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Carta a un actor sin teatro

FOTO: Cortesía

Especial Día del Padre

 

Mención honorífica del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Rodolfo Tejeda Martínez

Querido padre,

Desde el origen surgieron tus claros oscuros, los mismos que compartimos desde la raíz. Y a cada paso, cegado por tu luz, recurriste a la actuación. ¿Qué es nuestra familia? Una plataforma en la que podías creer lo que quieras, como un actor sin teatro ni escenarios.

Surgió una procreación idealizada. Aún recuerdo la fascinación que yo tenía por los actores de televisión, mientras que tú eras un simple profesor, como de niño juzgaba, ellos podían ser doctores, carpinteros, astronautas o cualquier cosa habida y por haber.

¿Papá quien eras tú?, ¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde va todo este melodrama? No preguntes, tan solo sigue actuando. Esta filosofía que con tanta vehemencia sigues. Actuar sin teatro es algo extraño, un día era Español y a la siguiente hora Matemáticas, con las mujeres Religión y con los hombres jugar a ser hombres o el guion que dictaba el cómo sin un porqué. Era extraordinario el ojo agudo de nuestra familia masculina, con sus sombreros de cuero, su botella de tequila como un perfecto escenario y un guion que no se le escapa nada., mucho más agudo que el ojo de una mujer, analizando cada detalle, como si la vida de un trapecista dependiera de ello, con entrega y el fuego de la pasión.

¿Qué es la vida? Nada más que un salto al vacío, ¿Qué tiene que ver mi madre con conocerte? Mucho. De mi madre admiro su capacidad de dejar que las cosas sucedan sin involucrarse en lo más mínimo, esperando a que yo pueda descifrar el rompecabezas. Mi madre y yo nos comunicamos mediante un novedoso código morse; cuando se activa su rabia significa que es verdad, cuando evade el tema es un te estás acercando y cuando es socialmente imprudente es un “toma el mensaje porque yo sola no puedo con esto”. Y contigo únicamente es un juego a la ignorancia mientras en lo profundo de tu ser gritas para ser descubierto.

Es por eso que escribo esta carta con letras tan básicas, la vida misma es tan indescifrable que no tiene sentido complicarla más. Como profesor has visto el problema; de cientos de alumnos pocos han podido entender, no solamente eso, después de la escuela es caminar a ciegas por la vida.

De mi madre el show debe continuar, de ti el amor al arte. Al negarme mi vocación pudiste salvarme de ser un bufón. Padre mío, adoro tu capacidad de resistencia por llevar un papel muy pesado. Gracias a tu amor me ayudaste a escapar de esa coraza. A veces la ayuda es por apoyo y otras por oposición, en silencio o rompiendo ventanas. Ahora entiendo el porqué de tu odio por el cine, así como por las expresiones artísticas. El cine como el teatro son un fenómeno masivo, una ventana hacia el público; alabanzas o repudios. El coste de ser una estrella es alto y el de una estrella sin plataforma escénica es caótica pero no masiva.

En la pantalla lo que callamos las mujeres, pero en la vida real tú callaras más que cualquier mujer. En la calle el instituto de la mujer y en tu mente el deseo insatisfecho de sentir tus emociones. En la mujer el derecho a ganar más, en el hombre no es el derecho a tener cosas físicas, sino a sentir y llorar. ¿Por qué has decidido dar el paso a la fantasía en vez de la realidad?

No lo sé, tampoco pienso forzarte a hablar, ¿Quién soy yo para arruinar el show? La mayor conquista humana es tan difusa a la vista, pero es tan real como palpable e invisible, es el más importante juego cósmico de nuestra vida. Con la frente en alto, con la corriente del corazón. Ya no es un personaje, tan solo camino por el parque después de jugar a la guerra.

Vamos a jugar a sentirse atacado, eso es un viejo truco para construir el guion. Admiro y a la vez me asombra la forma en que tu mente saca matices. Tenemos una gran productora de telenovelas dentro, con guiones controvertidos que enseñan al público que también tenemos la necesidad de ser vistos, que también existimos. Que forma tan ingeniosa de expresar lo inexpresable; el albur, las palabras en doble sentido, aquello que no puedes decir para no ser apedreado, pero que tanto permea en nuestros sueños más íntimos. Fingir no ser íntimo es tu mayor deporte., pero que forma tan original de evolucionar. ¿Qué es una obra de teatro? No es nada más que un jugar a hacer algo que no es cierto, donde no hay víctimas ni victimarios, únicamente sentarse a contemplar.

Es muy creativo jugar a ser hombres; con pantalones de mezclilla, unas veces la carpintería, otras ver el fútbol. No hay profesión más femenina; con sus colores, sus detalles, aquello que encaja y aquello que no. ¿Podría haber algo más femenino? Igual que un estilista que sabe de colorimetría y secretos de belleza, tú sabes como ser un camaleón. Eres una gran base de datos que proyecta los personajes de acuerdo a tu paleta de posibilidades.

Eres un artista en todo el sentido de la palabra, como una modelo que se preocupa por su rostro; un poco de rubor allí, un poco más por allá. Muestras al público tu personaje mientras caminas por la pasarela de la vida. Todavía recuerdo aquel momento en que te dije; ¡Papá quiero ser actor de televisión! Y por supuesto, no puedes apoyarme en tal locura porque tú ya eres un actor y sabes el costo de llevar un personaje las 24 horas. ¿Qué es la vida? Que pregunta tan ambiciosa, aquí entre nosotros esto es blanco y aquello color rosa, pero en la vida no hay colores. No hay propósitos, no hay significados de la vida, no hay actores, tan solo hay un profundo saber que no sé nada. Mientras que en tus telenovelas hay buenos y villanos, en la vida no existe ni el bien ni el mal. En la obra te gustan las manzanas verdes y en la vida las enchiladas suizas, en el show jugamos a la guerra, en la realidad las mujeres andan en pantalón y los hombres en falda, el espacio es tan inmenso como incierto, con una confusión en el paladar donde ya no sabes ni lo que te gusta.

Una obra tan falsa, pero mágica; donde los personajes se atraen por resonancia compartiendo lo que ven, lo que deben ser y en privado lo que son, y, por supuesto, llegan aquellos que son en todo momento. Estos últimos son los que dan tanto miedo, es como si en plena obra de teatro gritarán ¡Basta!, mientras el público queda suspendido sin saber qué hacer.

Es extraño como aquello que puede liberar es lo que más incómodo nos hace sentir. Hoy he salido de mi papel. Es algo mágico cómo la pandemia destruye los teatros, como mueve las emociones, las luces y las sombras. El universo sube y baja los ratings, teje nuevas formas de comunicación. Es extraordinaria la manera en que un acontecimiento mueve todo el rompecabezas. Una persona entre miles de millones fue necesaria para darme cuenta de tantas cosas. Impulsada por la fuerza vital de la pasión y apoyada por el universo. Las coincidencias, los impulsos. Existir es algo mágico. Al verte en tus verdes ojos pude ver mi propio reflejo y en mis pupilas puedes verte a ti mismo. Así de simple, así de extraordinario, como los actores sin teatro.

Gracias papá.

Dedicada a Rodolfo Tejeda Santillán 




Almas liberadas

FOTO: Cortesía

Especial Día del Padre

 

Mención honorífica del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Nikté Izel

 

 

Querido padre:

Escribo estas líneas con tinta de nostalgia y las lanzaré al viento como bandada de pájaros para que las atrapes con tus manos callosas, esculpidas por grasa y fierros oxidados por el olvido. En ellas te cuento un hermoso sueño con un final feliz. En mi sueño, tú realmente eras un padre.

Cerré mis pupilas dilatadas y caí en letárgico descanso, soñé que tus ojos no me veían con malicia, yo era la luz de tus ojos, tu princesa, veías en mí los años gloriosos de tu niñez, yo representaba los días más felices de tu vida.

Soñé que tus manos no robaban mi inocencia, tus manos sanaban los raspones de mis rodillas, me empujaban en los columpios y me sostenían cuando estaba a punto de caer.

Soñé que no oscurecías mi infancia con tu pecado, alumbrabas mis noches con historias y cuentos fantásticos, me hacías soñar con hadas y sirenas llenas de encanto.

Soñé que tus puños no me dejaban tatuajes en mi piel, tus puños mataban mis monstruos y mi piel de durazno brillaba con la luz de la luna y era la envidia del sol.

Soñé que me amabas como se ama a una hija, soñé que me amabas como se ama a Dios.

Soñé, solo fue un sueño…

Pero este sueño he decidido hacerlo realidad, los recuerdos tristes los he sepultado muy hondo, en las entrañas de la tierra, donde han quedado atrapados entre raíces con nudos apretados para que no intenten regresar a mí.

Hoy padre, la paz llegó a mi alma y me atrevo a decirte que yo si te amo como se ama a un padre. Tu ADN ha sobrevivido en mí, hoy es mi santuario de vida, mis células amontonadas son tus células, no reniego de ellas, y no porque lo digan las sagradas escrituras Honraras a tu padre y a tu madre, no, es porque he ganado la batalla, dejé ir al pasado, me he quedado con lo mejor de tu esencia. A pesar de todo, siempre te admiré por tu honradez y tu amor al trabajo, son las únicas cosas buenas que tengo de ti y con eso me quedo. Ya dejé de sacar el hilo negro de tus memorias aflorando tus errores y tu pecado, no soy juez recto y soberano para sentenciarte. He lamido yo misma mis heridas para poder sanarlas, sangraron por muchos años, pero por fin han cicatrizado, ¿por qué dicen que las cicatrices son feas? las mías son hermosas y representan la victoria de mi pasado. Dejé que pasara lentamente el tiempo y corrí detrás del viento en busca de mi verdadera identidad.

Ya no lloro más por ti, por mí, por nosotros, prefiero seguir bordando sueños de amor contigo, sueños en donde tú eres ese padre que me dio la vida y su vida misma, que luchó incansablemente por verme feliz, que mis sonrisas eran tu alimento de cada día.

Quédate en paz padre, que yo ya he sanado, volví a nacer, pero esta vez nací completa, entera, lo suficientemente fuerte como un roble para albergar cientos de pájaros y con mi alma desatada del tormento. Las lagunas de mi memoria se asentaron en el olvido, mi corazón roto ha sido remendado, hoy florece en todas las estaciones del año y guarda un espacio para ti.

A través del perdón me libero y te libero padre, vuela, vuela muy alto, no dejes de volar hasta alcanzar el cielo vasto de estrellas y conviértete en una de ellas, yo alzaré mi vista para buscarte cada noche, mi alma desencadenada intentará escuchar tu voz junto con el canto de los grillos y el murmullo del aire. Te abrazaré en cada puesta de sol, extenderé mis brazos hasta el horizonte para poder alcanzarte, guardaré el olor de las rosas cada primavera para enviártelo como regalo de reconciliación en día de muertos, a través de alguna alma mensajera.

Entre salmos y proverbios elevaré mi pegaría al cielo y pediré una sola cosa, que estés donde estés, seas absuelto de tu pecado, para que se te abran las puertas celestiales y te unas al coro de ángeles, porque creo en los milagros.

Finalizo estas líneas cargadas de esperanza, en donde el borrador ha terminado con mi llanto y la tinta de mi conciencia reconoce que heredé tu carácter fuerte, esto te lo agradezco, es lo que me ha mantenido viva para florecer en desiertos y tierra estéril. Que encuentres la paz eterna y tu descanso regocije tu espíritu.

Nikté Izel

P.D: Deseo que renazcas en colibrí, te poses en el árbol de bugambilias de mi jardín y con tu canto me digas que tu alma a encontrado el esplendor de Dios.




Un beso con alas

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Especial Día del Padre

 

Carta ganadora del Cuarto Lugar del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Susana Aguiñiga 

 

 

Sabes papá hoy desperté pensando nuevamente en ti y aunque ya no te pueda ver he podido escuchar tus latidos en ese corazón mecánico que conservo en mi buro y no sé si algún día tenga el valor de guardarlo. Quiero decirte que tu ausencia me ha deja con una sensación de orfandad. No me ha sido fácil cumplir con tus mandatos, ¡De verdad lo intento!, pero tú me conoces bien, sabes que llevo en mis genes tu sensibilidad y un grifo que me delata.  En ocasiones he tenido la necesidad de ahuyentar tus recuerdos para poder estar erguido ante los demás. Desde tu partida me siento perseguido por la vulnerabilidad, indefenso y solo.

Cada vez que entro al baño de tu casa vienen a mi esas nuestras platicas a solas, como cómplices en busca de resolver la vida de todos. Entre espuma de jabón tus preocupaciones, tus encargos y tus tantas dolencias. Cómo olvidar tus lágrimas revueltas entre las aguas tibias que recorrían tu cuerpo frágil, tu cúmulo de angustias, y malos ratos de toda una semana. Aún está ahí, esa maltrecha coladera que también sabia de tus penurias cotidianas, y de nuestros nudos en la garganta mientras juntos buscamos los pies.

¡Te extraño!  ¡Y como no romperme si tú estás en mi sangre como un manantial que recorre todo mi ser!  El artista jilguero de tu barrio, consejero de aves en arribo, protector de sangre y de aquellos extraviados que se unieron como familia.  Te escribo esta carta para decirte que no puedo seguir fingiendo, siento que te estoy fallando. A veces creo desmoronarme, con una necesidad de salir corriendo a buscar tus brazos de hierro y no los encuentro. ¡Padre tengo que reclamarte algo! me dijiste todo lo que debía hacer, más olvidaste decirme, ¡Cómo no extrañarte tanto!

Quizás ya lo hayas visto desde esa nube que parece estar anclada sobre la casa, pero te lo cuento –no soy tan fuerte como tú me lo decías, porque me paralizo cuando tengo que hablarles de ti a mis hermanos que aun te lloran, no puedo ser el valiente, apapacharlos a todos y hablarles con palabras limpias sobre un proceso de duelo cuando yo no he vivido el mío propio. ¡No puedo mentirles más! No puedo aparentar fortaleza, porque tan solo al entrar a tu cuarto me inundas con tu perfume olor a madera. Un mundo de imágenes aparece, tú, en ese sillón café de franjas desgastadas, dictando tus deseos, tus pendientes, tus preocupaciones y los encargos a resolver a la mayor prioridad. Tu última petición la más dolorosa para mí y en la cual tuve que callar por mucho tiempo, tu funeral, tu entierro, tu melodía preferida como una despedida ¨puño de tierra¨ ¡Fuiste tan precavido! que te preparaste para dejar hasta para el café con leche y galletas

FOTO: Cortesía

¿Verdad que es difícil ser fuerte y domar a los sentimientos?, ¡Tú lo sabias muy bien! ¿Verdad que aparentar no sentir ni un mínimo dolor es cansado? Yo te admiraba por la apariencia de una roca, la dureza de como agarrar al toro por los cuernos, y también tus enseñanzas. Aprendí tanto de ti, ¡Gracias por las técnicas de camuflaje que me compartiste! ¡Carajo! ¡Te extraño!  ¡Y cómo no romperme si tú estás en mi sangre como un manantial que recorre todo mi ser!

¿Por qué no me dejaste tu valentía?, aquella que te hacía salir de toda batalla, victorioso y con una sonrisa de orgullo. Nada te vencía, peleabas contra todo pronóstico, contra toda dificultad. Ni el cáncer, ni tampoco los dos cambios de marcapaso, fracturas, embolias, tu falta de visión. Cuando caías era solo para darte un descanso porque después te levantabas con toda gallardía, con más fuerza como un mar impetuoso o un viento que sacudía a todos para mostrarnos una fortaleza y enseñanza de vida, ¡Eras tan valiente que nunca vi el miedo en tus ojos! Estabas tan reconstruido de tu cuerpo, pero a la vez también de tu alma. Era fácil sentir tú brillante llamarada de amor alojada en tu pecho y en esas caricias reflejadas en el par de avellanas dulces.

Te despediste durante ocho inviernos de mí, como recordatorio a lo que debía hacer al ausentarte, eras tan organizado que no olvidabas ningún detalle. ¡Perdón papá por no ser tan fuerte!, por fallarte a ratos ¡Extraño tus silencios largos, tus palabras de aliento, tu dureza sabia y también tus lados flacos, tus historias, tu música de José Alfredo y tu canto!

Hoy quisiera poder llegar a tu casa sin que me falte la respiración, quisiera también no tener que obligar a mis ojos a que se oculten tras una alegría falsa. Deseo bajarme del automóvil y verte ahí sentado sobándote las manos, o escucharte discutir con mi madre. Darte todos los besos que me faltaron, poder de decirte que sigo siendo el mismo, pero no es así, ¡me haces tanta falta!

Sé que habrá otros momentos de tristeza como la que tengo ahora en esta carta bañada con lágrimas, de hermosos recuerdos, ¡Lo intentare nuevamente!, seré fuerte, valiente y haré honor a ti, con mis acciones porque me enseñaste que, al podarme, al pulirme puedo recrearme y que el dolor también es algo bueno. Gracias una y otra vez porque aún en tu ausencia me estás enseñando a entender que es la esencia de los ausentes la que se lleva dentro, y que recordar, es recibir con cariño un beso. ¡No te defraudare papá!, y prometo ser mejor persona, no rendirme nunca. Cumpliré todo lo que me pediste, cuidaré de mi madre y mis hermanos hasta que yo me haga viejo. Confía que lo haré bien y cuando nos encontremos te rendiré las cuentas y estarás orgulloso de mi ¡Te lo prometo!

¡Hasta que nos volvamos a ver!

Un beso con alas de tu hijo Javiercito El ventanita morada.

 




Pa´, me dijeron que te escribiera una carta

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Especial Día del Padre

 

Carta ganadora del Tercer Lugar del concurso “Carta al Padre” 2022

Por Ana Silva Yuen Fiol

 

Pa´, me dijeron que te escribiera una carta, pero no me sale. Aun así, lo intentaré con todas mis fuerzas, expresar en unas cuantas líneas todo el sentido que le ha dado a mi vida, el que Dios me haya elegido tu hija. Pero, a veces las líneas se quedan cortas, no me alcanzan los dedos, ni me alcanza el tiempo.

Si pudiera conocer ese poder superior que manifiesta el amor inefable que surge desde mis entrañas, por el simple hecho de ser tu hija, no me alcanzaría mi existencia para agradecerle.

Y es que puedo encontrar a través de cada día, una expresión de vida, y es ahí donde nace mi sentido de pertenencia al mundo que me trajiste, pa´.

Cuando mi edad avanza, me percato que el lugar donde me diste la vida fue elegido con un objetivo. Porque al visitar cada rincón incierto, te siento. Siento que pertenezco al sonido de cada ola del mar, como si estuviera aún en el vientre de mi ma´, siento que al escalar cerros y montañas puedo llegar a volar como las torcacitas que me gustaba corretear, y es ahí donde ahora encuentro mi libertad; y cuando el sol se funde en su más grande radiación, es donde el calor me hace sentir viva, y te recuerdo a ti, pa´, como un cálido día de verano en cualquier extensión de playa del mar Bermejo, donde íbamos y veníamos, recordando alguna vez, mi infancia llena de intrepidez.

Tu peculiaridad que te caracteriza, esa carga de energía que transmites con ímpetu y que vas derramando por tu paso en esta tierra, no te basta hacer tan poco dentro de lo complicado que la vida te va presentando, no te basta enfrentarlo, no te basta caerte y levantarte, si no compartes la lección aprendida con los seres que te rodeamos, es como si no vivieras la caída. Tus ásperas manos, con las que enfrentaste la escuela de la vida y te enseñó infinidad de trabajos, tu piel tostada y llena de cicatrices que me inspira aventurarme por el universo, ese eres tú, mi pa´, con un cúmulo de historias que contar, y una que otra vez, de exagerar, para presumirle a tus amigos lo bien que te ha tratado la vida. Tu voz firme y crítica, que en algún momento me impusieron y llenaron mis ojos de lágrimas, pero con una expresión siempre llena de afecto.

Hoy que soy una mujer adulta, me cuestiono todo y reflexiono, en este mundo tan maravilloso e injusto, tan incierto y versátil, ¿Cómo es que saliste adelante, con tan grandes retos? He de confesarte que alguna vez, fui tu propio juez. Te llegué a juzgar sin saber, ni comprender, pero reconocí que tuviste tu propia historia y hoy admiro las decisiones que tomaste, aun siendo tan joven, eternamente pusiste a tu familia en primer lugar. Y es que eso es un padre, una prueba de las acciones que conllevan muchos errores, pero que van acompañadas del amor más leal y puro que existe.

Pa´, me duele escuchar que, al nacer una niña, se espera más sufrimiento por su vida, que su felicidad. Y quizá, si me he enfrentado a un mundo desalentador por vestir de rosa y portar moños, tanto que, me llegué a sentir indefensa y abatida por la incertidumbre e injusticia de mi género, pero constantemente estuviste tu ahí, velando mis temores y alentando mis capacidades. Creo firmemente que la seguridad que me diste, al cubrir mi espalda y fomentar mi valor con firmeza, me impulsan a seguir de pie en la lucha por un sociedad más justa y libre.

Estamos en épocas de reconocer el camino recorrido, sanar heridas pasadas, y desaciertos cometidos, que nos han valido nuestra salud mental. Por lo tanto, reconozco que un padre hace todo lo que está en sus manos con las herramientas y recursos que tuvo a su alcance, dejando su vida de lado, y viviendo a través de su hijo, aceptando el reto de cambiar patrones pasados para no repetir historias, educar con el constante cambio que demanda la sociedad, admiro y aplaudo a cada uno de esos padres.

¿Quién soy yo? Tu hija, la vida que creaste con paciencia y ahínco, junto a lado de mi ma´ y hermanos, formaste ese árbol de raíces fuertes, con la firme convicción de que tu legado será el fruto de la afortunada educación que nos dedicaste, la cual se muestra con el significado de como tus hijos percibimos y enfrentamos la vida, con esa avidez de perseguir nuestros sueños.

Eres mi centro de carga y sótano de confesiones, donde mis miedos salen, pero me cobijas y proteges al instante. Me guías como un buen marinero a su tripulación, me señalas el cielo, recordándome que es el límite de mis talentos y habilidades, y si tenemos que luchar juntos, lo haces con seguridad y valentía.

Cada año te veré más cansado y viejo, más canoso y caprichoso, pero estoy muy segura que tu espíritu libre perdurará permanentemente, solo pido que me alcance la vida para regresarte ese amor incondicional que me brindaste, y si no nos alcanza el tiempo, no me preocupo, porque estoy muy segura que nos veremos en alguna parte del inmenso mar, ahí estarás tú, guiando las mareas y protegiendo la fauna marina, por fin veremos ese misterio que siempre quisiste ver en los océanos, y en algún momento nuestras almas se fundirán en un solo abrazo, con collares de perlas brillando, corales hermosos y una revolución de peces de colores revoloteando sin cesar.

Pa´, siempre si pude escribir la carta, me di cuenta de que no hay tiempo que perder, hay mucho que expresar acerca de mi sentir y amor hacia el ser que me obsequió la vida.

Hoy más que nunca, celebro y reafirmo, desde mi gratitud, por la vida simple, afortunada y grandiosa que hoy me ha tocado vivir, y todo es gracias a ti, pa´.

 




Recuerdos de La malilla, el juego de naipes exclusivo de Sudcalifornia

FOTOS: Emily A. Santana Ceseña

Colaboración Especial

Por Emily A. Santana Ceseña

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde hace muchos años, gracias a la herencia cultural de mi madre —nacida en el rancho Las gaviotas, municipio de Comondú—, mis hermanos, mi papá —originario de La Paz—, y yo aprendimos a jugar a La malilla.

De acuerdo con Gilberto Ibarra Rivera en su libro El habla popular en Baja California Sur, La malilla es un “juego de naipes, de origen español, también denominado mala. El juego echó raíces en el gusto de los habitantes de la península bajacaliforniana”.

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Los primeros recuerdos que tengo de La malilla —como del 2001 al 2008—, me remontan a La palmilla, un rancho que se encuentra entre unos 13 y 16 kilómetros de la misión de San Luis Gonzaga. Donde cada que visitábamos a nuestros amigos del lugar, las tardes y noches se hacían acompañar de entretenidos juegos de malilla, café de talega, y buenas pláticas.

Los malilleros son personajes propios y exclusivos del ambiente sudcaliforniano, pues en ninguna otra parte del país se práctica en estos tiempo el juego de la malilla (…) son un tipo de hombre o de mujer de características bien definidas: decidor, socarrón, sentencioso, presumidor y muy sociable.

No puede confundirse con el tahúr de oficio, pues la malilla es un juego en el que las apuestas de dinero están excluidas y se juega por el placer de demostrar ante los contrarios y los mirones, la presencia para realizar hábiles jugadas, festejando por días y a veces durante años los capotes (…) que se dan a los contrarios. 

En esas idas a La palmilla, los primeros malilleros que conocí (nombrados por sus apodos) son a Chelo Ceseña, Patricín, Canayo, Cota, Yuyo, Chabalo, Nacho, Lupe, Neney, Julián, Shanny, Santolio, Chicote, entre otros. Todos ellos responsables de que aprendiera a disfrutar del complicado juego de la malilla.

En el libro El canto del caudel del profesor Jesús Castro Agúndez explica que La malilla durante la Colonia, se practicó en centros sociales de diversas capitales de provincia de la Nueva España y la historia nos dice que en las reuniones que se efectuaban en la ciudad de Querétaro en la casa del Corregidor, a las que eran asiduos concurrentes don Miguel Hidalgo y Costilla y el Capitán Ignacio Allende, al mismo tiempo que se conspiraba contra el gobierno virreinal para hacer de México un país independiente, se jugaban malilla y trecillo.

La malilla es un complicado juego de cartas que se realiza con baraja española, que como es sabido consta de cuarenta cartas distribuidas en cuatro palos que son: oros, copas, espadas y bastos. Cada palo tiene ordenados sus diez cartas desde el uno, que se denomina as, hasta el siete o “malilla”, al que siguen en orden progresivo, la sota, el caballo y el rey.

Años más tarde, después de las visitas a La palmilla en nuestro hogar se sigue jugando y preservando este juego de baraja que ha sido transmitido de generación en generación. Actualmente, se continúa jugando en pueblos y rancherías en las serranías del Estado.

Sin embargo, las puertas de nuestra casa siempre están abiertas para enseñar el arte de La malilla que tiene una gran variedad de reglas y un sinfín de jugadas, así como probabilidades dignas de un juego de azar. Lo único que se pide es cumplir con el perfil de un buen malillero sudacaliforniano, saber perder y aguantar la carrilla por si te hacen un capote, la derrota más vergonzosa.

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