Proponen Diputados promover la cultura del ranchero sudcaliforniano

FOTO: Archivo | INTERIOR: Congreso del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Turnan a la Comisión Permanente de Puntos Constitucionales y de Justicia la iniciativa presentada por los diputados Fernando Hoyos Aguilar y Sergio Ricardo Huerta Leggs, mediante la cual se busca que el Estado promueva y difunda la cultura regional que caracteriza las raíces históricas, identidad y tradiciones, atendiendo la diversidad cultural existente en Baja California Sur.

Hoyos Aguilar expuso que lo que persigue la iniciativa es que se reconozca en la Constitución a las comunidades originarias del Estado, a los descendientes de la cultura ranchera, de costas y agrícola, por medio de la promoción de políticas públicas que logren abatir las desigualdades entre las ciudades y el campo y las costas, sin desnaturalizar sus elementos que los hacen reconocibles como tal.

En consecuencia, dijo, se aspira a que la ley provea las disposiciones que sean necesarias para elevar su bienestar social y preservar, promover y enriquecer la identidad, tradiciones, costumbres, conocimientos y modo de vida de sus comunidades originarias.

A su vez, el diputado Sergio Huerta Leggs manifestó que lo que se busca es obtener una protección a todos aquellos elementos que constituyan la identidad, tradiciones y costumbres, dentro del marco que respete el pacto federal y la soberanía del Estado, así como promover el desenvolvimiento social, cultural, artístico, deportivo, científico y tecnológico de la comunidad. “Por medio de este impulso, consideramos preservar la cultura ranchera, de costas y agrícola que proviene de sus comunidades originarias”, afirmó.

Huerta Leggs concluyó que dicho proceso parlamentario surgió del deseo legítimo de mineros, rancheros, pescadores, y familias de las costas del Golfo y del Pacífico, del Norte y del Sur sudcaliforniano quienes por generaciones con su presencia y trabajo han dado vida y sentido de pertenencia para México y los mexicanos a las más de 2 mil 500 comunidades en los más de 77 mil kilómetros cuadrados de nuestra geografía sudpeninsular.




La huella de Hernán Cortés en la exploración y arribo a la península de California

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La historia de la exploración de la península de Baja California y del golfo que hoy denominamos “Golfo de California” o “Mar de Cortés” está íntimamente ligada a las ambiciones, decisiones y fracasos del conquistador Hernán Cortés. Más allá de su papel —mucho más conocido— en la caída del imperio mexica, Cortés desempeñó un rol fundamental en la expansión hacia el océano Pacífico y en los primeros contactos europeos con lo que hoy es nuestra península sudcaliforniana. Su influencia —mezcla de determinación, visión imperialista y pragmatismo económico— marcó el rumbo de una empresa colonial que, aunque efímera en su intento de poblar, no pudo borrar su significado simbólico: la “descubierta” (o “recuperación”, según perspectiva) de California.

Tras la conquista del ámbito mexica y la consolidación de su poder en la Nueva España, Cortés fijó su mirada al Oeste. El descubrimiento del océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa en 1513 despertó nuevas esperanzas en los conquistadores de hallar riquezas, rutas hacia Asia o civilizaciones desconocidas. Cortés, con el firme respaldo de una capitulación real, recibió de la corona el mandato de explorar y “descubrir” nuevos territorios en la llamada “Mar del Sur”. En ese contexto, entre 1532 y 1534 patrocinó diversas expediciones marítimas —como las de Diego Hurtado de Mendoza y Hernando de Grijalva— que, recolectando relatos de marineros y nativos, fueron tanteando el litoral pacífico del actual México.

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Estas primeras exploraciones, aunque plagadas de naufragios, desapariciones y fracasos materiales, fueron decisivas: levantaron un sistema de conocimiento geográfico y marítimo que habilitó la ambiciosa empresa siguiente: enviar a Hernán Cortés mismo hacia lo desconocido. En abril de 1535, Cortés tomó personalmente la decisión de encabezar una expedición con tres barcos y un contingente de soldados, jinetes y colonos con la intención de poblar lo que hoy es Baja California. El 3 de mayo de 1535 desembarcaron en una bahía cercana al puerto que hoy se llama La Paz, Baja California Sur; Cortés bautizó ese lugar como “bahía de la Santa Cruz”, sin tener la claridad de si esta tierra era una península o una isla.

El nombre “California” —que con el tiempo sería patrimonio toponímico de una enorme región— empieza a usarse en ese contexto, posiblemente influido por las leyendas y la topografía insular que proyectaba la imaginación de los europeos.  Pero el proyecto de colonización pronto se convirtió en un desastre: las tierras resultaron áridas, el clima duro, los suministros insuficientes y, sobre todo, la resistencia de los pueblos nativos (como los guaycuras y pericúes) obstaculizó cualquier intento de asentar una colonia estable. Para finales de 1535 y comienzos de 1536, más de setenta de sus hombres habían muerto por hambre, escaramuzas o enfermedad. Ante ese desastre, tras algunos intentos fallidos de proveer víveres desde la Nueva España, la corona ordenó abortar la empresa. La naciente colonia se abandonó, y los supervivientes —o quienes quedaban— fueron repatriados.

Aunque fracasó como asentamiento, ese episodio fundacional dejó una marca indeleble: ese primer contacto formal con la península, el inicio del nombre “California” en documentos europeos, y el antecedente de posteriores exploraciones que, décadas más tarde, permitirían cartografiarla con más detalle. El saldo del esfuerzo de Cortés en el Pacífico no debe medirse solo en colonias permanentes.

Su verdadero legado está en tres dimensiones fundamentales:

Geográfico: Al encabezar personalmente la expedición, Cortés vinculó la península de Baja California a la geografía imperial española. Su bautizo de “Santa Cruz” y la concepción de “isla de California” establecieron el marco simbólico y cartográfico para los europeos. Más aun, al organizar viajes posteriores (como el de Francisco de Ulloa en 1539), se sentaron las bases para explorar todo el golfo y, eventualmente, reconocer la península como tal.

Política/colonial: El proyecto de poblar la tierra formaba parte de un propósito mayor: afirmar la soberanía española en el Pacífico, inscribir nuevas tierras bajo la corona, y preparar rutas que, acaso, condujeran hacia Asia o hacia otras riquezas. Esa visión expansionista era típica del periodo, pero en este caso, Cortés fue pionero entre los conquistadores en mirar hacia el Pacífico.

Simbólica y narrativa: Aunque la colonización falló, la “descubierta de California” se convirtió en un mito fundador —una promesa incumplida que, sin embargo, alimentó sueños de riquezas, de reinos desconocidos, de perlas y metales preciosos. Esa aspiración motivó exploraciones posteriores y dejó una huella en cartas, crónicas y mapas que —antes de nada— fijaron a Baja California en la imaginación colonial europea.

Por eso, aunque no veamos hoy vestigios vivos de la colonia de 1535-1536, esa gesta pionera representó el inicio formal de la presencia europea en la península.

Desde nuestra perspectiva actual, es muy fácil ver en el intento de Hernán Cortés un fracaso: pobres resultados, colonia abandonada, sufrimiento para quienes quedaron. Sin embargo, reducir todo a eso sería ignorar su enorme trascendencia simbólica y estratégica. El episodio de 1535-1536 no fue una mera aventura fallida, sino un pivote histórico que abrió un nuevo rumbo para la Nueva España —hacia el océano, hacia territorios que pocos europeos conocían y hacia una geografía que hoy forma parte esencial de México y Estados Unidos. Cortés, con sus contradicciones —soldado, conquistador, colonizador, buscador de fortuna—, adoptó una visión expansiva: no se contentó con dominar el centro de México; proyectó su ambición hacia lo desconocido. Ese impulso expansivo fue clave para que la península saliera del anonimato, apareciera en los mapas europeos y comenzara su lento proceso de integración al mundo colonial.

Es cierto que sus fines fueron personales, de lucro, de prestigio, de ambición imperial. Pero ese afán —tan criticable desde hoy— resultó, paradójicamente, en un acto fundacional: la península de Baja California fue presentada al mundo occidental como espacio de conquista, exploración y proyecto europeo. En ese sentido, el “fracaso” material contrasta con el “éxito” simbólico y geográfico. Su llegada marcó el visceral comienzo de lo que siglos después daría forma a identidades, territorios, ciudades, incluso la riqueza cultural y biológica propia de ese rincón del continente

Hoy, viviendo en Baja California Sur, es imposible soslayar el legado contradictorio de Hernán Cortés. Sus motivaciones fueron coloniales, su trato a los pueblos originarios violento, sus expectativas de oro y riquezas muchas veces ingobernables. Pero también puso en movimiento engranajes históricos: exploraciones, mapas, nombres, rutas. La península, la Mar de Cortés, las costas de California, son parte de una historia larga, compleja, con heridas, con olvidos, pero también con memoria. Reconocer la influencia de Cortés en ese proceso no significa celebrarlo sin crítica. Significa entender que parte de nuestra identidad territorial y cartográfica comenzó con ese primer arribo de 1535, con esa “Santa Cruz” nombrada por un conquistador.

Como comunidad del Pacífico Mexicano, conviene recordar: la conquista no fue el final, sino el principio —de contextos coloniales, de mestizajes, de resistencias; de una relación con el territorio que continúa definiéndonos. Y en ese principio, la huella de Hernán Cortés es indeleble: difícil, polémica, fundacional.

Referencias bibliográficas

  • Duverger, C. (2015). Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica.
  • León-Portilla, M. (2004). Cartas de relación de Hernán Cortés. Editorial Porrúa.
  • Mathes, W. M. (1973). Cortés and the Baja California explorations, 1533–1535. Dawson’s Book Shop.

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El legado del Frente de Unificación Sudcaliforniano: memoria viva de una deuda pendiente

FOTOS: Archivos | Cortesía.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En las instalaciones del Archivo Histórico del Estado “Pablo L. Martínez” se llevó a cabo el conversatorio titulado El Frente de Unificación Sudcaliforniano: a más de 80 años de historia, memoria y legado, un encuentro académico y ciudadano donde se reivindicó la memoria de quienes sentaron las bases del Estado libre y soberano que hoy es Baja California Sur.

El evento, realizado en punto de las 18:00 horas, reunió a tres destacados estudiosos de la historia y el pensamiento cívico sudcaliforniano: la Dra. Gabriela Cardoza Coronel, el Dr. Sealtiel Enciso Pérez y el Mtro. Domingo Valentín Castro Burgoin. Juntos ofrecieron una lectura profunda del proceso que, desde mediados del siglo XX, condujo a la conquista del autogobierno civil y la conformación del actual Estado de Baja California Sur.

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El Dr. Enciso Pérez, durante su participación, contextualizó la paradoja histórica de la península: una tierra pródiga en recursos naturales, pero marcada por siglos de abandono y subordinación política. Desde los tiempos del Territorio, explicó, “la tutela federal mantuvo a Baja California Sur en una condición de dependencia institucional que limitó su desarrollo y su autonomía”. Esa contradicción, señaló, generó un espíritu de resistencia y orgullo local que, con el tiempo, germinó en una conciencia cívica organizada.

Fue en ese contexto, durante los años 40 del siglo XX, cuando se gestó el Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS). Fundado en 1945, este movimiento fue, en palabras del ponente, “una respuesta moral y política frente al militarismo y al centralismo del Estado mexicano”. A diferencia de los partidos tradicionales, el FUS no buscaba el poder por ambición, sino el derecho a la autodeterminación. Su lema, “Por un gobierno del pueblo y para el pueblo”, resumía la aspiración de una ciudadanía que exigía respeto y participación.

Enciso destacó que el FUS surgió de la convergencia de tres fuerzas: el magisterio, los profesionistas y los líderes comunitarios. Figuras como el Dr. Francisco Cardoza Carballo, el Ing. Antonio Navarro Encinas, el Profr. Pablo L. Martínez y el Lic. Julio Arce Félix, entre otros, integraron la primera generación de sudcalifornianos decididos a transformar la historia política regional. “Su fuerza no provenía de los recursos económicos —afirmó Enciso Pérez—, sino de la autoridad moral de su causa”.

Explicó que durante las administraciones de los gobernadores Francisco J. Múgica y Agustín Olachea Avilés, ambos de formación militar, se mantuvo una estructura autoritaria que limitaba la participación civil. “Aunque hubo avances en educación y obras públicas —dijo Enciso Pérez—, el gobierno seguía siendo una prolongación del cuartel”.

El momento decisivo llegó con la movilización encabezada por el FUS contra el general Bonifacio Salinas Leal, gobernador del Territorio entre 1959 y 1965. La presión ciudadana derivó en su destitución, hecho que simbolizó el fin del régimen militar y el triunfo moral del civilismo sudcaliforniano. Ese proceso culminó con el nombramiento del Lic. Hugo Cervantes del Río como primer gobernador civil del territorio, designación interpretada como el reconocimiento del gobierno federal a la madurez política del pueblo.

Sin embargo, este cambio fue apenas “un estado de transición frustrada”. Aunque el poder militar había terminado, el centralismo continuó limitando la autonomía regional. No obstante, el FUS logró sembrar una nueva cultura política basada en el civismo, el debate público y la participación ciudadana.

También abordó la etapa siguiente del proceso histórico: el Movimiento de Loreto 70, considerado la prolongación natural del ideario del FUS. En su análisis, recordó que el contexto nacional de los años 70, bajo el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, abrió un espacio de apertura política que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) supo capitalizar.

Loreto 70 fue un movimiento que retomó los ideales de autodeterminación del FUS, pero los canalizó a través de la estructura del partido de Estado. Aunque su consigna principal —la conversión del Territorio Sur en Estado Libre y Soberano— representaba una conquista legítima, detrás de ella también se movían estrategias de control político. “El gatopardismo político se expresó con claridad: se cambió todo para que nada cambiara”.

Aun así, reconoció que el movimiento logró materializar demandas históricas. En 1972 se reinstauró el municipio libre, y en 1974 se alcanzó el anhelado estatus estatal, con la designación del Ing. Félix Agramont Cota como primer gobernador nativo. El 8 de octubre de ese año, Baja California Sur fue proclamada oficialmente Estado Libre y Soberano, cerrando un ciclo de luchas que comenzó casi tres décadas antes con el FUS.

Uno de los momentos más emotivos del conversatorio fue la reflexión en torno al legado del Dr. Francisco Cardoza Carballo, figura central del Frente de Unificación Sudcaliforniano. Enciso Pérez lo describió como “un hombre que conjugó la ciencia con la ética y la acción cívica”. Médico de profesión y maestro por vocación, Cardoza fue fundador del Centro de Atención a Tuberculosos “Roberto Koch” en La Paz, donde promovió una atención médica humanista, centrada en la dignidad y el servicio.

“Cardoza Carballo fue más que un líder político, fue la conciencia moral de un pueblo que se negaba a seguir sometido.” Pese a su influencia, su nombre ha sido omitido en los homenajes oficiales. Ninguna calle, escuela o plaza lleva su nombre, y en las conmemoraciones por los 50 años del Estado, en 2024, su figura apenas fue mencionada. “El olvido institucional —dijo el Dr. Enciso— también es una forma de injusticia”.

El Mtro. Enciso Pérez recordó que el Dr. Cardoza fue un visionario que predicaba con el ejemplo. En una ocasión, al ser invitado a ocupar un cargo gubernamental, respondió con serenidad: “Yo no lucho para obtener puestos en el gobierno”. Esa frase, subrayó Enciso, resume la esencia de su integridad.

En la parte final del conversatorio, el Dr. Enciso Pérez enfatizó que existe una deuda histórica pendiente con los fundadores del FUS. “A ellos les debemos no sólo el Estado que hoy habitamos, sino la conciencia de que la democracia no se hereda: se conquista y se defiende todos los días.” Propuso que su historia sea incorporada en los programas educativos, que se publiquen ediciones conmemorativas de sus escritos y que espacios públicos lleven sus nombres.

Enciso Pérez, en su intervención final, sostuvo que el ejemplo del Dr. Cardoza Carballo debe entenderse como una brújula ética para las nuevas generaciones: “Su legado nos enseña que el liderazgo no consiste en mandar, sino en servir; no en conquistar el poder, sino en ponerlo al servicio de los demás”.

El conversatorio concluyó con un reconocimiento a todos los integrantes del Frente de Unificación Sudcaliforniano, hombres y mujeres que, con sacrificio, sentaron las bases del Estado moderno. Se evocó también a los medios que acompañaron la causa, como El Eco de California, fundado por Ignacio Bañuelos Cabezud en 1912, que funcionó como órgano moral del movimiento.

Entre los asistentes se respiraba una mezcla de nostalgia y orgullo. Algunos recordaron las marchas en el Malecón de La Paz y los mítines frente al Palacio de Gobierno; otros, más jóvenes, descubrieron por primera vez los nombres y los rostros de quienes hicieron posible la soberanía sudcaliforniana.

Enciso Pérez invitó a mirar el porvenir con la misma fe que animó a los fundadores del FUS: “La Sudcalifornia libre y digna que hoy disfrutamos no es un regalo: es una conquista. Nuestra tarea es mantener viva su llama, porque los ideales no mueren, sólo esperan ser recordados”.

La velada cerró con la certeza de que el acto no fue sólo un ejercicio de evocación histórica, sino una reafirmación de identidad colectiva. El nombre del Dr. Francisco Cardoza Carballo, pronunciado con respeto y emoción, simbolizó a todos aquellos que, sin buscar protagonismo, entregaron su vida al servicio de la comunidad.

El conversatorio dejó claro que la historia del FUS no pertenece únicamente al pasado. Es una lección vigente sobre la importancia de la ética pública, la participación ciudadana y el valor de la memoria como cimiento de la democracia.

Porque, como concluyó el Dr. Enciso Pérez en su texto: “Recordar a estos hombres y mujeres no significa construir un culto a la personalidad, sino honrar su ejemplo como brújula moral. Reconocer su legado es un acto de justicia histórica y de educación cívica. La libertad, la democracia y la dignidad no se heredan: se conquistan y se defienden todos los días.”

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Anuncian segunda Feria del Dátil

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Gobierno del Estado anunció la realización de la segunda Feria del Dátil en el Ejido Alfredo V. Bonfil, en el municipio de Mulegé, con el propósito de fortalecer la economía, la cultura y la identidad local, así como promover la comercialización del dátil como producto regional distintivo.

El evento será organizado por el Comité Regional, en coordinación con la Secretaría de Pesca, Acuacultura y Desarrollo Agropecuario, la Secretaría de Turismo y Economía, el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y el Instituto Tecnológico de Mulegé, con el fin de generar espacios de convivencia familiar y atraer turismo a la zona.

La feria se llevará a cabo el 22 de noviembre, de 10:00 a 18:00 horas, en el Nuevo Centro de Población Ejidal Alfredo V. Bonfil, en un ambiente completamente familiar.

Las y los asistentes podrán disfrutar de exposición de productos y subproductos del dátil, muestras gastronómicas y artesanías regionales, así como concursos del mejor pan y postres elaborados con dátil, además de un programa artístico con folklore, cabalgatas y actividades recreativas.

La administración estatal refrendó su compromiso de continuar respaldando a las comunidades de Mulegé mediante acciones que impulsen su desarrollo económico, fortalezcan sus actividades productivas y promuevan la participación social en eventos que destacan la identidad regional.




Dan reconocimiento jurídico a comunidades históricas de Comondú

Foto: Congreso

La Paz, Baja California Sur (BCS). El pleno del Congreso del Estado declaró este día como Centros de Población a las localidades de Puerto San Carlos, Puerto Adolfo López Mateos, Villa Morelos, Villa Hidalgo, Villa Zaragoza, Benito Juárez, Santo Domingo, San Isidro, San Juanico, La Purísima y Las Barrancas, todas pertenecientes al municipio de Comondú, para efectos de ordenamiento territorial y desarrollo urbano.

De acuerdo con el dictamen aprobado, estas comunidades cumplen con los elementos mínimos que definen a un centro de población, en términos del artículo 3, fracción VII, de la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (LGAHOTDU) y del artículo 2, fracción IX, de la Ley de Desarrollo Urbano para el Estado de Baja California Sur, al contar con población permanente, organización comunitaria, actividades económicas regionales reconocidas y servicios públicos en operación.

La declaración tiene como propósito otorgarles reconocimiento jurídico oficial, a fin de dar cumplimiento a la legislación estatal en materia de desarrollo urbano y ordenamiento territorial, y avanzar en su incorporación formal a los instrumentos de planeación, gestión y financiamiento público.

El Congreso subrayó que, pese a su existencia histórica y a su relevancia social y económica, estas localidades habían carecido hasta hoy de dicho reconocimiento como Centros de Población, situación que había limitado su acceso pleno a programas y recursos orientados al mejoramiento de infraestructura y servicios.