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Un día sin ellas en La Paz…. Y también con ellas. Crónica

09-Mar-2020

CRÓNICA Por Modesto Peralta Delgado

FOTO: Gabriel Larios Heredia.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Esta crónica, si hubiera querido, la pudo escribir una mujer. Sí, porque este día vimos a varias en las calles y espacios públicos de La Paz. Confieso que hubiera deseado que fuera un día apocalíptico, “desaparecidas” total y voluntariamente para darnos una lección, pero no fue así del todo. Sin embargo, sí forma parte de un suceso histórico, una manifestación del avance en su lucha. No sé ustedes, pero para mí, este lunes fue un poco triste.

Este 9 de marzo recorrimos algunos lugares públicos de esta ciudad. La marcha que ayer se dio en La Paz en el Día Internacional de la Mujer sería, quizás, la más asistida en su historia. Hoy, el Paro Nacional de Mujeres debía ser la cara opuesta: luego de hacer mucho ruido deberíamos notar su ausencia como un acto de protesta. Una estrategia de contraste, inteligente y muy importante.

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De ninguna manera se puede tomar este recorrido y texto como un sondeo, o una muestra representativa. No. Me propuse simplemente caminar alrededor de donde vivo, ir a ciertos lugares y solamente observar y platicar; sin grabar nada para que las palabras fluyeran de un modo cotidiano hacia un curioso preguntando por aquí y por allá. De manera que no hay nada cuantitativo en esto que escribo, mucho menos algo que se jure como una verdad. Es sólo un pedazo del día, una mirada a la calle, una reflexión.

Hoy todo el día estuvo nublado. El clima, algo raro, donde te daba calor y cuando ponías el abanico te daba algo de friyito. Para variar, me levanté tarde, cerca de las 8 de la mañana. Mientras se hacía el café, me asomé a la calle desde un segundo piso —vivo en la zona centro, sobre un bulevar con mucho tráfico— deseando en el fondo de mi corazón que todas las mujeres de La Paz se hubieran unido y que este día tuviera ese aire apocalíptico. Amanecer como si una enfermedad hubiera diezmado a la mitad a la población. Aunque ahora que lo pienso, se trataría de una enfermedad milenaria de falta de equidad y respeto; y se cansaron de vivir con ese mal.

FOTO: Modesto Peralta Delgado.

Hubiera deseado eso que les digo. Pero no. Sobre el bulevar vi, y he seguido viendo, mujeres de prácticamente todas las edades ir y venir. Unas caminaban solas, otras adolescentes en pequeños grupos de estudiantes, unas mujeres mayores se dirigían con ayuda de hombres o mujeres a la iglesia. En una escuela primaria —la escuché por el altavoz— una maestra dirigía los honores a la bandera, y luego supe de algunas profesoras que sí quisieron ir a dar clases.

La presencia más evidente eran las mujeres trabajadoras. Estaban barriendo los frentes de los negocios; atendían detrás del mostrador; preparaban las comidas en loncherías. Nos dijeron que si faltaban nos descontarían, me contó una empleada de una tienda quien desde las 7 de la mañana estaba en la caja. Una más que barría la banqueta en un negocio de sushi me dijo simplemente Yo quise venir. Una señora que atiende un Oxxo me dijo que algunos no abrieron pero que les respetaron —sin descontarles el día, según ella—, a quienes no quisieron sumarse al Paro Nacional. Pero ella fue porque quiso, Por la responsabilidad de estar a cargo de la tienda.

Ayer domingo en la mañana, a quien acostumbramos comprarle su rico desayuno, dijo que ella sí abriría hoy Porque tenía que trabajar, porque quería. En el rato, otras clientas comentaron sobre el tema que, qué bueno, ya no es tratado con ignorancia o con frivolidad. Escuché a la misma cocinera decir que Las mujeres habían conseguido muchas cosas de forma pacífica y que mejor deberían dejar de escuchar banda y reggaeton donde las denigran.

Hoy no abrieron el café de la esquina donde compraríamos el desayuno y que habitualmente tiene lleno los lunes. La lavandería tenía cerradas sus puertas con una hoja donde se leía que se unían al Paro Nacional de Mujeres. ¡Vaya! Me dio gusto. Tener un día más mis bolsas con ropa sucia no me va a hacer nada. Y es que en esta zona hay muchos negocios, y si bien no fue un recorrido exhaustivo, parecía un día normal. Es más, parecía un día de asueto: ciertamente se ven menos carros que otros días, eso es cierto, pero en el bulevar 5 de Febrero, en Colosio y en Forjadores sí había damas conduciendo sus vehículos, esperando o tomando el pesero, o conduciendo el Uber…

Precisamente me regresé en un Uber y la conductora me dijo que ella apoyaba a las mujeres, claro, pero que para ella, No logramos nada si no trabajamos hoy. Me comentó que no estaba de acuerdo con ciertas cosas, como haber rayado el monumento de La Paloma ayer, y que si querían respeto ellas no mostraban respeto actuando De esa forma indigna. La mujer me contó que este lunes había llevado a varias mujeres, entre ellas, maestras que le decían que iban por los niños, pues no había maestros en sus escuelas.

Donde sí parecía que hubo un ataque zombie fue en la UABCS, donde se vio muy poco movimiento. Una que otra alumna —una me dijo que no había visto una sola maestra, pero ella era de las escasas alumnas que sí quisieron ir a clases. En el Ayuntamiento de La Paz, acudieron muy pocas trabajadoras, aunque afuera sí estaban instaladas vendedoras o andaban por allí las que iban a algún trámite. Y en Plaza Soriana mujeres por todos lados: atendiendo los negocios y comprándoles; las que iban al mandado o a comprarse algo al Sears. No como otros días, hay que tomar en cuenta que es lunes de mitad de quincena y pasé allí a la hora de comer, pero sí, de que se vieron, se vieron en todos lados.

FOTO: Modesto Peralta Delgado.

El paro de mujeres en La Paz tenía un lado predecible: muchas de gobierno a las que les habían dado permiso y les dijeron que no les descontarían, sí pararon. Muchas trabajadoras de la iniciativa privada, no. Quién sabe qué hacían tantas en tantos lados, pero repito que las más evidentes eran las que hacían quehacer o atendían clientes. Es importante remarcar que esto no es un dato, es una percepción, espero mañana se publiquen números que informen de manera más fehaciente las repercusiones.

Debería haber repercusiones. La causa lo amerita. ¿Era necesario? Sí, yo creo que sí era justo y necesario. Más allá de lo que opinemos —quien quiera y lo que quiera—, de las formas de expresarlo o de manifestarse, por supuesto que no es ningún cuento la violencia contra las mujeres, los feminicidios, la discriminación, el acoso sexual o laboral. Este texto no busca hacer menos la convocatoria, que a nivel personal apoyo, al contrario, es dejar un registro de quiénes no participaron y por qué.

Que se ha nota su ausencia, se nota —mi compañera editora que paró este día, ya me dirá las metederas de pata que he tenido hoy que la cubrí—; que hubiera estado chingonsísimo que más trabajadoras, ¡que todas!, se hubieran sumado, habría sido el golpe más fino y limpio contra el machismo y la mala educación. Que es un avance, claro que sí; que falta más, también. Que las queremos vivas y sin violencia, muy cierto; que aún con todo esto las han seguido matando, pues ya ven que sí.

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