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20 años navegando mares de todo el mundo. Historia de un capitán paceño

19-Jun-2017

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

A lo largo de dos décadas, el capitán de altura, Javier Murillo Uzárraga, ha navegado desde las Polinesias Francesas en Oceanía hasta el Mar Mediterráneo. Imagen: Internet.

La Paz, Baja California sur (BCS). Este 2017, el capitán paceño Javier Murillo Uzárraga cumple 20 años trabajando al frente de barcos atuneros por mares de distintos continentes, abarcando en su navegar desde las Polinesias en Oceanía hasta países europeos y africanos colindantes con el mar Mediterráneo. Aunque nació en Cabo San Lucas —el 3 agosto de 1973— y vivió en distintas ciudades de México durante su infancia, lleva décadas establecido en La Paz, por lo que ya se considera de aquí, donde tiene a su familia y con quienes regresa cada tanto tiempo después de que realiza su labor en el mar. CULCO BCS lo entrevistó en exclusiva.

El padre de este hombre del mar trabajaba en la Marina Armada de México, por lo que de pequeño él, su madre y su hermana cambiaron de residencia de un estado a otro, estableciéndose finalmente en la capital sudcaliforniana. Esto fue una influencia decisiva para que el pequeño Javier soñara en trabajar en barcos, pues confesó que siempre quiso estudiar eso: “sí, pienso que si no le gustara a uno sería un martirio, porque es es mucho tiempo fuera de casa, viaja uno mucho pero en realidad la mayor parte del tiempo estás poco (en las distintas ciudades del mundo en donde atracan); sales un rato a divertirte, a distraerse, pero casi todo el día es trabajo”.

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Javier Murillo Uzárraga estudio la preparatoria en el Cet Mar de La Paz, y posteriormente trabajó en un barco camaronero; empeñado en ser un profesional del mar, dejó ese trabajo y se fue a estudiar cuatro años a la Escuela Náutica de Mazatlán —una de las tres que existen en México: hay otra en Veracruz y otra en Tamaulipas. Dos semestres de la carrera los pasó a bordo del único buque escuela que se tenía en México, donde los estudiantes hacían prácticas de viajes internacionales desde los puertos de Veracruz y Tampoco. En esa experiencia le tocó ir hasta España e Italia, Estados Unidos y Brasil. Desgraciadamente, el buque escuela se fue deteriorando y hace aproximadamente diez años —comentó— no hubo dinero para mantenerlo y ya no existe.

En 1996 egresó como pilotín de la Escuela Náutica de Mazatlán, titulándose más tarde como Ingeniero Geógrafo. No era el único sudcaliforniano, pues Murillo Uzárraga dijo que sólo entre las generaciones que le tocó conocer habría al menos diez paceños que serían —o son— capitanes de barco. Sin embargo, en este caso, se trata de alguien que logró llegar al mayor grado de estudio: de tercer oficial a capitán de altura, por supuesto, con todos los años de navegación que le requería cada nivel y aprobando los respectivos exámenes profesionales.

Desde 1997, el capitán paceño ha trabajado para dos empresas panameñas, y actualmente en México, para la empresa Herdez, haciéndose cargo del trabajo y la tripulación de barcos atuneros. ¿Cuáles son algunas de sus funciones más importantes? Le pregunté, y respondió que aunque son muchas, desde maniobrar el barco —”uno es como si fuera el chofer del barco”— hasta la maniobras de pesca, sobre él recae principalmente la responsabilidad de la pesca y de la tripulación que se compone de hasta 26 personas, entre pescadores, cargadores, maquinistas, etcétera. Así lleva 20 años, en un promedio de dos meses de trabajo en el mar y diez o doce días en su casa en La Paz; siempre cuenta con vacaciones seguras en invierno, pues está la veda de atún del 18 de noviembre al 18 de enero.

FOTOS: Cortesía.

¿Cuál ha sido su viaje más largo? Duró aproximadamente 90 días sin tocar tierra —dijo. Ellos regresan al puerto hasta que se terminan de cargar o se les vaya acabando el diesel. En su experiencia, ha estado al frente de barcos atuneros con carga de 600 y hasta mil 400 toneladas. Así fue el año pasado en que navegó por Panamá y fueron 14 días de viaje hasta las islas Marquesas —en la Polinesia Francesa, más próximas a Australia que a América Latina.

En 20 años de experiencia —sumando los viajes de práctica a bordo del buque escuela, desde donde realizó algunos de sus viajes más largos—, Javier Murillo Uzárraga ha viajado a Italia, España, Argelia y Túnez, en el mar Mediterráneo; y ha rodeado casi todo el continente americano: Estados Unidos, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y Brasil. No colecciona nada en particular, pero señaló que en sus cortas estancias por las ciudades, se quedó gratamente sorprendido de lo que vio en Italia: Florencia, Roma y El Vaticano.

Capitán Javier Murillo Uzárraga. FOTO: Modesto Peralta Delgado.

En medio del océano

El capitán paceño contó que en su trabajo le tocó ver diferentes casos de naufragios. Trajo a la memoria un caso en particular donde él participó. Fue hace cuatro, en el trayecto a las islas Marquesas, en medio del Hemisferio Sur, cuando se encontraron a una familia norteamericana a la deriva en un velero. El padre iba lastimado de un dedo, y estaba con la mujer y tres niños. Tenían el motor descompuesto, y el mal tiempo les había tumbado la vela; llevaban cinco días a la deriva, escaseando y racionando su agua. Afortunadamente, el barco en el que iba Murillo Uzárraga los encontró, y gratuitamente les proveyeron de todo lo necesario, desde alimentos y arreglo del motor, hasta atender la herida en la mano del hombre y permitirles hacer llamadas desde el barco. “Uno es el paramédico, el papá, la mamá, el psicólogo, es todo”, dijo entre sonrisas.

Estos barcos de la empresa Herdez —aseguró—, nunca pierde comunicación a pesar de adentrarse muy lejos del macizo continental. Tienen a bordo cuatro teléfonos satelitales e Internet, además, cuentan con todos los servicios necesarios para estancias prolongadas, por lo que nunca se sienten fuera de la civilización, incluyendo comodidades como TV, videos y películas. “Es como traer un pedazo de tierra al mar”.

¿Afecta en algo estar tanto tiempo en el mar? Pregunté, y contestó que sí, pero nada que haya terminado en algo lamentable. “Decía un piloto —señaló—,’¿este es un Big Brother pero de a de veras’. ¡Imagínate: 24 a 25 gentes! Lo que es natural, fulanito se pelea con manganito, se enojan, pero dentro de lo normal, ya esta uno acostumbrado. Sí cambia uno, de repente a los 25 días, la mitad de la tripulación anda de mal humor; sí afecta tantos días, un viaje largo, como quiera que sea es un encierro, pero con tanta convivencia se agarra confianza entre toda la tripulación, si no son completamente amigos, al menos tratan de llevarse bien todos”.