¿Qué es el síndrome metabólico?

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Salud Para Todos

Por Josué Estrada Flores

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El síndrome metabólico (SM) se manifiesta cuando una persona presenta simultáneamente resistencia a la insulina, alteración de los niveles de glucosa en sangre, hipertensión arterial, obesidad, cifras de triglicéridos arriba de lo normal y niveles de lipoproteína de alta densidad (colesterol bueno) por debajo de lo recomendado. En 1988, el doctor Gerald Reaven llamó SM o Síndrome X a una serie de factores de riesgo coronario que incluían intolerancia a la glucosa, hiperinsulinemia (insulina alta), hipertensión arterial y un perfil de lípidos altos (colesterol y triglicéridos). En estas personas predominan las anormalidades del metabolismo que también se encuentran asociadas a alteraciones hemodinámicas, protrombóticas, de la función endotelial, de la respuesta inflamatoria y de las funciones hepáticas y reproductivas.

Es importante señalar que el síndrome metabólico no es una enfermedad, de hecho, las personas que lo padecen suelen sentirse perfectamente bien, sin embargo, es una señal de que en un futuro, el paciente podría llegar a tener problemas de salud graves; es una advertencia temprana. Los malos hábitos alimenticios, el sedentarismo, un estilo de vida inactivo y ciertos genes son factores detonantes para que aparezcan alteraciones como el síndrome metabólico.  Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México han aumentado de forma importante estos casos y los de algunas enfermedades crónicas no transmisibles como lo son la diabetes mellitus, la hipertensión, la obesidad y la dislipidemia. El diagnóstico del SM ayuda a los profesionales de la salud a determinar el riesgo que tiene una persona en desarrollar enfermedades cardíacas, diabetes mellitus tipo 2, hiperlipidemia, obesidad, entre otros padecimientos.

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Se padece de síndrome metabólico cuando la persona cumple con dos o mas de los criterios siguientes: presión arterial igual o mayor a 140/90 mmHg, niveles de triglicéridos arriba de 150 miligramos (mg)/dl y colesterol HDL menor a 35 mg en hombres y menor de 40 mg/dl en mujeres. Asimismo, este padecimiento se presenta cuando hay microalbuminuria (proteína en orina) mayor a 20 microgramos/minuto, y obesidad o perímetro de cintura mayor de 88 centímetros en mujeres y mayor de 102 centímetros en hombres. Así como los niveles de glucosa en una cantidad mayor de 126 mg y de hemoglobina glucosilada A1c mayor de 6.5%

Se sabe también que los niños y adolescentes llegan a padecer el síndrome metabólico, por ello es de suma importancia el monitoreo de sus niveles de glucosa, triglicéridos, lipoproteínas de alta densidad y la presión arterial, principalmente en aquellos niños o adolescentes que presenten obesidad o un abdomen prominente. Los factores de riesgo más importantes para la aparición del síndrome metabólico son: la obesidad central (en forma de manzana) y la resistencia a la insulina; ésta es una hormona producida por el páncreas, la cual es necesaria para ayudar a controlar la cantidad de azúcar en la sangre. La resistencia a la insulina significa que algunas células en el cuerpo usan la dicha hormona de manera menos eficaz de lo normal, en consecuencia, el nivel de azúcar en la sangre se eleva, lo cual provoca que la insulina aumente. Esto puede incrementar la cantidad de grasa corporal.

Otros factores de riesgo incluyen: el envejecimiento, cambios hormonales, estrés crónico, falta de ejercicio y, de forma importante, la cuestión genética, la cual vuelve al paciente más propenso a sufrir esta afectación. Se pueden presentar múltiples alteraciones en el estado de salud entre las que destacan: los daños al corazón como los infartos, angina de pecho, corazón crecido; daño a los riñones, como insuficiencia renal, entre otras complicaciones que pueden causar un gran deterioro en la calidad de vida y muerte temprana.

El objetivo del tratamiento es reducir el riesgo de enfermedades del corazón, diabetes mellitus y enfermedades cerebrovasculares, por lo que se sugieren cambios en el estilo de vida y el seguimiento de un plan de alimentación equilibrada que permita bajar de peso, ya que la meta es perder entre un 7% y 10% del peso actual; es probable que se necesite comer de 500 a mil calorías menos por día. Asimismo, se proscribe hacer 150 minutos de actividad física a la semana, es decir, ejercicios de intensidad moderada, como por ejemplo, caminar; también se recomienda realizar entrenamiento para el fortalecimiento de los músculos, al menos dos días a la semana. Otra opción son los deportes de intensidad alta, para lo que se recomienda la asesoría de un experto.

Se aconseja disminuir el colesterol y la presión arterial a partir de la alimentación saludable, la reducción del consumo de sal, la activación física y la toma de medicamentos especiales para ello en caso de ser necesario. Si la persona que padece SM en ese momento fuma, hoy es el momento para dejar de dicho hábito. De igual manera, es conveniente moderar el consumo de arroz blanco, de papas y cereales refinados; en cuanto a los alimentos de origen animal se recomienda evitar carnes y productos derivados que contengan grasa. Las personas con síndrome metabólico tienen un mayor riesgo a largo plazo de presentar enfermedades del corazón, diabetes mellitus 2, enfermedad cerebrovascular (embolia), enfermedad renal (insuficiencia renal), ceguera por retinopatía y mala circulación de las piernas (aterosclerosis y vasculopatía) con riesgo de amputación de las mismas.

Considero que el objetivo primordial de la salud en México y Baja California Sur debe enfocarse en la prevención, la cual incluye una educación alimentaria equilibrada que contenga carbohidratos, proteínas, grasas y micronutrientes. Por otro lado, fortalecer la práctica del ejercicio cotidiano, esto desde edades tempranas, tanto en los hogares como en las escuelas; finalmente, crear leyes que protejan a los consumidores de productos alimentarios nocivos para la salud, ya que dichos productos han impactado a la salud con el aumento de la obesidad, la diabetes, hipertensión en la población. El elevado costo en salud, en el sentido económico, familiar y social, que actualmente tienen las instituciones en la atención médica especializada, se enfoca al aspecto curativo de las complicaciones de las  enfermedades crónico-degenerativas como la hipertensión, diabetes, obesidad, dislipidemias, y ello representa un fracaso de la salud pública del primer nivel de atención.

Por lo tanto, fortalecer el primer nivel de prevención médica pudiera reducir el alto costo económico que hoy en día tienen las terapias como diálisis y hemodiálisis, trasplantes, angioplastias, terapia láser en ceguera, amputaciones, medicamentos, hospitalizaciones o transfusiones; de esa forma, los recursos económicos podrían canalizarse a las actividades de investigación médica. El enfoque dirigido a la educación en temas de salud, la nutrición integral y los programas de educación física, pueden ser los detonantes para un país con menos riesgo de padecer el síndrome metabólico y sus complicaciones. Espero que este articulo sea de utilidad para mejorar tu calidad de vida y la de tu familia.

Salud para todos.

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Las cadenas de cartas: maldiciones a la puerta de tu casa

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California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

Importante: “Dale like y compartir a esta nota, o tendrás mala suerte en el amor por 10 años”.

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Mensajes como el anterior quizá ya no cause ningún impacto debido a la cantidad masiva de cadenas que se envían a diario, pero ¿qué es una cadena? Es un mensaje enviado por redes sociales, el cual contiene una imagen o vídeo que garantiza beneficios a quien lo comparta, o incluso maldiciones a quien lo ignore. Las nuevas generaciones no lo recuerdan, sin embargo, hace algunos años estas cartas o cadenas literalmente te llegaban hasta tu casa; un día despertabas y en la puerta te encontrabas una carta sin remitente, ésta en su mayoría tenía mensajes de tipo religioso, donde algún santo o la misma virgen te advertía de peligros o desgracias, pero afortunadamente, no todo estaba perdido, sólo tenías que fotocopiar la carta, y dejarla de manera anónima en otras casas y así estarías a salvo de las desgracias.

Estas misivas usualmente venían con testimonios de gente que había sufrido infortunios por no haberla enviado y ahí comenzaba el típico pensamiento de Yo no creo en esto, pero lo haré por si las dudas. Posteriormente, con la llegada de la tecnología y los medios de comunicación masiva, las cartas han perdido su impacto social y su uso es casi nulo, no obstante, dichas cadenas no han desaparecido, al contrario, han evolucionado. Al llegar el Email, uno recibía por en su bandeja de entrada las felicitaciones de cumpleaños, vídeos divertidos, historias motivadoras, y prácticamente gran parte del contenido que hoy se comparte en redes sociales, entonces también las misteriosas cadenas empezaron a llegar, vaticinando riquezas o suerte en el amor si el mensaje era reenviado, otras, en cambio, advertían del peligro al no ser enviadas.

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Era fácil compartir, ya que únicamente tomabas tu lista de contactos y le dabas clic a «reenviar», por lo que rápidamente las cadenas se volvieron masivas, causando que muchas veces recibiéramos más de una ocasión la misma carta, y en ese punto, más que miedo nos provocaba enojo recibir tanto correo basura. En la actualidad, las redes sociales y el mundo de Internet se ha visto plagado de noticias falsas y mentiras, y por ello pocos creen en las cadenas que se envían virtualmente, sin embargo, no falta el que dice Yo no creo, pero por si las dudas. Baja California Sur no fue la excepción en aquella vieja superstición de enviar misivas para no caer en desgracias, por lo menos, en mi experiencia personal puedo asegurar que más de una vez vi a mis familiares fotocopiando estas cartas para evitar las maldiciones, las cuales un extraño había dejado en la puerta de sus casas.

¿Dónde inicio todo esto?

Es increíble, pero el antecedente más antiguo, según el investigador Van Arsdale, fue la Carta de los Cielos, una copia de cierta carta publicada por primera vez en 1795; el texto detalla una amistad epistolar imaginaria entre Jesucristo y el Rey Abgaro de Edesa, y el objetivo principal de la amenaza de Anón eran los receptores que decidían tirar la carta a la basura en lugar de copiarla a mano y redistribuirla. La Carta de los Cielos incluía su propio comunicado, estableciendo los clichés básicos de las cadenas de misivas. En otras palabras: Si reproduces esta carta prosperarás y seguirás con vida, si no lo haces haré que enfermes gravemente, hasta que desaparezcas. P.D.: No tengo dirección así que no trates de encontrarme.

Los ejemplos de este tipo de cartas siguieron; aunque la mayoría de ellas fueran de carácter religioso, ahora se han tornado un más terroríficas y oscuras, incluso en algunas se puede leer que las imágenes o publicaciones están malditas, asimismo, mencionan que determinado espectro o entidad se te aparecerá sino haces el reenvió de la misma, o seres bonachones como duendes o elfos que te garantizan que en un futuro cercano recibirás dinero o una buena noticia.

Sin duda, estas creencias son parte del folclor mundial, ya que ningún país esta exento de ello, así que es mejor ver a las cadenas como eso, como una parte de nuestro folclor, tal como leemos una creepypasta o leyenda urbana, sabiendo de antemano que no es verdad; asimismo, podemos pasar un buen rato compartiendo dichos mensajes por diversión. Y no te preocupes si no compartes una cadena, no vendrá el espíritu de la niña muerta a atormentarte en la noche, ni perderás el amor de tu vida, y mucho menos tendrás todo el dinero que te prometen.

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Aníbal Angulo, el Hacedor de cosas

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El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Dar con Aníbal Angulo por señas físicas es muy fácil: trae un bigote espeso y canoso —como un pedazo de nube en el rostro—; usa gafas de pasta; y frecuentemente, un sombrero cubre su cabello cano. Yo sabía quién era; claro, se trata de uno de los artistas plásticos más importantes del Estado, pero nunca lo había tratado. No sería hasta entrevistarlo en el verano del 2018, y leer después Bajo la piel del tiempo, que habría de constarme lo prolífico y variopinto de su obra, y lo sencillo de su trato. Su producción la estima en más de 3 mil trabajos de dibujo, grabado, fotografía, pintura, escultura y, en general, arte visual. Su obra ha sido exhibida en el Museo Nacional de la Estampa, en el Museo de Arte Carrillo Gil y en el Museo de Arte Moderno de México.

Me recibió en su oficina, la Dirección de la Galería de Arte “Carlos Olachea”. Ese día, editaba un video para el concierto de aniversario de la Rondalla Azul; y eran los días previos a dejar instalado su cuarto mural en la UABCS. Mientras me contaba cómo por olvido y por fortuna se salvó de estar en la masacre de Tlatelolco en 1968, mi vista se perdía en los rincones de su oficina a medio arreglar: sí, había un par de bolsas y cajas regadas por allí, pero en el cuarto de un artista, los objetos comunes adquieren un valor especial al incrustarse en piezas de arte: conchas o cacharros cobran dignidad al estar erguidas en alambre o madera. Así, admito que ni sé por qué —un experto en artes plástico no soy— llamó poderosamente mi atención una escultura ¿cubista? hecha con partes de un piano: un piano que pudo ir a la basura, pero pudo convertirse en una caprichosa forma artística en manos de este hacedor de cosas —como se autodefine.

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Aníbal Angulo nació en La Paz, BCS, el 24 de agosto de 1943. “En esos años, mi padre era maestro de la Normal Rural de San Ignacio, pero al no existir servicios médicos confiables, mi madre vino a La Paz para que yo naciera; después me llevó de regreso a San Ignacio, sin embargo, al poco tiempo la Normal Rural se transformó en Normal Urbana, por lo que nos vinimos a La Paz. Vivíamos en la calle Independencia, cruzando el Jardín Velasco, frente al antiguo Palacio de Gobierno (…) Recuerdo que mi padre todas las noches iba a una banca del Jardín Velasco a platicar con sus amigos, pero alrededor de las diez de la noche, mi madre me mandaba hablar; entonces salía y dejaba de jugar. En esa época podías andar a cualquier hora de la noche en la calle y no había ningún problema”.

Los 50’s… Y el 68

La Paz de los años 50’s fue el marco de su infancia: el naciente puerto, apacible, que bien podríamos imaginar en color sepia traicionado por el azul de las olas. Siendo niño, recorrió varias escuelas, y aunque sabía que quería estudiar Arte, su padre lo convenció de entrar a la Escuela Normal: “Primero estudia para que tengas algo de que vivir y después te vas —le dijo su padre. No le faltaba razón, después comprobé que eran palabras muy sabias. Suplí mi deseo de estudiar Arte yendo a la Normal Superior, y definitivamente, en 1968, me fui a vivir a México”. Una de sus inspiraciones para echar lejos el vuelo fue Carlos Olachea, a quien conoció cuando éste trabajaba en Gobierno y se había ganado una beca para salir a estudiar fuera del Estado. Le contaba todo lo que estaba haciendo, y esa pequeña envidia se transformó en un ejemplo que lo llevó a buscar su destino en el Distrito Federal, yendo de la apacible arena a la gran mole que significaría esa ciudad convulsa de fines de los años 60’s.

Según, iría sólo por un año, con sus ahorros, para estudiar en la Escuela de Teatro con la guía de su amigo Manuel Ojeda —reconocido actor de televisión, cine y teatro, de origen paceño—, con quien vivió en su departamento. Con él, con Nacho del Río y Juan Melgar, le había tocado hacer teatro en La Paz, y esa fue la inspiración que lo llevó a la gran ciudad, sin sospechar que su camino no estaba tanto en su expresión corporal, sino en su mirada, esa que sabía robarle la mejor luz a los objetos. “En la Ciudad de México pasé el 2 de octubre del 68, pero no me mataron porque se me olvidó”, recordó. Justo ese día iba a ir a tomar fotos a Tlatelolco, pero un amigo, que tenía un laboratorio en la Colonia Juárez, le pidió ayuda para el revelado de unas fotos, que salían con manchas y ahí se les fueron las horas… Por el radio escuchó lo que ocurría en la Plaza de las Tres Culturas, “empecé a escuchar la narración y sentí miedo, ¡De la que me salvé!, pensé. Yo no estaba ligado a nada, sólo quería tomar fotos (…) Pero se me olvidó por completo y cuando el radio sonó, fue cuando escuchamos la noticia”.

Del escenario al laboratorio

En la Ciudad de México, ensayaba una obra de teatro en la que participaban José Alonso y Héctor Bonilla, entre otros, y un día el primero le comentó que necesitaba una serie de fotos para un casting, “yo le propuse que le tomaba de diez a quince fotografías por quinientos pesos. Hice las fotografías y a todo mundo le gustó el trabajo. Y así empezó mi carrera de fotógrafo”. Confesó que nunca había soñado, ni estudiado, la fotografía —en la Normal de La Paz, si acaso, Ignacio Vargas le enseñó lo básico y aprendieron a revelar las películas en el baño de Domingo Carballo, director de la Normal. Pero luego de esas tomas a Pepe Alonso —como él le dice, cariñosamente—, un agente de artistas le pidió que le hiciera fotos a Elena Rojo, quien empezaba como actriz y quien ayudó al joven a proyectarse en los medios impresos, haciendo gráficas para revistas como Cinelandia y Caballero. E inició en la fotografía de desnudos artísticos de revistas para adultos como Eclipse, Eros y Él. “Eran los primeros desnudos de ese tipo que se publicaban en México y ese fue el gancho para que me buscaran como fotógrafo. Después me llamaron para hacer publicidad; estuve diez años haciendo fotografía publicitaria hasta que me cansé y regresé a lo mío, a la pintura”.

Dentro de esta experiencia con la lente, se satisface de haber iniciado en México —en los años 70’s— lo que él denominó fotografía manipulada, lo que le valió el reconocimiento de fotógrafos de la talla de Nacho López, quien en una Bienal en 1980 expresó que En el terreno de la estética y auténtica innovación están los desnudos de Aníbal Angulo, imaginería cargada de significaciones sexuales y sensuales, dicho con alarde de técnica, originalidad nunca vista en otro lado. Esto se puede constatar en Bajo la piel del tiempo, donde algunos de esos desnudos fragmentados nos proyectan imágenes oníricas, algunas dulces y eróticas y otras como sacadas de un mal sueño —como en Salobre Hendidura. Imagen IV y la imagen V. Cabe aclarar que muchos de estos trabajos fueron experimentos en laboratorios en los años 80’s, ni cuándo imaginarse lo que el mundo digital depararía a creadores más modernos. Dicho libro, publicado en 2018 para conmemorar su trayectoria de medio siglo, obligó a un par de curadores a elegir alrededor de 400 de mil 500 fotos seleccionadas por el propio artista.

Haciendo cosas

A 50 años de trayectoria, Aníbal Angulo confesó, divertido, que Picasso le parecía el pintor más horrible del mundo, “y hoy pienso que es el mejor artista que ha dado el arte moderno”; y en su camino autodidacta, aprendió a profundizar en la obra de los impresionistas, aunque finalmente fue decantando su arte en lo abstracto. “No me gusta el realismo; si puedo hacer una fotografía, ¿para qué quiero pintarlo? Lo figurativo no me gusta, me gusta más la abstracción, también con la escultura. Mis esculturas no son figuras naturales, son representaciones abstractas”. ¿Qué tipo de artistas se considera más? Le pregunté al hombre —quien, además, tiene papeles sin publicar y a quien no le interesó el cine por no ser tan personal como la fotografía— “esa pregunta siempre me la han hecho. Yo no me considero un pintor, un escultor o un fotógrafo; yo me considero un hacedor de cosas”.

¿Cómo surge la idea y el proceso de una obra? Pregunto, como niño curioso, y él contesta, contento, emocionado, como niño también, mostrándome fotos, libros, objetos… “Yo voy a caminar todos los días al malecón, y observando días tras días esas piedras me digo ¿Qué se puede hacer con eso? Y empiezo a maquinar. Lo hago y una vez que lo hago, lo dejo. Este es un piano que me regalo la Quichu, un piano viejo… Nunca me pregunto qué es lo que va a resultar, lo que me interesa es el proceso, la búsqueda. A veces terminas haciendo otra cosa que no imaginabas o pensabas hacer, pero al final la pieza está completa y te satisface. Si algo no me gusta, lo dejo. Muchas veces por estar buscando tanto la solución, te embrollas. Lo mejor es olvidarlo, si no salió bien o no fluyó, o si te atoras, déjalo (…) Es difícil porque a mí me pasa, al igual que otros creadores, que cuando estás creando o dibujando algo, lo estás haciendo de una manera manual, pero el subconsciente está trabajando de otra manera. Tú no eres consciente de lo que realmente estás haciendo (…) Es porque tu cerebro, tu subconsciente está trabajando a otro ritmo; y a veces batallamos para encontrar la solución, porque forzamos algo que tu interior no está dando pero que va a salir después. Ese es mi camino, cada quien tiene su proceso creativo”.

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*Esta es una serie de cinco entrevistas realizadas para el Centro de Artes, Tradiciones y Culturas Populares de Baja California Sur, institución que posee el derecho de autor de estas publicaciones.

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Ildefonso Green Ceseña, en la entraña del liberalismo

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Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS).  Hablar de Ildefonso Green es remontarse a la esencia de los primeros colonos de la California; cabe señalar que los personajes que sostuvieron la independencia de estas tierras calisureñas, desde el fin del Virreinato hasta las luchas armadas del siglo XIX, fueron los descendientes de extranjeros que se avecindaron en nuestras tierras durante la época colonial, algunos de ellos unieron su vida con naturales y esto dio origen a un mestizaje que perdura hasta la actualidad. Green Ceseña era descendiente directo de un pescador de ballenas de nacionalidad inglesa —aunque algunas fuentes mencionan que era sueco—; el pescador se casó con una mujer de ascendencia española, quien se había establecido en la región austral de la California.

Ildefonso Cipriano Green Ceseña, nació el 23 de enero de 1830 en Cabo San Lucas. Sus padres fueron Esteban Rufino Green y María de Jesús Ceseña Ojeda. Realizó sus estudios primarios en San José del Cabo, y en 1844 emigró con su familia a la Alta California, cerca del puerto de San Francisco; en ese entonces, su madre había contraído segundas nupcias con Salvador Castro. En 1847, en plena guerra de invasión estadounidense, un amigo de la familia y oficial de la marina norteamericana invitó al joven Ildefonso a seguir estudiando y preparándose en la ciudad de Nueva York, invitación que fue aceptada de manera gustosa. En dicha ciudad estudió el College, donde aprendió a hablar y escribir de manera fluida el idioma inglés; en el año de 1849 retornó con su familia al recién fundado estado de California, el cual fue arrebatado al igual que la mitad del territorio de nuestro país en esta injusta lucha expansionista de los yankees.

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Durante su estancia en aquel país del norte, Green Ceseña pudo percatarse de las injusticias y humillaciones que sufrían los mexicanos por parte de los estadounidenses; sin embargo, también tuvo contacto con grupos de mexicanos que luchaban contra esos atropellos y abusos, como fue el caso del famoso Joaquín Murrieta, conocido también como “El Zorro” o “El Patrio”. Murrieta era un mexicano que tenía una gavilla de bandoleros que a través de la guerra de guerrillas mantenían viva la flama de la independencia,  y reclamaban la pertenencia de sus territorios a México. Estos ejemplos de lucha calaron hondamente la personalidad de Green Ceseña, por lo que siempre procuró seguir, en todos los actos de su vida, los ideales de justicia que le fueron sembrados.

Cuanto este sudcaliforniano ilustre tenía 20 años, su familia regresó a Cabo San Lucas, alternando su residencia entre este puerto y el rancho de Santa Gertrudis, en San José del Cabo; no obstante, los tiempos de paz no duraron mucho. En 1853, Ildefonso Green se enteró de la llegada del filibustero estadounidense William Walker, quien arribó a la ciudad de La Paz y proclamó el surgimiento de su famosa República de Baja California y Sonora, con esto, Walker buscaba separar de la República Mexicana a los Estados mencionados y colocarlos bajo la tutela de Estados Unidos. Ante este descarado ataque a la soberanía nacional, Green convocó a los rancheros del sur de la península, conformando un destacamento al que le puso el nombre de “Rifleros de Cabo San Lucas”, y así decidió atacar a las fuerzas anexionistas que habían llegado a dicho puerto a cargar agua. William Walker, enterado de que este grupo armado se dirigía hacia sus posiciones para hacerle frente, huyó de manera rápida para no enfrentarlo. Días después la fallida expedición filibustera, Walker fracasó y volvió con la “cola entre las patas” a su país. Green Ceseña fue reconocido por su valentía y recibió el grado de Capitán de la Guardia Nacional.

El insurgente sudcaliforniano enarboló los principios del Gobierno legítimo encabezado por Benito Juárez García, por ello, en 1858 reunió un ejército de 500 combatientes, al cual nombró nuevamente como “Rifleros de Cabo San Lucas”, con el objetivo de revelarse en contra de Diego Castillo, gobernador del Territorio, quien se había unido a la causa de Ignacio Comonfort, desconociendo la Constitución de 1857. Cuando Green Ceseña llegó a La Paz, el Gobernador ya se había embarcado rumbo a Sinaloa, dejando acéfala la gubernatura del territorio. De inmediato Ildefonso Green se reúne junto a otros combatientes para organizar la dirigencia del Estado, siendo electo Teodoro Riveroll para ocupar dicho cargo. Sin embargo, debido a la inestabilidad de este periodo y a las ambiciones personales de caciques que buscaban adueñarse de la gubernatura, Green Ceseña entró de nuevo a la contienda armada para deponer y sustituir a los gobernadores que perdían rápidamente el rumbo republicano. Tal fue el caso del mismo Riveroll, Manuel Clemente Rojo, Gerónimo Amador y Pedro Magaña y Navarrete. Era tan conocidas las habilidades guerreras de Cipriano Green que durante la intervención francesa ningún contingente de la contracosta se atrevió a venir a Baja California con el fin de disputar el territorio para el ejército francés, por lo que nuestra tierra quedó fiel a los principios de la república que lideraba el presidente Juárez.

Asimismo, se cuenta que en 1874, durante el Gobierno que encabezaba Sebastián Lerdo de Tejada, siendo jefe político del Territorio de la Baja California el general Bibiano Dávalos, hubo un pronunciamiento en San José del Cabo  encabezado por el sinaloense Ramón Valdez, para deponer a Dávalos, el cual fue secundado en el poblado de Santiago. Green se encontraba en un lugar de la costa llamado El Pulpo, al frente de su negocio de buceo, y hasta este sitio fueron a darle noticias de los sucesos, informándole que los sediciosos —alrededor de 40 o 50 personas— estaban cometiendo atropellos y extorsionando al comercio; él se trasladó rápidamente a Cabo San Lucas y con cinco hombres sorprendió y derrotó la fuerza de Valdez. El sinaloense murió en el combate que sostuvo con Green, quien lo venció por tener la ventaja de ser un gran tirador; con esto quedó sofocada la intentona promovida por Valdez, que no tenía más móvil que el robo.

En 1879, Green Ceseña se unió al Plan Revolucionario de El Triunfo para luchar al lado de Manuel Márquez de León, Clodomiro Cota y otros valientes sudcalifornianos en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, no obstante, al ser derrotados, Green tuvo que huir a la parte Norte de la Baja California. A principios de 1900 regresó a Cabo San Lucas, y en 1913, tras el asesinato del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, volvió a las armas para defender al Gobierno legítimo producto de la Revolución. A sus 83 años se colocó al lado del constitucionalismo bajo las órdenes de Félix Ortega y Urbano Angulo. Al triunfar la lucha armada y deponer al traidor Victoriano Huerta, Ildefonso Ciprinao Green recibió el grado de Mayor en el ejército, por parte del Gobierno encabezado por Venustiano Carranza.

Ildefonso Green estuvo casado con Dominga Castro Acevedo, Carolina Álvarez Araiza, Rosa Avilés y  Rita Amador Araiza, de las cuales enviudó; con ellas procreó los siguientes hijos: Jose Tiburcio Green Avilés, Gustavo Green Amador, Manuel Miguel Green Amador, Ramon Fidel Green, Josefina Green Álvarez, Carolina Green Álvarez, Rufino Green Álvarez, Agustín Green Álvarez, Jesús Green Álvarez, María Rita Green, Flora Green Álvarez, Otilio Green, Fidel Green Castro, Marina Livia Green Castro, Esteban Green Castro, Juana Green Castro, Victoria Green, Idelfonso Green Castro, Amelia Green Castro, Yrinea Green e Irene Green.

En sus últimos años, Ildefonso Cipriano siguió luchando incansablemente por la repartición de tierra a los rancheros que habitaban la parte Sur del territorio. Falleció en su rancho Santa Gertrudis el 27 de marzo de 1932 a los 102 años de edad, y a partir de 1986, sus restos descansan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Ildefonso Green fue un hombre de su tiempo, un ser humano con raíces profundas en las bases del sistema republicano, pero también un adversario recalcitrante contra las injusticias. Amante de su tierra, la cual nunca olvidó, incluso viviendo 6 años en un país con mayores oportunidades y en una situación económica desahogada, nunca dejó escapar el terruño y el mar que había abrazado con su primer aliento en Cabo San Lucas. Una vida digna de ser contada y recordada por las nuevas generaciones de sudcalifornianos.

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El sicariato. No te va a gustar lo que vas a oír, de Modesto Peralta Delgado

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El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). No soy muy afecto a leer obras de teatro, tal vez apegado a esa idea absurda de que es mejor verlas escenificadas. Luisa Josefina Hernández convirtió algunas de sus piezas en novela y algunas funcionaron, sin embargo, no me animó a leer sus dramas. Cuando una obra teatral te atrapa al leerla, muy posiblemente su puesta tendrá un gran impacto. No es fácil concebir una historia sólida y estructurada que nos sacuda los sentidos, la moral, las emociones y en general los miedos perturbadores que nos provocan los asesinatos generados por el crimen organizado. Tampoco es fácil escribir sobre ello.

Modesto Peralta Delgado (narrador, dramaturgo, periodista; Ciudad Constitución, 1978) nos está entregando un libro lleno de sinsabores, de una humanidad en decadencia, cuyos fragores se notan en las relaciones sociales endebles que no tienen rumbo ni proyecto de vida. Resulta imposible construir desde un mundo así. Se trata de su pieza teatral El sicariato. No te va a gustar lo que vas a oír, una anécdota definida y clara: retratar los acontecimientos violentos surgidos a partir de 2014 en Baja California Sur y recrudecidos en 2017, uno de los años más nocivos en ese aspecto.

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La historia gira en torno a cuatro personajes: Beta, Vivian, Pablo y el Sicario, con vuelcos narrativos que van y vienen en el tiempo, como en flashbacks, en la idea de hacer puentes entre los sucesos cotidianos y la visión del dramaturgo en torno al tema. El resultado es una propuesta que nos coloca como meros espectadores de una realidad que bien puede desarrollarse también en las butacas, como un viceversa que nos demuestra que nadie está exento, que a cualquiera “le puede tocar”. Lo delirante del asunto es que uno de los personajes, Beta, decide hacer justicia por mano propia, o más bien vengarse por el —¿accidental?— asesinato de su interés amoroso, Vivian, y se lanza en una loca carrera para conseguir sus objetivos. En ese afán la acompaña su amigo Pablo, sacadientes profesional, quien la apoya hasta cierto punto, y vemos cómo entra en conflicto su moral y su ética humana.

El sicariato bien puede funcionar como una novela vertiginosa por la manera en que se fusionan las escenas y por las acotaciones que nos delimitan los espacios. Una novela breve o un guión de cine que nos invita y nos guía a recrear las imágenes: fuerte pero delicadamente escrita por alguien con la suficiente sensibilidad para entender y percibir el acoso de la cotidianidad, una obra que le apuesta a la estética de sus personajes y a la denuncia pública de los desgarres de una región que poco a poco entró a la “normalización” de hechos, de tal modo que lo único permitido es sentir miedo y no el uso de la razón para darle salida y cauce a los demonios desatados y manchados de sangre.

El sicariato no pretende moralizarnos, o recalcarnos algo sobre la maldad, sino poner el dedo en la llaga de nuestra naturaleza humana, extraviada en su decadencia y que intenta levantarse a base de esfuerzos solidarios y exigencias de justicia, que no la divisamos desde hace un buen de años, pues está restringida en los palacios jurídicos donde sus aristócratas jueces viven más preocupados por su sueldos que por un equilibrio social y un Estado de Derecho real y efectivo.

Modesto Peralta Delgado logra exponer en El sicariato. No te va a gustar lo que vas a oír, nuestra época, una que nos ha tocado vivir y de la que no tenemos escapatoria —¿su propósito?—, inédita en muchos aspectos, donde no existen los reclamos de justicia en la muerte, sino el sólo trastocar los cuerpos vivos como mercancías cadavéricas. Aun cuando la realidad es repulsiva en los hechos, este libro de Peralta Delgado le devuelve la dignidad a tantísima literatura que le apuesta más al «bísnes» que a una oferta digna que nos haga cuestionarnos y removernos las entrañas con el escozor intelectual consecuente. Una lectura indispensable para comprender una porción de los apuros de un poder que ya no está tan en las sombras.

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