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“Cuando era otra persona”; historia de un transgénero en La Paz

13-Feb-2017

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado
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Se desenvuelve como un varón. Tanto por su tono de voz como por su barba, casi nadie imaginaría que nació mujer. Foto: Modesto Peralta Delgado. Fotos de interiores: Internet.

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Está por cumplir 26, aunque puede aparentar hasta 10 años menos; salió de la carrera de leyes de una universidad de Guadalajara y vive actualmente en la capital sudcaliforniana; tiene la expectativa de tener esposa e hijos; asegura que no ha sufrido discriminación, y se le ve sonriente y seguro de sí mismo —“soy un chavo más”, dice—. Esta es la historia de un transgénero en La Paz, quien en exclusiva para CULCO BCS concedió una entrevista para hablar su transición de mujer a varón. Por petición del entrevistado, se omite su identidad.

Nació en junio de 1991 en La Paz, donde ha vivido con su familia, conformada por ambos padres y un hermano. Su sexo biológico fue de mujer, y aunque se había definido como lesbiana, poco a poco se dio cuenta que su identidad iba más allá, y que realmente era un hombre. Se desenvuelve como tal y  nunca habla de sí mismo en femenino; luego de unos cinco años inyectándose hormonas, su voz —y su expresividad en general— pasa por la de un muchacho. Tiene una rala barba y se ha quitado los senos.

“Yo creo que prácticamente lo traes en la sangre. Hasta este momento —y todavía en el tiempo que sigo en mi transición— me quedó pensado en cosas y digo ‘¡Ah, con razón!’. Empiezas a hacer muchos clics en la vida ‘pues por eso hacía esto’ (…) No sé, yo admiraba mucho los cuerpos del varón, me decía ‘¿porqué no me queda así la ropa?, ¿porqué yo no luzco así?’ Entonces es cuando, ya después, conozco el mundo transgénero”.

Sus padres lo sospechaban, pues —según dijo— comentaban que “iba a ser algo especial, no se ve entre lo común”. En su infancia usó ropa femenina, pero así fue hasta su graduación en la preparatoria —en esta ciudad—, ya que después de esa ocasión la ha rechazado. “El último vestido fue en la graduación de mi prepa, y nada más usé el vestido para bailar con mi papá, pero me cambié en ese mismo instante por pantalón y camisa”. Intentó hasta los 20 años, vestirse como “neutral”, con jeans, camisa y cabello recogido, aún así, pensaba que se veía como “la típica machorrita”, y fracasó en su intento de lucir una feminidad con la que se divorciaba cada vez más, hasta que en el último año de universidad decidió cambiar toda su apariencia a la de un varón.

Sin tener idea cómo empezar, informándose primero en la Internet, para noviembre de 2014 dio el paso definitivo en su proceso de transformación. Un año antes, en unas vacaciones en La Paz se lo dijo a su familia. “Lloraron al principio. Me decían que por qué no vivía dos vidas ‘tu vida profesional como mujer y tu vida personal como hombre’. Pero mi hermano fue el que me dijo ‘siento que nos estas pidiendo aprobación, permiso, pero es tu vida, haz tu vida, sigue adelante’, y mis papás comenzaron a entender”. Sólo le pidieron comenzar su proceso al concluir su carrera. Contó que a su papá fue a quién más trabajo le costó “dejar ir a su hija”, pero incluso, después, su mamá lo acompañó a la intervención quirúrgica donde se quitó los senos. A la fecha, ambos lo tienen tan asumido, que se disculpan cuando por equivocación —o por costumbre, como quiera entenderse— se refieren a él por su nombre de nacimiento o en femenino.

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A través de una amiga comenzó a averiguar el proceso. En Guadalajara hay muchos endocrinólogos y eligió a uno, quien primero lo hizo ir con un psicólogo para dar el paso definitivo, y así fue. Lo más caro, aseguró, es el inicio, pues el especialista le hizo varios exámenes de pies a cabeza, a lo que ha seguido el inyectarse hormonas masculinas, proceso en el que ha de seguir toda su vida, necesitando además extraerse los ovarios que podrían perjudicarle. Tal como es su apariencia hoy en día, es como desea seguir, es decir, sin modificar sus genitales. Ése es su límite.

“El primer cambio que tienes es la voz. (Las hormonas) te la hace más grave, te salen muchos ‘gallos’ como si pasaras por la adolescencia. ¡A mí me paró el periodo a la primera inyección! Ya no volví a tener un periodo desde hace dos años, todavía le digo a mis amigas ‘que sufrimiento con ustedes’” y suelta la risa. El proceso es para siempre. “Sí, nunca paras, nunca paras, solamente hay que ir con el endocrinólogo que te dice ‘ahora inyéctate un mes, ya elevaste tus niveles’. Cambia más que nada el tiempo de la inyección, pero toda tu vida te vas a seguir inyectando (…) Cuesta aproximadamente 300 pesos al mes, o 21 días, es una inyección aunque hay en pastillas y creo que hay en gel (…) Esa operación no la tengo, la de los ovarios, pero la tengo qué hacer, ha de estar en unos 40 mil. Sí necesito hacerlo, porque llega un punto en que se atrofian los ovarios y puede ser perjudicial para tu físico (…) Hay una operación en la que sí te pueden hacer el pene, te enrollan el clítoris, pero yo no llegaría a eso (…) Arriba (los senos), yo ya, fue hace como siete meses que me hice la operación”.

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A pesar de que la universidad de Guadalajara en la que estudió “es súper católica, son súper persignados”, no encontró mayores dificultades para recibir al alumno que ingresó como una alumna. “Cuando regresé a la escuela les dije, ‘les pido de favor que se refieran a mí de hombre’. Todos me apoyaron mucho, no he sufrido discriminación, en los absoluto. He sido un caso excepcional, no ha habido amigos o parientes que se me alejen”. Incluso, una maestra le pidió que apoyara a otra estudiante que también quería transformarse de mujer a hombre. “Salí de la universidad con excelencia y con mención honorífica, todos me quieren mucho en la universidad”.

En La Paz ha ido cambiando todos sus documentos a su nueva identidad masculina, y asegura que en las diferentes oficinas “fueron muy respetuosos”. Le llegaron a decir “‘es un caso es un caso nuevo’, y yo les decía, ‘pues investígale’”. Se tardaron seis meses en darle su certificado de secundaria, otro tanto para el de bachillerato, y ahora, su credencial de elector y su pasaporte, ya tienen su nuevo nombre y rostro. Porque también, al haber visto sus fotografías como mujer y las de ahora, es evidente que su fisonomía es distinta.

Él sabe que ha existido una campaña de la denominada Familia Natural en contra del matrimonio igualitario, y de colectivos y marchas de la comunidad gay en La Paz, en defensa de éste y otros derechos, sin embargo, se abstiene de participar. “Lo que no quiero es que me etiqueten por ser tránsgenero, porque soy una persona más, si llegan y me preguntan ‘eres tránsgenero’, digo que sí, pero no ando por la vida diciéndolo (…) Yo te diría que no (participa), respeto todo lo que se tenga que hacer, gracias a los movimientos he logrado ser quien soy ahorita, que haya un panorama más abierto, pero gracias a mi círculo social en el que me muevo, no vemos necesario eso”. Incluso, cree que algunas personas no heterosexuales se victimizan por su sola preferencia o identidad sexual. “Yo les comento que no se dejen aplastar pero que tampoco tomen esa etiqueta para que las demás personas tengan lástima (…) Lo que no me gusta es que las personas que están dentro (de la comunidad LGBT) se victimizan y quieren que uno los levante por su sola preferencia. Soy una persona más y jamás he usado este letrero para que decir ‘me estás haciendo de menos por esta razón’”.

En la entrevista se refirió a “cuando yo era la otra persona”. Aproveché para preguntarle de qué forma ve a la niña o la adolescente que fue, si es un mal recuerdo, pero explicó que no, “lo veo como lo que fui pero ya no soy. Ahorita me expreso más, mi carácter sigue siendo el mismo, pero soy otra persona (… ) Ahora tú me estás viendo,  tengo 25 años y voy a cumplir 26 años, ¡ahorita estoy en mi adolescencia!”, declaró sonriente. “¡A veces hasta se me olvida que soy tránsgenero! Me veo casado con mi esposa, con hijos. Yo, como te digo, soy otro chavo más solo que apenas estoy viviendo mi adolescencia pero por supuesto que me veo casado. (Por ahora) tengo trabajo, no tengo novia, anduve saliendo con una chava pero no se dio”. Y hasta el momento no le ha tocado tener una novia a quien tuviera que explicarle que él es un transgénero.

Tenía un nombre como mujer, pero con un alias que acortaba unas sílabas, y así, feliz, él decidió llamarse como sonoramente es más cercano a esa pasada identidad. “Todos, todos han sido súper comprensivos. Es otra generación, es otra mentalidad. Sí ha sido un poco difícil el contarlo, a veces piensas y digo, ‘¿porqué les tengo que decir?’, pero al final, son mis familiares y amigos”.