sido una prueba rara: cuando se deja respirar al mar, el mar regresa.

No se trata solo de un permiso cancelado. Se trata de una pregunta moral: cuánto vale un arrecife vivo frente a un proyecto inmobiliario. En el papel, la respuesta parece sencilla. En el territorio, donde cada hectárea tiene dueño posible y cada promesa de empleo puede funcionar como chantaje, la respuesta se vuelve incómoda.

El conflicto se manifiesta en la playa, pero empieza tierra adentro, en las tuberías, los caminos, las colonias que crecen más rápido que los servicios y los acuíferos que no leen folletos de inversión. En Los Cabos, el boom turístico convive con una crisis hídrica persistente. Información pública del organismo operador de agua ha señalado que Cabo San Lucas requería al menos 1,000 litros por segundo para regularizar el abasto y producía alrededor de 480. El mismo organismo ha anunciado tinacos, pipas y ampliaciones de desalación para colonias con suministro limitado. La desigualdad, en BCS, a veces se mide en litros: unos llenan albercas; otros esperan el tandeo.

Ese es el paisaje moral que rodea Cabo Pulmo. No basta decir conservación contra progreso. La comunidad no vive de contemplar el mar como si fuera un museo. El turismo de bajo impacto, el buceo, la investigación y la economía local son parte de una salida posible. Lo que está en disputa es otra cosa: el modelo de enclave, el desarrollo que promete prosperidad mientras privatiza el horizonte, exige agua pública y traslada costos ambientales a quienes no aparecen en las maquetas.

La anulación del permiso de Baja Bay Club es un freno, no una absolución. El promovente todavía puede buscar medios de defensa y la historia de Cabo Pulmo enseña que los megaproyectos rara vez mueren del todo: cambian de nombre, de escala, de abogado o de ventanilla. Si una autoridad aprobó en 2024 lo que después otra revisión consideró inviable, la pregunta no puede quedarse en el expediente. ¿Quién revisó? ¿Quién omitió? ¿Quién decidió qué arroyos, dunas, tortugas y corredores biológicos podían tratarse como notas al pie?

Las salidas existen, pero exigen voluntad: evaluación regional obligatoria para proyectos conectados, ordenamiento territorial real en Cabo del Este, consulta pública temprana y no decorativa, límites hídricos antes que permisos de lujo, vigilancia ambiental con dientes y una política turística que mida éxito no solo por habitaciones, sino por agua disponible, vivienda digna y ecosistemas en pie.

Cabo Pulmo no pide ser intocable. Pide algo más radical en un país acostumbrado a vender la costa por partes: que el desarrollo demuestre primero que no destruye aquello que dice venir a admirar. En ese arrecife hay una lección sencilla y severa. Lo vivo no siempre gana en los escritorios, pero cuando se pierde, no hay fideicomiso capaz de comprarlo de regreso.

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