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Apuntes históricos sobre el arte rupestre en Baja California Sur

06-Jun-2022

ARTÍCULO Por Sealtiel Enciso Pérez
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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El ser humano en su deseo de inmortalizarse y dejar testimonio de su efímera vida en su paso por este mundo, ha plasmado en diversas partes del orbe pinturas, petroglifos y demás muestras de su inteligencia y creatividad. En el caso de la península de Baja California, diferentes grupos que la habitaron a través del tiempo, nos legaron unos bellos murales en diferentes puntos de su geografía, los cuales afortunadamente se han preservado hasta la actualidad. En este caso trataremos sobre los encontrados en la parte mitad sur de la Baja California, y específicamente en la Sierra de San Francisco.

La Sierra de San Francisco se localiza en el extremo norte del actual estado de Baja California Sur y hacia el lado del Golfo de California, entre el paralelo 27 y el meridiano 112 y 113, dentro de la geología de la Sierra de La Giganta, la cual tiene una formación de origen volcánico. Es importante mencionar que, la sierra de San Francisco forma parte de la Reserva de la Biósfera del Vizcaíno, y en los años noventas del siglo pasado, fue denominada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Los anteriores nombramientos obedecen a que este sitio es un espacio con una gran diversidad de plantas y animales, algunos de los cuales son endémicos de estos sitios, y por tener un ecosistema con un frágil equilibrio, se promovió su cuidado y preservación. Además ello, cuenta con una gran cantidad de sitios con Arte Rupestre la hace un sitio único en el mundo tanto por el tipo de pinturas como la forma en que los grupos humanos se establecieron en este sitio tan apartado.

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Estos sitios con pinturas rupestres, se encuentran entre cañadas y barrancos, algunos de muy difícil acceso y de los lugares que se proporciona acceso a los visitantes, se encuentran los que conforman el circuito del cañón de Santa Teresa en el arroyo de San Pablo, algunos del arroyo del Parral y otros en Santa Marta (cuevas del ratón, pintada, de las flechas, la soledad, de la música, entre otras).

Entrando en materia de los murales, a pesar de que desde el siglo XX se han realizado diversas mediciones de su antigüedad, los estudiosos no se han puesto de acuerdo, algunos las datas con más de diez mil años de antigüedad y otros con menos, pero se puede decir que sus resultados promedian por lo menos tres mil trescientos años de antigüedad. Todos los análisis que se han realizado sobre estas pinturas concluyen que su magnífico estado de conservación se debe a la composición de las rocas en las que fueron plasmadas y la exposición que han tenido a los factores como la lluvia, viento, sol, etc. Además, los colores se han mantenido en muy buen estado debido al origen del pigmento que utilizaron, el cual ya se sabe que provenía de rocas pulverizadas procedentes de diversos sitios aledaños, incluso de las faldas de los volcanes denominados como Las Tres Vírgenes, así como de la savia de algunas plantas o la grasa y sangre de ciertos animales, las cuales utilizaban como aglutinante.

La referencia más antigua que se tiene de estas pinturas fue la realizada por el sacerdote Joseph Rothea, el cual fue responsable de la Misión de San Ignacio Kadakaamán. Este sacerdote describe cómo fue que supo de su existencia así como un viaje de reconocimiento que hizo de ellas. Según este sacerdote, al cuestionar a los cochimíes con los que convivía, sobre los autores de tales pinturas, ellos aseguraron que no lo sabían, pero que sus abuelos les habían contado que a ese sitio llegaron, en el pasado, un grupo de gigantes que venían huyendo de otros que los perseguían por haber sido derrotados en una guerra, y que ellos fueron los que pintaron estos murales. Fue el ingeniero francés León Diguet, quien publicó las primeras descripciones de los murales de las cuevas de la sierra de San Francisco en el año de 1895. Este personaje llegó a nuestra península contratado por la compañía de El Boleo como ingeniero químico, sin embargo en sus ratos libres y vacaciones se dedicó a explorar nuestra media península dando cuenta de una gran cantidad de historia la cual fue publicada en revistas francesas. Sin embargo el gran impulso de difusión del arte rupestre en estas cuevas se dio a partir de los años ochentas del siglo XX, y desde entonces ha ido en crecimiento.

Pese a la gran trascendencia de estas pinturas, no siempre fueron apreciadas por la población y los gobiernos de nuestra media península. En la denominada cueva de El ratón, aún existen daños practicados en algunas pinturas producto del humo de fogatas que se hacían en el sitio debido a la presencia de seres humanos que resguardaban animales como chivas y vacas, incluso en los ochentas aún quedaban algunos corrales. 

Afortunadamente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha tomado bajo su resguardo estos sitios proporcionando guardias y guías expertos para cuidarlos y preservarlos. Nadie puede (o debe) visitar estas pinturas sin el acompañamiento de un guía autorizado por el INAH, y previamente haberse registrado oficialmente como visitante y recibir las instrucciones sobre el reglamento de protección de este sitio.

Aún existe mucho para investigar en las hermosas pinturas rupestres que decoran los cañones de la sierra de San Francisco, y es aquí donde estriba la trascendencia de que las generaciones actuales y futuras sepan de los resultados de este trabajo, para que los acrisolen dentro de su identidad de sudcalifornianos, y que todos seamos obcecados defensores de nuestro patrimonio histórico del cual disfrutamos, pero también del que somos depositarios y guardianes.

Bibliografía:

Gutiérrez Martínez, M. L. (coord.). (1994). Guía Arte rupestre Baja California Sur: La Sierra de San Francisco. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. INAH-SALVAT. México.

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