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Así viven los jóvenes en la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en CDMX (I)

16-Nov-2017

REPORTAJE Por Modesto Peralta Delgado

FOTO: Modesto Peralta Delgado.

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En la inmensa Ciudad de México, casi 70 jóvenes de Baja California Sur viven y conviven en la Casa del Estudiante Sudcaliforniano, con el propósito de terminar alguna carrera profesional. En octubre pasado, CULCO BCS tuvo la oportunidad de ir a las instalaciones y conocer tanto al edificio como a algunos de sus habitantes; un pequeño grupo de ellos habló con nosotros sobre cómo viven, que “La Casa no se cierra” y de la necesidad de darle difusión para que los preparatorianos sudcalifornianos sepan que aquí pueden tener techo y comida si van a la CDMX a estudiar alguna profesión.

La Casa —como ellos le dicen— se ubica en Calzada de La Viga número 1448, en la colonia El Sifón, Delegación Iztapalapa de la Ciudad de México. Cuenta con tres plantas y un total de 48 cuartos, cada uno para dos compañeros; en la planta baja se encuentran los dormitorios de las mujeres y las dos restantes son para los varones. Entre las áreas comunes están una estancia o lobby, sala de estudios, sala de juntas, biblioteca, gimnasio, cancha y patios; por supuesto, está el comedor donde diariamente toman sus tres alimentos; y en la azotea hay lavaderos, lavadoras y tendederos. Cuentan con todos los servicios básicos, incluyendo acceso a Internet.

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Estuvimos a un mes, aproximadamente, del sismo del 19 de septiembre de este año en la Ciudad de México, el cual tuvo severas afectaciones humanas y materiales, sin embargo, en este caso no pasó nada. En el edificio no hay ninguna cuarteadura visible, lo que confirma que no representaba un riesgo para sus habitantes como se difundió en 2106. “Afortunadamente, después de los dos temblores no hubo daños, no pasó nada. La Casa está como siempre ha estado —contaron. Durante el temblor, en la tarde nos encargamos de contactar a los más cercanos para asegurarnos que todos estuviera bien; al día siguiente madrugamos para llevar alimentos a los brigadistas; salimos con herramientas para ayudar (…) Agradezco a la ciudadanía de BCS que se unió a la causa y se unió a nosotros, ya que pudimos comprar bastantes víveres, muchos de primera necesidad para bebés… Así fue como manejamos la situación, todavía algunos siguen ayudando en albergues”.

Esa tarde de octubre, salimos desde el Zócalo capitalino en metro y en un camión de transporte público, sumando aproximadamente 40 minutos de viaje y 11 pesos de pasaje. La Casa del Estudiante Sudcaliforniano está sobre Calzada La Viga, de mucho tránsito vehicular, y frente a un camellón o parque con áreas verdes donde se ven pasear a personas y sus mascotas. De entrada, se percibe la seguridad de la casa, con bardas y alambrado en la parte alta. Esa tarde, unos jóvenes llegaban con bolsas de mandado para la comida y pasaban por el lobby, donde pudimos entrevistar a un par de ellos.

“No se cierra”

La Casa no se cierra. Seguimos con nuestra postura y por parte del Gobierno del Estado no ha habido nuevos intentos ni nuevas declaraciones que inciten al cierre de la Casa”, respondieron al preguntarle por el conflicto que hubo hace un año en este sentido. Fue a principios de agosto de 2016 que Héctor Jiménez Márquez, secretario de Educación del Gobierno estatal, dio a conocer la decisión de cerrar la Casa del Estudiante Sudcaliforniano “por presentar severos daños estructurales”. Tras haber cerrado la primaria “18 de Marzo” en La Paz —ya derruida totalmente—, y por la misma razón, esa noticia hizo un escándalo que movilizó no sólo a los estudiantes, también a sus padres y exhabitantes como la Asociación Civil Cádiz BCS.

FOTO: Cortesía.

A finales de septiembre del año pasado, el gobernador Carlos Mendoza Davis anunció: “quiero ser una vez más categórico y enfático: la Casa del Estudiante no se cerrará“. Para llegar a esta conclusión se tuvieron que hacer estudios a la infraestructura, uno mandado a hacer por la SEP de BCS que supuestamente comprobaba daños estructurales y que, incluso, en su momento, lo avaló la CMIC; pero hubo otros análisis que señalaron lo contrario. Los jóvenes que siguen en el edificio contaron para este medio: “claro que hubo estudios para comprobar que La Casa podía ser habitada. Nosotros nos encargamos de hacer eso y autoridades de aquí, de Protección Civil, y algunos profesionales en el área realizaron dictámenes de la estructura. Afortunadamente, todo esta bien contrario a lo que planteaba el Secretario de Educación“.

En efecto, el edificio sigue en pie, pero comentaron que quizá algunas personas piensan que se cerró. “Sí es necesario más difusión. Hay mucha gente que aún no saben que la Casa está aquí o que piensan que cerró y no brinda servicios, pero es importante que sepan que sigue abierta”. Además, manifestaron que a más de un año de que Protección Civil de la Delegación Iztapalapa hizo un dictamen enfatizando que el inmueble representaba bajo riesgo, pero recomendaba al Gobierno del Estado hacer un mantenimiento preventivo, y eso no ha ocurrido. “Efectivamente, el Gobierno (de BCS) no ha hecho nada”, dijeron. Lo que si continúa haciendo es aportar recursos mensualmente, lo que mayormente se va en alimentos.

¿Cómo opera?

Aquí se provee alojamiento y las tres comidas del día a los jóvenes; no otorga becas en colegiaturas o materiales de estudio. “El Patronato es quien maneja el recurso de la Casa. El dinero que nos envían mensualmente se va un 80 por ciento en comida, lo demás en pagar servicios y dos empleados que tenemos (…) Tenemos tres cocineras y una persona de apoyo en la cocina; otra para hacer limpieza general; y una persona de lava los baños tres veces por semana”.

El Gobierno del Estado otorga mes con mes los recursos que finalmente es administrado por el Consejo Estudiantil que se elige cada año y está formado por nueve jóvenes: tres de ellos administran las finanzas; tres se enfocan en hacer valer el reglamento; y tres más de mantenerse en comunicación con el Gobierno, escuelas, instituciones o personas.

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Ellos desconocen cuántos jóvenes sudcalifornianos más estén en la CDMX y que no están con ellos. “Sí hay otros de BCS viviendo aquí, pero tienen los recursos para poder vivir en esa situación”, pues, haciendo un cálculo rápido, “las rentas, las más baratas, van de 2500 a 3500 pesos más los servicios; además, los gastos, diría que son otros 2500 mensuales”. Ellos se ahorran buena parte del dinero al estar allí, pero sí hay otros que pueden darse el lujo de pagar todos esos costos por su propia cuenta.

FOTO: Cortesía.

Sin ‘fósiles’

Por si alguien tuviera la duda, o hubiese criticado que este edificio alberga estudiantes que podrían pasar varios años viviendo allí, les preguntamos directamente. Respondieron que “no hay manera de que permanezcan si no están estudiando. Cada año se hacen dos revisiones académicas en las cuales se revisa que todos estén cumpliendo con sus planes de estudio”. Además, según nos contaron, hay un reglamento escrito y publicado, y de los entrevistados, dijeron que nunca ha visto que alguien fuera expulsado. “La convivencia es bastante buena, todo tranquilo, y es que no nos vemos mucho, todos estamos ocupados en la escuela”.

Actualmente, la Casa del Estudiante alberga a 67 jóvenes. “La mayoría procede de La Paz y Los Cabos, ninguno de Loreto ni de Mulegé, y muy pocos de Comondú; las edades van de los 18 a los 25 años, aproximadamente”. Ellos estudian en diferentes escuelas de nivel superior, algunas de las más prestigiadas como la UNAM, UAM, Politécnico y Bellas Artes; las carreras en las que se preparan son de las más variadas, desde Artes Plásticas y Música hasta Medicina, Economía, Administración, Arquitectura e Ingeniería Civil, entre otras.

FOTO: Cortesía.

¿Qué se necesita para ingresar a la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la Ciudad de México? “Los requisitos para estar son, obviamente, ya estar aceptados o inscritos en alguna escuela de nivel superior avalada por la SEP; ser o que tus papás residan en Baja California Sur”, y por supuesto, documentación que lo compruebe; como puede constatarse, no es imprescindible haber nacido en BCS, pero sí vivir en este Estado.

Si bien, admiten que falta promocionar más la existencia de este edificio, expresaron que, especialmente en vacaciones, tratan de ir a los sextos semestres de las preparatorias en BCS para comentarles de podrían utilizar esta oportunidad. “Hemos reactivado la página de Facebook (Asociación de Estudiantes Sudcalifornianos en México). Ya hay varios chicos que se han enterado que existe esa casa”. Incluso, se autorizó a este medio publicar el celular 612 183 2325 por si alguien desea mayor información sobre la Casa.

Casi 100 años

La Casa del Estudiante Sudcaliforniano tiene su origen en la figura de Agustín Arriola Martínez, quien a los 33 años se convierte en Gobernador o Jefe Político del Territorio —BCS aún no era declarada una entidad federativa. Como parte de su campaña electoral prometió —y cumplió— con el primer envío de jóvenes a estudiar a la Ciudad de México. El esfuerzo siempre tuvo el propósito de preparar a futuros profesionistas que se integraran a la sociedad sudcaliforniana, lo que fue ocurriendo con el paso del tiempo. Así, dentro de las primeras generaciones estuvieron Pablo L. Martínez y Jesús Agúndez Castro, cuyos restos descansan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, y cuyo legado —además— quedó reflejado al darles sus nombres a importantes instituciones culturales en La Paz.

FOTO: Facebook.

Otros estudiantes sudcalifornianos en la Ciudad de México que más tarde tendrían una importante trayectoria política en BCS, van desde Braulio Maldonado Sández, primer gobernador constitucional del entonces Estado de Baja CaliforniaLeonel Cota Montaño, ex gobernador de Baja California Sur; hasta Esteban Beltran Cota, actual Subsecretario General del Gobierno del Estado; también destacados artistas estuvieron en la Casa como el reconocido actor de origen comundeño egresado de la Escuela de Teatro de la UNAM, Enoc Leaño, o el escritor Sandino Gámez, ex coordinador de Fomento Editorial del ISC, entre muchísimos otros, pues son centenares los ex habitantes de este edificio, que más que un inmueble, puede considerarse una institución, un semillero de profesionistas.

Actualmente, cada 19 de noviembre, los jóvenes tienen su celebración de aniversario, una de las pocas veces en las que todos o la mayoría se integra, según platicaron. Es de notar que en tres años se cumplirá un siglo de que viajó la primera generación de jóvenes sudcalifornianos a la CDMX, lo que dio pie a la construcción de la Casa del Estudiante a inicios de los años 60’s. Hay que aclarar que el actual edificio —construido en 1981—, se habitó desde 1985, cuando el sismo de ese año dañó al primero que se había construido con este fin.

La otra fecha de celebración es el 23 de mayo, Día del Estudiante. Fuera de ahí —aseguran— no son muy fiesteros: “somos estudiantes con bastante carga, sólo llegamos a dormir a la casa; sí se dan convivios pero es muy esporádicos”. Tampoco tienen las llamadas ‘novatadas’ para los recién llegados; “he platicado con algunos ex habitantes y sí comentan que había ‘castigos’ para los nuevos integrantes, (ahora) el mayor castigo es que te toque lavar la cisterna mientras eres de los nuevos”, dijeron entre sonrisas.

Preguntamos sobre la experiencia de formar parte de la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la Ciudad de México, más allá del ahorro que les posibilita estudiar una carrera profesional, y contestaron que “saber que somos parte de una pequeña comunidad de sudcalifornianos, eso nos hace sentir unidos y nos hace sentir que no estamos solos en esta ciudad. Las cocineras se vuelven como nuestras mamás: nos regañan, platican con nosotros, nos cocinan y nos hacen más llevadero porque sí es difícil estar en esta ciudad”. ¿Qué es lo que más extrañan de sus tierras? Se les preguntó finalmente, y contestaron que “obviamente la familia, las playas y la comida que es tan diferente a lo de acá”.

No te pierdas las segunda parte, donde a través de un fotorreportaje te mostraremos más de la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la Ciudad de México.