Realizaron el 2° Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra

FOTO: Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur(BCS). Con el objetivo de abrir espacios al desarrollo turístico, la gastronomía local y la identidad cultural de las comunidades serranas, el gobernador Víctor Manuel Castro Cosío inauguró en San Francisco de la Sierra, municipio de Mulegé, la 2.ª edición del Festival del Cabrito, con la participación de 160 productoras y productores caprinos de distintas regiones de Baja California Sur.

El mandatario estatal destacó que el festival refleja una organización local más sólida y una participación creciente de quienes se dedican a la actividad caprina, lo que ha permitido dar mayor visibilidad al trabajo regional y abrir espacios para el intercambio de experiencias, la comercialización y el reconocimiento de las tradiciones.

Subrayó que su administración promueve el trabajo conjunto desde las localidades, donde la suma de esfuerzos permite avanzar en proyectos que nacen del propio territorio y buscan mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

En la inauguración del evento, el Gobernador estuvo acompañado por la alcaldesa Edith Aguilar Villavicencio y la presidenta del Sistema DIF estatal, Patricia López Navarro, quienes entregaron distintivos de turismo de base comunitaria a participantes locales, lo que permitirá integrar a la región en una guía nacional e internacional de experiencias con enfoque social y territorial.

El encuentro reunió a 11 dependencias del Gobierno del Estado, tres instituciones de educación superior y representantes de diversas comunidades de Mulegé, Los Cabos, Santiago, Miraflores y Comondú.

El festival incluyó exposiciones de dulces tradicionales y artesanías, degustación de cabrito en distintas preparaciones y venta de productos regionales como queso y derivados, lo que generó afluencia de visitantes y dinamismo económico en la zona.




Ignacio Tirsch: el misionero que dibujó la Antigua California

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En algún lugar del actual sur de Baja California Sur, hacia mediados del siglo XVIII, un misionero europeo observaba con atención la vida cotidiana de los pueblos indígenas. No solo predicaba: dibujaba. Registraba plantas, animales, rituales y escenas domésticas con una sensibilidad poco común para su tiempo. Ese hombre era Ignacio Tirsch, jesuita originario de Bohemia, cuya vida y obra constituyen hoy una de las ventanas más singulares para comprender la Antigua California. Este reportaje reconstruye su trayectoria, exploraciones, relaciones con los pueblos originarios, su papel en el sistema misional y el significado de su legado a partir de fuentes históricas, académicas y documentales recientes.

Ignacio Tirsch nació en 1733 en Chomutov, en la región de Bohemia, en el seno de un imperio europeo profundamente marcado por la expansión del catolicismo tras La Reforma protestante. Como muchos jóvenes de su época, ingresó a la Compañía de Jesús, una orden que tenía entre sus principales misiones la evangelización global y la expansión cultural del catolicismo. Su llegada a la Nueva España no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia geopolítica más amplia. Durante los siglos XVII y XVIII, la Corona española utilizó a los jesuitas como agentes de colonización en territorios periféricos como California. Estos espacios eran considerados estratégicos, tanto por su posición geográfica como por la necesidad de consolidar la soberanía frente a otras potencias europeas.

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En este contexto, Tirsch emprendió el largo viaje transatlántico desde Europa hasta América, completando su formación en centros jesuitas de Puebla, Tepotzotlán y la Ciudad de México antes de ser enviado en 1761 a la península de Baja California. Su destino: una región árida, aislada y profundamente compleja en términos culturales.

Cuando llegó a la Antigua California, el sistema misional jesuita llevaba ya varias décadas de funcionamiento. Desde finales del siglo XVII, las misiones habían sido establecidas como centros de evangelización, pero también como núcleos de organización social, económica y territorial. Estas misiones no solo buscaban convertir a los pueblos indígenas al cristianismo, también introducían nuevas formas de vida: agricultura sedentaria, ganadería, organización comunitaria bajo normas europeas y dependencia de la autoridad religiosa.

El propio Tirsch fue asignado inicialmente a la misión de Santiago de los Coras (Aiñiní), fundada en 1724, pero marcada por la violencia de la rebelión pericú de 1734, en la que el edificio fue destruido y el misionero asesinado. Décadas después, él participó en la reconstrucción del sitio, en un contexto donde los pueblos originarios ya habían sido profundamente afectados por epidemias, desplazamientos y conflictos. Según registros históricos, su labor se desarrolló entre 1762 y 1767 en distintas misiones del sur, incluyendo Santiago y San José del Cabo. En estos espacios, el misionero no solo administraba sacramentos, sino que también organizaba la producción agrícola, supervisaba la vida cotidiana y actuaba como intermediario entre la Corona y las comunidades indígenas.

Uno de los aspectos más complejos en la vida de Tirsch fue su relación con los pueblos indígenas, particularmente los pericúes y guaycuras, habitantes originarios del extremo sur de la península. Las fuentes coinciden en que para la época en que Tirsch llegó, muchas de estas comunidades ya estaban en proceso de desaparición. Las epidemias introducidas por los europeos, la desestructuración social y los conflictos armados habían reducido drásticamente su población. Sin embargo, a diferencia de otros misioneros cuya labor se documenta principalmente en textos religiosos o administrativos, Tirsch dejó un registro visual excepcional. Sus acuarelas muestran escenas de la vida indígena: familias, actividades de caza, rituales y paisajes. Estas imágenes ofrecen una mirada que, si bien está mediada por su perspectiva europea, conserva detalles etnográficos de gran valor.

Investigaciones recientes destacan que sus dibujos constituyen una forma de “historia natural” y cultural, donde se entrelazan observación científica, experiencia misionera y representación simbólica. En ellos se perciben tanto los procesos de transformación cultural como la persistencia de prácticas indígenas. Este material ha sido interpretado por especialistas como evidencia de una interacción compleja: ni completamente armónica ni exclusivamente violenta, sino marcada por negociaciones, adaptaciones y tensiones constantes.

Además de su labor religiosa, Tirsch participó en la exploración del territorio y en la generación de conocimiento sobre la región. Como otros jesuitas de su tiempo, formaba parte de una tradición intelectual que combinaba evangelización con observación científica. Los jesuitas eran, en muchos sentidos, “agentes culturales” que documentaban flora, fauna, geografía y costumbres locales como parte de su misión. En el caso de Tirsch, esta labor se materializó en un conjunto de aproximadamente 47 acuarelas que representan desde especies animales hasta escenas de la vida cotidiana. Estas obras, actualmente resguardadas en la Biblioteca Nacional de Praga, constituyen uno de los registros más completos de la Antigua California en el siglo XVIII. En ellas aparecen peces, aves, mamíferos, plantas y representaciones humanas que documentan un entorno hoy profundamente transformado.

Algunas imágenes incluso muestran elementos que mezclan observación y simbolismo, como el llamado “pez mujer”, lo que ha generado debates entre historiadores sobre los métodos y fuentes de Tirsch. Más allá de su exactitud científica, estas ilustraciones tienen un valor incalculable como testimonio de un mundo en transición.

La trayectoria de Ignacio Tirsch en California se vio abruptamente interrumpida en 1767, cuando el rey Carlos III ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios españoles. Esta decisión respondió a múltiples factores: tensiones políticas, sospechas sobre el poder de la orden y reformas borbónicas orientadas a fortalecer el control estatal. En Baja California, la expulsión significó el fin de un sistema misional que había operado durante más de 70 años. Tirsch, al igual que otros misioneros, fue obligado a abandonar la península y regresar a Europa.

Este episodio no solo marcó el final de su labor en América, sino también una ruptura en el proceso de documentación del territorio. Muchas de las crónicas, dibujos y conocimientos generados por los jesuitas quedaron dispersos o fueron elaborados en el exilio. Tirsch regresó a Bohemia, donde pasó sus últimos años y falleció en 1781.

El principal legado de Ignacio Tirsch no radica únicamente en su labor como misionero, sino en su obra visual. Sus acuarelas han sido consideradas por especialistas como uno de los primeros registros pictóricos sistemáticos de la península de Baja California. A diferencia de otros documentos coloniales, centrados en la administración o la evangelización, sus dibujos capturan aspectos cotidianos y naturales con un nivel de detalle poco común. Representan, en palabras de investigadores contemporáneos, un “testimonio visual inédito” de la vida en las misiones y de los pueblos indígenas.

Este legado ha adquirido relevancia en el contexto actual, donde la historia de la Antigua California se reconstruye a partir de múltiples fuentes: crónicas, arqueología, tradición oral y registros visuales. Las obras de Tirsch permiten no solo conocer el pasado, sino también reflexionar sobre los procesos de colonización, transformación cultural y pérdida de diversidad que marcaron la región.

El análisis moderno de la figura de Tirsch no está exento de debate. Por un lado, se reconoce su aporte como observador y documentador de la realidad californiana. Por otro, su papel como misionero lo sitúa dentro de un sistema colonial que implicó la transformación profunda —y en muchos casos la desaparición— de culturas indígenas. Este doble carácter refleja una tensión central en la historia de las misiones: fueron espacios de intercambio cultural, pero también de imposición religiosa y reorganización social. Los estudios recientes insisten en la necesidad de contextualizar su obra. Sus dibujos no son neutrales: están atravesados por su formación europea, su misión evangelizadora y las condiciones de la época. Sin embargo, también ofrecen pistas sobre las experiencias indígenas, muchas veces ausentes en los registros escritos.

La relevancia de Tirsch puede entenderse a partir de varias causas estructurales:

  • La expansión jesuita: permitió la llegada de misioneros con formación intelectual y capacidad de documentación.
  • El aislamiento geográfico: convirtió a Baja California en un laboratorio de observación cultural y natural.
  • El contexto colonial: generó la necesidad de registrar territorios y poblaciones.

Las consecuencias de su obra son igualmente significativas:

  • Preservación de la memoria: sus dibujos son uno de los pocos testimonios visuales de pueblos casi desaparecidos.
  • Aporte científico: contribuyen al conocimiento de la biodiversidad histórica de la región.
  • Valor cultural: fortalecen la identidad histórica de Baja California Sur.

Hoy, más de dos siglos después, la figura de Ignacio Tirsch sigue despertando interés entre historiadores, antropólogos y estudiosos del arte. Su obra ha sido objeto de exposiciones, investigaciones académicas y publicaciones que buscan reinterpretar su legado. En un contexto donde se revaloran las historias locales y las voces marginadas, sus dibujos adquieren una nueva dimensión. No solo como documentos históricos, sino como herramientas para comprender las complejidades del encuentro entre culturas. Ignacio Tirsch fue, al mismo tiempo, misionero, explorador, cronista y artista. Su vida refleja las dinámicas de un mundo colonial en expansión, donde la religión, la ciencia y la política se entrelazaban.

Pero su obra trasciende su tiempo. En cada acuarela se conserva un fragmento de la Antigua California: sus paisajes, sus habitantes, sus transformaciones. En un territorio donde muchas voces fueron silenciadas, sus imágenes permanecen como una forma de memoria. Una memoria que no solo ilumina el pasado, sino que invita a cuestionarlo y comprenderlo en toda su complejidad.

Referencias:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Tirsch «Ignacio Tirsch»

https://es.wikipedia.org/wiki/Misi%C3%B3n_de_Santiago_de_los_Coras_Ai%C3%B1in%C3%AD «Misión de Santiago de los Coras Aiñiní»

https://journals.openedition.org/nuevomundo/76562 «Los dibujos de Ignacio Tirsch (1733-1781), tres cartas y una curiosa …»

https://www.iberoamericana-vervuert.es/capitulos/9783968697444_006.pdf «Entre bohemia y Nueva España: roles, costumbres y vida cotidiana en …»

https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/california/304a_04_12_IgnazTirsch.pdf «Las pinturas del Bohemio Ignaz Tirsch sobre México y California en el …»

https://mundonuestro.mx/index.php/secciones/historia/item/2638-los-pioneros-de-la-baja-california «Los pioneros de la Baja California – mundonuestro.mx»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/ignacio-tirsch-el-jesuita-que-dibujo-la-antigua-california/ «Ignacio Tirsch, el jesuita que dibujó la Antigua California»

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BCS y sus tributos a los villanos de la historia

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El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Baja California Sur debería llamarse sólo California, al ser la primera, la original. Sin embargo, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales. El Estado tiene la particularidad de nombrar a sus calles, pueblos y mares con nombres de personajes polémicos de la historia; tanto lo son, que en toda la República Mexicana casi no abundan los homenajes a estos protagonistas del pasado, e incluso, en algunos sitios han descontinuado llamarles así.

Este reportaje no defiende la historia oficialista, aunque no se puede negar, que la educación pública ha influido en calificar de héroes o villanos a ciertos líderes del pasado; aquí se acude a la cultura popular y a la memoria colectiva, y por supuesto, a datos y hechos que hacen que estas figuras no se recuerden precisamente por sus hazañas, sino por la represión sangrienta que ejercieron. Estos son sus tributos en tierras sudcalifornianas.

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El muy querido Hernán Cortés

En la cultura popular, el conquistador de México—cuya tumba se encuentra en CDMX y nadie la celebra— es asociado a las matanzas de los antiguos indígenas para sumar el hoy territorio mexicano a la entonces corona española; a sangre y fuego —como los 6 mil habitantes de Cholula masacrados sin armas, en un par de horas, en 1519— impuso el cristianismo, su gobierno y la visión occidental a los pueblos mexicanos. En la historia oficial mexicana no se le conmemora. Los dichos recientes de la presidente Claudia Sheinbaum denostándolo como “un asesino”, no son nuevos: es una figura maldita desde antaño.

Pero en Baja California Sur, es distinto; aquí se le quiere. Su nombre lo llevan bares y restaurantes en La Paz; la calle Hernán Cortés, en El Comitán, en la capital del Estado, donde también están la colonia Pedregal del Cortés y el complejo turístico Puerta Cortés; y los 200 mil kilómetros cuadrados del Golfo de California, también conocido como Mar de Cortés —que no, el Golfo de Cortés. Aparece en el himno del Estado. ¿Qué se pensaría hoy en día si se quisiera erigir una estatua en su honor?

La influencia tiene qué ver con que en las Fiestas de Fundación de La Paz —una tradición de hace varias décadas, organizadas por el Ayuntamiento de La Paz—, se le reconoce como el fundador de esta capital, por una expedición que realizó en algún punto de la bahía el 3 de mayo de 1535. Quien lo “decretó” de esta manera fue el historiador Pablo L. Martínez en la primera mitad del siglo XX. Por ello, este 2026 se ‘celebran’ los “491 años del puerto de La Paz”, una ciudad que tardaría casi 3 siglos después que Cortés anduvo por aquí y no fundó ni una piedra, en ser habitada; además, esta tradición borra en la memoria colectiva que, en realidad, el primer asentamiento de la Antigua California fue Loreto, fundado en 1697.

Las calles de Porfirio Díaz

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca de Juárez en 1830 y murió desterrado en París, Francia, en 1915. En su ciudad natal —que lleva el apellido de Benito Juárez, contra el cual se opuso porque se estaba perpetuando en el poder, lo que más tarde hizo él—, todavía hay una calle que lleva su nombre; en el mismo Estado hay un municipio que le rinde homenaje.

Aunque Porfirio Díaz modernizó la infraestructura del país, su dictadura ha sido criticada precisamente por mantenerse 30 años en el poder, con mano dura, reprimiendo las posturas en su contra; sólo en las huelgas de Cananea, en 1906, y en Río Blanco, en 1907, el ejército ejecutó a casi un millar de manifestantes. Elecciones amañadas, despojo de tierras, una abismal desigualdad social y persecución de disidentes fueron algunos “sacrificios” para modernizar al país.

Tras La Revolución Mexicana, cambiaron muchas nomenclaturas de calles en todo México. Es posible, aunque no se encontró un registro oficial que, en La Paz, BCS, alguna calle se llamara Porfirio Díaz, pero con el paso del tiempo se quitara su nombre, como pasó en varias calles y sitios públicos de la República Mexicana. Donde el homenaje sigue vigente es en El Triunfo, al Sur del municipio de La Paz, donde la calle Porfirio Díaz abarca unas cinco cuadras del poblado, muy cerca del Museo del Vaquero y el Museo de la Plata.

Todo un pueblo llamado Gustavo Díaz Ordaz

Cuando se menciona al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979), a pesar del crecimiento económico y la baja inflación durante su administración, es casi imposible no recordarlo por la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 que tuvo un número incalculable de presos, muertos y desaparecidos; no fue el único, pero es, quizás, el que represente el régimen de mayor represión de los gobiernos del PRI.

¿Se merece un monumento? Al menos, en La Paz existe la Escuela Primaria Gustavo Díaz Ordaz, en la calle Arroyo San Cristóbal, entre Arroyo El Piojillo y Arroyo San Bartolo, en la colonia Márquez de León; por cierto, en Ensenada, Baja California, también un plantel de educación básica lleva su nombre y otro el de Porfirio Díaz.

Pero hay más: todo un pueblo. Gustavo Díaz Ordaz es una localidad del municipio de Mulegé, enclavado en el corazón del desierto de El Vizcaíno; es una importante comunidad agrícola de unos mil habitantes donde se cosecha higo de calidad de exportación; ahí hay una estación metereológica, siendo uno de los puntos más fríos de todo el Estado.

Un puerto de nombre lambiscón

Una persona muy letrada, oriunda de Puerto Adolfo López Mateos, municipio de Comondú, me contó que el origen del nombre de su pueblo no fue otra cosa que quedar bien: que el ex presidente de México había visitado esa comunidad pesquera, y solo por eso le pusieron así. Es cierto: hoy en día, ese dato se puede corroborar en Internet. Este amigo me dijo que su pueblo merecería tener otro nombre, él proponía Puerto Ballenas. Suena bien, pero como decíamos, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales.

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Invitan a participar en concursos del 2º Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra

FOTO: Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) invita a productores, artesanos y público en general a participar en los concursos del 2º Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra, a realizarse este sábado 16 de mayo en el municipio de Mulegé.

Las categorías participantes son: queso gourmet de chiva, birria tradicional de chivo, talabartería, empanada de queso de chiva a la leña y queso tradicional de chiva.

Se otorgarán premios de 3,000 al primer lugar, 2,000. al segundo lugar y 1,000 al tercer sitio, en cada una de las categorías.

Los concursos forman parte de este encuentro gastronómico y artesanal que reconoce el talento, la tradición y el trabajo de las comunidades serranas de Baja California Sur.

Para mayores informes, las personas interesadas pueden consultar las redes sociales del ISC o comunicarse al número de teléfono 612 1223113, de lunes a viernes en horario de 8:00 a 15:00 horas.




El Faro Viejo de Cabo Falso: luz, territorio y disputa en el extremo Sur de México

FOTOS: El Sol de México | NotiCabo.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el punto más austral de la península de Baja California Sur, donde el océano Pacífico se funde con el Golfo de California, una estructura de piedra se levanta sobre las dunas como un vestigio del pasado: el Faro Viejo de Cabo Falso. A primera vista, parece una ruina romántica azotada por el viento y la sal. Sin embargo, su historia revela algo más profundo: un símbolo de soberanía nacional, un referente de identidad regional y, hoy, un espacio en disputa entre intereses públicos y privados. Este reportaje explora su origen, su papel en la historia de México, los conflictos actuales en torno a su acceso y las posibilidades de futuro para este monumento, a partir de fuentes oficiales, testimonios institucionales y antecedentes históricos.

La historia del Faro Viejo de Cabo Falso se remonta a finales del siglo XIX, en un contexto donde la joven nación mexicana buscaba consolidar su presencia en territorios estratégicos. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la Secretaría de Comunicaciones ordenó su construcción, iniciada en 1904 y concluida en 1905 bajo la dirección del ingeniero Joaquín Palacios Gómez. Su ubicación no fue casual. Cabo Falso era —y sigue siendo— un punto geográfico clave para la navegación internacional, un referente natural desde tiempos prehispánicos y coloniales. Durante siglos, este sitio fue parte de la ruta del Galeón de Manila, por donde circulaban mercancías, ideas y culturas entre Asia y América.

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Pero más allá de su función técnica como guía marítima, el faro tenía un propósito político. Su construcción fue también una afirmación de soberanía frente a intereses extranjeros. De hecho, se ha documentado que su instalación buscaba recordar a embarcaciones, especialmente estadounidenses, que esas aguas pertenecían a México. En un periodo en el que Estados Unidos mostraba interés por adquirir territorios estratégicos en Baja California Sur, el faro funcionó como una señal inequívoca de control nacional. En ese sentido, el Faro Viejo no solo iluminaba rutas marítimas: iluminaba una frontera simbólica.

De faro a vestigio

La construcción del faro representó un desafío técnico notable para la época. Levantar una obra de infraestructura federal en una región aislada, sin acceso sencillo ni recursos hídricos, implicó soluciones innovadoras: rieles sobre dunas para transportar materiales, sistemas de captación de agua y una estructura influenciada por corrientes arquitectónicas como el art nouveau. El faro contaba con tecnología avanzada para su tiempo, incluyendo lentes prismáticos fabricados en Francia y un sistema de iluminación con alcance de hasta 10 millas náuticas. Esto lo convirtió en una pieza clave para la seguridad marítima en la región.

Durante más de medio siglo, su luz guió a embarcaciones de distintas nacionalidades que arribaban a Cabo San Lucas, en una época en que el puerto comenzaba a integrarse a circuitos económicos más amplios. El faro fue testigo del desarrollo pesquero, la llegada de empresas extranjeras y, eventualmente, del surgimiento del turismo como motor económico regional. El funcionamiento del Faro Viejo se mantuvo hasta 1965, cuando un huracán dañó gravemente su mecanismo. Ante esta situación, el gobierno decidió construir un nuevo faro más moderno y automatizado en una zona elevada cercana, lo que marcó el inicio del abandono del edificio original.

A partir de entonces, el Faro Viejo dejó de ser una infraestructura funcional para convertirse en un vestigio histórico. Sin mantenimiento constante, comenzó a deteriorarse por la acción de los elementos naturales y el paso del tiempo. Este proceso no fue exclusivo de Cabo Falso. En muchas regiones del país, la sustitución de infraestructuras antiguas por tecnologías modernas ha implicado el abandono de construcciones con valor histórico. Sin embargo, en este caso, el aislamiento geográfico y la falta de protección legal agravaron el deterioro.

La zona gris

Uno de los aspectos más críticos en la situación actual del Faro Viejo es su estatus legal. A pesar de su importancia histórica, no ha sido declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), debido a que su construcción ocurrió en 1904, posterior al límite establecido por la ley (año 1900).

Este detalle técnico ha tenido consecuencias significativas. Al no contar con protección federal como monumento histórico, el faro queda en una zona gris jurídica que dificulta su conservación y acceso público. Autoridades municipales de Los Cabos han intentado gestionar su reconocimiento a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), buscando darle certeza oficial y abrir la puerta a su protección como patrimonio cultural. Sin embargo, este proceso sigue en curso y sin resolución definitiva.

El problema más visible y polémico en torno al Faro Viejo es el acceso restringido. Aunque el faro es considerado por muchos como un patrimonio cultural de la nación, los terrenos que lo rodean pertenecen a un desarrollo turístico privado. Diversas fuentes señalan que estas tierras fueron adquiridas por un empresario hotelero al ejido Cabo San Lucas, lo que ha derivado en limitaciones para el libre acceso al sitio. En la práctica, esto significa que visitar el faro no es un derecho garantizado para la ciudadanía, sino una posibilidad condicionada.

Este caso refleja un fenómeno más amplio en destinos turísticos como Los Cabos: la tensión entre el desarrollo económico basado en inversión privada y el acceso público a espacios de valor histórico y natural. Para las autoridades locales, el reto ha sido encontrar un equilibrio. El Ayuntamiento de Los Cabos ha señalado que trabaja en mecanismos legales para garantizar el acceso sin afectar los derechos de propiedad, buscando una solución que beneficie tanto a la comunidad como a los inversionistas. Sin embargo, el proceso ha sido lento y complejo. La negociación implica aspectos jurídicos, económicos y políticos, y requiere la participación de múltiples actores, incluyendo asociaciones civiles como Yenekamú, que han promovido la conservación del sitio.

Luz sobre el Faro Viejo

Más allá de los conflictos legales, el Faro Viejo ocupa un lugar importante en la memoria colectiva de Baja California Sur. Para muchos habitantes, representa un símbolo de pertenencia y un recordatorio de la historia regional. Su ubicación en el punto donde convergen dos mares le otorga un valor paisajístico y simbólico único. Es un mirador natural de ballenas, un referente geográfico y un ícono del paisaje sudcaliforniano.

En términos culturales, el faro encarna la narrativa de una región que pasó de ser un territorio remoto a un destino turístico global. Su historia conecta con procesos más amplios: la colonización, el comercio transoceánico, la modernización porfirista y la transformación económica del siglo XX. Sin embargo, su potencial como atractivo turístico y educativo sigue subutilizado. Aunque ha sido restaurado parcialmente y existen visitas guiadas en ciertos momentos, no cuenta con un programa integral de conservación y difusión.

El caso del Faro Viejo puede entenderse como resultado de varias causas convergentes:

  1. Vacíos legales: la falta de reconocimiento oficial como monumento histórico limita su protección.
  2. Privatización del entorno: la propiedad privada de los terrenos circundantes restringe el acceso.
  3. Desarrollo turístico acelerado: el crecimiento de Los Cabos ha priorizado proyectos inmobiliarios sobre la conservación patrimonial.
  4. Falta de políticas integrales: no existe un plan coordinado entre niveles de gobierno para su rescate.

Estas causas no solo afectan al Faro Viejo, sino que reflejan desafíos estructurales en la gestión del patrimonio cultural en México. Las consecuencias de esta situación son múltiples. En primer lugar, el deterioro físico del faro continúa, lo que pone en riesgo su integridad como testimonio histórico. En segundo lugar, se genera una exclusión social: un bien con valor simbólico nacional no es plenamente accesible para la población. Finalmente, se pierde una oportunidad de desarrollo cultural y turístico sustentable. En un destino como Los Cabos, donde el turismo de sol y playa domina, el Faro Viejo podría diversificar la oferta y fortalecer la identidad local.

A pesar de los desafíos, existen señales de avance. Autoridades municipales han reiterado su intención de recuperar el acceso público y han iniciado procesos legales para lograrlo. El diálogo con los propietarios privados y la búsqueda de reconocimiento por parte del INBAL son pasos clave. Asimismo, la participación de la sociedad civil ha mantenido el tema en la agenda pública.

El futuro del Faro Viejo dependerá de la capacidad de articular estos esfuerzos en una estrategia común. Esto podría incluir:

  • Declaratorias de protección cultural.
  • Convenios de acceso público.
  • Programas de restauración y mantenimiento.
  • Integración en rutas turísticas culturales.

Hoy, el Faro Viejo de Cabo Falso ya no guía barcos, pero sigue iluminando debates sobre patrimonio, identidad y desarrollo. Su historia es la de un país que busca equilibrar progreso y memoria, inversión y acceso, modernidad y tradición. En sus muros desgastados se inscribe una narrativa que trasciende lo local: la defensa del territorio, la construcción de la nación y los desafíos contemporáneos de preservar el pasado en un mundo en constante cambio. Mientras las negociaciones continúan y el viento sigue golpeando sus paredes, el faro permanece ahí, como una señal persistente de que la historia —como la luz que alguna vez emitió— no debe apagarse.

Referencias:

https://www.loscabosguide.com/es/el-faro-viejo-de-cabo-falso/ «El faro Viejo de Cabo Falso – Los Cabos Guide»

https://www.loscabos.gob.mx/breve-historia-del-faro-viejo-de-cabo-falso/ «Breve Historia del Faro Viejo de Cabo Falso. | H. XV Ayuntamiento de …»

https://en.wikipedia.org/wiki/Los_Cabos_Municipality «Los Cabos Municipality»

https://www.ecured.cu/Faro_viejo_de_Cabo_Falso «Faro viejo de Cabo Falso – Ecured»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/el-faro-viejo-de-cabo-falso-la-luz-de-la-region-mas-austral-de-la-antigua-california/ «El Faro Viejo de Cabo Falso. La luz de la región más austral de la …»

https://www.bcsnoticias.mx/faro-viejo-de-los-cabos-no-fue-declarado-monumento-historico-se-buscaran-asegurar-el-paso/ «Faro Viejo de Los Cabos no fue declarado monumento histórico; se …»

https://rostrosyperfiles.com/2023/08/07/busca-ayuntamiento-de-los-cabos-rescatar-acceso-al-faro-viejo-de-cabo-falso-en-cabo-san-lucas/ «Busca ayuntamiento de Los Cabos rescatar acceso al Faro Viejo de Cabo …»

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