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¡De verdad, ¿se nos acaba la vida sin WhatsApp?!

12-May-2017

ARTÍCULO Por Pablo Diestro Canal

Imágenes: Internet.

Colaboración Especial

Por Pablo Rodrigo Diestro Canal

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A principios de mes, el mundo sufrió quizá una de las parálisis digitales más importantes de nuestra era: “el servicio de WhatsApp está caído”, afectando no solo a los usuarios que utilizamos la aplicación de mensajería, sino también a millones de empresas que sostienen una vía de comunicación con sus clientes a través de esta plataforma.

Fueron poco más de 2 horas —según la información y reportes emitidos por diversos medios de comunicación internacionales— de incertidumbre y desesperación al no poder contar con la posibilidad de establecer comunicación con amigos, familiares o compañeros de trabajo.

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La caída de este servicio se le atribuye al ataque de hackers hacia los servidores de WhatsApp Inc., dejándolos inactivos y vulnerables. Hasta el momento, la compañía adquirida por Facebook Inc. no ha realizado comentarios que aclaren la causa al respecto.

Es importante señalar en este punto que este problema permitió observar una conducta de pánico en una gran cantidad de personas en varios países, pues hay quienes se olvidaron por completo de la existencia de aquellos antiguos​, necesarios y casi confiables SMS (del acrónimo en inglés Small Message Service) además claro, de otras alternativas como Telegram, Facebook Messenger, Skype… ¡Vaya! la lista es eterna más no inútil.

¿Cúantos de ustedes amigos lectores no se quejaron de la falta de WhatsApp a través de Facebook o Twitter? ¿En verdad el mundo está perdido sin la aplicación de mensajería número uno en el mundo? ¿Es demasiada nuestra resistencia al cambio y necesario complicarnos la existencia?

Pues bien, dicen que la costumbre se hace ley, y como tal, todos exigimos un trato, producto o servicio igual o sumamente similar al que solíamos comprar o usar, y es aquí donde yace el meollo del asunto: nuestra vida pasa al observar la pantalla del celular, y peor aún, al contestar un mensaje.

Hubo personas que no perdieron la oportunidad de bromear un poco ante la situación, inclusive, haciendo alarde a que “al fin socializaron con la persona que tenían al frente”; “se reencontraron con sus padres”; o “que disfrutaron de una tarde familiar”. Lo malo de este tipo de bromas es que hoy en día es ya una realidad, un tema que a muchos preocupa y ocupa para regresar a la vida offline —como se dice en la jerga de las tecnologías y el marketing— pues es un hecho que muchos de los valores humanos y sociales están siendo desplazados por el Internet, y más sorprendente aún: un bebé cuenta ya —casi hasta antes de nacer— con una tablet o Smartphone para que éste se entretenga.

Nuestra herencia no es un mundo deshumanizado, sino un mundo más sensibles ante diversos temas, tomando como eje y pilar principal a la familia, recordarle a los padres que son ellos los encargados de educarnos, enseñarnos y amarnos. Existe una vida fuera de una computadora, Smartphone o tablet conectados al Internet, pedimos más parques y áreas verdes para que los niños jueguen y vivan su vida plena y recreativamente, sin embargo son lugares que se quedan en el abandono o aprovechados para llevar a cabo actos vandálicos al no ser utilizados para el fin esperado.

Lo invito a usted a reflexionar estás líneas para fortalecer el vínculo familiar y acrecentar el diálogo de persona a persona.