Invitan a cursos y talleres gratuitos en el Centro Cultural Sudcalifornia «La Catra»

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Centro Cultural Sudcalifornia «La Catra», fundado en 2017 como un proyecto comunitario e independiente en la ciudad de La Paz, anuncia la apertura de su Convocatoria 2026, poniendo nuevamente a disposición de la comunidad un amplio abanico de talleres gratuitos dirigidos a niñas, niños, adolescentes, personas adultas y adultas mayores.

El proyecto de este año contempla disciplinas artísticas, corporales, formativas y recreativas, pensadas para distintos rangos de edad, reafirmando el compromiso del centro con la cultura y con el trabajo para un mejor entorno desde una colectividad que se plantea solidaria y activa en la transformación común.

Para el Bloque 20-26, el abanico de más de 20 talleres gratuitos incluye: Taichi; Escucha tu cuerpo para volver a ti; Acuarela para principiantes y avanzados; Lectura, reflexión y educación emocional; Meditación, una pausa consciente; Guitarra desde cero; Teatro Catra; Danza Mexica; Preparación y asesoría para el examen universitario; Fotografía inicial para jóvenes; Ritmos latinos; Poesía; Espacio de juegos de mesa; Bibliotaller para peques; Muay Thai; Caricatura y dibujo digital; Corto matiné para peques; Iniciación a pintura y dibujo; Pintura para intermedios y avanzados; Introducción al arte circense; y Juegos tradicionales “El Recreo”, además de otros proyectos piloto y actividades que se incorporarán a lo largo del año.

El proceso de inscripción se encuentra habilitado de manera digital a través de la página oficial de Facebook: Centro Cultural Sudcalifornia La Catra, donde las personas interesadas pueden consultar información detallada sobre talleres, edades recomendadas y horarios.

Quienes prefieran realizar su registro de manera presencial pueden acudir directamente a las instalaciones del centro en los siguientes horarios: de lunes a viernes de 5:00 a 8:00 p.m., y los sábados de 9:00 a.m. a 12:00 p.m.

Desde su creación, el Centro Cultural Sudcalifornia «La Catra» se ha distinguido por ser un espacio concebido desde la iniciativa ciudadana y sin fines de lucro, brindando su apoyo a diversos segmentos de la población en La Paz. Su compromiso es con la promoción de actividades orientadas al fortalecimiento de los derechos culturales, humanos y ambientales se mantiene firme, al margen de la lógica mercantil y priorizando el bienestar colectivo.

A lo largo de casi una década de trabajo comunitario, el centro ha beneficiado a más de 1,000 personas y ha contado con la participación de más de 100 talleristas voluntarios, quienes han hecho posible cada uno de los bloques formativos. Gracias a este esfuerzo colectivo, se han generado múltiples actividades culturales y comunitarias que fortalecen la participación activa y el tejido social.

El accionar del Centro se materializa gracias a la colaboración del consejo directivo, voluntarios y donatarios en especie, así como a través de programas dirigidos a proyectos independientes que han sido fundamentales en la conformación y desarrollo del proyecto.

Desde el Centro Cultural Sudcalifornia «La Catra» se emite una calurosa bienvenida a esta nueva etapa y se envía un afectuoso saludo a todas y todos quienes han estado participando, así como a quienes están por unirse. Les esperan para disfrutar de las actividades.




Buscan impulsar el cine en BCS; se instala el Consejo Consultivo de Filmaciones: Setue

FOTO: Archivo.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con el objetivo de fortalecer la Comisión de Filmaciones y consolidar a Baja California Sur como un destino competitivo y atractivo para la industria audiovisual nacional e internacional, se instaló el Consejo Consultivo de Filmaciones del Estado, así lo informó Maribel Collins, titular de la Secretaría de Turismo y Economía (Setue).

En ese sentido, destacó que este órgano es encabezado por la Setue y conformado por los cinco Ayuntamientos, instituciones ambientales, representantes de la academia y del gremio cinematográfico, quienes trabajarán de manera coordinada para impulsar políticas públicas que faciliten, ordenen y potencien las producciones en Baja California Sur.

“La industria audiovisual representa una gran oportunidad de desarrollo para Baja California Sur. Cada filmación no solo proyecta la belleza de nuestros destinos a nivel mundial, sino que también genera empleos directos e indirectos, impulsa la proveeduría local y fortalece la economía de nuestras comunidades”, expresó.

Asimismo, detalló que, durante los últimos 3 años, la Comisión de Filmaciones de Baja California Sur (COFILM BCS) ha consolidado y brindado apoyo a 138 producciones, que han dejado una derrama económica superior a los 341.5 millones de pesos en la entidad. Estas producciones han generado oportunidades para técnicos, prestadores de servicios, transportistas, hoteleros, restauranteros y múltiples sectores vinculados a la actividad turística y creativa.

Maribel Collins señaló que entre los proyectos realizados destacan producciones como Lord of The Bros, American Jesus y Yellow,que han llevado la imagen de paisajes, desiertos, playas y comunidades a nuevas audiencias, posicionando a la entidad como un escenario natural de clase mundial.




CCXCVI Aniversario luctuoso del jesuita Francisco María Píccolo. Pasos en el polvo de California

FOTOS: IA.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Los hombres del siglo XVIII gustaban de escribir cartas largas. Cartas que hablaban de sequías, de hambre y de luces que se apagaban en las vetas rocosas del desierto. Francisco María Píccolo escribió muchas de esas cartas. Las escribió desde lugares donde el sol caía a plomo y donde el mar quedaba lejos, como si se hubiera detenido mucho antes de completar su giro hacia el Norte. Él sabía de geografías pedregosas, de olores a polvo y a salitre que no siempre se captaban en las habitaciones con puerta y ventanas. Ese pedazo de mundo con él mismo cambió, se transformó, y quedó en papeles que viajan aún en bibliotecas y archivos.

Píccolo nació un 25 de marzo de 1654 en Palermo, Sicilia. De joven entró a la Compañía de Jesús y en 1684 llegó a la Nueva España con más ganas de caminar que de descansar. Fueron 13 años entre montañas abruptas y poblados remotos, trabajando entre los tarahumaras antes de que su destino lo llevara hacia el oeste, hacia un territorio que pocos europeos comprendían. La península de Baja California, a finales del siglo XVII, no tenía caminos trazados, ni trazos claros sobre los mapas. Era territorio que se intuía, territorio que se narraba cuando alguien traía noticias desde los confines. El 23 de noviembre de 1697, Píccolo llegó a la península. Fue el segundo jesuita en pisar esas tierras tras Juan María de Salvatierra, quien había fundado recientemente Nuestra Señora de Loreto, Conchó.

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El paisaje entonces era rudo. Desierto interminable, cerros áridos, ríos que a veces eran apenas cauces secos. En medio de eso, Píccolo caminó con pasos lentos, tratando de entender no sólo la tierra, sino las voces que venían de las rancherías cochimíes. Aprendió sus lenguas. Dedicó tiempo. Observó cómo las mujeres traían a sus hijos pidiendo bautismo y cómo los hombres miraban con silencio largo a los foráneos. El terreno exigía paciencia. En 1699, tras semanas de caminar por veredas apenas dibujadas, fundó la Misión de San Francisco Javier de Viggé-Biaundó, en un punto alto donde los cochimíes habían vivido desde tiempos inmemoriales. La misión se levantó con ayuda de indígenas que aceptaron colaborar sin artimañas, sino con la curiosidad que despierta lo desconocido. Allí comenzaron bautismos, rezos y encuentros que a veces eran tensos, otras veces largos silencios compartidos.

Apenas llegada esa misión, Píccolo no se quedó quieto. Caminó hacia rincones más lejanos, hacia cantos que salían de humedales escondidos, hacia rutas que los pueblos nativos ya conocían desde siempre. Fue un camino largo hasta Mulegé, donde pronto colaboró con otros jesuitas en el establecimiento de otra misión, la de Santa Rosalía de Mulegé, en 1705. Su labor tomó matices distintos con el paso de los años. No se limitó a evangelizar. Se convirtió en explorador, pero también en alguien que debía gestionar alimentos, provisiones y apoyos económicos desde la Ciudad de México. Las misiones vivían de la generosidad que llegaba desde lejos, y muchas veces esa generosidad se demoraba, llegaba a medias o llegaba gastada por tormentas y contratiempos. Píccolo, con un informe en la mano, trató de convencer a jerarcas civiles y religiosos de que había una empresa valiosa en marcha en la península.

Ese informe, redactado en 1702, llevaba por título Informe del estado de la nueva cristianidad de California. Lo imprimieron y distribuyeron. Fue un documento que hablaba de tierra, de pueblos, de fauna y flora, y también de preocupaciones: sequías, hambre, caminos difíciles. Alguna vez el texto llegó a París y se tradujo al francés. Poco después se publicó en inglés en compilaciones sobre misiones jesuíticas. Si se lee hoy, hay en sus párrafos una forma de describir un mundo que no se parecía a nada que los europeos conocieran en sus mapas detallados, ni en sus oficinas a la orilla de un escritorio. Píccolo luchó por recursos, por mano de obra, por provisiones. Caminó por el desierto cuando otros ya se detenían. Hubo años en que la sequía azotó con fuerza, y hubo momentos en que la ausencia de lluvia empujó a sacerdotes y soldados a salir fuera de los muros misionales para buscar alimento como quien busca agua en una tierra reseca.

En un trayecto difícil, él observó todo. Describió rocas, tierra y clima. Habló de comunidades indígenas con lenguas y costumbres diversas. En esos encuentros, a veces se escuchaban risas, a veces sólo el crujir de ramas bajo los pies y el canto de aves lejanas. Con esos sonidos en la memoria siguió adelante. La labor de Píccolo lo llevó a ser visitador de las misiones de Sonora y California entre 1705 y 1709. Esa responsabilidad implicaba viajar sin tregua, de misión en misión, dialogar con indígenas, con soldados, con oficiales y con autoridades eclesiásticas. Fue un papel que exigía cintura, paciencia y mucha energía.

Durante ese tiempo, sus pasos también se internaron hacia lo que hoy es la Misión de La Purísima Concepción de Cadegomó. Aunque esa misión se concretó en años posteriores por otros religiosos, las exploraciones de Píccolo en esa región abrieron rutas y conocimiento sobre esos lugares en los que el agua brotaba con más generosidad que en otras partes. El final de su vida lo encontró todavía ligado a aquellos territorios. Entre viajes y gestiones, su salud se fue debilitando. Pasó largos años en la misión de Mulegé, con la mirada puesta en quienes trabajaban la tierra y caminaban por sendas abruptas para llegar a los bautismos y celebraciones. Murió un 22 de febrero de 1729 en Loreto, dejando atrás misiones que al principio eran apenas casitas de adobe y que luego se convirtieron en puntos de reunión, de rezos y de encuentros interculturales.

La huella de Píccolo sobre la California jesuítica no es fácil de medir con un solo número o una sola fecha. Está en los caminos que quedaron marcados, en los pobladores nativos que aprendieron a comunicarse con él, en la geografía descrita en sus informes y en los demás documentos que circulan aún por archivos de Sevilla, México y más allá.

Referencias bibliográficas

  • Píccolo, Francisco María. Informe del estado de la nueva cristiandad de California, 1702, y otros documentos. Edición, estudio y notas de Ernest J. Burrus, S.J. (Madrid: Ediciones José Porrúa Turanzas, 1962).
  • Ramos, Roberto. Tres documentos sobre el descubrimiento y exploración de Baja California por Francisco María Píccolo, Juan de Ugarte y Guillermo Stratford. (México: Jus, 1958).
  • Venegas, Miguel, S.J. Noticia de la California y de su conquista temporal y espiritual hasta el tiempo presente (ediciones varias; una reimpresión común: México, 1943; también ediciones antiguas del siglo XVIII).
  • Del Barco, Miguel, S.J. Historia natural y crónica de la antigua California: adiciones y correcciones a la Noticia de Miguel Venegas. (México: UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1973; hay ediciones posteriores).
  • Salvatierra, Juan María de, S.J. Selected Letters about Lower California. Traducción y anotación de Ernest J. Burrus, S.J. (Los Ángeles: Dawson’s Book Shop, 1971).

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Invita ISC a participar en concurso de cartel por Día Nacional del Maíz

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) convoca a artistas, diseñadores y público en general a participar en el Concurso de Creación de Cartel por el Día Nacional del Maíz, cuyo registro permanecerá abierto hasta el 27 de marzo de 2026 a las 14:00 horas.

La recepción de propuestas se realizará en la Dirección General del ISC, ubicada en la Unidad Cultural Jesús Castro Agúndez, en La Paz. En envíos desde otros municipios se tomará como válida la fecha del matasellos.

La convocatoria busca destacar al maíz como símbolo de identidad, unión y herencia cultural en Baja California Sur, promoviendo además la participación de comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas que forman parte de la diversidad estatal.

Podrán participar personas originarias o residentes de la entidad. El cartel deberá presentarse en formato de cuatro cartas, montado sobre soporte rígido, y entregarse también en archivo digital PNG o PDF en alta resolución.




XXXV Aniversario luctuoso de Braulio Maldonado Sández. Huellas en la península

IMÁGENES: IA.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Antes de ser gobernador, su nombre aparecía en papeles legales, crónicas de sesiones parlamentarias y listas de diputados. Nació en San José del Cabo en 1903, en una familia modesta de diez hermanos. San José del Cabo, entonces parte del Territorio Sur de la península, era un lugar con casas dispersas y multitud de trapiches y huertas fétiles. La infancia de Maldonado transcurrió entre ranchos y silencios largos.

Estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y regresó al norte con un título en la mano y una red de amistades que había formado en la Ciudad de México. Fue diputado federal primero por el Territorio Sur y luego por el Territorio Norte. En esos años la península cambiaba. La idea de elevar al Distrito Norte de Baja California a entidad federativa estaba en el aire desde hacía décadas. Las elecciones de octubre de 1953 fueron las primeras de un estado recién constituido. El 25 de ese mes, se eligieron gobernador y los primeros siete diputados estatales de Baja California. Maldonado Sández fue proclamado gobernador electo. El 1 de diciembre de ese mismo año, en Mexicali, asumió el cargo rodeado de banderas y autoridades, con la presencia del presidente de la república.

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Su gobierno se extendió hasta noviembre de 1959. Fueron años de intensas decisiones, de encuentros en oficinas y de caminatas por valles que parecían interminables. Ese tiempo se convirtió en la base para las instituciones que hoy forman parte del estado. Uno de los hechos más visibles de su gestión fue la creación de la Constitución estatal y de símbolos oficiales: el escudo, el himno, la estructura jurídica que definía al estado en su nueva condición. En sesiones prolongadas en el nuevo Congreso Estatal, se discutieron leyes, se trazaron límites de poderes y se fijaron roles para ayuntamientos y funcionarios.

La Universidad también tiene su origen en esos años. A mediados de los años cincuenta, el decreto que estableció la Universidad Autónoma de Baja California circuló entre oficinas, firmas y papeles sellados. Algunas de las primeras aulas abrieron para recibir a jóvenes que venían de Mexicali, Tijuana, Ensenada y otras regiones. La realidad social estaba tejida con hilos ásperos. En los valles de Mexicali y Guadalupe, campesinos se movían para tomar tierras y obtener parcelas. Aspectos de su gobierno apoyaron esas movilizaciones, lo que generó confianza en algunos sectores rurales y desconfianza en otros. Empresarios agrícolas miraban las decisiones desde sus oficinas, calculando riesgos y posibilidades.

En los campos, la tierra tenía relatos distintos. Había agricultores que hablaban de jornadas largas con jornaleros que llegaban desde distintos rincones. Otros recordaban contratos con intermediarios. En los pueblos y rancherías, los discursos sobre justicia social y reparto de tierras se escuchaban junto al ruido de carros y camiones que atravesaban caminos de tierra. Maldonado acompañó cartas, solicitudes y gestiones ante autoridades federales para que bajacalifornianos encontraran empleo en Estados Unidos. Entre 1956 y 1957, grupos de trabajadores partieron por temporadas para sembrar y cosechar en campos del otro lado de la frontera. Fue una constante en esos años: hombres que dejaban atrás sus casas para sostener a su familia.

Algunas decisiones del gobierno provocaron tensiones. El periodo estuvo marcado por acusaciones que circularon en periódicos y pláticas privadas. Se mencionó, de forma repetida, un ambiente de inseguridad. Se habló de grupos conocidos como “Los Chemitas”, ligados al personal de seguridad del propio gobernador, objeto de señalamientos por parte de ciudadanos y opositores, a quienes les constaba cada historia de arbitrariedad. El periodista Manuel Acosta Meza también aparece en fuentes de la época. Se mencionó que su asesinato habría ocurrido en medio de tensiones políticas locales. Eso marcó pláticas largas en cafés, plazas y oficinas de abogados que buscaban documentos o declaraciones que, con el tiempo, quedaron a medias.

Había días en que los funcionarios hablaban de seguridad y progreso en términos casi corrientes. Días en que en la Bolsa de Trabajo se negociaban fechas de reclutamiento para programas agrícolas temporales en el extranjero. Días largos que terminaban con hombres sentados frente a escritorios esperando noticias de un contrato, un permiso, una firma. En 1957, un monumento se inauguró en Tecate. El Monumento a la Madre, entre avenidas, tuvo su acto protocolario y su fotografía oficial. Fue una de las acciones urbanas que se sumaron a la geometría de plazas, avenidas y jardines que el estado intentaba consolidar.

Al mismo tiempo, la política interna seguía su curso. Se acusaron planes de rebelión armada y se hablaron de grupos que pretendían acciones violentas en varias partes del estado. Correspondencia oficial del gobernador circuló, mencionando nombres, fechas y hechos de los que nadie hablaba claro en plena luz del día. Al concluir su mandato en 1959, su figura ya estaba inscrita en la historia institucional del estado. Fue sucedido por otro gobernador, pero las discusiones sobre su legado siguieron y siguen en aulas, archivos y pláticas.

Después de dejar el cargo, Braulio Maldonado no se detuvo. Impulsó organizaciones políticas con ideas propias, algunas de carácter crítico respecto al rumbo federal. Hubo momentos de persecución, exilio temporal y encuentros que quedaron en cartas y libros que escribió en los años siguientes. En textos propios, habló sobre la realidad agraria, sobre política mexicana y sobre lo que él consideraba fallas y aciertos de la reforma agraria. No eran textos ligeros ni poemas. Eran análisis, observaciones escritas con la urgencia de quien ha vivido debates interminables en pasillos burocráticos.

Los últimos años lo llevaron de un lugar a otro. Pasó temporadas en Estados Unidos, en Michoacán, en Ensenada. Su biografía se mezcló con la de su esposa y sus hijos, uno de ellos figura en la historia política más tardía de la entidad. El eco de su nombre persiste en escuelas que llevan su apellido. Murió el 8 de febrero de 1990 en Mexicali, a los 87 años. Sus restos descansan en el panteón de San José del Cabo. Allí convergen fechas, voces de familiares y recuerdos que no siempre coinciden con los documentos oficiales.

Caminar hoy por Baja California es ver instituciones que llegaron con el primer gobierno constitucional. La presencia de aulas llenas, de estatutos, de símbolos oficiales, de plazas y monumentos que narran historias públicas y personales. Es observar cómo muchas de esas piezas humanas y políticas siguen siendo discutidas. Hay documentos oficiales, hay relatos que circulan en grupos de investigación. Y están las memorias, escritas o no, de quienes participaron en esos años decisivos de la península.

Referencias bibliográficas:

  • Rendón Parra, Josefina. Biografía del Lic. Braulio Maldonado. (Tijuana, B.C.: El Tiempo, 1953).
  • Maldonado Sández, Braulio. Braulio: memorias del lic. Braulio Maldonado Sández.
  • Castellanos Everardo, Milton. Del Grijalva al Colorado: recuerdos y vivencias de un político.
  • Maldonado Sández, Braulio; Grijalva, Aidé (comp.). Baja California: comentarios políticos y otras obras selectas.
  • Maldonado Sández, Braulio. Qué bonito era mi pueblo.

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