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El Mijis, de chavo banda a político. Entrevista con Pedro Carrizales

29-Abr-2019

ENTREVISTA Por Frank Aguirre

FOTOS: Cortesía.

Agenda Comunitaria

Por Frank Aguirre

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La noche comenzaba a caer en el segundo piso del convento Proyecto Centro Cruces, en la Ciudad de México. Un lugar, al parecer del siglo XVIII, que desde hace décadas se utiliza para oficinas, espacio de retiro, o como local de eventos para organizaciones y hospedaje/internado para actividades de varios días de duración.

Las personas asistentes al Programa de Liderazgos Progresistas, nos habíamos enterado, apenas un día antes, de que el fin de semana estaríamos conociendo a Pedro Carrizales, alias El Mijis. El TweetStar y renombrado Diputado a nivel nacional, conocido por su política poca ortodoxa y su historia de vida que contrasta con la del político convencional. Alguien que rompe cualquier estereotipo de política. La expectativa era alta. La curiosidad por los cielos. Las preguntas hacía él eran muchas: ¿quién es Pedro Carrizales? ¿Tiene agenda o le marcan línea? ¿Qué es un mijis? ¿como rayos terminó en un chavo banda —como él hace énfasis cada que puede— en la política?

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El Mijis es un hombre como cualquier otro. Abuelo a sus 40 años. Albañil de profesión. Católico, como el mexicano promedio de este país. Y con dos intentos de asesinato en su contra. La primera vez, a sus 18 años, lograron su cometido. En la sala del quirófano pudieron revivirle, a pesar de las puñaladas que le dieron en un riñón, en el hígado y en un pulmón. Volvió a la vida. La segunda cuando a unas semanas de haber declarado su intención de proponer una iniciativa que prohibiera el maltrato animal, como represalia —se sospecha de empresarios involucrados en peleas de gallos y tauromaquia—, intentaron asesinarlo a balazos. Fallaron. Desde entonces trae escoltas, aunque no es de su agrado. Todos deberíamos de traer escolta, el país es inseguro para todos, dice.

A pesar de su edad aún se considera Chavo Banda, y por eso el día en que tomó protesta como Diputado en el Congreso Local de San Luis Potosí se fue de playera, pantalones de mezclilla, unos tenis, sus crucifijos y sus joyas fake, para hacerle honor al lugar de donde viene: del barrio. Este acto no sólo fue para que medios, votantes y compañeros legisladores no olviden de dónde viene, sino un acto simbólico que busca reivindicar la política a la que él aspira, una en la que cualquiera con conocimiento y buen corazón pueda participar. Aunque seas “chavo banda”.

De cholo a político

Su madre falleció en su ausencia, y por años no pudo perdonarse no estar con ella en sus últimos momentos. Su pena era tal que intentó suicidarse. No lo logró. Años después, durante uno de sus días de rutina, en sus días de pesar, por instinto, ayudó a una ancianita —en sus palabras— a subir el camión con sus bolsas del mandado, de reojo, cuando me dio las gracias me recordó a mi madre. “Se parece a mi jefa”, pensé; y justo como ella me dio la bendición por haberle ayudado, en ese momento sentí algo que no puedo describir de otra forma más que una iluminación: ayudar a los demás en abandono.

Desde entonces se dedicó a conseguir comida para los que no tienen, techo para los migrantes, gestionar servicios públicos para los que no tienen agua, luz, o recolección de basura. Una vez en un barrio que estaba acostumbrado a vivir entre la basura —botes, envolturas de sabritas por todos lados, pañales, bolsas, vasos tirados— hicimos un concurso con otras colonias a ver quien lo limpiaba más rápido… ¡Todos ganaron! —exclamó El MijisLa idea era enseñarles que en nada de tiempo podrían darle otra imagen a su colonia y además sacar dinero de eso, separamos la basura y conseguimos un acuerdo para que de forma periódica recolectaran las chatarreras, el pet, fierro viejo, aluminio, cartón y papel. Desde hace años esas colonias marginadas separan su basura a diferencia de otras de alto ingreso. Demostré que el ambientalismo no es cuestión de clase social. Y así es como he venido haciendo política desde hace años, demostrándole a la gente que ellos pueden organizarse y sacarse a sí mismos adelante.

Acaba el ejercicio. Todos los asistentes tuvimos la oportunidad de sentarnos a su lado y aventarle un par de preguntas, esperar la respuesta, soltar una réplica. A puerta cerrada, dejamos los mesabancos atrás y nos acercamos en círculo entorno a El Mijis, como quien se acerca a una fogata para alejar el frío, nosotros, para alejar la ignorancia y saciar nuestra curiosidad por la verdad de la persona que teníamos enfrente.

Llegó la hora de cenar. En el comedor comunitario, aislados en una esquina, mientras todas y todos cenaban y convivían, busqué a El Mijis. Estaba con su escolta echándose un caldo, los acompañaba también su hija. Pedí permiso para acompañarlos. Me senté. Platicamos de su vida en Los Cabos, de su participación contra la minería a cielo abierto en San Luis Potosí, de cuando le dio la vuelta al país promoviendo la bicicleta, y de cómo evitó que sus compas del barrio se dejarán de matar entre ellos.

Antiminero y pacificador

Pedro Carrizales vivió en Baja California Sur. En Los Cabos. Tenía 19 años. Fue mesero, cocinero, guardia, en una época en la que el alcohol y la desvelada era lo aspiracional. Huyó de la explotación laboral, y regresó a San Luis, en el camino no durmió en su camarote, en el ferry, rumbo a Mazatlán, por temor a que el barco se hundiera. Fue su primera vez en altamar.

A hecho de todo: obrero-constructor, promotor cultural, activista del ciclismo urbano, y luchador contra el neoextractivismo, contra la minera San Xavier en San Pedro, San Luis Potosí. Hace 10 años de eso. Sufrió los golpes de la represión judicial al asistir a unas protestas, en aquellos tiempos en los que New Gold Inc, a través de su filial minera San Javier, compró funcionarios y policías para impedir que triunfara el gran rechazo popular contra la minería a cielo abierto en el cerro de San Pedro. Hoy, este emblemático cerro —que aparece en el escudo del Estado de San Luis Potosí— no existe, fue reducido a polvo gracias a la impunidad y la corrupción, pues la empresa nunca ha tenido los permisos legales para explotar el yacimiento de oro y plata a tan solo 8 kilómetros de la ciudad de San Luis. El Mijis sí tienen en su agenda la temática ambiental, y no teme en poner distancia con López Obrador de ser necesario, pues admira a la persona más que al personaje, pero él está casado con sus ideales, no con los partidos ni la fama.

También ha sido pacificador, mediador de violencia. En San Luis Potosí, en 2009, logró que 240 pandillas dejarán de luchar, pelear y matarse entre ellas. Fue una tregua en sus barrios. ¿Cómo lo hizo? Los puso a hacer las paces con torneos de fucho, música, baile y círculos de diálogo entre los cabecillas. Su pasado en el barrio le permitió ganarse la confianza para fungir como mediador. Redujo como nadie la inseguridad en colonias marginadas de San Luis Potosí, sin disparar una sola bala.

Aborto

Soy Católico, sigo creyendo en mi “Chuy” —se persigna, y se adelanta El Mijis, como quien dice, poniéndose el huarache antes de espinarse—, pero eso no tienen NADA que ver con la forma que hago política, porque yo soy funcionario para todos, no sólo para creyentes, y creo que no deben de estar en la cárcel mujeres que decidan interrumpir su gesta. Sobre todo sin son pobres, mijis; sobre todo si están solas; sobre todo si no tienen trabajo; si su pareja les abandona. Yo tengo una hija. Sé lo que es la incertidumbre de no planear un embarazo, mijis, y gracias a mi Diosito optamos por tenerla, pero yo no voy a imponer mis decisiones y creencias sobre otros. Se llama “libertad de decisión”.

Cansada su escolta, y su hija un poco impaciente, agotada, cruzaban miradas, mientras Pedro Carrizales no paraba de contar anécdotas: de su reciente nombramiento Doctor Honoris Causa junto al doctor Mireles; su conferencia en Harvard; y el acercamiento que tuvo Netflix con él para hacerle un documental. Era hora de irse, aunque él es una caja de historias, un hombre en constante evolución, al final también es un humano que ocupa descanso. Insistió en que era hora de dormir. Intercambiamos números, una clásica selfie, un apretón de manos, un abrazo y el deseo mutuo de tener un buen camino en lo que siguiera. Seguramente volveremos a cruzar camino, le dije. Que así sea, mijis, me contestó.

OVNIS

Dice El Mijis que es inconcebible para él no creer que existe vida inteligente en alguna otra parte del universo, y en ese tenor los objetos voladores no identificados deben de pertenecer a alguna vida inteligente fuera de la tierra. ¿Su fundamento? Las conclusiones que le surgieron después de leer a Stephen HawkinsLa Teoría del Todo.

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