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¿Quiénes son los Ghost Heads? Y ¿cómo le va la nueva película de Los Cazafantasmas?

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California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con el renacimiento de la franquicia de Ghostbusters, hemos visto a muchas personas en cines caracterizadas como los investigadores paranormales mas famosos de la historia, pero esto no es algo nuevo.

Los Ghost Heads son aficionados que suelen caracterizarse de una manera tan profesional que, prácticamente, estas viendo a un cazafantasmas en la vida real, incluso algunos de ellos, han invertido mucho dinero no sólo en sus trajes, sino en convertir sus autos en tributos al ecto 1, han comprado cadillacs y han representado de manera muy fiel el automóvil de los cazafantasmas.

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Muchos equipos de Ghost Heads se unen a los Ghost Corps a nivel mundial, que cuenta con afiliación oficial de la franquicia de Ghostbusters, por lo que asisten a eventos especiales, como la reciente función preestreno en el Festival de Cine de Morelia de la nueva película Ghostbusters Afterlife, donde acudió el director de la misma Jason Reitman, el artista Mike Sandoval realizó un hermoso tributo combinando elementos del Día de Muertos para crear un logo de Ghostbusters perfecto para la ocasión.

Los aficionados, desde sus varios pre estrenos en México y el mundo, siguen desfilando caracterizados y con la notoria alegría de ver mas de una vez en el cine una película que han esperado mas de 30 años.

Ghostbusters Afterlife

La nueva película de la franquicia es la continuación directa de Ghostbusters 2 de 1989, olvidando la poco memorable reimaginacion del 2016. En esta ocasión se cuenta la historia de la familia de un cazafantasmas fallecido y cómo estos encuentran su camino a convertirse en parte de este legado. La película cuenta con la aparición de los cazafantasmas originales, y nos deja un agradable sabor de boca con referencias a los filmes anteriores y abriendo el camino a nuevas entregas.

El recibimiento por fans ha sido muy positivo, y se ha visto reflejado en taquilla siendo la película mas vista en su semana de estrena en Estados Unidos, lo cual es una muy buena noticia para los fans, ya que del éxito de esta película dependen los nuevos proyectos de esta franquicia.

Para ser fan de Ghostbusters no hay edad, ni gustos, puedes ser alguien casual en temas sobrenaturales, o alguien que le guste mucho, puedes ser un adulto que de niño vio las primeras en el cine, o incluso un niño que acaba de descubrir a este grupo de héroes.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, esto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Canoa: un espejo de la convivencia digital

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Kinetoscopio

Por Marco A. Hernández Maciel

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El pasado 16 de octubre de este 2021, murió en la Ciudad de México, Felipe Cazals, uno de los cineastas más relevantes de la historia cinematográfica mexicana. Esa historia la cimentó, entre otras producciones, con Canoa,  película que escribió y dirigió y fue estrenada en el año de 1975, y que a 45 años de su estreno nos trae de golpe a la realidad actual. Un filme que bien podría interpretarse como una fábula de terror donde el fanatismo y la polarización son los catalizadores de la barbarie y la muerte, pero no: esto sí sucedió.

El filme cuenta los hechos ocurridos en septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, un poblado ubicado en ese entonces a 12 kilómetros de la ciudad de Puebla. Ese día, cinco trabajadores de la Universidad de Puebla organizaron una excursión para subir el cerro La Malinche, sin embargo quedaron varados en el pueblo, donde fueron acusados de ser comunistas y linchados por los pobladores. Y esto no es ningún spoiler ni con ello se atrofia la experiencia cinematográfica, ya que el valor narrativo se centra en la construcción que Felipe Cazals hace del hecho y de la descripción de múltiples ángulos y personajes que fueron creando el escenario de la tragedia. De hecho, desde un principio el director tiene claro su objetivo, pues la escena inicial es la un reportero que recibe la nota de la masacre por teléfono mientras teclea en su máquina de escribir. El objetivo no es dar a conocer el hecho, sino ahondar en las causas que lo originaron.

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Y es precisamente esa premisa la que convierte a Canoa en un film trascendental y atemporal. Porque conforme avanzan los minutos, ya sea por medio del narrador que a forma de falso documental explica el contexto del pueblo, o por medio de la ficción cuente los hechos centrados en los excursionistas, es aterrador sentirse inmerso en una realidad que puede semejarse mucho a la vista en pantalla.

Una realidad que nos está limitando dentro de un nicho específico y nos enfrenta a los que no encajan en esa forma de pensar. Que nos va arrinconando cada vez y nos encoge la visión del mundo, que nos torpedea con enorme cantidad de información pero centrada en un solo punto de vista de tema. Una realidad que estamos enfrentando en el ámbito digital y que en buscar de acrecentar los clics y los likes, nos va aislando a cada uno en un San Miguel Canoa digital, donde los altavoces del pueblo es lo único que se escucha y repiten solamente los laudos aprobados por el cura o las noticias que encajan en el perfil que un poblador de Canoa debe tener. Desde el púlpito, todo se reduce a ciertas pautas a seguir, a ciertas conductas por aceptar, a verdades irrefutables por predicar, y a ciertos enemigos por destruir.

El filme de Cazals queda como un recordatorio siniestro del poder de la manipulación y la desinformación. Una reflexión audiovisual que puede explicar en gran medida la polarización que se vive hoy día y la violencia digital que emana en las redes sociales. Y esto es para tomar nota, porque los linchamientos digitales pueden llegar a ser tan dañinos como el ocurrido en 1968 en San Miguel Canoa.

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Muerte sin fin. A 120 años del nacimiento de José Gorostiza

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El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Pocos autores, como lo puede ser Juan Rulfo, por ejemplo, poseen una obra literaria tan breve y tan monumental al mismo tiempo. De Canciones para cantar en las barcas, de 1925, a Muerte sin fin, de 1939, pasan casi 15 años, son las únicas publicaciones, y sin embargo, es como escuchar una bonita canción de un niño prodigio en un coro de la iglesia y volverlo a ver en un espectacular concierto de primer nivel. La sencillez temática y de forma de su primer poema ¿Quién me compra una naranja?, no pareciera anunciar un poema de un calado tan profundo como el largo poema Muerte sin fin.

José Gorostiza Alcalá nació en Villahermosa, Tabasco, el 10 de noviembre de 1901. Hace 120 años. Se dice que no escribió más porque su vida como diplomático no se lo permitía; parece haber sido un político emprendedor que viajó por el mundo con cargos en distintas relaciones internacionales, y llegó a representar a México, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en 1950. Literariamente, se le ha asociado al grupo denominado Los Contemporáneos, donde figuran poetas de la talla de Xavier Villaurrutia o Salvador Novo.

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Muerte sin fin viene a representar su última y gran obra, de un largo aliento, frecuentemente comparado —por su longitud, su calidad y su temática profunda— con Primero Sueño de Sor Juana Inés de la Cruz. Y quizás ayudó a su inmortalidad los elogios de destacados poetas como Octavio Paz, quien calificó al poema como un “reloj de cristal de roca”. Quien desee indagar en talleres literarios o en la historia de las letras mexicanas, no podrá saltarse esta obra cuyo alcance es tanto como sus interpretaciones.

Y es que si algo se advierte en este poema, es que estamos ante un discurso planeado y poderoso, que lo mismo nos maravilla que nos rebasa. No parece haber inocencia en ninguno de los verbos, sino una obra calculada, pero al mismo tiempo, críptica, donde tenemos la intuición de estar frente a una catedral, que al menos, es posible apreciarla, aunque quien sabe si la entendamos por completo. Creo que, por lo mismo, puede resultar un tanto inacesible descifrar toda la obra, pero al menos, sentimos el ritmo poético. Es placentero leer, y ocasionalmente, sentir el impacto divino sobre nuestros sentidos.

Para algunos académicos y literarios, Muerte sin fin es la alegoría del ser humano plantándose en las barbas a Dios. Lo escruta, le reclama, lo advierte cínicamente dependiente de la fe del mundo. Es la anécdota de un sencillo vaso de agua que un día se descubre, maravillado, consciente de sí mismo; se da cuenta que existe, pero existe preso del vaso que lo contiene; hacia el final del relato, si se le puede llamar así, el agua parece explotar, desbordarse, enfatizando la rebeldía del ser humano, que se advierte preso de su inteligencia.

A 120 años del nacimiento de este genio de la literatura mexicana, hay un buen pretexto para acercarse a la lectura de este largo poema que, sin duda, da para un análisis minucioso, pero también para una plática sobre sus significados más latentes. Lo que cuenta, lo que importa también, es la impresión que nos deja. No creo que alguien pase indiferente a su lectura. No creo tampoco, que se haya hecho para que nadie lo entienda, sino que es la ventana de una confesión, el pretexto para llamar nuestra atención, en palabras, sobre temas para las que las palabras ya no alcanzan.

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Conversatorios con la muerte

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California Mítica

Por Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Estamos en una de las épocas más significativas para los mexicanos, me atrevería a ponerla a la par, o aún más, que las Fiestas Patrias. Octubre y noviembre se visten de colores y calaveras en todo México, y no solo por el Halloween, sino por nuestra tradición ancestral del Día de Muertos o Day Dead —que se escucha como un film de zombies de George Romero, pero es como se conoce mundialmente.

Si eres mexicano, esperas con ansia esta época porque, según nuestra tradición, nuestros, familiares, amigos y mascotas regresan del Mas Allá, así que los recibimos con ofrendas, tributos, altares y demás. Para el mexicano, la muerte no es el final, sino una parte más del camino, es una tradición que trasciende lo cultural y se vuelve espiritual, y en ninguna parte del mundo una muerte se vive como se vive en México. Esto ha sido plasmado en crónicas, películas y libros.

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Alrededor del mundo existen historias curiosas —incluso rayando en lo macabro— sobre los presos que están condenados a muerte. Aunque, claramente, muchos de ellos no son inocentes de los cargos que se les imputan, ¿realmente podemos hacer un juicio objetivo de cuando es justo cobrar una vida por otra?

En 1999, en una cárcel de Chicago, en Estados Unidos, seis prisioneros condenados a muerte fueron sacados de sus celdas para tener un conversatorio, hablar de sus vidas, sus experiencias y creencias sobre la muerte. Todo esto, registrado por autoridades, psicólogos, psiquiatras y fotógrafos. De hecho, se elaboró un documento muy detallado al respecto; al parecer, quedó para fines institucionales y privados, y aunque poco se conoce del caso, encontramos una noticia al respecto en periódicos del Archivo Histórico “Pablo L. Martínez”.

Hablar con personas que van a morir puede dar escalofríos, pero quizás no superen este otro relato. Tres pilotos de aviones bombarderos Douglas DB-7 Boston, que después de una misión de bombardeo a las defensas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron a la base con el terror impreso en sus rostros. El mariscal, quien los recibió, los envió inmediatamente a elaborar su informe y luego les otorgo un descanso para que se relajara y tomaran unas cervezas. Minutos después, el mariscal recibió la noticia de que estos mismos pilotos habían muerto en esta misión.

Este caso es muy interesante porque se dejó la evidencia física de la manifestación de estas tres almas en pena, que incluso después de la muerte escribieron el informe que contenía una descripción detallada de c+omo murieron en la misión.

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Una película de policías, un filme que nos pone en los zapatos de policías de carne y hueso

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Kinetoscopio

Por Marco A. Hernández Maciel

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). ¿A qué suena la sirena de una patrulla? Alguien dirá que es un sonido de alarma que avisa peligro y debemos estar atentos para reaccionar. ¿Pero porqué suena como suena? No será acaso la premonición de un lamento ante la tragedia? Una Llorona, construida con sintetizadores que anuncia en forma estridente y aguda que sus hijos están perdidos, o a punto de perderse. El lamento de una sociedad desamparada que profetiza el dolor y sufrimiento y ante la cual la reacción es alejarse para dejarla pasar. Así, Alonso Ruizpalacios,  director de Una película de policías inicia su filme. Con una alarma humana, preparándonos ante la tragedia diaria que viven dos policías de la Ciudad de México.

Parejas de policías en el cine hay muchas y es un género que tuvo un gran apogeo en la década de los 80 y 90 donde sobresalen Danny Glover y Mel Gibson en la serie de Arma mortal, hasta la pareja formada por Will Smith y Martin Lawrence en Bad Boys. Generalmente, sobresale el tono cómico y la relación se cimenta en las personalidades opuestas, pero con valores comunes para atrapar a los villanos. Además, cuentan con todos los recursos necesarios para hacer su trabajo. Ahí, ser policía es un privilegio.

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Pero el film de Ruizpalacios, estrenado el pasado 5 de noviembre en Netflix, nos lleva por un rumbo distinto. Aquí no importan tanto los villanos y tampoco importa ser héroes: lo que tenemos son personas que están buscando sobrevivir el día o la noche. Nos cuenta la historia de Teresa y Montoya, oficiales de policía que se conocieron en el trabajo y ahora también son pareja sentimental. Un par que de manera casi inexplicable se fajan ante una corporación que no los apoya, no los capacita, no les da equipo, y ante una sociedad que los insulta, que les teme y los desprecia. El director, que salta de manera magistral entre la ficción, el falso documental y el documental, construye un multiverso en el que la realidad es como un macanazo de granadero y la ficción es una bala de goma en el pecho.

Y a cada revelación, las preguntas retumban en la cabeza, pero también llegan las respuestas, y éstas no son amables en lo absoluto. El filme, va diseccionando a la corporación policíaca y el olor cada vez es más fétido cuando el verdadero villano sale a la luz. Un villano que se alimenta de la indiferencia de la sociedad y la corrupción del gobierno, y ante la cual la pareja protagonista queda indefensa. Entre la tragedia y la desesperación, Teresa y Montoya buscan el asidero para seguir adelante. Para ayudar a una mujer en parto o atrapar a un ladrón de Oxxos que se escabulle en el metro, ganando mil cien pesos a la quincena.

Con el lente centrado en la humanidad de los protagonistas, Alonso Ruizpalacios logra un filme que es una genialidad en el lenguaje cinematográfico, estableciendo nuevos estándares para el documental y la ficción. Ubica al espectador en el centro de la ecuación y lo obliga a buscar respuestas y establecer compromisos. Una pareja de policías provoca que la indiferencia se vuelva una maleta muy pesada para cargar e invita a la reflexión profunda y a repensar nuestro papel en la sociedad.

Una película de policías

País: México

Año: 2021

Director: Alonso Ruizpalacios

Disponible en Netflix

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