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El drama de la libertad como espacio entre el azar y la necesidad

IMAGEN: Flor Pereira

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En Robben Island conocí a Benjamín Dau. Rengueaba un poco, le faltaba un dedo de la mano derecha y varios dientes, resabios de once años de torturas.

Aquella mañana, yo había comprado un libro del poeta Stephen Gray, Gabriel’s exhibition,  y sus profundos versos se mezclaban con las olas que castigaban los peñascos bajo los torreones.

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Los pinnípedos apestaban sobre las rocas; al columbrar el intenso zafiro del océano evoqué a los tiburones blancos que había visto saltar como un destello eterno. Imaginé  probables evadidos y su periplo por escapar de la prisión, tras de ellos la violencia humana, delante un destino de dientes como navajas.

Fue entonces cuando Benjamín me habló. Trabajaba como guía en aquel museo que antaño fue su infierno. Era un bantú magro que reía bajo el sol invernal mientras caminábamos bajo los torreones.

Me dijo que cuando lo arrestaron, la policía lo clasificó según su tono de piel. A los más claros les encerraban en celdas más amplias y les daban raciones con carne, a los coloured les destinaban a espacios estrechos con pocas raciones de arroz y harina; y a los más negros les apiñaban bajo un régimen de potajes sin carne. Dau retenía cada onza de comida en su esperanza por salir de allí. Y sin embargo, como hombre libre aun rondaba ese lugar como un espectro que llevaba treinta años sin desligarse.

Yo no entendía como alguien que fue encerrado por más de una década seguía allí, ahora por voluntad propia, mostrando día con día las ruinas del apartheid a turistas de toda laya. No comprendía porque no había escapado lo más lejos posible, tratado de olvidar un espacio donde le arrancaron diente por diente mientras minaban su voluntad.

Ante mis preguntas me contó como Mandela le había enseñado a él y a otros reclusos a escribir con un pedazo de yeso en una cueva donde fingían picar piedra. Había sembrado un jardín e impelía a los demás a cuidarlo, daban un sentido a su estancia para no suicidarse. Mandela también le enseñó a leer y Benjamín escribió en el muro de su celda: Masiyibambe, “Soy fuerte”. Mantra al que se adhirió aun cuando Mandela ya había salido y él pernoctaba repitiéndose una y otra vez después de las golpizas.

Y era fuerte y sonreía.

Nunca supe por qué Benjamín Dau había sido procesado y le habían arrebatado uno de los valores más importantes que detenta un hombre, su libertad individual. No sé qué hecho, delito o no, le había ocasionado tal desventura y no quise averiguar.

Como figura de acontecimientos que yo no viví me preguntaba absurdos. ¿Qué hubiera hecho Dau si tuviese la oportunidad de vengarse de sus torturadores? ¿Qué hubiera pasado si una sola partícula se hubiese desviado de su trayectoria durante su condena? ¿Por qué valoraba yo la libertad individual como el valor máximo al intuir el sufrimiento del otro y por qué no entendía la decisión de aquella víctima?

Días después me encontraba en Mossel Bay frente al Cabo de Buena Esperanza. Caminé los atardeceres por el malecón donde venerables ancianos pescaban con sus nietos y compraban helados. La bonhomía de su sonrisa contradecía el pasado de esos viejos que un día envolvieron bombas en cabezas de cerdo, quemaron vivos a otros aprisionándolos en llantas o reclutaron niños para la guerrilla.

Una noche, Abraham Hendrik Petrus, ictiólogo de Namibia con ascendencia alemana, me invitó a ver el juego de rugby a un bar. Me llamó la atención el grupo de motocicletas de lujo aparcadas frente al bar; Harley, Valkirye y Ducati dormían como rocines agotados. Pertenecían a un grupo de hombres que departían en una mesa. De los muros colgaban fotografías de caza; tipos orgullosos con un arma al hombro, luciendo la V en la mano y la bota sobre kudus, rinos, nyalas, leones y hasta niños del Congo o de cualquier hoyo africano —daba igual, África tiene forma de filete —.

Abraham me explicó que era un clásico bar donde los mercenarios descansaban. Ex veteranos de diversos ejércitos, contratados por empresas privadas para controlar o incitar insurgencias en Botsuana, Ruanda o Lesoto. Cuando estaban francos volaban a Sudáfrica a descansar mientras esperaban nuevas misiones.

Me asaltaba la frase de Sartre: “Un hombre es todas las cosas que hace”. Si esto es cierto somos respecto a nuestros actos y vamos siendo y cambiando en un nominalismo imparable.

Una tarde me detuvo una pareja de policías hermanados por el Estado, los ojos perros. Pasaporte por favor. ¿No lo tiene? Este fin de semana lo pasará en la celda. No lo entendía.

¿Acaso los insectos requieren pasaporte cuando viajan? ¿Los peces, las golondrinas, los azores? ¿Acaso las mariposas requieren pasaporte? ¿Las semillas? ¿Los tiburones? ¿Los halcones? ¿Las bacterias?

Pensé en aquellos mercenarios cuya función les daba mayor libertad de acción que a mí. No me metieron a ninguna celda. Les convencí con alegatos burocráticos que como extranjero sería peor perder mi avión y hacer un papeleo absurdo. Me dejaron ir.

Las cuestiones revolotearon como enigmas sin respuesta. Cada paso que damos en esta realidad incide sobre otros seres, a cada acción corresponde una reacción y a cada instante el fragor del drama se imbrica con la libertad y la voluntad.

¿Es cierto que el daño se relaciona con la libertad tal como sugiere una larga tradición filosófica? ¿Se puede escapar de un determinismo fatal o minimizar ese desgaste? ¿Lo que llamamos maldad se relaciona con el devenir de nuestras acciones?

Cuando Rüdiger Safransky relaciona la maldad con la libertad evoca una vieja tradición filosófica grecocristiana difícil de refutar. Derivada de la fatalidad trágica, el Cristianismo también heredó del Judaísmo el concepto de pecado y las mezcló en una curiosa filosofía donde el hombre era pecador casi por antonomasia. De aquí se infirió que el hombre es malo por naturaleza pero puede ser salvado y ya en el Génesis puede atisbarse una hermenéutica en donde se condena la libertad como desobediencia. La historia comienza con el conflicto mismo, la rebeldía ante una necesidad impuesta. No hay drama sin conflicto ni conflicto que no provenga del drama. Siglos después, Camus subrayaría la paradoja que implica esa rebelión imposible así: “La rebelión metafísica es la reivindicación motivada de una unidad dichosa contra el sufrimiento de vivir y de morir”.

Enlazar la libertad como un drama requiere aclarar los conceptos.

Según Safransky lo que llamamos maldad no es ningún concepto sino solo un nombre para el caos, lo que nos daña, lo que nos amenaza, la contingencia y la entropía. Pero el pensador alemán da una vuelta a su análisis al aclarar que la conciencia puede también escoger la crueldad y la destrucción y sus fundamentos son el abismo que se abre en el hombre.

Ahora, ¿qué se entiende por drama? El sustantivo tiene su origen en un verbo griego δράω, literalmente “yo hago”. Entenderemos el drama pues, como acción. Al modo actoral de la tradición teatral clásica toda acción es drama, entonces todo lo que hace el hombre es por antonomasia dramático.

La Libertad es un titán inasible, uno de estos noumenos kantianos que como Materia, Energía, Dios, Tiempo o Universo han tenido tantas definiciones como individuos han pensado sobre ella. Conceptos hay cientos y van desde el libre albedrío católico hasta la libertad negativa del liberalismo, tamizada por implicaciones racionales al modo de Spinoza de que no puede haber libertad más que en el estado o en sus antípodas la extrema postura de que solo el individuo es realidad al modo anarquista de Stirner.

 

Continuará…

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Anna Muzychuk, la ajedrecista que perdió sus campeonatos en defensa de los derechos de la mujer

FOTOS: Internet

Hilo de media

Por Elisa Morales Viscaya

 

La Paz, Baja California Sur (BCS).  A pesar de que las mujeres hemos avanzado un buen trecho en el camino de los derechos de participación en la vida deportiva y académica, lo cierto es que continuamos enfrentándonos a situaciones de injusticia y opresión en algunos espacios, donde se pretende acallar voces y conciencias, y el ajedrez no está exento de este paradigma; por ejemplo, es un debate muy recurrente si debe haber separación entre sexos en un deporte ciencia como el ajedrez. Hay que anotar que existiendo esta distinción, todavía el premio para ellas en los campeonatos sigue siendo mucho menor que el de los hombres.

En este sentido hace algunos años sonó la ucraniana Anna Muzychuk, gran maestra de ajedrez y triple campeona del mundo, como símbolo y portavoz de las mujeres que se niegan a ser invisibilizadas o comprometer sus ideales sobre la igualdad de género en el deporte.

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En diciembre de 2017, Muzychuk renunció a revalidar su posición como doble campeona mundial y a un gran premio económico al no acudir al Campeonato del Mundo de Ajedrez Femenino de Arabia Saudí, ya que las autoridades exigían a las jugadoras vestir de velo e ir acompañadas de algún hombre para salir a la calle.

La ucraniana, hija de padres ajedrecistas profesionales, comenzó su carrera deportiva desde los cuatro años, cuando obtuvo su primer diploma como tercer finalista en un torneo donde todos los demás competidores eran mayores que ella. A los 6 años, ganó el primer Campeonato de Europa Femenino Sub-7 y continuó cosechando victorias en los Campeonatos Juveniles de Europa y del Mundo.

De acuerdo a sus propias palabras En el ajedrez, lo primero y más importante es el esfuerzo y el trabajo, por lo que no es de extrañar que haya invertido muchísimo tiempo en entrenarse para el juego: al irse descubriendo como una virtuosa, sus padres decidieron que Anna tomara su enseñanza escolar desde casa, sin la distracción de asistir a clases en un colegio, para dedicar más tiempo al ajedrez. Esta dedicación le ha valido para convertirse en Campeona del Mundo de Ajedrez Relámpago en dos ocasiones (en 2014 y 2016), Campeona del Mundo de Ajedrez Rápido en 2016 y subcampeona en el Campeonato del Mundo Femenino de Ajedrez Clásico en 2017.

Aun así, Muzychuk tomó la dura decisión de perder sus dos títulos por decisión propia en una fuerte postura en defensa de los derechos de las mujeres. En sus redes sociales manifestó: En unos días voy a perder dos títulos de Campeón Mundial – uno a uno. Sólo porque decidí no ir a Arabia Saudita. No jugar con las reglas de alguien, no usar abaya, no estar acompañado saliendo, y por completo no sentirme una criatura secundaria. Hace exactamente un año gané estos dos títulos y fui sobre la persona más feliz del mundo de ajedrez pero esta vez me siento muy mal. Estoy lista para defender mis principios y saltarme el evento, donde en cinco días esperaba ganar más de lo que hago en una docena de eventos combinados. Todo eso es molesto, pero lo más molesto es que a casi nadie realmente le importa. Ese es un sentimiento realmente amargado, aunque no es el que cambie mi opinión y mis principios. Lo mismo ocurre con mi hermana Mariya – y estoy muy feliz de que compartamos este punto de vista. Y sí, para los pocos que se preocupan, volveremos!

La postura de Anna hizo eco mundial. Este mensaje que publicó en Facebook obtuvo más de 165 mil reacciones y ha sido compartido más de 74 mil veces. Tiene más de 25 mil comentarios apoyándola, los cuales no dejan de aumentar y constantemente se suman más, aun a casi 3 años de su publicación.

También resonó entre el gremio ajedrecístico: muchas más jugadoras tomaron la misma decisión. Por ejemplo, Sabrina Vega Gutiérrez, la principal ajedrecista española. Y también casi un 40% de los principales ajedrecistas masculinos, como el campeón estadounidense Hikaru Nakamura, decidieron no jugar en ese campeonato, oficialmente denominado “Campeonato del Rey Salmán”, el cual, paradójicamente, fue parte de los intentos de las autoridades de Arabia Saudí de modernizar su imagen, permitiendo a las jugadoras jugar con la cabeza descubierta. Pero definitivamente esto no es suficiente para ocultar las violaciones a los derechos humanos que sufren las mujeres en este país.

Arabia Saudí destaca por ser uno de los países del mundo con mayor brecha de género. Persiste el sistema de tutela masculina, que cede a sus padres, hermanos, maridos o hijos la autoridad: las mujeres necesitan el permiso de un pariente masculino para poder realizar un gran número de actividades o procedimientos. Se discrimina a la mujer por su condición, basándose en leyes tradiciones y costumbres sociales. La mujer que es encontrada a solas con un varón que no sea su esposo o un familiar allegado se arriesga a ir a prisión asumiendo prostitución. También pueden ser detenidas por infringir las normas sobre la indumentaria. Aunque por apertura turística se permite que las extranjeras lleven un vestuario “modesto”, para las mujeres sauditas es obligatorio ir de negro riguroso de la cabeza a los pies, cubiertas totalmente por las abayas (especies de capa) y velos.

Presentarse a una competición en un país que trata de esta forma a las mujeres le resultó inadmisible a la ajedrecista, quien manifestó en una entrevista para BBC Mundo: Empecé a informarme sobre la situación y en todas partes encontré que allí los derechos de las mujeres se violan a diario. Llegué a la conclusión de que era inaceptable participar en esas condiciones… Fue una decisión muy dura. Sabía que si no acudía perdería mucho dinero y mis títulos, pero decidí mantener mi postura en defensa de los derechos de las mujeres.

Tras esta decisión, el grupo Iberdrola le otorgó el premio ‘Mujeres que brillan’ a Anna Muzychuk, por su reivindicación de la igualdad de género en el deporte. Desde entonces, esta joven de 30 años da charlas en pro de la igualdad y se ha convertido en imagen de la lucha contra la discriminación, y de acuerdo a sus redes sociales, planea su regreso al tablero en la primavera de este año.

Fue campeona del mundo tres veces antes y está convencida de que puede volver a lograrlo.

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Luis y Karely, el primer matrimonio igualitario de Comondú

FOTOS: Cortesía

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). Hace 15 años, aproximadamente, Karely Falcom hacía su espectáculo de vedette en un centro nocturno de la zona de tolerancia de Ciudad Constitución, cuando atrapó la mirada de Luis. Él tenía una relación cuando se conocieron, pero al tiempo su pareja falleció, y encontró en la mujer transgénero, primero a una amiga, y luego al amor de su vida. Al tiempo se convertirían en el primer matrimonio gay de Comondú.

En el mes del Orgullo Gay, y a casi un año de celebrar su boda, Karely nos contó surgió el amor entre ambos y cómo hicieron historia en este municipio al casarse con todas las de la ley. En el documento ante el juez firmaron como Luis Agúndez Ruiz y Gerardo Sánchez Domínguez. Debido a la contingencia por el COVID-19, esta entrevista con ella se logró vía WhatsApp, desde su domicilio en la colonia Chato Covarrubias de Ciudad Constitución. Esta es su historia.

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Del escenario al balcón

Karely Falcom nació el 29 de junio de 1967 en el entonces Distrito Federal, aunque su familia vive en Tabasco. De ellos se separó hace muchísimos años, sin embargo, en su documentación oficial desea conservar su nombre de pila: Gerardo Sánchez Domínguez, quien desde niño sentía su espíritu femenino, y de adolescente creció admirando a Olga Breeskin, por lo que ser vedette se convirtió en un sueño que finalmente alcanzó.

Viajó llevando su baile sensual por varias ciudades de México y de la frontera. Cuenta que ha sido un gran trabajo —e inversión—  para lograr su transformación: inyectarse silicón, colocarse agujas, tomar pastillas y arreglarse para pasar completamente como mujer, lo que ocurrió casi siempre. Pero faltaba ese “casi”. Fue en una gira por Coahuila que la catalogaron como travesti, cuando ella de verdad deseaba sentirse mujer. Así que, a los 22 años, y a un alto costo, en Estados Unidos se operó para el cambio de sexo.

A El Valle llegó hace casi 30 años. Su expectativa era muy diferente, pero con tantas décadas, ha logrado amar esta ciudad pese a que aquí —confesó—, pasó por el abuso de drogas y la prostitución a manos de un hombre del que más tarde se separó, sin embargo, quiso hacer un cambio, retirarse de ese estilo de vida. En buena medida, su hoy esposo ayudó en eso. Él la conoció en ese ambiente, se enamoró de ella y más tarde le propuso matrimonio.

El escándalo y la boda

Ella dijo que nunca había soñado con casarse vestida de blanco, y así lo hizo el 9 agosto de 2019 con Luis Agúndez Ruiz, trabajador de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Comondú, quien nació el 25 de agosto de 1975 en La Paz. Luego de 12 años de noviazgo, él le pidió casarse y estaban por buscar un amparo para hacerlo, pero justo el Congreso del Estado aprobaba el matrimonio igualitario en BCS, así que ya no hubo necesidad de ello. Fue el 27 de junio de 2019 que se aprobó, en medio de largas sesiones de escándalo por grupos opositores y activistas LGBT. Ese mismo día, Karely, quien encabeza el grupo Diversidad e Inclusión Comondú anunció ante ellos su enlace civil.

Cuenta como anécdota que el día que fueron a las oficinas a dejar documentos para su unión civil, un par de reporteros que debían cubrir la nota del primer matrimonio gay en casarse en Ciudad Constitución, no los tomaron en cuenta, a pesar que pasaron frente a ellos. ¿El motivo? Karely tiene una apariencia completamente femenina, por lo cual, al parecer, no habrían visto pasar a la pareja de homosexuales por casarse, así que no los distinguieron. Sólo restaba organizar la boda en un salón al que acudieron alrededor de 100 invitados, según la entrevistada.

En su ceremonia estuvieron presentes los parientes de parte de él y amistades de ambos, incluso algunos políticos. Su madrina fue la licenciada Rocío Ontiveros; también mencionó entre sus invitadas a Norma Castañeda y Yadira Loya. Allí todos que presenciaron la entrega de anillo, el tiro de la liga y el ramo, y el baile del dólar como en cualquier boda tradicional. Así, finalmente firmaron sus papeles y son el primer matrimonio igualitario de Comondú. A pesar de “el escándalo” —según palabras de ella—, de llegaron a criticar como “un hombre tan normal prefirió llevar de blanco a un gay”, él ha sido quien la conminó a dar la cara si hubiera notas y fotos de la prensa. Por eso también, ella aceptó esta entrevista, a sabiendas que sería más contar su historia que publicar sus fotos. Y así fue, apareciendo en medios locales, pero hasta ahora no se había profundizado en su historia.

Luis ha aceptado todas las condiciones de su unión. No habrá hijos, ni deseos de una boda religiosa. Salen juntos —ella siempre busca salir a la calle muy femenina— y él ignora los rumores. En su trabajo y con sus parientes, respetan a Karely como su mujer. “A él no le importan las etiquetas y no me cuenta si llegara a haber alguna burla”, dijo. Él ha sido quien más le ha levantado el ánimo por todas las controversias que haya o que habrán de surgir.

Política

Karely es la actual Nuestra Belleza Baja California Sur Gay 2019, y desde el 2018, lidera la organización Diversidad e Inclusión Comondú, trinchera desde la cual ha querido pelear apoyos federales para este sector poblacional, ya que juzga que ocupan apoyos y no les dan “que porque no soy mujer, o porque no tenemos hijos”. Confiesa que le ha gustado la política. Ha participado activamente en campañas electorales, aunque a la hora de la hora “los que trabajamos nos quedamos en cero”. Y ¿por qué no? Sueña con algún cargo de representación popular con la idea de gestionar apoyos para su comunidad. “Me gustaría ser diputada”, dijo.

En su hablar, es muy desenvuelta. Dijo que la han invitado a dar pláticas contra las drogas con alumnos de preparatoria; insiste en participar en campañas políticas; y aunque por ahora sólo cuentan con ingresos por su marido, ya que pase la contingencia desea volver al trabajo. Por ahora, se dedica a ser ama de casa. Se le ve contenta; se siente querida y segura. Cuando alguien ha querido criticar su condición de transexual, con un pasado que incluyó adicciones, lo enfrenta con la cara en alto, orgullosa de ser quien es. “Yo valgo y encontré un hombre que sí me valoró”, finalizó.

Una veintena de matrimonios

Según datos del INEGI proporcionados a CULCO BCS, de 2015 a la fecha, en Baja California Sur se han realizado 18 matrimonios igualitarios, sin embargo, los datos a 2018 no contabilizaron la unión civil que aquí se abordó y otra de dos varones en Ciudad Constitución, por lo hasta la fecha habría al menos 20 bodas entre personas del mismo sexo en la media península.

En 2015 iniciaron estos registros con tres parejas de mujeres, a los que se sumó uno más al año siguiente; hasta 2017 se realizó el primer matrimonio entre hombres en BCS, sumado a otros tres entre mujeres el mismo año; y en 2018 uno más entre varones y nueve entre mujeres, sumando un total de 18 matrimonios igualitarios de 16 de lesbianas y dos de hombres gays.

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Papás solteros. Una realidad invisible

FOTOS: Internet

Hilo de media

Por Elisa Morales Viscaya

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cuando se habla de hogares monoparentales, se puede dar la impresión de que solamente las mujeres madres de familia son quienes se encuentran criando en solitario; sin embargo, en México, de acuerdo con el último registro del Instituto Nacional de Estadistica, Geografia e Historia (INEGI), se reportaron 993 mil 935 hogares encabezados por hombres con hijos y sin cónyuge.

Esto implica que, en nuestro país, al menos unos 369 mil 210 menores de 15 años viven solo con su padre, ya sea por divorcio, separación, viudez o abandono de la madre, y deben ser atendidos por ellos para cubrir sus necesidades mínimas de formación, educación y alimentación. En México, Baja California Sur es el tercer estado con menos cantidad de papás solteros, con 8 mil 150; debajo de nuestra entidad sólo se encuentran Campeche con 6 mil 328 y Colima 4 mil 592.

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De los padres que se encuentran criando en solitario, 259 mil son separados o divorciados y alrededor de 42 mil de ellos fueron abandonados, en tanto que 495 mil son viudos.  Los datos del INEGI aseguran que en los hogares, 82.4 por ciento de los jefes hombres son económicamente activos, cantidad que supera al doble el de las jefas de familia, que representan alrededor del 48 por ciento.

Solos contra el machismo

Y fue precisamente a raíz de una separación, tras casi quince años de matrimonio, que Fabián, terapeuta de 36 años y padre soltero de un adolescente de 16 años y una niña de 9, se encontró un día criando en solitario: Mi ex pareja quería recuperar su vida, así que simplemente me dijo que ella no los quería porque no tendría tiempo, ella decidió verlos cada 15 días, y yo no quería dejar de verlos.

Lo más retador fue aprender a estar solo, ¿sabes?… Conforme el tiempo pasaba las cosas se fueron acentuando, tres meses después de que se fuera mi ex perdí mi casa, entonces los niños se fueron con ella, yo los iba a cuidar a su casa y era duro, porque ella salía con alguien; así estuve como seis meses, hasta que por fin terminó el proceso de divorcio y la custodia pasó a mí.

A pesar de ser una realidad, lo cierto es que el que un padre se encuentre como principal cuidador de menores suele ser un escenario poco visto, de acuerdo a Inmujeres, los niños que viven sólo con el padre son: 0.4 por ciento de los menores de 5 años; 1 por ciento de los de 5 años a los 9 años de edad, y 1.7 por ciento de los de 10 años a los 14 años de edad.  Al decir del estudio, esto “muestra que en caso de una disolución conyugal o viudez, en su mayoría los niños permanecen con la madre, comportamiento que obedece sobre todo a patrones culturales y en cierta medida a criterios legales”.

Y efectivamente, estos patrones culturales en Latinoamérica derivado de lo excepcional de la situación pueden llegar a generar prejuicios infundados cuando es el padre quien pretende mantener la custodia legal de sus hijos. Tal cual nos relata Alex, de 33 años y papá soltero a cargo de una niña de 10 años: Prejuicios enfrenté cuando pedí los cuidados personales de la niña en la Procuraduría, en repetidas ocasiones durante la entrevista de mediación me sugerían que por ser niña debería de estar con su mamá.

La idea de que sólo las mujeres, al convertirse en madres, tienen la capacidad de procurar el bienestar de sus hijos, como si por genética el hombre estuviera incapacitado para cubrir el rol de cuidador principal de un menor, es uno de los legados de la cultura machista más arraigados en nuestra sociedad.

¿Cuestión biológica?

En el primer episodio del documental Bebés, disponible en la plataforma de Netflix, más de 30 científicos compartieron que los niveles de oxitocina de la mujer incrementan, durante el embarazo y a medida que establece una relación con su bebé a través de abrazos y besos. Los niveles de oxitocina en las madres activan la amígdala en el cerebro, lo cual abre un espacio en el cerebro, que ya no se cierra nunca, en la región de la amígdala para estar al pendiente de sus hijos, y despertar con el llanto.

Esta relación sobre la oxitocina y la amígdala, los investigadores la analizaron en hombres con hijos —propios o por adopción—, que criarán sin una madre. El resultado de esta investigación fue que, al tomar la decisión de ser padres, la oxitocina en el cerebro de estos hombres eleva sus niveles, y en las tomografías computarizadas, los científicos observaron que la amígdala del cerebro se abría igual que la de las madres.

El resultado de esta investigación demuestra que el ser padres, responsables y a cargo de los hijos menores, no es sólo una cuestión biológica, sino que es una decisión que tomamos. Y no se encuentra en modo alguna determinada por el sexo.

Los prejuiciosos creen que no somos competentes —nos relata Fabián al respecto de los retos de la paternidad en solitario. Siempre escucho: pobres niños sin su mamá; pero igual que todos, somos humanos y cometeremos los mismos errores, entonces el problema es que nos juzgan por el sexo y no las capacidades. Pero me ocupo de K. desde que era bebé, mi ex estaba en la escuela cuando nació y no podía cuidarla, entonces yo la dormía con biberón, la llevaba al maternal, me ocupaba de ella en el kinder y ahora en la primaria.

Incluso mi madre se compadecía de mi hija, desde pequeña, porque no tenía a su madre al lado, y me decía ‘Es que tú eres su mamá o como su mamá’. A lo que yo le respondía ‘pero la verdad es que soy su papá, y si la cuido y la procuro es porque así es el amor que le tengo, independiente de si somos padres o madres’.

Alex es de opinión similar: Como padre soltero, al menos en mi caso, sólo sería menos competente – que su madre–, si fuera a propósito o si no le pusiera suficiente esmero.

Esto no implica que la crianza en solitario de los hijos sea tarea sencilla, sobre todo cuando los hijos tienen ya la edad de comprender que uno de sus padres no está con ellos. Para Ricardo, de 36 años y padre soltero de 2 hijos de 7 y 10 años, esa es la parte más dura: Realmente el hacerte cargo solo de tus hijos es un trabajo muy difícil ya que hay que cubrir la parte emocional de la falta de una madre y responder cuestionamientos como el ¿por qué se fue?, ¿por qué no viene a vernos? Eso es realmente difícil.

Finalmente, los anhelos de un padre o una madre criando en solitario, no son distintos. Para Ricardo el mayor reto es darles el mejor de los ejemplos a sus hijos: Que sean personas con principios y valores, que sepan que aparte de tenerme como padre también soy su amigo y cómplice. Verlos felices lo que me queda de vida es el mayor reto. Por su parte, Fabián termina su relato contando que Lo más difícil es lo de siempre, ser padre, la verdad es que siempre me he ocupado de mis hijos entonces después de la separación es igual, solo que sin peleas.

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Era consumidor y lo sentenciaron como vendedor de drogas. Cartas desde el Cereso (I)

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Ius et ratio

Por Arturo Rubio Ruiz

 

Con frecuencia el acusado no recibía ningún indicio del problema hasta que recibía el golpe.
Encerrado a solas en un calabozo, separado por completo de sus amigos,
despojado de la comprensión y apoyo que podría recibir de sus visitas o comunicaciones,
se le dejaba allí para que rumiara su desesperación, presa de espantosas dudas,
sin siquiera saber de qué se le acusaba.
Mayor Arthur Griffiths, In Spanish Prisons

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Durante la colonización española, uno de los pueblos mesoamericanos que nunca fue sometido, los purépechas, se distinguieron por su valentía y belicosidad. Sin embargo, cansados de sus intentos por “civilizarlos”, los colonizadores urdieron un ominoso plan para someterlos; con engaños, se presentaron durante una celebración religiosa, mataron a todos los varones presentes, y capturaron a todas las mujeres.

Con el noble propósito de “evangelizarlas”, las encerraron en una especie de convento, donde las mantuvieron privadas de su libertad, y las forzaron a unirse en “santo matrimonio” con indios conversos tlaxcaltecas que reclutaron ex profeso. Privadas de su libertad, de sus familias y sus raíces, fueron forzadas a someterse a un estilo de vida, a un idioma, a una religión y a una cultura que les era ajena. El sentimiento que se apoderó de ellas, en purépecha se dice Uandaniata, que podría traducirse como angustia, como el amargo dolor que representa el verse forzado a someterse en cautiverio a un esquema de vida que no eligieron.

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Algo similar —proporciones guardadas—, ocurre con todos aquellos que se ven forzados a enfrentar un panorama de vida en cautiverio. La comparación con el caso de las mujeres purépechas permite vislumbrar con escalofriante precisión el severo impacto psicoemocional que genera el encierro en reclusión. Sin importar si la persona es inocente o culpable, el encierro, como tal, conlleva severas consecuencias en el entorno personal de quien es privado de su libertad.

El impacto de la reclusión puede dejar secuelas de por vida en quien enfrenta el encierro, y en su familia; de ahí que sea tan importante que la sociedad en su conjunto, y en particular los servidores públicos adscritos al campo de la administración de justicia, tengan una visión objetiva del efecto que causa el proceso de detención y prisión prolongada en aquellos que tienen el infortunio de enfrentar un proceso penal privados de su libertad.

Con absoluta independencia de su condición de inocencia o culpabilidad, quien ingresa a un Centro de Readaptación Social (Cereso) es un ser humano, y como tal, debe ser estimado durante todo el proceso que implique su enjuiciamiento y sentencia. En la medida que logremos generar conciencia, podremos optar por contar con un sistema de administración de justicia que responda mejor a las necesidades reales de la sociedad actual.

¿Cuánto vale un día de libertad en la vida de un ser humano?  Únicamente quien ha vivido el drama de la detención puede hablarnos de ello.

Y si al final del proceso —sin importar que el detenido sea culpable o inocente—, nos encontramos con que el encierro ha propiciado una pérdida de valores humanos, entonces resulta que nuestro sistema judicial es un fracaso, porque lejos de rehabilitar a quien delinque, cercena por igual a culpables y a inocentes, porque hace del encarcelamiento preventivo un tormento que destruye identidades y degrada la dignidad humana.

Encerramos hombres, culpables o inocentes; liberamos en muchas ocasiones a seres que han perdido su dignidad y sus valores. No es la cárcel, no son las leyes. Somos nosotros como sociedad, son los servidores públicos, como artífices del proceso, los únicos responsables de que el sistema nos resulte más costoso que funcional.

En la medida en que tomemos conciencia, propiciaremos la búsqueda de mejores alternativas en el manejo de los procesos judiciales penales. Si un juicio puede durar dos meses ¿por qué nuestros jueces se empeñan en prolongarlos? ¿Por qué la negligencia burocrática impera en el sistema de administración de justicia? ¿Por qué tienes que esperar hasta diez años para probar tu inocencia, cuando pudieras ser juzgado en seis meses?

Si logramos convencer a nuestros jueces que los procesados no son “expedientes”, son seres humanos, que las víctimas del delito son seres humanos, no “estadísticas”, entonces estaremos contribuyendo a mejorar la expectativa de justicia en el Estado. Estaremos propiciando a través de la concientización, la estructuración y funcionamiento de un sistema de justicia aplicada con auténtico sentido humano.

A través de varias presentaciones, queremos brindar a ustedes, el lado humano de la reclusión, para ayudarnos a reflexionar como sociedad, sobre la conveniencia de humanizar nuestro sistema de impartición de justicia. Nuestra intención es presentarles el lado oculto, el lado negado por nuestras autoridades judiciales, el lado humano del encierro carcelario.

 

CARTA DE PILAR

 

Cereso de La Paz, BCS, a 08 de diciembre de 2007

A mis hijos:

Cuando me dijeron que podía escribir una carta en la que explicara mi experiencia en prisión, lo primero que pensé fue en decirles a ustedes lo importante que son en mi vida. Mis recuerdos de antes de la cárcel no son muy claros. A fuerza de olvido el dolor se abandona. Recuerdo mi casa. Recuerdo mi empleo. Era bolero, el mejor de la plaza. No tenía competencia, verdad de Dios, y así de boleadas conocí a mucha gente, a gente que tal vez mejor no debí haber conocido. Amigos muchos que no lo eran tanto. Recuerdo que todo era fácil y todo era rápido. Rápido y fácil me resultó una mañana despertar de una cruda y saber que era adicto.

Me sobran pretextos, los conozco todos, pero ninguno que valga ante ustedes, mis hijos. Reconozco que me equivoqué, que pude haber dicho que no, pero dije sí, y así de repente, estaba enredado, al grado que a diario me metía un par de chochos. De las llamadas “reinas”. Y me las metía en plena chamba, para “ponerme las pilas”. A nadie dañaba, eso me decía, cuando en realidad me estaba cavando esta tumba.

Una mañana me “dieron el jalón” los federales. “Eres adicto —me dijo el Ministerio Público Federal—, firma aquí y al rato te vas”. Y era cierto, yo era adicto, ellos eran mis compas, así que firmé. Grave error nunca leer lo que firmé. El papel decía que aceptaba dedicarme a vender la droga, cuando únicamente la consumía.

Diez años por un delito que no cometí. Diez años que por fin terminan. Diez años buscando la manera de ganarme su respeto, mis hijos. Dios sabe que son lo único importante en mi vida.

Tengo una segunda oportunidad. El mes que entra me abren la reja, y tengo una muy buena propuesta de trabajo. La voy a aprovechar. Me moriré en la raya, pero ustedes estarán orgullosos de mí, como yo estoy orgulloso de ustedes.

 

PILAR

Reo del orden federal. 42 años.

 

Pilar fue detenido en las inmediaciones de la plaza cívica en Ciudad Constitución. Oficialmente aparece como vendedor confeso de psicotrópicos. Ocho pastillas que llevaba en la bolsa, para su propio e inmediato consumo, sumadas a una confesión firmada sin la debida asesoría de un defensor oficial, lo llevaron a enfrentar una condena de 10 años de prisión.

Es frecuente que los agentes federales, para sacar trabajo, conviertan a consumidores en “distribuidores”. Pilar es un claro ejemplo. El funcionario de la PGR que lo consignó, tiempo después fue destituido por corrupto, pero para su desgracia, ello no fue tomado en cuenta para descargo en su defensa. Las leyes no siempre están a la altura de las circunstancias, y en materia federal, los persecutores tienen un brazo muy largo para perseguir, y otro muy corto para ser perseguidos.

Durante su reclusión, Pilar presentó muy buen comportamiento. En enero del 2008, recuperó su libertad, y obtuvo una propuesta de trabajo formal, que le permitiría integrar un núcleo armónico con sus dos hijos, estudiantes ejemplares y destacados miembros de la comunidad que integra la Ciudad de Los Niños, pues la madre los abandonó cuando supo que el esposo enfrentaría una pena de 10 años de prisión.

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