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Karla Panini y la misoginia internalizada en México

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Sexo + Psique

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo 

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hace algunos días, el portal de Facebook Histeoricas publicó un post donde, en la primera imagen, se lee: El acoso a Karla Panini es misoginia. Cómo es de suponerse, causó un interesante debate entre aquellos que insultan a Panini y quienes estuvieron de acuerdo con el contenido. Sin embargo, lo interesante de la publicación es que pone el foco de observación en cómo nuestra sociedad culpa a las mujeres por las acciones y responsabilidades de otra persona, en este caso de la pareja sentimental, un hombre. ¿Has considerado que el odio a Panini podría encubrir tu misoginia internalizada?

El post hecho por Histeoricas no pretende quitarle la culpa de las acciones que cometió, sino poner en revisión cómo miles de personas no responsabilizan al esposo, quien fue, de hecho, el que cometió la traición y demás actos que se le acusan. Es cierto que Karla Panini no fue sorora o solidaria con su ex amiga, pero quien maltrato, se burló y cometió traición, fue, principalmente su esposo. Y es este punto, el que merece más atención.

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Dejando de lado que son figuras públicas, nuestra sociedad ha responsabilizado en su mayoría a las mujeres de robar al marido o la pareja sentimental. Casi todos hemos escuchado expresiones como Esa z*rra me robó a mi ex, lo persiguió hasta quitármelo, mientras que en los hombres se alaba a aquel que consigue quitarle la mujer a otro. Esta doble moral no es nueva, es uno de los grandes pactos patriarcales que mantenemos hombres y mujeres, la misoginia internalizada.

Por definición, la misoginia es la aversión a las mujeres o falta de confianza en ellas1, es decir, un comportamiento cultural que ve a la mujer como inferior. Se expresa de diversas formas, desde comentarios despectivos o discriminatorios, en ocasiones se camuflajean de chistes o bromas, hasta llegar al feminicidio, la expresión más grave: el asesinato de una mujer por razones de género o por el hecho de ser mujer.

La misoginia es la antesala del feminicidio, en palabras de Isidro Cisneros: representa la valoración negativa de lo femenino o del ser mujer por razones históricas, sociales, políticas y psicológicas que se encuentra en la base de la hostilidad contra las mujeres con el objetivo de interpretar, ordenar y controlar la realidad. Abarca desde la forma más sutil de desprecio hacia las mujeres, que es la invisibilización o el silencio sobre ellas, hasta las manifestaciones más explicitas y contundentes de odio hacia el género femenino, pasando por todo tipo de expresiones de desdén y menosprecio2.

Ahora bien, esto puede sentirse muy lejano a nuestra realidad. Ya que aquí ni matan a nadie, mucho menos a mujeres, pues bien, según los datos recabados por Elisa Morales en su artículo ¿Qué “casi” no hay feminicidios en Baja California Sur3? Menciona que fue hasta a mediados del 2019 que se tipificó formalmente el delito de feminicidio en Sudcalifornia (antes de eso, únicamente se encontraba como agravante del delito principal, homicidio). La Procuraduría General de Justicia del Estado de Baja California Sur (PGJE BCS) continuaba sin reportar los casos de feminicidio, siendo señalados de negarse a investigar bajo perspectiva de género. Finalmente, en 2019 se registraron dos casos de feminicidio en Baja California Sur.

Es decir, la violencia contra la mujer en BCS existe, y es una realidad que ya no podemos seguir negando. Sin embargo, pudieran pensar que no conocen a mujeres maltratadas o víctimas de este delito, pero sigo compartiendo, pensando y me riendo de comentarios del tipo: Eso le pasó por puta, Si la encuentro de infiel la mato, Es que su forma de vestir me provocó, Vieja tenías que ser, o en el caso de las mujeres Pinche vieja, No soy como las demás, Me junto con hombres porque es más fácil, Donde pisa una leona, ninguna gata borra su huella y demás comentarios peyorativos hacia la mujer.

Es justo aquí, en la mente de cada uno de nosotros donde la misoginia internalizada hace efecto, en creer, responsabilizar y culpar a la mujer por casi cualquier cosa: por embarazarse, por no embarazarse, por cuidar a los hijos y descuidar al hogar, por tener la casa limpia, pero hijos desordenados, por trabajar poco o demasiado, por no atender al marido, por usar la ropa muy justa, por usarla muy aguada… y la lista sigue y sigue. Es momento de comenzar a repartir las responsabilidades al que le corresponde, de no seguir perpetuando este odio introyectado y de decir ¡basta!

Otra forma grave de misoginia que es respaldada socialmente, es creer que algo que hagas o dejes de hacer porque aquí todo se juzga te hace más, o menos respetable. Lo que quiero decir es que, no hay absolutamente nada que una mujer pueda hacer, que le reste respeto. No importa si iba borracha, si estaba sola con un hombre, si escogió mal a su pareja afectiva, si tenía poca o mucha ropa, si es lesbiana, o la etiqueta que le quieran poner, nada justifica la violencia —en cualquiera de sus vertientes. Es el abusador, acosador y/o violador, el culpable, tanto cómo aquellos que lo encubren.

Dejemos de culpar a las mujeres por todo y mejor repasemos cómo andamos internamente; escuchar los dolores, inseguridades y vivencias de las mujeres a mi alrededor desde la empatía y no desde el ego.

Bibliografía

  1. Definiciones de Osford Languajes. Revisado el 10/11/2021
  2. Cisneros, I. (2019). De la misoginia al feminismo. Crónica.
  3. Morales, E. (2020). ¿Qué “casi” no hay feminicidios en Baja California Sur? CULCO BCS.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, esto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




¿Cuándo los piropos se volvieron acoso? Respuesta rápida: siempre lo han sido

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Sexo + Psique

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo 

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Piropos callejeros, miradas que incomodan, comentarios desagradables sobre tu cuerpo o el ajeno, son sólo algunas de los comportamientos que las mujeres tenemos que soportar de amigos, familiares, compañeros de trabajo, jefes: hombres en general. Algo incomoda, pero tal vez no puedo explicar que es, algo me ofende, pero era tan sólo una broma; el acoso sexual es —tristemente— mucho más frecuente de lo que pensamos. Pero, ¿qué se puede considerar que es y qué no?

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el acoso sexual es: cualquier comportamiento —físico o verbal— de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona; en particular, cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo1. Puede ser expresado de varias maneras, tal como comentarios sobre su cuerpo o actividad sexual, chistes sexuales, pedidos de favores sexuales, presión para citas, manosear, agarrar, miradas no favorables, carteles que degraden a las mujeres, asalto sexual o violación. Un acosador puede ser un compañero de trabajo, un amigo, un familiar y puede ser del sexo opuesto o del mismo sexo que Usted.

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Según el Grupo de Investigación de Estudios de Género de la Universidad de las Islas Baleares, el concepto surge ligado a una reivindicación feminista. Desde este enfoque, se trata un ejercicio de poder, aunque superficialmente tenga apariencia sexual (Bosch et al., 2009). Las autoras mencionan el primer uso del término en 1974, por un grupo de feministas en la Universidad de Cornell “para analizar sus experiencias con los hombres en el mundo laboral y referirse al comportamiento masculino que negaba su valor en ese mundo”2.

El concepto de poder es central para explicarlo. Cuando un hombre piropea en la calle a una mujer, sabe que ella no va a voltear y decirle Tu piropo acaba de hacer que me enamore de ti, ¡sin embargo, es una conducta sumamente común! Lo es por dos razones fundamentales: la primera, el hombre sabe que incomoda y ejerce poder sobre ella y su cuerpo al emitir una opinión no deseada y, en segundo lugar, cuenta con que la mujer no haga nada, sólo camine más rápido y huya, porque se siente más fuerte que ella.

Es por esto que constituye una manifestación de discriminación basada en el género, y un acto violento respaldado por pautas culturales y sociales. Es ampliamente reconocido que afecta fundamentalmente a las mujeres. Si bien los hombres también pueden ser objeto de acoso sexual, la mayoría de las víctimas son mujeres ya que están mucho más expuestas al vivir en una sociedad machista que nos enseña que no tenemos poder, que somos el sexo débil, que siempre nos tienen que proteger y que el respeto es algo que se gana, no que se tiene.

¿Por qué ocurre? El Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) creó el micrositio de Cero Tolerancia, como un esfuerzo para unir y construir una cultura que denuncie y erradique el hostigamiento y acoso sexual, en dónde nos comparte algunas de las múltiples causas que existen3:

Machismo

Cuando predominan ideas, creencias, refranes, canciones, mensajes y comportamientos que reafirman un rol dominante de los hombres hacia los cuerpos, la sexualidad y la vida de las mujeres: hablamos de “machismo”. Los piropos, actos de asedio sexual, chistes, burlas o insinuaciones sin consentimiento o reciprocidad, son conductas de hostigamiento o acoso sexual, que son permitidas y alentadas como parte del ser hombre y, por tanto, son comportamientos considerados como “naturales, normales e inevitables” en sus relaciones con las mujeres.

Abuso de poder

En nuestra sociedad, los hombres ostentan mayor poder que las mujeres, lo que las coloca en posiciones de desigualdad y mayor vulnerabilidad. Por ejemplo, en algunos espacios laborales se tiende a imponer horarios de trabajo y de salida muy prolongados; exigencia de presencia en lugares fuera de las oficinas o instalaciones de trabajo; decisiones o reglas arbitrarias, generando climas propicios a la afectación de derechos, al silencio, la omisión o incluso la complicidad con las o los jefes ante conductas hostiles o violentas que incluso pueden constituir hostigamiento.

Débil cultura de denuncia

La falta de confianza en las autoridades, la vulnerabilidad mientras se realizan los procesos de justicia, la falta de respuestas adecuadas ante las quejas, el excesivo tiempo que toma la justicia, el miedo a los despidos, la expulsión de los entornos escolares, el señalamiento público como personas conflictivas, así como los procedimientos engorrosos y largos justifican la débil cultura de la denuncia, lo cual favorece la impunidad y la tolerancia al hostigamiento y al acoso sexual.

¿Cómo reconocer que es acoso sexual y que no? En el cuadro siguiente se presentan los estudios del Instituto de la Mujer de España (2006) y de Calle, González y Núñez (1998).

NO es siempre NO

Durante muchos años se ha culpado a las víctimas, en especial a las mujeres de provocar a los hombres, ya sea por su vestimenta, por su actuar o simplemente por existir. Sin embargo, jamás es culpa de la víctima. Considero muy peligroso el pensamiento que dice que Nos tenemos que dar a respetar, cómo si el respeto fuera algo que nos tenemos que ganar y no exigir simplemente por ser personas. No tendríamos que solicitar respeto, es un derecho fundamental y no hay nada, ningún comportamiento que nos reste respeto. El acoso sexual es algo que miles de mujeres vivimos a diario, es un delito y no debería de tolerarlo, ni en mi persona, familia o ambiente laboral.

Bibliografía

  1. (2014). Guía para la intervención con hombres sobre el acoso sexual en el trabajo y la masculinidad sexista.

https://www.ilo.org/sanjose/publicaciones/WCMS_239603/lang–es/index.htm

  1. Larrea, M. (2018). ¿Cómo se mide el acoso sexual? 

http://redinvestigacionfeminista.org/archivos/Encuesta_de_prevalencia_motodologia.pdf

  1. (2021). Cero Tolerancia. http://cerotolerancia.inmujeres.gob.mx/

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Enriqueta Vega Estrada recibe Medalla Dionisia Villarino

FOTOS: Congreso del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). En sesión solemne, el Congreso del Estado entregó la Medalla “María Dionisia Villarino Espinoza” a la ciudadana Enriqueta Vega Estrada, por su mérito en la lucha de comunidades ejidales y trabajo comunitario, informa el propio Congreso local.

La homenajeada de la edición 2021, al hacer uso de la tribuna, expresó que han  sido muchos años de lucha y participación activa al lado de grandes mujeres en los aspectos social, cultural y político en favor de las comunidades del Estado, y particularmente, de los ejidos del municipio de Comondú, promoviendo proyectos donde participan mujeres.

Dijo que este reconocimiento la estimula para seguir trabajando por el bienestar de las comunidades, así como que reviste importancia y que se valore la participación de la mujer, como Dionisia Villarino, que defendió sus ideales, logrando el reconocimiento de los derechos de las mujeres en la vida política, “nos motiva a cada mujer a seguir participando desde las diferentes comunidades y roles desempeñados en beneficio de Baja California Sur”, añadió.

Por su parte, la Presidenta de la Comisión de Equidad de Género, diputada María Luisa Ojeda González, hizo un reconocimiento a las 16 participantes de la edición 2021; y como a las anteriores, dijo que con este reconocimiento el Congreso del Estado visibiliza a la mujer del medio rural y se une al reconocimiento de 17 mujeres que participaron en esta ocasión.

La señora Enriqueta Vega Estrada fue promotora del Nuevo Centro de Población Ejidal 4, iniciadora y promotora de la creación de los nuevos centros de población ejidal 1, 2, 3, 4, y 5 del Valle de Santo Domingo, escuelas secundarias, y realizó acciones a favor de mujeres de comunidades rurales.

El congreso resolvió también entregar reconocimiento de participación a las dos integrantes de la terna: Norma Alicia Castañeda Quintero y Patricia Patrón Cota, concluye el comunicado de prensa.




La feminista, la que te incomoda

FOTOS: Internet.

Colaboración Especial

Por Diana Reneé Amao Esquivel

La Paz, Baja California Sur (BCS). Este texto puede hacerte sentir incómodo/a al leer su contenido, y esa es precisamente la intención: incomodar para reflexionar, cuestionar los privilegios de un orden social desequilibrado llamado patriarcado. Este texto también busca empatizar con las mujeres, particularmente con aquellas que nos asumimos como feministas, porque adoptar el feminismo como forma de vida no siempre resulta un proceso fácil.

Sí, soy feminista. No sigo los chistes machistas en las reuniones de oficina; tampoco le sigo el juego al pariente machirul que en navidad se sienta como patrón a que le sirvan y le limpien todo; tampoco tolero la comunicación violenta; ni tampoco tengo mucho aguante en esas fiestas en las que las mujeres están por un lado a cargo de la comida y los niños/as mientras ellos, los varones, se dedican a beber.

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No, ahí no hay espacio para las feministas como yo. Porque no me quedo callada, creo que el silencio ha sido el mejor aliado del patriarcado. Éste ha sellado los pactos más injustos y ha permitido que la balanza del poder se siga inclinando hacia ellos. Eso significa que voy a cuestionar los patrones de género, el orden familiar y trataré de establecer límites, y eso no es algo que caiga bien a la gente, porque todos/as quieren reír y hacer como que no pasa nada para llevarla “suave”, pero sí pasa y es por eso que yo decidí ser la hermana, prima, cuñada, la tía que incomoda, esa a la que no le tiembla la voz para decir: “lava tus platos” o “podrías ayudar más” o “tranquilo, estás gritando” esto me ha valido la antipatía de muchas personas en mi familia. También hace que mi lista de amigos/as sea reducida, no le caigo bien a varias personas en la oficina o en los pasillos de la escuela. Soy esa, la feminista que incomoda.

Ser la pariente o la amiga feminista, significa que tu mundo va a cambiar, que las relaciones como antes las concebías ya nunca serán las mismas porque ahora eres consciente y tus ojos afilados por el morado de las gafas feministas no toleran la violencia, el abuso y la injusticia ¡tremenda cosa! Porque en el camino me llegué a sentir rechazada, incomprendida, ignorada, en algunos momentos sola e incluso he sido violentada por señalar los privilegios y las cárceles que vivimos cotidianamente como sano/as hijos/as del patriarcado.

Ser feminista significa que si estás pensando en tener una pareja has de ser exigente con lo que deseas de tu compañero y que desde las primeras citas tienes que indagar si no es un potencial manipulador, golpeador, feminicida, o de esos de que se dicen deconstruídos [1] y que terminan siendo más de lo mismo… Y de pronto te enfrentas a que tu lista de posibilidades para tener un compañero se ha reducido de forma tremenda, porque tristemente, los varones en el proceso de cuestionar su lugar privilegiado en este sistema social que se llama patriarcado no han empezado aún su tarea o se ha tardado demasiado —a esos pocos que ya empezaron, sigan así, falta mucho por trabajar. Es así como tantas mujeres que ya abrimos los ojos y empezamos el cambio ya no encontramos el puente para el encuentro con los compañeros y preferimos estar solas aunque nuestro deseo es en realidad construir un lazo significativo libre de violencia machista.

Cuando has adoptado el feminismo como una forma de vida la relación con nuestros cuerpos cambia, también cambia nuestra idea de la maternidad, del trabajo, de nuestro lugar en los espacios públicos y privados. Así, de pronto, llega un momento en el que te miras al espejo y te das cuenta que nuestros cuerpos se encuentran llenos de las expectativas de una sociedad patriarcal en la cual los cuerpos de las mujeres han sido moldeados por estereotipos que hacen que nos rechacemos a nosotras mismas hasta matarnos: tienes arrugas, sobrepeso, imperfecciones, usa maquillaje, ve al gimnasio, vístete bien, píntate el pelo, usa tacones, uñas de gel y minifalda. Las revistas, las redes sociales y los medios de comunicación usan imágenes de mujeres delgadas y blancas, ese es el estereotipo de belleza, nada más alucinante como ese espejismo, las mujeres reales venimos en empaques de muy diversos en tamaños, colores, proporciones y texturas, negarlo hace que las mujeres terminemos odiando nuestros cuerpos. Ser feminista implica romper con eso y abrazar nuestros cuerpos, reconocernos como únicas y especiales.

Así que cuando empecé a abrir los ojos y la conciencia a las relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres no me di cuenta que era un camino sin retorno, que ya no vería los roles de género de una manera tradicional y que me iba a cuestionar todo; no sólo a mi, sino también a quienes me rodean, el feminismo es como una avalancha que transforma nuestra vida, y en el camino no estamos solas, en el camino de pronto te encuentras a una gran colectiva de mujeres que estamos en el mismo proceso y entonces dejas de sentirte el bicho raro de la familia, ahora tienes un grupo de amigas que se ha tejido contigo, conmigo, como una red que nos abraza y sostiene.

Me di cuenta que en el camino del feminismo hay muchas mujeres que lo viven de maneras muy diversas, aquellas que son artistas, las que pintan, danzan y cantan con su voz para denunciar o sanar; aquellas que han decidido irse por el camino de las leyes y las políticas públicas; aquellas que han decidido acompañar a otras mujeres que han vivido violencia; aquellas que han sido tan violentadas por el patriarcado que simplemente no quieren tener nada que ver con los hombres; hay mujeres de 60 años despertando así como chicas de 15 años, hay divorciadas, casadas, lesbianas y LGBT+ hay todo un arcoíris de mujeres que nos estamos inventando día a día el cómo vivir siendo feminista.

También hay mujeres que dicen que no son feministas aunque sean más feministas que la misma Simone de Beauvoir, pero su lucha es distinta, su apuesta es por una vida mejor para las mujeres, y aunque no se llamen feministas a sí mismas, su actuar es de lo más feminista que te puedas imaginar, como el grupo de mujeres en un barrio de la ciudad o en una comunidad rural que ha formado un grupo de apoyo y escucha para mujeres que han vivido violencia. Así que no importa si te reconoces o no como feminista, si vas o no a las marchas o si estás en una colectiva de mujeres o no; si usas un pañuelo verde, uno morado o los dos o ninguno, lo que nos hace feministas es buscar una vida buena, digna y justa para todas las mujeres y la lucha por esa vida se pelea en lo cotidiano, en la cama o la mesa del comedor con tu pareja, con la familia, con los compañeros/as en el trabajo, con las amistades, ¡vaya, con toda la gente con la que interactuamos!

Lo que importa es que vayas tras la idea de que podemos hacerlo mejor como mujeres. Dicho todo lo anterior, entonces sí, sí soy feminista y sí, soy incómoda para muchas personas, pero eso me ha liberado de una gran carga, la de las expectativas de la sociedad, y caminar sin ese peso es el mejor regalo que me ha dado el feminismo; también el derecho al voto, a la educación, a decidir sobre mi cuerpo, mi identidad sexual, a usar pantalones, y bueno la lista se puede hacer muy larga, lo importante es reconocer que todo eso ha sido gracias al feminismo incómodo que tiene más de tres siglos de lucha.

[1] En el contexto de la ruptura de los roles de género y la adopción de la mirada crítica feminista, hablar de deconstrucción, tanto para hombres como para mujeres, significa un proceso que conlleva primero el cuestionamiento de los privilegios propios y de las personas, instituciones o símbolos que ostentan mayor poder; segundo, buscar otros patrones de comportamiento que equilibren la balanza de poder; y por último, aplicar esos patrones y vivir con ellos de manera congruente.

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Hablemos de consentimiento

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Sexo + psique

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cuando hablamos de comunicación humana, solemos tener brechas gigantescas entre lo que quiero decir y lo que el otro entiende, o lo que yo interpreto de lo que escucho, sobre todo, si se refiere a la comunicación sobre mi o mi sexualidad, y dentro de los conceptos más importantes en este ámbito es el consentimiento sexual. En los últimos años, el consentimiento se ha convertido en la clave para reivindicar el derecho efectivo a ejercer la libertad y autonomía sexual: cómo, dónde y con quién sostener un acto sexual son decisiones individuales que deben ser respetadas en todo momento1. Sin embargo, ¿cómo lo aplico en la realidad?

El consentimiento sexual hace referencia a aceptar voluntariamente tener actividad sexual con otra u otras personas. Su presencia en la conversación se exige —o debería de—, como elemento necesario para asegurar relaciones sexuales sanas, satisfactorias y libres de violencia. Por lo tanto, es un acuerdo entre las partes participantes. Aunque no siempre el consentimiento es verbal, sí es recomendable acordar verbalmente lo que se quiera o no hacer.

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Uno de los grandes problemas acerca del consentimiento, es que muchas personas piensan que por haber dicho que sí una vez, éste aplica para todas las ocasiones subsecuentes, y no es así. Por ejemplo, estar de acuerdo en besar a alguien no le da el derecho de tocar el cuerpo ajeno sin preguntar primero, así como el haber mantenido relaciones sexuales con alguien en el pasado, no te obliga a repetirlo en el futuro. Una persona no le debe intimidad sexual a alguien, pese a que le hayan invitado a salir, le pagaron la cena, lo llevaron al motel, y más, no importa en qué momento del acto sexual estés, si una de las partes no se siente cómoda se debe parar de inmediato, y si no sucede así, podemos estar hablando de abuso sexual.

Lo ideal en el consentimiento es poder comunicarlo verbalmente en el momento en el que me siento incómodo con la situación o dar una señal clara que quiero que tal o cual acción continúe, sin embargo, en la mayoría de los casos, pese a que se envían las señales adecuadas de desagrado, la otra persona no logra verlas. Un estudio cualitativo (O’Byrne, 2006) realizado con hombres jóvenes, mostró que los participantes eran capaces de comprender los rechazos indirectos en diferentes interacciones sociales. Sin embargo, en el consentimiento sexual con mujeres, afirmaron que algo menos explícito que un NO directo y claro, se percibía ambiguo.

De aquí la importancia de educar a hombres y mujeres en la asertividad y en el poder comunicar lo que se siente y piensa sin temor a ser juzgados o rechazados. Pero, por si queda alguna duda sobre lo que es y no es el consentimiento, te dejo la siguiente tabla:

El consentimiento sexual siempre es2:

El consentimiento no es3

 

Libre: elegido de forma voluntaria, sin ningún tipo de presión ni manipulación y en estado de lucidez. Viciado: otorgado en un estado de inconsciencia, en el marco de una relación de poder o bajo la influencia de sustancias.
Afirmativo: expresado de forma positiva, explicita y concordante, no hay circunstancia que permite presuponerlo. General: el consentimiento no abarca cualquier acto sexual, sino uno en específico.
Reversible: la persona puede retirarlo en cualquier momento sin sufrir consecuencias y sin dar justificaciones. Permanente: puedes otorgar tu consentimiento en un momento determinado y retirarlo cuando lo desees.
Específico: se da para una práctica concreta, no es extensible a cualquier otro. Equívoco: no se puede consentir a realizar un acto sexual sin saber exactamente que implica.
Informado: Sólo se configura si la persona tiene toda la información sobre el acto sexual a realizar. Pasivo: el silencio y las señales imprecisas NO son consentimiento.

¿Por qué es importante hablar del consentimiento?

Porque durante años se ha culpado y revictimizado a las víctimas de abusos sexuales, hostigamiento y/o violación, por pensar que ellas son las que provocan o que lo estaban buscando, cuando no es así. Hablar del consentimiento y su importancia dentro de las relaciones interpersonales nos permite observar la situación con detenimiento y darnos cuenta de cuanta violencia internalizada traemos arrastrando. Hay una gran cantidad de hombres que no son conscientes que cometieron una violación porque es “normal” tener relaciones sexuales con alguien en estado de ebriedad, o que no logran leer las señales de incomodidad cuando su pareja no desea tener relaciones sexuales, lo que ocasiona un gran daño emocional o hasta físico a quien lo sufre.

El consentimiento se enseña desde casa, cuando aprendemos a respetar el cuerpo del otro sin exigirle que haga lo que yo quiero, como en el caso de las niñas y niños es una situación común cuando se niegan a darle un beso o abrazo a un familiar y, en vez de respetar su emoción y sentir, la mayoría de las veces se les obliga a hacerlo aunque no quieran, lo que les va enseñando que su cuerpo no es suyo o que tienen que complacer a alguien más. Por lo que ejercer el consentimiento es un ejercicio práctico y mental en donde debo buscar la forma de ser asertivo y de respetar a la otra persona cuando así me lo pida. En suma, los beneficios de un encuentro sexual consensuado se traducen en una relación sexual placentera y plena para los participantes. Libre de violencia y ejerciendo en pleno el derecho a la libertad.

Bibliografía:

  1. Pérez, Y. (). California define qué es “consentimiento sexual”. https://doi.org/10.1590/1984-6487.sess.2017.25.06
  2. Faur, E. (2019). Del escrache a la pedagogía del deseo. Revista Anfibia. http://revistaanfibia.com/cronica/del/escrache-la-predagogia-del-deseo/
  3. PlannedParenthood (2021). Consentimiento sexual. https://plannedparenthood.org/es/temas-de-salud/el-sexo-y-las-relaciones/consentimiento-sexual

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