BCS y sus tributos a los villanos de la historia

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El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Baja California Sur debería llamarse sólo California, al ser la primera, la original. Sin embargo, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales. El Estado tiene la particularidad de nombrar a sus calles, pueblos y mares con nombres de personajes polémicos de la historia; tanto lo son, que en toda la República Mexicana casi no abundan los homenajes a estos protagonistas del pasado, e incluso, en algunos sitios han descontinuado llamarles así.

Este reportaje no defiende la historia oficialista, aunque no se puede negar, que la educación pública ha influido en calificar de héroes o villanos a ciertos líderes del pasado; aquí se acude a la cultura popular y a la memoria colectiva, y por supuesto, a datos y hechos que hacen que estas figuras no se recuerden precisamente por sus hazañas, sino por la represión sangrienta que ejercieron. Estos son sus tributos en tierras sudcalifornianas.

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El muy querido Hernán Cortés

En la cultura popular, el conquistador de México—cuya tumba se encuentra en CDMX y nadie la celebra— es asociado a las matanzas de los antiguos indígenas para sumar el hoy territorio mexicano a la entonces corona española; a sangre y fuego —como los 6 mil habitantes de Cholula masacrados sin armas, en un par de horas, en 1519— impuso el cristianismo, su gobierno y la visión occidental a los pueblos mexicanos. En la historia oficial mexicana no se le conmemora. Los dichos recientes de la presidente Claudia Sheinbaum denostándolo como “un asesino”, no son nuevos: es una figura maldita desde antaño.

Pero en Baja California Sur, es distinto; aquí se le quiere. Su nombre lo llevan bares y restaurantes en La Paz; la calle Hernán Cortés, en El Comitán, en la capital del Estado, donde también están la colonia Pedregal del Cortés y el complejo turístico Puerta Cortés; y los 200 mil kilómetros cuadrados del Golfo de California, también conocido como Mar de Cortés —que no, el Golfo de Cortés. Aparece en el himno del Estado. ¿Qué se pensaría hoy en día si se quisiera erigir una estatua en su honor?

La influencia tiene qué ver con que en las Fiestas de Fundación de La Paz —una tradición de hace varias décadas, organizadas por el Ayuntamiento de La Paz—, se le reconoce como el fundador de esta capital, por una expedición que realizó en algún punto de la bahía el 3 de mayo de 1535. Quien lo “decretó” de esta manera fue el historiador Pablo L. Martínez en la primera mitad del siglo XX. Por ello, este 2026 se ‘celebran’ los “491 años del puerto de La Paz”, una ciudad que tardaría casi 3 siglos después que Cortés anduvo por aquí y no fundó ni una piedra, en ser habitada; además, esta tradición borra en la memoria colectiva que, en realidad, el primer asentamiento de la Antigua California fue Loreto, fundado en 1697.

Las calles de Porfirio Díaz

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca de Juárez en 1830 y murió desterrado en París, Francia, en 1915. En su ciudad natal —que lleva el apellido de Benito Juárez, contra el cual se opuso porque se estaba perpetuando en el poder, lo que más tarde hizo él—, todavía hay una calle que lleva su nombre; en el mismo Estado hay un municipio que le rinde homenaje.

Aunque Porfirio Díaz modernizó la infraestructura del país, su dictadura ha sido criticada precisamente por mantenerse 30 años en el poder, con mano dura, reprimiendo las posturas en su contra; sólo en las huelgas de Cananea, en 1906, y en Río Blanco, en 1907, el ejército ejecutó a casi un millar de manifestantes. Elecciones amañadas, despojo de tierras, una abismal desigualdad social y persecución de disidentes fueron algunos “sacrificios” para modernizar al país.

Tras La Revolución Mexicana, cambiaron muchas nomenclaturas de calles en todo México. Es posible, aunque no se encontró un registro oficial que, en La Paz, BCS, alguna calle se llamara Porfirio Díaz, pero con el paso del tiempo se quitara su nombre, como pasó en varias calles y sitios públicos de la República Mexicana. Donde el homenaje sigue vigente es en El Triunfo, al Sur del municipio de La Paz, donde la calle Porfirio Díaz abarca unas cinco cuadras del poblado, muy cerca del Museo del Vaquero y el Museo de la Plata.

Todo un pueblo llamado Gustavo Díaz Ordaz

Cuando se menciona al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979), a pesar del crecimiento económico y la baja inflación durante su administración, es casi imposible no recordarlo por la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 que tuvo un número incalculable de presos, muertos y desaparecidos; no fue el único, pero es, quizás, el que represente el régimen de mayor represión de los gobiernos del PRI.

¿Se merece un monumento? Al menos, en La Paz existe la Escuela Primaria Gustavo Díaz Ordaz, en la calle Arroyo San Cristóbal, entre Arroyo El Piojillo y Arroyo San Bartolo, en la colonia Márquez de León; por cierto, en Ensenada, Baja California, también un plantel de educación básica lleva su nombre y otro el de Porfirio Díaz.

Pero hay más: todo un pueblo. Gustavo Díaz Ordaz es una localidad del municipio de Mulegé, enclavado en el corazón del desierto de El Vizcaíno; es una importante comunidad agrícola de unos mil habitantes donde se cosecha higo de calidad de exportación; ahí hay una estación metereológica, siendo uno de los puntos más fríos de todo el Estado.

Un puerto de nombre lambiscón

Una persona muy letrada, oriunda de Puerto Adolfo López Mateos, municipio de Comondú, me contó que el origen del nombre de su pueblo no fue otra cosa que quedar bien: que el ex presidente de México había visitado esa comunidad pesquera, y solo por eso le pusieron así. Es cierto: hoy en día, ese dato se puede corroborar en Internet. Este amigo me dijo que su pueblo merecería tener otro nombre, él proponía Puerto Ballenas. Suena bien, pero como decíamos, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Invitan a participar en concursos del 2º Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra

FOTO: Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) invita a productores, artesanos y público en general a participar en los concursos del 2º Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra, a realizarse este sábado 16 de mayo en el municipio de Mulegé.

Las categorías participantes son: queso gourmet de chiva, birria tradicional de chivo, talabartería, empanada de queso de chiva a la leña y queso tradicional de chiva.

Se otorgarán premios de 3,000 al primer lugar, 2,000. al segundo lugar y 1,000 al tercer sitio, en cada una de las categorías.

Los concursos forman parte de este encuentro gastronómico y artesanal que reconoce el talento, la tradición y el trabajo de las comunidades serranas de Baja California Sur.

Para mayores informes, las personas interesadas pueden consultar las redes sociales del ISC o comunicarse al número de teléfono 612 1223113, de lunes a viernes en horario de 8:00 a 15:00 horas.




El Faro Viejo de Cabo Falso: luz, territorio y disputa en el extremo Sur de México

FOTOS: El Sol de México | NotiCabo.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el punto más austral de la península de Baja California Sur, donde el océano Pacífico se funde con el Golfo de California, una estructura de piedra se levanta sobre las dunas como un vestigio del pasado: el Faro Viejo de Cabo Falso. A primera vista, parece una ruina romántica azotada por el viento y la sal. Sin embargo, su historia revela algo más profundo: un símbolo de soberanía nacional, un referente de identidad regional y, hoy, un espacio en disputa entre intereses públicos y privados. Este reportaje explora su origen, su papel en la historia de México, los conflictos actuales en torno a su acceso y las posibilidades de futuro para este monumento, a partir de fuentes oficiales, testimonios institucionales y antecedentes históricos.

La historia del Faro Viejo de Cabo Falso se remonta a finales del siglo XIX, en un contexto donde la joven nación mexicana buscaba consolidar su presencia en territorios estratégicos. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la Secretaría de Comunicaciones ordenó su construcción, iniciada en 1904 y concluida en 1905 bajo la dirección del ingeniero Joaquín Palacios Gómez. Su ubicación no fue casual. Cabo Falso era —y sigue siendo— un punto geográfico clave para la navegación internacional, un referente natural desde tiempos prehispánicos y coloniales. Durante siglos, este sitio fue parte de la ruta del Galeón de Manila, por donde circulaban mercancías, ideas y culturas entre Asia y América.

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Pero más allá de su función técnica como guía marítima, el faro tenía un propósito político. Su construcción fue también una afirmación de soberanía frente a intereses extranjeros. De hecho, se ha documentado que su instalación buscaba recordar a embarcaciones, especialmente estadounidenses, que esas aguas pertenecían a México. En un periodo en el que Estados Unidos mostraba interés por adquirir territorios estratégicos en Baja California Sur, el faro funcionó como una señal inequívoca de control nacional. En ese sentido, el Faro Viejo no solo iluminaba rutas marítimas: iluminaba una frontera simbólica.

De faro a vestigio

La construcción del faro representó un desafío técnico notable para la época. Levantar una obra de infraestructura federal en una región aislada, sin acceso sencillo ni recursos hídricos, implicó soluciones innovadoras: rieles sobre dunas para transportar materiales, sistemas de captación de agua y una estructura influenciada por corrientes arquitectónicas como el art nouveau. El faro contaba con tecnología avanzada para su tiempo, incluyendo lentes prismáticos fabricados en Francia y un sistema de iluminación con alcance de hasta 10 millas náuticas. Esto lo convirtió en una pieza clave para la seguridad marítima en la región.

Durante más de medio siglo, su luz guió a embarcaciones de distintas nacionalidades que arribaban a Cabo San Lucas, en una época en que el puerto comenzaba a integrarse a circuitos económicos más amplios. El faro fue testigo del desarrollo pesquero, la llegada de empresas extranjeras y, eventualmente, del surgimiento del turismo como motor económico regional. El funcionamiento del Faro Viejo se mantuvo hasta 1965, cuando un huracán dañó gravemente su mecanismo. Ante esta situación, el gobierno decidió construir un nuevo faro más moderno y automatizado en una zona elevada cercana, lo que marcó el inicio del abandono del edificio original.

A partir de entonces, el Faro Viejo dejó de ser una infraestructura funcional para convertirse en un vestigio histórico. Sin mantenimiento constante, comenzó a deteriorarse por la acción de los elementos naturales y el paso del tiempo. Este proceso no fue exclusivo de Cabo Falso. En muchas regiones del país, la sustitución de infraestructuras antiguas por tecnologías modernas ha implicado el abandono de construcciones con valor histórico. Sin embargo, en este caso, el aislamiento geográfico y la falta de protección legal agravaron el deterioro.

La zona gris

Uno de los aspectos más críticos en la situación actual del Faro Viejo es su estatus legal. A pesar de su importancia histórica, no ha sido declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), debido a que su construcción ocurrió en 1904, posterior al límite establecido por la ley (año 1900).

Este detalle técnico ha tenido consecuencias significativas. Al no contar con protección federal como monumento histórico, el faro queda en una zona gris jurídica que dificulta su conservación y acceso público. Autoridades municipales de Los Cabos han intentado gestionar su reconocimiento a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), buscando darle certeza oficial y abrir la puerta a su protección como patrimonio cultural. Sin embargo, este proceso sigue en curso y sin resolución definitiva.

El problema más visible y polémico en torno al Faro Viejo es el acceso restringido. Aunque el faro es considerado por muchos como un patrimonio cultural de la nación, los terrenos que lo rodean pertenecen a un desarrollo turístico privado. Diversas fuentes señalan que estas tierras fueron adquiridas por un empresario hotelero al ejido Cabo San Lucas, lo que ha derivado en limitaciones para el libre acceso al sitio. En la práctica, esto significa que visitar el faro no es un derecho garantizado para la ciudadanía, sino una posibilidad condicionada.

Este caso refleja un fenómeno más amplio en destinos turísticos como Los Cabos: la tensión entre el desarrollo económico basado en inversión privada y el acceso público a espacios de valor histórico y natural. Para las autoridades locales, el reto ha sido encontrar un equilibrio. El Ayuntamiento de Los Cabos ha señalado que trabaja en mecanismos legales para garantizar el acceso sin afectar los derechos de propiedad, buscando una solución que beneficie tanto a la comunidad como a los inversionistas. Sin embargo, el proceso ha sido lento y complejo. La negociación implica aspectos jurídicos, económicos y políticos, y requiere la participación de múltiples actores, incluyendo asociaciones civiles como Yenekamú, que han promovido la conservación del sitio.

Luz sobre el Faro Viejo

Más allá de los conflictos legales, el Faro Viejo ocupa un lugar importante en la memoria colectiva de Baja California Sur. Para muchos habitantes, representa un símbolo de pertenencia y un recordatorio de la historia regional. Su ubicación en el punto donde convergen dos mares le otorga un valor paisajístico y simbólico único. Es un mirador natural de ballenas, un referente geográfico y un ícono del paisaje sudcaliforniano.

En términos culturales, el faro encarna la narrativa de una región que pasó de ser un territorio remoto a un destino turístico global. Su historia conecta con procesos más amplios: la colonización, el comercio transoceánico, la modernización porfirista y la transformación económica del siglo XX. Sin embargo, su potencial como atractivo turístico y educativo sigue subutilizado. Aunque ha sido restaurado parcialmente y existen visitas guiadas en ciertos momentos, no cuenta con un programa integral de conservación y difusión.

El caso del Faro Viejo puede entenderse como resultado de varias causas convergentes:

  1. Vacíos legales: la falta de reconocimiento oficial como monumento histórico limita su protección.
  2. Privatización del entorno: la propiedad privada de los terrenos circundantes restringe el acceso.
  3. Desarrollo turístico acelerado: el crecimiento de Los Cabos ha priorizado proyectos inmobiliarios sobre la conservación patrimonial.
  4. Falta de políticas integrales: no existe un plan coordinado entre niveles de gobierno para su rescate.

Estas causas no solo afectan al Faro Viejo, sino que reflejan desafíos estructurales en la gestión del patrimonio cultural en México. Las consecuencias de esta situación son múltiples. En primer lugar, el deterioro físico del faro continúa, lo que pone en riesgo su integridad como testimonio histórico. En segundo lugar, se genera una exclusión social: un bien con valor simbólico nacional no es plenamente accesible para la población. Finalmente, se pierde una oportunidad de desarrollo cultural y turístico sustentable. En un destino como Los Cabos, donde el turismo de sol y playa domina, el Faro Viejo podría diversificar la oferta y fortalecer la identidad local.

A pesar de los desafíos, existen señales de avance. Autoridades municipales han reiterado su intención de recuperar el acceso público y han iniciado procesos legales para lograrlo. El diálogo con los propietarios privados y la búsqueda de reconocimiento por parte del INBAL son pasos clave. Asimismo, la participación de la sociedad civil ha mantenido el tema en la agenda pública.

El futuro del Faro Viejo dependerá de la capacidad de articular estos esfuerzos en una estrategia común. Esto podría incluir:

  • Declaratorias de protección cultural.
  • Convenios de acceso público.
  • Programas de restauración y mantenimiento.
  • Integración en rutas turísticas culturales.

Hoy, el Faro Viejo de Cabo Falso ya no guía barcos, pero sigue iluminando debates sobre patrimonio, identidad y desarrollo. Su historia es la de un país que busca equilibrar progreso y memoria, inversión y acceso, modernidad y tradición. En sus muros desgastados se inscribe una narrativa que trasciende lo local: la defensa del territorio, la construcción de la nación y los desafíos contemporáneos de preservar el pasado en un mundo en constante cambio. Mientras las negociaciones continúan y el viento sigue golpeando sus paredes, el faro permanece ahí, como una señal persistente de que la historia —como la luz que alguna vez emitió— no debe apagarse.

Referencias:

https://www.loscabosguide.com/es/el-faro-viejo-de-cabo-falso/ «El faro Viejo de Cabo Falso – Los Cabos Guide»

https://www.loscabos.gob.mx/breve-historia-del-faro-viejo-de-cabo-falso/ «Breve Historia del Faro Viejo de Cabo Falso. | H. XV Ayuntamiento de …»

https://en.wikipedia.org/wiki/Los_Cabos_Municipality «Los Cabos Municipality»

https://www.ecured.cu/Faro_viejo_de_Cabo_Falso «Faro viejo de Cabo Falso – Ecured»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/el-faro-viejo-de-cabo-falso-la-luz-de-la-region-mas-austral-de-la-antigua-california/ «El Faro Viejo de Cabo Falso. La luz de la región más austral de la …»

https://www.bcsnoticias.mx/faro-viejo-de-los-cabos-no-fue-declarado-monumento-historico-se-buscaran-asegurar-el-paso/ «Faro Viejo de Los Cabos no fue declarado monumento histórico; se …»

https://rostrosyperfiles.com/2023/08/07/busca-ayuntamiento-de-los-cabos-rescatar-acceso-al-faro-viejo-de-cabo-falso-en-cabo-san-lucas/ «Busca ayuntamiento de Los Cabos rescatar acceso al Faro Viejo de Cabo …»

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Francisco Xavier Clavijero: el jesuita que reinventó la historia de México desde el exilio

FOTOS: Wikipedia.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En una biblioteca silenciosa de Bolonia, lejos de la tierra que lo vio nacer, un sacerdote jesuita novohispano escribía con urgencia. Frente a él no solo estaban los libros de historia europea, sino también las ideas que, desde el Viejo Continente, negaban la grandeza de América. Su respuesta sería una obra monumental. Su nombre, Francisco Xavier Clavijero, quedaría inscrito como uno de los primeros intelectuales en defender la dignidad histórica y cultural de los pueblos indígenas de México. Hoy, más de dos siglos después de su muerte, acaecida el 2 de abril de 1787, su legado continúa siendo objeto de estudio en instituciones académicas y culturales. Comprender su vida y obra implica adentrarse en un periodo clave: el siglo XVIII, marcado por la Ilustración, las reformas borbónicas y la redefinición del conocimiento histórico en el mundo occidental.

Francisco Xavier Clavijero nació en 1731 en Veracruz, en el seno de una familia de origen español vinculada a la administración colonial. Desde temprana edad, su vida estuvo marcada por el desplazamiento geográfico: su familia se trasladó por distintas regiones de la Nueva España, muchas de ellas con fuerte presencia indígena. Este contacto temprano con comunidades originarias resultó decisivo. A diferencia de muchos intelectuales europeos que escribían sobre América sin haberla conocido, Clavijero vivió de cerca las culturas indígenas. Esa experiencia alimentó una sensibilidad que más tarde se convertiría en el eje de su obra historiográfica. Ingresó a la Compañía de Jesús y se formó en una tradición intelectual rigurosa, abierta a las corrientes modernas del pensamiento europeo. Influido por autores como Descartes y Leibniz, promovió una renovación de la filosofía escolástica y criticó los excesos retóricos del barroco. Pero su formación no fue únicamente académica. Como docente en colegios jesuitas de ciudades como Puebla, Valladolid (Morelia) y Guadalajara, Clavijero se consolidó como un educador destacado, comprometido con la transmisión del conocimiento y la reflexión crítica.

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El siglo XVIII fue un periodo de profundas transformaciones. La Ilustración impulsaba una nueva forma de entender el mundo basada en la razón, la ciencia y el cuestionamiento de las tradiciones. Al mismo tiempo, las monarquías europeas buscaban fortalecer su control sobre sus territorios coloniales. En este contexto, la Compañía de Jesús se convirtió en un actor incómodo para la Corona Española. Su influencia intelectual, su red educativa y su relativa autonomía despertaron sospechas. En 1767, el rey Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles. La medida tuvo consecuencias profundas. Miles de religiosos fueron obligados a abandonar América. Entre ellos, Clavijero, quien tuvo que dejar abruptamente la Nueva España para emprender un largo y difícil viaje hacia Europa. El exilio no solo significó una ruptura personal, sino también el inicio de una nueva etapa intelectual.

Clavijero se estableció finalmente en Bolonia, donde vivió hasta su muerte en 1787. A pesar de las limitaciones que enfrentaban los jesuitas exiliados, encontró en Europa un espacio para la reflexión y la escritura. Fue en este contexto donde surgió su obra más influyente: Historia antigua de México. Escrita entre 1770 y 1780, esta obra representó un esfuerzo sistemático por reconstruir el pasado prehispánico desde una perspectiva informada y crítica. La motivación de Clavijero no fue meramente académica. En Europa, circulaban teorías que describían a los pueblos americanos como inferiores, tanto física como intelectualmente. Filósofos como Cornelius de Pauw sostenían estas ideas sin haber pisado el continente. Frente a estas afirmaciones, Clavijero emprendió una defensa apasionada. Su obra buscaba “restituir la verdad” sobre América, desmontando prejuicios y reivindicando la complejidad cultural de las civilizaciones indígenas.

Historia antigua de México no fue simplemente un relato cronológico. Se trató de una investigación exhaustiva que abordó aspectos políticos, religiosos, sociales y culturales de los pueblos del Valle de Anáhuac. Clavijero analizó la organización social, las creencias religiosas, las formas de gobierno y las prácticas culturales de los pueblos indígenas, especialmente los mexicas. Además, incorporó una serie de “Disertaciones” en las que refutaba directamente las teorías europeas que denigraban a América. Este enfoque marcó un cambio significativo en la historiografía. Por primera vez, un autor novohispano utilizaba fuentes diversas —crónicas, testimonios, documentos— para construir una narrativa que reconocía la dignidad y complejidad de las culturas originarias. Su obra también tuvo un componente científico. Clavijero mostró interés por la geografía, la botánica y la economía de la Nueva España, como lo demuestra su ensayo sobre los productos que podían comerciarse en el virreinato. Otra de sus contribuciones relevantes fue Historia de la Antigua o Baja California, donde recopiló y sistematizó la experiencia de los misioneros jesuitas en la región. Esta obra constituye una fuente fundamental para el estudio de la península en el periodo colonial.

Uno de los aspectos más destacados del legado de Clavijero es su papel como precursor del indigenismo. En un contexto donde predominaban visiones eurocéntricas, su defensa de los pueblos indígenas resultó innovadora. Clavijero no solo reivindicó el pasado prehispánico, sino que también reconoció a los indígenas contemporáneos como herederos legítimos de esa grandeza. Esta idea, aparentemente simple, tenía implicaciones profundas en una sociedad colonial basada en jerarquías raciales. Su trabajo inspiró a otros intelectuales novohispanos, quienes continuaron desarrollando estudios sobre la historia y cultura de México. De esta manera, contribuyó a la formación de una tradición historiográfica que más tarde influiría en la construcción de la identidad nacional.

La obra de Clavijero tuvo un impacto significativo tanto en Europa como en América. Durante décadas, fue considerada una referencia obligada para el estudio de la historia de México. En Europa, ayudó a modificar la percepción sobre América, ofreciendo una visión más compleja y documentada. En América, sentó las bases para una revaloración del pasado indígena que sería retomada en el siglo XIX, durante los procesos de independencia. Sin embargo, su obra también ha sido objeto de críticas. Algunos historiadores consideran que su visión idealizada de los pueblos indígenas puede carecer de rigor en ciertos aspectos. Aun así, su importancia como pionero en la historiografía mexicana es ampliamente reconocida.

Clavijero fue, ante todo, un hombre de su tiempo. Su formación jesuita, su adhesión a los valores de la Ilustración y su identidad criolla se entrelazaron en su obra. Como sacerdote, su labor estuvo vinculada a la educación y la evangelización. Como intelectual, buscó comprender y explicar la realidad americana. Como criollo, desarrolló un sentido de pertenencia que lo llevó a definirse a sí mismo como mexicano, en un periodo en el que esta identidad apenas comenzaba a gestarse. Esta triple dimensión explica la riqueza y complejidad de su pensamiento. Clavijero no fue solo un historiador, sino también un mediador cultural entre América y Europa.

El legado de Francisco Xavier Clavijero trasciende su obra escrita. Su nombre ha sido dado a bibliotecas, jardines botánicos, instituciones educativas y espacios culturales en México. En 1970, sus restos fueron repatriados a México y depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres, un reconocimiento simbólico a su importancia histórica. Hoy, su figura es objeto de estudios académicos que buscan comprender su papel en la construcción del pensamiento histórico y cultural de México. Su obra sigue siendo consultada por historiadores, antropólogos y filósofos interesados en el pasado prehispánico y la historiografía colonial. Conclusión: un intelectual en diálogo con su tiempo, la vida y obra de Francisco Xavier Clavijero no pueden entenderse sin el contexto que las produjo: un mundo en transformación, donde las ideas, los imperios y las identidades estaban en disputa. Su respuesta a ese mundo fue la escritura. Desde el exilio, construyó una narrativa que reivindicó la historia de México y cuestionó los prejuicios de su época. En ese gesto, sentó las bases de una tradición intelectual que sigue vigente. Más que un simple historiador, Clavijero fue un puente entre culturas, un defensor de la dignidad indígena y un precursor del pensamiento moderno en América. Su legado, lejos de ser un capítulo cerrado, continúa invitando a reflexionar sobre la historia, la identidad y la manera en que narramos nuestro pasado.

Referencias

Clavijero, F. X. (1974). Historia antigua de México. México: Editorial Porrúa.

Clavijero, F. X. (1917). Historia antigua de México (Vol. 1). México: Departamento Editorial de la Dirección General de Bellas Artes.

Clavijero, F. X. (1852). Historia de la Antigua o Baja California. México: Imprenta de Juan R. Navarro.

Clavijero, F. X. (2022). Historia antigua de México y de su conquista. Legare Street Press.

Clavijero, F. X. (1789/2000). Historia de la Antigua o Baja California (edición moderna). México: Editorial Porrúa.

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Historia y legado de Fray Junípero Serra en las Californias

FOTOS: Wikimedia Commons.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En las áridas tierras de la península de Baja California, donde el desierto se encuentra con el mar, y en las fértiles costas de la Alta California, hoy territorio de Estados Unidos, persiste una huella profunda del siglo XVIII. Es la marca de un proyecto religioso, político y cultural encabezado por un fraile franciscano mallorquín: Fray Junípero Serra. Su figura, considerada por algunos como fundador espiritual de California y por otros como símbolo de la colonización europea, continúa generando debate. Pero más allá de la polémica contemporánea, su vida y obra se inscriben en un proceso histórico más amplio: la expansión del imperio español, la evangelización de los pueblos indígenas y la transformación radical del territorio californiano.

Junípero Serra nació en 1713 en Petra, Mallorca, bajo el nombre de Miguel José Serra Ferrer. Desde joven ingresó a la orden franciscana, donde destacó como teólogo y docente antes de emprender su viaje a la Nueva España en 1749. Su llegada a América no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de la Iglesia y la monarquía española. Durante el siglo XVIII, el Imperio buscaba consolidar sus territorios frente a la amenaza de otras potencias europeas, como Inglaterra, Francia y Rusia, especialmente en las regiones del Pacífico norte. Antes de llegar a California, Serra trabajó en la Sierra Gorda de Querétaro, donde aprendió lenguas indígenas y desarrolló métodos de evangelización que combinaban enseñanza religiosa con prácticas agrícolas y oficios. Esta experiencia sería fundamental para su posterior labor en las Californias.

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El año 1767 marcó un punto de inflexión en la historia de la región. La expulsión de los jesuitas por orden del rey Carlos III dejó vacantes las misiones que estos habían establecido en Baja California. Fue entonces cuando Serra fue nombrado presidente de las misiones franciscanas en la península. Desde Loreto, considerada la “madre de las misiones”, reorganizó el sistema misional y asignó nuevos religiosos a los asentamientos existentes. La Baja California del siglo XVIII era una región de baja densidad poblacional, habitada por diversos grupos indígenas con economías basadas en la caza, la pesca y la recolección. La introducción del sistema misional transformó profundamente su modo de vida. Los franciscanos impulsaron la agricultura, la ganadería y la construcción de comunidades sedentarias, lo que implicó cambios culturales radicales. Este proceso no puede entenderse únicamente como evangelización. En términos políticos, las misiones funcionaban como instrumentos de control territorial y de expansión imperial. Al establecer comunidades organizadas bajo la autoridad española, se aseguraba la presencia efectiva de la corona en regiones alejadas y estratégicas.

El siguiente paso en el proyecto fue la expansión hacia el norte. Impulsada por el visitador José de Gálvez, la colonización de la Alta California respondió a una lógica geopolítica: evitar que otras potencias ocuparan el territorio. En 1769, Serra participó en la expedición encabezada por Gaspar de Portolá, que partió desde Loreto hacia la bahía de San Diego. Durante el trayecto, fundó la misión de San Fernando de Velicatá, la última en territorio de la actual Baja California. Ese mismo año se estableció la misión de San Diego de Alcalá, considerada la primera de la Alta California. Este evento marcó el inicio de una red de misiones que se extendería a lo largo de la costa del Pacífico.

Durante los siguientes 15 años, Serra fundó nueve misiones, entre ellas San Carlos Borromeo en Monterey, San Gabriel, San Francisco y San Buenaventura. Estas misiones no solo eran centros religiosos, sino también unidades económicas y sociales. En ellas, los indígenas convertidos —llamados “neófitos”— eran integrados a una vida comunitaria organizada alrededor del trabajo agrícola, la ganadería y los oficios. Se les enseñaban técnicas europeas y se buscaba su incorporación a la sociedad colonial. Sin embargo, este modelo también implicaba restricciones severas. Diversas investigaciones históricas señalan que los indígenas no podían abandonar libremente las misiones y eran sujetos a disciplina estricta. Además, enfermedades, sobreexplotación y cambios en su modo de vida provocaron un fuerte descenso demográfico en las comunidades originarias. El sistema misional cumplía así una triple función: evangelizar, organizar la economía colonial y asegurar la presencia española en territorios estratégicos. La producción agrícola y ganadera de las misiones fue clave para sostener las colonias, llegando incluso a generar excedentes comerciales hacia finales del siglo XVIII.

El proyecto de Serra no estuvo exento de conflictos. Uno de los más significativos fue su enfrentamiento con autoridades militares, como el gobernador Pedro Fages. Serra viajó a la Ciudad de México para denunciar abusos contra los indígenas y logró que el virrey fallara a su favor en la mayoría de sus demandas. Este episodio revela una dimensión compleja de su figura: por un lado, formaba parte del aparato colonial; por otro, buscaba limitar los excesos de las autoridades civiles y militares. Algunos historiadores destacan su defensa de los indígenas frente a los colonos, mientras que otros subrayan que el propio sistema misional implicaba formas de control y subordinación.

Las misiones fundadas por Serra dieron origen a algunas de las ciudades más importantes de la actual California, como San Diego, Los Ángeles y San Francisco. Más allá de su dimensión religiosa, estas fundaciones sentaron las bases del desarrollo urbano y económico de la región. Las rutas entre misiones, conocidas como “El Camino Real”, estructuraron el territorio y facilitaron la comunicación entre asentamientos. En términos culturales, el legado es ambivalente. Por un lado, las misiones introdujeron nuevas técnicas agrícolas, arquitectónicas y artesanales. Por otro, contribuyeron a la pérdida de lenguas, tradiciones y formas de vida indígenas.

La polémica alrededor de Junípero Serra

En las últimas décadas, la figura de Junípero Serra ha sido objeto de intensas controversias. Su canonización en 2015 por el papa Francisco reavivó el debate sobre su legado. Mientras la Iglesia lo presenta como un misionero comprometido con la evangelización y la defensa de los indígenas, sectores académicos y comunidades originarias lo consideran parte de un sistema que provocó sufrimiento y despojo cultural. Las protestas en Estados Unidos, que incluyeron la retirada de estatuas de Serra, reflejan esta tensión entre memoria histórica y revisión crítica del pasado.

Para comprender plenamente la obra de Serra, es necesario situarla en el contexto del siglo XVIII. La Ilustración, las reformas borbónicas y la competencia entre imperios europeos influyeron en la política colonial española. La expulsión de los jesuitas, que abrió paso a los franciscanos, fue parte de un intento de centralizar el poder y reducir la influencia de órdenes religiosas consideradas autónomas. Las misiones, en este contexto, no fueron solo iniciativas religiosas, sino instrumentos de política imperial. Su legado se extiende más allá de la época colonial: configuraron el territorio, la economía y las relaciones sociales de la región.

Hoy, en Baja California Sur y en California, las antiguas misiones siguen en pie como testigos de un pasado complejo. Son monumentos históricos, destinos turísticos y espacios de reflexión sobre la identidad y la historia. La figura de Junípero Serra, lejos de ser un personaje unidimensional, encarna las contradicciones de su tiempo. Fue un hombre de fe, un agente del Imperio y un actor clave en la transformación de las Californias. Su historia invita a mirar el pasado con una perspectiva crítica y contextualizada. No se trata de juzgar con parámetros contemporáneos, sino de comprender los procesos históricos en toda su complejidad: las motivaciones, las acciones y sus consecuencias.

El legado de Fray Junípero Serra en la Alta y Baja California es inseparable de la historia de la colonización española en América. Su obra misionera contribuyó a la expansión territorial, la evangelización y la formación de nuevas sociedades, pero también implicó profundas transformaciones —y en muchos casos, rupturas— en las culturas indígenas. A más de dos siglos de su muerte en 1784, su figura sigue generando debate, reflejo de un pasado que aún interpela al presente. Entre la devoción religiosa y la crítica histórica, Junípero Serra permanece como una figura clave para entender el origen y desarrollo de las Californias, y los complejos procesos que dieron forma al mundo moderno en esta región del continente.

Referencias

Palóu, F. (1988). Junípero Serra y las misiones de California. Madrid: Historia 16.

Palóu, F. (2013). Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del venerable padre fray Junípero Serra y de las misiones que fundó en la California septentrional. Hardpress Publishing.

Geiger, M. J. (1959). The life and times of Fray Junípero Serra, O.F.M. (2 vols.). Washington, D.C.: Academy of American Franciscan History.

Hackel, S. W. (2013). Junípero Serra: California’s founding father. New York: Hill and Wang.

Beebe, R. M., & Senkewicz, R. M. (2015). Junípero Serra: California, Indians, and the transformation of a missionary. Norman: University of Oklahoma Press.