1

VII Festival de la Antigua California. La fiesta de la californidad

FOTOS: Internet

Colaboración Especial

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Reflexionar en torno a los 500 años de la exploración del Pacífico mexicano y la presencia de Hernán Cortés en California será la premisa fundamental en este evento que se prepara para la semana del 4 al 9 de octubre del presente año. Los organizadores forman parte de la Sociedad de la Antigua California, un grupo de personas comprometidas con la historia e identidad de la Península de Baja California, entre los que destacan Carlos Lazcano Sahagún, José Luis García Chávez, Elizabeth Acosta Mendía, y Sealtiel Enciso Pérez, entre otros. Durante los Festivales anteriores, se han promovido una serie de conferencias y eventos, los cuales han abordado diferentes perspectivas sobre personajes y sucesos que han forjado la historia de los bajacalifornianos.

La inauguración del VII Festival se llevará a cabo a las 19:00 horas por parte de Pedro Ochoa Palacio secretario de Cultura de Baja California. Posteriormente, a las 19:15 horas se realizará un conversatorio denominado: Cortés y California: Una reflexión en el cual participarán Carlos Lazcano, Eligio M. Coronado, y Sealtiel Enciso, siendo la moderadora Elizabeth Acosta.  Estos dos eventos se transmitirán por la página de Facebook de la Sociedad de la Antigua California (https://www.facebook.com/antiguacalifornia).

También te podría interesar: Las expediciones de Hernán Cortés al noroeste novohispano 

El 5 de octubre, se iniciará de manera presencial a las 18:30 horas con la presentación del libro Cortés, la espada, de Christian Duverger. Continuará a las 19:30 horas con la presentación del libro Cortés en california: descubrimiento del pacífico mexicano, 1521-1540, por Carlos Lazcano. Simultáneamente, a las 18:00 horas se hará la transmisión de la conferencia Un retrato cortesiano políticamente incorrecto, por Daniel Salinas Basave (escritor y periodista bajacaliforniano) y, finalmente, a las 19:00 horas El legado de Hernán Cortés al siglo XXI por Tomás García Muñoz (cronista oficial de la ciudad de Medellín, España).

El 6 de octubre, de manera presencial a las 19:00 horas, se hará la presentación del libro Cortés, la espada, de Christian Duverger, con los comentarios del Dr. David Piñera en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC. Posteriormente, a las 20:00 horas, se realizará la presentación del libro Cortés en California: descubrimiento del pacífico mexicano, 1521-1540, por Carlos Lazcano con comentarios de Christian Duverger. Simultáneamente, a las 18:00 horas, se hará la transmisión por la página de Facebook de la conferencia El descubrimiento de California: la navegación Becerra-Ximénez, 1533, por el Mtro. Sealtiel Enciso Pérez. Luego, a las 19:00 horas, se transmitirá la conferencia Cortés y California: otra perspectiva, por el Mtro. Eligio Moisés Coronado.

El 7 de octubre, se llevarán a cabo las transmisiones de conferencias. La primera será a las 18:00 horas, llevará el título de El encuentro de una península: la navegación de Francisco de Ulloa, por Gabriel Rivera, y a las 19:00 horas, Carlos Lazcano presentará 500 años del descubrimiento del Pacífico mexicano.

El 8 de octubre, se realizará de forma presencia la conferencia magistral La evolución del español y relación con lenguas indígenas, por Juan Villoro. Simultáneamente, en punto de las 19:00 horas se realizarán las transmisiones por la página de Facebook de la Sociedad de la Antigua California. A las 18:00 horas, iniciará la conferencia Cortés y los californios: primeros testimonios indígenas en california, por el Mtro. Sealtiel Enciso Pérez, y a las 19:00 horas, Reinterpretación y relectura de la 3ª. expedición europea a Mesoamérica, por el Dr. Hugo Castro Aranda presidente de la Junta Nacional de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Durante el último día, el 9 de octubre, se llevará a cabo la conferencia presencial Hernán Cortés: encuentro y conquista, por el Dr. Juan Miguel Zunzunegui. A las 19:00 horas, se transmitirá la entrega de reconocimientos a dos grandes historiadores sudcalifornianos Gilberto Ibarra Rivera y Leonardo Reyes Silva por parte de la Sociedad de la Antigua California. A las 20:00 horas, se transmitirá la clausura del VII Festival de la Antigua California a cargo del Dr. Fernando Rojas Íñiguez, director del Centro de Nanociencias y Nanotecnología de la UNAM.

Para mayores informes y consultar a detalle la agenda del evento pueden visitar el sitio web: https://antiguacalifornia.org/festival/. El horario de los eventos será el de la ciudad de Ensenada, Baja California (tiempo del Pacífico PST). Los organizadores agradecen el puntual y desinteresado apoyo del Gobierno del Estado de Baja California, la Universidad Autónoma de México, Instituto de Cultura de BC, Museo de Historia de Ensenada, Centro de Nanociencias y Nanotecnología, California Peninsular y Gráfica.ws.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Las expediciones de Hernán Cortés al noroeste novohispano

FOTOS: Internet

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Volviendo al vertiginoso trabajo que tenía ocupado a Hernán Cortés durante esos años (1521-1528), y como siempre ocurre cuando grandes mentes intentan aquello que está vedado a los pusilánimes, sufrió graves tropiezos encabezados por sus enemigos, incluso, la recién formada Audiencia de México, los cuales de mil y un manera sabotearon sus propósitos hasta el punto de obligarlo a tener que acudir a las misma corte real en la península ibérica para solicitar apoyo, este viaje duró de 1528 hasta 1530.

El logro más importante que obtuvo de este viaje fue la firma de las famosas “capitulaciones” con la reina Isabel en representación de su esposo Carlos V, por medio de ellas se establecían los permisos para explorar y colonizar la Mar del Sur, así como las islas que descubriere “además de las capitulaciones, en España el Rey le otorgó a Cortés el título de marqués del Valle de Oaxaca. Ya desde 1522 Cortés había recibido los nombramientos de Gobernador y Capitán General de la Nueva España, y en 1526 el de adelantado de la Mar del Sur. En su viaje a España le fue ratificada su condición de Capital General pero no consiguió el nombramiento de virrey que esperaba” (Lazcano).

También te podría interesar: Las leyendas que impulsaron la exploración de las Californias 

A su regreso de España, el recién nombrado marqués del Valle de Oaxaca retoma con más y mejor empeño sus actividades de construcción y rehabilitación de barcos para iniciar la exploración formal de las costas de la Mar del Sur, pero no fue hasta el 30 de junio de 1532 que por fin zarpa la primer expedición organizada y financiada por Cortés al mando de Diego Hurtado de Mendoza. Como siempre que organizaba una expedición, Cortés redactaba una serie de “instrucciones” a las que debían ceñirse el capitán de la expedición, así como todos los hombres bajo su mando. En las que entregó a Hurtado de Mendoza sobresale el hecho de pedir que realice una minuciosa cartografía de sitios que pudieran servir de puertos y desembocaduras de ríos por las que se pudiera hacer exploraciones al interior de estos lugares.

Lamentablemente, esta primera expedición marítima tuvo un fin trágico en donde Diego Hurtado de Mendoza como la mayoría de su tripulación mueren a manos de los nativos, algunos en las costas de lo que hoy conocemos como Nayarit, y otros en Sinaloa. Sin embargo, para aquellos que conocían el ánimo de Cortés, estaban lejos de pensar que estos fracasos lo desanimarían, al contrario, fueron acicates que lo motivaron a redoblar esfuerzos para continuar con lo ofrecido en las capitulaciones y sus ambiciones personales (para conocer de forma detallada el derrotero y fatal desenlace de la expedición de Diego Hurtado de Mendoza recomiendo consultar el libro de Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004, págs. 33-41).

Para el 30 de octubre de 1533, Cortés estaba enviando a una nueva expedición para cumplir con las metas que antes había dado a Hurtado de Mendoza. En esta ocasión, la expedición estaba encabezada por Diego Becerra de Mendoza. Los barcos que integraban esta avanzada eran La Concepción y El San Lázaro. En el primero de ellos iba como capitán Becerra de Mendoza y como timonel Fortún Jiménez. La San Lázaro estaba al mando de Hernando de Grijalva y llevaba como piloto a Martín de Acosta.

De acuerdo a la reseñado por cronistas como Francisco López de Gomara, Bernal Díaz del Castillo, Antonio de Herrera y Tordesillas, entre otros, esta expedición no tuvo mejor fin que la anterior. Al día siguiente de que zarparon, los barcos se separaron para nunca volver a reunirse. El barco La Concepción al mando de Becerra sufrió un amotinamiento encabezado por Fortún Jiménez que asesinó al capitán, así como a varios integrantes de la tripulación. Poco después, se deshizo de los tripulantes heridos y los que fueron fieles a Becerra, abandonándolos en las costas de Jalisco. Todo lo anterior ocurrió a finales del mes de noviembre y principios de diciembre de 1533.

Durante los siguientes días, Fortún Jiménez y sus amotinados siguieron navegando hacia el noroeste y a finales del mes de diciembre o principios de enero dieron con una porción de tierra. De acuerdo a los testimonios de siete u ocho amotinados sobrevivientes —que fueron reseñados en una carta escrita por Nuño de Guzmán—, se pudo reconstruir lo que pasó en esos días y cual fue su triste desenlace. Fortún Jiménez y sus hombres llegaron a lo que posteriormente fuera llamada como bahía de la Santa Cruz y procedieron a desembarcar. Durante este tiempo se dedicaron a pescar madre perlas para extraer su precioso contenido, sin embargo, en la playa fueron atacados por los guaycuras los cuales asesinaron a Fortún Jiménez y a unos veinte de sus hombres.

Los siete u ocho marineros que habían permanecido en el barco, al darse cuenta del suceso, deciden emprender la huida. Se enfilaron rumbo a las costas de la Nueva Galicia, desembarcaron en la Villa del Espíritu Santo —ubicada, actualmente, al norte de Mazatlán—, en donde son apresados por los hombres de Nuño de Guzmán (una detallada información sobre esta expedición de Diego Becerra de Mendoza la puede encontrar en el libro de Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004, págs. 43-58.).

Como colofón de este viaje, mencionaremos que, la nave San Lázaro comandada por Hernando de Grijalva, después de estar navegando por espacio de cuatro meses, regresó al puerto de Acapulco sin pena, ni gloria. Su único descubrimiento fueron las islas de Santo Tomás, actual Archipiélago de Revillagigedo. Para Hernán Cortés este fue otro trago amargo que tuvo que apurar, ya que en su corazón aventurero y obstinado no había lugar para la derrota, lo cual lo demostró con una nueva expedición que preparó y que él mismo encabezaría.

Durante el resto del año de 1533 y parte de 1534, Cortés se dedicó a tratar de recuperar su barco La Concepción que se encontraba en poder de su enemigo Nuño de Guzmán, sin embargo, al estar aliado con la Audiencia de México se negó a dar una respuesta satisfactoria, por lo que Hernán Cortés cansado de las dilaciones decide integrar un gran contingente para rescatar su barco, lanzarse a la empresa de explorar y colonizar las tierras que encontró Fortún Jiménez. Fue así como partió durante el mes de febrero de la Ciudad de México con rumbo a Nueva Galicia, no obstante, antes de esto, envió un mensaje al aserradero de Tehuantepec en donde ya estaban listas tres naves que saldrían hacia la provincia de Chametla y lo esperarían allá.

Cuando Cortés da a conocer sus planes para explorar las nuevas tierras, unos 300 españoles y sus esposas solicitaron formar parte de su expedición, así mismo, llevó un poco más de 150 caballos, así como indios amigos y esclavos. Se dice que todos los que lo siguieron fueron un total de 500 personas. Para principios del mes de abril, Cortés y su gente llegaron al pueblo de Compostela en donde residía Nuño de Guzmán, después de una breve reunión se le regresa su nave y se le deja continuar su viaje hacia la costa, donde lo esperaban sus barcos, de esta reunión hizo la siguiente reseña:

Desde el puerto de Ciguatán, que es provincia de Colima desta Nueva España, escribí a ese real consejo cómo, por ciertas causas que allí expresé, me iba a embarcar en un puerto de la Nueva Galicia, donde a la sazón era y agora es Nuño de Guzmán gobernador. Y en un pueblo que se dice Compostela, donde el dicho Nuño de Guzmán reside, me detuve algunos días por dar descanso a la gente y por rehacerme de algunos bastimentas para cierto poblado que había de pasar (Hernán Cortés, Cartas y documentos, 1915, como se citó en Lazcano, La Bahía de la Santa Cruz. Cortés en California. 1535-1536, 2006).

Al llegar al puerto de Chametla, Hernán Cortés dirigió personalmente las operaciones de embarco de bastimento suficiente, así como de toda la tropa que cupo, sin embargo, como eran demasiados, una parte de los hombres, las esposas, y un buen número de caballos tuvieron que quedarse en este lugar al mando de Andrés de Tapia en la espera de regresar por ellos en otro viaje.

El 18 de abril de 1535, Cortés partió de Chametla en sus naves llamadas San Lázaro, Santa Águeda, y Santo Tomás. Debido a vientos contrarios la navegación se prolongó por doce días hasta que por fin el 1º de mayo divisan tierra y empiezan su travesía con rumbo al punto donde había desembarcado Fortún Jiménez casi un año y medio antes. Fue el 3 de mayo que, Cortés desciende junto con sus hombres a la playa y nombra al sitio como Bahía y Puerto de la Santa Cruz por haber llegado el día en que se celebra a este santoral. Deseosos de iniciar con esta nueva aventura se envía a las tres naves de regreso a Chametla para que traigan consigo al resto de la expedición, algo que lamentarían por mucho tiempo y que costó la vida de muchos de ellos.

El trayecto de estas tres naves por el golfo fue bastante accidentado, ya que por ser temporada de huracanes fueron sorprendidos en dos ocasiones y dispersados en una gran extensión de costa, una de ellas encalló en Guayabal (Nayarit) y la otra en Jalisco. Solamente, la nave más pequeña, la San Lázaro pudo regresar a la Santa Cruz. Al ser informado de tan desafortunada situación y ver que sus hombres empezaban a morir de hambre, Hernán Cortés decide él mismo encabezar la búsqueda de sus otros barcos y traerlos consigo para alimentar y proseguir su colonia.

En su primer viaje de rescate sólo pudo localizar y poner en condiciones de navegar a la Santo Tomás, se surtieron de nuevo bastimento y se enfilaron hacia la Santa Cruz, pero al final, sólo Cortés y la San Lázaro pudieron llegar. Al arribar a este sitio encontraron que muchos de sus hombres habían muerto de hambre, otros más murieron por su mal estado y la gran cantidad de comida que consumieron, lo anterior queda dramáticamente descrito en este párrafo:

Los españoles que allí había dejado estaban trashijados de hambre, y aun se habían muerto más de cinco, y no podían buscar marisco, de flacos, ni pescar, que era lo que los sostenía. Comían yerbas de las que hacían vidrio, sin sal, y frutas silvestres, y no cuantas querían. Cortés les dio la comida por mucha regla, porque mal no les hiciese, que tenían los estómagos muy debilitados; mas ellos, con la hambre, comieron tanto, que se murieron otros muchos (López de Gomara, Historia de la Conquista de México, 2003, como se citó en Lazcano, La Bahía de la Santa Cruz. Cortés en California. 1535-1536, 2006).

Durante el tiempo que Cortés estuvo en la California se dedicó a organizar su incipiente misión: nombrar a un cuerpo de gobierno, así como enviar a diferentes expediciones; se cree que fueron cuatro hacia los territorios del norte y sur de la bahía. Una de estas exploraciones llegó hasta lo que hoy se conoce como Cabo San Lucas, y la otra que fue hacia el septentrión exploró Bahía Almejas o quizás hasta Bahía Magdalena. Durante su estancia tuvo muchas dificultades con los indios guaycura que habitaban la ensenada, ya que ellos aún recordaban los problemas que tuvieron con los otros extraños que habían llegado antes (Fortún Jiménez y sus hombres).

A pesar de que Hernán Cortés demostró mucha diplomacia y tolerancia hacia los naturales de la península, lo cual quedó de manifiesto en las instrucciones que entregó a los hombres de cada una de las expediciones tierra adentro, los naturales de la bahía siempre le demostraron su rechazo. Para ellos, Cortés y sus hombres representaban una constante amenaza para su fuente de agua primaria, un aguaje cercano a la playa del cual ellos también dependían, por lo que constantemente atacaban a los españoles lanzándoles flechas.

El principio del fin de esta expedición ocurrió a finales de marzo o principios de abril de 1536, cuando su esposa Juana de Zúñiga, así como el recién nombrado primer virrey de la Nueva España Antonio de Mendoza, enviaron un grupo de barcos portando sendas cartas donde requerían la presencia de Cortés en la Ciudad de México. Algunos historiadores consideran que fue el pretexto que Cortés necesitaba para tener una salida airosa de la desastrosa empresa que había representado el establecimiento de esta colonia.

Al partir de la Santa Cruz, Cortés dejó una buena cantidad de provisiones a sus hombres y nombró a Francisco de Ulloa como su capitán. Pasados unos cuantos meses de la llegada de Cortés a la capital, el Virrey le pidió que enviara por los hombres que quedaron en la Santa Cruz. Con ello llegó el final de esta empresa que fue un desastre económico y en reputación para Cortés, pero un paso hacia adelante en la invención de la California.

Bibliografía:

Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004.

Hernán Cortés, Cartas y documentos, 1915.

López de Gomara, Historia de la Conquista de México, 2003.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Las leyendas que impulsaron la exploración de las Californias

FOTO: Internet

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Uno de los grandes militares que destacaron en las acciones de exploración y conquista de las etnias que ya poblaban estas vastas tierras de lo que hoy es México, fue un extremeño de nombre Hernán Cortés Pizarro, el cual había sobresalido por su astucia y gran liderazgo, lo que durante tres años (1519 a 1521) le permitió establecer acuerdos y alianzas con los principales grupos que dominaban el sur y centro de lo que hoy es la República Mexicana, y vencer a la Triple Alianza —el núcleo más poderoso que mantenía la hegemonía del poder en una parte muy importante del territorio, además era la llave para tener acceso a la parte sur y norte de esta vasta región. Con la caída de México-Tenochtitlán, Hernán Cortés se ganó el reconocimiento del rey de España, Carlos I, y una serie de honores, así como beneficios económicos que aprovechó para continuar con las exploraciones de estas tierras y la búsqueda de una ruta para llegar a China e India.

También te podría interesar: Las islas de la Especiería y su relación con la California 

Fundó un astillero en un sitio cercano al río Balsas, Zacatula, y con miles de dificultades inicia la construcción de varios navíos que le permitirán iniciar la exploración las costas de la Mar del SurCómo ya lo menciona Cortés, para iniciar las exportaciones de la Mar del Sur había mandado construir cuatro embarcaciones en un astillero que habilitó en Zacatula, en la margen izquierda del río Balsas, cerca de su desembocadura, en la actual frontera entre los estados de Guerrero y Michoacán. Cortés tuvo muchas dificultades para construir estas naves, debido a lo poco comunicado de la zona, falta de materiales y personal instruido en ello.

Además de esto tuvo un fuerte contratiempo cuando se incendió todo el astillero junto con las naves, lo que representó una fuerte pérdida para el conquistador. Sin embargo pronto se repuso y reinició la construcción de las naves con materiales que había mandado traer directamente desde España (Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004, pág. 23).

Entre los años de 1521 a 1528, realizó una serie de expediciones con el fin de ir dominando nuevas tierras y haciendo un recuento de las potenciales materias primas que pudieran ser explotadas por el imperio español. A cargo de estas acciones estuvieron sus capitanes Martín Cortés (su padre), Juan de Valle, Cristóbal de Olid, Pedro Álvarez Chico, Gonzalo de Sandoval, Francisco Cortés, entre otros. Al mismo tiempo que realizaba estas acciones, Cortés jamás dejó de perder de vista su propósito de explorar una ruta marítima hacia China, así como descubrir si en el trayecto podía encontrar algunas de las míticas tierras fabulosas descritas en una gran cantidad de leyendas de esos tiempos, nos referimos a la Isla California, las Siete Ciudades, y el estrecho de Anián, las cuales describiremos a continuación.

La leyenda de la Isla California se remonta a los fantasiosos hechos descritos en una novela de caballería llamada Las sergas de Esplandián. En esta obra, escrita por Garci Rodríguez de Montalvo a principios del siglo XVI, se narran las hazañas de Esplandián —un caballero de origen noble—, durante la lucha que sostuvieron los cristianos para evitar la caída de Constantinopla a manos de los persas y musulmanes. En un capítulo del libro se describe a una de las guerreras que se suma junto con sus huestes al ejército de Esplandián, se trataba de la reina Calafia, quien habitaba una isla llamada California y era poblada sólo por mujeres que portaban armaduras de oro, ya que en esta ínsula no había otro metal (para más información consultar Garci Rodríguez de Montalvo, Las Sergas de Esplandián, Madrid, Editorial‎ Doce Calles, 1998, págs. 313).

En relación a la leyenda de las Siete Ciudades, se cuenta que durante el inicio de la invasión árabe a la Península Ibérica, un arzobispo y seis obispos huyeron por mar acompañados por integrantes de su grey y se asentaron en una porción de tierra ubicada al oeste, cruzando el mar —la mítica isla de Antilia que quedaba en un lugar indeterminado en el Océano Atlántico. En este sitio cada obispo fundó su propia ciudad a la que pusieron los nombres de Marata, Acus, Totonteac, Quivira, Cibola, Tiguex y Tusayán. En estas ciudades resguardaban grandes tesoros que trajeron consigo, además de que las construcciones de estos lugares eran de oro, así como los utensilios que usaban para comer entre otras muchas cosas (una información más completa encontrarán en Marcos de Niza, Antonio de Mendoza, Francisco Vázquez de Coronado, Descubrimiento de las siete ciudades de Cíbola y Quivira, Culiacán, UAS, 2011, págs. 60.).

El estrecho de Anián fue una fantasiosa idea surgida de la conceptualización de nuestro planeta desde los postulados Ptolemaicos. Se consideraba que existía una simetría en cada hemisferio en los que se dividía la tierra. Cuando en el año 1520, la expedición de Magallanes-El Cano encuentran un paso desde el Océano Atlántico al Pacífico, de inmediato los científicos empezaron a asegurar que de igual forma debía existir un “paso del norte”, en el extremo septentrional, por lo que esta idea empezó a convertirse en un argumento sólido e incuestionable a pesar de que nadie había podido llegar a estas latitudes. El nombre de Anián se retomó de las narraciones que dejó escritas Marco Polo, en las que relata que en China existía un reino de Anián que estaba lleno de riquezas (pueden encontrar más información en Carlos L. Mazzoni, El estrecho de Anián, Buenos Aires, IPN Editores, 2019, págs. 264).

Estas leyendas y los libros de las que partían eran conocidas por Cortés y sus principales lugartenientes, por lo que encontrar estos sitios era un aliciente para ellos así como para el Rey de España, ya que de ser ciertas y poder llegar a ellas les abriría la posibilidad de convertirse en los hombres más ricos del mundo, posibilidad que, en aquellos tiempos, como ahora, es el motor que impulsa a casi toda la humanidad a realizar obras colosales que se figuran casi imposibles.

Bibliografía:

Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004.

Carlos L. Mazzoni, El estrecho de Anián, Buenos Aires, IPN Editores, 2019.

Marcos de Niza, Antonio de Mendoza, Francisco Vázquez de Coronado, Descubrimiento de las siete ciudades de Cíbola y Quivira, Culiacán, UAS, 2011.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Sistema de riego con diques y canales en zona de La Purísima-San Isidro (II)

FOTO: Internet

Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Como se recordó en la primera parte de este artículo, la captación del agua en pleno desierto californiano fue una verdadera proeza para poder sobrevivir y, sobre todo, fundar centros de población estable donde se pudiera tener una vida sedentaria.

El canal de La Purísima aunque tiene menos uso agrícola, comparado con el de San Isidro, y según se pudo apreciar también, tiene menos agua en su caudal; tiene una rica historia que va de la mano con los primeros misioneros jesuitas que llegaron a la región a principios de 1700. Esta región era habitada por los indígenas cochimíes que tenían una vida nómada y que, en aquel tiempo, como hoy, a todo lo largo del arroyo de La Purísima, y sobre todo en la región actual de los poblados de La Purísima y San Isidro sobrevivían en los ojos de agua abundantes. En esta región, los indígenas podían tener una vida más o menos sedentaria debido al agua que brotaba de la orilla del arroyo en tiempos de sequías, por lo que llamaron el lugar Cadegomó, cuyo significado era ¨arroyo de carrizales¨.

También te podría interesar: Sistema de riego con diques y canales en zona de La Purísima-San Isidro (I) 

FOTO: Noé Peralta Delgado

Como se dijo, la región fue descubierta por los misioneros jesuitas que ya estaban instalados en misiones a lo largo del Golfo de California, como la misión de Loreto y de Mulegé. Por pláticas entre los indígenas se decía que había una región con agua abundante al otro lado de la Sierra de La Giganta, fue así que una de las figuras icónicas en la fundación de las misiones de la Antigua California, el padre italiano Francisco María Píccolo descubrió un paso desde la misión de Santa Rosalía de Mulegé hacia el Océano Pacífico por el paso de la Sierra de Guajademí, donde se encontraban pequeños ojos de agua suficientes para subsistir, y podrían servir para abrir un camino hacia el Pacífico y construir un puerto franco para las naves provenientes del lejano oriente, algo que nunca se logró, precisamente, por la falta de agua en el litoral de gran océano.

Corría el año de 1712, cuando el padre Píccolo fundó de manera provisional una misión que denominaría La Purísima Concepción de María que, en la actualidad se le llama La Purísima Vieja, y donde no quedó ningún vestigio arqueológico. El padre Francisco María Píccolo regresó a Mulegé y ya nunca regresó. Aquí aparece en escena otro gran misionero, conocido desde la parte sur de la península, el misionero sevillano Nicolás de Tamaral quien era más ambicioso de cristianizar, buscó un mejor lugar para establecer de manera permanente la misión y encontró agua suficiente en la región actual del pueblo de La Purísima, donde según varían las fechas, pero fue oficialmente el 1 de enero del año 1720. En la actualidad hay opiniones divididas sobre si el año de fundación debe considerarse 1712 o 1720.

Una vez establecida la misión de La Purísima de Cadegomó, se optó por buscar pequeños represos donde se pudieran detener el agua y aprovecharse continuamente, recordando que la abundancia de ojos agua en el arroyo hacia posible tener agua almacenada todo el tiempo. Con el aprendizaje de qué en temporadas de huracanes o lluvias abundantes, tales represos salían destruidos completamente por la fuerza de la corriente del agua.

Después de la expulsión de los jesuitas en el año de 1767, todas las misiones californianas quedaron abandonadas y no fue hasta mediados del siglo XIX, que llegaron oleadas de colonos procedentes, principalmente, del Estado de Sonora y del extranjero. De las familias llegadas sobresalen los Higuera, Peralta, Miranda, Meza, Osuna, Arce. De oriente llegaron los Mayoral, y posiblemente, de Estados Unidos los Canett y los Smith.

FOTO: Internet

En el caso de misión de La Purísima de Cadegomó, su estado ya estaba muy precario debido a la mala calidad de los materiales usados —aun circula en internet una foto antigua donde se aprecia su forma—, y los colonos llegados reactivaron la construcción de represos para regar sus huertos, entonces se construyó el represo que aún se puede apreciar en la parte baja del Cerro El Pilón. Si buscan en Google satelital lo hallará en las coordenadas 26.201329 grados Norte y 112.053102 Oeste.

No se sabe con exactitud el año en que se puso la primera piedra en este represo, pero lo qué si sabe es que ha sido reconstruido tantas veces como ha sido dañado por la crecida intempestiva del arroyo, sobre todo, en temporadas de huracanes el sistema de canales que se construyó, se aprovechó lo que dejaron los antiguos misioneros y que va rodeando la falda del famoso cantil, desde donde se tiene una vista espectacular del icónico Cerro El Pilón. De ahí parte rumbo al pueblo y las huertas de La Purísima llegando hasta el pequeño poblado periférico de El Mezquital donde el canal se desvanece.

FOTO: Noé Peralta Delgado

Y llegando al año de 1933, cuando el general oriundo Juan Domínguez Cota se propuso reactivar los pueblos nativos de la región de El Pilón, se tiene que La Purísima ya tiene su represo aunque en mal estado, pero tiene la función de llevar agua por los canales ya en funciones. Por lo que se construye el represo de San Isidro y para La Purísima se refuerza con más piedras de mampostería el represo que funcionaba, además se construyó el represo que se denominó El Mezquital y que aún existe, pero el sistema de canales que alimentaba esta totalmente destruido debido a las cercanías del arroyo donde se construyó y que con los temporales se demolió completamente, hasta la fecha no se ha vuelto a restaurar. Se le llamó represo El Mezquital porque la totalidad del agua encauzada iba a dar sustento a las huertas localizadas en la pequeña población de El Mezquital.

FOTO: Internet

Este represo se utiliza actualmente como atractivo turístico por personal local que aún sueña en que La Purísima tenga su auge de población económica de antaño, se realizan paseos en kayak y es concurrida como balneario para los visitantes. Si lo busca buscar en Google Satelital lo hallará en las coordenadas 26.190941 Norte y 112.075101 Oeste.

FOTO: Noé Peralta Delgado

Sin duda, la construcción del canal de San Isidro vino en algo a mermar la corriente de agua que los purismeños captaban en sus canales, y es que estando aguas abajo del arroyo, primero eran los habitantes de San Isidro los que aprovechaban el agua, el sobrante lo regresaban al arroyo para que de ahí La Purísima lo canalizara. En algún tiempo, el agua se escaseó y obligó a los pobladores de San isidro que derramaran el agua sin aprovecharse. A la altura de lo que es el Centro de Salud del lugar esta agua se tiraba de nuevo al arroyo y eran unas cascadas bien vistosas donde los niños solían bañarse. En la actualidad, el canal que abastece la parte mas baja de La Purísima está muy lleno de tierra y se nota la falta de mantenimiento, no así la primera parte de donde nace, donde aun se puede apreciar su buen estado de la mampostería.

FOTO: Noé Peralta Delgado

Con el paso del tiempo, y con la fuerte migración de la población de La Purísima hacia la capital del Estado y la cabecera municipal las huertas se fueron quedando en el abandono, y en menor medida también San Isidro que, con la instalación de la telesecundaria, telebachillerato y algunas oficinas de gobierno ha logrado sobrevivir.

Sin duda alguna, el padre Nicolas de Tamaral fallecido de manera muy trágica en el otoño de 1734 en la región de Los Cabos durante la rebelión de los pericúes, dejó la semilla sembrada de cómo colonizar la región inhóspita del centro de lo que hoy es el Estado de Baja California Sur, y ojalá se le hiciera un merecido homenaje donde los canales de riego junto con el Cerro El Pilón sean testigos de la colonización del Cadegomó de los cochimíes.

Escríbenos:

noeperalta1972@gmail.com

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Las islas de la Especiería y su relación con la California

FOTOS: Internet

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). La llegada de los europeos a esta península californiana fue una etapa más dentro de una serie de acciones tendientes a dos objetivos: por un lado a la búsqueda de una vía corta y efectiva para llegar a las islas de la Especiería —las islas Molucas, en la actual Indonesia, conocidas como las islas de las Especias o de la Especiería en la antigüedad—, y por otro lado, el explorar y proclamar como suyas estas tierras de las cuales aún no tenían la certeza de que fueran islas o un nuevo continente.

Durante el siglo XV, las grandes potencias navales de España y Portugal se dieron a la tarea de encontrar una ruta que les permitiera comerciar con India y China productos suntuarios que eran altamente cotizados en Europa, las famosas especias. “Son cualquier sustancia vegetal aromática que sirve de condimento. Condimento es lo que sirve para sazonar la comida y darle buen sabor. Algunos ejemplos de ellas son la canela, mostaza, cilantro, hinojo, eneldo, anís, sésamo o ajonjolí, cardamomo, pimienta, jengibre o el ginseng, regaliz, vainilla, azafrán, clavo, cilantro, perejil, nuez moscada, guindilla o ají, pimentón, ajo, cebolla.” (Díaz, 2015; p:71). Recordemos que el comercio con los reinos establecidos en Asia, se había estado llevando a través de una ruta que recorría miles de kilómetros por tierra y atravesaba regiones como el imperio Bizantino y la India hasta llegar a China en donde podían obtener las codiciadas especias.

También te podría interesar: Barcos impulsados por trenes en Tehuantepec. La odisea de Modesto Rolland 

De tiempo inmemorial ese comercio con el Oriente había llevado a grupos de mercaderes de Venecia, Génova y Pisa, Barcelona y Valencia, Narbona Marsella y Montpellier a establecerse en diversas ciudades del extremo oriental del Mediterráneo. Así había núcleos de tales comerciantes, entre otros lugares, en Alejandría, El Cairo, San Juan de Acre, Beirut, Trípoli, Antioquia, Alepo, Constantinopla, al igual que en varias Islas del archipiélago griego. En esos y otros sitios encontraban su destino final las rutas comerciales que, de múltiples formas, se originaban en las costas de China y la India.

En juncos chinos o japoneses o en otras embarcaciones malayas se embarcaban originalmente muchos productos y se despachaban así a Malaca que funcionaba como importante centro comercial. Mercaderes árabes y de la India acudían también a este lugar y transportaban luego sus productos con dirección al puerto de Ormuz en la entrada del Golfo Pérsico. De allí se pasaba al Mar Rojo y luego, ya por tierra, en caravanas ya veces valiéndose también de barcazas a lo largo del Nilo las mercaderías del oriente llegaban al fin, al ámbito del Mediterráneo. (Miguel León-Portilla, Cartografía y Crónica de la Antigua California, México, UNAM, 2001, pág. 18)

Posterior a la caída del imperio Bizantino a manos de los otomanos, el conseguir estos productos por parte de los mercaderes europeos fue casi imposible debido a la hostilidad de los turcos que cortaban sus antiguas rutas comerciales. Por lo anterior, fue necesario que se buscaran vías alternas para lograrlo, la solución inmediata fue iniciar una carrera por el control de las vías marítimas que les permitieran tener una ruta segura hasta estos sitios “esta realidad cuya significación no puede minusvaluarse, por una parte se convirtió en acicate de nuevos preparativos bélicos contra el Turco y, por otra, despertó el interés por descubrir nuevas rutas que llevaran también al Asia por caminos muy distintos” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 19).

Debido a que los antiguos reinos visigodos de Hispania estaban emergiendo de una guerra con los árabes, la cual les había llevado más de siete siglos (711-1492), los portugueses les ganaron la delantera y consolidaron su dominio de la ruta marítima hacia oriente, “una primera culminación de las exploraciones a lo largo de las costas de África la alcanzó el Portugués Bartolomeu Díaz en 1486-1487. Si bien llegó este al extremo sur de dicho continente, no paso ya al océano Índico. Ello lo lograría al fin Vasco de Gama varios años después en 1497” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 19). Los españoles iniciaron una serie de litigios para tratar de competir por un espacio en estas rutas, pero los portugueses no tenían la mínima intención de dejar escapar esta preciada posesión:

El Tratado de Tordesillas dejaba a España libertad de acción a 370 leguas marinas de la isla de Cabo Verde, pero al otro lado de esta línea imaginaria la iniciativa era para Portugal. Para defender la soberanía castellana sobre los territorios recién descubiertos por Colón, Isabel y Fernando solicitaron ayuda al papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia), que había sido elegido en agosto de 1492. El Papa emitió cuatro bulas, conocidas como Bulas Alejandrinas, fechadas entre mayo y septiembre de 1493, en las que estableció que pertenecerían a la corona de Castilla las tierras y mares al oeste del meridiano situado a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde y se incurría en pena de excomunión si no se respetaban estos límites, lo que hizo que mientras los españoles realizamos la colonización de América, los portugueses se dedicaron a colonizar las tierras productoras de especias (Díaz, 2015; p:70). En ese sentido, a los españoles no les quedó más remedio de voltear hacia el occidente e iniciar con exploraciones hacia esta parte del mundo en la búsqueda de una ruta exitosa hacia la isla de la Especiería.

Algo que obró en su favor fue la publicación de la obra de Ptolomeo Geographia, la cual permaneció oculta por trece siglos. En cuyas páginas destacan sus ideas sobre un sistema de medición de las latitudes y longitudes de la tierra así como la disposición de las grandes porciones continentales dispersas en todo el globo. “Con la difusión de la Geografía de Ptolomeo se reafirmó la antigua creencia en la redondez de la tierra” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 20.). Todo lo anterior revolucionó el mundo de las navegaciones ya que por fin se contaba con un sistema de localización que permitía ubicar a un barco sin necesidad de depender de un punto de referencia físico. Por eso la adaptación de la brújula para ser utilizada en los barcos, así como de los mapas portulanos ayudó a que los viajes a grandes distancias a través del mar fueran más previsibles y, hasta cierto punto seguros.

Es así como a partir de la segunda mitad del siglo XV, se iniciaron una serie de viajes patrocinados por los reinos españoles en los que se pretendía atravesar el Mare Tenebrosum —era el nombre medieval del Océano Atlántico—, para llegar a las islas de Especiería y apoderarse de estas materias primas tan valiosas. Sin embargo, lo que no se esperaban era encontrar en medio de esta travesía un nuevo continente: América. Conforme las expediciones se adentraban en conocer esta nueva tierra descubierta, que durante la primera mitad del siglo XVI no se sabía si era un grupo de islas o un nuevo continente, jamás se dejó de lado la meta de poder encontrar una ruta para continuar sus viajes hacia China.

Bibliografía:

Díaz Yubero, Ismael (2015), Especias y condimentos. Distribución y Consumo, Vol. 2, Madrid.

León-Portilla, Miguel (2001), Cartografía y Crónica de la Antigua California, México, UNAM.

—–

AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.