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Qué ver en Semana Santa

California Mítica

Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Se viene Semana Santa, una época de reflexión, y oración para los católicos, pero a muchas personas también le gusta ver cosas de terror relacionadas con esta época, y en este articulo daremos a conocer las 5 que recomiendo ( no porque sean las mejores) sino las que en mi opinión personal son las más interesantes.

Para no recomendar la muy polémica pasión de cristo de Mel Gibson, empezaremos con la también Polémica La última Tentación de cristo 1988, ya que están de moda los multiversos y las realidades alternativas, esta película, nos presenta, que hubiera pasado si Jesús abandona su camino de mesías y toma el camino de un mortal, cabe destacar la impresionante actuación de Willem Dafoe (Alias el duende verde de Spiderman). Por otro lado, para ponernos históricos y ver a la bella Milla Jovovich librando sangrientas batallas y siendo tentada y engañada por el mismo diablo, podemos ver Juana de Arco de 1999, una película imperdible, y fácilmente disfrutable por segunda vez, y no te preocupes por los spoilers todos sabemos el final triste y ardiente de Juana de Arco.

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Una recomendación obvia seria hablar de El Exorcista de 1973, que podrá parecer anticuada y pasada de moda, pero el merito de este filme, fue en ser el primer en presentarnos un caso real en las pantallas y demostrando todo el poderío del mal, no se preocupen, el bien gana, por el momento. Y ponemos entre comillas el caso real, ya que el productor si estuvo investigando el caso de un niño poseído para llevarlo a la pantalla, pero al final, ya no obtuvo los permisos para llevar esta historia, así que se tomó varias libertades creativas para poder realizar el filme, cabe destacar que exorcistas de nombre, hablan y dicen que la película es buena, pero que en una sola película, pusieron todos los aspectos espectaculares de un exorcismo, es decir, como si en un solo caso hubieran puesto todo lo que ha pasado en todos los exorcismos registrados (pobre Linda Blair).

Ya que vivimos en una época de superhéroes recomendaremos al héroe que ha engañado al diablo, demonios y seres del mas allá, y curiosamente no es la mejor persona, ya que técnicamente esta condenada al infierno, John Constantine este exorcista y brujo inglés (basado físicamente en Sting) además de estar condenado al infierno, se la pasa el tiempo haciendo enojar aun mas a los demonios, echando a perder sus planes, de esta historia, existe una película del año 2005 interpretada magistralmente por Keanu Reeves (aunque aquí ya no parece Sting), donde se muestran todas las cualidades y defectos de este personaje, incluso momentos previos a su muerte el mismo diablo aparece para llevarse su alma personalmente. Esta gran película es muy disfrutable como película de terror o como de superhéroes, y los fans aun piden una secuela obvio, con Keanu Reeves.

Para finalizar, recomendaremos un filme mexicano, con actores mexicanos incluyendo a Joaquín Cosío, recientemente reconocido en Hollywood en películas de Suicide Squad 2 y James Bond. Aunque la película tiene muchos clichés, Belzebuth del 2017, cumple su cometido, de entretener y la actuación de Joaquín Cosío es magistral. Sin meternos en muchos spoilers, se habla de la nueva venida de Jesús, en la que vemos como un policía venido a menos, caído en vicios pero de buen corazón, se ve tentado por el mal. Esta película la podemos encontrar en varios sistemas de streaming y vale la pena mirarla.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, esto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




El Poder del Perro. La paradoja de una producción pensada para la gran pantalla, condenada a streaming

 

Kinetoscopio

Por Marco A. Hernández Maciel

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El cine es un espectáculo que se ha cimentado en el poder que transmiten las imágenes en la gran pantalla, y el lenguaje cinematográfico es un herramienta que está diseñada para aprovechar cada centímetro de ese gran espacio que abarca las pantallas de cine. Por ello, cuando obras pensadas para este formato son condenadas a ser presas del streaming, su fuerza cinematográfica se diluye un poco y no logran el impacto que pudieron tener en su momento.

El Poder del Perro sufre un poco de ello, pues es una historia que aprovecha cada centímetro cuadrado de pantalla y cada cuadro del metraje para contar una historia que quizás parca en diálogos, es riquísima en información visual. La historia fluye, haya o no intercambio de palabras y basados en una dirección perfecta de Jane Campion, la película en si misma seguramente se convertirá en una referencia obligada para los estudiantes de cine. No por nada, la directora del film y Ari Wegner, la directora de fotografía, tardaron un año creando el storyboard del filme, que no es otra cosa que un libro donde con dibujos diseñan cada uno de los emplazamientos y movimientos de cámara que tendrá la película.

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Sin embargo, no fue estrenada en la gran pantalla, solo algunos cuantos tuvieron la oportunidad pues Netflix compró los derechos y la lanzó en exclusiva en su servicio de streaming. Estuvo presente en algunos festivales, principalmente en el de Venecia donde fue vencedora, pero en las salas de cine no vimos los posters, ni los trailers, ni se generó la expectativa que a los cinéfilos nos encanta cuando una producción de calidad viene en camino. No hubo esa fascinación de ir a la marquesina e imaginarse sentado en la sala de cine esperando el inicio de esa película. Y esa misma discusión tuvieron las creadoras visuales del film, a sabiendas que se iba a estrenar por la plataforma tenían contemplado usar el formato 16:9 que se adapta perfectamente a las pantallas que tenemos en casa, pero al momento de llegar a las locaciones, ver los paisajes y acomodar en ellos la historia, se dieron cuenta que necesitaban filmar en pantalla ancha, un formato que está hecho y diseñado para el disfrute en la gran pantalla.

Ahora bien, es posible que sin Netflix, esta película no hubiera existido. Ante unos estudios que prefieren apostar por cualquier cosa que tenga como protagonista a un super héroe o personaje salido de cómic, y a los complejos cinematográficos buscando como nunca pensar en tener más butacas ocupadas que calidad en sus pantallas, el destino de este western hubiera sido el olvido y la nula atención. Y esa es la paradoja a la que nos enfrentamos hoy día, el streaming se vuelve refugio de producciones que no tendrán gran recaudo taquillero, pero que al sacrificar su estreno masivo en cines se pierde mucho de la experiencia cinematográfica con la que se planeó esa película. No sé que tan factible sea, pero creo que tarde o temprano Netflix migrará hacia un esquema donde estrene comercialmente sus films primero en salas para después lanzarlos en exclusiva en su plataforma. Eso les daría a producciones como El Poder del Perro o Roma en su momento, el punch necesario para quedar en la historia como eventos cinematográficos memorables, mas allá de condenarlos al archivo digital y a las recomendaciones de un algoritmo que cree que sabe lo que te gusta.

Luego entonces, llegó la temporada de premios y ahí, El Poder del Perro se hizo un lugar importante ganando en los BAFTA y en los Globos de Oro. Con 12 nominaciones se esperaba que fuera la gran ganadora en los óscares, pero no. Aunque ganó uno de los premios más importantes para su directora, la portentosa actuación de Benedict Cumberbatch fue ninguneada para darle gusto a Will Smith, que con una interpretación buena pero que se queda lejos de lo logrado por Cumberbatch. De igual forma perdió la categoría de guion contra CODA, dejando serias dudas sobre la seriedad y conocimiento fílmico de los votantes. Pues si bien CODA es una película disfrutable y que deja un buen mensaje, ofrece una fórmula ya vista y probada muchas veces que le da al espectador justo lo que espera, al contrario del guion de Campion que dibuja unos senderos emocionales intrincados que desembocan en un clímax filmado con una pasividad angustiante que se torna en un momento poderosísimo cuando caemos en cuenta de lo que sucede. Y claro, el premio a Mejor Película que recayó en CODA, una situación que recuerda mucho cuando Green Book le ganó ese premio a Roma de Alfonso Cuarón.

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Las películas de Batman, nuevas formas de manipulación social

 

El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El primer superhéroe formal fue Superman (1938), creado por el guionista Jerry Siegel (EUA, 1914-1996) y el dibujante Joe Shuster (Canadá, 1914-1992), que pronto habría de convertirse en un icono de la cultura pop estadounidense y después a nivel global. Un año después vino Batman (1939) teniendo el mismo impacto que Superman. Con el paso del tiempo Batman habría de ser el personaje más importante de DC Comics y el que mayor relevancia tendría en el cine. Batman es el único personaje que no tiene un live action en una serie, pero sí animada, a diferencia de Superman que ha abarcado todos los espacios; ¿por qué?, porque Batman es más redituable en el cine. De hecho, Batman y el Joker son los personajes que más ganan cinematográficamente. 

No obstante, ambos superhéroes habrían de convertirse también en herramientas y armas políticas para difundir propaganda estadounidense a nivel global. Los colores de Superman representan la bandera de Estados Unidos, es un semidiós que por el hecho de tener superpoderes le da autoridad de salvar el mundo y pasar fronteras sin ninguna restricción; el mensaje más claro no puede ser. En el caso de Batman es mucho más sutil. 

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Al principio Batman era un personaje para niños, diversión que no tenía otro fin que entretener y vender sus cómics. Luego pasó a la radio, enseguida a la televisión y después al cine. Hay un largo proceso de mutación que ha sufrido el personaje en las historietas, tornándose cada vez más oscuro y brutal, cosa que ha pasado a los filmes. Desde las boberías educativas de la serie de los sesenta con Adam West (EUA, 1928-2017), que de plano rayaban en lo hilarante, a la compleja The Batman de Matt Reeves (EUA, 1966), con Robert Pattinson (Reino Unido, 1986), cruzando por variaciones como las de Tim Burton (EUA, 1958), las ridículas de Joel Schumacher (EUA, 1939-2020) y las novedosas de Christopher Nolan (Reino Unido, 1970), rematando con las no valoradas de Zack Snyder (EUA, 1966), pero que también poseen ese tono oscuro y violento.

Hay un largo historial en los cómics de cómo Batman se transformó en el personaje que hoy es. Luego están los villanos a los que se enfrenta el encapuchado nocturno, una larga lista de seres cuyo único propósito es destruir el mundo para terminar encerrados en Arkham, un siniestro manicomio que encierra la locura que debe ser detenida. En la última reinvención del héroe, Batman retoma mucho de los cómics, de películas del mismo corte y de sus predecesoras, dándole un giro distinto.

Esta vez Batman puede verse más como el oligarca Bruce Wayne, quien es el único que puede salvar el mundo o al menos es el que puede ayudar a la autoridad a lograrlo; Bruce Wayne tiene los recursos y la tecnología para detener la locura como la del Joker, la del Pingüino o la del Acertijo. En The Batman, esta nueva versión, el villano quiere reivindicar a la ciudad y hacer justicia, con el subtexto del pueblo como motivación, igual que lo hizo Bane en la última de la trilogía de Nolan. Es decir, todo aquel que maneje como pretexto la justicia y bien del pueblo son populistas, que aunque no se dice en las tramas —lo ocultan muy bien—, no es muy difícil adivinarlo. Los villanos de Batman son populistas que se presentan como locos que quieren acabar con la estabilidad de las naciones; de hecho, en la del Jóker de 2019 puede verse más claramente ese planteamiento.

De esta manera, en la vida real, todo aquel que hable del pueblo o de justicia para ese pueblo, es un demente destructor —¿les suena conocido?—, pero en Batman es un villano que sutilmente queda implantado en el imaginario colectivo como un mal que hay que derrocar, y eso solo le está permitido —por derecho, porque es el príncipe de Gotham— a un oligarca como Bruce Wayne… Igual que se dice que solo la iniciativa privada puede y debe administrar la riqueza porque es más educada, de primer mundo, refinada —vaya, pues, no vende tlayudas ni ponen tianguis— y no los pueblos y sus gobiernos progresistas. Por tanto, bajo ese argumento, la existencia de Batman es necesaria, aunque esté fuera de la ley —pues porque puede y tiene con qué—, lo que a ojos de la sociedad puede ser bien visto porque es exaltado como un héroe: el oligarca Wayne como redentor, que justifica así su existencia, pero no la gran desigualdad social que jamás se toca en películas de ese corte.

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The Bat-Man: Bill Finger, el murciélago olvidado

Primera aparición de Batman, 1939

El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En estos días se estrenó la película The Batman (2022), del director Matt Reeves (EUA, 1966) y protagonizada por Robert Pattinson (Reino Unido, 1986) en el papel del encapuchado y Zoë Kravitz (EUA, 1988) como Catwoman. El filme ha tenido un despegue espectacular en su primer fin de semana y es la historia de moda, con las inevitables comparaciones que se hacen con otros de los Batman, en especial desde la de Tim Burton (EUA, 1958) y el actor Michael Keaton (EUA, 1951), pasando por la de Christopher Nolan (Reino Unido, 1970) y el actor Cristian Bale (Reino Unido, 1974), y finalizando con el Batman de Zack Snyder (EUA, 1966) y el actor Ben Affleck (EUA, 1972); es decir, hay materia de discusión de boca en boca, además, de la enorme publicidad millonaria que se invirtió. La historia, en mi opinión, es sólida, y por primera vez en el cine se retoma al héroe en su origen como detective, el mejor del mundo como se ha dicho en muchos de sus cómics.

Pero no voy a hablar de esa película, tal vez en otro momento haré una reseña particular, pues veo que muchos de mis contactos en redes no se equivocaron al calificarla de extraordinaria, a mí me ha dejado con un grato sabor de boca. No, solo quiero retomar el acontecimiento fílmico para hablarles de un escritor y guionista de cómics a quien durante muchos años no se le dio el crédito que él merecía en la creación de Batman, originalmente llamado The Bat-Man, donde Bob Kane (EUA, 1915), el otro creador, tuvo mucho que ver con que casi se le pusiera en el olvido, a no ser por gente que convivió con ellos, quienes terminaron por asentar su coautoría sacando todo a la luz. Kane mantendría, desde 1939, la mentira por mucho tiempo, donde él aparecería como el único autor. Así permaneció el secreto, muchos aceptaron el mito y nadie se preguntó lo que había detrás. El nombre de Bob Kane, estaría siempre presente en películas, series animadas, productos derivados como juguetes y jamás permitió que se osara expresar que había otro autor, y si alguien se atrevía, de inmediato acallaba cualquier voz disidente al respecto.

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Bob Kane

Sin embargo, eso habría de terminarse tarde o temprano, aunque demasiado tarde para Bill Finger, quien nunca gozó del reconocimiento público, pero sería él quien le dio forma final al Caballero de la Noche, el concepto artístico con el que ahora lo conocemos. Milton Bill Finger nació el 8 de febrero de 1914 en Denver, Colorado, al seno de una familia estadounidense de origen judío. El ambiente ocurrido durante la gran crisis económica de 1929, obligó a que el joven Bill tuviera que ocuparse para contribuir a la manutención familiar, aceptando múltiples labores. En 1938, conoció a Bob Kane, quien le ofreció un trabajo como escritor fantasma (que escribe historias, pero no se le da nunca el crédito), en las tiras cómicas Rusty y Clip Carson; para ese entonces Bill Finger, era un aspirante a escritor, mientras se dedicaba a vender zapatos en su medio tiempo.

La aparición del primer superhéroe en Action Comics, Superman, provocó que National Comics pidiera a editores creativos un nuevo personaje que fuera en el mismo sentido, de donde surgió, precisamente, The Bat-Man. La intervención de Finger para su estructura artística, sus historias, su fisonomía y partes de su traje, que es como lo vemos hoy en día, aunque ha ido cambiando con el paso del tiempo, debido a los estilos de directores de cine, dibujantes, guionistas, pero manteniendo el canon básico. Fue Bill quien le dio la capucha en lugar de un simple antifaz, además de eliminar algunas secciones del traje originalmente ideado por Kane; asimismo, fue quien le dio finalmente el nombre de Batman, sin el artículo y sin el guión en medio, como lo había propuesto Kane. El éxito fue inmediato y Batman se convirtió en un icono de la cultura pop, pero, como dijimos, fue Bob Kane quien recibiría todo el crédito, desconociendo a Finger, lo cual se mantuvo por décadas. Fue Bill Finger el creador de otros personajes como Joker, Catwoman, Pingüino y hay quienes le atribuyen el Batmóvil e incluso ciudad Gotham.

Bill Finger

Así, Bill Finger, jamás sería reconocido en vida como el coautor de Batman, aunque sí recibió homenajes y premios, pero después de su muerte. El mismo Bob Kane habría de reconocerlo al final, tal vez muy a su pesar, en su autobiografía y sin decirlo directamente: Bill Finger fue una fuerza que contribuyó a Batman desde el principio. Hice a un Batman superhéroe-vigilante la primera vez que lo creé. Bill lo convirtió en un detective científico. En septiembre de 2015, se dijo públicamente que Finger recibiría el crédito como cocreador a partir de esa fecha, por lo que cualquier libro, cómic, novela ilustrada, serie, serie animada o película deberá tener su nombre junto al de Bob Kane. En 2016, todos pudimos ver que el nombre de Bill Finger aparecería por fin, haciendo justicia tardía, en el filme Batman v Superman. Anteriormente, había recibido homenajes póstumos, como la inclusión al salón de la Fama o que un premio llevara su nombre, Bill Finger Award for Excellence in Comic Book Writing, aunque no concediéndole su participación creativa.

Bill Finger, murió el 18 de enero de 1974, pobre y olvidado; no obstante, ese otro murciélago habría de emerger de la cueva donde quisieron encerrarlo para siempre y a mí me da alegría esbozar una enorme sonrisa por un poco de justicia poética.

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CODA

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Una de las sorpresas de las nominaciones a mejor película del Oscar 2022 es Coda, dirigida por Sian Heder y protagonizada por Emilia Jones, Marlee Matlin, Troy Kotsur y Eugenio Derbez, cuenta la historia de Ruby Rossi, adolescente que creció en una familia donde todos son sordos, excepto ella, por lo que enfrenta el reto de decidir si buscar su sueño de ser cantante o quedarse a ayudar a su familia con la empresa de pesca que están iniciando.

Bajo esta premisa, que es un remake de la película francesa de 2014 La Familia Belier, nos encontramos con un melodrama con tintes de comedia que soporta su creación en el grupo de actrices y actores que conforman su elenco y desde luego, la magistral ejecución de la dirección, para lograr la comunicación entre los actores en cada una de las escenas y que a pesar de que en muchas ocasiones, los diálogos son hablados mediante lenguaje de señas, podamos entender perfectamente los sentimientos de los personajes.

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Por otro lado, si bien, el argumento termina por caer en convencionalismos sobre la lucha por perseguir los sueños, la película se mantiene a flote mediante la dinámica de la familia que protagoniza la historia y el trascendente papel de Eugenio Derbez, que protagoniza como el maestro de canto de Ruby. He de decir que es difícil no imaginarse a Derbez como alguno de sus personajes, pero en este filme definitivamente logra sacudirse un poco todo ese bagaje televisivo que arrastra en nuestro país, pero que a los vecinos del norte no les significa mucho. Conteniendo esa inercia de tantos años llevando a sus personajes a los extremos del ridículo, crea una figura que sirve como el puente que hace avanzar la historia, y aunque no llegará a ser un personaje memorable de maestros que dejan huella cinematográfica, esto se debe más al guion que a su interpretación.

Ahora, es de remarcar que los actores que dan vida a la familia de Ruby, son sordos en la vida real, lo que aumenta el nivel de significado de su interpretación, y el mensaje del filme, pues es la muestra viva, tanto a nivel argumental como a nivel de producción, que la inclusión de personas con discapacidad es necesaria y debe ser una prioridad para la sociedad.

Finalmente, aún con los convencionalismos de la historia, creo que la fuerza narrativa de este filme recae precisamente en eso. No busca mostrar la discapacidad como un vehículo para la tragedia o el desamparo, sino que nos muestra a una familia como cualquier otra, en el que la discapacidad es sólo un problema, de los cientos que todas las familias tenemos en nuestra vida.

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