La leyenda de la carroza lúgubre y la Ciénega de las Flores

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California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hace algunos años desapareció lo que quedaba de la Ciénega de las Flores, ubicada en las afueras de la ciudad de La Paz; se trababa de un huerto que se localizó en el sitio donde hoy se encuentra la Escuela Secundaria Técnica No. 1, institución que lleva el nombre de la insigne educadora Concepción Casillas Seguame. Una ciénega —o ciénaga como también suele llamarse— es un pantano cuya humedad se aprovecha para cultivar plantas, ésta  era llamada «de las flores», precisamente porque desde la antigüedad había sido un lugar apropiado para la siembra de diversas variedades de plantas de ornato y flores multicolores.

La Ciénega de las Flores se formó de manera natural debido a un accidente geográfico, provocado por el cauce que dejaban las lluvias y los arroyuelos en la parte alta del oriente de la ciudad. En esta zona había un rancho tradicional, con corrales llenos de ganado fino y un pozo abierto del que se extraía agua con un molino de viento en temporada de sequía. Se cuenta que alrededor de 1940, cuando la ciénega aún tenía vida, en una tarde friolenta de enero, el cuidador del rancho vio llegar una bella carroza tipo Cabriolet, muy antigua, desusada, como una especie de aparición misteriosa, de la que bajó, después del cochero, una hermosa dama ataviada al estilo del siglo XIX.

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Ejemplo de una Ciénega. FOTO: Amantoli Cultura

El conductor ayudó a su ama a llegar al interior de la huerta, como si ambos flotaran entre nubecillas vaporosas. Don Porfirio, como se llamaba el cuidador de la ciénega, se encaminó cauteloso hacia los extraños visitantes para saber la razón de su llegada, pero se quedó mudo de terror; la carroza negra y reluciente, parecía salida de un antiguo cuentos de hadas, y la presencia de la mujer, pese a su hermosura, ponía los pelos de punta. Entonces, don Porfirio vio que la dama de lúgubre presencia cortaba algunas flores, hacía con ellas un ramo y subía nuevamente, ayudada por su cochero, a la imponente carroza.

Esta escena, que podría haber sido común a fines del siglo XIX, resultaba patética en plena década de los 40’s, ya que en esa época, en La Paz solamente quedaba la carroza mortuoria, ya desvencijada, de Trasviñita; sin embargo, mientras la carroza funeraria de aspecto tétrico, ornamentada con crespones de colores negro y violeta, imponía el terror a su paso por las calles de la pacífica ciudad, la carroza de la dama de negro era brillante y con arzones de las cabalgaduras que lucían refulgentes a la luz de la Luna.

Tan silenciosamente como llegaron, la carroza y sus ocupantes partieron sin decir una sola palabra. Ni siquiera hablaron para preguntar el precio que —lógicamente— deberían haber pagado por el ramillete de fragantes rosas, nardos, caléndulas, nomeolvides y claveles. Era tanto el miedo que invadía al señor Porfirio que pasó por alto el cobro de las flores. Al día siguiente, a la llegada de los propietarios del huerto, el cuidador les platicó azorado la inexplicable escena de la tarde anterior.  Por supuesto nadie le creyó. Además, pensaron que Porfirio había bebido y que la fantasía era fruto, como en varias ocasiones anteriores, de su deplorable estado.

Ejemplo de una carroza antigua. FOTO: Universidad de Navarra

No obstante, diez días después apareció otra vez la carroza, ahora solamente iba tirada por dos enormes caballos de color negro resplandeciente, sin cochero ni pasajera. ¿Qué hacía ahí esa carreta?, ¿de dónde venía?, ¿qué buscaba? Don Porfirio se acercó, primero temeroso y resuelto después, para ver de cerca dicha carroza. Del interior del antiguo vehículo salía un empalagoso olor a extraños perfumes, y los escudos que adornaban cada espacio, se antojaban de oro puro, pues era impresionante el brillo que desprendía al contacto con los rayos de la luna, la cual empezaba a asomar por encima de las serranías. Inmóviles durante largo rato, los caballos tenían ojos diabólicos; al cuidador de la ciénega le parecían dos pares de tizones rojos que proyectaban destellos como para ablandarle las piernas a cualquiera.

Porfirio fue ante el Delegado para enterarlo detalladamente de las apariciones de la misteriosa carroza, ya que sus patrones, definitivamente, jamás le creerían. Por más que las autoridades mandaron gendarmes para buscar, espiar y esperar pacientemente el siguiente arribo del carromato misterioso, éste nunca llegó. Sin embargo, no fue únicamente el viejo Porfirio el que daba razones de la carroza. Cierta noche había sido vista a orilla de la carretera — hoy avenida Isabel La Católica—  por poco más de una veintena de personas residentes. Este grupo de gente acudió a dar testimonio en forma voluntaria ante las autoridades policíacas, cuando un periódico hizo públicas las declaraciones del inspector de policía; las aseveraciones del inspector coincidían con las observaciones de los testigos y los detalles aportados por don Porfirio en cuanto a las características de la carroza.

Todos aseguraban haber visto tanto al cochero de levita como a la elegante dama vestida de negro. Hubo quien abundó más en sus declaraciones, asegurando haber observado el rostro blanquísimo, de belleza indescriptible, de aquella misteriosa mujer que viajaba en el coche fantasma, el cual ya había despertado la psicosis colectiva de gran parte de la entidad sudcaliforniana. Con el paso del tiempo, la misteriosa presencia de la carroza enjoyada de la Ciénega de las Flores empezó a olvidarse.

Nunca se supo nada más sobre las apariciones, pero algunas personas que fueron testigos de este relato, entre ellos don Porfirio —quien aún vive—,  siguen esperando que una tarde vuelva, por el mismo camino que décadas atrás, la carroza tirada de briosos corceles, el cochero y la elegante dama de rostro blanco y oscuro ropaje, que en dos ocasiones llegaron hasta la desaparecida Ciénega de las Flores.

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Mirreyes vs Godínez: el cine que nos merecemos, ¿no?

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Kinetoscopio

Por Marco A. Hernández Maciel

Calificación: ****Sólo si no tienes otra opción

 

La Paz, Baja California Sur (BCS).  No hay cosa que le cause más gracia al espectador mexicano que escuchar “pendejo», «puto» o «chinga tu madre” en la gran pantalla. O peor aún, no hay manera de que el público evite su risa cuando un próximo funcionario cultural dice “se las metimos doblada” en una presentación editorial. Y esto, Videocine, la distribuidora de la película y filial de Televisa, lo sabe.

Como audiencia, somos un cliché y no podemos y no queremos quitarnos esa estampa de nuestros hombros; venimos arrastrando una cultura cinematográfica que fue dinamitada en los setentas con estrellas como Alfonso Zayas, Charly Valentino, Lyn May y Angélica Chaín, y pues, hay que decirlo, ya pasamos de ser verduleros y albañiles, a Mirreyes y Godínez. Dejamos el mandil, la cuchara y la mezcla para armarnos con el Whats, el Excel y el cafecito, pero en el fondo, la cosa sigue siendo la misma.

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Burlarse de los estereotipos es una fuente de comedia muy socorrida y es válida. De hecho, la premisa pudiera parecer interesante: una lucha de clases entre los burgueses y el proletariado situada en nuestra cultura mexicana corporativa. Una cultura que ha emergido rápidamente vía memes, grupos de WhatsApp y redes sociales, y que se ha afianzado ahí, en la inmaterialidad de las nubes informáticas, tan fuerte y tan débil como la señal pirata del Wi Fi o el saldo de tu Amigo.

Al igual que esos memes, chistes, piolines y demás ocurrencias que causan risa una vez y son reciclados ad infinitum en los grupos de WhatsApp hasta convertirse en basura digital, este filme establece de manera ocurrente su premisa, y lo único que su director, Chava Cartas, es capaz de hacer es estirar la liga, repitiendo su fórmula en cada escena una y otra vez, hasta que la liga se rompe y deja a la historia sin coherencia, sin rumbo, y hasta sin guión; después de un rato, el filme se torna predecible y pesado como cualquier lunes de oficina.

La película está tan afincada en la cultura corporativa y burocrática mexicana, que la producción inicia de manera prometedora, audaz, aceptando lo que es e intentando ofrecer algo genuino y fresco. Pero eso sólo era la apariencia, era el pitch, el anzuelo, la presentación para la licitación. A la hora de la verdad, caemos en cuenta que el proyecto no tenía nada sólido, salvo algunos gags ingeniosos y algunos miembros del reparto que logran hacer salvable la experiencia; sin embargo, al final son inevitablemente arrastrados a la incongruencia e inmadurez de una producción que no es capaz de dotar con un mínimo de sentido a su historia, lo cual buscan sustituir con trajes de baño, cameos de pena ajena y albures.

Para acabar pronto, hay escenas mejor logradas en La risa en vacaciones que el supuesto clímax de la historia, donde terminan por exponerse todas las carencias del director del filme. Pese a todo, lleva dos semanas como la película más taquillera de México. ¿Es este el cine que nos merecemos?

La calificación de Kinetoscopio:

5 Estrellas: Clásico imperdible

4 Estrellas: Bien actuada, escrita y dirigida

3 Estrellas: Entretiene

2 Estrellas: Sólo si no tienes otra opción

1 Estrellas: Exige tu reembolso

0 Estrellas: No debería existir

Los invito a seguirme en Twitter y hablar de cine en @marcoaric

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El amor no es una película de Disney. 8 mitos del amor romántico (I)

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Sexo + Psique

Por Yaroslabi Bañuelos 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Todos lo sabemos: el enamoramiento es la emoción más avasalladora que existe. Cuando estamos enamorados nos sometemos al otro en cuerpo y alma; la altas dosis de dopamina, serotonina y noradrenalina en nuestro cerebro provocan una euforia incontrolable, las mariposas estallan en el estómago y nos volvemos adictos a la presencia de la persona amada. En este mes del amor, te invitamos a leer la primera de dos partes sobre algunos mitos alrededor de él.

El enamoramiento actúa como una droga en el cuerpo humano, sus reacciones causan dependencia e incluso sufrimos síndrome de abstinencia cuando nos separamos de la mujer o el hombre que nos arrebata el sueño; casi existe una necesidad física de ver y estar en contacto con la persona amada. Debido a este estado alterado del organismo, muchas veces confundimos el “amor” con una simple obsesión neuroquímica.

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Esto no significa que enamorarse siempre sea terrible —aunque a veces lo parezca—, está claro que a partir de un estallido hormonal puede construirse una relación saludable y feliz, y también es posible que de un amor sosegado surja una pasión desbordada; no obstante, el problema nace cuando canalizamos esa energía pasional y amorosa en patrones, generalmente machistas, que se han establecido como una convención social y cultural a lo largo de la historia, es decir, cuando vivimos el amor a través de mitos.

En este caso, un mito equivale a simplificar la complejidad de las relaciones; es el conjunto de creencias irracionales y absurdas que nos señala cómo se supone que debemos experimentar el amor de pareja o el enamoramiento. El rico universo emocional y las posibilidades de tejer vínculos sanos en nuestras interacciones de carácter romántico y sexual, se desvanecen ante los clichés del cine rosa, las típicas canciones con mensajes de autoflagelación y el machismo imperante en las relaciones; sin embargo, no se trata de una situación inofensiva. Los estereotipos del amor romántico y las creencias distorsionadas pueden conducir a casos que van desde una profunda insatisfacción personal hasta la violencia de género.

A continuación algunos de los principales mitos del enamoramiento y el romance:

1. Mito de la media naranja

Sin ti estoy muerto, pues eres, lo que más quiero en este mundo, eso eres.

Eres, Café Tacvba

“Somos personas incompletas que sólo hallaremos la plenitud cuando encontremos a la persona ideal que encaje a la perfección con nosotros”.  Esta afirmación resulta un mito porque esencialmente ningún ser humano es “incompleto”, todos los proyectos de vida son distintos y tener pareja o estar soltero no son garantías de felicidad; comenzar y construir una relación sentimental es una elección personal, pero jamás será un requisito indispensable para lograr la autorrealización.

Cuando dicha creencia se introyecta como un patrón rígido de pensamiento, provoca que idealicemos a la “otra mitad” de forma obsesiva y la búsqueda del amor perfecto se vuelve desalentadora. Las altas expectativas sobre la mujer o el hombre ideal, así como la necesidad neurótica de pareja desencadenan sentimientos de frustración, ansiedad, angustia e impotencia al no hallar por ningún lado a esa persona que cumpla con la lista infinita de características que trazamos . Un molde que raras veces es llenado por los simples mortales.

El mejor camino para deshacer el mito de la media naranja, es dirigir nuestra energía y atención a los procesos de autoconocimiento y desarrollo humano. Entre mayor sea el amor propio, menor será la prioridad que le otorguemos a las leyendas de romances imposibles.

2. Mito de la omnipotencia

Eres quien me hace llorar, pero sólo tú me puedes consolar. Te regalo mi amor, te regalo mi vida.

A pesar del dolor eres tú quien me inspira.

Blanco y negro, Malú

El amor se suele pensar como sentimiento mágico que puede transformar milagrosamente a la gente de la noche a la mañana, pero sobre todo, se cree que el amor tiene la capacidad de soportar cualquier clases de obstáculos y barreras. Este es de los mitos más peligrosos, ya que en el intento por tolerar lo intolerable, en nombre del amor, muchas mujeres —principalmente— aguantan golpes, insultos, humillaciones, celos, rechazos y sufrimiento inconmensurable con la esperanza de que un día el agresor cambie y se arrepienta, o que se solucionen los problemas de pareja.

El amor no siempre tiene que ser incondicional; si existe violencia y dolor en la relación, entonces no hay oportunidad para amar plenamente. Los besos nunca transformarán los comportamientos sociópatas en conductas pacíficas; el amor no es una película de Disney, el amor “triunfa” cuando predomina el respeto y la empatía. Los sentimientos románticos no bastan para sostener una relación sana, es necesario desarrollar una comunicación eficiente, asertividad y confianza.

3. Mito del amor eterno

No sé si vuelva a verte después […] La historia de este amor se escribió para la eternidad.

El triste, José José

Alrededor del mundo, miles de parejas han tenido que soportar durante décadas matrimonios fallidos porque les hicieron creer desde niños que ese era un pacto de por vida, “hasta que la muerte los separe”. Sin embargo, no todas las relaciones pasan por los mismos procesos y experiencias; en muchas casos, la violencia, la hostilidad, la indiferencia y los engaños consumen hasta el último rastro del enamoramiento inicial, y la convivencia se vuelve casi imposible e irreparable.

En dichas circunstancias es conveniente poner en duda el mito del amor inmarcesible; es cierto que hay casos excepcionales donde la pasión y el romance perduran hasta el último aliento de los enamorados, en cambio, otras veces, la sublime historia de amor sólo dura una década, 5 años o unas cuantas noches. La duración del romance dependerá de factores como: la potencia bioquímica del enamoramiento, la construcción de lazos, la fortaleza del vínculo como pareja, el tipo de comunicación, la convivencia, el respeto mutuo y un cúmulo de circunstancias que deben ser resueltas.

FOTO: Proceso

Aquí concluye la primera parte de este artículo. No olvidemos que ante la presencia crónica de malestar generalizado, sufrimiento o infelicidad en la relación de pareja, es importante solicitar apoyo psicoterapéutico y orientación profesional que nos permita encontrar una salida victoriosa a los laberintos del amor romántico.

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El vals de los monstruos, de Lola Ancira

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El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

La Paz, Baja California Sur (BCS).  Leer resulta una transformación en cada libro; al terminar nos quedamos con una sensación, una reflexión o simplemente pasamos a lo que sigue. No obstante, hay libros que van más allá y nos sacuden, nos impresionan no sólo por la calidad con que fueron escritos, sino por los temas que abordan y que algunos lo hacen de un modo especialmente perturbador. Ese es el caso de El vals de los monstruos (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2018), de Lola Ancira (Querétaro, 1987), una danza de aberraciones, en efecto, que muestran el lado más oscuro de la naturaleza humana y que no salimos indemnes al concluir. Es un magnífico libro de cuentos producto de una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), a través de Jóvenes Creadores, en 2014-2015.

Distintos elementos entran en juego para converger en puntos torales que nos definen a los personajes, tan poco dueños de sí mismos y más esclavos de sus instintos, de sus emociones más grotescas. Es una forma de esclavitud que se ejerce en la oscuridad del anonimato, como una experiencia para nada redentora, si no que al contrario rompe con sus paradigmas morales y los asume como una cuestión normalizada dentro de su esfera particular. Estas criaturas de Lola Ancira no son de un universo alterno, ni producto de una fantasía literaria, que aunque son de ficción, provienen de la fuente inagotable de la realidad.

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Vemos cómo el ajedrez, por ejemplo, entra en un espectro de competencia extraña y cómo un androide ilusorio hace de la narración una exhaustiva manera de contarnos cosas que tal vez no nos gusten, pero que ahí están detrás del telón de la vida diaria; sostiene la historia de principio a fin, mostrándonos una falsa realidad, como es, de hecho, en todos los demás relatos. El miedo es otro elemento que Ancira aborda con aristas más complejas, donde se entrelazan el amor, la muerte, la enfermedad, el sueño como una manifestación contra la cotidianeidad y su pérdida irreparable y que deriva en la vejez como una cárcel atemporal.

También entran en juego la estructura de las relaciones humanas, tan complicadas para todos, centro motor de todas nuestras desavenencias y desamores. Pero este vals que nos propone Lola Ancira está muy lejos de un salón aristocrático en fiesta opulenta, es el baile de animales humanos cargados por sus instintos deformes, con la atenuante del pensamiento distorsionado que los vuelve evasivos, incapaces de comprender la dimensión de sus comportamientos atípicos, pero que desarrollan sin recato desde la locura, el dolor y la violencia.

Lola Ancira nos expone a sus criaturas desde la barrera, como una manera de hablarnos de esa otra circunstancia que nunca se hace pública hasta que los vemos en la nota roja o se hace un escándalo mediático que funciona muchas veces como cortina de humo. Y lo hace una manera maravillosa, con un don de poesía, una sensibilidad que sin miedo nos pone frente a nuestros ojos un microcosmos bizarro, doloroso y repulsivo.

Interactúan la reflexión interior, las relaciones fracasadas, la sensualidad, el erotismo distorsionado, el incesto y paradójicamente la familia como punto de apoyo para no perdernos en las penumbras de personajes tan incómodos, desolados y descarnados por sus propias desgracias y apetitos sexuales; tal como sucede en el relato de un proxeneta que abusa de niñas, descritos con la maestría de quien es capaz de vencer los más miserables modos de poner frente a nosotros la conducta humana.

Aquí hay que decir que la mujer juega un papel muy importante en cada historia, donde la vemos vulnerable y también esclava de sus propias manías y afrentas. En este libro no hay buenos y malos, hay hombres y mujeres guiados por rieles inconmovibles, de los que no quieren bajarse por ser parte de sus vidas. El vals de los monstruos es una danza que como lector resultará difícil aprender sus pasos, y aun de bailarlos con alguna pareja, pero que en definitiva sabremos descubrir otra visión, ponernos otros ojos para mirar, no sin resquemores, a monstruos que acechan en la oscuridad pero también a plena luz del día.

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¿Los animales sienten dolor? ¿La almeja chocolata también? (I)

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SudcaliCiencia

Por Marián Camacho

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Querido Lector, ya que usted ha sido atraído a este texto para conocer acerca del dolor en bivalvos sudcalifornianos, quisiera pedirle que inicie la lectura pensando en algún animal –otro, además de la almeja chocolata. Ahora, le solicito que analice si el animal en el que ha pensado tiene huesos (cráneo, columna vertebral) o no. Si la criatura que usted tiene en mente presenta huesos, pertenece al grupo de los llamados vertebrados, si no, probablemente usted está pensado en un animal invertebrado. En caso de tener dudas, puede dar clic aquí y aquí para ver guías básicas para distinguir ambos tipos de animales.

Ahora bien, es muy común pensar que únicamente los vertebrados sienten dolor. No es raro pensar en el sufrimiento que puede experimentar un perro, un oso, un delfín, un conejo, un pingüino, un pollito, una tortuga —recordemos aquella con el popote en la nariz— e incluso alguna rana o iguana. No obstante, la duda sobre la presencia del dolor comienza a aparecer si reflexionamos acerca de la vida de los peces, arañas, moscas, almejas, hormigas o gusanos; es en estos últimos, todos ellos invertebrados, donde las características que asociamos al dolor no se presentan como “normalmente” las conocemos.

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Confusiones de conceptos dolorosos

Todos los animales son susceptibles a una variedad de peligros naturales que pueden causar daños en sus cuerpos, sin embargo, los animales tienen mecanismos biológicos que mejoran su capacidad para mantener la integridad de los tejidos mediante la detección de estímulos nocivos y la acción para alejarse de ellos y/o minimizar sus efectos perjudiciales.

Los sistemas sensoriales que responden a estímulos nocivos e intervienen en los reflejos protectores se denominan nociceptores. La nocicepción se define como “los procesos neuronales de codificación y procesamiento de estímulos nocivos” o “la detección y reacción a estímulos que pueden comprometer la integridad de un animal». Así, la nocicepción es el mecanismo de percepción unido a la organización de respuestas que, por lo general, alejan al animal del estímulo o al menos son eficaces para acabar con la percepción. Por ejemplo, las larvas de la mosca Drosophila atacadas por una avispa parasitoide que quiere colocar sus huevos en el interior de éstas, responden rodando hacia el estímulo (la avispa), lo que ocasiona que el atacante se vaya.

En contraste, la definición de dolor en los seres humanos es «una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con el daño corporal real o potencial». Con respecto a los animales, se han utilizado varias definiciones, por ejemplo, «una experiencia sensorial aversiva causada por una lesión real o potencial que provoca reacciones motoras y protectoras que da como resultado una evitación aprendida y puede modificar comportamientos específicos de la especie, incluido el comportamiento social». Una definición más corta que excluye los criterios de evaluación del dolor es «una sensación de aversión y un sentimiento asociado con daño corporal real o potencial».

Está claro que la nocicepción es fundamental para el concepto de dolor, ya que sin ella es improbable la experiencia de éste. Sin embargo, la simple observación de una habilidad nociceptiva no demuestra dolor; la nocicepción per se es una respuesta refleja rápida e involuntaria y carece de la respuesta emocional negativa o la sensación asociada con el dolor. De hecho, en los humanos, la respuesta del reflejo al tocar algo caliente precede a la experiencia del dolor.

Aunque la diferencia entre nocicepción y dolor es ampliamente aceptada, hay problemas semánticos (significado, sentido o interpretación de las palabras) que pueden nublar el problema. El término «percepción del dolor» se usa con frecuencia en diversos estudios  y se dice que las fibras nerviosas «transmiten el dolor».

Incluso en investigaciones que se refieren abiertamente a la nocicepción —y no al dolor—, la nocicepción se describe como «detección de dolor» y se dice que los tractos ascendentes en la médula espinal vertebrada contienen «información sensorial dolorosa» o «información sobre el dolor». El uso de estos términos hace difícil distinguir críticamente entre la nocicepción y el dolor.

Por lo tanto, es preferible utilizar términos como «experiencia dolorosa» para denotar una conciencia interna, unida a un estado emocional negativo, que resulta de la percepción de real o potencial de daño corporal; es el daño que se percibe. No se advierte ningún «dolor» y la información que se transmite al cerebro en los vertebrados no es en sí misma «dolorosa«.

El dolor se debe a una emoción poderosa y desagradable que forma parte, o está asociada, con una fuerte motivación para terminar con la experiencia que resulta de las señales neuronales sobre el daño corporal. La claridad acerca de las definiciones y diferencias entre la nocicepción y el dolor son esenciales para determinar si el segundo se produce en grupos particulares de animales. En pocas palabras, la nocicepción se refiere a los reflejos automáticos para alejarse del estímulo nocivo y, por otro lado, el dolor implica una respuesta emocional.

¿Cómo identificar el dolor?

El interés por el potencial de los invertebrados para experimentar el dolor, radica en la búsqueda de comprender y mejorar el bienestar, como generalmente hacemos los humanos buscando evitar causar sufrimiento en los animales. De esta forma, si un animal responde a un estímulo nocivo a través de un reflejo nociceptivo sin ninguna experiencia desagradable, entonces las preocupaciones por su bienestar disminuyen.

De acuerdo a Richard Dawkins —en su publicación “A través de los ojos de los animales: lo que nos dice el comportamiento”— inferir sentimientos o estados mentales en los animales está lleno de dificultades. Un enfoque común es utilizar el argumento por analogía: si un animal responde a un estímulo potencialmente nocivo de una manera similar a la observada para el mismo estímulo en humanos, es razonable argumentar que el animal ha tenido una experiencia análoga.

Sin embargo, algunos investigadores señalan diferencias en la aceptación de este argumento dependiendo de la especie y no del comportamiento: personas que observan a un perro o primate (mono, simio) que se retuerce en respuesta a una descarga eléctrica, aceptan que el animal está experimentando sufrimiento; mientras que prácticamente la misma respuesta en un invertebrado —por ejemplo, una cucaracha retorciéndose al electrocutada— es a menudo rechazada como irrelevante para la cuestión del dolor.

Por lo que se sugiere un enfoque más simétrico cuando se comparen a los vertebrados con los invertebrados, con aceptación o rechazo por igual a los argumentos por analogía. No obstante, la empatía por los invertebrados suele ser baja y algunos investigadores creen que sería «inconveniente» si se creyera que estos animales sienten dolor. Junto al argumento por analogía, se han propuesto varios criterios que, colectivamente, tienen el potencial de demostrar dolor en los mamíferos y se han aplicado en el caso de los anfibios, peces y varios invertebrados:

1.  Un sistema nervioso central y receptores adecuados

2. Capacidad de respuesta a los opioides, analgésicos y anestésicos

3. Cambios fisiológicos

4. Aprendizaje de evitación

5. Reacciones motoras protectoras

6. Compensaciones entre la evitación de estímulos y otras actividades

7. Capacidad cognitiva y sensibilidad.

Con dichos criterios, finalizamos la primera parte de este artículo que pretende examinar y reflexionar, junto a usted Querido Lector, la evidencia de que algunos invertebrados pueden o no experimentar dolor. En la siguiente entrega, analizaremos cada uno de los criterios con potencial de demostrar dolor en animales invertebrados, incluidas nuestras codiciadas y deliciosas almejas chocolatas.

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