Instalará Salud BCS módulos de vacunación antirrábica en La Paz

La Paz, Baja California Sur (BCS). A través de su programa de zoonosis, la Secretaría de Salud instalará del 13 al 17 de abril módulos de vacunación antirrábica canina y felina en diversas colonias de La Paz, a fin de que la población proteja a sus mascotas y prevenga riesgos a la salud humana.

La jornada contará con respaldo de IMSS Bienestar, que facilitará espacios en siete centros de salud para la instalación de estos puestos, donde se aplicarán vacunas gratuitas y de calidad.

Los biológicos estarán dirigidos a perros y gatos mayores de tres meses, que no estén gestantes ni en lactancia, y que sean llevados con correa o en jaula transportadora, informó la jefa de la Jurisdicción Sanitaria 3 La Paz, Ángela Alonso Cano.

La médica destacó que estas acciones permiten a Baja California Sur mantenerse, desde hace más de dos décadas, como entidad libre de rabia humana transmitida por perro. Por otra parte, precisó que el listado de centros de salud donde operarán los módulos puede consultarse en el portal oficial www.ssbcs.gob.mx.

De manera complementaria, brigadistas de la Jurisdicción Sanitaria 3 La Paz recorren colonias para acercar la aplicación del biológico; con la instalación de estos espacios se busca ampliar la cobertura de esta medida preventiva.

Asimismo, la institución fomenta los servicios gratuitos de esterilización canina y felina que se brindan de lunes a viernes, de 8:00 a 14:00 horas, en el módulo ubicado en la calle Independencia, entre Ignacio Altamirano e Ignacio Ramírez, en la colonia centro, contribuyendo a reducir la presencia de animales en situación de calle.




Mantiene Baja California Sur cero casos activos de sarampión

La Paz, Baja California Sur (BCS). Durante 2026, Baja California Sur ha logrado contener el sarampión mediante vigilancia epidemiológica permanente y vacunación intensificada en los cinco municipios; así lo destacó la titular de la Secretaría de Salud, Ana Luisa Guluarte Castro.

Al respecto, precisó que las 15 personas confirmadas este año fueron dadas de alta médica y no se detectan nuevos casos ni señales de alerta. La vigilancia permanece activa en unidades de primer y segundo nivel de atención.

El virus presentó circulación comunitaria en Cabo San Lucas, donde se confirmaron 12 de los 15 casos. Los cercos sanitarios y bloqueos epidemiológicos han reducido el riesgo de contagio, coordinados por la Secretaría de Salud y las instituciones del sector, agregó.

En este sentido, comentó que las brigadas de enfermería del Gobierno del Estado realizan visitas casa por casa, reforzando la prevención y la detección temprana, frente a una enfermedad que en otras entidades ha provocado más de 35 defunciones y 15 mil casos confirmados entre 2025 y 2026 a nivel nacional.

Finalmente, recordó que se han aplicado más de 74 mil 500 dosis de vacuna contra el sarampión a personas de seis meses a 49 años, medida prioritaria para proteger a la población susceptible.




Saldo blanco en Semana Santa en Baja California Sur: Protección Civil

FOTO: Protección Civil.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Durante los días de mayor movilidad del periodo de Semana Santa 2026, Baja California Sur mantuvo condiciones de seguridad y orden en destinos turísticos, playas y carreteras, informó el subsecretario de Protección Civil en la entidad, Héctor Amparano Herrera, al referirse al comportamiento registrado entre el 2 y el 5 de abril, que permitió el desplazamiento de miles de personas sin incidentes mayores.

Este resultado derivó en saldo blanco durante las fechas de mayor afluencia, como resultado del trabajo coordinado de la Mesa de Seguridad, integrada por autoridades de los tres órdenes de gobierno y grupos voluntarios, quienes priorizaron la integridad de vacacionistas locales, nacionales y extranjeros.

Como parte del despliegue, se contó con más de mil 700 elementos de corporaciones de seguridad, cuerpos de emergencia, fuerzas armadas y grupos voluntarios. Su presencia en puntos estratégicos fortaleció la vigilancia y permitió recorridos constantes en distintas regiones del estado.

Además, se instalaron 90 módulos de auxilio en accesos a playas, carreteras y sitios clave. Estos espacios brindaron orientación, apoyo vial y atención básica, facilitando la respuesta ante cualquier eventualidad.

También se impulsó la cultura de la prevención mediante la difusión de recomendaciones para evitar accidentes. A través de distintos medios, se orientó a la población sobre medidas de seguridad en el hogar, en carretera y en destinos turísticos.

Finalmente, el servidor público recordó que el periodo vacacional concluye el 13 de abril, por lo que exhortó a la ciudadanía a mantener las medidas preventivas; de igual manera reiteró que la seguridad es una responsabilidad compartida para preservar condiciones de bienestar.




Cómo armar un programa de calidad de vida laboral exitoso

Un programa de calidad de vida laboral efectivo consta de beneficios pensados exclusivamente para las expectativas y necesidades de tu empresa y sus colaboradores, por lo que no se trata de agregar beneficios al azar, sino de construir un sistema coherente que mejore el bienestar físico, emocional y profesional de forma sostenida.

Dicho esto, si buscas orientación para crear un programa de bienestar laboral, es importante que no te lances directamente a contratar servicios no personalizables, instalar una mesa de ping-pong o lanzar una encuesta de clima que luego nadie lee. El objetivo de este artículo es que ofrezcas un plan de beneficios enfocado, medible y sostenible a largo plazo.

•           Realiza un diagnóstico organizacional

La diferencia entre un programa de calidad de vida laboral que transforma el clima organizacional y uno que se convierte en gasto sin retorno está en el diagnóstico. Antes de diseñar cualquier acción, es necesario entender qué está afectando realmente a las personas dentro de la organización. Sin ese paso, cualquier iniciativa corre el riesgo de resolver el problema equivocado.

Un buen diagnóstico incluye encuestas de clima laboral, entrevistas con líderes de área, análisis de indicadores clave como ausentismo, rotación y productividad, y revisión de las condiciones físicas del entorno de trabajo. Así, los resultados podrán revelar cuáles son las necesidades reales y te permitirá priorizar acciones con mayor impacto sobre el bienestar cotidiano de los equipos.

•           Definir los pilares del programa

Aunque las necesidades de cada organización varían según su contexto, hay cuatro pilares básicos para estructurar un programa de calidad de vida laboral exitoso. Cada pilar debe tener objetivos medibles, presupuesto asignado y un responsable claro dentro del área de RR.HH.

  • Bienestar físico: acceso a actividad física, alimentación saludable y atención médica preventiva. Algunos proveedores como TotalPass incluyen acceso a gimnasios, spas, centros deportivos, apps de meditación y nutrición en una sola membresía.
  • Salud mental: programas de apoyo psicológico, gestión del estrés y canales de escucha activa que permitan detectar problemas antes de que escalen.
  • Desarrollo profesional: capacitación continua, rutas de carrera claras y técnicas de motivación como el job enrichment, que consiste en enriquecer el contenido del puesto con mayor autonomía, variedad de funciones y responsabilidades significativas.
  • Ambiente y cultura: espacios de trabajo diseñados para el bienestar, liderazgo empático y comunicación interna transparente. Este pilar es el que da coherencia a todos los demás.

•           Diseñar acciones concretas y escalables

Las acciones deben ser proporcionales al tamaño y presupuesto de la organización, y deben responder siempre a lo detectado en el diagnóstico. Una empresa mediana no necesita replicar los programas de una corporación multinacional; necesita identificar las dos o tres intervenciones con mayor impacto para su contexto específico y ejecutarlas bien.

El criterio para elegir cada acción debe ser siempre el mismo: ¿responde a una necesidad real detectada en el diagnóstico, o solo suena bien en una presentación? La clave está en priorizar pocas acciones con alto impacto sobre muchas iniciativas dispersas es la diferencia entre un programa que se siente vivo y uno que se archiva a los seis meses.

•           Comunicar el programa de forma efectiva

Un programa que nadie conoce no existe. Por ello, la comunicación interna debe hacer parte del diseño de tu programa de calidad de vida laboral desde el principio, así los colaboradores pueden saber con claridad qué beneficios tienen disponibles, cómo acceder a ellos y qué significa este programa para la cultura de la empresa.

Así, en el lanzamiento del programa se deben considerar los canales, mensajes y líderes de área que servirán como voceros de la iniciativa. Esto ayudará a generar adopción del programa desde el primer día, tener feedback oportuno de los colaboradores, y medir resultados durante la ejecución.

•           Medir, ajustar y sostener en el tiempo

Un programa de calidad de vida laboral debe plantearse para generar resultados a corto, mediano y largo plazo, guiado por la medición de indicadores de seguimiento como el nivel de uso de beneficios, la variación en ausentismo, y resultados de encuestas trimestrales de clima organizacional.

Más allá de los pasos técnicos, lo que determina si un programa de calidad de vida laboral se sostiene en el tiempo es el compromiso genuino de los líderes. Cuando la dirección percibe el bienestar como una inversión estratégica y no como un gasto de imagen, el programa permea toda la organización. Los equipos con líderes comprometidos con el bienestar pueden aumentar la productividad en mayor nivel comparados con aquellos donde el liderazgo permanece indiferente al tema.

Armar un programa de calidad de vida laboral no requiere un presupuesto ilimitado. Requiere diagnóstico honesto, diseño inteligente y constancia en la ejecución. Las empresas que lo hacen bien no solo reducen rotación y ausentismo, sino que construyen culturas donde las personas deciden quedarse y dar lo mejor de sí mismas cada día.




Cuando el odio cruzó la puerta del salón en Lázaro Cárdenas, Michocán

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En una escuela, la mañana no entra de golpe: se va armando. Primero llegan los pasos. Luego las mochilas. Después el murmullo de los alumnos, el saludo breve en la entrada, la respiración todavía desordenada del día que apenas abre los ojos. El 24 de marzo de 2026, en el colegio Antón Makárenko de Lázaro Cárdenas, Michoacán, esa coreografía duró muy poco. Entre las 7:30 y las 7:40 de la mañana, un alumno de 15 años cruzó la puerta con un rifle AR-15 escondido en un estuche para guitarra y disparó contra dos maestras en la recepción del plantel. Las mató en el lugar. Un estudiante y un trabajador lograron someterlo. La policía llegó después. Para entonces, la escuela ya había dejado de ser escuela.

Las maestras se llamaban María del Rosario Sagrero Chávez y Tatiana Madrigal Bedolla. Tenían 36 y 37 años. Sus nombres quedaron desde ese momento atados a una imagen insoportable: la del aula mexicana alcanzada por una violencia que durante años se quiso pensar como un mal de la calle, de la noche, del crimen organizado, de otros territorios. Pero no. También estaba aquí: a la hora de entrada, en un plantel privado, en el espacio donde una maestra hace cada día una de las tareas más frágiles y más decisivas de cualquier sociedad, que es sostener un orden civil mínimo frente al desorden del mundo. Después vinieron las veladoras, las flores, el cierre temporal del colegio y las marchas para despedirlas. El luto fue inmediato porque la herida también lo fue: no había muerto solo dos personas; había sido perforada una idea de resguardo.

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Nueve horas antes del ataque, el adolescente se había grabado frente al espejo, vestido de negro, con el arma en la mano. Había publicado un mensaje anunciando que ese sería el día. También difundió material asociado al universo incel, una subcultura digital marcada por resentimiento misógino y, en sus expresiones más extremas, por llamados a la violencia contra las mujeres. Pero aquí la precisión importa más que el espanto. No puedo confirmar que el crimen haya quedado públicamente probado, de manera concluyente, como un acto motivado exclusivamente por una identidad incel. Lo que sí está verificado es que las autoridades seguían investigando el móvil, que el contenido en redes era parte central del caso y que el teléfono del agresor era una pieza clave que todavía no aparecía en las primeras diligencias. En tiempos de violencia viral, la responsabilidad también consiste en no convertir una pista en dogma.

Aun así, la palabra no puede desecharse como una extravagancia de Internet. La UNAM ha advertido que la misoginia ligada a estos entornos no debe confundirse automáticamente con enfermedad mental, sino entenderse también como un fenómeno social, cultural y digital. Estudios académicos recientes han descrito estos espacios como comunidades donde el aislamiento, la frustración y el odio encuentran lenguaje, pertenencia y escalada. Eso significa algo perturbador: que el resentimiento ya no circula solo como impulso íntimo, sino como doctrina disponible. Un adolescente no necesita inventar desde cero su furia; puede heredarla, imitarla, aprenderla en línea. Y cuando esa pedagogía de odio se mezcla con acceso a armas, señales desatendidas y una cultura saturada de violencia, el resultado puede caber en diez minutos y catorce disparos.

Michoacán agrava esa lectura. El crimen ocurrió en Lázaro Cárdenas, un puerto estratégico del Pacífico, dentro de un Estado que desde hace casi dos décadas funciona como uno de los símbolos más nítidos de la crisis de seguridad mexicana. Allí la violencia no es una noticia excepcional, sino una atmósfera. Ha erosionado la política, la economía y la vida cotidiana; ha vuelto familiar el lenguaje de las armas, de las amenazas, del control territorial, del miedo. En un territorio así, la escuela no está fuera del país real. Respira el mismo aire. Por eso enseñar en estos lugares no consiste solo en transmitir conocimientos: también implica levantar todos los días una pequeña arquitectura de orden, de confianza y de rutina en medio de un suelo cada vez más agrietado.

Lo ocurrido en el Antón Makárenko tampoco es un relámpago sin antecedentes. En México ya existen episodios que quebraron la vieja ilusión de que las escuelas estaban a salvo: Monterrey en 2017, cuando un estudiante disparó contra su maestra y sus compañeros; Torreón en 2020, cuando un niño de 11 años mató a una docente antes de suicidarse; y el CCH Sur en 2025, donde un estudiante fue asesinado dentro del plantel en un caso que también abrió la conversación sobre entornos incel y violencia juvenil. Los hechos son distintos, los contextos también, pero juntos dibujan una línea inquietante: la violencia escolar dejó de ser una anomalía impensable y empezó a instalarse como posibilidad mexicana. No como epidemia, todavía, pero sí como advertencia.

En la discusión pública aparecieron enseguida dos reflejos conocidos: el castigo y la clínica. Por su edad, el agresor enfrenta una pena máxima reducida dentro del sistema para adolescentes, lo que abrió el debate sobre reformas legales. Al mismo tiempo, el gobierno federal anunció un programa de salud mental para estudiantes de secundaria y bachillerato. Ambas respuestas son comprensibles, pero por sí solas no alcanzan. Endurecer penas no explica cómo un menor llega a una escuela con un rifle de uso exclusivo del Ejército. Invocar la salud mental, sin más, tampoco nombra la misoginia, la radicalización digital ni las responsabilidades adultas alrededor del arma, de las alertas previas y del entorno. Entre la sed de castigo y la simplificación psicológica suele perderse la pregunta más difícil: qué tipo de sociedad está produciendo jóvenes capaces de mirar a sus maestras no como autoridad, ni como guía, ni siquiera como personas, sino como blanco.

Ser maestro o maestra en estos tiempos se ha vuelto peligroso de una manera nueva y brutal. No solo por la precariedad laboral, el desgaste emocional o la erosión del respeto público. Peligroso, ahora, también en el sentido físico más desnudo de la palabra. Peligroso porque la escuela quedó en el cruce exacto donde se encuentran la violencia territorial, la circulación de armas, la misoginia digital, la soledad juvenil y la incapacidad del Estado para detectar a tiempo el odio antes de que se organice. En Lázaro Cárdenas, dos maestras murieron al inicio de la jornada. Y con ellas cayó otra cosa, menos visible pero igualmente grave: la última ficción de que el salón de clases todavía podía cerrar la puerta y dejar afuera al país.

Fuentes consultadas

EL PAÍS, cobertura del caso en Lázaro Cárdenas y seguimiento judicial; El Universal, recuento de ataques en escuelas de México; Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, discusión sobre el fenómeno incel y misoginia; Gaceta UAEH, análisis sobre violencia misógina digital en el caso CCH Sur; comunicado de la SEP sobre los hechos en el Colegio Antón Makárenko.

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